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Transcipción: La sentencia

La sentencia
Luis Trelles
20 minutos

Juliana Deguis: Y quizás ahora a mi me puede dar un poco de miedo porque yo ando en las calles sin documentos. Yo ando en la calle así, y si me preguntan digo lo mismo.

Daniel Alarcón: Esta es Juliana Deguis Pierre. Tiene 30 años, nació en la República Dominicana y no tiene papeles.  Eso sería quizás más entendible si estuviéramos en otro país y Juliana fuera una inmigrante.  Pero no.

Juliana Deguis: Cantamos el himno como todos los dominicanos y todas las dominicanas, porque somos de aquí. Nacimos aquí, nos criamos aquí.

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Hoy, “La sentencia”, la historia de una mujer que se negó a ser extranjera dentro de su propio país y del estado que quiere excluirla. Desde Santo Domingo, Luis Trelles nos cuenta.

Luis Trelles: Cuando Juliana cumplió los 18 años, fue a hacer lo que hacen todos los dominicanos cuando cumplen la mayoría de edad: sacar su cédula de identidad. Se supone que es un trámite sencillo. Es cuestión de ir a la oficina más cercana de la Junta Electoral, presentar el acta de nacimiento, llenar varios papeles y tomarse una foto. Nada más. En mes y medio llega la tarjeta en el correo.

Juliana Deguis: Nunca pensé que iba a haber un problema, porque el que nace aquí tiene derecho de tener su cédula.

Luis Trelles:  O por lo menos eso es lo que dice la constitución.  La cita exacta es esta: “Son dominicanos todas las personas que nacieron en el territorio de la República”.  Y sin embargo, hay una excepción a esta regla: los hijos de los extranjeros que están en tránsito por el país.  Y esa frase se refiere a gente como Juliana y su papá.

Juliana Deguis: Él sí salió de Haití, pero después que regresó aquí, nunca ha ido otra vez, no volvió.

Luis Trelles: El papá de Juliana salió de Haití cuando tenía 15 años y lleva 49 viviendo en la República Dominicana, sin haber salido nunca. Y no es que haya cruzado la frontera de manera ilegal en busca de una mejor vida….

Juliana Deguis: …ellos no vinieron así solos, ellos vinieron con unas personas que van a allá a Haití a recoger miles y miles de ellos, de haitianos, para traerlos para acá a la República Dominicana a cortar cañas.

Luis Trelles:  Y es que fue el mismo gobierno dominicano el que los trajo para trabajar en los campos de caña de azúcar.  Por eso es tan difícil de entender el estatus que el gobierno le dio a gente como el papá de Juliana, porque, después de todo, ¿realmente está en tránsito una persona que lleva más de la mitad de su vida viviendo en el mismo lugar?

[Música]

Luis Trelles: Pero los burócratas que atendieron por primera vez a Juliana cuando ella fue a pedir su cédula no repararon en los matices de la constitución, sino que se fijaron en otros detalles: sus apellidos afrancesados, su tono de piel, el lugar donde nació y donde vive: los Jovillos de Yamasá…

Hay cientos de lugares parecidos en la República Dominicana. Es un asentamiento fundado por obreros de caña, un pequeño grupo de casitas rústicas perdidas en el campo. Estos lugares se conocen comúnmente en la República Dominicana como bateyes.

Como Juliana era del batey, los funcionarios vieron su acta de nacimiento y le dijeron

Juliana Deguis: “Juliana, tu acta de nacimiento no pasa”. Y yo le digo, “¿Por qué mi acta de nacimiento no pasa, si yo nací aquí?”

Luis Trelles: Nadie le pudo contestar esa pregunta. Pero lo cierto es que le negaron la cédula, y también se quedaron con el acta de nacimiento.

Y a Juliana no es la única a la que le ha pasado esto, claro. En la República Dominicana hay miles de descendientes de haitianos en la misma situación, aunque nadie sabe con exactitud cuántos son. Ni siquiera la Junta Electoral, que le ha negado cédulas a unas 40 mil personas. Aun así, una encuesta realizada por el propio gobierno en el 2012 indicaba que el número es mucho mayor -sobre los 200 mil.

[Música]

La generación de Juliana nació y se crió muy lejos del país de sus padres. Para ellos, Haití es un lugar distante, ajeno, y muchos ni siquiera hablan creole, el idioma haitiano.

Juliana Deguis: Y uno aquí uno nunca aprendió a hablar creole. Yo sé hablar así mi idioma, el dominicano.

Luis Trelles: Para esta nueva generación, conseguir la cédula es una lotería.  Algunos tienen suerte y la consiguen sin mayores problemas, ya sea porque conocen a alguien en la oficina de registro o porque tienen un apellido castizo. Los que no, usualmente se dan por vencidos y deciden vivir en el margen, porque sin cédula no se puede vivir de otra manera.

Juliana Deguis: La cédula sirve aquí en la República Dominicana para poder trabajar, y con la cédula puedes votar, puedes sacar una tarjeta de ahorro, puedes declarar a tus hijos.

Luis Trelles: Trabajar, votar, ahorrar. Es decir, algunos de los derechos básicos de cualquier ciudadano.

Más allá del apellido y del acento, hay otro factor que mencioné hace un rato: el color de la piel de Juliana. La impresión generalizada es que los haitianos son los únicos negros del país, algo que no tiene mucho sentido en la República Dominicana, donde los morenos y los negros son parte de la mezcla básica de la población. Pero este prejuicio contra todo lo afro es muy profundo. Cuando las autoridades hacen redadas para chequear papeles, a los primeros que agarran son a los negros.

Juliana Deguis: Cuando yo salía a la ciudad a mí me daba miedo. Yo decía “si me encuentro con el camión que recoge los haitianos en la calle, me van a llevar.”

Luis Trelles: Los que no tienen papeles, normalmente terminan en los buses de la migra y son deportados. Y no estamos hablando de poca gente: en el 2012, fueron más de 12 mil.

[Música]

Sin cédula, Juliana no tenía muchas opciones de conseguir un trabajo legal, así que terminó de empleada doméstica en una casa en los suburbios de la capital, ganando la mitad de lo que ganaría una persona con documentos.

Vivía en la informalidad, bajo la constante amenaza de deportación.

Para todos los efectos, Juliana era una indocumentada sin haber emigrado nunca de ninguna parte.

Juliana pidió su cédula a los 18 años, poco después de que naciera Julio, su primer hijo. Cuando yo conversé con ella, a comienzos de este año, tenía 29 y había tenido tres hijos más. A estas alturas, la frustración se le notaba en la cara. El día que la fui a visitar a su pequeña casita en Los Jovillos tenía unas ojeras profundas y se le veía exhausta.

Juliana Deguis: A veces yo digo que yo me siento cansda. Que yo no puedo estar así. No puedo tener mi vida como la tengo, porque yo quiero trabajar, y darle a mis hijos lo que nunca yo le dí.

Luis Trelles: El día de nuestra reunión los dos más chicos, de cuatro y seis años, correteaban entre las casitas precarias hechas con bloques desiguales de cemento.  El estado tampoco les reconoce la ciudadanía a ellos.  Una legislación pública les permite estudiar hasta octavo, pero luego de eso es muy difícil pasar de grado sin papeles y las escuelas que sí les permiten estudiar no pueden otorgarles diplomas cuando se gradúan. Y ese futuro incierto de sus hijos, es lo que más le preocupa a Juliana.

Juliana Deguis: Porque si yo no lucho, nadie va a luchar para mí. Yo tengo cuatro muchachos que mantener. La más chiquita que tiene cuatro años, que siempre me dice que tiene hambre y todo. Y me gustaría tener y trabajar para cuando mis hijos digan “quiero esto”, darle a mis hijos.

Luis Trelles: Cuando Juliana finalmente encontró un poco de ayuda, no fue en una oficina de gobierno, claro, sino con este señor:

Genaro Rincón: Soy Genaro Rincón y yo durante mucho años he sido un activista social.

Luis Trelles: Además de activista, Genaro es abogado, especializado en temas de derechos humanos. Después de las elecciones del 2008, se escucharon muchas denuncias de personas como Juliana, a quienes les negaron el derecho a votar. Genaro y su organización investigaron, y en el 2009, llegaron a Los Jovillos.

Fue ahí que conoció a Juliana, y a partir de ese momento comenzaron a trabajar juntos. El primer paso fue ayudarla a reclamar su acta de nacimiento. Recordemos que la junta electoral se lo había quitado a los 18 años, cuando Juliana fue a pedir su cédula.  Sin ese documento, Juliana corría peligro de ser deportada por error.

Y no estoy hablando de una preocupación abstracta.

[Sonido ciudad, sirenas de policías en la distancia]

Juliana Deguis: Una vez me encontré con ellos, venía de mi trabajo. Me pararon y me dijeron, “dame tu pasaporte”. Y yo le dije, “yo no uso pasaporte, yo soy dominicana, yo no uso pasaporte”.  “¿Y cómo te llamas?”, “Juliana”, “a dónde tú naciste?” “En el batey Los Jovillos de Yamasá”.

Luis Trelles: Esa vez la dejaron ir, pero sus abogados sabían qué tan vulnerable era.

Genaro Rincón: Luego de eso nosotros entonces temíamos de que Juliana y los demás como no tenían documentos pudieran ser detenidos y deportados a Haití.

Luis Trelles: Genaro buscó medidas para evitar que eso pasara.  Y no era el único.  Varias organizaciones hacían un trabajo similar. Juntas, las instituciones decidieron buscar apoyo con los organismos internacionales y en febrero del 2013 se presentaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington.

La idea era que un organismo internacional presionara al estado dominicano para evitar las deportaciones de gente como Juliana. Genaro presentó 80 casos de personas vulnerables, incluyendo a Juliana, y al final lograron lo que buscaban.

Genaro Rincón: El día 10 de junio del año 2013 la Comisión la otorgó en donde le decía a través de su resolución al estado dominicano que evitara deportar a Juliana y los demás.

[Música]

Luis Trelles: Genaro y el resto de los abogados seguían una estrategia doble: por un lado, presentaban los casos en las instituciones internacionales y por otro, en los tribunales locales, donde el asunto llegó hasta el foro más alto de la República Dominicana: el Tribunal Constitucional.

Lo que pedían, era sencillo….

Genaro Rincón: Nosotros estábamos pidiendo solamente al tribunal que le entregue su documento, su acta de nacimiento y la posibilidad de tener acceso a su cédula para poder hacer todos sus actos de su vida civil y como ciudadano común y corriente.

Luis Trelles: El litigio incluía a cientos de solicitudes unidas por el mismo tema: el estatus legal de los hijos y nietos de haitianos nacidos en la República. Los abogados de varias organizaciones se preparaban para una decisión del Tribunal Constitucional, pero no sabían cuál de todos los casos sería el escogido.

Genaro Rincón: Sabíamos que como nosotros habíamos hecho tanta presión a nivel internacional la respuesta tenía que ser en función de los casos que nosotros teníamos, pero no sabíamos que iba a ser Juliana.

Luis Trelles: Y eso fue lo que pasó, aunque según Genaro, tampoco fue por total casualidad.

Genaro Rincón: ¿Cómo lo sacó? Bueno, entre todos los casos el tribunal constitucional entendía que era el más débil, el que estaba peor documentado y lo tomó.

Luis Trelles: Los jueces usaron el caso de Juliana para acabar con el debate de los descendientes de haitianos de una vez por todas. Y el 23 de septiembre del 2013, llegó el fallo.

Reportaje: La decisión del Tribunal Constitucional dominicano de despojar de su nacionalidad a miles de hijos de haitianos nacidos en la República Dominicana crea una crisis humanitaria y coloca a muchos de ellos en la posibilidad de ser deportados.

Luis Trelles: Nadie esperaba una sentencia tan abarcadora.

Genaro Rincón: La sentencia del tribunal dice que todos los dominicanos nacidos desde el año 1929 hasta la fecha, 2013, hijos de inmigrantes igual que Juliana, no tenían derecho a la nacionalidad.

Luis Trelles: En teoría la sentencia afectó a los hijos de inmigrantes de todos los países, pero en la práctica los más perjudicados fueron los descendientes de haitianos.

[Música]

Y en el centro de todo estaba Juliana, cuyo caso provocó la sentencia. Aunque la verdad es que ella ni siquiera sabía bien lo que estaba pasando. Llevaba meses sin tener contacto con sus abogados.

Juliana Deguis: Yo casi no hablaba con ellos porque yo trabajaba y no tenía tiempo.

Luis Trelles: Y por eso ni siquiera se enteró de lo que estaba en juego con la decisión del Tribunal. El mismo día que se anunció el fallo, la primera periodista apareció en el trabajo de Juliana.

Juliana Deguis: Y ella me dijo, “Juliana, salió la sentencia, que no te van a dar tu cédula, que dicen que tú no eres dominicana”. Y de ahí me sentí muy triste. Se me saltaron todas las lágrimas. Que yo le dije, “no, eso no puede ser así, porque yo soy dominicana porque nací aquí. Nací aquí.”

Luis Trelles: Después del fallo llegó una atención mediática que Juliana no se esperaba. Aparecía constantemente en los periódicos y en los noticieros de televisión, y eso le causó muchos problemas en el trabajo.

Juliana Deguis: Porque si esa sentencia no hubiera salido yo pudiera estar trabajando, pero como sale esa sentencia y los dueños de casas viéndote por la tele, viéndote por donde quiera. Y ahí ninguno te acepta en su casa, porque te dicen “¿y por qué tú estás en la tele? ¿Por qué tú estás haciendo esto?”

Luis Trelles: Una semana después de que salió la noticia la echaron del trabajo.

[Música]

Las cosas tampoco andaban bien en el batey. Sus vecinos de toda la vida ahora le echaban la culpa por la sentencia.

Juliana Deguis: Sí, yo he recibido muchas críticas. Ellos creen que la situación mía le va a afectar a ellos por mi caso. Pero eso hace mucho, que eso está ahí. Lo que pasa es que esa bomba, como quien dice, que esta bomba no había explotado. Ahora fue que la bomba explotó. Y creen que por mí.

Luis Trelles: Pero no todos la criticaban. Algunos crearon una campaña reclamando los derechos de los descendientes de haitianos, y pusieron a Juliana como representante:

Genaro Rincón: Somos todos y todas Juliana. No importa que seamos hijos de inmigrantes haitianos o de dominicanos. No importa.

Luis Trelles: La campaña incluía cartas abiertas en los periódicos, manifestaciones y charlas en los bateyes. Juliana se convirtió en una figura inescapable en los medios dominicanos.

Reportaje: La sentencia, fue el resultado de un recurso de amparo que interpuso la joven de ascendencia haitiana Juliana Deguis cuando intentó sacar su cédula de identidad y en cambio le incautaron su acta de nacimiento.

Luis Trelles: El tribunal le dejaba solo una opción a los afectados: olvidarse de la ciudadanía dominicana y someterse a un proceso de naturalización. Eso quiere decir que el gobierno registraría a los descendientes de haitianos como extranjeros.

Juliana Deguis: El tribunal dice que yo me tengo que naturalizar, pero yo digo que no. Que no voy a hacer eso. ¿Por qué no lo voy a hacer?  Porque yo soy de aquí de la República Dominicana. Como no lo voy a hacer yo, no lo va a hacer nadie.

Luis Trelles: Con ese desafío, Juliana se echaba en contra a todo un sector con mucho poder político: los nacionalistas. Para ellos, Juliana no era sólo una extranjera, sino que, además, con cada día que desafiaba la sentencia también se convertía en una criminal.

Juan Miguel Castillo: La ley no se hizo para que la señora Deguis, o cualquier otra persona en su situación, le guste o no le guste, está para cumplirla.

Luis Trelles: Este es el abogado Juan Miguel Castillo Pantaleón, un jurista dominicano que ha escrito varias leyes de inmigración en los últimos años. Es uno de los críticos más severos de la campaña que ha llevado Juliana.

Juan Miguel Castillo: Ella debe de hacer lo que la ley y las instituciones ordenan. Desafiarlas y desafiar las autoridades, no es lo que más le resultará recomendable a esta persona. ¿Por qué se empecinan en algo que sencillamente perjudica a esa persona?, porque la única persona que se perjudica es Juliana Deguis -y atención- y sus hijos.

Luis Trelles:  Dejar de registrarse como extranjera convertía a Juliana en una residente fantasma, un gran riesgo para alguien que está luchando por quedarse en el lugar que considera su patria.

 [Música]

Cuando la visité en febrero de este año, cinco meses después de la sentencia, Juliana seguía en el mismo limbo civil.

Juliana Deguis: ¿Qué yo puedo hacer para conseguir mi cédula? Es seguir luchando como estoy luchando. Yo soy Juliana Deguis Pierre. Soy yo la de la sentencia. No nos vamos a desesperar, vamos a luchar hasta que se resuelva todo ese problema.

Genaro Rincón: Es una persona que no existe jurídicamente. Es una persona vulnerable, una persona en alto riesgo de manera permanente. Y si no tiene derecho a la nacionalidad y no tiene ninguna otra opción de nacionalidad ¿cómo se convierte? en apátrida.

Luis Trelles: Recordemos que no estamos hablando solo de la historia de una mujer, sino de decenas de miles de personas en el mismo limbo legal. Gente que solo conoce un país, la República Dominicana, y que ahora, por un fallo legal, se convirtieron súbitamente en personas sin patria.

Mientras tanto, la presión internacional continuaba. Las Naciones Unidas, el Departamento de Estado de los Estados Unidos y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños se expresaron en contra de la Sentencia.  En lo comercial, algunas empresas y organizaciones internacionales cancelaron convenciones y eventos en la República, afectando la industria turística local.

Y después de 10 meses de protestas y presiones internacionales, el presidente dominicano Danilo Medina cedió y pasó una ley que reconocía la nacionalidad de algunos descendientes.

Los que se benefician son las personas como Juliana, aquellas que ya tenían un acta de nacimiento cuando comenzaron a buscar la cédula.

A principios de agosto de este año, Juliana pudo, por fin, ir a una oficina de la Junta Electoral a reclamar sus papeles. Los medios, que tanto habían seguido su caso, documentaron este momento.

Reportaje: Juliana se presentó a esta junta del distrito en compañía de sus abogados. El proceso para entregarle su cédula duró alrededor de 15 minutos.

Luis Trelles:  Y confieso que yo lo celebré.

Fue emocionante verla sonriendo por primera vez en televisión. Y aunque el final es feliz para Juliana, eso no cambia la situación de aquellos que no tienen ningún tipo de documento ni estatus legal. Que son muchos.

Algunas organizaciones estiman que podrían ser más de 50 mil. La razón es sencilla: no todos los que nacen en los bateyes reciben actas de nacimiento. Y para los que no tienen un acta, la nacionalidad dominicana sigue siendo igual de inaccesible.

Y este decreto presidencial tampoco cambia los prejuicios de un sector de la sociedad dominicana. Como los de esta señora que salió grabada en una manifestación nacionalista a finales del año pasado.

Nacionalista: Traidores, malagradecidos, sucios… Sucios, enfermos, asquerosos… ¡Negros! O se van en paz o los sacamos a pedrás o a balazos.

Luis Trelles: Pero no es solo ella, claro. Expresiones como esa se escuchan a diario en Santo Domingo. Se trata de un rechazo xenofóbico y racista muy profundo, aunque también es un resentimiento inútil. Hay varias generaciones ya de descendientes de haitianos que son parte de la República Dominicana y ellos no se van a ir a ninguna parte.

[Música]

Daniel Alarcón: Luis Trelles es cineasta y productor de Radio Ambulante. Vive en San Juan, Puerto Rico.

Esta historia fue editada por Camila Segura y por mi, Daniel Alarcón, y mezclada entre los dos. El equipo de Radio Ambulante incluye a Silvia Viñas, Martina Castro, Diana Buendía, y David Pastor. Carolina Guerrero es la directora ejecutiva.

Queremos agradecer a nuestros patrocinadores, Mailchimp, celebrando la creatividad, el caos y el trabajo en equipo desde el 2001. Más de siete millones de personas y empresas en todo el mundo utilizan a Mailchimp para enviar sus correos electrónicos y boletines. Para saber más, visiten Mailchimp.com.

Y quiero aprovechar para contarles sobre un evento muy especial que haremos aquí en San Francisco el 2 de noviembre: Radio Ambulante en vivo: ‘Outsiders’, con historias de Cuba, México, Chile, Perú, California, y Texas. Va a ser espectacular. Hay más información y más historias en nuestra página web, radioambulante.org.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón, gracias por escuchar.

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