Episodio 35

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Transcripción – Los niños perdidos [Parte 1]

[Joshua Johnson, host 1A]: ¿Dónde podemos debatir los grandes problemas del momento sin ser atacados por hacer oír nuestra voz en el internet? 1A da un espacio seguro e inteligente para tener las conversaciones difíciles todos los días de la semana. Y en el recuento de noticias de los viernes, analizamos las historias más importantes de la semana. Soy Joshua Johnson. Encuentra A1 en el app de NPR One o donde escuches tus podcasts.

 

[Martha Lucía López]: Era un ruido… ensordecedor. Es algo que yo nunca en la vida he vuelto a oír.

[Daniel Alarcón, host]: Esta es Martha Lucía López.

[Martha Lucía]: Porque a veces sonaba… como el río furioso que uno oye cuando está lloviendo y uno está en el campo.

[Daniel]: Es colombiana, y sobreviviente de lo que se conoce en ese país como “la Tragedia de Armero”: cuando el volcán Nevado del Ruiz hizo erupción en 1985.

[Martha Lucía]: Pero a veces sonaba como cuando uno abre un cilindro de gas o como cuando una olla “express” suena.

[Daniel]: Lo que pasó en Armero fue una de las peores catástrofes naturales del siglo XX en todo el mundo, dejando más de 25 mil muertos y miles de desaparecidos.

[Martha Lucía]: Como una cosa… como un… era entre un golpeteo y un “ssssss”, no sé, una cosa… Yo, no sé, yo no… Yo no lo logro definir.

[Daniel]: Todo comenzó con una erupción ni siquiera tan grande del volcán. El hielo que cubría el nevado se derritió, y de ahí millones de litros de agua bajaron con una velocidad brutal por el río Lagunilla hasta llegar a Armero.

Y aunque había 46 kilómetros entre el volcán y la ciudad, los residentes de Armero no tuvieron tiempo de reaccionar.

La avalancha llegó a eso de las 11 de la noche. Y en menos de una hora, una ciudad tranquila, próspera, prácticamente desapareció.

Pero ahí no termina la historia, por supuesto. Mejor dicho, apenas comenzaba.

Aquí nuestro productor, David Trujillo.

[David Trujillo, productor]: Primero hay que entender cómo era Armero antes de la avalancha.

[Martha Lucía]: Todos los que vivíamos allá vivíamos muy contentos. Una ciudad pequeña, donde finalmente, pues, todo el mundo se conocía…

[David]: Martha Lucía López, o Chía, como le han dicho toda la vida, no era originalmente de Armero. Se mudó ahí en 1979 a hacer su práctica después de estudiar agronomía.

[Martha Lucía]: Típico pueblo de tierra caliente, donde las casas en general eran de una, máximo dos plantas.

[David]: Muchas casitas con sus antejardines. Y la plaza, el parque central…

[Martha Lucía]: Como cualquier otro parque de pueblo: con sus árboles grandes, estaba la iglesia. Y sí, realmente, pues, alrededor de toda esa zona estaban los lugares donde uno iba y se reunía con los amigos y conversaba y tomaba algún refresco.

[David]: Para ese entonces, Armero era una de las zonas agrícolas más importantes del país. Le decían “La Ciudad Blanca”, por ser la mayor productora de algodón de Colombia. La tierra era muy fértil, como muchas zonas del departamento del Tolima, y se podía cultivar casi todo. Cuando se graduó, Martha Lucía empezó a trabajar donde había hecho su práctica en una empresa de plantas y frutas.

En 1980 quedó embarazada del novio de entonces…

[Martha Lucía]: En esa época es que nace mi hijo.

[David]: Le puso Sergio Melendro López. Un poco después, la relación con el papá de Sergio terminó, y en la misma empresa donde trabajaba conoció a Darío. Empezó a salir con él y luego se fueron a vivir juntos. Para el momento de la avalancha, 1985, Sergio tenía 5 años.

El volcán se había activado hacía más o menos un año, y desde ese momento los medios iban sacando informes de lo que estaba pasando.

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Periodista]: Los científicos se encargarán de investigar a fondo el comportamiento de la zona volcánica del Nevado del Ruiz, y de definir planes para la prevención de desastres.

[David]: Todo tipo de desastres, no solo explosión de lava. Porque, en septiembre de 1985,  Ingeominas la entidad del Estado que estudiaba el volcán sacó un informe en el que explicaba que el calor del cráter estaba produciendo algo más…

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Periodista]: El progresivo deshielo del Nevado del Ruiz, como consecuencia de las altas temperaturas que hay en su interior, es la principal preocupación que hoy tienen los sismólogos que investigan el fenómeno. Sobre todo porque ha aumentado considerablemente el caudal de los ríos que nacen en la montaña.

[David]: Pero como muchos habitantes de Armero, Martha Lucía…  

[Martha Lucía]: Yo, personalmente yo, estaba totalmente ignorante de… de lo que pudiera pasar…

[David]: Dos meses antes de la erupción, en septiembre, algunos congresistas pidieron que se tomaran medidas para proteger a la población. Un deshielo podía provocar una avalancha, y varias comunidades a lo largo del río Lagunilla estaban en peligro.

Pero no todos estaban de acuerdo.

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Experto]: No creo que las poblaciones aledañas a la base del Nevado del Ruiz deban preocuparse hasta el punto de que estén vendiendo fincas o emigrando de la zona.

[David]: Varios expertos minimizaron esos temores.

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Experto]: No hay motivo científico para estar con la preocupación que se ha creado en la población. Sino para mantener calma y esperar el desarrollo que se avisará a tiempo en caso de que hubiera peligro, que por el momento no lo hay.

[Experto]: Pedimos también un poco de calma y de serenidad. Parece que el peligro no es tan inminente.

[David]: El mismo ministro de Minas los tildó de apocalípticos, y que no necesitaban más precauciones de las que ya se tenían. Y nadie hizo nada.

Ese 13 de noviembre, Martha Lucía manejó un poco más de una hora hasta Ibagué para hacerse unos exámenes médicos. Ahí confirmó lo que ya sospechaba: tenía 3 meses de embarazo. Pasó todo el día en Ibagué, y cuando regresó a Armero eran más o menos las 7 de la noche. Dejó el carro a una cuadra de su casa, en un parqueadero que tenía rentado. Y se fue caminando.

[Martha Lucía]: Y yo sentía que me cayó tierra en los ojos, y dije, “ay, qué polvero el que hay”, pues como pensando cuando había mucho verano había mucho polvo en el ambiente. Pensé  en eso.

[David]: Pero cuando llegó a su casa y prendió el radio, en la emisora local estaban diciendo que, desde esa tarde, estaba cayendo ceniza del volcán.

[Martha Lucía]: El viento la llevaba hasta Armero y que, por favor, tapáramos los tanques del agua. Que si aumentaba la emisión de ceniza, que nos pusiéramos un tapabocas, para protegernos. Pero nada más. Que nos resguardáramos en las casas, que no iba a pasar nada…  

[David]: Y entonces no se preocupó. Siguió con su rutina normal.

[Martha Lucía]: Normalmente, todos antes de ir a la cama nos bañábamos. Todo ese tiempo fue con mi hijo en la bañada, conversando… Él quería un hermano, y esa noche me habló de que ese era el regalo que le iba a pedir al Niño Dios, un hermano.

[David]: Martha Lucía todavía no había asimilado muy bien la idea de volver a ser mamá, así que decidió no decirle nada a Sergio.

[Martha Lucía]: Bueno, rezó y, como siempre, dormía abrazado de un Pluto, de un peluche que tenía, y esa noche me habló de los rayos y de los truenos, y me preguntó que por qué el cielo se iluminaba y que por qué había ruidos en la noche, que él a veces tenía miedo.

[David]: Y es que esa noche estaba lloviendo duro. Se oían truenos.

[Martha Lucía]: Cuando le explico, él como que le habla a su… a su muñeco, que le decía Pepe, y le dice: “¿Sí ves, Pepe?, que esos ruidos no es nada, no tienes que tener miedo”. Lo mismo que yo le dije, le dijo a su peluche.

[David]: Abrazó al muñeco y se quedó dormido.

Martha Lucía se fue a acostar, pero antes prendió la televisión. Al final del noticiero dieron la siguiente noticia:

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Periodista]: Aquí acabamos de recibir en los estudios de Inravisión una noticia que no es muy afortunada aparentemente. Se ha establecido una comunicación entre la estación de Inravisión que funciona en las faldas del Nevado del Ruiz, en el departamento de Caldas, con el máster de Inravisión aquí en Bogotá, y todo parece indicar que se está presentando en este momento una nueva erupción del volcán del Ruiz.

[Martha Lucía]: Y yo recuerdo que yo recé por todas las personas que vivían en Manizales y porque Dios los protegiera y porque nos les pasara nada malo.

[David]: Manizales es una ciudad que queda al otro lado del volcán, a unos 29 km en línea recta. Martha Lucía se preocupó por la gente de allá, porque siempre se había dicho que Manizales era la ciudad con más riesgo en caso de que el volcán explotara.

Después de las 10 de la noche, Martha Lucía ya estaba dormida. De repente, la despertó su esposo que se estaba vistiendo.

[Martha Lucía]: Yo le dije: “¿Para dónde vas?”.

[David]: Darío le contestó que iba a ir a la estación de bomberos a preguntar cómo podía ayudar en caso de que hubiera inundación.

[Martha Lucía]: Y yo le dije me quedé pensando y le dije—: “No, yo quiero ir a oír a ver qué te van a decir”. Y me puse cualquier cosa encima, y salí detrás de él.

[David]: Cuando salieron de la casa, ella le dijo a Darío…

[Martha Lucía]:  “Pero no está lloviendo”. Que cae… Ahí me doy cuenta que no caía agua sino que caía arena…

[David]: Arena no. Era ceniza.

Entonces entró al cuarto de Sergio…

[Martha Lucía]: Yo pensé en llevármelo, pero después dije: “Ah, tanto…  Fue tan difícil dormirlo, y además ya vengo”, porque yo iba solamente a ver qué pasaba en bomberos.

[David]: Entonces lo dejaron con Rubiela, la persona que les ayudaba en la casa. Martha Lucía y Darío salieron en el carro hacia la estación de bomberos que quedaba muy cerca.

[Martha Lucía]: Creo que la distancia en “L” serían como 3 cuadras.

[David]: Cuando llegaron, todo parecía muy tranquilo. Las luces estaban apagadas y nadie los atendió.

[Martha Lucía]: Y entonces, pues, dijimos: “No, no pasa nada, vámonos”. Mi esposo le dio la vuelta al carro en esa misma calle, pero cuando nosotros ya estábamos pasando el hospital… ahí se va la luz.

[David]: Estaban como a una cuadra y media de la casa.

[Martha Lucía]: Cuando se va la luz, yo le digo: “Apúrate porque Sergio se va a despertar porque se le apaga  el ventilador”.

[David]: Dieron la vuelta y cuando empezaron a subir por la calle de su casa…

[Martha Lucía]: La avalancha empezó a bajar por la calle nuestra. Y Darío me dice: “No puedo subir con el carro porque… baja un río”.

[David]: Un montón de agua negra bajando a toda velocidad. La gente salía de sus casas, asustada por lo que estaba pasando. Darío le dijo a Martha Lucía que se fuera en ese carro para Mariquita un pueblo a unos 30 minutos de ahí. Que él iba a buscar a Sergio y a Rubiela para llevarlos en el otro carro que tenían y encontrarse allá.

[Martha Lucía]: Yo me imaginaba a Sergio encima de la mesa del comedor con la empleada, y que había una inundación.

[David]: Darío salió corriendo y Martha Lucía se quedó.

[Martha Lucía]: Pegada en el carro como estatua. Yo solo como que cierro los ojos y pienso y oigo los gritos de la gente que me decía: “¡Señora, arranque que se acabó el mundo!”. Y todo el mundo gritando que prendiera el carro y me fuera, y yo no prendía el carro.

[David]: Darío trató de seguir hasta la casa a pie. Pero el agua que bajaba ni siquiera lo dejó cruzar la acera y lo arrastró otra vez hasta al carro. Darío se subió y decidieron devolverse para tratar de llegar a la casa por el otro lado. A mitad de camino, la avalancha empezó a arrastrarlos. Entonces tuvieron que saltar y tratar de seguir a pie.

[Martha Lucía]: Nosotros solo queríamos llegar a la casa a buscar a Sergio.

[David]: Pero cuando trataron de subir por la otra calle, se encontraron con muchísima gente que venía corriendo hacia ellos.

[Martha Lucía]: Muchas veces Darío me tuvo que levantar del piso, y yo recuerdo que me pasaban como por encima, que me pisaban.

[David]: Llegaron a la esquina, y ahí Martha Lucía sentía que ya no podía caminar bien…

[Martha Lucía]: Ya era como más bien estar dentro de una piscina. Entonces ya nos subimos a un árbol.

[David]: Martha Lucía sentía que las olas de lodo los movían de arriba a abajo.

Llegó un momento en el que se dieron cuenta de que el árbol ya no podía aguantar más su peso. Entonces unas personas los ayudaron a subir al techo de una casa que tenían al frente. Así de alto estaba el nivel del lodo.

Otras personas se subieron al mismo techo. Eran como las 11 de la noche. No había luz y solo veían como flashes, como luces relámpago que no sabía qué eran: si truenos, o cilindros de gas explotando, o cortocircuitos.

Oía a la gente que estaba a su lado, en ese techo…

[Martha Lucía]: El niño que llora, la señora que llora, el señor que grita, los lamentos de todos…

[David]: Martha Lucía y Darío quedaron a una cuadra de su casa, sin poderse mover. La avalancha seguía y el desespero de no poder hacer nada ni de llegar a Sergio era horrible. Además de todo, empezó a llover…

[Martha Lucía]: Entonces era lluvia, ceniza, ruido, lamentos… Bueno, vomitaba, lloraba, al rato era el otro. Como que no… como que era por turnos que perdíamos la calma.

[David]: Esa noche nadie durmió.

[Daniel]: Una pausa y volvemos.

 

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[Martha Lucía]: Y al día siguiente, haz de cuenta… que amanece el pueblo lleno de una neblina, una bruma, oscuro. Era algo que tú no veías más allá de la nariz.

[Daniel]: La avalancha ya había parado.

[Martha Lucía]: Todo era una playa gigante, era un paisaje muy desolador.

[Daniel]: David Trujillo nos sigue contando.

[David]: Todos eran del mismo color: grises por el barro. La mayoría estaban desnudos. La avalancha les había arrancado la ropa. El pueblo había sido arrasado. Las pocas construcciones que quedaban estaban enterradas casi por completo en una masa espesa, como concreto.

[Martha Lucía]: Oír los lamentos de la gente pidiendo auxilio, como que de la tierra brotaban los  gritos de la gente. Era algo… no, no, no, era algo increíble.

[David]: La casa de Martha Lucía, que quedaba diagonal a donde estaban,  ya no existía. Entonces pasó una avioneta.

Los que estaban en el techo hicieron señas con los brazos… Pero no paró.  

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Yamid Amat]: El señor Rivera, en una avioneta de fumigación, sobrevoló Armero. Y la información suya, señor Rivera, ¿cuál es?

[David]: Era el primer sobrevuelo de Armero después de la avalancha. Al aterrizar, el piloto, Fernando Rivera, habló con Yamid Amat, periodista de Caracol Radio.

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Fernando Rivera]: Pues que Armero quedó arrasado en un casi un ciento por ciento.

[Yamid Amat]: Sí. ¿A qué horas tuvo usted la visión sobre Armero?

[Fernando Rivera]: Eh, más o menos a las 6 de la mañana.

[Yamid Amat]: ¿Qué tipo de descripción podría hacer sobre lo que observó?

[Fernando Rivera]: Eso quedó… todo lodo. Borró casas, borró todo, todo, todo.

[Yamid Amat]: ¿Pero usted podría hablar de cuántas personas muertas?

[Fernando Rivera]: Pues, la mejor forma es que averigüen cuántos habitantes tenía Armero y de ahí saquen la cuenta de que no hay ni siquiera un 2% de los habitantes sobrevivientes. De resto casi todos murieron.

[David]: Es obviamente una cifra apresurada, aproximada, salió de lo primero que vio el piloto, pero lo que se entiende es la escala de la devastación.

En Armero, Martha Lucía y Darío ya habían pasado más de 12 horas subidos en ese techo. Mientras Darío intentaba ayudar a la gente, ella estaba en shock.

[Martha Lucía]: Uno estaba como un animalito asustado con su cabeza en blanco. Entonces uno no era capaz ni de razonar, ni hablar, ni decir nada, sino era… ahí. Que si estaba golpeado o no, a uno no le importaba el dolor físico.

[David]: Hasta que como al medio día llegaron los socorristas. Eran brigadas de la Cruz Roja, de la Defensa Civil, militares, policías y voluntarios. Todo era un poco improvisado.

En Colombia nunca había pasado una catástrofe así, y pues, el Estado no estaba realmente preparado. Los socorristas no estaban entrenados para meterse a una piscina gigante de lodo y sacar a las personas atrapadas.

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Rescatista]: Necesitamos unos neumáticos porque nosotros llegamos hasta donde está la gente, pero para hacer el traslado es imposible. Entonces unos neumáticos necesitamos…

[Rescatista]: Se sientan y se jalan.

[Rescatista]: Es más fácil.

[David]: No había la maquinaria para quitar los escombros y rescatar a los heridos.

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Periodista]: Y se requiere con urgencia, si es posible, desplazar desde Mariquita maquinaria pesada para la remoción del lodo y de escombros. Si esa labor de despeje no se cumple en el término de 12 horas, la masa de lodo, de rocas, de arena, de ceniza se solidificará.

[David]: Llevaban equipos para atender quemaduras porque pensaban que había sido lava lo que había llegado a Armero, pero cuando se encontraban con heridas más complejas es decir, con personas mutiladas, con múltiples fracturas o con objetos enterrados en el cuerpo no podían hacer nada. Los equipos médicos no tenían las herramientas para atender a los heridos.

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Periodista]: Los medios para la asistencia clínica resultan pocos en virtud al abundante número de heridos y a la deficiente dotación del hospital.

[Médico]: Necesitamos con suprema urgencia materiales de sutura, necesitamos vendas, necesitamos materiales de limpieza, de curación. Y en especial drogas, antibióticos.

[David]: El techo del hospital se convirtió en un helipuerto improvisado. Desde ahí los helicópteros militares evacuaban a los heridos.

Eran casi las 3 de la tarde cuando sacaron a Darío y a Martha Lucía. Los  trasladaron a Lérida, un pueblo muy cercano donde se instalaron campamentos para recibir a los rescatados. Martha Lucía no tenía heridas tan graves, solo algunos moretones en los brazos y piernas. Pero el impacto psicológico era enorme.

[Martha Lucía]: Nos curan y nos vacunan y nos cambian y bueno… Y de ahí nos montan en un bus y nos mandan para Ibagué.

[David]: Y en ese bus…

[Martha Lucía]: Todo el mundo vuelto nada, nadie hablaba con nadie, todos… El uno golpeado, el otro rayado, el otro herido, el otro… como zombie. Todo el mundo. Era como cargando ganado.

[David]: Las heridas de Darío tampoco eran muy graves, así que apenas pudo regresó a buscar a Sergio.

A Martha Lucía la trasladaron a Bogotá. Había riesgo de aborto, y el hospital de Ibagué no daba abasto con la cantidad de heridos que recibía. Ahí le hicieron una ecografía, y la doctora le dijo:

[Martha Lucía]: “A mí me prohibieron hablarle de bebés a usted, pero su bebé está ahí. En la puertica, pero ahí está”.

[David]: Le dijeron que no podía salir de la clínica hasta que ya no hubiera riesgo de aborto, y le ordenaron reposo absoluto. Todos los días había amenaza de pérdida. Ella estaba desconsolada, pensando en Sergio todo el tiempo.

Mientras tanto, la familia de Martha Lucía buscaba a Sergio por cielo y tierra: en hospitales, en albergues, y en pueblos cercanos a Armero. Siempre iban con una foto preguntando si lo habían visto. Hasta salió una foto de Sergio en el noticiero con sus datos. Y desde la clínica, Martha Lucía preguntaba por él todos los días. Pero Sergio nada que aparecía. Y Rubiela, la niñera, tampoco.

La familia de Martha Lucía empezó a convencerse de que lo más probable era que estaba muerto… Pero ella no.

[Martha Lucía]: Porque siempre yo decía: “No, yo siento que él está en alguna parte, yo siento que él está vivo”.

[David]: Ella empezó a sentir que su familia la juzgaba…

[Martha Lucía]: Todos en mi casa como que me decían más o menos… “Se va a chiflar”. Entonces siempre era como que.. más bien no vuelvo a hablar del tema… Y el dolor era solo mío, para mí.

Yo creo que pasé llorando sola mucho tiempo.

[David]: Martha Lucía tuvo que volver a trabajar a la zona un mes después de la avalancha. Vivía relativamente cerca a Armero, y obviamente fue muy difícil…

[Martha Lucía]: Pasar los días y salir a trabajar, y encontrarme con las cosas de las casas enterradas, encontrarme con todo por donde uno caminaba cuando salía uno a trabajar y a adecuar los terrenos para poder volver a sembrar.

[David]: Ahí se reencontró con compañeros del trabajo que también habían vivido la avalancha. Y claro…

[Martha Lucía]: Había un tema común, y solo hablábamos de lo mismo. Y yo creo que era de las que menos hablaba del tema, sino más bien me quedaba callada, o me paraba y me iba como a tratar de evitar oír…  

[David]: Cuando manejaba por la zona y tenía que pasar por Armero, se bloqueaba.

[Martha Lucía]: Siempre era como que tenía una cortina al frente mío, y no pensaba en que pasaba por ahí.

[David]: Y también le pasó algo más…

[Martha Lucía]: Y es que olvidé nombres de personas y de lugares que para mí eran muy importantes y que eran lugares que yo frecuentaba. Pero eso no  es que ocurrió ahorita, no es por… por los años que han pasado, sino fue, digamos, que en el momento más inmediato de cuando pasó Armero.

[David]: Era un mecanismo para protegerse del trauma y poder seguir con su vida.

[Martha Lucía]: Yo, pues, de hecho, creo que los primeros años prácticamente casi ni hablaba del tema.

Fue poner un velo en los ojos, fue poner un muro en el corazón y decir: “No oigo, no veo, no entiendo, no… no siento nada”. Tal vez fue la única manera de no perder la razón… después de perder mi hijo y después de vivir tanto dolor al… de vivir alrededor de tanto dolor…

[David]: En mayo de 1986, 6 meses después de la avalancha, Martha Lucía tuvo su segundo hijo, Felipe. 3 años después tuvo un tercero, Camilo. Todo ese tiempo vivieron y trabajaron cerca a Armero. En 1990, se mudaron con los niños a Bogotá. Y durante 27 años no volvió a tocar el tema de Sergio.

Pero Martha Lucía nunca pudo convencerse de que su hijo había muerto.

En el 2012 Martha Lucía se enteró de que existía una fundación que se llamaba Armando Armero, que cada año reunía gente para conmemorar la avalancha. Ese año se sintió con fuerzas de volver a hablar de Sergio, y en la fundación le sugirieron que hablara con su familia del tema, que les volviera a hacer todas las preguntas que tuviera. Una de las primeras personas a las que llamó fue a su hermano Gustavo, que la había ayudado a buscar a Sergio después de la avalancha. En medio de esa conversación, se enteró de que su hermano había durado casi 30 años sin cortarle algo muy importante.

Aló, ¿Gustavo?

[Gustavo López]: Aló.

[David]: Llamé a Gustavo por teléfono para que me contara él mismo lo que pasó. Me contó lo mismo que le contó a su hermana: que en los días siguientes a la avalancha, él se había ido a muchos pueblos cercanos con una foto de Sergio. Mucha gente de los refugios estaba en shock y cuando él se las mostraba…

[Gustavo]: Lo miraban a uno con una mirada toda extraviada y no le contestaban si sí, ni nada, no.

[David]: En uno de esos pueblos cercanos, en Venadillo, Gustavo le mostró la foto de Sergio a un socorrista de la Cruz Roja.

[Gustavo]: Y él me dijo esto, me dijo: “Ese niño, yo lo vi. Yo lo… lo tuve porque el niño se me quedó grabado”.

[David]: Por el apellido. Melendro. Tenía un conocido con ese apellido.

[Gustavo]: Y él me dijo así: “Yo… Yo lo atendí, yo lo atendí al niño”. Y dijo: “Estaba herido de un bracito, y nosotros medio lo curamos y lo mandamos para allá, pa’ la Cruz Roja”.

[David]: Cuando Gustavo se fue a la Cruz Roja y volvió a preguntar por Sergio, ya nadie le dio razón de él.

Siguió buscando en toda la zona: en refugios, hospitales, campamentos, pero nada.

Para Gustavo, ver cómo estaba su hermana después de la pérdida de Sergio fue muy difícil. La veía muy deprimida.

[Gustavo]: Entonces yo no quise nunca decirle: “Mire, esto pasó”. No, yo no le quise comentar nada de eso.

[David]: Martha Lucía lloró mucho. Se le mezclaron un montón de sentimientos. Sintió rabia y frustración por haber perdido tantos años en silencio en vez de haber buscado a su hijo. Pero al mismo tiempo sintió algo de esperanza al saber que Sergio podía estar bien, en alguna parte.

Apenas colgó con Gustavo, llamó a su hermana Olga Cecilia. Necesitaba desahogarse. Cuando le contó lo que le había dicho su hermano, ella también le dijo algo que pasó pocos meses después de la avalancha. Esta es Olga Cecilia…

[Olga Cecilia López]: Recibimos una llamada en la casa que era de parte del Bienestar Familiar.

[David]: El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar, o el ICBF, la entidad que se encarga de proteger a los niños en Colombia.

Los datos de Olga Cecilia habían estado apareciendo en televisión por si alguien tenía información de Sergio, así que no se le hizo raro.

[Olga Cecilia]: Nos dijeron que fuéramos al otro día, por decir a las 9 de la mañana, al Bienestar Familiar. Y que el niño Sergio Melendro López estaba ahí, que lleváramos identificaciones, todo lo que demostrara que realmente éramos la familia.

[David]: Olga Cecilia no lo podía creer. Estaba muy emocionada de encontrar a su sobrino, pero…

[Olga Cecilia]: Nosotros no le quisimos avisar nada a ella porque queríamos realmente darle la sorpresa.

[David]: Entonces se fue con su esposo a la sede principal del ICBF, en Bogotá. Llevaban fotos del niño, identificaciones de ellos y ropa y comida para Sergio. Pero cuando llegaron…

[Olga Cecilia]: Nadie nos dio información. Nadie, nos dijeron que nadie… que de ahí no nos había llamado…

[David]: Olga Cecilia obviamente insistió. Dijo que cómo así, que a ella la habían llamado el día anterior y le habían dado el nombre completo. Pero les dijeron que no…

[Olga Cecilia]: Que definitivamente era… era algún error porque ahí no había ningún niño con esos datos, con ese nombre y con esa descripción.

Mi esposo inclusive se puso bravo, molesto y… y exigía: “Exigimos que nos den alguna información: ¡¿por qué llamaron, por qué dijeron esto?!”. Mi esposo dijo: “Bueno, déjenos entrar a ver los niños para ver si los reconocemos o él nos reconoce”.

[David]: Se quedaron ahí en la puerta. Horas y horas. Y nada…

[Olga Cecilia]: O sea, evadieron la situación y finalmente nosotros nos fuimos porque, pues, nadie nos dio una respuesta de nada.

[David]: Insistieron en otras sedes del ICBF, pero tampoco. Olga Cecilia volvió a comunicarse varias veces con ellos, pero siempre le decían lo mismo: que era un error, que ellos no habían hecho esa llamada.

Así que decidieron no decirle nada a Martha Lucía…

[Olga Cecilia]: Ella estaba en shock… por muchos meses. Ella estuvo realmente… emocionalmente muy mal. Cualquier cosa la afectaba terriblemente…

[David]: Y además como estaba embarazada y con el riesgo de perder el bebé…

[Olga Cecilia]: Había cosas que realmente nosotros evitábamos, si no estábamos 100% seguros, de decírselas, ¿no?

[David]: Pero Olga Cecilia, aún 27 años después, sigue creyendo que es casi imposible que lo que le dijeron en el ICBF que era un error— sea realmente cierto.

[Olga Cecilia]: Porque esa llamada con… o sea, que le digan a uno un niño parecido, ¿pero Sergio Melendro López? ¿Por qué me llaman a con datos, con nombre y apellido del niño? ¿Por qué?

[David]: Martha Lucía no podía creerlo.

[Martha Lucía]: Cuando yo llamo a mi hermano y a mi hermana, me salen con esa historia y yo me quedé como si me hubieran sacado ayer de Armero. Muy mal me sentí…

[David]: Se sentía como en un callejón sin salida. Estaba muy confundida. Llamó entonces a Yolanda, su amiga de toda la vida. Necesitaba, otra vez, desahogarse.

Y esto va a sonar inverosímil pero no lo es: Yolanda también tenía algo que contarle: que una amiga en común que se llama Luz Ángela, en un viaje a New Orleans, 6 meses después de la avalancha, entró un día a un almacén Benetton, y cuando uno de los vendedores la oyó hablar español, se le acercó y le preguntó…

[Martha Lucía]: “¿Tú eres latina?”, y ella le dice: “Sí, soy colombiana”. Y él dijo: “¡Qué emoción me da conocer a alguien latino porque…, y más de Colombia, porque mi hermano acaba de adoptar un niño de la tragedia y mi sobrino es de allá”. Entonces saca la billetera, le muestra la foto y ella le dice: “Este es Sergio, el hijo de mi amiga Chía”.

[David]: Según Luz Ángela, intentó pedirle explicaciones al vendedor, pero él se puso evasivo, y ya no quiso atenderla más.

Cuando volvió a Colombia, le contó a algunas de las amigas de Martha Lucía, entre esas a Yolanda. Esta es Yolanda:

[Yolanda Isaza]: Pues ya nos reunimos todas las amigas de Chía. ¿Qué hacemos con esta información?

[David]: Entre todas lo discutieron. El más grave problema era que no tenían información precisa…

[Yolanda]: Porque si la amiga llega y nos dice: “Mire, está en tal ciudad, este es el teléfono, así se llaman las personas”, pues obvio, ahí mismo decimos: “¡Nos vamos a buscarlo! ¡Ya!”

[David]: Pero sin nada concreto pensaron…

[Yolanda]: Es tan difícil el momento y esto no se puede prestar ni para falsas expectativas, ni para amarillismos, ni para nada porque es de mucho manejo, de mucho cuidado. Es un dolor muy grande, y cuando uno quiere, no quiere herir.

[David]: O sea tuvieron el mismo raciocinio de los hermanos. Así que como ellos, decidieron no decirle nada.

Martha Lucía buscó a Luz Ángela, y ella le confirmó la historia.

[Martha Lucía]: Yo la llamé, y hablé con ella. Y ella me ofreció ayuda. Ella es abogada y me dijo: “Lo que usted quiera”.

[David]: Cuando colgó, Martha Lucía se derrumbó. Estuvo muy mal durante varios días. Lo que más le dolía era pensar que si hubiera sabido todo esto en esa época, habría sido más fácil buscar a Sergio. Pero habían pasado tantos años que la cara de ese niño ya no era la misma. Ahora era un adulto. Completamente diferente.

Al final, después de volver de esa desesperación, decidió no tener rabias, ni odios, ni rencores. No valía la pena gastar ya energía en eso. Prefirió guardarla para enfocarse en la idea de encontrar a Sergio algún día.

Porque al fin y al cabo con estas revelaciones Martha Lucía estaba de alguna maneraconfirmando lo que siempre había sentido: que Sergio había sobrevivido. Ahora había otras preocupaciones: ¿dónde estaba? ¿qué había pasado con él en todo ese tiempo?

Pero, claro, Sergio no fue el único niño que desapareció. Eran muchos, muchísimos niños más…

[Francisco González]: Y entonces me comenzaron a llegar historias e historias…

[David]: Este es Francisco González, de la fundación Armando Armero. Cuando creó esta organización, al principio lo hizo como un proyecto de investigación. De memoria histórica de Armero. Pero cada vez que hacía jornadas, se le acercaba gente a decirle…

[Francisco]: “Que mire, que usted me va a ayudar”, y le metían a uno en el bolsillito una historia. “Mire, guarde esto”. Llegaba yo al hotel o llegaba a Bogotá: “Estoy buscando a mi hija, ayúdeme a buscarla, no sé qué”.

[David]: Le llegaban muchas historias de niños desaparecidos.  

[Francisco]: Y yo decía: “Pucha, yo qué hago”. Pero… “¿Quién los está ayudando?”. “No, nadie. ¿Quién?”. Entonces comencé como… Comencé como a ver que el Estado pues no había hecho nada. Entonces dije: “A ver: ¿qué tengo yo caminos por recorrer?”.

[David]: Y casos como el de Sergio hay casi 300. 300 niños que aparentemente sobrevivieron, pero que sus padres nunca volvieron a ver.

Y fue con Francisco y su fundación que Martha Lucía se contactó en el 2012.

[Daniel]: En el próximo episodio…  

[Teresa Sabogal]: Yo siempre he aceptado la posibilidad de que alguien se hubiera podido quedar con un niño.

[Francisco González]: No sé, no sé qué están ocultando. No sé qué ellos pretenden pues con esto. Esa es una herida que tiene Colombia, ¿sí?, que no ha sanado todavía.

[Felipe Salama]: Hola, mi nombre es Felipe Salama. Soy sobreviviente de Armero. Yo cuando chiquito quedé como NN. Por cualquier cosa, comunícate con la fundación Armando Armero.

[Heidy Dibella]: Mi nombre Heidy Dibella, fui adoptada de la tragedia de Armero. Ahora vivo en Italia. Busco algún familiar.

[Daniel]: ¿Qué pasó con los niños sobrevivientes de Armero?

 

David Trujillo es productor de Radio Ambulante, vive en Bogotá. Esta historia fue editada por Camila Segura, Silvia Viñas y por mí. La mezcla y el diseño de sonido son de Ryan Sweikert.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Andrés Azpiri, Jorge Caraballo, Barbara Sawhill, Luis Trelles, Elsa Liliana Ulloa, y Luis Fernando Vargas. Maytik Avirama es nuestra pasante editorial, y Andrea Betanzos es la Coordinadora de Programas. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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