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Transcripción: El hospital

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Margarita Castro: Pues yo aquí todos estos 16 años siempre he venido, porque esa es mi profesión. Entonces, yo siempre he venido de uniforme todos estos años.

Daniel Alarcón: Esta es Margarita Castro.

Margarita Castro: Y cuando yo vengo al hospital, vengo en calidad de enfermera, no vengo en calidad de una persona que va a ocupar un lugar que no le corresponde, ni para lo que no fue contratada.

Daniel Alarcón: No es cualquier enfermera, sino la enfermera jefa del Hospital San Juan de Dios, en el centro de Bogotá. Pero aquí, un detalle: este hospital hace 15 años no recibe pacientes.

Pero bueno, con o sin pacientes, todas las mañanas Margarita se levanta temprano y atraviesa la ciudad. Pasa más de una hora en el bus para llegar al hospital. Cuando llega firma un librito donde queda registrado que fue a trabajar. Que es un decir, claro. Porque no es exactamente el trabajo normal de una enfermera lo que ella hace en el San Juan de Dios.

Sea lo que sea, Margarita nunca sale de su casa sin primero ponerse en su saco un pin blanco.

Margarita: Ahí está el loguito del hospital, sobre un corazón, y dice que el San Juan vive.

Daniel Alarcón: Y sí… vive. Una extraña suerte de vida para un hospital que fue cerrado al público en el 2001.

Pero Margarita no es la única. No. Hay docenas de empleados del hospital que han hecho lo mismo, día tras día durante años….Con la idea quijotesca de que algún día, alguna entidad del estado les va a reconocer los salarios.

Bienvenidos a Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón.

Hoy entramos al Hospital San Juan de Dios en el centro de Bogotá. Esta es la historia de disputas laborales, de un hospital público que dejó de serlo, y de gente como Margarita para la que el San Juan se ha vuelto una obsesión.

Y es una historia compleja, llena de burocracia, de demandas, de cambios de leyes…Para ayudarnos a entender todo esto José Luis Peñarredonda y Andrea Díaz se pusieron a investigar.

Andrea Díaz: Imagínense el centro de Bogotá. Congestionado, caótico, con calles estrechas y avenidas grandes, todas con su bulla, y repletas de gente, ¿ya?. Es como cualquier otra capital latinoamericana. Y en medio todo eso, en la carrera décima y en la calle primera, hay un espacio gigante, enorme, como si fuera una finca depositada en medio de una ciudad.

José Luis Peñarredonda: Ese es el Hospital San Juan de Dios. Y cuando decimos que es grande, no… es ¡muy grande! Son 13 hectáreas, que son como 16 canchas de fútbol juntas. Está ahí desde 1901, y si uno lo recorre lo que ve son 22 edificios enormes, inspirados en la arquitectura francesa, que en algún momento fueron impresionantes pero que ahora están prácticamente en ruinas.

Andrea: Sí, cuando entramos vimos varias ambulancias abandonadas y un montón de puertas selladas. Todavía quedan unas cuantas hileras de sillas  arrumadas, y algunos teléfonos públicos que no sirven desde hace años.

José Luis: Pero obviamente el hospital no siempre estuvo abandonado.

Andrea: Ya conocimos a Margarita, y en un momento volveremos a escuchar su historia, pero primero hay que entender bien lo que era el hospital antes de su decadencia. Era un lugar especial, donde se había atendido a toda la sociedad bogotana, desde la gente más pobre hasta Presidentes de la República y ministros.

Mario Hernández: Sí, el Hospital San Juan de Dios fue un referente latinoamericano de hospital universitario.

José Luis: Este es Mario Hernández, profesor de la Universidad Nacional, e historiador experto en el  San Juan de Dios.

Mario Hernández: En un momento dado, el Hospital San Juan de Dios llegó a tener unas 1,200 camas, divididas por especialidades médicas, formando especialistas, y hacer incluso investigaciones, innovaciones muy importantes…

Andrea: Ahí hacían sus prácticas los estudiantes de medicina de la Universidad Nacional, la más importante del país.

José Luis: Y entonces, claro, la pregunta es: ¿qué pasó? ¿Cómo es que una institución como esta termina quebrandose, abandonada y en ruinas?

Andrea: Bueno, primero, una decadencia como esta no pasa de la noche a la mañana. Incluso antes de que Margarita comenzara a trabajar en el San Juan, ya existían señales de que había problemas. Por ejemplo, en 1975 los médicos y residentes hicieron una huelga reclamando que el gobierno les aumentara el presupuesto del hospital.

José Luis: Y es que en esa época el presupuesto era tan poco que muchas veces los mismos pacientes tenían que llevar sus propias jeringas, gasas y hasta materiales para cirugía.

Andrea: Aquí se vuelve complicada la cosa. Poco después de esa huelga, en el 78, el Gobierno Nacional decidió retirarse de la dirección del hospital, dejándolo a la cabeza de la beneficencia de Cundinamarca, pero a través de una figura extraña: una Fundación privada.

José Luis: Y bueno, aquí hay que explicar algo para los que no son colombianos. Primero, Cundinamarca es el departamento donde queda Bogotá. Segundo, que la Fundación sea privada es muy importante porque eso quería decir que, desde ese momento, el Gobierno Nacional se quitaba la mayoría de la responsabilidad. El San Juan ya no estaba a su cargo oficialmente. Y la situación no mejoró: los costos de operación del San Juan eran bastante altos, y había menos recursos para cubrirlos.

Andrea: Los ingresos no aumentaron y en los ochentas la plata todavía no alcanzaba. A pesar de eso, cuando Margarita Castro comenzó a trabajar allá  en 1989, éste seguía siendo el hospital público más importante de Bogotá. Una institución respetable, con prestigio. Los pacientes…

Margarita: Venían aquí a hacerse su chequeo porque estaban los mejores médicos, los mejores medios de diagnóstico, y unos sitios muy amplios, muy agradables y muy adecuados para su atención.

José Luis: Eso es importante. Claro, había problemas de presupuesto, pero nada comparado con lo que se iba a venir.

Andrea: En los 90s pasaron dos cosas: primero, la nueva Constitución le prohibió al Gobierno darle plata a entidades privadas, como el San Juan. Y segundo, se aprobó una ley –la ley 100– que exige que todos los colombianos se afilien a una aseguradora. Y si tuviéramos que identificar la principal razón por la decadencia del San Juan de Dios, sería esta ley. Cada persona afiliada tiene derecho a ser atendida en los hospitales y clínicas que la aseguradora escoja.

Mario Hernández: Y, claro, eso pues obliga a que todas las instituciones, sean públicas o privadas, ajusten sus costos y traten de bajar las tarifas para poder vendérselas a quien las paga, que son los aseguradores. Eso fue lo que no pudo hacer el Hospital San Juan de Dios, y al contrario, se le abandonó sistemáticamente hasta quebrarlo.

José Luis: Esto puso al hospital en una situación imposible de resolver. El San Juan debía vender baratos sus servicios para que las aseguradoras lo contrataran, pero no podía hacerlo porque debía pagarles a los profesores y correr con los gastos de ser un centro universitario. Por eso  sus  precios eran muy altos y las aseguradoras comenzaron a mandarle cada vez menos pacientes.

Andrea: Y entonces claro, en 1999 pasó lo inevitable. En octubre la Universidad Nacional convocó a una asamblea urgente de los residentes que trabajaban en el hospital. Margarita se acuerda bien de ese día. Ella y las otras enfermeras estaban solas, sin médicos.

Margarita: Durante el día los llamábamos, “vengan, porque nos falta valorar unos pacientes, no hay órdenes médicas de otros”, y ellos pues estaban en la asamblea.

José Luis: Y cuando terminó la reunión, todo cambió.

Margarita: Ya cuando salieron de la asamblea, fue que los vimos era sacando sus libros, su ropa. Algunos sí se quedaron. Pero la mayoría se fueron. Yo le llamo “el día del éxodo” porque como estábamos allá en el octavo piso con los pacientes, uno veía desde las ventanas enormes de allá, salir y salir ellos con cosas, con ropas, con libros, con todo, con sus mochilas, ¿sí?, que se iban y se iban. Porque la orden fue que se fueran del hospital.

Andrea: Y unas semanas después del éxodo, a los demás empleados les dejaron de pagar sus salarios.

José Luis: Cada empleado empezó a ver qué iba a hacer. Algunos renunciaron. Otros buscaron trabajos temporales, tramitaron permisos. Pero unos cuantos, como Margarita, siguieron firmes. Sentían que el San Juan todavía podía salvarse.

Margarita: Nos resistíamos a que este hospital cerrara las puertas y le diera la espalda a la gente que ya llegaba acá. Es que no tocaba traer pacientes de ningún lugar sino ellos llegaban a solicitar el servicio.

Andrea: Atender pacientes sin tener prácticamente nada parecía utópico pero insistían.

José Luis: Y lo primero que hicieron para eso fue buscar doctores que hicieran lo que antes hacían los residentes.

Margarita: Conseguimos médicos que ya habían terminado, que eran conocidos, que habían sido, digamos, nuestros alumnos, nuestros compañeros, entonces ellos venían…

Andrea: Lo segundo era encontrar medicamentos y comida para los pacientes, pues poco de esto había en el hospital:

Margarita: En las ambulancias y en las camionetas del hospital, se recorría para traer medicamentos, para traer alimentos, para traer las cosas que la solidaridad de las personas y de las empresas nos daban para los pacientes. Recibíamos donaciones de las personas que uno pues no se imagina. Por ejemplo en las cárceles.

José Luis: Como oyeron. De las cárceles. Y es que para los presos, el San Juan De Dios era muy importante, pues allá los mandaban cuando se enfermaban. Así que consiguieron que las cárceles les ayudaran.

Margarita: Y allá iban en la camioneta, y recogían pues los huevos y las cosas que estaban dispuestas para el desayuno de ellos.

Andrea: Y se los traían y alcanzaban para varios días. Pero esta situación era insostenible a largo plazo. En medio de todo eso, en el año 2000 algunos trabajadores y estudiantes decidieron salir a protestar en las calles cercanas al San Juan.

José Luis: Según ellos, todo era culpa del Gobierno porque favorecía a las aseguradoras y no se había interesado por la suerte del hospital

Andrea: Para mediados de 2001 los disturbios eran cosa de todos los días.

Noticias: Pero ya se presenta justo en este instante un bloqueo sobre la avenida Caracas aquí en este sector de la ciudad, como consecuencia de la protesta de los trabajadores por la situación, por la crisis del hospital.

José Luis: La situación del hospital empeoraba cada día pero algunos empleados no se rendían.

Andrea: Y el 3 de septiembre del 2001…

Noticias: Se apagó el Hospital San Juan de Dios de Bogotá. Esta madrugada Codensa le cortó el servicio de energía por una deuda que supera los 2,000 millones de pesos.

José Luis: Codensa es la empresa de energía de Bogotá, y la deuda era de casi 900,000 dólares de la época.

Blanca Flor Rivera: Eso fue lo que acabó el hospital.

Andrea: Esta es Blanca Flor Rivera, otra de las empleadas del San Juan.

Blanca Flor: Porque si a ti te quitan la luz, ¿cómo funcionas?. Entonces un hospital sin luz, ¿cómo tú haces cirugías?, ¿cómo tú trabajas?. Ese fue el primer descabezado que le hacen al hospital.

José Luis: Blanca Flor tiene 60 años. Empezó a trabajar en el 82 haciendo el aseo de ciertos pisos del hospital, y para el 97 la habían ascendido a mecanógrafa de contabilidad. Hoy en día, como Margarita, es una de las que sigue en la pelea.

Blanca Flor: Eh, en primera medida le aclaro, señor periodista, que el hospital no está cerrado. El hospital está abandonado, nunca tuvo un decreto de cierre, y los cambios que….

Andrea: Después de la luz les quitaron el agua, los teléfonos y mandaron sacar a los pocos pacientes que quedaban.

José Luis: Entonces, para el 2001, esta es la situación: En el centro de la capital colombiana, hay un hospital abandonado, con más de 20 edificios sin mantenimiento. No hay médicos pagos desde 1999, y solo quedan algunos empleados, los más tercos, que no quieren irse. Además, la gente más pobre de la ciudad sigue llegando en busca de atención médica. Y no hay nadie que los atienda.

Andrea: En una situación normal, uno diría: Ya. Se acabó. Y el hospital cerraría, y punto. Pero no es tan simple. O por lo menos no lo es para gente como Margarita y Blanca Flor, y unas docenas más. Recordemos que esto fue en el 2001, y hasta el día de hoy siguen firmando un cuaderno, el registro de que están ahí.

José Luis: ¿Pero por qué? Porque el director del hospital de esa época — Álvaro Casallas — les dio la orden de continuar. Eso fue en el año 2001.

Margarita: Y él nos escribía los comunicados de que siguiéramos viniendo, estando, resistiendo.

Álvaro Casallas: Eso salió del Ministerio de Trabajo, de las reuniones que tuvimos allí.

Andrea: Este es Casallas. Hablamos con él en mayo de este año, porque queríamos saber si él lo recordaba así.

Álvaro Casallas: Cuando yo les dije en el Ministerio de Trabajo en esas reuniones, “Oiga, si lo han de liquidar, pásenle la carta a la gente, pásenla y díganle que se va a liquidar. Punto. Pasenselo. Y liquídenlo. Y hagan todo como se debe hacer. ¿Por qué no lo hacen?” No se les dio la gana hacerlo.

José Luis: Por esa razón, Casallas decidió enviarles una comunicación.

Álvaro Casallas: Simplemente era una circular informativa, porque es obligación de uno como directivo de decirles, bueno, qué está pasando. Entonces, si en el Ministerio me dicen, “no, esos contratos no han terminado”, entonces yo le digo, “entonces yo voy a informarle a la gente que los contratos no han terminado”.

Andrea: En otras palabras, como el ministerio no se hacía cargo, Casallas decidió avisarles a los empleados que sus contratos seguían vigentes.

José Luis: Y entonces claro, Margarita guarda ese documento como un tesoro. Es una hoja amarillenta con letra de computador, en la que dice textualmente: “sus relaciones contractuales no han sido suspendidas ni terminadas”.

Andrea: Algunos de los empleados del San Juan se han agarrado de esa circular para seguir yendo todos estos años.

José Luis: Y las firmas de unos 90 empleados se han ido acumulando en más de 15 cuadernos, y unas 2 cajas llenas de hojas sueltas.

Margarita: No solamente lo he firmado, sino que, pues yo como soy la coordinadora, soy la encargada, pues tenerlo para que las personas vengan, y firmen, y estén ahí.

Andrea: Con estos cuadernos esperan probar que no han abandonado sus trabajos, y que por haber cumplido con sus turnos durante todo este tiempo, se han ganado su salario.

José Luis: Pero para otros empleados, firmar la planilla no ha sido la única forma de  pelear.

Andrea: Blanca Flor, por ejemplo, además de ir a las protestas y enfrentarse a la policía, también decidió poner una demanda que buscaba anular la privatización del San Juan que ocurrió en el 78. Para ella y sus compañeros, el hospital nunca debió dejar de ser público y muchos menos dejar de recibir dinero del Gobierno.

José Luis: Y es que los terrenos del San Juan han sido muy atractivos, porque además de que cuestan mucha plata, están ubicados en una zona central de la ciudad, en la que se podrían hacer muchas construcciones. Tal vez por eso, cuando Blanca empezó a trabajar en el documento…

Blanca Flor: …nos llamaban y nos decían que nos iban a matar si poníamos la demanda de nulidad.

Andrea: ¿Quién la llamaba? Pues, no se sabe, pero esas amenazas la afectaron. Entonces para exponerse menos, decidió quedarse a dormir en el hospital. Ella lo pensó como una medida temporal.

José Luis: Pero no fue así. Por ahí en esa época su yerno fue asesinado, y luego, se separó del papá de sus cuatro hijos y se quedó sin donde vivir. Entonces se le ocurrió…

Blanca Flor: Hablar con los compañeros aquí médicos, de que me dejaran este apartamento donde estamos acá.

Andrea: Así que  en el 2001 se fue a vivir al hospital con sus cuatro hijos.

Fue la primera de unas 50 personas, que poco a poco, fueron ocupando los edificios del San Juan.

José Luis: Y bueno, en donde vive no es tanto un apartamento, como dice ella. Es más bien un dormitorio, uno de esos donde se quedaban los estudiantes de medicina que tenían turnos de noche. Queda en el noveno piso de la torre principal. El ascensor no funciona desde hace 15 años. Tiene dos cuartos y un baño, en el que no ha habido agua desde esa época.

Andrea: En uno de esos cuartos Blanca Flor improvisó una sala y una pequeña cocina. En el otro, más grande, acomodó camas y colchones. El espacio fue suficiente para ella, sus hijos y su nieta.

José Luis: Pero las cosas no eran nada fáciles. Además de que no tenían luz ni agua, la zona que rodeaba el hospital era muy peligrosa. La calle del Cartucho quedaba a unas cuadras, un lugar que durante muchos años fue el mercado central de las drogas en Bogotá.

Andrea: A Blanca Flor le preocupaba mucho que sus hijos se metieran en problemas, teniendo ese ambiente tan cerca. Y no era para menos: varios de los casi 25 niños que crecieron en el hospital terminaron siendo drogadictos.

Blanca Flor: Hay niños que se perdieron, que el sistema los absorbió; que fuera de que le robaron a sus papás la plata, el mismo sistema los volvió drogos y alcohólicos y enfermos.

José Luis: Y para los hijos de Blanca Flor, vivir en lo que quedaba del Hospital San Juan de Dios tenía cierto estigma.

Blanca Flor: Como decirle que a mis hijos les decían, “¡Ja!, esos no tienen casa”, porque usted sabe que los niños son muy duros. Y tener usted que decirle a sus hijos, “mamita dígales que usted ha vivido en el hospital y que esa, esa historia no la tienen ellos. Y que usted sí vive en el hospital. Y que usted tiene unos prados grandes”, cuando uno sabía que eso no era cierto; que sí era cierto pero que era una vida indigna, que era una desgracia. Que era una mierda lo que le estaba pasando…

Andrea: Pasaron 5, 10 años, y la situación del hospital no cambiaba. Margarita se vio obligada a buscar otros ingresos: hace manualidades que después vende, y de vez en cuando asesora trabajos de grado. Y siempre ha contado con el apoyo de su familia para seguir en la lucha por el hospital.

José Luis: Pero otros fueron perdiendo la paciencia: de los 50 iniciales, unos 12 se han ido. Se cansaron. Se dice que algunos terminaron en hospitales psiquiátricos y que otros se suicidaron. Y otros simplemente se murieron de viejos. Los hijos de Blanca Flor crecieron, y ahora viven fuera del hospital.

Andrea: Tratamos de hablar con varios de los otros residentes del San Juan para esta historia, pero ninguno quiso ser entrevistado. Los que viven allí sospechan de cualquiera, no importa si es periodista, funcionario o vecino. Los años de peleas los han vuelto así: desconfiados.

José Luis: Por eso tuvimos que subir a donde vive Blanca Flor en total silencio. Si se daban cuenta de que había unos extraños por ahí eso le podía traer problemas.

Blanca Flor: Es eso, convertirse en un inquilinato de mala muerte, como todos los inquilinatos de mala muerte, y hay disputas y ya con el tiempo empezamos en un desgaste y cada cual vive su mundo.

Andrea: Y es que entre los empleados que quedan del San Juan se han formado diferentes bandos. Por ejemplo, aunque Margarita y Blanca Flor quieren lo mismo –que el San Juan vuelva a ser lo que fue y que les reconozcan sus años de trabajo– ellas no son aliadas.

Blanca Flor: Yo  me  hablo  con  todos  los  compañeros  y  todo  pero hay  discrepancias, pero discrepancias  políticas  de  fondo.

José Luis: Bueno, eso no es tan cierto. Blanca Flor y Margarita, por ejemplo, prácticamente no se hablan. Y el problema de fondo parecen ser las diferentes maneras de actuar ante la crisis del hospital.

Andrea: Margarita y su grupo –los que no viven en el San Juan– decidieron pelear dentro del sistema, por así decirlo. Tocaron todas las puertas que pudieron: buscaron ayuda de las autoridades y hasta se hicieron amigos de algunos políticos. Ellos desconfían  del grupo de Blanca Flor, los que viven en el hospital.

Margarita: La gente que vive acá no es porque no tenga casa, la verdad, ¿no?. Ellos vienen es por cobrar una acreencia laboral. Y tienen el derecho a cobrarla, arrendar sus casas y venir acá. Fue la determinación pues que ellos tomaron. Y simplemente que yo nunca tomaría. Es lo único que digo.

José Luis: Blanca Flor obviamente no lo ve así. Su grupo decidió pelear por fuera del sistema y ser más rebeldes. Aunque han puesto demandas, nunca han creído del todo en las instituciones. Ellos prefirieron las marchas, los encontronazos con la policía y la toma del hospital.

Andrea: Y no, para ella, no se están aprovechando de nada. Se mudaron por necesidad:

Blanca Flor: Fue muy duro porque la gente se empezó a quedar sin sueldo, empezaron a pedir los sitios en donde vivían, empezaron a no tener con qué pagar arriendo…

José Luis: Sea como sea, estas diferencias hacen que todos los días los empleados traten de ignorarse mutuamente. Para eso los diferentes bandos se han repartido el San Juan. En ese espacio de 13 hectáreas han creado una especie de barrios, de fronteras invisibles, nombrados como los edificios del hospital: cirugía plástica, ortopedia, o salud mental, por ejemplo.

Andrea: En la torre central, donde hoy en día vive Blanca Flor y otras cinco personas, se hacían las tareas más importantes: cirugías, hospitalizaciones, urgencias. Hoy está sucia y desgastada.

José Luis: Y lejos de la torre, a unos 10 minutos caminando, está la iglesia. Al lado, en una oficina húmeda y sin luz, es donde todos los días se reúnen Margarita y su grupo. Ahí no vive nadie. En comparación con las demás construcciones del hospital, está bien conservada. Muchas otras están carcomidas por el óxido y la humedad, y a algunas ya se les ven los cimientos de hierro.

Andrea: A pesar de las tensiones, el 11 de febrero de 2015,  tuvieron una razón para reunirse todos en uno de los patios del hospital.

José Luis: Era un evento que organizó la Alcaldía con el fin de anunciar los nuevos planes para el San Juan.

Gustavo Petro: No señores, este hospital no es privado. Este hospital es parte de la historia pública de Colombia. Este hospital fue expropiado ilícitamente de una manera tal…

Andrea: Este es Gustavo Petro, el entonces alcalde de Bogotá. También estaba el presidente, Juan Manuel Santos, y muchos otros funcionarios.

José Luis: Durante su carrera política, Petro varias veces ha dicho que el San Juan es un símbolo de lo que él considera “el desastre de la Ley 100”,  esa que cambió el sistema de salud en Colombia.  Y varias veces ha dicho que debe ser reabierto y que debe pertenecerle a los ciudadanos y no a una institución  privada. Incluso ese día reconoció públicamente la lucha de los empleados.

Gustavo Petro: Pero es gracias a ese esfuerzo de trabajadoras y trabajadores que fueron a cuidar el patrimonio público, la historia y el saber, que hoy podemos abrir el hospital.

Andrea: Como oyen. Reabrir el San Juan era uno de los proyectos bandera de su alcaldía. Y ese día Petro estaba ahí, anunciando un plan –nada concreto. Se estaba comprometiendo a empezar el proceso de compra y apertura del hospital. Además, reconoció que sin personas como Margarita y Blanca Flor eso no se hubiera podido hacer.

Gustavo Petro: Si esa fuerza laboral no hubiera permanecido durante 15 o 16 años de resistencia, levantando la posibilidad de que este hospital no muriera… El Hospital San Juan de Dios vive.

José Luis: Y ese día habló de todo lo que quería hacer antes de que se acabara su periodo.

Gustavo Petro: Aquí queremos abrir las 17 salas de cirugía, aquí queremos abrir las urgencias que tanto necesita Bogotá. Lo vamos a hacer con recursos distritales, pero nos gustaría que la Nación nos ayudara.

Andrea: En un momento dado, Petro pidió que pasara al micrófono uno de los trabajadores.

Margarita: Y eso es cuando dice que quería que yo pasara, pues yo ahí y tomé la palabra pues para aclararles que él y ellos estaban equivocados.

No por eso debemos desconocer que unos derechos laborales, que unos derechos pensionales, están pendiente por resolver; pero no como nos dice el señor gobernador con unos ex trabajadores, no –es con unos trabajadores y trabajadoras. El compromiso es hasta incluyendo el día de hoy que, como pueden ver, la comunidad hospitalaria estamos presentes como lo hemos estado en le día a día acá en el hospital.

José Luis: Ese día también arrancó la cuenta regresiva para Petro y su equipo. Les quedaban 10 meses de mandato para cumplir su promesa. En ese tiempo debían reabrir al menos una parte del hospital.

Andrea: Al poco tiempo de ese evento, comenzaron algunas obras en el San Juan. El sitio se llenó de obreros y materiales de construcción.

José Luis: Incluso se habilitó un edificio como oficina de Medicina Legal y Ciencias Forenses que, claro, no necesitaba de mayor infraestructura para funcionar.

Andrea: Hablamos con Marta Lucía Zamora, la secretaria general de Petro y la voz oficial de la Alcaldía. La entrevistamos en julio de 2015, cuando solo faltaban cinco meses para que se acabara el mandato de Petro.

Marta Lucía Zamora: Vamos a tener que abrir urgencias, eso lo vamos a hacer este año antes de terminar el Gobierno. Y estos son actos que son concretos y que la sociedad y la comunidad van a encontrar que sí es una realidad prestar allí los servicios de salud.

José Luis: Y si, el proceso parecía estar avanzando, pero el problema de los empleados seguía sin resolverse. Hablamos con Margarita cuando faltaban unos tres meses para que se acabara el mandato de Petro.

Margarita: ¿Qué se ha logrado? Que el hospital, como hospital, hayan predeterminado estas acciones de apertura. Pero lo que sí no se ha hecho es nada frente a nuestros derechos.

Andrea: Petro sabía muy bien que la deuda de los trabajadores aún está pendiente. Lo mencionó en su discurso ese día en el hospital.

Gustavo Petro: Hay que saldar la deuda pensional y laboral, indudablemente, y hay que cerrar las heridas que se abrieron.

José Luis: Pero, ¿cuándo se les va a pagar? ¿Quién les va a pagar? ¿Cuánta plata? Petro no se comprometió con cifras ni fechas en su discurso. Y es que el problema de los trabajadores es como una papa caliente que se pasan entre todas las entidades involucradas.

Andrea: Acordémonos de que a los empleados les dejaron de pagar en 1999 y que muchos no se quedaron de brazos cruzados.

José Luis: Varios pusieron demandas personales en diferentes juzgados. Pero dependiendo del juez, los resultados fueron diferentes. A algunos empleados, los jueces ordenaron que sí se les pagara, pero solo desde el 2001 hasta el 2007. Y en otros casos, no. Ni un peso.

Andrea: Así que algunos trabajadores recurrieron a la Corte Constitucional, uno de los Tribunales Supremos del país. En el 2008, después de nueve años sin ver un sueldo, recibieron una respuesta oficial.

José Luis: La corte dijo que la relación laboral había terminado en septiembre del 2001. El argumento de la corte es que desde esa fecha el hospital dejó de funcionar como hospital. Asi que no había trabajo para hacer allí, no había pacientes para atender.

Andrea: Es decir que todas estas personas que han estado viviendo en el hospital o yendo todos los días a firmar una planilla durante 15 años, no serán compensadas por ello.

Marta Lucía Zamora: Y eso no fue aceptado por ellos y por eso ellos continúan en esa batalla de que se les reconozca un tiempo posterior de sus vínculos con el San Juan de Dios.

José Luis: ¿Se acuerdan de ese documento amarillento firmado por Álvaro Casallas, el director de la época, diciéndoles a los empleados que siguieran trabajando? ¿Ese que Margarita guarda como un tesoro? Bueno, pues ese es parte de su argumento. Aquí Casallas otra vez:

Álvaro Casallas: Entonces usted oye a un alcalde, usted oye a un ministro y toda la cosa, y dice, “no, ¿cómo quieren que les reconozcamos un tiempo de trabajo cuando no hay pacientes?” Pero nadie se atreve a decir, “es que nunca les pasaron una nota formal diciéndoles que aquí terminó su contrato”.

Andrea: Y en efecto, oficialmente a ninguno de ellos le han terminado su contrato. El abogado Sebastián Senior, que está trabajando por la reapertura del hospital, nos lo explicó así:

Sebastián Senior: El contrato se acaba cuando se hace la liquidación del contrato, ¿sí?. Y debe ser firmada tanto por el empleador como por el empleado.

José Luis: Pero eso nunca pasó. Los contratos están, digamos, en el limbo. No están vigentes, porque su razón de ser ya no existe. Pero tampoco están muertos, porque no han sido acabados como lo manda la Ley.

Andrea: Y ese es justamente el argumento de los empleados para no aceptar la decisión de la Corte.

José Luis: Además, como la situación financiera del hospital era terrible desde hacía muchísimo tiempo –al menos desde mitad de los 70s– hay todavía algunos trabajadores a los que les deben plata de antes de 2001.

Andrea: Y la Corte también dio un ultimátum al respecto. Le puso al gobierno plazo hasta el 2013 para hacer esos pagos. Pero esto no se ha cumplido y Petro en su momento les ofreció una alternativa.

Marta Lucía Zamora: La solución que nosotros les hemos planteado a ellos, sobretodo los que viven actualmente en el Hospital San Juan de Dios, es buscar una fórmula a través de las viviendas de interés prioritario, para que ellos puedan tener acceso a una vivienda digna y puedan salir del San Juan de Dios a otro sitio.

José Luis: Es decir, les ofrecían una casa subsidiada por el Gobierno.

Andrea: Pero ellos no quieren una casa. Lo que quieren es que les paguen por todos estos años, hasta hoy, y que el hospital vuelva a funcionar como en su mejor época.

Blanca Flor: No puede haber un bien público abandonado, un bien estatal así como está abandonado. Esto es una vergüenza pa este sistema pa estos gobiernos. Esto es un acabose de todas las normas y de todas las leyes.

José Luis: Blanca Flor nunca creyó en las promesas de Petro, y el tiempo le dio la razón. A pesar de las obras, a los pocos meses del evento con el Presidente, era claro que el San Juan no iba a poder recibir pacientes pronto. La sala de urgencias, que era el gran objetivo del exalcalde, no alcanzó a estar terminada antes de su salida, el 31 de diciembre de 2015.

Andrea: El nuevo alcalde, Enrique Peñalosa, no tiene al San Juan de Dios entre sus prioridades. Para él, recuperarlo vale demasiado. Esto dijo el nuevo secretario de salud, Luis Gonzalo Morales, en una conferencia de prensa en enero de 2016.

Luis Gonzalo Morales: Un hospital de 250 camas, dotado por completo y construido con todas las técnicas modernas, cuesta 250,000 millones de pesos. Recuperar el San Juan de Dios pues nos va a costar un billón de pesos. Lo que resulta obvio, y es lo que ha dicho el Alcalde, pues tenemos otras prioridades, y yo prefiero gastarme ese billón de pesos en construir cuatro hospitales, que no tener uno solo por esa misma cantidad de dinero.

José Luis: Buscamos a Morales para preguntarle sobre los detalles de su declaración y lo encontramos haciendo un recorrido por otro hospital de Bogotá. Habló con nosotros mientras caminaba. Esto fue lo que nos dijo en abril de este año, 2016:

Luis Gonzalo Morales: Mire, lo primero es que la propiedad del San Juan de Dios todavía no es del Distrito.

Andrea: Es decir que el proceso de compra del San Juan que se inició en la Alcaldía de Petro, aún no se ha dado.

José Luis: Y, pues claro, gran parte de la demora se debe a la situación de los empleados.

Luis Gonzalo Morales: Eso significa que es la Gobernación de Cundinamarca la que tiene que hacerse cargo de las 32 familias que entiendo están viviendo, están habitando ese lugar. O sea nos tiene que entregar ese hospital sin esas familias que están viviendo allá.

Andrea: Y el gobierno de Cundinamarca es el que hoy controla el hospital. Por eso es que Morales dice que debe ser la gobernación la que solucione el problema.

José Luis: Tratamos de hablar con el gobernador Jorge Rey, para saber en qué va la situación con los empleados. Le mandamos preguntas a su jefe de prensa,  y hasta el día de hoy no nos han contestado. Pero aquí está la declaración que le dio a otro medio en marzo de este año.

Jorge Rey: Hay unas personas que están en las instalaciones. Pues nos corresponderá, pues entregar el predio absolutamente saneado y sin la presencia de estas personas a través de un proceso policivo.

Andrea: Lo que quiere decir  Rey –no tan diplomáticamente– es que la Gobernación va a sacar a los habitantes del hospital con la Policía.

José Luis: Y se supone que después de que esté desocupado, ahí sí se lo entregan a la alcaldía

Andrea: Pero, para la administración actual, el plan inicial del exalcalde Petro es inviable. Aquí Morales otra vez:

Luis Gonzalo Morales: Para poder abrir unas urgencias, se requiere de las áreas de respaldo. Se requiere entonces tener quirófanos, se requiere tener laboratorios, se requiere tener rayos x, se requiere tener hospitalización. Y lo que hizo la administración anterior fue adecuar solamente el primer piso que es el área de urgencias, pero no tiene ninguna de las áreas de soporte, entonces no se pueden abrir unas urgencias.

José Luis: Y es que aunque la Alcaldía actual sí tiene algunos planes para lo que es hoy el San Juan, no son tan ambiciosos como los de Petro.

Luis Gonzalo Morales: Dos centros de atención prioritaria vamos a abrir en tres o cuatro meses máximo.

José Luis: ¿Dentro del San Juan de Dios?

Luis Gonzalo Morales: Sí, en el San Juan de Dios.

Andrea: Y en unos 10 años, según él, se terminará un nuevo hospital en los terrenos del San Juan que hoy se encuentran vacíos. Reconstruir los edificios actuales es demasiado caro y Morales dice que esta administración no lo va a hacer.

José Luis: La esperanza más cercana que tuvo el San Juan de Dios de revivir quedó reducida a su mínima expresión. Habrá que esperar otra década para saber si el San Juan mantendrá su nombre. Pero lo cierto es que para ese entonces, los empleados que aún vivan ya van a tener, casi todos, más de 70 años. Será muy tarde para que puedan volver a trabajar.

Andrea: A Casallas, el exdirector, toda la situación con los empleados le parece…

Álvaro Casallas: …de la miserableza más grande, que algún día alguien tendrá que pagar. Porque a mí me parece una actitud de lo más inhumano, y de lo más insensible. El hospital es el monumento a la dejadez, al “no me importa”, al manejo inhumano de las personas. Es decir, es todo lo contrario de lo que uno debiera ser, el estandarte de lo que fue el hospital históricamente.

José Luis: Hace años que la torre principal no se veía tan bien desde afuera. La cancha de fútbol está en buen estado. Incluso se ven algunas obras terminadas: un jardín infantil, la oficina de Medicina Legal, y algunos consultorios en los que la Alcaldía espera que pronto se pueda atender pacientes. Pero el edificio en el que vive Blanca Flor sigue carcomido por la humedad y está lleno de palomas.  Los muebles están rotos y llenos de polvo. Todo tiene un aire a casa embrujada.

Andrea: Todavía no hay agua, y la electricidad funciona en muy pocas partes del edificio. Las tareas más cotidianas, como bañarse, o preparar un café, requieren de una logística agotadora. Blanca Flor lleva años subiendo litros de agua al hombro por una escalera y atravesando un cable en medio de los techos para tener un bombillo para las noches.

José Luis: Ella ya hizo su vida. Sus hijos ya son adultos, lograron ir a la universidad. Es que se las ha ingeniado para sobrevivir con casi nada y sacarlos adelante.

Andrea: Los hijos de Margarita también son profesionales, o están a punto de serlo. Ella perdió la pelea para que le reconocieran sus salarios y prestaciones de los últimos 15 años, pero sigue peleando porque el San Juan es su razón de vida.

José Luis: Su mayor victoria es haber ayudado a que reconocieran al hospital como Monumento Nacional en 2002. Más allá de los honores, eso impide que el San Juan pueda ser demolido. Su sueño es estar allí el día en que el hospital vuelva a funcionar.

Margarita: Y estamos nosotros y nosotras, que sabemos y nos hemos actualizado, que sabemos cómo funcionaría ese hospital. La diferencia está en que nos tengan en cuenta. Estuvimos 16 años cuidando y visibilizando el hospital, y lo mínimo que aspiramos es también ser partícipes en ponerlo a funcionar.

Andrea: En cambio, Blanca Flor ya perdió la esperanza.

Blanca Flor: A las paredes se les barniza, se le arregla, se le cementan, se le pañetan, se le vuelve y se le echa pintura, pero los humanos devuélvanos, hagan la máquina del tiempo, retrocedan el tiempo y vuélvanos jóvenes, porque hay unos daños y perjuicios causados y ya no tienen reversa.

Daniel Alarcón: José Luis Peñarredonda y Andrea Díaz son periodistas colombianos. Conforman el Colectivo Normal y se dedican a contar historias. Este episodio hace parte de una investigación que empezaron hace más de un año. José Luis, además, es editor de Enter.co y vive en Bogota. Andrea está radicada en Montreal, Canadá, en donde hace una maestría en documental.

Camila Segura es la editora principal de Radio Ambulante y vive en Bogotá.

Esta historia fue editada por Silvia Viñas, Luis Trelles y por mi, Daniel Alarcón.  Martina Castro se encargó del diseño de sonido.

Toda la música del episodio fue compuesta por Luis Maurette, músico basado en Argentina. Hay un link a su trabajo en nuestra página web.

El resto del equipo incluye a Luis Trelles y Barbara Sawhill. La directora ejecutiva es Carolina Guerrero.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más, visita nuestra página web, radioambulante.org. Gracias por escuchar.

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