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Transcripción: El soldado y el teniente

 

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Y tú…

Gisela Ederle: Yo soy Gisela Ederle. Periodista de Buenos Aires

Daniel Alarcón: Ok, Gisela, ¿estás lista?

Gisela Ederle: Sí.

Comunicado de la Junta Militar, 1982: La Junta Militar, como órgano supremo del Estado, comunica al pueblo de la nación argentina que hoy la República ha recuperado las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur para el patrimonio nacional.

Daniel: Ya, entonces, ¿este audio de dónde viene?

Gisela: Este audio se escuchó el 2 de abril de 1982 y es cuando la Junta Militar argentina está anunciando lo que ellos llamaron “la recuperación” de las Islas Malvinas.  Y bueno, para los que no saben, las Malvinas son un conjunto de islas, islotes, que son más de 200, que están muy muy al sur de nuestro país. La ciudad más cercana está en la Patagonia argentina y está aproximadamente a unos 700 kilómetros. Y es importante saber que desde 1833 estas islas fueron ocupadas por los británicos.

Daniel: ¿Y quién vive ahí?

Gisela: Y ahí viven ciudadanos ingleses.

Daniel: Entonces son unas islas muy lejanas, llenas de ingleses. Explícame, ¿por qué toca una fibra… no sé… tan cruda para los argentinos?

Gisela: Sí, es que nosotros tenemos naturalizado que las Malvinas son argentinas desde que estamos en el colegio. Hasta la propia marcha de Malvinas la cantábamos cada 2 de abril. Siempre hemos sentido que fueron usurpadas por una potencia colonizadora –por piratas ingleses.

Por eso, cuando el pueblo argentino escuchó el anuncio de la recuperación de las islas, fue algo maravilloso y sorprendente –hasta para los propios miembros de las fuerzas armadas.

Jorge Luis Reyes: Ese día, cuando me levanto a la mañana, veo un movimiento bárbaro en el casino de oficiales, la gente que estaba desayunando, y era porque se habían recuperado las Malvinas

Gisela: Él es Jorge Luis Reyes, y en 1982 era un teniente de la Fuerza Aérea Argentina. Vivía en la base militar de Mar del Plata y ese día estaba en lo que se llama el casino, es decir, la cafetería. Tenía 25 años y una novia con la que estaba pensando casarse. Y también una carrera prometedora dentro de las fuerzas armadas.   

Y el momento que describe fue cuando escuchó el anuncio que oímos al principio

Anuncio: La República, ha recuperado las Islas Malvinas…

Gisela: …que declara la recuperación de las islas como un hecho. En ese momento, pensaban que con mandar soldados y poner una bandera Argentina, así se terminaría el asunto.

Entonces tres días después, Reyes y cientos de combatientes como él…

Reyes: Hicimos cinco horas de vuelo hasta llegar en forma directa desde Mar del Plata al aeropuerto de Malvinas…

Gisela: Y cuando aterrizaron…

Reyes: No lo podíamos creer.

Gisela: Es que ahí, Daniel, está ese sentir nacional sobre las Malvinas que te contaba.

Reyes: Estar en Malvinas para nosotros era un sueño. Nos despertaba todo un sentido patriótico y de orgullo y de satisfacción muy personal.

Gisela: Y acordáte que nadie pensaba que esto iba a ser una guerra de verdad.

Reyes: Nosotros la verdad que no teníamos idea de lo… de que íbamos a entrar en combate.

Gisela: Era todo muy confuso.

Reyes: Porque hasta ese momento se hablaba de que nosotros íbamos a tener una presencia.

Gisela: Y que en una semana…

Reyes: Diplomáticamente se iba a arreglar todo el conflicto, que no iba a llegar, viste, a mayores.

Gisela: Pero la retórica de la Junta era diferente.

Leopoldo Fortunato Galtieri: Este pueblo que yo trato de interpretar como presidente de la Nación…

Gisela: Este es Leopoldo Fortunato Galtieri que fue presidente de facto de la Argentina, un dictador. Y en ese momento estaba dando un discurso en la Plaza de Mayo, en el centro de Bueno Aires, frente a miles de personas.

Leopoldo Fortunato Galtieri: Pero también dispuesto a escarmentar a quien se atreva a tocar un metro cuadrado de territorio argentino.

Gisela: Y, Daniel, tenés que entender el contexto de todo esto. Había una dictadura que ya llevaba seis años y que estaba tambaleante. Y esperaba, a través de esta guerra, poder seguir sobreviviendo. Pero al mismo tiempo, los argentinos sentían que el reclamo sobre la soberanía de las Islas era justificado. Entonces la gente sí apoyaba ese reclamo.

Y mientras tanto, la gente de Gran Bretaña quería reafirmar su soberanía sobre las islas.

Thatcher: Mr. Speaker, sir…

Gisela: Esta es Margaret Thatcher. La primera ministra de Gran Bretaña.

Daniel: Claro, una dura la Thatcher. La dama de hierro.  

Margaret Thatcher: …condemning totally this unprovoked aggression by the government of Argentina against British territory.

Gisela: Margaret Thatcher está diciendo que las Malvinas son territorio británico y que lo que hizo Argentina fue un ataque injustificado.

Margaret Thatcher: It is the government’s objective to see that the Islands are free from occupation….  

Gisela: Que iban a sacar al ejército Argentino de las islas.

Margaret Thatcher: … at the earliest possible moment.

Gisela: Inmediatamente. Y Galtieri respondió.

Galtieri: Si quieren venir, ¡que vengan! Les presentaremos batalla.

Daniel: Wow. Entonces, ¿guerra?

Gisela: Sí. Galtieri provocó al ejército inglés.  Le dijo a la Thatcher y a su ejército que vinieran.  

Y bueno, vinieron.

Y al grupo de Reyes le tocó defender el aeropuerto.  

Reyes: El combate de los ingleses empieza el 1º de mayo con un avión de bombardero que venía desde la Isla de Ascensión.

Gisela: Entonces ese día…

Reyes: Cuando fue el primer ataque inglés me temblaban las rodillas. No puedo negar que sentí miedo.

Daniel: No, pues Reyes tan jovencito. ¿Qué? De 25 años, ¿no? ¿Había estado en la guerra antes?

Gisela: No, no había estado nunca en la guerra. Él había hecho una preparación durante su formación como teniente de la Fuerza Aérea, pero nunca había estado en un campo de batalla real.

Desde el primer día el bombardeo fue constante. Los ingleses comprendieron en seguida que si ganaban el aeropuerto, ganaban la guerra. Entonces hacían un vuelo tras otro.

Reyes: Cuya misión importante y única era la destrucción de la pista.

Gisela: Y les dieron con todo. La verdad, los cagaron a balazos.

Reyes: Misiones, misión tras misión, tratando de inutilizar el aeropuerto.

Daniel: Y en todo esto, ¿Reyes qué hacía? ¿Cuál era su rol?

Gisela: El rol de Reyes era derribar los aviones británicos. Y lo hacía con una batería anti-aérea, que es un cañón que le dispara a estos aviones ingleses.

Reyes: Y los cañones nuestros pesaban seis toneladas y media.

Daniel: O sea no estamos hablando de un cañoncito.

Gisela: Para nada. Eran muy, muy pesados. Imagináte que el jefe del escuadrón, a 15 días de iniciado el bombardeo, decidió que tenían que cambiar de posición.  

Lo cual era una tarea casi imposible. Por lo pesado de los cañones. Pero además porque…

Reyes: El terreno ahí era muy, muy barroso, muy esponjoso. Entonces si uno se salía de determinados senderos…

Gisela: La batería…

Reyes: Se encajaba.

Gisela: Se estancaba en el barro.

Reyes: Entonces había que zinchar en el barro tratando de sacar los cañones.

Daniel: ¿Todo esto para mover los cañones?

Gisela: Claro, porque…

Reyes: Si vos te demorabas mucho…

Gisela: Te ibas cada vez más abajo.

Reyes: Era muy pesado. Entonces estar bajo lluvia y esto, sacando los cañones, era todo un lío.

Daniel: Y muy frío, ¿no?

Gisela: La verdad es que yo nunca estuve en Malvinas, pero sí. Reyes me contó que la pasó mal.

Reyes: El viento es extremo. Por ejemplo: nosotros armábamos las carpas y se nos volaban.

Gisela: Y la lluvia caía de todas las formas.

Reyes: En copo de nieve, en rocío, neblina, lluvia fuerte, lluvia débil, nieve fuerte, nieve débil.

Gisela: Bajo estas condiciones, Reyes y toda la batería tenía que cambiar de posición. Entonces trasladan el cañón, la artillería, las municiones, las carpas, la comida. Trasladan todo. Y para moverse tan sólo un kilómetro tardaron tres días.

Daniel: Wow.

Gisela: Finalmente llegan a un lugar donde había una trinchera muy precaria, a unos cinco metros. Era un hueco en la tierra. Son varios hombres, un cañón inmenso, en medio de la nada. Hay bombardeo inglés. Parecía el fin del mundo.

Y bueno, en esa trinchera…

Reyes: Se veía todo cubierto de agua, pero se había medio quemado, como que alguien había hecho fuego ahí. Hasta que en un determinado momento vemos que empieza a salir de ahí adentro un pie, sale una pierna, empieza a salir el cuerpo. Se asoma un soldado. Había un soldado: Rena.

Gisela: Victor Daniel Rena.

Daniel: ¡Qué cosa! ¿Dónde? ¿O sea, de este hueco sale un tipo?

Gisela: Sí, de ahí mismo. No salió uno, salieron dos soldados. Estaba Rena y su compañero, Juan Palacios. Ambos del Regimiento 25. Los bravos del 25. Tenían apenas 18 años. Ambos estaban cumpliendo con su servicio militar obligatorio. Y estaban en esa trinchera porque su misión era defender el aeropuerto en caso de un ataque por tierra.

Daniel: ¿Dos soldaditos iban a defender el aeropuerto contra los ingleses?

Gisela: Tal cual. Eso fue parte de lo que pasó en Malvinas: la improvisación, ¿no? Un gobierno militar que llevó a muchos soldados a una guerra para la que ni siquiera estaban preparados.

Reyes: Entonces nos ve a nosotros que nos estábamos instalando al lado…  

Gisela: Todo el equipo de artillería.

Reyes: Cañones, radares…

Gisela: Y Rena y Palacios estaban sorprendidísimos de tener todos estos armamentos tan importantes ahí.

Reyes: Entonces vino a hablar con nosotros. Salió él y salió otro chico, Juan Palacios.

Gisela: Ambos soldados son de la provincia de Córdoba, de una ciudad llamada Río Cuarto. Reyes y los hombres que tenía a su mando estaban usando una pala mecánica para excavar una trinchera para la artillería. Pero cuando Reyes ve esa trinchera precaria en la que estaban Rena y Palacios le da pena y da la orden de que también les construyan una trinchera nueva para ellos.

Reyes: Y entonces quedaron con refugio, como la gente. Quedaron pegados a nosotros.

Gisela: Y, Daniel, hay que entender este gesto, porque no es normal.

Daniel: ¿En qué sentido?

Gisela: Es que entre tenientes y soldados rasos no había… no hay, grandes vínculos. Un gesto así era muy poco común. Y es que además de que había diferencias de clase muy grandes, también estaba eso de que eran de diferentes fuerzas.

Pero a Reyes nada de eso le importó.  Y ese gesto de Reyes –algo tan simple, ¿no?– iba a ser muy significativo para Rena, y marcó el comienzo de una amistad.  

Reyes: Pero a mi me gustaba a la tarde, o en un determinado momento que esté tranquilo, siempre acercarme con los soldados.

Gisela: Y hablaban durante horas.

Ryes: Lo hacía con los de mi batería y lo hacía con ellos también. Hablar de las familias de ellos, de qué hacían, qué expectativas, qué estaban estudiando, qué querían seguir haciendo después.

Gisela: Bueno, y así empezó a conocer a Rena y a hacerse amigo de él.

Reyes: Me invitaban. Me decían: “Venga a Río Cuarto que le voy a decir a mi hermana que cocine, que cocina muy bien”.

Gisela: Y les gustaba charlar de lo que hacían en su pueblo de Córdoba.

Reyes: “Bueno si, ya vamos a ir a Río Cuarto”.

Gisela: Ya están pensando en lo que van a hacer después de la guerra.

Daniel: Si es que sobreviven.

Gisela: Exacto. Así mismo se sentía Reyes.

Reyes: Realmente no debe haber un lugar donde fueron… fuimos más similares, ¿no? Y estuvimos más cerca uno del otro, que ese, ¿no?

Gisela: Cuando Reyes dice “más cerca” en realidad lo que está diciendo es que no sólo estaban bajo las mismas condiciones, sino también lo que está diciendo, es que estaban enfrentando juntos la guerra y…

Reyes: Por el desarrollo que tenía el combate yo sabía o pensaba que no iba a salir vivo.

Gisela: En los dos meses que pasaron juntos, se hicieron amigos de verdad. Las diferencias de rango entre ellos desaparecieron. Reyes compartía su comida con Rena porque la comida del ejército era famosa por lo mala que era.

Reyes: Un guiso medio lavado y a lo mejor poco nutritivo.

Gisela: Mientras que a los oficiales, como Reyes, les daban una comida un poco más digna.

Reyes: Ravioles con pollo, arroz con estofado. Y eran platos variados. O sea, no no repetimos el plato.

Daniel: Y claro, otra vez, este tipo de generosidad no es normal en este contexto.

Gisela: No, no es nada normal. Reyes hizo cosas como ofrecerles ropa seca. Imagináte para dos soldados viviendo en una trinchera húmeda y a punto de congelarse tener ropa seca. Llevaban dos meses sin cambiarse la ropa. Eso significó muchísimo. Y luego Reyes hasta le enseña a disparar.

Daniel: Un momentito. ¿Qué? ¿Que no sabía ni siquiera disparar?

Gisela: Sí. Mirá. Lo que pasó fue que muchos soldados, como Rena, tuvieron poca preparación militar. Y bueno, Reyes, cuando se enteró que ellos tenían que defender por tierra el aeropuerto, le dio una prueba de tiro a Rena. Agarró dos barriles de combustible de 200 litros cada uno y los puso a cierta distancia para probarlo.

Reyes: Le digo, “Bueno, ahora sí. Cargá el fusil”. Carga el fusil… perfecto. “Bueno ¡tirá!”. Tiraba pero no le pegaba ni por casualidad. Y yo para mí pensaba, digo: “Este nos va a dar cobertura terrestre pero… ¡no sabe tirar!”

Daniel: ¿Y mejoró? ¿Aprendió?

Gisela: Sí. Reyes me contó que al mes ya todos lo consideraban un gran soldado y ya había aprendido a tirar. Ya en junio del ‘82, dos meses después de haber llegado, los bombardeos a la posiciones argentinas en el aeropuerto eran cada vez más intensos.  

Y en esos bombardeos ingleses, uno de los misiles cae cerca de la trinchera de Rena, y se prende fuego todo. Se prende fuego su casco, su armamento –todo lo que tenía en la trinchera–.

Daniel: Bueno, ¿pero Rena se logra salvar?  

Gisela: Sí, sí, él se salvó. Pero esto le pasa en el peor momento porque en ese momento a él le dan la orden de ir a defender la primera línea de batalla por tierra; es decir, ir desde el aeropuerto hasta la costa porque los ingleses ya estaba entrando por tierra.

Daniel: Y Rena no tiene ni siquiera un fusil para luchar.  Se le había quemado.

Gisela: Claro. Y fue justamente acá que Reyes lo ayudó de nuevo. Le dio un fusil y un casco. Aunque, bueno, Rena no quería aceptarlo.

Reyes: Y él nos dice, “pero dice Fuerza Aérea por todos lados”. “¡Pero qué te importa que diga Fuerza Aérea! Si funciona igual”.

Daniel: Bueno, entonces al menos con eso ya puede entrar a la batalla, ¿no?

Gisela: Eso fue lo que hizo. Pero antes de despedirse de Reyes, Rena sintió que le debía algo, y tenía una regalo para él.

Reyes: Me dice, “Mire, le doy una estampita de la Virgen de Luján”.

Daniel: ¿La virgen de qué?

Gisela: De Luján, que es la patrona de los argentinos. Y nada, Reyes no quería aceptarla.

Reyes: Le digo “mirá, no, llevatela porque vos la vas a necesitar más que yo”. Y me dice, “no, ¡tengo dos!”

Gisela: Reyes le pidió a Rena que detrás de la estampita escribiera su nombre y el nombre también de su ciudad: Río Cuarto. Reyes se guardó la estampita en una libreta que tenía en el bolsillo y le dijo:

Reyes: “Te prometo que cuando todo esto termine voy a ir a Córdoba y nos vamos a comer un flor de asado”.

Gisela: Y Rena obviamente le dijo que sí…

Reyes: “Venga, que lo espero”. Nos dimos un abrazo y él se fue.  

Gisela: Y Reyes continuó con su misión, que era operar la artillería y tratar de hacer lo que podía: que era defender el aeropuerto y derribar aviones ingleses. Y disparaba, disparaba y disparaba. Y en eso consistía la batalla final –disparar hasta que alguno de los dos bandos se quedara sin municiones–.   

Daniel: ¿Y así? ¿Y así terminó la guerra?

Gisela: Exactamente. Los ingleses dieron la orden del cese al fuego y ahí efectivamente se termina la guerra. Porque si los ingleses continuaban disparando y acercándose como lo venían haciendo, hubiese sido una masacre.

Daniel: O sea, la resistencia argentina colapsó.

Gisela: Sí, se quedaron sin municiones. Y los ingleses tomaron a los nueve mil soldados argentinos que sobrevivieron como prisioneros en el aeropuerto. Uno de esos prisioneros era Reyes.  

Reyes: En realidad la imagen de lo que era el aeropuerto con todos los prisioneros fue una imagen dantesca.

Gisela: Gente deambulando como zombis. Algunos buscaban comida, otros buscaban abrigo. Destruían sus propios armamentos para que no fueran utilizados por los ingleses. Y bueno, en ese contexto Reyes se pone a buscar a Rena, y pensó que lo encontraría cerca de la posición que tenían en la batería durante la guerra.  

Reyes: Y cuando voy a la posición, lo veo a Palacios que estaba sentado en una piedra con la cabeza entre las manos y estaba mal, anímicamente muy mal.

Daniel: Palacios es el compañero de trinchera de Rena, ¿verdad?

Gisela: Sí, sí, es él. Y Reyes le pregunta si lo había visto:

Reyes: Me dice “no, no lo busque más. Una granada de mortero lo partió por la mitad. Se murió”.

Daniel: Y Reyes… devastado.

Gisela: Sí. Reyes me cuenta que lo primero que hizo cuando se enteró fue sacar la estampita que Rena le había regalado.  

Reyes: Y le escribí: “Fallecido en combate el 14 de junio de 1982”.

Gisela: Cuando la guerra terminó, Reyes rehizo su vida en Buenos Aires.  Se casó con su novia María Elena, tuvo cinco hijos. Pero la guerra siempre estaba ahí. Cada año…

Reyes: Siempre los 14 de junio me acordaba de él.

Gisela: Se acordaba mucho de Rena.

Reyes: Por haberlo conocido y por lo que habíamos desarrollado.

Gisela: Esa fecha marcaba el día que terminó la guerra, y Reyes asistía a misa en honor a los caídos.

Reyes: Por las 658 víctimas, y entre ellos especialmente por Víctor.

Gisela: Por Víctor Rena. Reyes nunca se olvidó de la guerra.

Daniel: Ok, y aquí tengo que hacer una pausa. Gisela y yo hablamos a lo largo de una semana, ella en Buenos Aires y yo aquí, en Nueva York, y sentí que necesitaba entender un poco mejor el contexto. Entonces llamé a un amigo.

Gabriel Pasquini: Yo soy Gabriel Pasquini, soy periodista y escritor argentino.

Daniel: Y le pregunté qué pasó después de la guerra. Gabriel lo recuerda bien. Tenía 16 años cuando Galtieri anunció la supuesta recuperación de las Malvinas. Y Gabriel me dijo que los medios…

Pasquini: Nos convencían día a día de que estábamos ganando. O sea, nosotros, los argentinos, estuvimos ganando la guerra hasta el día que avisaron que nos habíamos rendido.

Daniel: Lo cual solo hizo que esa derrota fuera más humillante.

Pasquini: La gente, una vez concluída la guerra, no quiere más pensar en eso y olvida la guerra y olvida a los que pelearon en ella.

Daniel: La vergüenza del fracaso en el campo de batalla se sumó a la larga lista de crímenes que se le imputaba a la Junta Militar. Una Junta, que dicho sea de paso, no duró mucho más.

Pasquini: Y súbitamente, cuando perdimos, nos declaramos víctimas y habíamos sido engañados, y a todo esto los únicos culpables eran los militares.

Daniel: Año y medio después del cese de fuego, la democracia había reemplazado la junta militar. Pero el olvido hacia los combatientes de Malvinas duró mucho más que la dictadura.

Pasquini: Y hubo un largo tiempo antes de que los gobiernos civiles empezaran a darles pensiones, a darles apoyo, a darles ayuda, y a que se pudiera hablar de este tema.

Daniel: Porque no sólo se olvidaron de los soldados, no. Los argentinos también se olvidaron que la gran mayoría había apoyado a la guerra, que la retórica nacionalista había seducido al país.

Pasquini: Y la imagen que se construyó en torno del soldado de Malvinas era un joven que había sido llevado a la fuerza a la guerra y que en realidad había sido más víctima de los militares argentinos, de sus superiores, de su improvisación, su crueldad, su corrupción, que de los propios británicos.

Gisela: Sí, exacto. Esa es una de las visiones que se tiene de los soldados. Y también se los vio como víctimas del terrorismo de estado porque nosotros llevábamos seis años de dictadura. Y justamente por eso también la vergüenza y la humillación nacional. En el caso de Reyes, por ejemplo, por mucho tiempo decidió no hablar de Malvinas.

Reyes: Durante los primeros 18 años después de la guerra yo prácticamente no hablé del tema, ni siquiera en casa, ni siquiera con mis hijos.

Gisela: Fue sólo después de 18 años que Reyes…

Reyes: No sólo yo empecé a hablar con mi familia, con mis amigos, y hasta incluso escribir un libro.

Daniel: ¿Un libro?

Gisela: Sí, escribió un libro que terminó siendo un diario de guerra. Se sentó a escribir y fue una especie de terapia. Todos los sentimientos que había guardado por mucho tiempo le salieron de golpe.

Reyes: Me di cuenta que en el subconsciente yo tenía todo grabado, que no había un detalle que se me había escapado y que me acordaba de un montón de cosas. Entonces fue como un… como un ejercicio de recuperación.

Daniel: ¿Lo grabaste leyendo?

Gisela: Sí. Cuando lo grabé leyendo vi a una persona que no podía parar de recordar cosas. Y la parte donde describe la muerte de Rena es una de las más importantes del libro.

Reyes: La caída de este muchacho mucho me pesaba. Lo mismo que la caída de todos. ¡Pobre Víctor! Sin duda era una lucha desigual, pero no se amedrentó. Estaba allí encarando a la defensa de todo el país. Ojalá nuestros compatriotas sepan valorar la actitud de todos estos hombres que a pesar de todas las limitaciones lucharon con un valor más allá de su propias fuerzas.

Daniel: ¿Qué pasa con ese manuscrito? O sea, ¿se publica? ¿termina en las librerías? ¿qué hace con ese texto?

Gisela: En realidad Reyes nunca llegó a publicar el manuscrito. Lo escribió y luego lo dejó en una oficina de la Fuerza Aérea que se dedica a dar apoyo a los veteranos de Las Malvinas.

Reyes: Nunca más supe nada. Lo dejé ahí y yo seguí con mi vida, pero nunca tuve una devolución de eso.

Gisela: Y en realidad, si hubiese sido por Reyes, ahí hubiera quedado esa historia, olvidada en esa oficina de la Fuerza Aérea. Pero sucedió algo curioso. Alguien dentro de la oficina leyó ese manuscrito y aparentemente transcribió la parte que tenía que ver con la muerte de Rena. Y esta historia empieza a circular en las redes sociales. El propio Reyes ni siquiera sabía que esto estaba pasando. Hasta que en 2011 la historia de amistad entre Reyes y Rena apareció en una página que se llama “Nunca olvidemos a nuestros héroes”.

Germán Stoessel: Tratábamos de compartir, no sé, historias de policías, historias de bomberos, mucho de Malvinas, sobre nuestra historia.

Gisela: Ese es Germán Stoessel, uno de los administradores de la página. Y no recuerda bien cómo fue que encontró el escrito de Reyes. Piensa que en algún momento alguien lo compartió con él en Facebook, y él decidió subirlo a su página.

Pero el punto importante acá tiene que ver con que Germán encontró un error en la historia.

Germán Stoessel: En ese relato cuenta que Víctor Daniel Rena es integrante del Regimiento de Infantería 25.

Gisela: Aquellos que leen mucho sobre Malvinas saben que ese regimiento tuvo sólo…

Germán: 12 caídos.

Gisela: Pero esos 12 caídos fueron durante el mes de mayo.

Daniel: Pero Rena murió en junio.

Gisela: Exactamente. El 14 de junio. Ahí está el error. Es imposible que el soldado Rena haya muerto en el día que Reyes decía.

Daniel: Entonces, ¿Reyes se confundió con la fecha?

Gisela: Germán todavía no estaba seguro, pero se puso a buscar.  Entonces primero busca en un listado de soldados fallecidos que tiene el Ministerio de Defensa.  

Germán: Y no, en el listado no figuraba como muerto.

Daniel: O sea que Rena aún podía estar vivo.

Gisela: Bueno, primero quedaba claro que por lo menos Rena en la guerra no había muerto. Pero Germán todavía no sabía si había muerto después.  Recordá que esto está pasando 29 años después de la guerra.

Daniel: ¿Y qué podía hacer para corroborar si es que Rena estaba vivo o muerto?

Gisela: Germán lo hizo a la antigua: buscó el apellido de Rena en la guía telefónica.

Daniel: ¿Y?

Gisela: Y encontró a un Víctor Rena viviendo en Córdoba. Y ahí mismo lo llamó.

Rena: Bueno, mi nombre es Víctor Daniel Rena.

Gisela: Y sí, era él.

Germán: Ahí honestamente me corrió un frío por la espalda, me puse así como nervioso porque ya no había dudas, estaba vivo.

Gisela: Germán entonces le explica por qué lo está llamando.

Rena: Como me habían dado por muerto ni yo sabía tampoco que estaba muerto…

Gisela: ¡Es genial!

Daniel: Ese acento cordobés es lo máximo, ¿no? Entonces claro, el siguiente paso es poner en contacto a estos dos amigos perdidos.  

Gisela: Claro, por supuesto. Pero cuando lo buscó en la guía telefónica…

Germán: Me aparecieron 500 mil Reyes.

Gisela: Pero siguió buscando. Googleó a la Unidad Antiaérea de Reyes y encontró otro listado de los veteranos. Y así es como encontró su número. Lo llamó y le pasó el teléfono de Rena.

Daniel: Y lo llamó en seguida, me imagino.

Gisela: Y sí, pero Reyes no estaba solo. La primera vez que llama a Rena lo acompañaba toda su familia –su esposa y sus cinco hijos–.

Reyes: Estaban todos al lado mio y asi es como hicimos contacto.

Rena: Cuando me llama: “¿Víctor?” “Sí”. Y se quebró, se quebró y bueno, ya me quebré yo también, y bueno, ya fue una cosa de gran emoción. Y bueno, yo creo que nuestras lágrimas derramaba para mil, a mil, a mil. Y fue una sorpresa muy grande porque a través de todo eso trae una historia muy atrás y bueno…

Daniel: ¿Pero cómo es que se salva Rena finalmente? ¿Por qué es que su compañero… Palacios se llamaba, ¿no? ¿cómo es que Palacios pensaba que estaba muerto?

Gisela: Esa es una gran pregunta, y es la gran pregunta de ambos. Una vez que pasó la emoción de haberse reencontrado después de 29 años se pusieron a reconstruir qué es lo que pasó el 14 de junio de 1982.

Rena: Yo esa noche cuando me despido, bueno, nos dimos un abrazo, una noche oscura. Y ya íbamos saliendo casi al amanecer hacia el monte Dos Hermanas…

Gisela: Rena cuenta que ya era de noche cuando él y Reyes se despidieron y que a Rena le tocó avanzar hasta la primera línea de batalla.

Reyes: Cuando va avanzando se separa, por la acción del combate, se separa de sus compañeros con los que estaba en el aeropuerto.

Gisela: Era la batalla final. Estaban en un caos completo. Era de noche, bombas cayendo por todos lados. El fuego cruzado. No se veía prácticamente nada. Rena se unió a cuatro soldados de Buenos Aires que no conocía –y el único con fusil era Rena.

Daniel: Pero ¿qué hacen cuatro soldados sin armamentos, acercándose a la primera línea? ¿para qué?

Gisela: Estaban cumpliendo su deber.

Daniel: ¿Sin fusiles? Pero ¿qué van a hacer ahí?

Gisela: Y supongo que harían lo que podían.

Daniel: ¿Morir?

Gisela: Morir. Exactamente. Entre todas esas balas y bombas, una explota y los cinco vuelan por los aires. Entonces Rena queda tendido en el piso, ensangrentado completamente en esa oscuridad. Todos iban hacia adelante, así que había otros grupos que a unos metros seguían avanzando. Entre ellos Palacios, que era su compañero de trinchera. Pero avanzaban como podían. Y cuando Palacios ve que los otros cuatro de Buenos Aires caen muertos…

Rena: Realmente ellos me vieron caer entonces me habían dado por muerto.

Daniel: ¿Cómo es que se salvó?

Gisela: En primer lugar, gracias a Reyes. Reyes le había prestado ese fusil y ese casco. Y como te contaba, una de las esquirlas le pega en la frente, en la cabeza.

Rena: Y en la cabeza me salvó el casco.

Gisela: Otro pedazo de bomba le pega en el fusil, se desvía, y en ese desviarse le corta todo el costado del cuerpo.

Rena: Y en parte me ayudó mucho el fusil que lo quebró.

Gisela: Entonces él queda gravemente herido. Y al día siguiente, el 14 de junio, cuando ya hay cese al fuego, lo rescatan soldados ingleses.

Daniel: ¿Y por qué es que Reyes no vuelve a ver a Rena? ¿No eran ambos prisioneros?

Gisela: A Rena terminan mandándolo a un hospital de campaña militar y lo devuelven al continente mucho después que Reyes, así que nunca se cruzan.

Y bueno, después de aquella primera llamada, Rena y Reyes se pusieron de acuerdo para finalmente verse en persona el 20 de junio de 2011.

Iba a ser en Río Cuarto. Y en Río Cuarto toda la ciudad, que es una ciudad pequeña, estaba convulsionada. Todos los vecinos de Rena sabían que se iba a dar este encuentro después de 29 años. Y para la familia de Reyes…

Reyes: La historia era tan fuerte y tan importante para nosotros que todos mis hijos suspendieron todo lo que tenían que hacer para que nos juntáramos todos, y fuimos en mi camioneta a Río Cuarto.

Daniel: O sea que Rena era así de importante para la familia. Ya era una especie de mito, no solo para Reyes sino para todos.

Gisela: Sí, yo creo que Rena era un miembro más de la familia. Tanto María Elena, la esposa de Reyes, como sus cinco hijos, conocían a fondo esta historia de amistad que había marcado a fuego al teniente.

Durante las ocho horas que dura el viaje desde Buenos Aires hasta Rio Cuarto, Reyes no hizo sino pensar en todo lo que había pasado para llegar a ese momento: la muerte de Rena, esa estampita sellada con esa fecha que marcaba el fin de la guerra –mezclaban un montón de sentimientos en Reyes. De hecho me contó que 90 kilómetros antes de llegar…

Reyes: Paré con la camioneta ahí y digo, “pensar que después de tantos años, de tantos kilómetros, de tantas cosas que pasaron y demás, nos queda el tramo final, que son 90 kilómetros, ¿no?, para volver a abrazarnos y recuperar una historia de tantos años”. Entonces me demoré en poner en marcha, porque me gustó pensar ese momento de lo que nos unía, en ese tramo final, y de todo lo que nos separaba, ¿no?

Gisela: La historia fue tan fuerte que los medios de comunicación de Río Cuarto se enteraron de que Reyes iba y estuvieron ahí presentes, en la puerta de la casa de Rena, para no perderse este reencuentro.

Rena: Y bueno, ya se había agrupado todo el equipo de prensa. En un momento le habían avisado que había llegado, y bueno, llega ya al frente de la casa…

Gisela: Reyes bajó de su camioneta y Rena salió a la vereda de su casa para recibirlo.

Rena: Y cuando nos vimos frente a frente lo único que lo vi un poquito mas viejito, pero de cara no lo olvidé nunca.

Reyes: Lo identifiqué en seguida. No había cambiado nada. Estaba más gordo nada más.

Rena: Entonces nos abrazamos y fue un abrazo, habrá sido… como ese abrazo de despedida fue, cuando fue en Malvinas. Pero un abrazo con regreso. Y ahí fue toda la emoción que se… que bueno, qué sé yo, nos quebramos. Directamente.

Gisela: Rena tenía todo preparado. Había pintado la casa y hasta había hecho una parrilla nueva.

Reyes: Estaba nueva la parrilla. En algunos sectores se estaba secando el cemento.

Gisela: Y hay video del reencuentro, que es un video casero que hizo Rena y su familia. Y yo lo pude ver.

Cuando veo el video me doy cuenta de que Rena es un tipo sencillo. Tiene una casa recontra sencilla. Era un soldado, ¡y venía el teniente! O sea, un tipo que tiene otro cargo, de alto mando, con todo lo que eso implicaba. Entonces hizo todo lo que estaba a su alcance para recibirlo bien.

Rena: Así que pasamos un día espectacular. Nos tocó un día hermoso.

Gisela: Y antes de irse de la casa de Rena, Reyes le mostró un regalo que compró pensando en la estampita que Rena le había dado ese último día en que se vieron 29 años atrás.  

Reyes: Compré dos estatuillas de la Virgen de Luján pintadas que tendrían 45, 50 centímetros –grandecitas. Y a una le pusimos el nombre de él y la otra tiene el nombre mío; y a él le dejé la que tiene el nombre mío y yo me quedé con la que tiene el nombre de él.

Daniel: Y bueno, al final, ¿asado de cabrito?  

Gisela: Sí. Y después de tanto silencio y tantos sentimientos encontrados… porque es mucho lo que perdieron los veteranos de Malvinas. Por más de 29 años Reyes pensó que había perdido a esa persona que era una de las pocas personas que sabía exactamente lo que él había vivido durante la guerra.

Pero al menos cumplieron con ese asado que se habían prometido.  

Daniel: No es poca cosa, ¿no?

Gisela: Para nada. Ese día, en todo este contexto, ellos ganaron algo inmenso.

—–

Daniel: Esta historia fue producida entre Gisela Ederle y Javier Lucero. Gisela es periodista de Buenos Aires y trabaja en la radio de la Universidad Nacional de General Sarmiento. Javier trabaja en Radio Universidad de Río Cuarto y en Radio Río Cuarto, de la provincia de Córdoba.  El libro del teniente Jorge Reyes eventualmente sí se llegó a publicar bajo el título “Malvinas. Vinieron y les presentamos batalla”.  

Gracias además a Gabriel Pasquini, Javier Trimboli, Gonzalo Arechaga, Osvaldo Daniele, y Facundo Pérez Toro de la Universidad Nacional de la Patagonia Austral.

Esta historia fue editada por Luis Trelles, Camila Segura, Silvia Viñas y por mi. Martina Castro se encargó del diseño de sonido. La música es de Luis Maurette. El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Barbara Sawhill. La directora ejecutiva es Carolina Guerrero.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más, visita nuestra página web, radioambulante.org. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

 

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