Compartir en redes sociales: circletwitterbird circlefacebook circlereddit circletumblr

Transcripción: El juez

Este episodio de Radio Ambulante es posible gracias a MailChimp. Más de 7 millones de personas y negocios a nivel mundial usan MailChimp para enviar sus correos electrónicos y anuncios publicitarios. ¡Es muy fácil! Hasta un adulto lo puede hacer. Para saber más, visita mailchimp.com.

Juan Zapeta: 5, 6, 7, 8, 9…

Daniel Alarcón: Lo que se escucha al fondo es una joven recibiendo 15 latigazos. Parece que se robó la computadora de su vecina. Por eso le toca este castigo que se llama xic’a’y. Es parte de la justicia indígena maya que se ha practicado en Guatemala desde hace siglos.

Juan Zapeta: 15, 16, 17, 18…

Daniel Alarcón: El hombre que se escucha contando es Juan Zapeta y es un juez maya. Es la autoridad máxima en Quiché, uno de los departamentos donde todavía se aplica el xic’a’y. Puede parecer un método violento, pero para una comunidad indígena que ha sufrido décadas de impunidad y genocidio, quizá es lo más cercano a una justicia no sólo verdadera sino propia.

Pero aquí viene la complicación. O bueno, una de las complicaciones. ¿Cómo pueden coexistir dos sistemas de justicia en un solo país? Tenemos, por un lado, en comunidades indígenas, a autoridades comunitarias como Juan Zapeta. A la vez, tenemos al sistema oficial: Policías, jueces, fiscales, etc. Como en cualquier otro país.

Y bueno, a veces sí se complementan. Y otras veces… Pues, mejor que lo explique el jefe de policía de Quiché, Sergio Morales, cuando le preguntamos sobre Zapeta, el juez maya:

Sergio Morales: Han habido algunos casos ahí que ese señor, la verdad que…aplica justicia cuando debería dejar que sea la policía.

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. La periodista Melissa Silva Franco fue al departamento de Quiché para ver cómo conviven estos dos sistemas.

Mujeres: ¡Vamos de una vez!..Eso no, tampoco.

Melissa Silva: Es domingo y son las tres de la tarde. Estamos en el patio de la casa de Juan Zapeta. Él es el único hombre en un grupo de más o menos 100 mujeres. Todas se quejan de que han sido estafadas por la misma persona. El instinto de muchas es hacer justicia por mano propia, es decir, linchar a la acusada. Muy pocos en esta región confían en el sistema judicial del gobierno.

Juan Zapeta: Pero también, hermanos, ese es el trabajo nuestro y les agradecemos a ustedes, pues, que respeten lo que nosotros decidimos, ¿verdad?.

Melissa: Zapeta es un hombre pequeño. Mide más o menos un metro y medio. Sus pies siempre están llenos de barro seco y de tierra. Todos los días él se pone una camisa blanca para ir a trabajar. Y además, siempre lleva un sombrero y una vara de madera; son dos símbolos importantes para los mayas. Demuestran que Juan Zapeta es la máxima autoridad.

Al final, el juez maya decide:

Zapeta: La vamos a detener, lo vamos a hacer. Eso sí está en ley. Lo vamos a detener, los vamos a amarrar como ustedes dicen. Lo vamos a hacer.

Melissa: Van para la casa de la acusada, a buscarla. Hay tres camionetas 4×4 y varias de las mujeres se suben. Juan Zapeta conduce una de ellas, y yo voy en al asiento de atrás junto a otras 5 mujeres. Durante el camino, el juez aprovecha para explicarme por qué la gente prefiere el sistema indígena.

Zapeta: Como ustedes pueden ver ahorita, digamos, las señoras dicen, “vamos a verla”, y vamos. Entonces, eso es lo que a la gente le gusta. En el otro sistema, digamos, si le dijéramos al fiscal que fuésemos a ver ahorita, pues, no accede ¿verdad?

Melissa: Nada de poner una denuncia, ni de empezar una investigación larga, ni de necesitar una orden de captura de un juez… En este sistema, todo se mueve mucho más rápido.

Como a los 15 minutos llegamos a la casa de la acusada.

Mujer: Mi mierda… muchá ¡se fue!

Zapeta: Parece que la señora ya no está.

Melissa: La acusada se llevó todas sus cosas y nadie sabe a dónde se fue. Así que el juez da su sentencia: no podrá volver a entrar en Quiché. Es decir, la exilió. No es un castigo ligero, si lo piensan bien. Y las mujeres estafadas no protestan demasiado. Juan Zapeta tiene la última palabra y ellas lo saben.

Juan Zapeta recibe un promedio de 20 llamadas al día para resolver situaciones como esta. Estas llamadas vienen de gente de su etnia, de todos los rincones de Quiché. Es la cuarta región más poblada de Guatemala, con casi un millón de habitantes. Aquí, 9 de cada 10 personas son indígenas.

Y en Quiché – como en otros 8 departamentos de Guatemala donde la población es en su mayoría indígena – los ciudadanos, cada cuatro años, votan por un alcalde oficial. Y bueno, hay un alcalde indígena también y este se elige cada tres años. Zapeta ha sido reelegido tres veces ya. Pero quienes lo postulan son autoridades indígenas; es decir, los ancianos y los mediadores de cada comunidad. Como alcalde, Zapeta da charlas en escuelas sobre la cultura maya, también se reúne con otros jueces, y resuelve conflictos entre familias. Pero su función principal es la de ser juez.

Esta forma de justicia no es nueva. Al contrario, en Guatemala el nuevo sistema es el que trajeron los españoles. Y el que representa Juan Zapeta es algo ancestral, que se viene modificando desde la colonia hasta la república.

Zapeta me explica que resuelve desde los conflictos más pequeños…

Zapeta: Hasta asesinatos, homicidios, violaciones, drogas, y todo eso pues hemos resueltos casos. Pero dentro de lo más común es la delincuencia.

Melissa: O sea asaltos, robos. Delitos que pasan en todos lados, sí. Pero la forma en que los juzgan es, claramente, diferente. Los juicios tienen que ser públicos y la comunidad afectada siempre debe participar. Por ejemplo, si un ladrón se roba una gallina, al juicio no solamente va a it el dueño de la gallina, sino que además van los vecinos. Pues de alguna manera u otra, también son afectados por el robo.

Doña María Lucas: (se presenta en idioma quiché)

Melissa: Cuando las víctimas o las acusadas son mujeres, muchas veces, a Zapeta lo ayuda la vice-alcaldesa, doña María Lucas, que, por cierto, también es su cuñada.

Ninguno de los dos cobra por este trabajo. Ellos viven de donaciones de la comunidad. Cuando Zapeta no está trabajando como juez, se encarga de su huerta. Doña María, por las mañanas, vende helados en un puesto ambulante. Y por la tarde, guarda su carrito y saca su agenda donde lleva los casos como asistenta del juez.

María: La justicia maya porque quima…

Melissa: Doña María no habla un español muy fluido, entonces el juez me traduce lo que ella dice.

Zapeta: Eh, la justicia maya para mí es la corrección que damos a las personas para que no lo vuelvan a hacer y se arrepientan de los hechos.

Melissa: ¿Le gusta su trabajo?

María: Bueno, la verdad que sí porque…

Zapeta: Ella, pues, lo que ve es que, digamos, la sanción que se aplica dentro del sistema de justicia maya no es igual que en el otro sistema ¿verdad?, porque allá es de cárcel, y lo que ella ha visto, pues, es que ello generalmente no regenera. En cambio, en el caso nuestro, sí hemos comprobado que sí las personas regeneran.

Melissa: Regeneran, es decir, cambian. Pero no sólo se trata de que no lo vuelvan a hacer. Zapeta dice que la justicia maya también se concentra en la prevención.

Zapeta: La prevención de una falta, la prevención de los delitos, la prevención de los conflictos; y eso se logra a través del pixab.

Melissa: El pixab. Eso quiere decir, en español, “una serie de consejos o de normas”. Respetar a las personas, a la comunidad y sus bienes. Cosas como no contaminar el río, no cortar un árbol sin permiso, no robar, etc. Y si un adulto no cumple estas normas y es denunciado por alguien, el juez es quien decide el castigo. Puede ser desde una multa o trabajo comunitario, hasta bueno, la pena máxima: el xik’a’y, es decir, los latigazos.

Los latigazos se dan sólo en la espalda con las ramas de un árbol. Pero claro, no es cualquier árbol, sino el mismo tipo de árbol que se usa desde hace más de 500 años: El membrillo. Se usa porque huele bien, y es verdad, tiene un olor agradable. A diferencia del delincuente…

Zapeta: Que hiede, que su vida que está mal, tenga olor a fragancia. Y se busca las ramitas rectas para que esta persona, su vida, se vuelva recta y no se siga torciendo.

Melissa: Pueden ser desde 5 hasta 40 latigazos. Pero Zapeta nunca ha llegado a sentenciar a nadie a 40, porque él cree que 40 pueden llegar a matar. Lo más común son entre 9 y 20.

Dar los latigazos es la tarea de los familiares. Generalmente de los padres.

Zapeta: Y si no… si ellos, digamos, no tienen, digamos, el valor, o no tienen ellos la  autoridad moral para hacer eso, entonces ya nos toca a nosotros.

Melissa: Y el castigo funciona más o menos así: al culpable lo amarran de las manos y de los pies. Luego lo obligan a ir de rodillas por todo el pueblo. Lo pasan por el mercado, por la avenida principal, por los comercios. Con él van sus familiares, y Zapeta siempre va adelante del grupo. Cuando llegan a la plaza central, se suben a una tarima y….

En mis seis días con Juan Zapeta, nunca vi los latigazos, no. Pero en YouTube se pueden encontrar varios videos de estos juicios.

Generosa Uriza: ¡Pero los dejan morados, morados! Ay, da lastima verlos, cómo lloran, cómo gritan…

Melissa: Esta es Generosa Uriza. Una vendedora de tortillas en la plaza. Ella me contó que ha visto por lo menos 60 juicios hechos por Zapeta.

Generosa: Los familiares lloran. Los traen caminando, caminando, y hay otros que los traen hincados, hincados, hincados, hincados los traen, hincados. Hasta que llegan aquí en el parque y ahí les pegan. Y toda la gente llega a mirar, toda la gente llega a mirar porque es un ejemplo ese, para que se den cuenta de que eso no lo tienen que hacer, dicen.

Melissa: Aunque no lo vi personalmente, hablé con mucha gente que me decía lo mismo. Que me hablaba de la violencia del xic’a’y, de lo brutal que es. Pero me sorprendió lo que me dijo Zapeta.

Zapeta: Es algo inexplicable, pero te causa dolor, te causa tristeza. Te causa…es algo que se mezcla, digamos, en algo… Porque cuando uno, digamos, se encuentra a la persona, digamos, en un delito, de veras uno siente coraje hacia esa persona que cometió ese delito. Pero ya cuando ellos están arrodillados ya para darles, digamos, su corrección, todo eso se te olvida, todo eso a mí se me olvida; sino viene ya la tristeza, el dolor, la pena. Se siente algo tan desagradable. Pero como es algo que se ha validado, hay que cumplirlo.

Melissa: Hay que cumplirlo, eso dice el juez. Y para entender por qué, pues hablemos un momento del contexto guatemalteco. Estamos hablando de un país que sufrió un guerra civil de 36 años. Una guerra que cobró más de 200,000 vidas. La gran mayoría indígenas. Hubo tortura, masacres horrorosas, y según el informe oficial que hizo la comisión de esclarecimiento histórico más de 1,400 mujeres fueron violadas durante el conflicto. Es una cifra terrible, pero la comunidad indígena y muchos activistas dicen que en realidad fueron muchísimas más.

El sistema de justicia maya existe en un contexto de casi total impunidad de estos crímenes. No es que sea una respuesta a la guerra, ni algo inventado después. Ya hemos dicho que lleva más de 500 años. Pero la importancia de un sistema de justicia propio, el de una comunidad que sufrió tanto… Pues, se entiende.

Y bueno, Quiché, el departamento donde trabaja Zapeta, fue una de las zonas más afectadas por la guerra. Después de 14 años de negociaciones entre la guerrilla y los militares, se firmó un acuerdo de paz en 1996.

Desde entonces ha habido convenios, dos referéndum y mucha controversia. Pero hoy en día, esta es la situación: según la constitución, el único responsable de administrar la justicia es el Estado. Lo cual significa que Juan Zapeta, a pesar del respeto y de la autoridad que puede tener dentro de su comunidad, legalmente está en un área gris.

No solo él, obviamente. Sino todo el sistema de justicia maya. Pero para muchos indígenas la constitución tiene menos importancia que la tradición.

Entonces, esa ambigüedad legal, también es una ambigüedad en la práctica. Por ejemplo: En Quiché cuando una persona es detenida puede ser juzgada de cualquiera de estas dos formas. Pero es la víctima, y la comunidad, quienes deciden ante qué juez llevan su denuncia.

Pero esta situación tiene algunas excepciones: como en el sistema maya no hay cárcel ni pena de muerte, la víctima –si quiere alguna de estas dos opciones– puede acudir al sistema oficial. O si se necesita más rigor científico para resolver el caso –como, por ejemplo, unas pruebas de ADN– entonces el juez maya declina su autoridad y le pasa el caso a la justicia oficial.

Pero también puede suceder lo contrario. Ante la falta de presupuesto y de personal, el sistema oficial también hace sus excepciones y deja que la justicia indígena se encargue.

Y bueno, también hay un detalle relevante: hay 350 municipios donde no hay una presencia estatal. Ninguna. Entonces en esas áreas, claro, funciona únicamente el sistema de justicia indígena.

Pero bueno, esto no significa que siempre haya coordinación.

La estación central de la policía está a tres calles de la plaza donde Zapeta hace sus juicios. Y para algunos ahí, Zapeta es una figura, digamos, complicada. Este es el jefe de la policía de Quiché, Sergio Morales.

Sergio Morales: Han habido algunos casos ahí que ese señor, la verdad de que… aplica justicia cuando debería de dejar que sea la policía.

Melissa: Según Morales, Zapeta, en el proceso, viola muchos derechos…

Morales: Porque ellos entran a las casas sin permiso, sin autorización, sin orden judicial y sacan a la gente. O sea, ahí es donde se pierde un poco el sentido de ellos. Eh, que haya ayudado, en realidad, no lo creo. No lo creo porque para mí es un líder negativo, no aporta, en lo más mínimo lo que podría ser.

Melissa: Morales dice que ha trabajado con otros líderes indígenas que han colaborado más con la policía que Zapeta. De hecho, Morales tiene claro cuál es el papel que debe tener Zapeta, y no es precisamente el de juez.

Morales: Digamos, que él por su lado y nosotros por el nuestro. Siempre hemos tenido reuniones con él donde yo siempre le he dicho que necesitamos estar unidos. Le digo, “Mire, don Juan, ustedes necesitan de nosotros y necesitamos de usted”.

Melissa: Para Morales, Zapeta debe conformarse con ser un líder espiritual. Solo debería hablar con la gente, servir de mediador y explicarles el papel de la policía.

Me enfatizó, además, que en el último año no ha habido ni un linchamiento en su departamento. Y es que en algunas partes de Guatemala, cuando no participa la justicia oficial, los linchamientos son comunes. Para Morales, el que no haya habido linchamientos en su departamento es un logro solo de la justicia estatal, no de un trabajo conjunto con la justicia maya.

Por su parte, Zapeta dice que sí quiere colaborar con la policía, pero ve la relación un poco diferente.

Zapeta: El sistema de justicia estatal nos quiere invisibilizar, no nos reconoce, no nos respeta.

Melissa: Me dijo que cuando él y Doña María aplican una sanción, a veces viene la policía a interponerse. Y a él esta situación no le gusta nada.

Zapeta: Lo que nosotros queremos es que se practique la pluralidad judicial aquí en Guatemala. O sea, que así como vale el otro sistema, valemos nosotros; así como vale un juez, valemos nosotros.

Melissa: Y bueno, puede que llegue un momento en que en Guatemala los dos sistemas se reconozcan como legales. Pero por ahora, uno de los puntos más polémicos es el xik’a’y.

Morales: La constitución nos obliga a que garanticemos la integridad física de todas…y como les he dicho siempre, es de todas las personas. No dice de delincuente, no dice del pastor. De todas las personas.

Melissa: Este es, otra vez, Morales. Entonces, si Zapeta está dando latigazos a alguien juzgado por la ley maya, ¿qué hace la policía de Quiché?

Morales: Si la están golpeando, ya hay agresión, entonces optamos a veces por no…pero yo les dije eso en ese momento: “si ustedes le van a golpear yo me retiro. No comparto. Ustedes saben que yo como policía no comparto este tipo de situación”.

Melissa: Es decir, en términos estrictamente legales, al implementar este castigo, Juan Zapeta se convierte en un delincuente. Aunque bueno, la policía nunca ha detenido a Zapeta por aplicar el xik´a´y. Pero eso no lo ha salvado de las denuncias.

En una visita al Palacio de Justicia me enteré que Juan Zapeta es el hombre con más expedientes judiciales en Quiché. Más de 40 juicios abiertos. Por lo general, los que denuncian son personas declaradas culpables por la justicia maya que no están conformes con su castigo. Entonces buscan ayuda de la justicia oficial.

Y aquí hay un detalle importante: aunque Zapeta aplica la justicia maya tanto a indígenas como a no indígenas, la mayoría de estas denuncias son de indígenas –su propia gente.

Zapeta: No sé si detrás de ellos hay, digamos, una mano peluda; hay gente, digamos, que esté tratando de perjudicarnos, digamos, nuestro propio sistema. Y otros hermanos indígenas se prestan a eso, ¿verdad?

Melissa: Y lo que rechazan, específicamente, es el xik’a’y.

Pero la acusación que más persigue a Zapeta, y por la que recibe muchas críticas, no tiene nada que ver con su rol como juez maya. En el 2012 fue acusado de una violación a una niña de 6 años. Nadie quiso comentar sobre este caso, pero la fiscalía me confirmó que había sido resuelto por falta de pruebas. Aún quedan unos cuantos graffitis en el centro de la ciudad en los que se puede leen: “Juan Zapeta violador”.

Zapeta: De verdad, Melissa, duele en el alma, duele en el alma porque han habido calumnias que de veras… Ahorita mermó, antes mire usted denuncia y denuncia y denuncia y denuncia; y yo me presentaba y todo se desvanecía, porque se comprobaba de que yo, pues no –soy inocente de lo que se me acusa.

Melissa: Lo que sí demuestran las denuncias contra Zapeta es que hay gente de la comunidad que no está de acuerdo del todo con ciertos aspectos de la justicia maya.

Y parece ser algo generacional. Los jóvenes con los que hablé no dudaron en rechazar el xik’a’y, mientras que muchos ancianos todavía están a favor.

Desde el año pasado hay un grupo de indígenas que está pidiendo hacer un nuevo referéndum sobre el xik’a’y. Aún no se sabe si se hará.

Pero Zapeta tiene otras preocupaciones, quizá más graves. Desde que comenzó su mandato, ha recibido más de 100 amenazas de muerte. De hecho, Zapeta me contó que dos motociclistas encapuchados le habían tirado una piedra grande a la ventana del auto que conducía. Se estrelló, pero por suerte no se lesionó.

Según Zapeta, las amenazas vienen de gente que él ha acusado de delincuentes.

Quizá por eso, Zapeta –al igual que doña María– me dice que se siente cansado. Ya tiene 60 años, y el trabajo es agotador.

Zapeta: A veces no dormimos, a veces no comemos…

Melissa: Me consta. Lo llaman a cada rato. En los días que pasamos juntos su teléfono no paraba de sonar. Me dice que a veces tiene la comida ya lista, que está a punto de sentarse a comer, y lo llaman.

Zapeta: “Mirá”, le digo a mi mujer, “mirá, guardá mi comida. Ya regreso”. “¡Comé todavía hombre!”’  –“No, me tengo que ir”.

Melissa: Y se va. Porque es su responsabilidad.

Pero me deja algunas preguntas: ¿Quién lo reemplazaría? Y el próximo juez maya, ¿tendrá la misma visión de Zapeta? ¿Se seguirá aplicando el xik’a’y si los jóvenes parecen rechazarlo?

En Quiché hay 20 mediadores indígenas que podrían reemplazarlo. Pero por ahora, no hay candidatos.

Daniel Alarcón: En junio de este año, 2016, el gobierno guatemalteco anunció que se reformará la constitución. Entre los temas para resolver: la relación entre la justicia maya y la oficial.

Melissa Silva Franco es periodista y documentalista, basada en España. Gracias a Pedro Ixchiu por su ayuda corroborando datos de esta historia y gracias también a Oswaldo Hernández.

Esta historia fue editada por Martina Castro, Camila Segura, Silvia Viñas, y por mi. El diseño de sonido es de Martina.

El resto de nuestro equipo incluye a Luis Trelles y Barbara Sawhill. Carolina Guerrero es nuestra directora ejecutiva.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más visita nuestra página web, radioambulante.org. Soy Daniel Alarcón, gracias por escuchar.

 

Comments

Compartir en redes sociales: circletwitterbird circlefacebook circlereddit circletumblr

« Post anterior

Transcripción: ¿Qué le pasó a José de Jesús?

Nuestro patrocinador, Mailchimp, acaba de abrir una tienda virtual que se llama Freddie and Co. Es un proyecto 100% sin ánimo de lucro y la …

Ver Post

Próximo post »

Transcripción: El soldado y el teniente

  Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Y tú… Gisela Ederle: Yo soy Gisela Ederle. Periodista de Buenos …

Ver Post