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Transcripción: La flor del diablo

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Antes de comenzar el episodio, quiero advertirle a los oyentes que esta historia contiene descripciones gráficas de violencia y abuso sexual.

Para Rosa Julia todo comienza en el estado de Guerrero, México. En un pueblo perdido de la sierra…

Rosa Julia Leyva: Está hermoso, está en la costa grande, sierra arriba. Vuelan pájaros de colores, la montaña está hacia arriba y el mar abajo.

Daniel: Y de su pueblo, Rosa Julia recuerda…

Rosa Julia: El olor de café, cómo salía entre las tejas. Cómo el sol sale tras las montañas, cómo caía sobre las tejas de nuestra hermosa casa… de adobes, de bahareque y barro.

Daniel: La mayoría de los habitantes de su pueblo eran indígenas. Hablaban Nahuatl, la lengua nativa más usada en México. Casi todos eran agricultores.

Rosa Julia: Mi papá trabajaba en el campo. Y trabajaba para sembrar la tierra, y para… trabajaba con otra gente de peón y nosotros igual que él. Su cuadrilla de trabajadores éramos nosotras.

Daniel: Había muchos tipos de sembrados, entre ellos de marihuana y amapola, la planta de la que sale la heroína. Y para Rosa Julia estos sembrados eran completamente normales.

Rosa Julia: Pues, yo creo que toda… En mi tiempo, caminé entre campos de amapola y de marihuana. Yo no lo veía malo. Es más yo cortaba flores de… Hay un tipo de amapola como color púrpura. Y parece que las flores y el color te dicen: “Ven, ven. Córtame”. Y yo hacía arreglos de flores de amapolas con espigas de maíz y los ponía en la mesa.

Daniel: Hasta que un día su su mamá le dijo…

Rosa Julia: Que no fuera a volver a cortar esa flores porque eran del Diablo. Yo en aquel tiempo decía que por qué, si todas las cosas bonitas son de Dios. Éstas, ¿por qué son del Diablo? Y hasta ahora que estoy vieja entiendo, ¿no?…

Daniel: Y es que la industria de la heroína en esa época no era como la de ahora. Rosa Julia tuvo la mala suerte de crecer en Guerrero a mediados de los años 60, justo cuando se estaba formalizando, cuando empezaba el primer boom del consumo de heroína en Estados Unidos. De pronto, casi de un día para otro, había mercado… Y dinero. Mucho dinero. El cultivo de la amapola en pueblos como el de Rosa Julia cambió todo…

Y ahora, pues, ya no hay marcha atrás. El nombre del pueblo, por ejemplo, Rosa Julia prefiere no decirlo. Es que tiene miedo.

Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Y este es…

José Luis Pardo: José Luis Pardo. Soy periodista español, pero viví en México hasta hace poquito, durante seis años.

Daniel: ¿Cuándo conociste a Rosa Julia?

José Luis: Hace unos tres años. Y me interesó inmediatamente su historia. Porque para mucha gente el narcotráfico puede ser algo abstracto, algo que se lee, algo que se comenta, pero no algo que se vive.

Pero para Rosa Julia… para ella no. Por donde le tocó nacer, siempre ha sido parte de su vida. Y la afectaría de una manera muy directa.

Daniel: Y esa es la historia que José Luis nos va contar hoy…

José Luis: Cuando Rosa Julia era niña, a su pueblo comenzó a llegar gente extraña, de otros países…

Rosa Julia: Barbados, rubios, de ojos azules, así como tú, pero con el cabello rubio.

José Luis: Y venían por las flores de amapola, y por las plantas de marihuana.

Rosa Julia: Por las que caminé toda mi niñez…

José Luis: Y con la llegada de los extranjeros, cambiaron muchas cosas.

Rosa Julia: Y lo que sí recuerdo era que todo el mundo se quejaba que, gracias a esa gente que vino extranjera, en el pueblo las cosas eran tan caras, porque en mi pueblo había dolares.

José Luis: Había dólares donde casi no había pesos mexicanos, y eso suele ser una pésima combinación. El dinero fue lo primero que cambió la vida del pueblo. Creó más desigualdad en un lugar donde la gente ya era pobre.

Rosa Julia: Entonces, ¿qué pasaba? Las cosas aumentaban, la gente que estaba muy pobre, que trabajaba el campo realmente, no podía comprar.

José Luis: Y es que esa idea de que el narco crea progreso es un mito. Para que se haga una idea, el Chapo Guzmán es de un municipio que se llama Badiraguato. Pero Badiraguato sigue siendo uno de los municipios más pobres del estado de Sinaloa. Porque, claro, esos dólares de la droga no son para todos. Entonces, se empezó a crear un pueblo de dos velocidades.
Y empezó una época en que…

Rosa Julia: Pues, que todavía era… no había muertes, solamente había historias alrededor y un velo de misterio. Pero eran muy respetuosos. No iban a matar a nadie. Si cobraban a la gente, la gente todavía tenía palabra y pagaba lo que debía.

José Luis:
Estaban creando un mercado con la planta del Diablo de la que hablaba la mamá de Rosa Julia. Ahora, esa flor se convertía en droga…

Rosa Julia: Se convierte en algo tan destructor, que te borra familia, que borra civilizaciones, que empodera a otros que controlan a otros. Y todo está rodeado entre la pobreza, entre la ignorancia.

José Luis: Pasaron los años y alguna gente del pueblo se empezó a involucrar en el negocio de la marihuana y de la amapola. Otra gente, como Rosa Julia, siguió con su vida en el campo.

Ya de adolescente…

Rosa Julia: Soñaba con un príncipe azul. Pero no encontré un príncipe azul; sí uno de tez negra y muy fornido. Y la primera vez que me dieron un beso, ¡me recuerdo que pensé que iba a salir embarazada! Y tenía un montón de miedo! Y me emocioné mucho, mucho mucho mucho cuando me dieron un beso. No se lo pude contar a nadie…

José Luis: Rosa Julia quería que aquel muchacho que le había dado su primer beso fuera su novio, que fuera a su casa y pidiera permiso…

Rosa Julia: Pero eso era imposible. La cuestión de la religión estaba como muy metida en esas cosas. Entonces todo era pecado: todo no lo hagas, todo no lo digas. Y ya cuando empecé a sentir sensaciones diferentes, me sentía una mala mujer, y cuando iba a misa, me confesaba y le decía al padre.

José Luis: Entre su primer y su segundo beso todo siguió más o menos igual. La culpa, la familia estricta, el campo…

Rosa Julia: Seguí soñando: soñaba con aprender a leer y escribir, soñaba con leer libros, soñaba con ser escultora…

José Luis: Pero en su pueblo no había escuela primaria y sus papás tampoco sabían mucho. Así que siguió trabajando el campo, haciendo muñecos de barro, y cuidando las plantas.

Y cuando tenía 21 años al pueblo llegó un arquitecto español que fue a construir la primera escuela. Rosa Julia le vendía comida al escuadrón de trabajadores y el arquitecto le llamaba la atención…

Rosa Julia: Y él me saludaba, “buenos días”, y él olía rico. Y tenía barba. Pues él debe haber tenido como 60 años…

Un día me dijo que yo tenía los ojos rendonditos y muy bonitos. “Tienes ojos muy bonitos”. Y jamás nadie me había dicho.

José Luis: Y ella… que sólo había tenido una relación en su vida. Se sentía muy halagada. Hasta que un día…

Rosa Julia: Me pasó su mano por el cabello —oh, yo sentía que me electrizaba— y luego de ahí, me dio un beso. Y me acuerdo que me dijo: “Te debieras [sic] de quedar”. Y me dieron un mezcal… Pues creo que me tomé cinco y me quedé en calidad de bulto. No sé ni qué pasó.

José Luis: Lo que pasó es que se quedó embarazada…

Rosa Julia: Y yo fui y le supliqué a él que se casara conmigo, y él me dijo: “¿Tú estás loca? ¿Cómo me voy a casar con una india como tú?”.

José Luis: Rosa Julia me contó que el arquitecto le había ofrecido 800 pesos, que son como unos 40 dólares, para que abortara. Pero ella no quiso. El arquitecto acabó de construir la escuela y se fue… Se fue con su mujer y sus hijos.

Rosa Julia ocultó que estaba embarazada todo lo que pudo…

Rosa Julia: Ya casi tenía ocho meses, no se me notaba nada, porque estaba gorda pareja. Empecé a engordar toda.

José Luis: Pero llegó un momento en que la familia se enteró, claro…

Rosa Julia: Fue muy terrible. Mi papá golpeó mi cuerpo y casi me mata. Y me corrieron de la casa. Y fue muy terrible para mí ver a mi padre cómo lloraba y me decía: “¿Por qué me hiciste esto?”.

José Luis: Le tocó irse a vivir con sus padrinos, que vivían también en la sierra, pero en otra comunidad relativamente cercana. La mayoría de la gente del pueblo la rechazó –hasta el cura que no le daba la bendición– pero poco tiempo después nació Karen Yolotzin Leyva.

Rosa Julia: Cuando tu cadera se abre y es tu última contradicción, escuchas como truenan y crujen tus huesos: ¡Crack! Y escuchas después el llanto de tu hijo. Es algo tan sublime, no te lo sé describir.

Rosa Julia: Yo creo que fue lo más maravilloso que me ha pasado en mi vida.

José Luis: Cuando Rosa Julia se convirtió en madre soltera, esa vida sencilla del campo, esa vida que ella recuerda de una forma bucólica, pues, se acabó. Sus padrinos eran muy pobres y tuvo que empezar a trabajar…

Rosa Julia: Entonces empecé a arreglar jardines, pero tuve que ir al pueblo, y encargaba a Yolotzin con sus padrinos. Iba, venía, iba, venía, pero no ganaba mucho.

José Luis: Vendía plantas en una carretilla…

Rosa Julia: Alcanzaba para comprar petróleo y ponerle a los candiles para alumbrarnos, para medio comer, para comprar poca cosa, no mucho.

Después de un tiempo de haber tenido a Yolotzin, como 3 o 4 años, Rosa Julia volvió donde sus papás.

José Luis: Seguía rebuscándose la vida e intentó trabajar en una zona hotelera de Guerrero, arreglando jardines. Pero le negaron el trabajo porque no sabía leer ni escribir.

Rosa Julia: Ese día le dije a mi madre que no había podido conseguir el trabajo. Y pues tenía mucho miedo. Mi mamá me dijo: “Pues a ver qué le haces. Lava casas. A ver qué haces, porque tu hija se va a morir de hambre”.

José Luis: El problema era económico pero, pues, también tenía mucha culpa…

Rosa Julia: ¿Sabré educar? ¿Por qué traje hijos al mundo si ni siquiera tengo comida para mí? Voy a tener que llenarle la mamila de café para que no pida comida. Entonces se me hacía terrible ver las manitas de Yolotzin, su carita, su vocecita.

José Luis: Rosa Julia estaba desesperada y empezó a pensar qué podía hacer. Y tenía un primo que vivía en el DF y que un día, de visita en casa de sus padres, la animó a irse a la ciudad.

Rosa Julia: Eso que tú quieres hacer en los hoteles se llama arquitectura del paisaje. ¿Por qué no nos vamos a Xochimilco y yo te pago un curso para que te metas a la nocturna y aprendas a leer y escribir?

José Luis: No saber leer y escribir le causaba mucha tristeza. Así que le ilusionaba poder aprender, volverse buena en eso de la jardinería. Y lo más importante: poder ganar lo suficiente para que su hija Yolotzin pudiera comer bien.

Rosa Julia tenía una “comadre”, una amiga muy cercana con la que prácticamente había crecido.

Rosa Julia: Era una persona que conocida de toda mi vida, era como mi otro yo.

José Luis: Su comadre iba a viajar en esos días a Tijuana. Pero primero tenía que ir al DF en bus para de ahí volar. La comadre le dijo que fueran juntas en el bus hasta el DF y que por favor le llevara una bolsa de dinero.

Rosa Julia: A mí, ni por aquí se me ocurrió decirle que no. Yo era la primera vez que iba a salir de la población. E iba a hacer el recorrido acompañada. Ese era mi regalo para mí.

José Luis: La idea de viajar acompañada al DF, de irse para la ciudad un tiempo para prepararse y poderle dar una mejor vida a su hija la ilusionó. Era 1992. Rosa Julia tenía 24 años, y Yolotzin tenía 5.

Logró convencer a sus padres de que se encargaran de la niña y pues decidió irse…

Rosa Julia: Recuerdo, como si fuera hoy, a mi madre y mi hija a la orilla del camino. Con su mano así. Movían sus manos. En señal de despedida.

José Luis: Rosa Julia se subió al bus con su comadre rumbo a la capital. Quizás su último momento de asombro y de felicidad durante mucho tiempo, fue ver el DF desde la ventana.

Rosa Julia: Fue en la madrugada. Íbamos llegando de Cuernavaca a la Ciudad de México, y vi un manto lleno de estrellas. Y yo creía que eran luciérnagas. Yo me acuerdo que le dije a mi comadre: “Comadre, mire cómo hay de luciérnagas”. “Comadre, cuál luciérnagas, son las luces de la ciudad. Ya vamos llegando”.

José Luis: Habían acordado con su primo que él la iba a ir a recoger a la terminal. Y cuando llegó estaba llena de gente.

Él, además, le había pedido que llevara cinco cajas de mango para vender.

Rosa Julia: Yo parada, con mis cinco cajas de mango manila ahí, con mi bolsita, donde le venía ayudando a mi comadre con el dinero, mi muda de ropa, un cepillo de dientes y mi credencial de elector, ahí, en mi morral.

José Luis: Empezaron a pasar los minutos y las horas y nada: que el primo no aparecía.

Rosa Julia: Se hizo bien tarde y yo tenía un montón de miedo, porque no me iban a encontrar. Pero tampoco habían llegado… Y pensando que se habían equivocado de día, que… No, no sé qué tanto pasaba por mi cabeza.

José Luis: Después se enteraría que su primo no pudo llegar a tiempo porque se le había estropeado el carro. Pero como Rosa Julia no tenía ni siquiera la dirección ni el teléfono de su primo, su comadre le dijo que no la podía dejar ahí. Y le propuso algo:

Que se fueran juntas a Tijuana. En avión. Y Rosa Julia, sin saber qué hacer, pues aceptó. En sólo unas horas había visto la ciudad por primera vez y ahora iba a volar.

Llegaron al aeropuerto y Rosa Julia estaba deslumbrada, viendo todo esto por primera vez. Cuando oye una voz:

Rosa Julia: “Judicial Federal, párese señora”… Nunca pensé que era a mí a la que le hablaban…

José Luis: Pero sí: Rosa Julia se volteó a mirar a su comadre que estaba subiendo apurada unas escaleras eléctricas. Su comadre le gritó…

Rosa Julia: “¡Ponga las cosas ahí, ahí las van a revisar. Acá la esperamos, comadre!”.

José Luis: Una oficial le dijo:

Rosa Julia: “¿Qué trae, señora?”. Y yo me le quedo viendo y le dije: “Pos, dinero”. Y la persona me dice: “¿Por qué no declaró sus valores?”. Yo le dije: “¿Cuáles valores?”. “Pues el dinero”. “Ah, porque el dinero no es mío, es de ellos”.

José Luis: Y al momento de poner las cosas en el piso, la oficial la toca. Y aunque esto parezca un detalle, no lo es. Tiene que ver con su niñez y con cómo la criaron…

Rosa Julia: En Guerrero, las cosas son como muy fuertes. Las mamás jamás te van a andar dando un abrazo. O cuándo te vaya andar besando. ¿Cuándo? Allá te crecen rudo. Ahí un chamaquito se cae y le dan su chingadazo y le dicen: “Párese, cabrón”. Te lo chingas, porque se cayó por pendejo, ¿no? Entonces las manifestaciones de… no hay contacto. Entonces, en el momento en que la mujer me agarra, yo le digo, “oiga, ¿por qué me agarra?”.

José Luis: Rosa Julia le empezó a gritar a su comadre:

Rosa Julia: “¡Comadre, regrésese, hay un problema, quieren saber lo del dinero, regrésese!”.

José Luis: Pero la comadre nunca regresó.

Esa fue la última vez que la vió….

Y el perro que tenían los oficiales empezó a ladrar como loco.

Rosa Julia: Y el hombre me dijo: “Señora, usted no trae dinero. Mi perro está entrenado para encontrar droga y mire cómo está”.

José Luis: La comadre le había metido heroína en la bolsa. Desde ese momento todo ocurrió muy rápido. Rosa Julia no entendía bien lo que le estaba pasando, como si todo eso fuera un error. La llevaron a la comandancia del aeropuerto y ahí un policía le dijo…

Rosa Julia: “La droga que traías es el extracto de la bellota de amapola… Si supieras, india mustia, cuánto tiempo te vas a quedar por esto”.

José Luis: Y Rosa Julia recordó…

Rosa Julia: Como decía mi madre que eran flores del Diablo. Y ahora entendí por qué eran flores del diablo. Pero era demasiado tarde…

Daniel: Cuando volvamos, lejos de su pueblo natal, Rosa Julia comienza una nueva vida… Que no se parece en nada a lo que se había imaginado…

–INTERMEDIO–

Daniel: Gracias por escuchar Radio Ambulante. Antes de volver a nuestra historia les quiero contar de otro podcast de NPR, de música, que se llama Alt.Latino. Lo presenta Felix Contreras. Y Felix sirve de guía en el mundo de la cultura y las artes latinas. Se trata de una forma alternativa de abordar a la música tradicional. Entrevistas con íconos culturales como Rita Moreno y Carlos Santana, pero también con artistas más del momento como Calle 13 o el autor Junot Díaz. Encuentra Alt.Latino en la app de NPR One o también en la página web: npr.org/podcasts

Antes de la pausa, vimos cómo Rosa Julia terminó arrestada por cargar heroína el mismo día que había dejado su estado por primera vez. Iba a viajar del DF a Tijuana en avión, y en el mismo aeropuerto la detuvieron. Y bueno, las tumbas y las cárceles de México están llenas de personas como ella, gente que representa el eslabón más débil de la cadena del narco. Gente anónima. José Luis Pardo nos sigue contando.

José Luis: En la comandancia del aeropuerto no la dejaban en paz. Le preguntaban quién era el jefe de la banda, dónde estaba el laboratorio, dónde estaban situados… Pero Rosa Julia, claro, no sabía de qué le hablaban. Solo les podía decir la verdad: que su comadre la había engañado.

Rosa Julia: Yo no podía creer que mi comadre hubiera hecho eso, porque yo sabía, pues, que era de ella, ¿no? Yo creo que la cárcel más grande que yo podía tener fue el odio.

José Luis: Sólo después se enteraría…

Rosa Julia: Que mi comadre y mi compadre eran compiladores de uno de los carteles.

José Luis: Los agentes le dijeron que podía llamar a alguien, pero Rosa Julia no sabía cómo hacerlo.

Rosa Julia: No sabía cómo. En la sierra no había teléfono. Tenían que bajar a la caseta del pueblo. Esperar, dos, tres días. Nunca me comuniqué con ellos.

José Luis: Desde que la detuvieron en el aeropuerto hasta que la encerraron en la cárcel pasaron varios días. Primero la entregaron a los militares porque sospechaban que Rosa Julia trabajaba para dos generales del ejército involucrados en narcotráfico. Ahí…

Rosa Julia: Me liaron las manos, me liaron los pies y me liaron los ojos. Supe por sus radios que íbamos llegando al campo militar número uno. Y ahí a mí me daban un chingadazo y no me encontraban para darme el otro.

José Luis: Rosa Julia no sabe exactamente cuántos días estuvo en el campo militar, pero lo que sí sabe que todo el tiempo estuvo con los ojos vendados…

Rosa Julia: Yo creo que de 15 días que estuve ahí, debí haber estado sobria como unos, no sé, como unos siete o seis. Todo el tiempo me la pasaba desmayada.

José Luis: Hace dos años la ONU dijo que la tortura era una práctica generalizada entre todas las fuerzas de seguridad de México… Y eso se ha agravado con la Guerra contra el Narcotráfico. Pero viene de viejo.,

Rosa Julia: Yo creo que me quemaban con los encendedores de sus carros porque mis quemaduras son como muy redondas. Me ponían una bolsa en la cabeza. Y querías jalar aire y la bolsa se te pega. Era como un… como bulto, ¿no? Con excremento pegado, sangre seca. Entre la realidad y entre el miedo, y era un miedo que no te lo sé explicar.

José Luis: Después de varios días, los militares se convencieron finalmente de que no conocía a aquellos generales, y la entregaron a la PGR, la Procuraduría General de Justicia. Y ahí había un agente que le decían ‘el Lobo’

Rosa Julia: Y si en el ejército las cosas fueron difíciles, nombre, con El Lobo fueron… terriblemente difíciles.

José Luis: ‘El lobo’ era un tipo alto, de bigote, rubio. Tenía acento del norte de México.

Rosa Julia: Tenía botas picudas, con casquillos de metal, no sé. Me pegaba terrible en este hueso de aquí, la espinilla. Feo feo feo feo feo. Me preguntaba todas las mismas preguntas.

José Luis: Y se acuerda que le dijo:

Rosa Julia: “Ah, india mustia, ¿estos con su entrenamiento en el golfo Pérsico no te han hecho hablar? ¿Que no has querido comer? ¿Sabías que después de coger da hambre? Te voy a dar una cogida que no vas a olvidar y vas a pedir de comer. Y conmigo, hasta los mudos hablan, aunque sea a señas”.

Rosa Julia: Yo me acuerdo que yo le decía a Dios: “Por favor, que me muera, que me muera”.

José Luis: Al final, después de días de tortura y violación, el Lobo le trajo un documento y Rosa Julia firmó su confesión. Bueno, firmar es un decir, más bien puso la huella en un papel pues todavía no sabía leer ni escribir…

José Luis: En unas semanas había pasado de su vida sencilla en la sierra a una celda con un solo retrete para 25 reclusas. Rosa Julia tenía 28 años. Apenas hablaba español, y todavía no entendía su nueva vida…

Rosa Julia: Todo el mundo ahí fumaba, se inyectaba, se besaban, y yo sentía que estaba en un mundo que no… Que sentía que no era una mala persona, yo. Para que me tuvieran como perro ahí.

José Luis: Y, además, estaba realmente sola. Al menos se consolaba pensando que su familia no sabía que estaba en la cárcel. Pero la noticia de su arresto sí llegó a Guerrero. Aquí está su hija Yolitzin. En esa época tenía 6 años.

Yolotzin Leyva: El hermano de mi mamá estaba, una vez, envolviendo una papaya con un periódico.

José Luis: Y ahí entre las páginas del diario…

Yolotzin: Entonces yo vi la foto de mi mamá…

José Luis: En un artículo, que detallaba el arresto.

Rosa Julia: Y entonces mi hermano… mi hija le grita a mi hermano: “¡Hugo, Hugo, mi mami Juli!”.

José Luis: Le contaron la noticia al papá de Rosa Julia.

Rosa Julia: “Julia está presa en el reclusorio norte por marihuanera”.

Rosa Julia: Los adultos se pusieron a hablar, y Yolotizin se asomaba, curiosa, ansiosa, tratando de entender qué le había pasado a su mamá.

Yolotzin: Empezaron a hablar de Ministerios Públicos, empezaron a hablar de una serie de cosas que… La única referencia que tenía yo, aparte de lo inmediato, era como las telenovelas, ¿no?, de la abuelita viendo la telenovela. Entonces siempre que hablaban de eso significaba “cárcel”. Fue donde me di cuenta que… que no iba a regresar.

José Luis: Rosa Julia solo podía tratar de adaptarse a la cárcel. Y a las otras reclusas…

Rosa Julia: Yo creo que lo que me ayudó mucho fue llegar tan torturada. Se dieron cuenta que no hablaba. Que estaba torturada. Y lo único que les decía era que me metieran debajo de la regadera. Les hacía saña. Durante mucho tiempo, me bañaba, me bañaba y me bañaba.

José Luis: Después de unos días se concentró en limpiar…

Rosa Julia: Me iba a lavar baños donde estaban llenos de popo por todo lado, y yo los dejaba impecables. Me hartaba trabajando. Trabajaba aquí, trabajaba allá, para cansarme, y poderme dormir, porque ellas se la pasan todo el tiempo drogándose, día y noche, día y noche… El olor…

José Luis: Rosa Julia nunca se drogó. Limpiaba, cocinaba y, lentamente, las demás reclusas le fueron cogiendo confianza. Le contaban sus historias…

Rosa Julia: Analizaba sus vidas y me daba cuenta que la mía era, pues, otro mundo, ¿no? Y ellas, en vidas, donde los padrastros las habían violado, donde… Me sabía sus historias de arriba abajo. Eso me impresionaba muchísimo oírlas…

Entonces me convertí como… yo creo que como en su mamá.

José Luis: Casi un año después de entrar a esa cárcel, tuvo finalmente el juicio. Durante el proceso judicial, Rosa Julia escuchó una y otra vez cómo los que administraban su caso hablaban mal de ella. Oyó que dijeron, por ejemplo…

Rosa Julia: “Esa vieja pendeja dejó a sus hijos”. Entonces fue cuando me di cuenta que era de la cuestión más grave del delito era haber nacido mujer en este país y haber caído a la cárcel.

José Luis: Rosa Julia dice que le impactó muchísimo, pero que no le sorprendió tanto.

Rosa Julia: Porque nací en un lugar donde las mujeres no valen mucho. Donde te venden, donde tienes que estar callado y obedecer a tu marido, y que tu marido, cuando te casas, es como si tuvieras un sello aquí que diga “vaca quintada”, y si no tienes apellido no vales.

José Luis: Como si necesitáramos pruebas del trato diferente que reciben los hombres y las mujeres en el sistema judicial, me cuenta que ese día había como ocho personas en el juzgado.

Rosa Julia: De los cuales sentencian a todas las mujeres y dejan ir a los hombres.

José Luis: Y es verdad. El día que Rosa Julia apareció ante la corte, hubo varios hombres también que tenían diferentes casos. Y casi todos salieron libres.

Pero ella no: a ella la sentenciaron a 25 años de cárcel…

En las cárceles mexicanas existe el término pagador: se refiere al tipo que pertenece a una organización y que paga las condenas de los demás… Entonces cumple sus años calladito, y desde fuera lo cuidan, le dan dinero…

Pero la versión femenina de esa palabra — pagadora– no tiene el mismo significado. Se suele referir a mujeres como Rosa Julia, a las mulas, que si acaban en las cárceles, pues no reciben nada. No reciben ni apoyo, ni dinero, ni cuidado.

El día de la sentencia, Rosa Julia conoció a uno de estos pagadores. Se llamaba Rubén…

Rosa Julia: Rubén era un delincuente nato. Él venía con un grupo de colombianos.

José Luis: A Rosa Julia la acaban de sentenciar, y claro, estaba desconsolada. Rubén la vio llorando…

Rosa Julia: “¿Para qué lloras?”, me gritó.

José Luis: La gente de nuestra tierra, le dijo Rubén, está diseñada de otra manera: no llora.

Rosa Julia: Me acuerdo que cuando yo me iba alejando, dentro del pasillo, él me gritaba: “¡¿Cómo te llamas?!”. Y sentí que su voz le pegaba a mi uniforme.

José Luis: Unas semanas después Rubén le envió una carta. Que, claro, le tenían que leer las compañeras…

Rosa Julia: Y en esa carta me decía quién era, porqué estaba ahí, que se había dado cuenta que yo estaba sola, que no tenía a nadie.

José Luis: Por esos días, Rosa Julia se había enterado de que su papá había fallecido. Es más, murió al poco tiempo de enterarse que la habían arrestado. Rosa Julia se sentía muy culpable. Le atormentaba pensar que era responsable por la muerte de su padre.

Ella estaba sufriendo en la cárcel, pero para un pagador como Rubén, tampoco era fácil sobrellevar una sentencia.

Rosa Julia: Y yo creo que este también necesitaba compañía.

José Luis: Entonces le respondió la carta, aunque claro, se la escribieron las compañeras. Y así, Rosa Julia y Rubén se hicieron primero amigos y después novios. Era conveniente porque los penales estaban conectados. Poco tiempo después, Rubén le pidió que se casaran y ella aceptó…

Rosa Julia: Y yo creo que no estaba enamorada de él. Me casé porque quería un apellido. Y por soledad.

José Luis: Poco después, Rosa Julia se quedó embarazada.

Rosa Julia: Tuve a Manolo esposada. Fue muy fuerte para mí darle bienvenida… la bienvenida a un ser que merecía libertad. Y que nació libre por derecho, ¿no? Yo lo tenía ahí.

José Luis: Durante más de un año crió a su hijo en la cárcel. Y ella describe esto como una de las cosas más dolorosas de su vida…

Rosa Julia: En la noche, yo veía sus manitas. Veía sus manitas y me sentía confortada, me sentía acompañada, pero también me sentía peor de [sic] criminal. Porque él no era libre. Vivía conmigo, no conocía las jirafas. No conocía los zoológicos. No conocía nada, porque estaba encerrado.

José Luis: Y tomó una de las decisiones más complicadas de su vida. Decidió que Manolo viviera fuera, con sus primos. Y les cedió la custodia.

Rosa Julia: Nunca he vuelto a ser la misma…

José Luis: Rubén no la perdonó por alejarlo de su hijo. Él quería una familia grande, así como las tradicionales de Guerrero. Pero Rosa Julia ya no quería más hijos. Se empezaron a distanciar.

Además, Rosa Julia tenía miedo porque Rubén seguía envuelto en el narcotráfico. Ella ya había sufrido las consecuencias, y lo que menos quería era que sus hijos tuvieran algún contacto con ese mundo. Se dedicó a ella misma. A estudiar. Hizo la primaria. Aprendió a leer y la primera palabra que escribió fue “Oso”. Para ella fue un golpe…

Rosa Julia: Porque Yolotzin me cantaba “La osa y la osita”. Una canción de niños. Y me cantaba esa canción, entonces yo siempre recordaba ella como que yo era la osa y ella era la osita. Entonces la primer palabra que escribí fue la palabra “O-so”.

José Luis: Rubén cumplió su condena, y cuando estaba fuera le escribió otra carta, en la que le decía que había regresado con su antigua novia. Así que otra vez Rosa Julia se quedó sola en la cárcel… Sin hijo, sin marido…

Rosa Julia: Y yo no aguanté el dolor…

José Luis: El día que recibió la carta, la rompió en pedacitos…

Rosa Julia: La echó a la licuadora, le pongo agua, le pongo cebolla y ajo, y me la tragué. Estuve en la enfermería como cinco días.

José Luis: Pero la historia de Rosa Julia no termina en la cárcel. Yo la visité en su departamento en la Ciudad de México, que es un modesto hogar de una sola habitación. Logró salir con la ayuda de un abogado que argumentó que, como era víctima de tortura, le deberían reducir la sentencia. Y fue así. El 20 de junio de 2005, después de más de 12 años de estar encerrada, Rosa Julia salió en libertad.

Se acuerda del día que salió…

Rosa Julia: Sentía que el aire me lastimaba los oídos, que me entraba mucho aire por la nariz. Sentía que ruido de la calle me… Estaba lloviendo, y la lluvia me molestaba en los oídos. Era demasiado aire para mis pulmones. No me sabía pasar las calles. Sentía que todo el mundo me veía. No no no no, fue muy fuerte, mucho, muy fuerte, el primer día en la calle.

José Luis: Sin embargo, se acostumbró.

Y así comenzó la tercera vida de Rosa Julia. Desde entonces, se ha dedicado a cerrar lo que ella llama los círculos de su vida.

Hoy visita las cárceles como funcionaria, y junto con su pareja, Jorge Correa, da cursos de teatro y charlas a algunos de los criminales más famosos de México.

Pero lo más importante que ha hecho es reconciliarse con Yolotizin. Cuando salió una de las primeras cosas que hizo fue regresar a su pueblo para ir por su hija. La niña que había dejado de cinco años, ahora iba a cumplir 17.

Rosa Julia: No fue fácil, pues no me conocía, me decía señora, y… me tenía miedo.

José Luis: Era una adolescente callada y buena estudiante que preparaba su ingreso a la universidad. Las dos se mudaron al DF, al departamento de una hermana de Rosa Julia. Y poco a poco se fueron familiarizando.

Rosa Julia: Empezamos a conocernos, a reconquistarnos, a querernos.

Yolotzin: Nos hemos dado cuenta que tenemos muchos gustos en común, platicamos, ella me enseña cosas, yo le enseño cosas a ella, o sea, es una convivencia realmente como de amistad.

José Luis: Vivieron juntas casi nueve años, hasta hace unos meses que Yolitzin se fue a vivir sola.

Yolotzin: A veces siento que mi mamá es demasiado mágica para tener una vida ordinaria.

José Luis: Y para estar en paz le queda Manolo… Pero no va ser fácil reparar esa relación.

Rosa Julia: Manolo vivió con mis primos, vive una vida feliz. Es un chico que toca el violín, chico que estudia la preparatoria. Tiene 18 años, es un chico exitoso. Juega fútbol. No hay… Sí hay una relación, pero hay como muchas cosas todavía…

Con el que siento que estoy en deuda: pues, con Manolo. Porque Manolo vivió conmigo algo muy difícil, y siento que le quité la libertad.

José Luis: Arreglar esa relación…

Rosa Julia: Ese va a ser mi último ciclo.

José Luis: He pasado los últimos seis años cubriendo las rutas del narcotráfico en América Latina, y en ese tiempo he conocido muchas personas como Rosa Julia.

Cuando se habla del narco, muchas veces he escuchado versiones de este dicho: que Estados Unidos pone los consumidores, y los latinoamericanos ponen los muertos.

Pero creo que además de poner los muertos, las víctimas, también ponemos los asesinos, y la impunidad. Yo no veo el narco como la causa de todos los males. Lo veo más como un fenómeno que ha potenciado todos nuestros males: la desigualdad, la violencia y la corrupción. En México y el resto de América Latina hay muchas personas como Rosa Julia a las que el narco les arrebató lo poco que tenían.

Daniel: José Luis Pardo es periodista freelance y cofundador de Dromómanos, una productora de proyectos periodísticos. Desde hace seis años reportea temas relacionados con el narcotráfico y la violencia en América Latina. Ha publicado el libro “Narcoamérica”y en enero ha empezado un nuevo proyecto sobre homicidio en el continente.

Esta historia fue editada por Camila Segura, Silvia Viñas y por mí. La mezcla y el diseño de sonido es de Ryan Sweikert.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Luis Trelles, Elsa Liliana Ulloa, Barbara Sawhill, Caro Rolando, Melissa Montalvo, Désirée Bayonet, Luis Fernando Vargas, Andrés Azpiri, y David Trujillo. Andrea Betanzos es nuestra pasante. Carolina Guerrero es la CEO.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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