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Lo que aprendí investigando el episodio “A la distancia”, para Radio Ambulante

En esta entrada del blog, Jenny Barchfield, productora de “A la distancia”, nuestro episodio más reciente, describe su experiencia investigando la historia sobre los veteranos que un día juraron proteger a Estados Unidos y que luego recibieron un castigo que les partió las vidas.

[SPOILER ALERT] Si no has escuchado el episodio, es mejor que lo hagas antes de leer esto. Se revelan detalles importantes de la historia.
 

Parece que todos nos llevamos la misma sorpresa al enterarnos de que el gobierno de Estados Unidos deporta a veteranos que han servido en sus Fuerzas Armadas.

–“¿Cómo así que un veterano puede ser deportado?”– le pregunté a una amiga de la facultad, abogada de American Civil Liberties Union (ACLU), cuando me habló del fenómeno hace dos años.

Empecé a investigar y cada vez que le contaba a alguien sobre la historia en la que estaba trabajando me decían: “¿Pero los soldados no se vuelven ciudadanos al momento de ingresar a las Fuerzas Armadas?”. Y no.

Durante la reportería conocí a veteranos cuyas vidas habían sido destruidas por la deportación y entendí el verdadero tamaño de la injusticia que conlleva una política que afecta a quienes arriesgaron su vida por Estados Unidos. Conocí a hombres que habían cometido un error – a veces, un error grave – que los llevó a la prisión; hombres que, al cumplir sus sentencias, habían pagado su deuda a la sociedad; hombres que, muchas veces, habían sido transformados por su experiencia durante el encarcelamiento y que luego tenían una sola meta, volver a sus familias para reparar los daños que habían causado; hombres que, al ser deportados tras terminar su sentencia, se sentían castigados de por vida.

Conocí hombres que, a pesar de todo lo que les había pasado, a pesar de la impotencia e injusticia que sentían, eran personas ejemplares. Conocí a Héctor Barajas, quien llegó a los Estados Unidos de niño, sirvió en el Ejército y fue deportado a su México nativo en 2004, después de ser encarcelado durante tres años. Héctor es bajito, con la cara risueña del payaso de la clase. Cuando habla, suele repetir la misma frase dos veces, primero en inglés, su idioma dominante, y luego en español, como si necesitara ensayar los pensamientos antes de traducirlos al español.

En Tijuana, Héctor vio que no estaba solo, que había muchos otros veteranos deportados como él y abrió su apartamento para recibirlos. Muchos son personas frágiles, que todavía sufren de los problemas de dependencia química que los llevaron a la cárcel y, consecuentemente, a la deportación. Algunos padecen síntomas del trastorno de estrés pos-traumático; algunos tienen pesadillas que les hacen gritar y gemir en plena noche. Héctor los recibe de brazos abiertos, y lucha para conseguirles tanto la ayuda que necesitan como los beneficios que en principio les corresponden como veteranos. Para Héctor, no hay tregua. Él vive y revive el drama de la deportación día tras día, noche tras noche.

Tony

Tony Romo Reyes, el personaje del episodio, también está consumido por las repercusiones incesantes de su deportación, pero lo lleva de una forma muy distinta a la de Héctor. Héctor es una persona active, agitada, siempre haciendo mil cosas. Tony, al contrario, es un pensador, una persona solitaria que pasa el día rumiando su pasado, analizando las equivocaciones que lo llevaron a Tijuana, al apartamento en la playa en el que vive hace años, ese apartamento con vistas a la línea fronteriza, y, más allá, a Estados Unidos, el país al que llegó de adolescente, el país en el que vive su familia, su hija y su nieto, el país al que no puede ingresas desde hace casi una década. Tony es su peor crítica, un hombre que no sabe ni quiere perdonarse las faltas del pasado, un hombre carcomido por el remordimiento. Se le nota en la mirada líquida, en la tensión de su cuerpo musculoso, y, sobre todo, en el tenor de su voz callada.

Como Tony, todos los hombres que entrevisté a lo largo de mi investigación reconocieron los errores que habían cometido. Todos ya los pagaron. Sin embargo, fueron echados del país que consideraban suyo y, para ellos, la deportación se ha convertido en una especie de cadena perpetua que los aleja de todo lo que aman. Lo que estos veteranos quieren es volver al país que sirvieron, volver a sus vidas.

Como periodista, tengo la obligación de mantener mi imparcialidad hacia lo que cubro. Pero es este caso, la injusticia era tan flagrante que no pude no concordar con Héctor y Tony y los demás y desear que cambie la legislación para que puedan volver a casa. Ya.


Jenny Barchfield, productora de “A la distancia”, nació en Tucson, Arizona, Ha trabajado en el periódico español El País, en la revista Newsweek y en la agencia de noticias Associated Press como corresponsal en París. En 2012, fue transferida a Río de Janeiro para cubrir la transformación de la ciudad antes de la Copa del Mundo de 2014 y los Juegos Olímpicos de 2016. Barchfield también ha trabajado en Asia del Sudeste, África y América Central y el Caribe, cubriendo desastres naturales, atentados terroristas y trastornos políticos. Actualmente, vive en Lisboa, Portugal.

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