Episodio 73

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Transcripción – Dime quién soy

[Daniel Alarcón, host]: OK, quiero presentarles a…

[Osmin Tovar]: Mi nombre es Osmin Ricardo Tobar Ramírez.

[Daniel]: Y quizás en este audio no se note mucho, pero se van a dar cuenta que tiene un español bastante particular. Ya entenderán por qué, pero créanme que es bastante importante para esta historia. Para su historia.

Entonces, 1997, un 9 de enero, Osmin tiene 7 años. Vive en “Las Vacas”, un barrio humilde de Ciudad de Guatemala. Ese día…

[Osmin]: Mi mamá está trabajando porque necesita comida, necesitamos pagar alquilar.

[Daniel]: Estaba con su hermano, de poco más de 1 año. Vivían los tres en un cuarto alquilado.

[Osmin]: No tenía muchas cosas pero estamos sobreviviendo, ¿verdad?

[Daniel]: Y esa mañana estaban…

[Osmin]: Con una, una señorita que vive a cruz de nuestro cuarto, ¿verdad?

[Daniel]: Era una mujer que los cuidaba de vez en cuando, mientras la mamá de Osmin se iba a trabajar.

[Osmin]: Y eso día fui normal: levantar, estuve feliz, estuve jugando.

[Daniel]: A las 10 de la mañana —no mucho después de que la mamá de Osmin saliera de la casa— la mujer que estaba con ellos desapareció y llegaron funcionarios de la Procuraduría General de la Nación.

[Osmin]: Y me dice que vamos a salir. Y como él prometer que yo voy a regresar más tarde, entonces yo lo seguí a él nada más.

[Daniel]: Osmin dice que en ningún momento los de la Procuraduría le hablaron feo o le golpearon. Es más, dice que los recuerda como amables, buena onda.

Pero al salir de la casa subieron a los dos niños a un carro blanco. No les dijeron hacia dónde iban ni les explicaron nada.

[Osmin]: Todo fui muy rápido. Yo no tenía tiempo para procesar qué estaba pasando.

[Daniel]: Es más, procesar los eventos de ese día le tomaría años. Lo que sabemos es que Osmin y su hermano no volverían a su casa.

[Osmin]: Eso día que yo salir aquí, yo carga toda mi vida.

[Daniel]: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

Nuestro editor asistente, Luis Fernando Vargas, nos cuenta la historia.

[Luis Fernando Vargas, editor asistente]: Primero hay que entender esto: Osmin y su hermano realmente vivían en una situación muy precaria. No solo era que toda la familia vivía en un solo cuarto, sino que muchas veces no tenían qué comer. Además, Osmin no asistía a la escuela regularmente, y la mamá —que tenía problemas con el alcohol y las drogas— a veces se ponía violenta y le pegaba. El papá de Osmin se había ido a México a trabajar hacía unos años y lo veía muy poco.

El Juzgado de Menores había recibido una denuncia anónima de abuso infantil dos semanas antes. Por eso es que se llevaron a Osmin y a su hermano. Esa misma tarde, los funcionarios de la Procuraduría los internaron en el hogar la Asociación Los Niños de Guatemala con la promesa de que regresarían pronto a casa.

[Osmin]: Como nosotros son niños no piensen mucho que estás pasando, ¿verdad? Solo que queremos jugar, queremos a compañeros, quieres hablar con otros niños.

[Luis Fernando]: Pero los días pasaron y ambos niños seguían ahí. Osmin no recuerda si alguna vez preguntó por su mamá. Asume que la extrañaba, como cualquier niño puede extrañar a su madre, aunque no tiene malos recuerdos de esos días en el hogar…

[Osmin]: Estuve contento, ¿verdad?

[Luis Fernando]: Tal vez era que lo trataban bien. Sin gritos, ni golpes. Y hasta tenía cosas que, para él, eran lujos.

[Osmin]: Tenía un Nintendo y tenía un perro.

[Luis Fernando]: Además, podía distraerse jugando con decenas de niños más. Estaba lejos de su mamá, sí, pero de muchas formas la vida en el albergue era mejor.

A las semanas, los encargados del hogar por fin le dijeron a Osmin que él y su hermano se iban a quedar ahí, que ahora ellos los iban a cuidar. También dejaron de llamarlo Osmin.  

[Osmin]: Me llamaron Rico.

[Luis Fernando]: Un diminutivo de su segundo nombre, Ricardo.

[Osmin]: Toda mi vida fui Rico, Rico, Rico. Entonces ese nombre que yo acostumbrar.

[Luis Fernando]: Hoy, por convicción, pide que le digan Osmin. Más adelante entenderán por qué.

Un tiempo después —Osmin no sabe cuánto— su hermano fue adoptado.

Recuerda que le dijeron que se lo llevaron a los Estados Unidos. Sus nuevos papás eran de allá.

[Osmin]: Los gringos querían bebés, niños menos de 1 año. Ah, entonces para él fue más fácil encontrar una familia.

[Luis Fernando]: Porque un bebé de 18 meses no ha aprendido del todo una lengua. Son pocos o nulos los recuerdos que le quedan a uno de esa edad. Uno es casi como una página en blanco.

Pero Osmin, siendo un niño de 7 años, ya hablaba español, y aún más importante…

[Osmin]: Recuerdo a mi mamá, la cara de ella.

[Luis Fernando]: Es decir, tenía un pasado que —por más corto que fuera— lo marcaría toda la vida.

Ya sin su hermano, a Osmin lo trasladaron a otro albergue. Fue muy diferente al primero. La pasó mal. Por ejemplo, cuando se ponía nervioso o molesto se metía ropa en la boca. En lugar de tranquilizarlo o consolarlo, lo castigaban.

[Osmin]: Ellos quiere quitar eso que yo estaba haciendo, entonces ellos pegarme con cinchos, paletas. Yo nunca fui malo, yo nunca,  por lo que yo recuerdo, ¿verdad? Yo siempre escuchar gente, no, no sabía por qué gente me trata así.

[Luis Fernando]: Empezó a preguntarse cuándo tendría una nueva familia.

[Osmin]: ¿Por que nadie quiere venía para mí?, ¿verdad? Es que ahí entran niños, se fueron; entran niños, se fueron.

[Luis Fernando]: Y es que las cosas no pintaban bien para Osmin. Cada día que pasaba en el hogar de niños, tenía menos chance de ser adoptado. Y cuando cumpliera la mayoría de edad, por reglas de la institución, tendría que irse. Quedaría sin cama, sin techo y sin saber cómo contactar a su mamá. Completamente solo.

Lo trasladaron a un tercer hogar. Ahí, los encargados pusieron a Osmin a cargo un niño de unos 2 años: Eric.

Bueno, “a cargo” es un decir. Más bien era como un hermano mayor. Dormían juntos, jugaban. Osmin recuerda que Eric siempre caminaba detrás de él, por ejemplo.

Y Eric es la razón de por qué Osmin no terminó en las calles, sino con una familia, en los Estados Unidos.

[Osmin]: Si él no estuvo en la casa y yo no cuidar a él, saber qué, dónde yo voy a estar el día de hoy.

[Luis Fernando]: Les explico.

Se suponía que Eric iba a ser adoptado en 1996, cuando era un recién nacido, por una familia de apellido Borz. Los Borz eran de Pittsburg, Estados Unidos y habían perdido a su único hijo biológico cuando tenía solo 9 años. Murió debido a una convulsión. Trataron de tener otro hijo, pero no lo lograron a pesar de tratamientos de fertilidad.

Un amigo había adoptado un bebé guatemalteco y les contó de la gran pobreza que había en ese país y de las pocas oportunidades que tenían los niños en los albergues.

Entonces, los Borz decidieron que era algo bueno adoptar en Guatemala, y así poder volver a formar una familia.

La pareja iba a adoptar a Eric junto con una niña, también guatemalteca.  La adopción de la niña salió sin problemas, pero la de Eric no. La Procuraduría sospechaba que la mamá de Eric lo había vendido. Entonces había todo un problema legal pendiente que no permitía que los Borz se lo llevaran.

Mientras esperaban a que se solucionara el trámite legal, los Borz se mantuvieron al tanto de que el niño estuviera bien. Fue durante ese tiempo que Eric llegó al albergue donde estaba Osmin.

Unos amigos que también estaban adoptando en Guatemala viajaron al albergue y les contaron que habían visto a Eric, que estaba bien y que había un niño más grande —Osmin— que siempre estaba con él.

Y según Osmin, los amigos de los Borz les contaron sobre su situación. Les dijeron que:

[Osmin]: Que él tiene un grande propósito, pero necesita una familia y ya está grande. Y si él estuvo ahí más tiempo, él va a empezar en la calle.

[Luis Fernando]: Cuando los Borz preguntaron por Osmin, la agencia les ofreció un descuento si se lo llevaban también. Una especie de dos por uno. Y así es que Osmin llegó a los Estados Unidos.

Osmin conoció a sus nuevos papás en agosto de 1998.

[Osmin]: Fue en la noche. El dueño de la casa de niños presentarme a mi, mi papás. Y la primera cosa yo correr, mi papá me abrazó y me dice: “Yo voy a ser su papá, y eso, ella va a ser su mamá”.

[Luis Fernando]: Los Borz hablaban un español básico: ¿cómo estás?, ¿qué quieres? No podían conversar de verdad con Osmín, pero a él no le importaba.

[Osmin]: Yo estuve muy feliz que, que alguien quería quererme, ¿verdad? No sabía dónde voy a ir, pero yo sabía que, que yo voy a tener papás.

[Luis Fernando]: La pareja llegó con ropa para los dos niños: camisetas y gorras de béisbol, pantalonetas. Los llevaron a comer a un restaurante, se quedaron en un hotel. Osmin recuerda que los encargados del hogar llevaron a sus amigos a despedirse.

[Osmin]: Estuve muy emocionado, ¿verdad? Porque todos niños venir al hotel que yo estuva y me saludaron y me abrazaron y todo.

[Luis Fernando]: Y al día siguiente, fueron al aeropuerto y se montaron en un avión, con destino a Pittsburgh.

Los nuevos papás de Osmin eran maestros y vivían en un suburbio.

[Osmin]: Y cuando estamos en el carro yo mira cosas muy bonito. Casas grandes, los calles bonitos. Yo nunca mira esas cosas así.

[Luis Fernando]: Para él todo era nuevo, emocionante. Y al bajarse del carro vio su nueva casa.

[Osmin]: Recuerdo que yo correr, entra a la casa y ellos dicen: “Esa es su casa, esos, todo aquí es tuyos”. Y la primera cosa, yo fui es para los juguetes.

[Luis Fernando]: Había muchísimos. Además, la casa tenía piscina, una cocina espaciosa y un cuarto especial para juegos. Era algo completamente opuesto a la vida limitada que había tenido con su mamá y su hermano, en un solo cuarto, en Guatemala.

De los tres niños que adoptaron los Borz, Osmin era el único que tenía la edad para ir a la escuela. En Guatemala, su educación había sido irregular. Pero en uno de los albergues había recibido clases con un profesor. Entonces, lo matricularon en el segundo grado de la escuela. Tenía 9 años.

Y ahí empezaron los problemas.

Como Osmin no sabía nada de inglés, a los días lo bajaron a primer grado y le asignaron una profesora especial que lo acompañaba en todas las clases. Se sentaban atrás de todos los niños. Ella sabía español y su trabajo era traducirle a Osmin la materia que estaban viendo e intentar que aprendiera inglés.

[Osmin]: Ella tiene mucho paciencia conmigo. Y después de eso yo regresar a mi casa y mis papás ayudarme.

[Luis Fernando]: Pero para él era muy frustrante no poder entender casi nada.

[Osmin]: El tiempo que yo quería sentir como todos, me punieron afuera. Me sacaron un diferente maestro, entonces yo no sentía normal, ¿verdad? Nadie me entiende.

[Luis Fernando]: Y para que la gente entendiera que él no estaba feliz, empezó a tratar de llamar la atención…

[Osmin]: Yo gritar, yo pelear, yo, yo salir, correr a los clases porque no sabía cómo comunicar de otra manera.

[Luis Fernando]: A pesar de toda la ayuda, le iba mal en el escuela, pero no solo académicamente. La diferencia siempre tiende a atraer miradas. En especial entre los niños. Durante muchos años, Osmin fue la única persona morena, de típicos rasgos guatemaltecos, en su clase.

[Osmin]: Solo mira blanquitos Yo siempre fui la más pequeña. Las más delgado. Entonces ellos puede molestarme, ¿verdad? Porque yo no puedo hablar inglés.

[Luis Fernando]: Y para alguien como Osmin, que solo quería encajar, hacerse invisible, desaparecer, esto era una pesadilla.

[Osmin]: Qué yo puedo hacer, ¿verdad? La única cosa que yo puedo hacer es pelear con ellos.

[Luis Fernando]: Y así fue. Se peleaba, metiéndose en problemas en la escuela. Y esto comenzó a afectar la relación con sus papás adoptivos.

Al llegar a Estados Unidos, Osmin vivió cambios bruscos. Ya hablamos del idioma, el más evidente, pero también hay otros que solemos dejar de lado. Y es que hay un salto abismal entre ser un niño pobre en Guatemala y ser un niño de clase media —un niño de suburbios— en los Estados Unidos.

En Guatemala, la lucha era sobrevivir, día a día. En los Estados Unidos las preocupaciones eran ser un buen estudiante y esforzarse por tener un futuro próspero.

Osmin trajo hábitos que lo ayudaban a sobrevivir en Guatemala a esta nueva vida en los Estados Unidos. Fue un choque cultural. Por ejemplo, cuando vivía con su mamá biológica, muchas veces no había qué comer en la casa. Y los días en que sí había…

[Osmin]: Yo guardar la comida porque no sabía la otro día qué vamos a comer, ¿verdad? Entonces yo tenía eso y cuando fui pa’ los Estados Unidos, yo hace lo mismo: yo guardar mi, mi comida bajo de mi cama. Ah, cuando yo tenía hambre, en medio de la noche, madrugada, yo levantar y sacar la comida.

[Luis Fernando]: Eso incomodaba a sus papás adoptivos. No sabían cómo lidiar con eso, entonces lo regañaban.

[Osmin]: Ya empezar gritar. Yo ya empezar, dice que ella no fui mi mamá, ustedes no mis papás. Y fui muy feo tiempos. Siempre estuve enoja, con ellos estuve enoja.

[Luis Fernando]: Decidieron llevarlo donde una psicóloga para buscar una solución.  

[Osmin]: Y me dice que yo tenía problema. Ya empecé a tomar pastillas para tranquilidad. No entiendo. No sé, yo solo sentir que no estoy normal. Pienso que yo estaba enferme.

[Luis Fernando]: Las peleas entre Osmin y sus papás fueron deteriorando la relación.

[Osmin]: Yo siempre, yo llorar, yo llorar todas las noches.

[Luis Fernando]: Se sentía un extraño en ese lugar y en esa familia.

[Osmin]: Tenía muchos problemas, entonces yo pienso que el, que ellos sentir algo, porque no estuve tranquilo. No. Yo no, yo no fui con el niño que ellos querían.

[Luis Fernando]: Y fue así que empezó a idealizar la vida en Guatemala. La vida con su mamá. Los recuerdos de los golpes y las veces que llegaba borracha a la casa comenzaron a ser un mal menor comparado como se sentía ahora. Además, hacía mucho tiempo no veía a su mamá. ¿Qué tal si ella había cambiado después de que se lo llevaron?

[Osmin]: Solo quería regresar al lado de mi mamá, donde yo no podía.

[Daniel]: Y así estuvo Osmin, un niño inquieto e infeliz, hasta el principio del 2002. Ya tenía 12 años, cuando su familia adoptiva recibió una llamada de un periodista de la revista Newsweek. Estaba investigando adopciones en Guatemala y tenía la sospecha de que Osmin podría ser un niño robado. Eso cambiaría todo.

Una pausa y volvemos.

 

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[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón.

Entonces, el periodista que contactó a los papás adoptivos de Osmin se llamaba Alan Zarembo. Y este sospechaba que Osmin había sido víctima de una adopción irregular.

Resulta que Casa Alianza —una ONG que trabajaba con niños sin hogar y afectados por el tráfico de personas— estaba ayudando a los papás biológicos de Osmin a buscar a su hijos.

Durante esos años, más del 90% de los niños guatemaltecos adoptados eran llevados a otros países, y la gran mayoría terminaba en Estados Unidos.

Entonces Casa Alianza contactó a varios periodistas estadounidenses —entre ellos a Alan Zarembo—y les explicaron el caso. Lo papás biológicos de Osmin decían que los niños no estaban abandonados y que el Juzgado de Menores se los quitó injustamente, sin oportunidad de agotar los recursos legales.

Luis Fernando nos sigue contando.  

[Luis Fernando]: Antes de Zarembo, los Borz habían recibido llamadas de otros periodistas. No quisieron hablar con ninguno. No querían que su caso fuese público. Pero la pareja estaban siguiendo las publicaciones de Casa Alianza en Guatemala sobre el caso de Osmin y su hermano, y pensaron que sería bueno defenderse. Se sentían molestos con que se pensara que ellos habían hecho algo ilegal. Así que aceptaron ser entrevistados.

El periodista viajó a Pittsburgh para visitar a los Borz en su casa. Lo dejaron hablar con Osmin, y le dijo que sus papás estaban vivos. Hasta le llevó una foto.

[Osmin]: Y llorar cuando me dice que, que ellos todavía está viviendo. Y me dice que ellos están luchando para yo regresar. Ah, me preguntaron muchas cosas. Me preguntaron si yo quería ver a ellos otra vez.

[Luis Fernando]: Osmin respondió que sí. Quería ver a su mamá de nuevo.

Quise hablar con los papás adoptivos, pero como es un tema tan sensible para ellos, Osmin les preguntó por mí. Se comunicaron por el chat de Facebook. Rechazaron la entrevista, pero nos dieron permiso para reproducir los textos que enviaron.

[Luis Fernando]: Cuando les preguntó por qué no querían ser entrevistados, ellos respondieron lo siguiente:

“No queremos ningún tipo de publicidad. Solo queríamos construir una familia y nos aseguraron que todo era legal de nuestra parte. Nos incomodó mucho cuando el hombre de [la revista] Newsweek apareció, y no nos gustó la historia que publicó. Esperamos que las cosas estén bien contigo, pero dimos lo mejor de nosotros para amarte y que todos ustedes estuvieran bien”.

La hermana y Eric, el hermano de Osmin, tampoco estuvieron interesados en hablar conmigo.

Una vez que entrevistó a los Borz, el periodista viajó a Guatemala para conocer a los papás biológicos de Osmin. Este es Gustavo Tobar Fajardo, el papá biológico.

[Gustavo Tobar]: Y nos dice: “Su hijo está bien, aquí le traigo fotos y todo”.  En ese entonces nosotros lo buscábamos como su nombre original de aquí, ¿verdad? Entonces, él nos dijo de que él ya no se llamaba a como se llamaba aquí. Él ya había adoptado otra nacionalidad, otro nombre y nos trajo toda la información.

[Luis Fernando]: Osmin se llamaba legalmente Ricardo William Borz. Y como en el hogar de niños, le decían Rico.

 

Pero los papás biológicos no trataron de contactar a los Borz, porque…

 

[Gustavo]: Teníamos miedo a que se movieran de ese estado donde Osmin radicaba.

[Luis Fernando]: Y así perderle la pista. Después de todo, los Borz estaban en otro país, que tenía otras leyes. La adopción ya estaba tramitada y no sabían realmente si era posible traer a Osmin de vuelta a Guatemala.

Entonces, si no lograban encontrar una manera, iban a esperar durante mucho tiempo, siete años. Hasta que Osmin fuera mayor de edad, para entonces…

[Gustavo]: Poder hablar con él, y él ya tomar sus propias decisiones.

[Luis Fernando]: Y así lo hicieron.

Para entender bien las irregularidades que hubo en la adopción de Osmin y su hermano hay que devolvernos al momento en que iniciamos esta historia. El 9 de enero de 1997. Ya hemos escuchado cómo vivió Osmin ese momento. Lo que no hemos escuchado es cómo lo vivieron sus papás.

A las 10 de la mañana, los funcionarios de la Procuraduría llegaron a la casa y se llevaron a los niños. La mamá de Osmin se enteró de esto unas pocas horas después, cuando su pareja de entonces le fue a avisar al lugar donde trabajaba.

La mamá de Osmin se fue de inmediato para su casa. Al llegar no había nadie. Ni siquiera la mujer que supuestamente debía cuidar a los niños. Solo encontró una nota que habían dejado los de la Procuraduría.

[Flor Ramírez]: La nota decía que había sido la Procuraduría de la Nación que los había ido a recoger por una llamada que habían hecho. Solo eso decía.

[Luis Fernando]: Ella es Flor Ramírez, la mamá de Osmin.

[Flor]: Y cualquier cosa que me presentara a la Procuraduría de la Nación. Y lo cumplí: fui al Juzgado de Menores y fui a la Procuraduría de la Nación. No me dieron razón de nada.

[Luis Fernando]: No le dijeron dónde estaban sus hijos, ni cómo contactarlos. Entonces, sin saber qué más hacer, se dirigió al Arzobispado de Guatemala a pedir ayuda.

[Flor]: La trabajadora social del Arzobispado de Guatemala inmediatamente puso un abogado. Ellos me apoyaron, me enviaron con Casa Alianza. De ahí Casa Alianza puso un investigador y ahí fue donde empezaron.

[Luis Fernando]: Empezaron un proceso legal muy complicado, y lleno de audiencias y apelaciones que duró ocho meses.  Flor no pudo ver a sus hijos en ningún momento. El juzgado ni siquiera le decía dónde estaban.

[Flor]: Yo me estaba desesperada, yo no hallaba ni qué hacer.

[Luis Fernando]: El poco dinero que ganaba lo usaba para los gastos legales. Casa Alianza le ayudaba con el resto.

[Flor]: Porque yo decía: “No me importa el dinero”. Si lo que a mí me importaba era recuperar a mis hijos. Era lo que a mí me hacía falta.

[Luis Fernando]: Por fin, en agosto del 1997, ocho meses después de que se llevaron a los niños, el Juzgado de Menores concluyó que Flor, la abuela y los padrinos de Osmin eran demasiado inestables económica y emocionalmente para hacerse cargo de Osmin y su hermano. Entonces los declaró en estado de abandono y mandó a archivar el caso.

La decisión se basó en unos informes que el juzgado le encargó al primer hogar de menores que hospedó a los niños. En esos informes habían testimonios anónimos de vecinos que afirmaban que Flor golpeaba a sus hijos, que a veces no tenían qué comer y que no mandaba a Osmin a la escuela todos los días.

Y el problema es que parece que todo el proceso se basó en esos testimonios anónimos. No hay ningún registro de un examen físico para verificar si las denuncias eran ciertas, si los niños estaban desnutridos y comprobar el abuso físico. O sea, se faltó al debido proceso.

Además, otra irregularidad en el trámite de adopción fue que ni el hogar de niños ni el Juzgado de Menores intentó contactar al papá biológico de Osmin, Gustavo, quien legalmente tenía derecho a pelear por la custodia. Esto a pesar de que se separó de Flor cuando Osmin era un recién de nacido y tenía una relación distante con su hijo.

La situación del hermano de Osmin era diferente, porque Gustavo no es el papá biológico.

Gustavo vivió en México durante varios años y volvió a Guatemala a finales de 1998. Trató de buscar a su hijo para reconectarse con él, pero su expareja ya no vivía en el mismo lugar. A los días, contactó a la abuela materna de Osmin y ella le dijo:

[Gustavo]: “Fijate que a Flor le quitaron al niño”.

[Luis Fernando]: Ya habían pasado meses. Gustavo puso un recurso de amparo para que se le tomara en cuenta para hacerse cargo de su hijo. También reclamaba que había apelaciones de la mamá que no fueron resueltas antes de que se archivara el caso.

Gustavo ganó el recurso de amparo. Pero su sorpresa fue que para ese momento Osmin llevaba ya medio año en los Estados Unidos. Ni siquiera se le había informado a Flor.

Por estas fallas en el proceso, Flor y Gustavo creen que los niños fueron víctimas de una de las redes de adopciones ilegales en Guatemala. Estos eran grupos organizados, que incluían a personas de todo tipo.

[Eric Maldonado]: Notarios, jueces, autoridades de la Procuraduría General de la Nación, comadronas, médicos, etcétera.

[Luis Fernando]: Él es Eric Maldonado, el director jurídico de la organización El Refugio de la Niñez, que vela por los derechos de los niños en situaciones de violencia. Ellos han estudiado el caso de Osmin y han asesorado a la familia.  

Estas redes conectaban orfanatos con hospitales, el juzgado de menores y la policía para conseguir niños y darlos en adopción de manera irregular.

[Eric]: Era todo un andamiaje de una actividad que obviamente se convirtió en tremendamente lucrativa.

[Luis Fernando]: A finales de los años 90, la adopción —fuese regular o irregular— de un bebé podía costar entre 12 mil y 80 mil dólares a una familia extranjera, según diferentes informes.

Un estudio hecho por la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala estima que entre 1977 y el 2008 más de 30 mil niños guatemaltecos fueron dados en adopción. El 99% de los casos fueron como el de Osmin: un trámite hecho por un notario privado y no por el Juzgado de Menores.

Esto era grave. Permitía que las adopciones funcionaran como un negocio: una actividad preocupada más por el lucro que por darle protección a niños huérfanos o en condición de abandono.

Por ley, los notarios podían hacer los trámites de adopciones con una mínima supervisión del Estado: desde realizar los estudios para pedir la declaratoria de abandono de los niños, hasta entregárselos a los padres adoptivos.

[Eric]: Esto daba lugar a que no existiera un control más que la fe pública que tiene el notario.

[Luis Fernando]: Es decir, la palabra del notario era suficiente para que el Juzgado de Menores permitiera los trámites.

[Eric]: Y lo que provocó es que efectivamente, eh, se dieran una serie de vulneraciones de derechos.

[Luis Fernando]: En las redes también existían los “jaladores” o “enganchadores”. Ellos eran quienes conseguían a los niños que se iban a dar en adopción, ya fuera robándolos, engañando a los padres o incluso comprándolos a familias pobres. Los papás de Osmin piensan que la mujer que cuidaba a los niños era una de estas jaladoras, y que fue ella la que puso la denuncia a cambio de dinero.

[Flor]: Desde el momento que mis hijos se desaparecieron, yo dije: “Ella tiene que ser la responsable porque a ella le quedaron en su propiedad”.

[Luis Fernando]: Osmin no recuerda si la mujer estaba ahí o no cuando llegaron a llevárselos, pero un informe de la Procuraduría dice que los niños estaban solos.

Hay más razones para sospechar de la legalidad de la adopción de Osmin. Los niños fueron internados en el hogar de la Asociación Los Niños de Guatemala, donde la dueña, Susana Luarca, fue condenada a 18 años de prisión por trata de personas en el 2015.

[Flor]: Para mí, esos eran los que me daban la vida. Viví todo ese tiempo en agonía. Yo todos los días doblaba rodillas y le decía: “Señor, que seas tú devolviéndome a mis hijos, que seas tú guardándolos donde estén”. Yo se los puse en la mano de Dios. Y le decía: “Padre, dame fuerzas para yo recuperar a mis hijos y no me importa que sea ya viejita con bastón, pero yo quiero ver a mis hijos”.

[Luis Fernando]: Volvamos al 2002. Al día en el que el periodista de Newsweek visitó la casa de los Borz en Estados Unidos. Ese día fue fundamental en la vida de Osmin, un muchacho de apenas 12 años.

[Osmin]: Ese un día que me entrevistaron y me dijo cosas. Eso día que yo levantar y dice: “Me voy a buscar a mi mamá, me voy a buscar mi raíz, me voy a buscar mi cultura. Me voy, me voy”.

[Luis Fernando]: Durante los años siguientes, aprovechó cuando estaba solo en la casa para buscar los papeles de su adopción.  

[Osmin]: Y buscaron, buscaron, buscaron y no, y no encontró nada.

[Luis Fernando]: Y muchas noches, cuando sus papás estaban dormidos, Osmin prendía la computadora, se metía en internet y…  

[Osmin]: Poner la nombre de mi mamá, poner la nombre mi papá. Pero no, no, no, no sabía. No, no, no hay informaciones de ellos, solo lo mismo, solo lo mismo.

[Luis Fernando]: Solo el artículo de Newsweek. Y una que otra noticia de Guatemala sobre el caso. Pero ninguna forma de contactar a sus papás. En esa época no había redes sociales, y ellos no tenían acceso a computadoras ni a correos electrónicos.

Al confrontar a los Borz con el tema de la adopción…

[Osmin]: Ellos nunca querían hablar conmigo con las cosas. Ellos nunca me enseñaron los papeles, siempre que usted no puede entrar aquí. Usted no puede ver esos informaciones.

[Luis Fernando]: Y al crecer, Osmin siguió siendo problemático. Además sumó adicciones al alcohol y a las drogas…

En octubre del 2009, Osmin ya tenía 20 años y estaba en la universidad. Ya existían las redes sociales y Gustavo, el papá biológico de Osmin…

[Gustavo]: Pues empezamos a, a buscarlo por las redes sociales, ¿verdad? Por el nombre que supuestamente tenía aquí, ¿verdad? Entonces de repente me recuerdo de la revista. Entonces, ahí decía “Rico Borz”. Entonces empiezo yo ahí a buscarlo en el buscador. Aparecían un montón, ¿verdad? Entonces a todos les daba yo invitación.

[Luis Fernando]: A todos les escribía un mensaje preguntando si eran de Guatemala. Y un día, cuando Osmin estaba en su dormitorio en la universidad, después de una clase…  

[Osmin]: Abrí mi laptop, ingresar en, en Facebook. Y ahí un mensaje aparece. Nombre: Gustavo.

[Luis Fernando]: Y aunque no sabía lo que decía el mensaje —porque ya se le había olvidado el español— supo de inmediato que era su papá.

[Osmin]: Yo empecé a llorar. Mis amigos me dice: “¿Qué pasó, Rico?, ¿qué pasó, Rico?”.

[Luis Fernando]: Osmin les había contado que era adoptado, y que creía que había sido ilegalmente. Entonces, les dijo:

[Osmin]: “Mira, mi papá me describirme”. Yo tengo algo. Ahorita yo puedo regresar a Guatemala.

[Luis Fernando]: Todos esos años de buscar y buscar al fin tuvieron resultado. Pero había un gran problema: el idioma. Gustavo tampoco sabía nada de inglés. Entonces Osmin buscó a un profesor de español que tenía  y le pidió que le tradujera el mensaje.

[Osmin]: Y él dice: “¿Usted quiere llamar Guatemala, su papá?”. Y él llamar mi papá. Y ahí estamos hablando. Y esa es la primera vez que yo escuchar la, el voz de mi papá.

[Luis Fernando]: Gustavo hablaba en español, Osmin en inglés, y el profesor les traducía a cada uno. Osmin preguntó si Gustavo todavía tenía fotos de él. También le preguntó si recordaba cómo era de niño. Fue muy emotivo.

[Gustavo]: Me sentí muy feliz, porque después de tantos años, tantas vivencias, se logra reencontrar uno con la persona, ¿verdad?

[Osmin]: Yo no tenían palabras, ¿verdad? Yo solo: “Wow”.  Como yo no sabía español, yo era: “Ah, OK, ¿ahorita qué?”

[Luis Fernando]: Y ahí empezó la comunicación.

[Gustavo]: Perdíamos demasiado tiempo porque él me escribía en inglés y yo en español.

[Luis Fernando]: Usaban Google para traducir los mensajes…

[Gustavo]: Y ahí se nos iba mucho el tiempo. Nos daban a veces la una, dos de la mañana aquí en Guatemala, platicando.

[Luis Fernando]: Conversaban sobre cómo estaba la mamá de Osmin, su abuela, sus tíos. Gustavo le explicaba todas las irregularidades que habían pasado en el trámite de adopción. Pero principalmente conversaban sobre lo que venía, sobre lo mucho que querían reencontrarse. Osmin ansiaba conocer a su familia biológica.

Y nunca le dijo nada a sus papás adoptivos. Sabía que se enojarían. Nunca se sintieron cómodos con que Osmin preguntara sobre su pasado. Y él no quería que opinaran ni que se metieran en su vida.

Pero no era fácil. Ni Osmin ni sus papás biológicos tenían dinero para pagar el viaje. Pasaron tres años hablando por chat y videollamadas. Osmin no solo hablaba con su papá, sino con su mamá y su abuela. Hasta que tuvo un golpe de suerte: una familia que conoció en la iglesia y que era cercana a él, le ofreció regalarle el pasaje.

Ya con el viaje planeado, no pudo seguir manteniendo el secreto. Osmin le dijo a los Borz que había estado hablando con su familia biológica y que iba a ir a visitarlos. Los Borz se enojaron. Mucho. No querían que fuera. Pero, como muchas otras veces en su relación, no le dieron razones. Aunque para este punto a Osmin ya no le importó. Tenía 23 años. Era un adulto.

Los nervios no lo dejaron dormir la noche previa al vuelo, ni en el avión. Y ya en el aeropuerto de Ciudad de Guatemala…  

[Osmin]: Yo estuve en el baño como una hora. No puede salir, estuve muy nervioso. No sé, no sabía si yo estoy listo para eso. Y llorar, todos años que yo, que yo pasar, todos años que yo luchar, todos años final estoy aquí en mi país otra vez. Y cuando yo caminar afuera de esas puertas ahí vas a estar mi familia.

Estoy triste. Estoy feliz. Y ya preparar, eh, lavar mi cara y dice: “Me voy, me voy afuera. Y afuera ya escuchar mi nombre: “¡Osmin!”, “¡Rico!”. Y yo mira. Y ahí estuvo mi familia. Ahí estuvo mi mamá. Ahí estuvo mi papá, llorando.

[Flor]: Era algo que no podía explicarme. No sabía si era en realidad o era un sueño. Porque era algo que tanto había esperado. Lo abracé, no quería soltarlo, no quería dejarlo.

[Luis Fernando]: Osmin conoció Ciudad de Guatemala, recibió la atención de sus papás, su abuela y sus tías durante cada minuto, todos los días.

Finalmente estaba viviendo una fantasía que había alimentado durante más de 10 años. Más de una década idealizando una convivencia con personas que —por más sangre que las uniera— eran desconocidas.

Pero en esta historia, la realidad no estuvo a la altura de la fantasía. Específicamente, su mamá no estuvo a la altura de la fantasía.

[Osmin]: Cuando yo tuve 6 años, cuando yo estuve patojo, tenía una, una imagen de mi mamá. Y cuando regresaron, en 2011, yo mira la misma cara. Ahí yo sentir mal, ahí sentir que: “OK, esta mujer no cambiar. No cambiaste. Tantos años que pasaron y no cambiaron”. No fui como yo quería.  

[Luis Fernando]: Osmin soñaba con una mamá reformada después de perderlo a él y a su hermano, una mujer que había aprendido de sus errores. Pero vio a la misma madre que recordaba de niño. Osmin y su mamá se volvieron personas con defectos muy parecidos: alcohólicos, agresivos, irresponsables. A pesar de los kilómetros y los años de distancia.

Es irónico, si se piensa bien: era una de las cosas que la adopción de Osmin se suponía que iba a evitar.

Y Osmin también se encontró con un papá que, en su infancia, cuando más lo necesitaba, estuvo ausente y que ahora…

[Osmin]: Me quieres cambiar, no quieres entender quién yo soy.

[Luis Fernando]: Osmin salía en las noches a tomar y su papá lo criticaba mucho. Sentía que lo regañaba, como a un adolescente. Sentía que lo quería educar, en lugar de entenderlo como persona, entender todo lo que había sufrido y respetar sus decisiones como adulto.  

Después de un mes en Guatemala, volvió a Estados Unidos desilusionado. Dolido. Terminó la universidad, consiguió un trabajo y se hundió aún más en las drogas y el alcohol. Fueron cuatro años duros. Fue a la cárcel, tuvo una hija y perdió su custodia.

[Osmin]: Yo no puedo ver mi cara en el espejo. Yo no quería ver mi quería ver mi cara en el espejo. Yo no que…, yo sabía que estaba haciendo cosas malas otra vez. Después de estudiar, después de todo.

[Luis Fernando]: Hasta que no pudo más…

[Osmin]: En 2015, un día, después que yo fui para una fiesta que yo tomar, que yo pelear con gentes, yo levantar y dice: “Ya no más. Ya no quiero esta vida. Ya no puedo vivir aquí”. Yo llamar mi mamá, mi papá, mis amigos: “Me voy. Ya no quiero estar en, en este país. Ya me voy para Guatemala. Ya no quiero vivir, yo no puedo cambiar aquí en este lugar. No puedo”.

[Luis Fernando]: A los dos días compró el tiquete. Guatemala, como país, le había gustado. Se sentía cómodo, como si encajara. Y por lo menos ahí tenía algo, aunque fuera solo la esperanza de formar un vínculo con su familia biológica. Una segunda oportunidad.

Iba a ser difícil, sí, pero cualquier cosa era mejor que lo que estaba viviendo en los Estados Unidos.

Y eso es lo que Osmin ha estado tratando de hacer estos últimos tres años. Construir una nueva vida. Se casó y tiene un hijo. Trabaja en un call center, dejó el alcohol, las drogas, las peleas. Está mejorando su español poco a poco.  

La relación con sus papás biológicos todavía es difícil, desgastante, pero trabaja en ella a diario. Espera que en algún momento llegue a sentir ese vínculo familiar que tanto quiere. Por lo menos, me dijo, en estos momentos no está solo.

Y como símbolo de este nuevo inicio, volvió a su nombre original: Osmin.

Rico, el muchacho que nunca logró encajar en ningún lugar, ya no existe.

[Daniel]: En el 2016, Osmin logró contactar a su hermano biológico. Pero él no quiere saber nada relacionado con su familia guatemalteca. Por respeto a su privacidad no hemos usado su nombre en el episodio.

Ese mismo año, Osmin y su familia llevaron su caso a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. La sentencia responsabilizó al Estado guatemalteco por la separación de la familia, ya que permitió irregularidades en el proceso de adopción de los niños.

En el 2007, Guatemala ya había hecho cambios a las leyes que regulan los procesos de adopción, después de denuncias de la Unicef y otras organizaciones. Desde entonces, solo el Juzgado de Menores puede hacer estos trámites. Sin embargo, es difícil decir que en la práctica se ha eliminado por completo.

Entonces, como parte de la sentencia por el caso de Osmin, la Corte Interamericana ordenó la creación de un plan nacional para fiscalizar el funcionamiento de los hogares de menores y asegurar que se apeguen a la ley.

Por otro lado, muy pocas personas han sido juzgadas por formar parte de las redes de adopciones irregulares y el Estado todavía no ha ofrecido medidas de reparación para todas las familias afectadas.  

En ese sentido, Osmin tuvo mucha suerte. La corte falló a su favor y el Estado sí va pagar algo de reparación. En su caso, el Estado guatemalteco pagará sus clases de español y la terapia familiar. Además, le dará una compensación económica a la familia por el daño causado.

Luis Fernando Vargas es editor asistente de Radio Ambulante y vive en Costa Rica. Esta historia fue editada por Camila Segura y por mí. La música y el diseño de sonido son de Andrés Azpiri. Nuestra pasante Andrea López Cruzado hizo el fact-checking.

Muchas gracias a Quimy de León y a Marta Karina Fuentes de Prensa Comunitaria por su ayuda en Guatemala y a Francisca Stuardo, del Centro por la Justicia y el Derecho Internacional.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Ana Prieto, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Silvia Viñas y Rémy Lozano. Nuestras pasantes son Lisette Arévalo y Victoria Estrada. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

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