Episodio 61

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Transcripción – La sentencia


[Daniel Alarcón, host]: ¡Hola, hola! Soy Daniel Alarcón, Productor Ejecutivo de Radio Ambulante. Antes de este episodio, tengo un anuncio, una noticia que hace tiempo quería compartir. Escuchen: Radio Ambulante hará dos shows en vivo en septiembre de este año.

Apunten bien estas fechas: el martes 25 de septiembre, en Washington D. C.; y el jueves 27, en Nueva York. Estamos muy emocionados de compartir con ustedes en persona. Les prometo que van a ser noches de historias sorprendentes, conmovedoras y divertidas. Se van a reír muchísimo. Y ojo, pueden invitar a sus amigos que no hablan español, porque todo estará traducido.

Repito: 25 y 27 de septiembre, en Washington D. C. y Nueva York. Los tiquetes saldrán a venta este viernes 1 de junio. Por favor, ayúdenos a regar la voz.

Para más información y para comprar entradas ingresen a nuestra página web: radioambulante.org/envivo

¡Gracias, y nos vemos!

[Juliana Deguis]: Y quizás, ahora, a mí me puede dar un poco de miedo porque yo ando en las calles sin documentos. Yo lo ando en la calle así, y me preguntan, digo lo mismo.

[Daniel]: Esta es Juliana Deguis Pierre. Tiene 30 años, nació en la República Dominicana y no tiene papeles. Eso sería quizás más entendible si estuviéramos en otro país y Juliana fuera una inmigrante. Pero no.

[Juliana]: Cantamos el himno como todos los dominicanos y todas las dominicanas, porque somos de aquí. Nacimos aquí, nos criamos aquí.

[Daniel]: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Hoy volvemos a nuestros archivos para escuchar la historia de una mujer que se negó a ser extranjera dentro de su propio país y del Estado que quiere excluirla. Desde Santo Domingo, Luis Trelles nos cuenta.

[Luis Trelles, productor]: Cuando Juliana cumplió los 18 años, fue a hacer lo que hacen todos los dominicanos cuando cumplen la mayoría de edad: sacar su cédula de identidad. Se supone que es un trámite sencillo. Es cuestión de ir a la oficina más cercana de la Junta Electoral, presentar el acta de nacimiento, llenar varios papeles y tomarse una foto. Nada más. En mes y medio llega la tarjeta en el correo.

[Juliana]: Nunca pensé que iba a haber un problema, porque el que nace aquí tiene derecho de tener su cédula.

[Luis]: O por lo menos eso es lo que dice la Constitución. La cita exacta es esta: “Son dominicanos todas las personas que nacieron en el territorio de la República”.  Y, sin embargo, hay una excepción a esta regla: los hijos de los extranjeros que están en tránsito por el país. Y esa frase se refiere a gente como Juliana y su papá.

[Juliana]: Él sí salió de Haití, pero después que regresó aquí, nunca ha ido otra vez, no volvió.

[Luis]: El papá de Juliana salió de Haití cuando tenía 15 años, y lleva 49 viviendo en la República Dominicana sin haber salido nunca. Y no es que haya cruzado la frontera de manera ilegal en busca de una mejor vida.

[Juliana]: Ellos no vinieron así solos, ellos vinieron con unas personas que van a allá a Haití a recoger… a recoger miles y miles de ellos —de haitianos, para traerlos para acá, para República Dominicana, a cortar cañas.

[Luis]: Y es que fue el mismo gobierno dominicano el que los trajo para trabajar en los campos de caña de azúcar. Por eso es tan difícil de entender el estatus que el gobierno le dio a gente como el papá de Juliana, porque después de todo, ¿realmente está en tránsito una persona que lleva más de la mitad de su vida viviendo en el mismo lugar?

Pero los burócratas que atendieron por primera vez a Juliana cuando ella fue a pedir su cédula no repararon en los matices de la Constitución, sino que se fijaron en otros detalles: sus apellidos afrancesados, su tono de piel, y en el lugar donde nació y donde vive: los Jovillos de Yamasá.

Hay cientos de lugares parecidos en la República Dominicana. Los Jovillos es un asentamiento fundado por obreros de caña: un pequeño grupo de casitas rústicas perdidas en el campo. Estos lugares se conocen comúnmente en la República Dominicana como bateyes.

Como Juliana era del batey, los funcionarios vieron su acta de nacimiento y le dijeron:

[Juliana]: “Juliana, tu acta de nacimiento no pasa”. Y yo le digo que por qué mi acta de nacimiento no pasa… Si yo nací aquí.

[Luis]: Nadie le pudo contestar esa pregunta. Pero lo cierto es que le negaron la cédula. También se quedaron con el acta de nacimiento.

Y a Juliana no es la única a la que le ha pasado esto, claro. En la República Dominicana hay miles de descendientes de haitianos en la misma situación, aunque nadie sabe con exactitud cuántos son. Ni siquiera la Junta Electoral, que le ha negado cédulas a unas 40 mil personas. Aun así, una encuesta realizada por el propio gobierno en el 2012 indicaba que el número es mucho mayor: sobre 200.000.

La generación de Juliana nació y se crió muy lejos del país de sus padres. Para ellos, Haití es un lugar distante, ajeno, y muchos ni siquiera hablan creole, el idioma haitiano.

[Juliana]: Y uno aquí, uno nunca aprendes [sic] a hablar creole. Yo sé hablar así mi idioma, el dominicano.

[Luis]: Para esta nueva generación, conseguir la cédula es una lotería. Algunos tienen suerte y la consiguen sin mayores problemas, ya sea porque conocen a alguien en la oficina de registro o porque tienen un apellido castizo. Los que no, usualmente se dan por vencidos. Y deciden vivir en el margen. Porque, sin cédula, no se puede vivir de otra manera.

[Juliana]: La cédula… La cédula sirve, aquí en la República Dominicana, para poder trabajar, y con la cédula puede votar [sic], puedes sacar una tarjeta de ahorro, puedes declarar a tus hijo’…

[Luis]: Trabajar, votar, ahorrar… Es decir, algunos de los derechos básicos de cualquier ciudadano. Más allá del apellido y del acento, hay otro factor que mencioné hace un rato: el color de la piel de Juliana.

La impresión generalizada es que los haitianos son los únicos negros del país, algo que no tiene mucho sentido en la República Dominicana, donde los morenos y los negros son parte de la mezcla básica de la población. Pero este prejuicio contra todo lo afro es muy profundo. Cuando las autoridades hacen redadas para chequear papeles, a los primeros que agarran son a los negros.

[Juliana]: Cuando yo salía a la ciudad, a mí me daba miedo. Yo decía: “Si me encuentro con el camión que recoge los haitianos en la calle, me van a llevar.”

[Luis]: Los que no tienen papeles, normalmente terminan en los buses de la migra, y son deportados. Y no estamos hablando de poca gente: solo en el 2012 fueron más de 12.000.

Sin cédula, Juliana no tenía muchas opciones de conseguir un trabajo legal; así que terminó de empleada doméstica en una casa en los suburbios de la capital, ganando la mitad de lo que ganaría una persona con documentos.

Vivía en la informalidad, bajo la constante amenaza de deportación.

Para todos los efectos, Juliana era una indocumentada sin haber emigrado nunca de ninguna parte.

Juliana pidió su cédula a los 18 años, poco después de que naciera Julio, su primer hijo. Cuando conversé con ella, a comienzos del 2014, tenía 29, y ya había tenido 3 hijos más. Y la frustración se le notaba en la cara. El día que la fui a visitar a su pequeña casita en Los Jovillos, tenía unas ojeras profundas… y se le veía exhausta.

[Juliana]: A veces yo digo que yo me siento cansada. Que yo no puedo ta’ así. No puedo tener mi vida como la tengo, porque yo quiero trabajar, y darle a mis hijos lo que nunca yo le [sic] di.

[Luis]: El día de nuestra reunión, los dos más chicos de 4 y 6 añoscorreteaban entre las casitas precarias hechas con bloques desiguales de cemento. El Estado tampoco les reconoce la ciudadanía a ellos. Una legislación pública les permite estudiar hasta octavo; pero, luego de eso, es muy difícil pasar de grado sin papeles. Y las escuelas que sí les permiten estudiar, no pueden otorgarles diplomas cuando se gradúan. Y eso es lo que más le preocupa a Juliana: el futuro incierto de sus hijos.

[Juliana]: Porque si yo no lucho, nadie vas [sic] a luchar para mí. Yo tengo 4 muchachos que mantener. Que la más chiquita, que tiene 4 años, que siempre me dice que tiene hambre, y todo. Y me gustaría tener y trabajar para cuando mis hijos digan, “quiero esto”, darle a mis hijos.

[Luis]: Cuando Juliana finalmente encontró un poco de ayuda, no fue en una oficina de gobierno, sino con este señor:

[Genaro Rincón]: Soy Genaro Rincón, y yo durante mucho años yo he si… he sido un activista social.

[Luis]: Además de activista, Genaro es un abogado que se especializa en temas de derechos humanos. Después de las elecciones del 2008, se escucharon muchas denuncias de personas como Juliana, a quienes les negaron el derecho a votar. Genaro y su organización investigaron, y en el 2009, llegaron a Los Jovillos.

Fue ahí que conoció a Juliana, y a partir de ese momento, comenzaron a trabajar juntos. El primer paso fue ayudarla a reclamar su acta de nacimiento.

Recordemos que la junta electoral se lo había quitado a los 18 años, cuando Juliana fue a pedir su cédula. Sin ese documento, Juliana corría peligro de ser deportada por error.

Y no estoy hablando de una preocupación abstracta.

[Juliana]: Una vez me encontré con ellos, que venía de mi trabajo. Me pararon y me dijeron: “Dame tu pasaporte”. Y yo le dije: “Yo no uso pasaporte. Yo soy dominicana, yo no uso pasaporte”.  “¿Y cómo te llamas?”. “Juliana”. “¿Adónde tú naciste?”. “En el batey Los Jovillos de Yamasá”.

[Luis]: Esa vez la dejaron ir, pero sus abogados sabían que era una persona muy vulnerable.

[Genaro]: Luego de eso, nosotros, entonces, temíamos de que Juliana y los demás, como no tuviero… no tenían documentos, pudieran ser, eh, detenidos y deportados a Haití.

[Daniel]: Y para evitar que eso sucediera, Genaro y otras organizaciones decidieron hacer algo al respecto. Luego de la pausa, la lucha para evitar que Juliana, y miles más como ella, sean expulsados de su propio país.  

Ya volvemos.

 

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[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa conocimos a Juliana Deguis Pierre, y la lucha que la ha llevado a ser reconocida como lo que realmente es: una mujer dominicana.

Pero no es tan fácil. Miles de descendientes de haitianos nacidos en República Dominicana no tienen acceso a sus documentos de identidad. Y eso los convierte en una población que podría ser deportada en cualquier momento.

[Daniel]: Genaro Rincón, un abogado especialista en derechos humanos, comenzó a trabajar para que no los deportaran.  

Luis Trelles nos trae el resto de la historia.  

[Luis]: Genaro buscó medidas para evitar que eso pasara. Y no era el único.  Varias organizaciones hacían un trabajo similar. Juntas, las instituciones decidieron buscar apoyo con los organismos internacionales. Y en febrero del 2013 se presentaron ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington.

La idea era que un organismo internacional presionara al Estado dominicano para evitar las deportaciones. Genaro presentó 80 casos de personas vulnerables. Y al final lograron lo que buscaban.

[Genaro]: El día 10 de junio del año 2013, la Comisión la otorgó. En donde le decía, a través de su resolución, al Estado dominicano que evitara deportar a Juliana y los demás.

[Luis]: Genaro y el resto de los abogados seguían una estrategia doble: por un lado, presentaban los casos en las instituciones internacionales; y por otro, en los tribunales locales, donde el asunto llegó hasta el foro más alto de la República Dominicana: el Tribunal Constitucional.

Lo que pedían era sencillo:

[Genaro]: Nosotros estábamos pidiendo solamente al tribunal que le entregue su documento, su acta de nacimiento y que tenga la posibilidad de tener acceso a su cédula, para poder, entonces, hacer todos sus actos de su vida civil y que si… como ciudadano común y corriente.

[Luis]: El litigio incluía a cientos de solicitudes unidas por el mismo tema: el estatus legal de los hijos y nietos de haitianos nacidos en la República.

Los abogados de varias organizaciones se preparaban para una decisión del Tribunal Constitucional, pero no sabían cuál de todos los casos sería el escogido.

[Genaro]: Sabíamos que, por… como nosotros habi… habíamos hecho tanta presión a nivel internacional, la respuesta tenía que ser en función de los casos que nosotros teníamos, pero no sabíamos que iba a ser Juliana.

[Luis]: Y eso fue lo que pasó. Aunque, según Genaro, tampoco fue por casualidad.

[Genaro]: ¿Cómo lo sacó? Bueno, de entre todos los casos, entonces, el Tribunal Constitucional entendía que era el más débil, el que tenía… decía peor documentado, y lo tomó.

[Luis]: Los jueces seleccionaron el caso de Juliana de manera estratégica. Querían acabar con el debate de los descendientes de haitianos de una vez por todas. Y el 23 de septiembre del 2013, llegó el fallo.

(SOUNDBITE DE NOTICIERO)

[Periodista]: La decisión del Tribunal Constitucional dominicano de despojar de su nacionalidad a miles de hijos de haitianos nacidos en la República Dominicana crea una crisis humanitaria y coloca a muchos de ellos en la posibilidad de ser desportados [sic].

[Luis]: Nadie esperaba una sentencia tan abarcadora.

[Genaro]: Eh, la sentencia del Tribunal dice que todos los dominicanos nacidos desde el año 1929 hasta la fecha, 2013, entiende: hijos de inmigrantes igual que Juliana no tenían derecho a la nacionalidad.

[Luis]: En teoría, la sentencia afectó a los hijos de inmigrantes de todos los países. Pero, en la práctica, los más perjudicados fueron los descendientes de haitianos.

Y en el centro de todo estaba Juliana, cuyo caso provocó la sentencia. Aunque la verdad es que ella ni siquiera sabía bien lo que estaba pasando. Llevaba meses sin tener contacto con sus abogados.

[Juliana]: Yo casi no hablaba con ellos porque yo trabajaba, no tenía tiempo.

[Luis]: Y por eso ni siquiera se enteró de lo que estaba en juego con la decisión del Tribunal. El mismo día que se anunció el fallo, se apareció la primera periodista en el trabajo de Juliana.

[Juliana]: Y ella me dijo: “Juliana, salió la sentencia, que no te van a dar tu cédula, que dicen que tú no eres dominicana”. Y de ahí me sentí muy triste. Se me saltaron todas las lágrimas. Que yo le dije: “No, eso no puede ser así, porque soy dominicana porque nací aquí. Nací aquí.”

[Luis]: Después del fallo llegó una atención mediática que Juliana no se esperaba. Aparecía constantemente en los periódicos y en los noticieros de televisión. Y eso le causó muchos problemas en el trabajo.

[Juliana]: Porque si esa sentencia no había salido [sic], yo pudiera estar trabajando. Pero como sale esa sentencia, y los dueños de casa, viéndote por la tele, viéndote por donde quiera, y ahí ninguna [sic] te… te aceptan en su casa, porque te dicen: “¿Y por qué tú estás en la tele?”. Que por qué tú estás haciendo esto.

[Luis]: Una semana después de que salió la noticia, la echaron del trabajo.

Las cosas tampoco andaban bien en el batey. Sus vecinos de toda la vida ahora le echaban la culpa por la sentencia.

[Juliana]: Sí, yo he recibido muchas críticas. Ellos creen que la situación mía le va a afectar a ellos por mi caso. Pero eso… hace mucho que eso está ahí. Lo que pasa es que eso, como quien dice, que esta bomba no había explotao’. Y ahora fue que la bomba explotó. Y creen que por mí.

[Luis]: Pero no todos la criticaban. Algunos crearon una campaña reclamando los derechos de los descendientes de haitianos, y pusieron a Juliana como representante:

[Genaro]: Somos todos y todas Juliana. No importa que seamos, eh, hijos de inmigrantes haitianos o de dominicanos. No importa.

[Luis]: La campaña incluía cartas abiertas en los periódicos, manifestaciones,  charlas en los bateyes. Con el tiempo, Juliana se convirtió en una figura inescapable en los medios dominicanos.

(SOUNDBITE DE NOTICIERO)

[Reportaje]: La sentencia fue el resultado de un recurso de amparo que interpuso la joven de ascendencia haitiana Juliana Deguis cuando intentó sacar su cédula de identidad y, en cambio, le incautaron su acta de nacimiento.

[Luis]: El Tribunal le dejaba solo una opción a los afectados: olvidarse de la ciudadanía dominicana y someterse a un proceso de naturalización. Eso quiere decir que el gobierno registraría a los descendientes de haitianos como extranjeros.

[Juliana]: El Tribunal dice que tengo que naturalizar, pero yo lo digo que no [sic]. Que no voy a hacer eso. ¿Por qué no lo voy a hacer?  Porque yo soy de aquí, de la República Dominicana. Como no lo voy a hacer yo, no lo va a hacer nadie.

[Luis]: Con ese desafío, Juliana se echaba en contra a todo un sector con mucho poder político: los nacionalistas. Para ellos, Juliana no era sólo una extranjera, sino que además, con cada día que desafiaba la sentencia, también se convertía en una criminal.

[Juan Miguel Castillo]: La ley no se hizo para que la señora Deguis, o a cualquiera otra persona en su… en su similar situación, le guste o no le guste [sic].  Está para cumplirla.

[Luis]: Este es el abogado Juan Miguel Castillo Pantaleón, un jurista dominicano que ha escrito varias leyes de inmigración en los últimos años. Es uno de los críticos más severos de la campaña que ha llevado Juliana.

[Juan Miguel]: Ella debe de hacer lo que la ley y las instituciones ordenan. Desafiarlas y desafiar las autoridades no es lo que más le… se le… se le… le resultará recomendable a esta persona.

¡¿Por qué se empecinan en algo que sencillamente perjudica a esa persona?! ¡Porque la única persona que se perjudica es Juliana Deguis! Y atención: ¡Y sus hijos!

[Luis]: Dejar de registrarse como extranjera convertía a Juliana en una residente fantasma. Y eso es un gran riesgo para alguien que está luchando por quedarse en el lugar que considera su patria.

Cuando la visité en febrero del 2014, 5 meses después de la sentencia, Juliana seguía en el mismo limbo civil.

[Juliana]: ¿Qué yo puedo hacer para conseguir mi cédula? Es seguir luchando como estoy luchando. Yo soy Juliana Deguis Pierre. Soy yo la… la de la sentencia. No nos vamos a desesperar, vamos a luchar hasta que se resuelva todo ese problema.

[Genaro]: Es una persona que no existe, jurídicamente. Es una persona vulnerable, una persona en alto riesgo, de manera permanente. Y si no tiene derecho a la… a la nacionalidad, y no tiene ninguna otra na… otra opción de otra nacionalidad, ¿cómo se convierte? En apátrida.

[Luis]: Recordemos que no estamos hablando solo de la historia de una mujer, sino de decenas de miles de personas en el mismo vacío legal. Gente que solo conoce un país: la República Dominicana. Y que ahora, por un fallo legal, se convirtieron súbitamente en personas sin patria.

Mientras tanto, la presión internacional continuaba. Las Naciones Unidas, el Departamento de Estado de los Estados Unidos y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños se expresaron en contra de la sentencia. En lo comercial, algunas empresas y organizaciones internacionales cancelaron convenciones y eventos en la República, afectando la industria turística local.

Y después de 10 meses de protestas y presiones internacionales, el presidente dominicano Danilo Medina cedió, y pasó una ley que reconocía la nacionalidad de algunos descendientes.

Los que se benefician son las personas como Juliana, aquellas que ya tenían un acta de nacimiento cuando comenzaron a buscar la cédula.

En agosto del 2015, Juliana por fin pudo ir a una oficina de la Junta Electoral a reclamar sus papeles. Los medios que tanto habían seguido su caso documentaron este momento.

(SOUNDBITE DE NOTICIERO)

[Periodista]: Juliana se presentó a esta Junta del distrito en compañía de sus abogados. El proceso para entregarle su cédula duró alrededor de 15 minutos.

[Luis]: Y confieso que yo lo celebré.

Fue emocionante verla sonriendo por primera vez en televisión. Y aunque el final es feliz para Juliana, eso no cambia la situación de aquellos que no tienen ningún tipo de documento ni estatus legal. Y son muchos.

Algunas organizaciones estiman que podrían ser más de 50.000. La razón es sencilla: no todos los que nacen en los bateyes reciben actas de nacimiento. Y para los que no tienen un acta, la nacionalidad dominicana sigue siendo igual de inaccesible.

Y este decreto presidencial tampoco cambia los prejuicios de un sector de la sociedad dominicana, como los de esta señora que salió grabada en una manifestación nacionalista a finales del 2014.

(SOUNDBITE DE VIDEO)

[Señora nacionalista]: ¡Traidores!, ¡malagradecidos!, ¡sucios!, ¡enfermos!, ¡asquerosos!… ¡Negros! ¡O se van en paz o los sacamos a pedradas! ¡O a balazos!

[Luis]: Pero no es solo ella, claro. Expresiones como esa se escuchan a diario en Santo Domingo. Se trata de un rechazo xenofóbico y racista muy profundo, aunque también es un resentimiento inútil. Hay varias generaciones ya de descendientes de haitianos que son parte de la República Dominicana.

Y ellos no se van a ir a ninguna parte.

[Daniel]: Desde que lanzamos esta historia por primera vez, en el 2015, Juliana logró  sacar su pasaporte y ha viajado a Holanda y a Haití para alertar a la comunidad internacional sobre la situación de descendientes de haitianos como ella. Aún vive en los Jovillos de Yamasá y ha vuelto a conseguir trabajo como empleada doméstica en la capital.

Muchos otros no han tenido la misma suerte. Según Reconocido, una organización que se dedica a ayudar a descendientes de haitianos, un plan de normalización para personas como Juliana no ha tenido el efecto esperado.  Más de 40.000 personas aún no han podido resolver sus casos.

Esto puede tener consecuencias graves, como el destierro. Un informe de Human Rights Watch, que salió en el 2016, documentó los casos de docenas de  personas que estaban en Haití sin ningún tipo de documentos, y que decían haber nacido en República Dominicana.

 

Luis Trelles es productor de Radio Ambulante y vive en Nueva York. Esta historia fue editada por Camila Segura y por mí. La mezcla de sonido es de Andrés Azpiri.

Agradecemos la ayuda del abogado Manuel Dandré, Juan Alberto Vill y el periodista Panky Corcino.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Silvia Viñas, Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Ana Prieto,  Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina.  Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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