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Transcripción: La importancia de llamarse Ernesto

La importancia de llamarse Ernesto
Luis Trelles
30 minutos

Daniel Alarcón: Soy Daniel Alarcón, productor ejecutivo de Radio Ambulante. Antes de comenzar quiero agradecer a dos fundaciones cuyo apoyo ha sido esencial: la Fundación de Sara y Evan Williams y la fundación Panta Rhea.

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Daniel Alarcón: Bueno, comencemos aquí ¿Qué hay en un nombre? Es una pregunta que seguro han escuchado varias veces y de pronto, a ti te nombraron en honor a tu abuelo, o a tu abuela. En el caso de Ernesto Gómez…

Ernesto Gomez: Y bueno, me ponen Ernesto pues por el Ché, no, y como símbolo de solidaridad entre los pueblos latinoamericanos, ¿no?

Daniel Alarcón: Y este detalle dice mucho del ambiente en el que Ernesto creció.

Alma: Para nosotros, Ernesto Che Guevara es…

Gabino: El símbolo más importante…

Alma: Un símbolo muy importante. Entonces decidimos ponerlo Ernesto porque ese niño era el reflejo de ese internacionalismo proletario.

Daniel Alarcón: Estos son Alma y Gabino, los papás de Ernesto. Son una pareja de activistas mexicanos, y el nombre que le dieron a su hijo tiene una historia mucho más complicada, con un pasado radical que Ernesto pasaría el resto de su vida tratando de entender.

Bienvenidos a Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Hoy “La importancia de llamarse Ernesto”… Desde San Juan, Puerto Rico, nuestro productor Luis Trelles nos cuenta.

Luis Trelles: Ernesto tuvo la típica infancia feliz de un niño mexicano de la década de los 80. Creció en la ciudad Chihuahua, al norte del país. Jugaba béisbol, se escapaba de la escuela con sus hermanos… Normal.  Hasta que un día, cuando Ernesto tenía 10 años, sus papás lo llevaron al consultorio de un psiquiatra que era amigo de la familia.

Ernesto Gómez: Como lo recuerdo era un como un segundo piso, una oficina oscura. Nos sentamos los tres en un sillón largo.

Luis Trelles: Y el psiquiatra le empezó a hacer preguntas a Ernesto, preguntas hasta aburridas.

Ernesto Gómez: ¿Cómo está todo? ¿Cómo va la escuela? ¿Cómo va el béisbol?

Luis Trelles: Ernesto no sabía por qué estaba  allí. Hasta que el psiquiatra miró a sus padres y les dijo.

Ernesto Gómez: Y bueno, pues a lo que venimos… hay que decirle a Ernesto por qué está aquí, ¿no?

Luis Trelles: Entonces Alma y Gabino le dijeron la verdad.

Alma: Que había hijos de vientre, hijos de corazón.

Ernesto Gómez: Pero que se querían igual. Y que pues yo era un hijo de corazón, ¿no?.

Alma: Que él tenía otro papá y otra mamá.

Luis Trelles: Y eso explicaba algunas cosas. Su color de piel, por ejemplo, era un poco más oscuro que el de sus hermanos.

Ernesto Gómez: Y me acuerdo que los dos me abrazaron y me besaron.  Mi mamá siempre ha sido muy cariñosa, no, pero mi papá fue siempre un tipo muy seco, ¿no? no sabe dar abrazos, y como tosco, ¿no? Y tengo ese recuerdo que es uno de los recuerdos más bonitos de afecto así de los dos, no, estar en medio de mis papás y los dos abrazándome y dándome besos ¿no?

Luis Trelles: Pero, una vez que salieron de la consulta, Ernesto trató de borrar todo esto de su cabeza. Quería volver a su vida, sin que nada cambiara.

Ernesto Gómez: Me daba un pavor enorme pensar que mis hermanos me fueran a rechazar, no, que en algún juego o una pelea de niños me sacaran eso en cara, no.  “Ah no, tú cállate, tú eres adoptado, pinche negro”.

Nunca lo exterioricé. Nunca lo comenté con mis padres, ¿no?.  Y y ni a mis hermanos nunca.  Esto es algo que yo creo que nunca le he dicho a nadie. Era ese miedo a ser rechazado por mi familia.

Luis Trelles: Pero Alma y Gabino tenían que decirle toda la verdad por razones que serán más claras un poco más adelante. Entonces un día decidieron montarlo en el carro de la familia y salir de paseo.  Querían hablar con Ernesto a solas.

Ernesto Gómez: El recuerdo que tengo de ese momento es como en cámara lenta. Es cómo ir en el, digamos en el carro,  mis papás iban en frente, yo iba sentado atrás en el medio. Y de manera sincronizada, ¿no?, mis papás voltean al mismo tiempo a verme. Y ahí yo supe, ¿no?, “híjole, aquí viene algo”, ¿no?.

Alma: Y le dijimos “bueno, este, no nos has preguntado nada.”

Ernesto Gómez: ¿No quieres saber nada? ¿No quieres saber quienes son tus papás?  Y me acuerdo, o sea, mi sentimiento es: no, no quiero saber ni me importa, no.

Luis Trelles: Pero Ernesto no dijo que no, se quedó callado y Alma y Gabino le hablaron de un hombre que había vivido con la familia unos años atrás. Ernesto se acordaba de este hombre y lo recordaba como “Mone”.

Ernesto Gómez: Mira yo de niño hubo un momento que vivió este muchacho que se llamaba Mone que no tenía manos, que eso lo tengo muy clarito que tenía…y que tenía el rostro medio desfigurado. Y que jugaba conmigo a los bomberos en el patio.

Luis Trelles: Cuando Ernesto cumplió cuatro años, este hombre sin manos y con la cara llena de cicatrices desapareció de su vida. Y ahora Alma y Gabino le estaban diciendo que Mone era su papá.

Ernesto Gómez: Y me acuerdo que los dos se quedaron muy serios y que me dijeron: bueno Ernesto, este, esto no lo puede saber nadie,  Mone era un guerrillero que luchaba por la independencia de Puerto Rico, y lo estaban buscando los gringos para meterlo en la cárcel. Y estuvo viviendo con nosotros un tiempo escondido. Y ya se fue.

Luis Trelles: Ernesto había escuchado de Puerto Rico antes, pero si le hubieran puesto un mapa en frente, no hubiera podido encontrarlo.

Ernesto Gómez: Yo lo que sabía de Puerto Rico yo creo que era muy poco, que era una colonia de los Estados Unidos y que había un movimiento  por liberarlo, no. Quizá me lo imaginaba así, que era esta isla infeliz de gente sometida bajo el yugo de los militares norteamericanos, ¿no?

Luis Trelles: Era una visión romántica de la isla. En esa época, Puerto Rico ya llevaba más de 9 décadas siendo un territorio de los Estados Unidos. Y durante todo ese tiempo, distintos grupos habían tratado de liberar a la isla a través de la lucha armada.

El padre biológico de Ernesto había sido parte de uno de estos grupos. Y su mamá biológica también. Alma y Gabino le mostraron unas fotos de ella en una prisión, y le dijeron.

Ernesto Gómez: Ella es Dylcia, es tu mamá. Está luchando por la independencia de su país y la agarraron, la metieron a la cárcel, y por eso estás tú con nosotros.

Luis Trelles: Dylcia Pagán cumplía una condena de 55 años en una cárcel de San Francisco, en Estados Unidos.

Ernesto solo tenía 10 años y no entendía nada…

Ernesto Gómez: Me acuerdo sentirme como desubicado. Como estar en un limbo y decir “wow,  entonces qué va a pasar conmigo, no, ahora”.  Y después de eso, inmediatamente después, me dicen, “¿y te gustaría conocerlos?”.

Luis Trelles: Esa era la pregunta. Y aunque estaba confundido, Ernesto sí tenía algo muy claro ¿Conocerlos?

Ernesto Gómez: ¿Para qué? Pues tenía a mis papás, tenía una vida super feliz, para qué conocerlos, ¿no? Pero bueno sabía que no era algo que podía decir que no.

Luis Trelles: No hay manera de contarle a un hijo estas cosas sin que sea… complicado… pero Alma y Gabino no tenían otra opción. La madre biológica de Ernesto estaba pidiendo verlo. Y ellos tenían que decirle toda la verdad antes de llevarlo a conocerla.

Entonces, en diciembre de 1989, cuando Ernesto estaba a punto de cumplir 11 años, viajó junto a toda su familia a San Francisco para conocer a Dylcia.

Y para entender por qué Dylcia estaba en una prisión federal, hay que entender que, en los años 70, ella formó parte de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, mejor conocida como la FALN.

Noticiero: Fuerzas Armadas de Liberación Nacional, FALN, es la organización clandestina a la que pertenecen las independentistas acusadas de robo de autos, de la fabricación de explosivos.

Luis Trelles: La FALN era una organización clandestina que se dedicaba a poner bombas en edificios públicos de Chicago y Nueva York. Lo hacían para exigir la independencia de Puerto Rico. El grupo comenzó en 1973, y sus miembros eran hijos de emigrantes puertorriqueños en Estados Unidos, gente que se había enfrentado a mucha pobreza y discriminación. Estaban convencidos de que si era para liberar a Puerto Rico, el fin justificaba los medios.

Pero en 1980, luego de haber detonado docenas de bombas que ocasionaron 5 muertes accidentales, la organización se detuvo casi por completo. En un operativo inesperado, la policía arrestó a 11 miembros del grupo en Chicago, y la mamá de Ernesto estaba entre los arrestados.

Noticiero: Fueron encontradas culpables bajo el cargo de conspiración sediciosa, de querer derrocar al gobierno de los Estados Unidos mediante el uso de la fuerza. Aquí en esta prisión federal cumplen entre 35 y 97 años de cárcel.

Luis Trelles: Ernesto tenía menos de dos años cuando arrestaron a Dylcia. Y al día de hoy aún no está 100% seguro de cómo fue que llegó a México. Pero sí sabe una cosa: los miembros de la FALN que quedaron libres lo protegieron.

Ernesto Gómez: Y sé que me tuvieron escondiendo por varias partes de Estados Unidos, hasta que a finalmente yo termino en Chihuahua, México.

Luis Trelles: En Chihuahua, Alma y Gabino pertenecían a una organización política que tenía contactos con la FALN.

Gabino: Ellos hablaron con la dirigencia de nuestra organización para el apoyo. Y es la forma en que él llega con nosotros. Nosotros éramos un matrimonio recientemente casados que todavía no teníamos hijos.

Luis Trelles: Ernesto había nacido con otro nombre en Nueva York, pero Alma y Gabino le crearon una identidad completamente distinta en Chihuahua.

Dylcia se convirtió en una prisionera política, condenada por conspiración sediciosa contra los Estados Unidos. En 1989 ya llevaba presa 8 años, y estaba desesperada por volver a ver al bebé que había dejado en manos de la FALN.

Desde que aterrizó en San Francisco, Ernesto estuvo en un estado constante de alerta. Desde chiquito le habían dicho que Estados Unidos era el enemigo, y ahora que estaba allí se imaginaba lo peor.

Ernesto Gómez: El pavor que yo tenía era que me fuera a secuestrar el gobierno de Estados Unidos. Y fue un miedo que tuve mucho tiempo, a que me fuera a agarrar el gobierno de los Estados Unidos y no me dejara regresar a México.

Luis Trelles: Para poder entrar a la prisión, Ernesto se hizo pasar por un sobrino político de Dylcia. Tuvo que ir sin Alma y Gabino, porque ellos no aparecían en la lista de visitantes. Unos amigos de Dylcia que sí estaban en la lista lo acompañaron. Ernesto se acuerda que cuando entró al área de visita, lo que encontró fue un cuarto frío y grande.

Ernesto Gómez: Y ahí es que llaman al prisionero por un altoparlante.

88971-024, ese era el número de Dylcia.

Luis Trelles: Unos minutos después, Dylcia entró al área de visita… y recuerda perfectamente el momento en que volvió a ver a su hijo. Esta es Dylcia:

Dylcia: Cuándo entré vi a esa cara, dije: wow, ese es mi bebé. él me miro, nos miramos, yo lo cogí por las manos… era como cuando el bebé nace.

Ernesto Gómez:  Me abrazó y me apretó y me abrazaba y era este llanto que te sale como del fondo del alma, no.  Y me sobo, y me revisó las orejas. Me levantó la camisa y me revisó la espalda y me revisó la panza. Y me recuerdo que no se sentía mal que me estuviera revisando.  O sea, era como un cariño que sentía genuino de una madre a su hijo. Y con la ilusión de que era bonito conocerla, no, y de estar juntos.

Luis Trelles: Tan pronto vió a Dylcia toda la tensión que tenía se fue. El parecido entre los dos era obvio. Tenían los mismos ojos grandes, el mismo tono de piel.

Ernesto Gómez: O sea, el recuerdo que tengo y lo que me puedo acordar es sentirme bien conmigo mismo. Es como un regocijo, fue como sentir un tipo de conexión, y más para mí físicamente, no, ver que me parezco a alguien.

Luis Trelles:  La visita acabó poco después y Ernesto se despidió con una promesa: que la volvería a ver pronto.

Al verano siguiente Ernesto volvió a viajar. Esta vez iba a Cuba, con toda su familia, porque allí estaba Mone, su papá biológico. Mone era un refugiado político, era un invitado del gobierno de Fidel Castro.

Ernesto Gómez: Yo lo vi, corrí, lo abracé, emocionado, osea yo estaba contento de verlo.

Luis Trelles: Cuando Ernesto lo volvió a ver en Cuba, Mone todavía llevaba las cicatrices de una bomba que le explotó una década antes.

Ernesto Gómez: Yo me acuerdo de estar abrazado con él así como, acurrucado y me dijo “yo soy Mone”. Y le dije “sí sé, sí sé que eres Mone”.  Y me acuerdo, fue un momento de sentirme muy seguro y especial.

William: Fue después de casi 10 años que no lo veía. Me conoció oficialmente como su papá.

Luis Trelles: El nombre real de Mone es William Morales. Durante los años 70 fue el diseñador de bombas de la FALN… hasta 1978, cuando ocurrió un accidente mientras armaba un explosivo en un apartamento de  Nueva York.

William: Explotó un artefacto, y… perdí parte de las manos, me desfiguré parte de la cara, y fui capturado, y fui encarcelado.

Luis Trelles: En 1980, unas semanas después de su juicio, algo inesperado sucedió. Los guardias del hospital carcelario donde William estaba internado hicieron un conteo de los prisioneros, y cuando llegaron a la cama de William.

Ernesto Gómez: Y levantan las sábanas y ven que debajo de las sábanas lo que hay son unas almohadas. Y que hay una ventana abierta y hay vendajes colgando de la ventana ¿no?

Luis Trelles: William se escapó, y aunque no quiso hablar conmigo sobre los detalles de  su fuga, su hijo sí ha escuchado las historias y me dijo que William logró escaparse por un séptimo piso. Se había escapado sin manos, usando una soga hecha de vendajes.

Ernesto Gómez:  Y desaparece de la faz de la tierra. Se convierte automáticamente en el hombre más buscado por el FBI.

William estuvo escondido por mucho tiempo. Lo ayudaba una red extensa de organizaciones de izquierda a ambos lados de la frontera entre Estados Unidos y México. Así fue cómo acabó en la casa de Alma y Gabino, donde también estaba su hijo.

Luego de pasar un tiempo en Chihuahua, William siguió su paso por México con un grupo de Zapatistas. Eventualmente pasó tiempo en una cárcel mexicana y luego de eso, Cuba le ofreció asilo político. Y así fue como llegó a la isla. Es una vida de película. Una vida que lo había llevado lejos del hijo que él conocía por otro nombre.

William: Él está registrado como Guillermo Sebastián Morales, ¿no? En su acto de nacimiento norteamericano y todo eso. Eso no se le puede quitar.

Luis Trelles: Por eso hubo un poco de confusión cuando Ernesto se quedó con William en La Habana.

Ernesto Gómez: la primer mañana que me levantó me dijo Guillermo, ¡Guillermo! Y yo, ay… Me acuerdo que me estuvo llamando y que fue y me dijo Guillermo, y  dijo Ernesto, y ahí reaccioné. ¡Ah porque no me haces caso si tú eres Guillermo!

Luis Trelles: Por primera vez Ernesto se daba cuenta de que tenía dos nombres totalmente distintos. Y que cada nombre tenía su propio pasado y su propia historia.

Y él, en este momento, no quería ser Guillermo.

Ernesto Gómez: En teoría en los papeles ahí, pero yo nunca fui Guillermo. Y… pero ese fue como mi primer choque de la cuestión de identidad, ¿no?

Luis Trelles: Ernesto volvió a Chihuahua exhausto. El tiempo que pasó en Cuba lo dejó agotado física y emocionalmente. En menos de un año había conocido a sus papás biológicos, dos personas desconocidas para él que lo obligaron a cuestionarse todo lo que sabía de sí mismo.

Ernesto estaba por cumplir 12 años, y a partir de ese momento su vida se dividió. Los cuatro adultos que decidían su futuro se pusieron de acuerdo: Ernesto iba a pasar el año escolar en Chihuahua, como siempre, y luego iría a San Francisco a visitar a Dylcia durante las Navidades, y los veranos viajaría a Cuba para ver a William.

Fue una rutina anual que Ernesto repitió hasta cumplir 15 años y durante todo ese tiempo intentó de acercarse más a Dylcia.

Porque la verdad era que, para Ernesto, querer a Dylcia se sentía como una obligación.

Ernesto Gómez: Emocionalmente no sentía esa conexión de que era mi mamá.  Pero sentía que lo correcto es que era mi verdadera madre, no.

Luis Trelles: ¿Por qué querías quererla como una madre?

Ernesto Gómez: Ay pinche Luis, porque pues no sé. Pues porque era mi mamá y era esta heroe que se había sacrificado por una causa de la independencia de Puerto Rico, no.  Y yo tenía que aprender a aceptar eso y como a sentirlo, no.

Luis Trelles: Y Alma y Gabino también querían que su hijo lo sintiera. En un momento dado, le dijeron que sería bueno que se fuera a vivir un rato a San Francisco para que pudiera pasar más tiempo con Dylcia.

Alma: Yo le dije “yo prefiero que ahorita me estés reclamando, que te presioné un poco para ir a ver a tu mamá, a que nos reclamaras que no te permitimos conocerla y estar con ella”

Luis Trelles: Y luego de estar tres años viajando a San Francisco constantemente, Ernesto empezó a jugar con la idea de quedarse por allá.

Ernesto Gómez:  Había una cuestión de también ir a Estados Unidos a vivir en el primer mundo. De salirme de Chihuahua.  Era un poco el sueño americano que ves en las películas de estar en high school y juegas football americano y las cheerleaders son tus novias y ah, y las fiestas, esa fantasía de adolescente de ser el cool de la escuela y todo.

Luis Trelles:  Entonces, cuando tenía 15 años, Ernesto se fue a vivir a San Francisco con una amiga de Dylcia, pero esta no fue una simple mudanza.

Ernesto estaba a punto de cambiar su identidad por completo. Recordemos que nació en Nueva York, con el nombre de Guillermo Morales. Ahora, estando en San Francisco, los adultos en su vida le sugerían que retomara esa identidad.

Ernesto Gómez: Y se me sacó mi pasaporte como Guillermo y se me inscribió en la escuela, en high school como Guillermo Morales. Entonces deje de ser Ernesto para convertirme en Guillermo.

Luis Trelles: Su fecha de nacimiento, su nacionalidad, hasta su nombre, todo cambió a la misma vez. Pero todos estos cambios solo ocurrieron en San Francisco.

Alma: Y él siempre para nosotros en México siguió siendo Ernesto.

Luis Trelles: Entonces en plena adolescencia, cuando casi todo el mundo está tratando de definirse, Ernesto comenzó a tener dos identidades.

En San Francisco, la amiga con la que estaba viviendo le hablaba de sus raíces puertorriqueñas.

Ernesto Gómez:  Y me hizo mucho énfasis de que yo realmente no era mexicano,  y que yo era puertorriqueño y que tenía que aprender de Puerto Rico para aprender a amarlo y sentirlo.

Luis Trelles: Y en la escuela también sintió la necesidad de presentarse con su nueva identidad.

Ernesto Gómez: Me sentí súper desconectado, ahí no hice realmente amistades. Era Guillermo, era el puertorriqueño.

Me acuerdo que una vez una maestra me pidió que hablara de mi tierra de Puerto Rico. ¿Que iba hablar yo de Puerto Rico? Si yo nunca he estado en Puerto Rico, ¿no?

Luis Trelles:  Pero Ernesto volvía a Chihuahua una vez al año, y ahí volvía a ser el mismo de siempre. Los choques entre sus dos identidades eran inevitables, sin embargo. Un ejemplo: Una vez fue a visitar a su tía mexicana, y en vez de hablar de Alma y de Gabino como sus papás, como siempre, Ernesto se refirió a ellos por sus nombres.

Ernesto Gómez : Y que mi tía dijo: no, no, no pérate cabrón. ¿Cómo que Alma y Gabino? Son tus papás. Y siempre van a ser tus papás.

Luis Trelles: Pero en San Francisco, Ernesto sentía que no podía hablar así frente a Dylcia.

Ernesto Gómez: Con Dylcia no me podía referir a mis papás como mis papás. Se le veía la cara de ella que se le trancaba la venita que se le brotaba aquí de coraje, ¿no? Que hablara de mis papás, tenía que hablar de Alma y de Gabino.

Luis Trelles: Cuando hablé con Dylcia sobre esto, le pregunté si alguna vez le había prohibido a Ernesto referirse a Alma y Gabino como sus padres…. Y ella me dijo que no, que nunca.

Pero… De la manera que sea, para Ernesto, esto sí era un conflicto de lealtades gigantesco. Y en este momento, él había elegido ser Guillermo, el hijo de una prisionera política muy importante.

Noticias: Con gritos de libertad y el pueblo unido jamás será vencido, manifestantes marcharon por las calles de Washington exigiendo libertad para 15 presos políticos puertorriqueños.

Luis Trelles: En el clip, Ernesto  tiene 19 años y llevaba un año viviendo en Puerto Rico.

Ernesto Gómez: Entendemos que son presos políticos y que ya… 18 años.  18 años es más que suficiente.

Luis Trelles: Se había mudado a la isla para formar parte de la campaña que buscaba sacar a Dylcia y al resto de sus compañeros de la cárcel federal.

Ernesto Gómez:  Fue un rol que hice por mucho tiempo, no. Y fue cómo que me convertí en el hijo insignia de los presos políticos.

Presentadora: He is Guillermo Morales.  And Guillermo Morales is the son of Dylcia Pagán….

Luis Trelles:  Hasta salió un documental sobre su vida en la televisión pública de Estados Unidos.

Ernesto Gómez: Mi mamá entró al clandestinaje cuando yo tenía 7 meses de edad y tuve que esperar 10 años para poder visitar a mi madre.

Luis Trelles: Su historia era conmovedora y efectiva. La gente lloraba cuando lo escuchaba hablar y, aún más importante, algunos donaban dinero para la campaña de excarcelación. Ernesto comenzó una serie de giras mediáticas que lo llevaron por Estados Unidos y el Caribe. Y se empezaba a involucrar cada vez más en la campaña para darle libertad a su mamá. Pero, en privado, las cosas no andaban bien entre él y Dylcia.  De hecho, a duras penas se hablaban.  A Ernesto no le gustaba la manera en que su mamá se metía en su vida, y aún más importante: cuestionaba las decisiones que ella había tomado cuando él era solo un bebé…

Ernesto Gómez: Vas madurando, ¿no? Y bueno pero tu decidiste meterte en esto pus porque es lo que tú quisiste hacer, no pensaste en mí…

Luis Trelles: Lo que sentía era resentimiento. Contra Dylcia y contra el movimiento.  Lo habían involucrado para que contara su relato de hijo abandonado, pero nadie quería saber de su infancia feliz en Chihuahua.

Ernesto se dio cuenta de lo que estaba sintiendo en el lugar menos esperado: lo habían invitado a hablar en la Casa Blanca y llegó acompañado de otros cuatro hijos de presos políticos puertorriqueños…

Ernesto Gómez: Y que, lo que ellos pasaron al perder a sus padres, a ser víctimas de bullying en la escuela.  A que los escupieran, a que los apedrearan, a tenerlos que cambiar de barrio porque los acosaban, Ahí yo no hablé. Me acuerdo que me tocó el turno a mí a hablar y yo dije que yo no quería hablar.

Luis Trelles: Por primera vez veía claramente las consecuencias de todo lo que había hecho la generación de los miembros de la FALN, sobre todo con la generación que vino después.

Ernesto Gómez: Para mí fue un momento de decir, “esto no es tan bonito, ‘ah la revolución’, no”. Hay unas víctimas y las víctimas más afectadas son los hijos de todos ellos.   Y ahí yo creo que empecé a cambiar un poco.

Luis Trelles: A partir de ese momento, Ernesto se distanció del movimiento. Empezó a viajar más frecuentemente a Chihuahua para estar cerca de su familia Mexicana.

Ernesto Gómez:  En mis momentos oscuros, ahí siempre es la luz, es el nido. Y en esos momentos más difíciles, siempre sentía una magia. Y estar ahí en esa casita, que es una casita chiquita la de mis papas, siempre como que de ahí sale, no? es la base de quién soy.

Luis Trelles: Mientras tanto, la campaña para sacar a los presos políticos de la cárcel llegó a un punto climático. Era 1999, Ernesto tenía 20 años, y la administración del Presidente Clinton estaba en su último año. En Puerto Rico, los dirigentes del movimiento pensaban que había llegado el momento decisivo para lograr un indulto presidencial… Y  lo lograron.

Presidente Clinton: They have served very long sentences for offenses that did not involve bodily harm to other people.

Manifestación: Dylcia, Dylcia, Dylcia.

Luis Trelles: 11 de los 13 presos políticos decidieron aceptar las condiciones que les ponía el Departamento de Justicia Federal para recobrar su libertad, y Dylcia fue uno de ellos.

A pesar de que no se estaban hablando en ese momento, Dylcia pidió que Ernesto estuviera allí cuando saliera de la prisión… y aunque él tenía dudas, decidió que era mejor estar allí con Dylcia.

Ernesto Gómez: Fue una montaña rusa, no? Entrar a la cárcel que pues por 10 años la estuve visitando. Y una saqué cuentas de las horas de visita que hice, yo hice, yo creo que hice como 23 días de cárcel.

Luis Trelles: Ernesto no sabía qué esperar cuando finalmente viera a Dylcia salir.  Y cuando ella finalmente salió junto con las otras prisioneras…

Ernesto Gómez: las otras presas gritaban: free at last! Y aplaudían, wuuuh, free at last! free at last! free at last! fue bien fuerte, bien fuerte.

Luis Trelles: Ernesto se reencontró con su mamá, y ahí mismo se enteró de que ella quería que él regresara a Puerto Rico con ella.

Cientos de personas los recibieron en la isla. Dylcia quiso que Ernesto se quedara con ella unos meses, para disfrutar de su nueva libertad junto a su hijo, pero Ernesto quería regresar a México lo antes posible.

Ernesto Gómez: Y ahí empezamos otra vez los choques, ¿no? Con quien yo soy y con quien ella quiere que sea ¿no?

Dylcia: Yo creo que él también pensaba que yo iba como dedicarme la vida a él completamente. Y no pude. La misma vez porque yo ya necesitaba conocer la gente, ir a nuevos lugares, ver a Puerto Rico.

Luis Trelles:  Ernesto tenía 20 años y buscaba una identidad.

Su madre, en cambio, era una prisionera política que súbitamente se había vuelto una figura pública. Los choques entre ambos eran inevitables.

La situación entre ambos explotó un día en que Dylcia quiso llevarlo a conocer a unos familiares.

Ernesto Gómez: y yo le dije, “no, es que yo no quiero ir para allá”. “Ah, pero como que no si son tu familia?” Y ahí le dije: “no no son mi familia”. “Ah yo soy tu mamá, y yo te digo lo tienes que hacer”. Y me acuerdo que fui y le dije: “no, es que tu no eres mi mamá”. Y me acuerdo que me dijo: “fuck you, you mother fucker, you son of a bitch”. y me acuerdo que yo temblando, temblando, temblando por primera vez…me acuerdo que la miré temblando, y le dije: “fuc…fuuc..FUCK YOU, FUCK YOU DYLCIA, FUCK YOU!” … Y me salí pal carajo de la casa rosada.

Luis Trelles: Le pregunté a Dylcia varias veces sobre este incidente varias veces, y la verdad es que nunca me dijo nada muy preciso sobre lo que ocurrió.

Para Ernesto, sin embargo, ese fue el último encontronazo con Dylcia como su mamá. Cuando cumplió 24 años, Ernesto finalmente eligió el nombre que él sentía que lo representaba.

Ernesto Gómez: Ernesto Gómez en todos lados, no solamente en Chihuahua, sino ser Ernesto Gómez en todos lados, y empecé a investigar como una cuestión de cómo cambiarme el nombre legalmente.

Luis Trelles: Pero extrañamente no volvió a México. Ernesto terminó enamorándose y casándose con una mujer puertorriqueña, una independentista que tiene raíces muy profundas en Puerto Rico.

Cuando Ernesto me contó su historia a principios de 2015, su segunda hija acababa de nacer en Puerto Rico y Alma y Gabino habían a la isla para conocer a su nueva nieta.

Con el tiempo, Ernesto también se reconcilió con William y con Dylcia, y ahora ellos también forman parte de su vida.  Es decir que su familia es diversa y complicada… o sea, un reflejo más de lo que ha significado ser Ernesto.

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Daniel Alarcón: Luis Trelles es productor de Radio Ambulante. Vive en San Juan, Puerto Rico. Esta historia fue editada en equipo, entre Camila Segura, Martina Castro, Silvia Viñas, y yo, Daniel Alarcón.

Queremos agradecer a Gary Weimberg y Luna Productions por darnos permiso para usar clips del documental “The Double Life of Ernesto Gomez Gomez”.  Un agradecimiento especial Roberto “Tito” Otero.  Luis Trelles utilizó los estudios de la Universidad del Sagrado Corazón, en Santurce, Puerto Rico.

El resto del equipo de Radio Ambulante es Claire Mullen, Diana Buendía, David Pastor, Constanza Gallardo, Claudia Giribaldi, Dennis Maxwell, Clara González Sueyro, Vanessa Baerga, y Alejandra Quintero Nonsoque. Carolina Guerrero es nuestra directora ejecutiva.

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Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más, visita nuestra página web, radioambulante.org. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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