Destino: desconocido | Transcripción
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Este podcast es propiedad de Radio Ambulante Studios. Cualquier copia, distribución o adaptación está expresamente prohibida sin previa autorización.
[Daniel Alarcón]: Una advertencia: este episodio contiene descripciones de violencia. Se recomienda discreción.
Esto es Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón.
María, una colombiana de 27 años, viajó a México el 31 de enero de 2024 con la certeza de que la única manera de continuar con su vida era cruzar la frontera para llegar a Estados Unidos.
[María]: Para mí era importante que yo pudiera llevar una vida tranquila, segura, que pudiera otra vez estabilizarme, estudiar, avanzar en muchos ámbitos de mi vida.
[Daniel A.]: Poder hacer todo eso que en Colombia no había logrado.
Pero, para María, este viaje era mucho más que buscar una vida mejor. En su caso se trataba de supervivencia. María estaba huyendo.
[María]: Fue algo muy difícil, porque yo tenía una vida hecha, una vida muy organizada. Yo vivía en Colombia con mi mami, mi hermana, mi hermano, mi hija, tenía mi trabajo estable, tenía pues el lugar estable donde yo vivía. Todo estaba muy bien.
[Daniel A.]: Hacía más de cuatro años había empezado una relación con un hombre que no era el papá de su hija.
[María]: Al principio todo estaba muy bien, todo estaba excelente, pero, pero ya con el tiempo ya se puso más complicado.
[Daniel A.]: Él trabajaba para el Estado pero al mismo tiempo tenía vínculos con un grupo armado. Ilegal, claro.
[María]: Y él decidió retirarse. Entonces estas personas dijeron como que no se podía retirar y que si lo hacía iba a tener consecuencias. Y entre esas empezaron con su hijo y después agredieron a su mamá y después me secuestraron a mí.
[Daniel A.]: A María la liberaron unos meses después. Estaba bien físicamente, pero vivía con miedo. No solo de que la volvieran a secuestrar o de que siguieran tomando represalias cada vez más agresivas. También tenía miedo de su pareja, que empezó a violentarla.
[María]: Yo sufría mucho de agresión y de maltrato y de violencia intrafamiliar por parte de esta persona.
[Daniel A.]: Y como este hombre trabajaba para el Estado…
[María]: Las constantes amenazas eran incluyendo que yo no podía denunciarlo, porque siempre me decía como: si me denuncias, yo me voy a dar cuenta y las consecuencias van a ser peores.
[Daniel A.]: Y lo fueron. El día que se atrevió a denunciarlo fue el mismo día que él le echó agua caliente encima.
Ahí María entendió que las autoridades no iban a salvarla y que ese hombre no iba a parar de torturarla. Por eso, tenía que ponerse a salvo en otro país y dejar a su hija de siete años con el papá de la niña mientras resolvía lo necesario para llevársela. El único lugar donde tenía a alguien que la podía recibir y ayudar era Estados Unidos.
[María]: Era como lo más fácil y lo más rápido. Era más cuestión de rapidez, que sí o sí necesitaba salir pronto. Entonces mi vida cambió rotundamente, pues de un momento a otro. Y me tocó hacer maleta, comprar vuelo y adiós.
[Daniel A.]: Ya había intentado cruzar la frontera entre México y Estados Unidos una vez, unos meses antes. No tenía visa, y aunque se entregó a las autoridades migratorias e intentó pedir asilo. La detuvieron mientras revisaban su solicitud y un mes después la deportaron a Colombia porque no encontraron razones suficientes para dárselo. Pero tampoco llevaron su caso ante un juez de inmigración para revisar la decisión y, si encontraba argumentos, frenarla. No le dieron oportunidad de explicar nada. María tuvo que volver a Colombia, donde estaba su agresor, que ya sabía de su intento de huir y la volvió a violentar. La situación había llegado a un nivel muy peligroso.
[María]: Yo siento que me hubiera matado porque él me hizo agresiones en las que me dejó uff… de tantos golpes que él me dio yo estuve un tiempo en coma.
[Daniel A.]: Así que decidió irse de nuevo pero con otra estrategia. Antes de cruzar la frontera, se registró en CBP One. Esta aplicación ya no funciona, pero servía para gestionar trámites migratorios, entre esos pedir una cita en un puesto fronterizo para solicitar el asilo. Tal vez no era la forma más rápida para entrar a Estados Unidos, pero era mejor seguir el proceso regular que atreverse a que le negaran el asilo por segunda vez. María tenía la esperanza de que ahora sí iba a tener una vida diferente.
La aplicación le notificó que tendría una cita para el 19 de septiembre de 2024 en el puerto migratorio de Nogales, entre el estado de Sonora, en México, y el de Arizona, en Estados Unidos.
[María]: Yo me presento a esa cita en la hora adecuada. Me hacen todo el protocolo, fotos, huella y el proceso se supone que era como yo había entrado con un permiso legal por un puerto de entrada, pues lo que hacían era como que pedirme unos requisitos, hacerme unas cuantas preguntas y ya me decían como que ya eres libre. Tal día te tienes que presentar a corte o audiencia para estudiar tu caso.
[Daniel A.]: Bueno, ese era el escenario que ella se había imaginado. El mejor de todos. El que se suponía que iba a pasar con el trámite de CBP One. Pero la realidad migratoria es poco predecible. De entrada le dijeron que, como ya la habían deportado antes, no la podían dejar en libertad en Estados Unidos. Si quería entrar al país, primero tendría que irse a un centro de detención de ICE, el Servicio de Control de Inmigración y Aduana, y seguir su proceso migratorio detenida.
También le dijeron que por haber entrado con CBP One iba a estar 30 días y que en ese momento tendría su primera citación a la corte.
Bueno, podía esperar esos 30 días… solo 30. Se lo repitió una y otra vez. Y aceptó.
[María]: Te lo juro que fueron los 30 días más eternos para mí. O sea, yo no veía la hora que llegara el día número 30.
[Daniel A.]: Pero pasaron 30 días y su liberación no llegó. De hecho, en vez de un proceso claro y diligente, María fue recibiendo una sorpresa tras otra que la alejarían cada vez más de esa vida tranquila que tanto buscaba.
Nuestro productor senior, David Trujillo, nos cuenta esta historia.
[David Trujillo]: A María la llevaron esposada del puerto migratorio de Nogales a un centro de detención en Arizona. No tuvo a nadie que la asesorara, que le explicara lo que podía pasar, ni cuáles eran sus derechos. ICE le quitó su celular, su maleta y su pasaporte. Le entregaron un uniforme y la hicieron pasar la noche en una especie de contenedor con cuatro literas en las que dormían otras siete mujeres detenidas. Al otro día, una nueva sorpresa: la volvieron a mover y esta vez al Centro de Detención de Eloy, en el mismo estado. Le dijeron que este era el lugar definitivo desde donde iba a seguir con su proceso migratorio.
Aunque María nunca había estado en una cárcel, este lugar la hacía sentirse ahí.
[María]: Para todo yo tenía que pedir permiso. Yo no podía hacer nada por cuenta propia. Eran celdas de dos personas. El sanitario y el lavamanos, estaban dentro de cada celda.
[David T.]: También le dieron un uniforme verde con chaqueta naranja y cuatro piezas de ropa interior.
Con ella había unas 50 mujeres de varias edades, distintas nacionalidades e idiomas… Algunas estaban enfermas y casi ni podían caminar. Entre todas la ayudaban a hacer sus actividades básicas. María intentaba sobrellevar la detención en esos 30 días.
[María]: La rutina era muy aburrida.
[David T.]: Las levantaban para desayunar entre las 3 y las 4 de la mañana. Las sacaban de sus celdas y las llevaban al comedor que quedaba en otro edificio. Para llegar ahí tenían que caminar por pasillos expuestos sin importar el clima: María recuerda mucho frío y lluvia. Pero también hubo calor intenso y hasta tormentas de arena.
Cuando terminaban de desayunar, volvían a sus celdas para tender las camas y organizar todo. Después, a la ducha.
[María]: Luego, a las 8 de la mañana otra vez nos volvían a encerrar en las celdas. Las oficiales hacían conteo, volvían y abrían a las 10 de la mañana y a las 11 era el almuerzo.
[David T.]: Otra vez ir hasta el comedor sin importar el clima, el ánimo, el estado físico, la enfermedad. A la 1 de la tarde las volvían a encerrar.
[María]: A las 3 ya te dejaban salir. Si querías ir a la yarda, podías ir y a las 4:30 era otra vez la cena. Y volvías de la cena y nos volvían a encerrar otra vez en las celdas a las 6.
[David T.]: Entre las 6 y las 9 de la noche las dejaban hacer llamadas desde los pocos teléfonos de la cárcel que se turnaban entre todas. Para María eso era lo único bueno del día. Llamaba a su familia, hablaba con su hija, aunque sin contarles que estaba detenida. De eso se enteraron después.
También hablaba mucho con el amigo que la había motivado a irse a Estados Unidos. Aunque intentamos hablar con él para esta historia, ya no tiene contacto con María.
Pero en ese momento él era la única persona que sabía todo lo que ella estaba pasando. Claro, todo a distancia, porque él vivía en Carolina del Norte, muy lejos de ahí, y sin haber resuelto su situación migratoria, tampoco se iba a arriesgar a visitarla. Pero al menos esas llamadas eran un respiro en medio de los maltratos que María recibía todo el tiempo.
[María]: Había oficiales, no sé cómo decirte, con un ego muy alto, como muy racistas te podían dar malos tratos, decir malas palabras, como que: ¿Entonces para qué estás aquí? Te hubieras ido para tu país. No llore porque usted está aquí porque quiere. Si usted no quiere, depórtese, váyase para su país. Usted aquí es un inmigrante. Usted no tiene derechos. Usted lo único que tiene aquí son deberes y debe cumplirlos.
[David T.]: Si no obedecían una orden, las aislaban. Las esposaban y las metían durante días en un cuarto oscuro y frío al que llamaban El hoyo. Era el peor castigo.
[María]: Lastimosamente yo estuve en este lugar porque recibí un castigo por no estar de acuerdo con una orden que me dio un oficial. Llaman a otros oficiales, a la fuerza te agarran, te ponen esposas y te llevan. Y fue muy, muy difícil porque es aislada. Es un cuarto oscuro. Le subieron todo lo que más pudieron al aire acondicionado y me dejaron dos días sin ropa en el cuarto frío. No tenía contacto con ninguna otra compañera. Estaba aislada en este lugar.
[David T.]: No fue la única que recibió este tipo de maltratos. María también se dio cuenta de lo mal que la estaban pasando otras compañeras.
[María]: Ahí hubo mucha gente que entró siendo una persona cuerda, una persona cabal en sus cinco sentidos, y en estos momentos como que se ahogaban en su depresión y lloraban y gritaban, se arrancaban el cabello, se daban golpes contra las paredes. Muchas chicas ahí intentaron quitarse la vida. Y esto no es solamente para… duro para ellas que lo vivían, sino para nosotros, que estábamos viendo todo eso y nos daba nostalgia y nos daba pesar ver esto.
[David T.]: La marcó una mujer en particular…
[María]: A mí me dio mucho pesar ver a una compañera sufriendo y llorando y arrodillada en el piso gritando porque ella entró a la detención embarazada y dentro de esta detención perdió a su hijo.
[David T.]: Y así fueron pasando los 30 días que supuestamente iba a estar detenida en este lugar. El último día se presentó en la corte.
[María]: Y en esta corte me dicen: esta es tu corte de presentación. Necesito que me digas cómo te llamas, tarará, por qué estás pidiendo asilo en este país. Te vamos a dar los documentos que son los papeles de asilo. Vas a llenar el formulario y en la siguiente corte me lo entregas. Y la siguiente corte era para noviembre.
[David T.]: Eso significaba que iba a tener que estar un mes más detenida. Difícil, pero se decía a sí misma que sí, que lo podía soportar.
[María]: Listo, en noviembre tengo mi segunda corte, entrego estos documentos y tengo la esperanza de que me van a decir sí, ya te podés decir y de que por lo menos voy a pasar diciembre al lado de la persona que quiero. Voy a pasar diciembre pudiendo hacer aunque sea videollamada con mi hija y decirle ya estoy afuera, estoy bien, todo está bien y todo va a estar bien.
[David T.]: Pasó ese mes y se presentó de nuevo. Tenía que seguir detenida porque iba a tener que volver a la corte una tercera vez: el 10 de enero de 2025, dos meses después, para mostrar la evidencia de por qué necesitaba el asilo… fotos, historias clínicas, videos… una evidencia que tuvo que reunir con ayuda de otras personas porque estaba en el celular que ICE le quitó cuando la detuvieron.
Por si fuera poco, a los pocos días de la nueva citación, Estados Unidos tendría otro gobierno.
(Sound Bite de archivo)
[Donald Trump]: Biden’s conduct on our border is, by any definition, a conspiracy to overthrow the United States of America…
[David T.]: Un segundo gobierno de Donald Trump, que decía que la conducta del presidente Biden en la frontera era una conspiración para derrocar a los Estados Unidos de América. Un segundo gobierno de Donald Trump, que llamaba animales a los inmigrantes.
(Sound Bite de archivo)
[Donald Trump]: The Democrats say please don’t call them animals. They’re humans. I said, no, they’re not humans. They’re not humans. They’re animals.
[David T.]: Un segundo gobierno que, claramente, iba a endurecer mucho más las políticas migratorias.
Después de pasar cuatro meses detenida y de saber que las promesas antiinmigración se harían realidad con el nuevo gobierno, María solo quería que su situación se definiera. Ya había llegado a un punto en el que iba a aceptar con resignación lo que pasara.
[María]: El juez va a tomar una de dos decisiones: o decirme no te creo y te vas deportada para Colombia o decirme yo te creo y te vas a quedar en Estados Unidos. Ya. Yo tenía toda mi mente clara en que yo ya había peleado hasta donde más había podido hacerlo, y yo dije ok.
[David T.]: Pero ese día… tampoco se resolvió nada
[María]: Y cuando me presento a esta corte, el juez de inmigración me dice: tu evidencia no fue suficiente y necesito que reúnas más evidencia. Vas a tener una próxima corte el día 5 de junio.
[David T.]: Seis meses más. En total serían diez meses encerrada.
Sobre la mesa siempre estaba la opción de devolverse a Colombia, de aceptar la deportación. Pero para María el riesgo era tan alto, que prefirió aguantar un poco más. Al fin y al cabo la puerta del asilo no estaba cerrada del todo. Y si lo pensaba bien, el estar ahí protegía su vida.
[María]: Siento que lo que me hizo aguantar y soportar ahí era o aguanto esto o aguanto lo que me va a pasar en mi país cuando yo vuelva. No había muchas opciones. Entonces yo decía bueno, aquí estoy viviendo esa situación y es muy dura y es muy difícil, pero yo estoy segura, en lo que cabe.
[David T.]: Porque estaba lejos de su victimario y al menos no estaba enferma, porque veía que la atención médica era pésima. Sobre todo para personas con enfermedades terminales.
[María]: Hay una compañera que lastimosamente todavía está allá y ella se está muriendo de un cáncer y no le están dando los tratamientos adecuados. Entonces ese era mi miedo también, y eso era lo que yo más le pedía a Dios, que si yo tenía que morir, que por favor no fuera en esta detención, que entonces me… me permitiera por lo menos pasar tiempo al lado de mi hija.
[David T.]: María decidió esperar los seis meses. No tenía cómo pagar un abogado y aunque se inscribió varias veces en organizaciones pro bono que defienden a los inmigrantes, nunca tomaron su caso. Lo que sí hicieron fue recomendarle que pidiera una fianza para seguir el proceso en libertad. Podía hacerlo sin abogado. María lo intentó pero le respondieron que no era posible porque había entrado al país de manera regular, a través de CBP One, y la fianza, según le explicaron, solo era para personas que entraron ilegalmente.
María no podía creer que su victimario estuviera libre en Colombia, planeando hacerle daño si volvía, y ella estuviera encerrada.
[María]: Yo decía no es justo. O sea, yo sé que… que en la vida muchas cosas son injustas, pero yo sentía que yo no merecía eso, que yo no estaba haciendo nada malo, que yo al contrario, estaba tratando de proteger mi vida. Porque aún así, a pesar de todas las cosas feas que yo había vivido, yo nunca pensé en quiero morirme, quiero quitarme la vida. No, yo amaba mi vida, porque también de mí depende mi hija. Entonces me parecía algo muy injusto, la verdad. Pero bueno, yo en eso pues no podía hacer mucho.
[David T.]: A mediados de 2025, María se presentó de nuevo en la corte para responder todas las preguntas sobre su caso. Entregó más evidencia y el juez la revisó detalladamente. Después de unas cuatro o cinco horas, le anunciaron la decisión.
[María]: Y el juez me dice yo te otorgo una protección que se llama Convención en contra de la tortura.
Al fin una buena sorpresa: le daban el asilo basándose en ese tratado internacional.
[María]: Tú me has demostrado que si tú vuelves a tu país existe una probabilidad del más del 50% a que vuelvas a ser torturada. Por esa razón, te otorgo esta protección. Yo me quedo muy feliz, que por fin gané, que ya me voy y todo el tema. Regreso a mi celda, empaco mis cosas porque digo en cualquier momento me van a decir: ya te vas.
[David T.]: Pero pasaron uno, dos días, tres y a María no la dejaban libre. Entonces se acercó a un oficial de ICE a recordarle la decisión del juez y a preguntarle la razón por la que seguía detenida.
[María]: Y el oficial de ICE me dice no, es que tú tienes que esperarte 90 días, o sea, tres meses más, para que un oficial de ICE encuentre otro país que te reciba.
[David T.]: María no entendía por qué otro país. El asilo lo había pedido en Estados Unidos, no en ningún otro lugar. Para ella no tenía sentido.
[María]: No lo tiene, la verdad totalmente, pero ese era el proceso que ellos manejaban.
[David T.]: Un proceso que implementó el gobierno de Donald Trump. Desde su campaña había prometido deportaciones masivas y lo estaba cumpliendo. La ley se lo permitía. Y es que cuando empezó su segunda presidencia, a principios de 2025, se aferró a algo que aparece en la Ley de Inmigración y Nacionalidad. Ahí dice que el Departamento de Seguridad Nacional puede enviar inmigrantes a terceros países cuando, y cito, deportarlos a sus países de origen “es impracticable, desaconsejable o imposible”. Aunque era una medida legal, los gobiernos anteriores no habían aplicado mucho esa norma porque consideraban que podía poner en peligro a las personas al enviarlas a zonas desconocidas o a estar detenidas en condiciones peligrosas. Pero ahora, el gobierno de Trump estaba negociando con otros países lo que se conoce como Acuerdos de Cooperación de Asilo. Así se comprometían a recibir inmigrantes extranjeros a cambio de mejorar las relaciones diplomáticas y económicas con Estados Unidos.
María no sabía con tanto detalle lo de esos acuerdos, pero su caso encajaba ahí: como había pedido asilo en Estados Unidos precisamente porque no podía vivir en Colombia, entró en la lista del gobierno para enviarla a quién sabe dónde… al primer país que aceptara recibirla. La noticia la devastó.
[María]: Me desanimé muchísimo, me dio muy duro. Esto me dio mucha depresión porque yo sentía que mi vida estaba pausada, que yo no avanzaba en nada.
[Daniel A.]: Pero no todo estaba perdido. A veces se consolaba pensando que si en tres meses el gobierno de Trump no encontraba ese otro país que la recibiera, María por fin iba a quedar libre en Estados Unidos.
Una pausa y volvemos.
[Daniel A.]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. David nos sigue contando.
[David T.]: Esperar. Eso era lo único que había hecho María en todo ese tiempo. Ya llevaba nueve meses desde que se había presentado a las autoridades migratorias en la frontera. Para ella no era gratuito que le prometieran salir en una fecha, luego la aplazaran y además le sumaran la posibilidad de mandarla a un tercer país que ella no conocía. Sentía que era una estrategia del sistema migratorio para presionarla, agotarla y que no viera otra opción más que la de regresar a Colombia.
[María]: Le juegan a uno mucho con la mente. Entonces lo debilitan a uno mucho mentalmente.
[David T.]: Pero sentía que no tenía muchas opciones…
[María]: Dije si me esperé seis meses, siete meses sin haber ganado nada, ¿cómo no me voy a esperar tres meses ahorita que ya gané?
[David T.]: Esos tres meses se cumplieron en septiembre de 2025, cuando ya llevaba un año detenida. Pero, para ese punto, ya no se sorprendió cuando tampoco la dejaron irse. Le dijeron que iban a hacerla esperar otros tres meses más. Encerrada, claro. Teniendo la misma rutina de levantarse en la madrugada, ir al comedor, después a las duchas, tender la cama, almorzar a las 11, tomar algo de sol, la cena a las 4:30 y de 6 a 9 hablar con su familia, que seguía creyendo que estaba libre en Estados Unidos. No se sentía lista para explicarles su situación. No quería preocuparlos.
[María]: Mi familia no supo sino hasta, no sé, tal vez unos meses después que ya se les hacía raro, como que dónde está, qué está pasando ¿Por qué no nos llama? Porque no hace videollamada, porque bueno, muchos porqués. Entonces ya me tocó como que explicarles qué era lo que estaba pasando.
[David T.]: Su mamá se preocupó, pero María intentó calmarla diciéndole que ese era el proceso, que estaba haciendo las cosas bien. Solo había que esperar un poco más y ella era capaz de aguantar.
El único que siempre supo todo era el amigo que la había motivado a irse.
[María]: Él fue mi apoyo en todo. Nosotros éramos amigos, pero con el tiempo esto ya se convirtió en algo más que una amistad. Decidimos darnos una oportunidad como pareja y todo el tema y fue como que el apoyo incondicional que recibí en todo momento.
[David T.]: Gracias a él, y a las averiguaciones que hizo en Internet, María supo que existía un recurso que se llama habeas corpus. Es una acción jurídica que protege a las personas de detenciones arbitrarias o cuando pasan detenidas más tiempo del legal. Lo mejor de todo, era que María podía pedir la protección de ese derecho sin necesidad de abogado. Su pareja se lo explicó.
[María]: Y él me guía y me dice: Sí, mira, este proceso es así, se hace así, es una corte federal. Envías el formulario, dices que te están deteniendo injustamente. Ellos estudian tu caso y si ven que tienes la razón, pues ellos le ordenan a ICE que te liberen y ICE tiene que cumplir esta orden, porque es una corte federal. Es más alta que ICE. Entonces yo digo ok, perfecto, vamos a hacerlo.
[David T.]: Pidió el formulario larguísimo y se lo enviaron. Tuvo que llenarlo en inglés, un idioma que a pesar de que lo había practicado en la detención, no era tan bueno como para llenar este tipo de documentos legales. Pero hizo todo lo posible para hacerlo bien, luego lo envió a la corte y unos días después le respondieron ordenándole a ICE que tenía 72 horas para dejarla en libertad. Al fin, en febrero de 2026, casi un año y medio después de estar privada de su libertad sin haber cometido un delito, María salió del centro de detención. Su pareja se había ido a vivir mucho más cerca para recibirla. Por fin se encontraron después de tanto tiempo.
[María]: Te lo juro que yo me sentía la mujer más feliz del mundo. O sea, yo sentía valió la pena esta espera. Ahora sí, por fin mi vida se compuso. Ahora sí puedo organizar todo lo que yo quiero, todos mis planes. Yo sentí como que… que ya… que ya habían pasado los malos momentos y que ya llegaban las bendiciones.
[David T.]: Era su primera vez libre en Estados Unidos. Por fin iba a tener la vida tranquila que estaba buscando. Ahora el siguiente objetivo de María era terminar de regularizar sus documentos para llevarse a su hija. Porque si bien ya no estaba detenida, eso no significaba que se hubiera liberado de ICE. Salió con una Orden de Supervisión, un documento temporal para estar en Estados Unidos hasta que tuviera un estatus migratorio legal. Eso le permitía a María tramitar un permiso de trabajo y un número de seguridad social, con la condición de informar si iba a salir del estado, el uso permanente de un grillete en su tobillo para monitorear sus movimientos y el compromiso de presentarse en las oficinas de migración en las fechas que le dijeran.
María no vio ningún problema. Aun con esas restricciones, la situación era mejor que estar encerrada. Solo tenía que cumplir la ley.
[María]: O sea, a mí me aseguraron que yo no iba a volver a estar detenida a no ser que yo hiciera, tuviera un mal comportamiento.
[David T.]: Era fácil cumplir ese compromiso. María se fue a vivir con su pareja que la iba ayudar a sostenerse mientras le daban permiso para trabajar. Todo estaba bien.
[María]: Muy bien. Muy tranquila. Salía a conocer, salía a comer, hablaba con mi hija ya todos los días por videollamada. Fue una alegría muy grande… las horas que yo quisiera, el tiempo que yo quisiera, las veces, los días que yo quisiera. Llevaba una vida muy tranquila. Con mi pareja hacíamos muchas cosas: salíamos a comer, a parques. Teníamos muchos planes. Más adelante nos íbamos a mudar a un apartamento más grande.
[David T.]: Pero el sueño solo duró un mes.
A finales de marzo de 2026, María se presentó a la oficina de ICE, como era el compromiso. Le revisaron el grillete, le preguntaron si todo estaba bien, dónde estaba viviendo, con quién, cómo se sostenía mientras le daban el permiso de trabajo. María respondió todo muy tranquila y después la dejaron ir sin problema.
María ya estaba saliendo de la oficina y estaba pidiendo un Uber para volver a su casa cuando la persona que la atendió le pidió que esperara. Le dijo que la oficial de ICE que llevaba el caso la había llamado porque quería hablar con María.
[María]: Que si puedes ir por favor a las oficinas que están aquí al frente. Y yo me pongo nerviosa y le digo: ¿Tú sabes cómo para qué sería que me solicita ICE? Y me dice sí, te van a quitar el grillete.
[David T.]: Ok, eso era bueno. María se presentó ante la oficial de ICE.
[María]: Le digo: bueno, mucho gusto, yo soy fulana de tal, esta es mi Orden de Supervisión, porque ese documento era como mi permiso.
[David T.]: Le pidieron su celular, sus documentos y le dijeron que esperara en una sala con otros inmigrantes, que pronto la llamarían. Eran más o menos las 9 de la mañana. Pasaban los minutos y María empezó a notar que al resto de personas efectivamente las llamaban. A algunas incluso se las llevaron detenidas, pero a ella no le decían nada.
[María]: Son las 10. Son las 11. Son las 12. Son la 1 de la tarde y yo pregunto: ¿Qué está pasando conmigo? Ya todo el mundo se fue y yo sigo aquí. Y las oficinas de ICE las cerraban a las 2 de la tarde.
[David T.]: Un guardia que estaba ahí le explicó que el sistema estaba lento. Que seguramente la oficial estaba intentando resolverlo pero que no se preocupara, que a las 2 se podía ir. María le dijo que tenía hambre y que quería salir por algo de comer. No la dejaron. Le trajeron algo de comer.
[María]: La verdad, en ese momento sí lo sentía muy sospechoso porque, o sea, yo decía mi caso es un caso diferente, ¿porque yo sigo aquí?, yo estoy todavía en la sala de espera. Y yo no tengo un teléfono en estos momentos para enviar un mensaje y decir: Mira, está pasando esto y esto y esto. No, ellos me quitaron el teléfono y todas las propiedades.
[David T.]: Faltando unos 20 minutos para las 2 de la tarde, por fin la oficial la llamó por su nombre. Le preguntó si estaba en embarazo, si tenía alguna enfermedad, si tomaba algún medicamento… María conocía bien esas preguntas, ya se las habían hecho cuando entró a Estados Unidos. La oficial le pidió que pasara a otra sala.
[María]: Inmediatamente en mi cabeza lo que vino fue: estoy detenida de nuevo. Me imaginé otra vez lo mismo. Otra vez yo con el uniforme. Otra vez comiendo la misma comida. Otra vez viviendo las mismas situaciones. Todo el mismo proceso.
Volvió la frustración…
[María]: Yo ya había acabado de pasar año y medio de detención, estaba viviendo la vida feliz que yo necesitaba. Apenas llevaba un mes viviendo esta vida y, y… ¿Ir a parar otra vez a la detención? Yo decía no, pero por qué si yo no hice nada malo.
[David T.]: María preguntó a dónde la llevaban. La oficial le dijo que no se preocupara, que solamente le harían un chequeo de rutina y después se podría ir a su casa. Pero María ya no le creía nada.
[María]: No me digas mentiras, le digo. No me digas mentiras. Yo ya sé todo este proceso. Yo quiero que tú sepas que yo acabo de salir de año y medio de detención. Yo quiero que tú sepas que yo salí con una orden de un juez federal. Y ella me dice: Bueno, quiero serte sincera, tú ganaste una protección y esta protección dice que ICE te puede buscar un tercer país. Pues quiero que sepas que ya te encontramos un tercer país y vas a ir a una detención a esperar el vuelo para este país.
Eso fue un pánico horrible. Eso fue algo muy horrible. Porque imagínate que yo le pregunté qué país era. Me dijo que ella no tenía esa información. Y ya, me procesaron. Me hicieron quitar los zapatos, los aretes, las cadenas, el dinero que cargaba en el bolsillo, todas estas cosas. Me permitieron hacer una llamada y pues fue la llamada más difícil que pude volver a hacer porque vuelvo y llamo a mi pareja a decirle mira, otra vez estoy detenida.
[David T.]: Él no le creyó.
[María]: Él me decía: cómo no, no me digas eso, dime la verdad ¿Es en serio? Él pensaba que era una broma. Y le digo yo: Sí, es en serio. Estoy detenida. Ya me habían dado la información a qué centro de detención me iban a llevar.
[David T.]: A un centro de detención en Texas. Ahí iba a estar mientras definían el vuelo, el día y el destino donde la iban a mandar. Ya no eran 50 internas, eran 110. Ya no iba a dormir en una celda, ahora era un salón grande con literas. En ese momento María decidió que tenía que encontrar alguien que la ayudara, ya no podía lidiar con todo esto sin asesoría legal. Así que a través de alguna de las organizaciones que había contactado antes, por fin la conoció a ella.
[Alma]: My name is Alma David, and I’m an immigration lawyer in the United States.
[David T.]: Alma lleva muchos años siendo activista por los derechos humanos y desde 2009 trabaja como abogada de inmigración. Un colega le habló del caso de María y de que la iban a deportar a un tercer país. Alma la contactó por teléfono.
[Alma]: She was nervous and scared, obviously, during that first call as anybody would be, and you know, it was clear that the flight was happening soon. But, you know, nobody gets told exactly when or what’s happening. So she was kind of in this, this state of uncertainty.
[David T.]: Alma dice que en esa primera llamada María estaba nerviosa, como lo estaría cualquier persona en esa situación. Que parecía claro que el vuelo a otro país iba a pasar pronto, pero que nadie le explicaba cuándo ni a dónde iba a ser. Estaba en un estado de incertidumbre.
Alma escuchó su historia, todo lo que había vivido en ese año y medio desde que llegó a Estados Unidos, el trato inhumano que le habían dado durante la detención… No era algo que solo había vivido María, pero lo que hacía diferente su caso era que a pesar de que hubiera sufrido tanto, de tantos abusos del Estado, peleó sin abogado y contra todo pronóstico ganó su asilo y el habeas corpus. Alma la describe como una luchadora.
[Alma]: She’s a real fighter and she had won her case all by herself without a lawyer in immigration court, which is very, very difficult to do. And then she had won her habeas corpus petition in federal court all by herself without a lawyer, which is also extremely difficult to do. So, she had suffered a lot, and she had also persevered a lot.
[David T.]: “Ha sufrido mucho y ha perseverado mucho”, dice Alma.
En esa primera llamada con Alma, María sintió que por fin alguien que entendía el sistema la estaba ayudando.
[María]: Es una persona muy especial para mí porque ella me ha brindado esta esperanza que yo ya decía ya mi vida no vale un peso, porque todo lo que ha pasado, todo lo que he vivido y a donde voy a terminar esto no va a terminar nada bien.
[David T.]: Como primera estrategia, Alma le propuso volver a decirle a la misma corte que le diera el habeas corpus. Luego podrían pedir que anularan la deportación por no haberle permitido el debido proceso, por no haberle dicho a dónde la iban a mandar ni a dar explicaciones de por qué tenía miedo de ir a un lugar desconocido. Al final, con toda la información, un juez federal era el que debía decidir si la deportaban a un tercer país. No el gobierno de esa forma tan arbitraria.
No es la primera vez que hacen eso. Una de las características de estas deportaciones a terceros países es el secretismo. Ni siquiera les dicen el destino a los inmigrantes con la excusa de que estos lugares se comprometen a cuidarlos, aunque nada garantiza que vaya a ser así.
Y eso, según le explicó Alma, es una violación severa a los convenios internacionales que ha firmado Estados Unidos. Ahí se compromete a no poner en riesgo a nadie que haya pedido asilo por tortura o persecución.
[Alma]: And thankfully, most federal courts now who’ve looked at this in the context of these habeas corpus petitions have found that that’s illegal and have said, actually, you know, ICE has to give people notice and they have to give them some kind of opportunity to express a fear of, of where they’re going.
[David T.]: Traduzco lo que dice Alma: “Afortunadamente, la mayoría de las cortes federales que han examinado esto en el contexto de estas peticiones de habeas corpus han determinado que eso es ilegal y han dicho que, de hecho, ICE tiene que notificarles a las personas y darles algún tipo de oportunidad para expresar su temor sobre a dónde van”.
Así que le dio esperanza a María. Podían aferrarse a esas decisiones de cortes federales y frenar su deportación ilegal. El problema es que en algunos casos la Corte Suprema le ha dado la razón al presidente sobre esta política, y en otros, el gobierno simplemente ha ignorado los fallos de las cortes y ha seguido mandando vuelos llenos de inmigrantes que no saben su destino.
A mediados de abril de 2026 a María la enviaron a otro centro de detención de inmigrantes, pero esta vez en el estado de Luisiana. De nuevo, la incertidumbre. A los pocos días de estar ahí y sin tener ninguna claridad del viaje, María llamó a Alma para preguntarle si sabía algo.
[María]: Y ella me dice a mí: Yo creo que a ti te van a enviar para la República Democrática del Congo. Y yo me pongo nerviosa y le digo ¿dónde es eso?
[David T.]: En la mitad de África… A Alma le habían llegado rumores de que estaban planeando un vuelo con deportados a ese país porque hacía pocos días, a principios de abril de 2026, la República Democrática del Congo había firmado un acuerdo con el gobierno estadounidense para ese tipo de viajes. Ese país estaba listo para recibir al primer grupo de deportados. María no sabía ni qué pensar cuando escuchó eso.
[María]: No, no, no, no, ahí yo sentí lo peor. O sea, todo lo que yo te he contado, no llegué a sentir lo que sentí ahí en ese momento. Yo tengo miedo de ir a ese lugar. Yo no conozco, yo nunca lo he escuchado, no estaba al tanto de qué idioma se hablaba. No sabía nada. No tenía ninguna idea. No me imaginaba nada.
[David T.]: Por decisión del gobierno estadounidense y sin haber cometido ningún delito, a María la iban a mandar a un país a miles de kilómetros, cruzando el Atlántico, en otro continente… No podía ni pensar.
[María]: Yo tenía mi mente en blanco. Solamente pensaba que era al otro extremo del mundo. ¿Yo qué voy a ir a hacer a África?
[Daniel A.]: Lo que María no se imaginaba era que no iba a tener tiempo ni de asimilar ese viaje a otro continente. Una pausa y volvemos.
[Daniel A.]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. David nos sigue contando.
[David T.]: Alma, la abogada de María, no sabía la fecha exacta del vuelo a la República Democrática del Congo. Mientras tanto, le propuso enviar una solicitud a una corte federal para detener la deportación.
Pero ninguna de las dos esperaba que ese vuelo iba a ser tan pronto. Al otro día, a María le dieron la orden de que alistara sus cosas para ir al aeropuerto. Poco antes de salir pudo llamar a Alma.
[María]: Lo que hace mi abogada es que afortunadamente empieza como a darme esa fuerza que yo necesitaba, ese apoyo y a decirme todo va a estar bien, yo no te voy a dejar sola, yo te voy a ayudar y vamos a hacer lo posible para sacarte de ahí. Ella era la que me estaba guiando.
[David T.]: María llegó en un bus al Aeropuerto Internacional de Alexandria, en Luisiana, para abordar un vuelo chárter militar con destino a la República Democrática del Congo. Ya no había tiempo de nada. No era la única inmigrante que iba a subir a ese avión.
[María]: Ahí ya empezamos a ver cómo llevaban gente de otros carros, de otros buses, cómo subían gente a un avión. Era un avión muy grande de vuelos internacionales, un avión grandísimo. Había gente que tenía su ropa, con la que había entrado a la detención. Había gente que tenía su conjunto gris, que era el que uno compraba en las detenciones. Y sí, claramente todos esposados.
[David T.]: Una oficial de ICE bajó a María del bus y la llevó hacia el avión.
[María]: Yo estoy esposada de las manos, de los pies, de la cintura y voy subiendo las escaleras del avión, le digo: No, yo no quiero esto, yo no me voy a subir, yo no quiero ir. No, no, no voy a subir.
[David T.]: María no había asimilado el impacto de la deportación. Ni siquiera había procesado que en unas horas estaría en un lugar completamente desconocido.
[María]: Ella me aprieta el brazo y me sube a la fuerza y me dice: Tienes que hacerlo, no importa si quieres o no. Es algo que tienes que hacerlo.
[David T.]: Como ya sabemos, no era un vuelo comercial. Estaba organizado solo para transportar a los inmigrantes. María recuerda ver a muchas personas en el avión. No sabe si eran policías, oficiales de ICE, gente de otras entidades, pero era un equipo grande el que los acompañaba. Entre los detenidos, contó por encima unas 20 personas. Luego supo que eran 11 africanos y 15 sudamericanos.
[María]: Colombianos éramos ocho. Cuatro peruanos y tres ecuatorianos.
[David T.]: Ahí empezó un vuelo que, según María calculó, duró entre 20 y 25 horas.
[María]: Todas estas horas fueron esposados de pies y las manos pegadas a la cadera, la cintura, y la comida que nos daban eran sándwich y agua, y tú verás cómo comes, porque no te van a quitar las esposas para que te lo comas. Te permitían ir al baño cada que ellos querían, no cuando tú quieras. Ellos decían ya pueden ir al baño, ¿alguien quiere ir? Igual no te van a quitar las esposas para ir al baño.
[David T.]: María no escuchó a nadie llorar. Al menos ella no lloró. Solo recuerda un sentimiento: la incertidumbre.
[María]: La duda, la zozobra de qué va a pasar, qué nos espera. No sabíamos si nos iban a dejar a la deriva, así tiradas.
[David T.]: Llegaron a Kinshasa, la capital, en la madrugada y todavía estaba oscuro. Pasaron por migración sin esposas, los registraron, les tomaron fotos y los subieron a otro bus. Ahí María supo que hablaban francés y otro idioma, que después sabría que se llama lingala, pero le daba igual porque de ninguno entiende una sola palabra. Hacía mucho calor. Por las ventanas del bus no alcanzaba a ver bien, estaba muy oscuro, pero sí pudo reconocer algo: personas armadas en las calles.
[María]: No sé, se veía un lugar inseguro. Yo alrededor veía basura, calles destapadas. La verdad no se veía nada bonito, pero yo también entendía que estaba de noche.
[David T.]: Los llevaron a un hotel que se convertiría en su lugar de detención desde ese momento. Ahí los recibieron personas de OIM, la Organización Internacional para las Migraciones, y fueron los primeros en explicarles lo que iba a pasar: el gobierno estadounidense les costearía su estadía en ese lugar durante siete días. Les iba a dar alimentación y objetos de aseo básicos. Cuando se acabara ese tiempo, les ofrecía vuelos para que regresaran voluntariamente a sus países de origen.
María habló con Alma, su abogada, sobre eso. Estaba claro que no iba a regresar a Colombia. Entonces prefirieron no apresurarse y ver qué posibilidades había.
[Alma]: And we would first find out from IOM what the seven day deadline was really all about. And as it turns out, it wasn’t really a deadline.
[David T.]: Alma dice que primero averiguaron con la OIM de qué se trataba realmente ese plazo de siete días y resultó que no era cierto que ahí tuvieran que regresar a sus países. En realidad, en ese tiempo la OIM gestionaría los salvoconductos y pasaportes de los inmigrantes, porque ICE les había quitado sus documentos cuando los detuvo y nunca se los devolvió. También se encargaría de evaluar cada caso para determinar si era seguro regresar a su país.
[Alma]: And so, you know, once we knew that, then we felt like we could breathe a little bit and try to come up with another plan.
[David T.]: “Una vez que supimos eso, sentimos que podíamos respirar un poco y tratar de armar otro plan”, dice Alma.
Cuando hablé con María, en mayo de 2026, llevaba un mes y diez días en el hotel en Kinshasa. La conexión a Internet era inestable y se caía todo el tiempo. Desde el principio me advirtió que se podía ir la energía en cualquier momento durante varias horas, y efectivamente nos pasó dos veces.
Me contó que aunque no podía ni siquiera salir sola del hotel, quedarse ahí era la mejor opción dentro de todo. A cada uno le dieron una habitación.
[María]: El hotel es amplio. Tiene mucha naturaleza. Tiene abajo el comedor, salón para reuniones. Las habitaciones tienen pues su baño, su televisor, aire acondicionado. Claro que tiene fallas, porque pues se va la energía, se va el agua. En algunas habitaciones no funcionan los televisores, en otras no funcionan los aires, cosas así, pues, pero yo siento que este país, entre lo poco que tiene, ha intentado brindarnos lo mejor.
[David T.]: También me contó que solo uno de los inmigrantes sudamericanos había decidido volver a su país, a Colombia. Los otros 14 casos, incluido el suyo, resultaron ser de alta vulnerabilidad y la OIM ratificó que no podían regresar. La solución inmediata que encontró la organización fue permitirles quedarse en el hotel durante tres meses, que es el tiempo de visado de turista que da la República Democrática del Congo. Además, asumió su alimentación y otras necesidades básicas.
[María]: La verdad, si la OIM no estuviera aquí, estaríamos nosotros en el limbo, tirados acá en un país totalmente desconocido.
[David T.]: Ninguno de los inmigrantes tenía antecedentes penales, aun cuando el gobierno Trump dijo que solo iba a deportar delincuentes que representen un riesgo para la seguridad pública.
[María]: Es muy importante que la gente sepa y tenga claro que aquí ninguno somos delincuentes. Que no nos mandaron a este país porque cometimos un delito, porque somos delincuentes, no. Y también quiero que sepan que ninguno de los que estamos aquí aceptamos y quisimos y firmamos ningún documento para que nos trajeran a este país. O sea, no nos dieron la opción de que firma por si quieres o no. Es sí o sí.
[David T.]: En ese momento, la OIM estaba gestionando los documentos de los inmigrantes a través de la embajada más cercana… Bueno, cercana entre comillas, porque la colombiana, por ejemplo, estaba en Kenia, muy lejos de ahí.
La segunda vez que hablé con María, le pedí que me describiera lo que estaba haciendo.
[María]: En estos momentos estoy en mi habitación. Estoy haciendo, pues nada, hablando contigo. Y antes de que me llamaras, lo que estaba haciendo era como viendo cosas de mi teléfono acostada en la cama.
[David T.]: Me sorprendió que cuando le pregunté por la rutina diaria, me empezó a describir algo parecido a lo que vivió cuando estuvo detenida en Estados Unidos.
[María]: Pues es siempre lo mismo, es levantarse temprano. Si quieres vas a desayuno, si no, no.
[David T.]: Para desayunar tenían que ir hasta el comedor del hotel donde también había otros huéspedes. Después cada uno regresaba a su habitación.
[María]: Te quedás ahí en la cama. Tenemos actividades con la OIM desde las 10:30 hasta las 3 o 4 de la tarde. Depende de la actividad.
A diferencia de la detención en Estados Unidos, acá al menos les ofrecían algo para distraerse.
[María]: Entonces actividades de psicología y reunión donde nos preguntan cómo nos sentimos, si necesitamos algo. Voleibol, fútbol, ajedrez, dominó, tal vez ver una película. No sé. Y a las 7 de la noche es la hora de ir a la cena. Entonces cenar y volver a subir a la habitación y ya. Y esperar el día de mañana.
[David T.]: Solo una o dos veces por semana el equipo de la OIM los llevaba a un supermercado a comprar cosas o a un sitio de transferencias de dinero para que los que tenían documentos pudieran reclamar lo que les mandaban sus familias. María se sostenía con lo que le podía enviar su pareja desde Estados Unidos. Su familia en Colombia no sabía que estaba en esta situación en otro continente. Pensaban que seguía libre en Estados Unidos, intentando regularizar su situación migratoria. Por eso intentaba hablar con ellos en las madrugadas para que la diferencia horaria no les hiciera sospechar, y tratando de que no le hicieran más preguntas de las necesarias. No quería preocuparlos, mucho menos en ese momento en el que no sabía qué iba pasar en los próximos meses.
Su única certeza era que cada día era igual que el anterior. Era una rutina en la que sobrevivían estos 14 inmigrantes sudamericanos que al menos tenían buena relación e intentaban sobrellevar la monotonía entre todos.
[María]: Ay, pues la verdad uno trata de tener la mente distraída pensando en otras cosas para evitar realmente ponerse a pensar en cómo me siento en esta situación. No soy muy llorona, pero pues sí, es una situación muy difícil, pero trato de darme ánimos, de darme fuerzas.
[David T.]: Pero era inevitable. Siempre llegaban golpes nuevos que no les dejaban evadir la realidad tan dura que estaban viviendo. A María y a algunos de sus compañeros, por ejemplo, les dio malaria.
[María]: Hace como una semana. Y se sintió muy mal, la verdad. Me sentía muy débil, tenía mucha fiebre alta, fue bastante complicado, pero pues ellos me brindaron el tratamiento médico necesario y me recuperé afortunadamente.
[David T.]: Y cuando hablamos, había un nuevo miedo rodando…
[María]: Ahorita hay un virus muy alborotado que es el ébola, pero pues hasta ahora no ha llegado hasta nosotros y ojalá no llegue. Esperamos que de aquí a que avance tanto ya nos hayamos ido o que no avance tanto.
[David T.]: “Esperamos”, dice María. Esperar, como ya dijimos, era lo único que había hecho en el último año y medio.
[María]: Lo más difícil de esta situación para mí es que mi vida no avanza, que he estado todo este tiempo en pausa, tanto académicamente, laboralmente, que he estado volteando de un lado a otro, no he tenido ni siquiera un hogar estable más que la detención. Fue el único lugar donde estuve lo más estable posible por año y medio, pero pues no era algo, no era algo que mereciera.
Con su abogada estaba viendo la posibilidad de que otro país la recibiera. O incluso, como plan b, pedir asilo en la República Democrática del Congo. Era una opción que aunque le daba miedo por el ébola, por ser también un país peligroso, era mucho mejor que regresar a Colombia. María sabía que esa era la salida más rápida, pero no era la más fácil ni la mejor. Con todo lo que había vivido, no se imaginaba regresando a su país.
[María]: Pues afortunadamente siempre he sido una persona muy fuerte. Entonces, también siento que ahora no es el momento de yo romperme, que ahora no es el momento de ahorita, pues yo misma me necesito fuerte para lo que viene, porque esto no ha terminado.
[David T.]: María tenía razón. Esa huida que empezó tres años antes para ponerse a salvo aún no había terminado.
El 10 de junio de 2026, me envió esta nota de voz.
[María]: (Audio) Hola. No, no, no, no es molesta. No te preocupes. Lo que pasa es que hablo esto con alguien, de cómo me siento ahora que estoy acá y que ahora no he tenido mucho tiempo.
[David T.]: Durante algunos días le estuve preguntando insistentemente cómo estaba, cómo había avanzado su situación, pero no me había respondido nada hasta este mensaje.
[María]: Pues ya… yo ya viajé y ya salí de, del Congo. Y entonces ahora pues estoy un poquito organizando muchas cosas.
[David T.]: Con los días me fue contando que junto a su abogada habían decidido comprar un vuelo a otro país. No vamos a mencionar cuál por seguridad, pero es un lugar más tranquilo para ella desde donde puede gestionar un nuevo asilo. Otros dos colombianos con los que estaba en el hotel hicieron lo mismo. Las otras personas regresaron a sus países.
Cuando por fin pudimos conversar con más calma, María me habló de lo bien que estaba en este nuevo lugar.
[María]: No, muchísimo mejor, muchísimo mejor. Ay, no. Es la primera vez pues que… Pues imagínate que yo llevaba dos años prácticamente sin ser libre, sin poder moverme como yo quiera, donde yo quiera. No sé, me siento bien, me siento feliz, me siento libre, soy libre, soy libre.
[David T.]: Aún no había regularizado su situación migratoria, pero una amiga que ya estaba viviendo allá la recomendó para trabajar con una familia cuidando a una persona mayor. María aceptó.
[María]: Mi trabajo es interna en una casa. Estoy pues de lunes a viernes, vivo aquí con ellos, duermo aquí. Aquí me dan pues comida, todas mis cosas que yo necesito y pues ellos están contentos conmigo y yo con ellos.
[David T.]: Me contó que ya había pedido el asilo y había enviado todos los documentos necesarios. Estaba esperando que se lo dieran dentro de unos 9 meses, más o menos, para empezar los trámites para llevarse a su hija, que ahora tiene diez años y vive con su familia paterna. María estaba muy confiada en que sería un proceso mucho más fácil y rápido que en Estados Unidos.
También me dijo que su familia no sabe todos los detalles horribles de lo que vivió, tampoco sabe lo de su paso por la República Democrática del Congo. Para ella fue más fácil decirles que había decidido irse a otro país que la tratara mejor. Le pregunté si quería volver a intentar el proceso en Estados Unidos.
[María]: No, eso ya está descartadísimo. La verdad es el último lugar al que quisiera volver. Siento que me dejó tantos traumas, tantos tragos amargos.
[David T.]: Me contó que cuando llegó a vivir a este nuevo lugar con sus nuevos jefes se dio cuenta de que a pesar de que podía comer, dormir, moverse cuando quisiera, obedecía unas reglas y una autoridad que ya no existían, pero que se le quedaron marcadas.
[María]: Y no me di cuenta que yo tenía este problema hasta que ellos me dicen como que no necesitas pedir permiso para sentarte en este lugar. No necesitas pedir permiso para comer esto. Incluso yo estaba con ellos al lado y era el tipo de persona que les decía: Hey, ¿será que puedo ir al baño? Y me decían Usted puede ir a hacerlo tranquila. Usted es una persona adulta, puede hacerlo. ¿Por qué me pides permiso?
[David T.]: María siente que Estados Unidos le quitó su tranquilidad, le afectó su salud mental, su vida cotidiana, la forma como se relaciona con la gente… hasta lo culpa en cierta forma de haber roto la relación amorosa que creía que podía florecer en medio de todo. Ya no tiene contacto con su ex pareja que tanto le ayudó en Estados Unidos. Ahora, María sigue lidiando con intentar rearmar su vida en un lugar seguro. Sabe que no es fácil, pero como siempre me lo dijo: prefiere este sacrificio a tener que volver a Colombia.
[Daniel A.]: El caso de María en Estados Unidos ya está cerrado. Con Alma, su abogada, están esperando a que un caso contra la política de deportaciones a terceros países llegue a la Corte Suprema. Lo que se defina ahí va a determinar si pueden demandar al gobierno estadounidense por violar sus derechos fundamentales.
Pero mientras tanto, siguen saliendo vuelos con deportados hacia lugares que no conocen. Para abril de 2026 se calculaba que más de 13 mil inmigrantes habían recibido órdenes de deportación a unos 27 países, y durante ese verano se registraron más de 2 mil de esos vuelos.
David Trujillo es productor productor senior de Radio Ambulante y vive en Bogotá. Esta historia fue editada por Camila Segura, Luis Fernando Vargas y por mí. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri con música de Rémy Lozano y Andrés.
El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Adriana Bernal, Aneris Casassus, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Camilo Jiménez Santofimio, Germán Montoya, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Juan Pablo Santos, Sara Selva Ortiz, Elsa Liliana Ulloa, Franklin Villavicencio y Mariana Zúñiga.
Carolina Guerrero es la CEO.
Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.
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