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¿Cómo fue el reencuentro de esta familia separada después de la tragedia de Armero?

A Lorena Santos no le molesta que la llamen Sully Janeth Sánchez. Siente ambos nombres como propios y son parte de su identidad. Se llamó Sully Janeth cuando nació y cuando su mamá la registró. El nombre Lorena vino más tarde, cuando la avalancha de Armero le cambió su vida para siempre. 31 años después, gracias a las ganas de saber la verdad sobre su pasado, se reencontró con una hermana biológica que no sabía que tenía.

El caso de Lorena fue el primer reencuentro por ADN gestionado por la Fundación Armando Armero.

 

David Trujillo: ¿Siempre supiste de dónde venías?
Lorena Santos: Desde que era chiquita mis papás me dijeron que yo era adoptada, que yo era una sobreviviente de la tragedia de Armero. Ellos nunca me ocultaron mi pasado. Me adoptaron en el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF) de Ibagué a los pocos meses de la tragedia, pero allá tampoco les dieron mucha información. Solo que me había salvado porque estaba en Guayabal (un corregimiento de Armero) pero que mi mamá biológica sí había muerto en la avalancha.

 

D.T:¿Tienes recuerdos de Armero?
L.S: No. Yo tenía tres años y diez meses cuando la tragedia. Mi primer recuerdo es el día cuando me adoptaron, que ya me entregaron a mis papás adoptivos. Llegué a un buen hogar donde había afecto, comprensión, absolutamente todo, y ya ellos me empezaron a llamar con el nuevo nombre. Me decían Lorena, y yo decía que no me llamaba así. Hasta que llegó un momento en que se me olvidó el Sully.

 

D.T: ¿Y cuándo empezaron a aparecer las preguntas?
L.S: Cuando tenía 16 años me pidieron el acta de nacimiento en la iglesia para hacer la confirmación. Eso estaba en Mariquita (otro pueblo del Tolima), y cuando lo leí ahí estaba mi anterior nombre, y yo: “Ah, yo me llamaba Sully. No me acordaba”. Pero también estaba el nombre de mi mamá, Lilia María Sánchez, y mi abuela se llamaba Dioselina Sánchez. Papá no registra. A raíz de los nombres, yo empecé con las ganas de querer buscar.  Inclusive contacté a un investigador para que me ayudara. Dos meses estuve así, pero no me sirvió de nada. 

D.T: Pasaron varios años sin encontrar una sola respuesta. ¿Cuándo empezaste a aclarar más todo?
L.S: En 2013, cuando se cumplieron los 28 años de la avalancha, supe de la Fundación Armando Armero y de Francisco González, y lo contacté. Yo sabía que era de la tragedia, pero pues nunca de ese grupito de los niños desaparecidos. Cuando ya me empapé más del tema, dije: “Ay, creo que pertenezco a esto”.

 

D.T: ¿Qué te dijo tu familia?
L.S: Mi mamá adoptiva siempre ha sido un poco más celosa con ese tema, entonces le molestó un poco porque creyó que a mí me hacía falta mi mamá biológica. Pero no. Mi mamá es la que me crió y le expliqué qué era lo que yo quería. Mi papá siempre me apoyó. Él supo que había como ese vacío de saber de dónde provengo. Y mi hermano mayor me ha entendido siempre porque él también es adoptado y quiere saber cosas de su pasado.

 

D.T: ¿Y entonces ahí te fuiste para Armero?
L.S: Yo siempre había querido ir los 13 de noviembre pero nunca pude. Entonces ese año fue mi primera vez. Fui con mi hermano, y apenas me bajé del carro y puse el pie en el suelo se me puso la piel de gallina. Ver toda esa gente, las cruces… las mamás con fotos de sus niños perdidos. La verdad yo estaba buscando a alguien que tuviera en el buso Sully Janeth Sánchez, o ver a mi mamá o una cruz con su nombre. Pero no, no vi nada. Me sentí muy triste.

 

D.T: ¿Cómo fue lo del ADN?
L.S: Cuando se cumplieron 30 años, Francisco citó a varios adoptados a Guayabal para tomar las pruebas de ADN. Era un pinchazo en el dedo, y sobre una tirita de papel marcar la sangre como unas tres o cuatro veces seguidas. Esa era la prueba, no era difícil. Pero yo tenía miedo de encontrar a alguien que de pronto no quería ser encontrado. Luego Francisco me grabó el video que subió a Facebook en el que yo daba mi antiguo nombre y el nombre mi mamá.  

Lo que pasó después es casi de película. Una mujer llamada Jaqueline Vásquez Sánchez se contactó con Francisco González en diciembre de ese año, 2015, y le dijo que había visto el video de Lorena y que era su hermana. Francisco le pidió más detalles. Jaqueline le explicó que cuando pasó Armero, ella tenía ocho años y se acordaba de una hermanita que la habían entregado al ICBF y que nunca había vuelto a ver. Francisco la convenció de hacerse la prueba de ADN. Le contó a Lorena, pero no le dio muchos detalles para no llenarla de falsas esperanzas.

 

D.T: ¿Cómo te enteraste entonces de lo de Jaqueline?
L.S:Eso fue un domingo, y yo estaba en el centro comercial con mi hija. Me llamó Francisco y me dijo “Hola Sully, ¿cómo estás? Te tengo noticias”, y yo “¿Qué pasó?”. “¿Recuerdas esta niña que sospechábamos que era de pronto prima o algo lejano tuyo?”. Y yo le dije “Sí, ¿qué pasó?”, y me dijo “Pues son hermanas”. El análisis había arrojado que compartíamos la misma mamá. Francisco entonces organizó un reencuentro en Bogotá para el siguiente miércoles. Invitó algunos medios de comunicación y yo viajé desde Ibagué. Un noticiero de televisión organizó todo el reencuentro y tuvieron la primicia.

 

D.T: ¿Y cómo fue ese reencuentro?
L.S: Nosotras no hablamos en todo ese tiempo. Yo me paré al frente de la puerta de  la Fundación muy nerviosa, y la periodista que me acompañaba me dijo: “Su hermana está a la derecha”. Entonces abrimos la puerta y lo primero que hice fue correr a abrazarla. No nos dijimos nada. Yo nunca la había visto, pero ahí ya noté que nos parecíamos como en la boca y en la nariz. El resto del día fue de ruedas de prensa, hablando con las mamás y así. No tuvimos tiempo de hacernos todas las preguntas que teníamos, solo supe que hubo una tercera hermana, mayor que las dos, pero que había muerto de leucemia a los 15 años.

 

D.T: ¿Pero qué supiste después? ¿Pudiste aclarar tus dudas
L.S: A los meses viajé con Jaqueline a Guayabal donde vive una tía paterna de ella que es como la mamá. Resulta que ella me cuidó una semana antes de la avalancha. Mi mamá trabajaba en Armero y no podía llevarse a sus hijas hasta allá. La tía de Jaqueline tenía más hijos, y cuidarme a mí ya le quedaba muy pesado. Entonces le pidió a mi mamá que me buscara niñera y el fin de semana antes me llevó donde otra persona. El miércoles fue la avalancha y mi mamá no apareció. La persona no tuvo otra opción que llevarme al ICBF.

 

D.T: ¿Y tu hermana y la tía te buscaron?
L.S: Ellas dicen que sí. Que cuando supieron que me habían llevado al ICBF se fueron hasta allá. Pero a mi hermana no me entregaban porque era menor de edad, y la tía de ella no podía comprobar la relación que tenía conmigo. Volvieron después a intentar recuperarme pero ya me habían adoptado, y ahí sí no dan información de ningún tipo. Jaqueline me dijo que nunca tuvo relación con la familia de la mamá, entonces no sabe si por ese lado me buscaron. A mis papás adoptivos nunca les dijeron en el ICBF que yo tenía una hermana.

 

D.T: ¿Y supiste algo de tu mamá?
L.S: Yo quería ver una foto, pero me desilusioné porque no hay nada. Ella no era de Guayabal, entonces no encontré más familiares. Solo supe que se parecía más a Jaqueline, que trabajaba en Armero en las noches y que nadie supo más de ella después de la avalancha.    

D.T: ¿Cómo va la relación de ustedes dos? ¿Como hermanas?
L.S: Nuestra relación fue bonita un tiempo. Nos llamábamos todos los días, nos contábamos todo. Yo estaba muy feliz de tener una hermana, pero me di cuenta de que ella buscaba otra cosa, algo más material. Entonces no me gustó eso. Yo soy muy radical en mis decisiones y nos dejamos de hablar.

 

D.T: ¿Pero cómo te sientes ahora? ¿Te arrepientes de esa búsqueda, de haberte hecho la prueba de ADN?
L.S: Para nada. Al principio sí dolió, no lo voy a negar. Pero yo estoy tranquila porque supe cosas que yo no sabía, cosas de mi mamá que son reserva del sumario y que no las puedo revelar. Este proceso me ayudó demasiado a sanar heridas abiertas y a empezar a llenar ese vacío que yo tenía con Armero. No tengo nada que reprocharle a mi mamá. Ella fue la que me dio la vida como tal y fue la que permitió que yo esté aquí en este momento. Entonces yo en ese sentido la respeto mucho. Y todavía la sigo buscando. Quiero saber qué pasó con ella.

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