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Transcripción: 240 aves

240 aves
Nausícaa Palomeque
25 minutos

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Juan Pablo Culasso: Una profesora de Literatura, pobrecita, me da pena, demoró como tres meses para saber que era ciego.

Daniel Alarcón: Juan Pablo Culasso habla sin problemas sobre su ceguera. Hasta se puede reír de las situaciones difíciles que le han tocado. Como esta historia del liceo, cuando una profesora ni siquiera se había dado cuenta que tenía un alumno ciego en el salón, a pesar de que él pasaba la clase entera escribiendo en su máquina de escribir en Braille.

Juan Pablo Culasso: Escuchaba un ruido espantoso en la sala de la máquina Perkins que es como un… Y no se daba cuenta. “Ah, no” – les dijo a mis padres – “yo escuchaba un ruido en la clase pero no sabía que su hijo era ciego”. “Bueno, ahora sabe”.

Daniel Alarcón: Bueno, pero quizás más increíble es este detalle: el mismo Juan Pablo tardó años en entender que no veía. Nació ciego, sólo capaz de percibir algunos tonos de luz. Cuando era niño se sentaba frente a la tele, y decía que la estaba mirando.

Juan Pablo: Andaba en bicicleta, patines, trepaba a los árboles, me caía, me arañaba las rodillas…y nada de que, “ah no, que no haga porque no ve”.

Daniel: Y es que sus padres hicieron todo lo posible para educarlo sin barreras.

Pero no fue tan fácil. A lo largo de su vida tuvo que escuchar muchas veces que no, que no podía hacer muchas cosas porque no veía. Todo por una casualidad genética. Lo que no sabían en esos primeros años era que el futuro de Juan Pablo iba a depender de otra cosa que también nació con él.

Bienvenidos a Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Nausícaa Palomeque nos trae esta historia desde Montevideo.

Nausícaa Palomeque: Juan Pablo recuerda muy bien el momento cuando se dio cuenta que no veía.

Estaba en su casa en el barrio del Prado, en Montevideo. Allí se crió con sus padres y sus dos hermanos. Tenía 5 o 6 años. Hasta esa edad, se orientaba usando sus otros sentidos. Por ejemplo, memorizaba los colores de los vasos de su casa según la forma que tenían.

Juan Pablo: Había vasos de diferente tamaño y cada vaso tenía un color distinto. Y yo decía “ah, este es el amarillo”. Pero no era porque sabía que era amarillo sino porque era el que tenía la manija doble.

Nausícaa Palomeque: Un día, estaba en la cocina y su padre había comprado seis vasos iguales, sin manija. Ahí le dijo:

Juan Pablo: “A ver Juan Pablo, dame el azul”, y agarré el rojo. Ya está. Aprendí.

Nausícaa: Pero Juan Pablo dice que él realmente entendió lo que significaba ser ciego cuando entró a la escuela primaria. Él iba a una escuela para ciegos por las mañanas y por las tardes…

Juan Pablo: A la escuela normal, digamos así…

Nausícaa: La verdad es que la mayoría de las escuelas en Uruguay no estaban -ni están- preparadas para recibir a niños ciegos. Tampoco los maestros.

Juan Pablo hoy tiene casi 30 años, entonces estamos hablando de los años 80 y pico.

Juan Pablo: En esa primera escuela a la que fui, la maestra de primer año me mandaba a otra sala con no sé qué otra maestra porque decía que no soportaba tener un niño ciego en la clase. Bueno, empezando por ahí. Después se intentó buscar una salida. ¿Cuál es la salida cuando vos decís que en el colegio público no se puede? Ir a un colegio privado.

Nausícaa: Pero ahí tampoco tuvieron suerte. Era el mismo colegio católico donde había ido su mamá. Pensaban que ahí iban a tener más posibilidades.

Juan Pablo: Y las señoras monjas le dijeron “ah, no, no podemos aceptarlo acá porque no sabemos enseñarle tampoco, no tenemos pedagogía”. Y bueno, ahí se fueron las doñas monjas. Les mando un saludo a las monjas.

Nausícaa: Finalmente encontraron una escuela que lo aceptó. Pero a Juan Pablo y a su familia les tocó adaptarse a un sistema diseñado para niños que no tienen ninguna discapacidad. Por ejemplo, con sus tareas…

Juan Pablo: Era mucho más fácil que mi padre se quedara hasta altas horas de la madrugada traduciendo los trabajos que yo hacía en Braille. Letra en Braille, él la escribía en tinta. Letra en Braille, letra en tinta. Una arriba de la otra. Estaba horas escribiendo.

Nausícaa: Por lo menos con sus compañeros de clase, las cosas no estaban tan mal.

Juan Pablo: Yo tenía mis amigos. Íbamos corriendo para acá, entonces yo lo agarraba de la espalda, de la túnica, e iba corriendo con él. Y con el fútbol también, me dejaban tirar los penales a mí.

Nausícaa: A veces, cuando había profesores suplentes, Juan Pablo se divertía burlándose de su propia ceguera.  

Juan Pablo: Llegaba un profesor y empezaba a escribir; “Profesor”, “sí, dígame”, “la quinta línea, tercera palabra, tiene un error de ortografía, le falta el acento”. Y claro, mi clase se mataba de la risa. Y el profesor no entendía después por qué. Cuando miraba que era ciego…

Nausícaa: En el liceo –que viene a ser la secundaria en Uruguay — las cosas siguieron complicadas. Juan Pablo recuerda muy bien a una profesora de Biología.

Juan Pablo: “Ah, pero Juan Pablo no va a poder ver el microscopio”. Es obvio que no, que no voy a poder ver nada, aunque quisiera no voy a ver, querida.

Nausícaa: Y una profesora de Español que le dijo a su madre en una reunión…

Juan Pablo: “¿Por qué no lo manda a un liceo para ciegos?” Pero eso no es el mundo real. El mundo real es esa otra selva justamente que viví en el liceo. Profesores que era mucho más fácil poner el “aprobado”, porque les costaba supuestamente, no sabían cómo enseñar o qué sé yo.

Nausícaa: La profesora ni siquiera sabía que en Uruguay no existen liceos para ciegos. Las leyes uruguayas hablan de integración y de inclusión; es decir, que en la secundaria, todos los alumnos compartan la misma clase. Pero en la práctica, muchos estudiantes ciegos no logran egresar de la escuela primaria, y terminan haciendo algún curso particular o algún taller para discapacitados.

Ya como adolescente, todo se complicó aún más para Juan Pablo.

Juan Pablo: Ya los objetivos para la gran mayoría de las personas son otros: a ver quién está con quién, a quién te agarraste, dónde fuiste a bailar, que no sé qué. Y yo dije, “ah bueno, ¿qué pasa con esto que yo no estoy haciendo lo mismo?

Nausícaa: Entonces Juan Pablo se refugió en su casa, en los libros, escuchando programas de televisión…y en el piano.

Juan Pablo: Yo de niño toqué ocho años piano y adquirí una educación musical muy fuerte.

Nausícaa: Pero no fue fácil. Sus padres tuvieron que ir de profesor en profesor, tratando de convencerlos de que adaptaran sus clases para su hijo.

Juan Pablo: Enseñarle a un niño ciego es muy complicado.

Nausícaa: Finalmente encontraron a Susie, una señora bajita, de voz muy cálida, y con mucha paciencia. Susie nunca había tenido experiencia con ciegos, pero aprendió con Juan Pablo. Ella inventó un método para que Juan Pablo leyera las partituras con sus dedos.

Juan Pablo: Me hacía todos los pentagramas en relieve, las figuras: blancas, negras, redondas, corcheas, semicorcheas. Las hacía todas en cartón para que yo supiera la forma que tenían. Y me aprendía todas las partituras de oído. De memoria. Música de siete, ocho, nueve carillas, y eso proporcionó que yo adquiriera teoría musical.

Nausícaa: Juan Pablo tenía muy buena memoria. Avanzó muy rápido. Y un día, estaba paseando con su padre…

Juan Pablo: Estábamos en el río Arapey y mi padre tiraba piedras al agua y yo le decía, “esta piedra es un do, esta es un fa, esta es un mi, esta es un re”. Y ahí le dijimos a la profesora de piano, “mira, Juan Pablo hizo tal y tal y tal cosa en el río, ¿qué es esto?”.

Nausícaa: Y Susie les dijo…

Juan Pablo: “Eso se llama oído absoluto”.

Nausícaa: Susie les explicó que es una condición bastante particular que tiene poca gente en el mundo, como 1 en 10 mil.

Juan Pablo: Un oído absoluto es básicamente identificar todas las frecuencias sonoras que están alrededor tuyo, en notas musicales, discriminar, filtrar todo lo que está alrededor mío.

Nausícaa: Por ejemplo, si tocás este acorde, alguien con oído absoluto puede decirte que las notas son Do mi sol. Solo con escucharlo. Sin mirar el piano y sin que le hayas tocado una nota de referencia antes del acorde. Quizás suene muy simple, pero poder hacer esto, incluso entre músicos, es una rareza. Quizás puedan entrenar su oído para reconocer estas notas, pero nunca con la precisión de alguien con oído absoluto. Un día, el afinador de pianos fue a la casa de Juan Pablo.

Juan Pablo: Y le digo, “está con un problema esto”. Bueno, lo empezó a afinar, sí estaba desafinado, bastante. La nota fundamental de la música es el 440 hertz. Es un la. Y él toca un la, y me dice, “¿así está bien?”. Y “no, yo creo que le falta”, y agarra el diapasón…

Nausícaa: Que es una máquina para medir la frecuencia de las notas.

Juan Pablo: Lo mide, y le dio 438 hertz. “Bueno, afino un poco más”. ¡Pin! Le dio de nuevo. “¿A ver qué tal?” “No, creo que te pasaste”. Le dio 441 hertz. Digamos que el oído absoluto te permite ese tipo de animaladas musicales.

Nausícaa: También pueden identificar notas en sonidos como alarmas, zumbidos, o en esta bocina de barco, que para alguien con oído absoluto- es un fa sostenido.

Es un fenómeno que se ve mucho más en personas que nacieron ciegas. Tiene que ver con el desarrollo del oído en esos primeros años.

Juan José, el padre de Juan Pablo, se entusiasmó con esta noticia y decidió inventar un juego sonoro para su hijo. En la casa tenían una enciclopedia con grabaciones de cientos de pájaros. Su papá lo puso a escuchar esos discos.

Juan Pablo: Y yo los memorizaba. Entonces él me ponía “ah, ¿cuál es la 144?” y yo le decía “tal”, el urogallo.

Nausícaa: Y ahí aplicaba no sólo la memoria sino su oído absoluto, porque con este podía identificar notas en cada trino y asociarlas como si fueran parte de una composición musical.

Juan Pablo: El sonido de un cardenal, por ejemplo, es un conjunto de notas musicales que están en la quinta octava, o sexta octava del piano. Un conjunto de acordes, una escala musical compuesta, un ritmo diferente – staccatos. Yo asocio toda esa información para grabar en mi cabeza cómo canta tal especie de ave.

Nausícaa: Su padre empezó a llevarlo al campo para buscar aves y aprender a identificarlas. Y cuando tenía 15 años, en una de esas excursiones, Juan Pablo conoció a una persona que sería clave.

Juan Pablo: El nombre de él es Santiago Claramount.

Nausícaa: Formaba parte de un grupo de observadores de pájaros que salía a grabar e identificar sus sonidos. En Uruguay hay 450 especies distintas. Para poner esto en contexto, es una cuarta parte de las que hay en todo Brasil.

Ese día estaban buscando aves emigrando hacia el sur para grabarlas. En algún momento Santiago le pasó su equipo de grabación y le dijo…

Juan Pablo: “Bueno, Juan Pablo, acá tenés el grabador, el micrófono. Este es rec, play, y preciso que grabes tal y cual cosa”. Vale decir, “arréglate como puedas. Yo tengo que hacer otras cosas, grabá”.

Y a partir de ahí, cuando él me dio aquel grabador, dije “ta, esto es lo que quiero hacer”.

Nausícaa: Empezó a hacerlo como un hobby. Seguía pensando en dedicarse a una carrera más común para alguien ciego. Entró a la universidad pública para estudiar Relaciones Internacionales pero desde el principio no le fue bien.

Lo mismo cuando trató de inscribirse a una escuela para aprender inglés.

Juan Pablo: No me aceptaron porque decían que el curso era extremadamente visual y la pedagogía de la institución se enseñaba el inglés a través de muchos conceptos visuales. Bueno, perfecto, entonces sigo aprendiendo inglés solo, de la manera que pueda. Y ¿qué es lo que pasa? vas a una entrevista de trabajo y te dicen “¿inglés tiene? Bueno, ¿dónde está el diploma?”. “No, no lo tengo”. “¿Por qué no lo tiene?”. “Porque no me quisieron aceptar en tal lugar o tal otro, qué se yo”. Y ahí está el círculo vicioso, ¿no?

Nausícaa: Hay algunas carreras que están más al alcance de una persona ciega, como literatura, filosofía e historia, Y cuando se gradúa…

Juan Pablo: Ahí intenta entrar en el servicio público, en el Estado. Y en tran, ganando su salario. Algunos son subaprovechados pero cobran el sueldo todos los meses y no les importa. Pero yo no quiero eso para mi vida. Yo quiero que me traten como a un profesional, no quiero que hagan filantropía, no quiero que me den menos cosas para hacer porque soy ciego. Quiero que sea extraído todo mi potencial en lo que yo sé hacer.

Nausícaa: Entonces Juan Pablo decidió abandonar sus estudios universitarios y ver si podía ganarse la vida haciendo lo que más le gustaba: grabar sonidos de la naturaleza.

Justamente en este tiempo, el padre de Juan Pablo consiguió un trabajo en Brasil. Juan Pablo se fue con él, y buscó alguien con quien pudiera seguir aprendiendo. Increíblemente ahí se conectó con uno de los sonidistas más prestigiosos a nivel internacional.

Juan Pablo: Un francés que se llama Jacques Belliar en el quinto laboratorio más grande de sonido del mundo. Él me recibe y me dice, “¿qué querés venir a hacer acá?”. “Yo quiero venir a aprender y a adquirir conocimiento”. “Pero mirá que yo no te puedo pagar nada por estar acá, por trabajar conmigo ahora” que no sé qué. “No, profesor, no se preocupe yo vengo a aprender”. “Bueno, si venís a aprender el martes te quiero acá”.

Nausícaa: De pronto se están preguntando qué hay que aprender para ser sonidista profesional. Bueno, son varias cosas: cómo usar distintas grabadoras y micrófonos; saber no solo cuándo usar cuál sino cómo y dónde colocarlos. Y después está todo el tema de digitalización y edición de sonido. Por dos años, Juan Pablo aprendió todo esto en el laboratorio de Jacques.

En 2008, su padre le regaló su primer equipo de grabación. Y dos años después, sacó su primer CD.

Nausícaa: Juan Pablo empezó a dar conferencias y a grabar discos como material didáctico. Casi todo gratis. Así grabó, por ejemplo, los sonidos en el Bañado de los Indios, en la costa de Uruguay.

Juan Pablo: Tenemos garibaldinos, junqueros, teros, hay algunos loros…

Nausícaa: Aprendió mucho. Hoy Juan Pablo puede identificar cientos de sonidos de pájaros.

Juan Pablo: Está el carao, cardenal azul, bandurria…Pero era algo todo muy amateur, porque yo hacía mis CD’s, ganaba un poco de plata pero la usaba para mejorar mis equipos. Siempre con ese afán de mejorar, y mejorar, y mejorar los equipos.

Nausícaa: Pero lo que ganaba no le daba para independizarse. Es una carrera difícil para todos. Nadie gana bien en esta profesión y los equipos para grabar son caros.

Juan Pablo: Mucha gente te dice “ah, qué lindo, qué lindo, qué lindo”, y vos pedís una ayuda, un patrocinio, mostrás que…Y nadie te da nada.

Nausícaa: Incluso llegó a pensar en volver a estudiar una carrera humanística. Pero el 5 de junio 2013, le llegó un email de un programa de National Geographic.

Rafael Araneda: ¡Ya volvemos con SuperCerebros!

Juan Pablo: SuperCerebros es un game show hecho por National Geographic que intenta buscar la persona con la mente más brillante.

Nausícaa: Es un concurso de diferentes talentos. Era la primera competencia de SuperCerebros en Latinoamérica.

Juan Pablo: Dije “opa, bueno ¿Quién sabe si no se da por acá? ¿Quién sabe si no es una oportunidad? Vamos a intentar”. Algo que siempre dice mi padre, que yo siempre digo que lo digo yo pero es mentira, lo dice mi padre: “el ‘no’ uno ya lo tiene”.

Nausícaa: Entonces envió los datos necesarios para postularse.

Juan Pablo: Y soy seleccionado entre 300 candidatos de toda América Latina.

Rafael Araneda: ¡Bienvenido Juan Pablo desde Uruguay!

Nausícaa: Juan Pablo recuerda muy bien lo que sintió cuando se subió por primera vez al escenario del programa. Como puede percibir los tonos de luz, recuerda que había una luz enorme.

Juan Pablo: Un foco de esos que te golpean los ojos y te los hacen cerrar, y la gente aplaudiendo. Dije “uf, ¿dónde me metí?, ¿qué es esto?”. Ta, bajé la escalerita, fui hasta el sillón y me senté, “bueno, ya estamos acá”. Es como cuando te tiras en un trampolín y vas chapotear a una piscina. Estás en una caída libre, te dejas llevar, no hay otra.

Nausícaa: El programa tiene dos etapas: la primera -aunque suene raro- se llama semifinal. Dividen a los 20 participantes en cinco grupos de cuatro. O sea, hay 5 semifinales. Y los ganadores de cada grupo llegan a la final.

Juan Pablo: En mi caso competí contra Carmen de Colombia, Arturo de Perú, y Roberto de México.

Nausícaa: Todos los participantes tenían talentos realmente insólitos.

Carmen: Puedo memorizar cualquier información en muy corto tiempo.

Juan Pablo: Carmen tenía memoria binaria, que básicamente es números binarios: cero, uno, blanco, negro…

Nausícaa: Arturo, de Perú, era muy bueno en cálculo matemático:

Juan Pablo: Qué sé yo, hacer 37 por 48 y te lo dice en medio segundo. O sacar la raíz cuadrada de 147,508 y te la dice muy rápido.

Arturo: Cuando era muy pequeño mi padre revisaba cálculos, y yo daba los resultados sin que me lo dijeran.

Nausícaa: Roberto de México tenía una memoria increíble a corto plazo.

Juan Pablo: Te muestran una cantidad de datos por un número limitado de tiempo y te los tenés que acordar muy rápido. Y estaba yo con los pajaritos.

Rafael: Juan Pablo te voy a hacer una pregunta: ¿Estás listo para poner a prueba tu memoria auditiva?

Juan Pablo: Más listo que nunca.

Rafael: Más listo que nunca. Por lo tanto, Juan Pablo, tu reto mental comienza ahora.

Nausícaa: Su primera prueba consistió en identificar diez sonidos al azar, de un total de 240 cantos de aves.

Juan Pablo: Y yo tenía que decir el nombre científico de esa ave, en latín.

Juan Pablo: Cantortirus longilostrus…

Rafael: Próxima ave

Nausícaa: Juan Pablo se preparó bien. Estudió durante semanas. Pero dudó con uno de los nombres.

Juan Pablo: No me lo acordaba, no me lo acordaba, y dije “ah, la puta madre, no puedo perder acá”. Y ahí plin, se prendió la lamparita, y me lo acordé.

Juan Pablo: Este es un poco largo…es un Pseudoleistes guirahuro.

Rafael: Faltan tres.

Nausícaa: Al final logró identificar los 10 sonidos.

Rafael: ¡Felicitaciones Juan Pablo! ¡Lo hiciste increíble!

Nausícaa: Después de esa primera etapa, los participantes pasaron a la votación del jurado.

Juan Pablo: Yo me preocupé muchísimo en que lo que se evaluara sea mi habilidad.

Nausícaa: El público sabía que él era ciego, porque entró con su perra guía, Rania, que lo acompaña a todos lados. Pero…

Juan Pablo: Jamás hice ningún tipo de discurso de pobre, o de pobre cieguito que le cuesta todo en la vida. Para dar pena, no. Yo me encargué que las personas, el conductor y todas las preguntas fueran direccionadas a mi trabajo, a mi habilidad.

Nausícaa: Roberto de México se equivocó en su prueba y fue eliminado. Entonces el público tenía que decidir si Juan Pablo, Arturo o Carmen ganaban la semifinal.

Juan Pablo: Y esos segundos de la votación, cuando el conductor dice, “bueno, pueden votar ahora” yo te juro no sabía dónde estaba. No sentí el suelo. Estaba como “¿Qué está pasando?”. El corazón me estaba latiendo muy rápido y cuando él dijo. “ya tenemos un resultado”.

Rafael: El vencedor o la vencedora de este episodio es…

Juan Pablo: Y él hizo un tiempo como de 40 segundos.

Nausícaa: Juan Pablo le agarró la mano a Carmen, que también estaba compitiendo para llegar a la final. Hasta que el presentador, Rafael, anuncia el ganador:

Rafael: ¡Juan Pablo de Uruguay!

Nausícaa: Inmediatamente, Juan Pablo se tiró al suelo y abrazó a su perra guía Rania.

Rafael: Nos despedimos con…¡SuperCerebros!

Nausícaa: Y el show termina. Apagan las luces, empiezan a desarmar el escenario, y Juan Pablo pasa a un cuarto donde los asistentes de producción le preguntan cómo se siente.

Juan Pablo: Algo pasaba porque yo ya no le podía responder. Digamos que me costaba medio que respirar, y me piden ahí una silla para sentarme y viene Rafael, y “¿qué te pasa? Hablá algo, decí algo”. Yo intentaba… Bueno, en fin, no sé cómo decírtelo.

Nausícaa: Sólo había ganado la semifinal y el premio era 4,500 dólares. Pero estaba eufórico. Más que por la plata..

Juan Pablo: Porque fueron muchos años laburando con esto y ningún reconocimiento, ¿viste?. Y cuando paso esa primera etapa, no hay cómo. Lloré muchísimo. No podía casi hablar. Llamé a mi viejo, le conté que finalmente se había dado. Naturalmente que él se quebró al teléfono. No hay otra. No hay otra. Porque siempre estuvo, ¿viste?. Siempre pagó todo, me ayudó contra viento y marea, de adentro y de afuera.

Nausícaa: Pocos días después, grabaron la final. Juan Pablo competía contra otros cuatro finalistas. 

Rafael: El ganador del título de SuperCerebros, con un premio de 45,000 dólares y este trofeo…

Nausícaa: Y bueno, ya se imaginaran.

Rafael: Y es ¡Juan Pablo!

Nausícaa: Juan Pablo ganó.

Juan Pablo: Festejé, todo lo demás. Hablé con todo el mundo. Pero…no es que no haya sido algo bueno, pero el choque emocional no fue tan fuerte como en la semifinal.

Nausícaa: 45,000 dólares no es una suma despreciable para nadie. Para Juan Pablo tampoco. Pero lo más valioso no fue el dinero.

Juan Pablo: Sí, obviamente, el premio es muy importante. Pero mostrar que si una persona ciega puede hacer cosas distintas a las que la sociedad cree, es algo que no se puede pagar. No tiene un valor. Eso es prácticamente incalculable para uno. Eso es lo más importante. Cambiar un poco la imagen que la sociedad tiene de las personas con algún tipo de discapacidad.

Nausícaa: Con el dinero compró los mejores equipos. Y con el prestigio del premio logró viajar a grabar a la estación uruguaya en la Antártida, que es una de las experiencias más interesantes para cualquier sonidista. Pero no le cambió la vida.

Los problemas siguen. Hoy, Juan Pablo se está preparando para postularse a una carrera de sonido en una universidad en Canadá. Hasta el momento, ni en Uruguay ni en Brasil lo han aceptado. Y las razones siguen siendo las mismas que escuchó cuando era niño: que no, que no se puede porque todavía no han aprendido cómo enseñarle a un ciego.

Pero para él, es diferente:

Juan Pablo: Yo siempre digo que ustedes que ven son limitados, porque el sentido de la vista te permite ver hacia adelante unos 70 grados, más o menos. Si colocamos la cabeza en línea recta. Por el contrario, yo puedo ver el mundo a 360 grados, porque las informaciones me entran por todos lados: izquierda, derecha, atrás, adelante. Por eso digo que eso: ustedes ven menos que yo.


Daniel Alarcón: Esta historia fue producida por Nausícaa Palomeque y Martina Castro. Fue editada por Camila Segura, Silvia Viñas y por mi, Daniel Alarcón. Martina hizo el diseño de sonido.

Nausícaa es periodista uruguaya que vive Montevideo, Uruguay. Los sonidos naturales que escucharon durante la historia fueron grabados por Juan Pablo. Pueden encontrar más en su página web, www.jpculasso.net.

El resto de nuestro equipo incluye a Luis Trelles y Barbara Sawhill. La directora ejecutiva es Carolina Guerrero.

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