
Bajo sospecha | Transcripción
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[Daniel Alarcón]: Esto es Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón.
La historia de hoy empieza el 13 de noviembre del 2018 con una familia argentina de origen libanés: los Abraham Salomón. Ese día estaban en su casa en Floresta, un barrio en el suroeste de Buenos Aires.
A eso de las cuatro de la tarde, Axel, de 25 años, y Marcelo, su papá, salieron de la casa para reabrir el pequeño local de productos de limpieza que atendían. La tienda estaba justo al lado, era una caminata muy corta.
Apenas habían dado unos pasos, cuando un grito rompió el silencio. Este es Axel.
[Axel Abraham Salomón]: Escucho que dicen: “Tírate al piso y tírate al piso”. Claro, yo miré para atrás para ver si había alguien atrás mío.
[Daniel]: Lo que vio fue un grupo de hombres que avanzaba hacia ellos. Iban pegados a la pared, como agachados, y tenían ropa militar: botas, casco, pasamontañas y armas largas que a Axel le parecían ametralladoras.
También llevaban chalecos antibalas con una sigla estampada en blanco: GEOF. Grupo Especial de Operaciones Federales, una división de la policía federal argentina especializada en operativos contra el terrorismo y el narcotráfico.
Axel no entendió que venían por él hasta que uno de esos hombres lo tomó por la nuca y lo tiró al suelo. Boca abajo, apenas podía ver lo que pasaba. Solo alcanzaba a observar a su papá que estaba en la misma posición a unos pocos metros. Lo que escuchaba era el sonido de las botas de los policías pateando la puerta de la casa para entrar. Estaba aturdido.
[Axel]: Se te cruzan muchas cosas por la cabeza. Va a mil por hora. ¿Por qué a mí? ¿Qué pasó? ¿Qué hice? ¿Qué no hice?
[Daniel]: En medio de la confusión, todavía tirado en el suelo y con los brazos atados en la espalda, solo podía pedir por su hija de dos años, Laiah, que estaba dentro de la casa. Axel la escuchaba gritar y les rogaba…
[Axel]: “Mirá, vos a mí haceme lo que vos quieras, pero yo está mi hija ahí adentro”, le digo, “por favor, déjame entrar y déjame consolarla, por lo menos”.
[Daniel]: Pero entre más les pedía, más le gritaban.
[Axel]: “No, no, vos no te tenés que quedar acá, vos te tenés que quedar acá. Vos no te podés mover”. Y yo me movía y cuanto más me movía más me apretaban las esposas.
[Daniel]: Solo lo tranquilizaba un poco saber que su hija estaba con la abuela, Paola.
[Paola Salomón]: Yo estaba sentada en el sillón, mirando la televisión con mi nieta upa, dándole la mamadera. Empecé a sentir golpes. Digo. ¿Qué pasa? ¿Qué están tirando?
[Daniel]: De golpe, los policías entraron a la casa.
[Paola]: Viste como un tsunami que se te viene y vos decís… no entendía. No, no, no, no podía entender.
[Daniel]: Los hombres le apuntaban con rifles y gritaban sin parar.
[Paola]: “¡Tírate al piso, tírate al piso!”. Lo único que me decían, pero por favor, decía yo, la nena, cuidado, a ver si se les escapa un tiro.
[Daniel]: Asustada, se tiró al suelo y con su cuerpo protegió a su nieta, que no paraba de llorar. No sabía dónde estaban su marido y su hijo.
[Paola]: Y ahí empezó todo. Empezaron a romper puertas, vidrios. Abrían las alacenas de la cocina, filmaban, no sé… los vasos, las tazas… me contarían a ver cuántos vasos tengo. Revolvieron todo.
[Daniel]: Logró ver cómo su hijo y su marido entraban de nuevo a la casa, esposados. Buscó con la mirada a su marido, a ver si él podía darle una explicación. Pero no obtuvo respuesta.
Mientras tanto, Axel era interrogado a gritos…
[Axel]: “¿Dónde están las armas? Decime dónde están las armas. Vamos a simplificar todo, decime dónde están”. Yo le digo: “¿Qué?”, le digo, yo no sé qué estás buscando, le digo. Si vos tenés una AK 47, me dice.
[Daniel]: Un AK 47 o Kalashnikov, un rifle de asalto. Axel no sabía de qué le hablaban. Él ni siquiera vivía allí, en la casa de sus padres. Hacía dos años que se había mudado con su esposa y su hija a un departamento en un barrio cercano. Pero los policías insistían. Lo amenazaban: si no les decía dónde estaban las armas iban a romper todo.
[Axel]: “Pero rompé todo lo que vos quieras”, le digo. “No la vas a encontrar porque tal cosa no existe. Viniste a buscar algo inexistente acá”.
[Daniel]: No había un AK47, pero sí otras armas: fusiles de caza, algunos revólveres y municiones que habían sido de su bisabuelo. Axel apenas recordaba que estaban ahí. Y los policías no se demoraron en encontrarlas. También confiscaron ropa de tipo militar, un par de computadoras, teléfonos celulares, una tablet y un disco externo. Lo acomodaron todo en el piso, junto a un cartel con las siglas PFA, Policía Federal Argentina, y le tomaron fotos.
Axel y su familia estuvieron sentados en la sala durante horas, sin respuestas de qué los estaban acusando ni información sobre qué iba a pasar con ellos. A eso de las 7 de la noche, Gamal, de 23 años, el hermano menor de Axel, que regresaba de trabajar, vio un tumulto de gente a la entrada de la casa.
Al llegar a la puerta, lo esposaron de inmediato y lo metieron a la casa.
Vio a su familia: su mamá lloraba, mientras que su hermano estaba esposado y su papá tenía las manos atadas con un precinto, una especie de tira de plástico.
Las puertas de madera tenían huecos hechos a patadas y varios muebles estaban corridos, fuera de su lugar habitual. Además, vio todas las cosas que la policía había amontonado.
[Gamal Abraham Salomón]: Entonces veo todo eso, viste cuando no entendés, ni siquiera lo relacionás, como que como que iban a hacer algo en contra tuya, por eso.
[Daniel]: Los policías tampoco respondieron sus preguntas. Así que Gamal se sentó con el resto, esposado, a esperar.
Pasaron varias horas más así, hasta que uno de los policías se acercó. Marcelo podía quedarse, pero Axel y Gamal iban a tener que irse con ellos. Les dijeron que los llevarían para declarar ante el juez, pues la Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina, DAIA, una institución que representa a las organizaciones judías del país, había hecho una denuncia penal en su contra.
Cuando Paola escuchó esto se paró entre sus hijos y la policía.
[Paola]: “No, no se los llevan”, dije, “no se los llevan”.
[Daniel]: Le daba miedo que ese fuera el comienzo de algo grave, un proceso judicial inventado por la policía o algo por el estilo. Sabía que eso a veces pasaba, lo había visto en las noticias.
Paola no quería separarse de sus hijos. Le daba terror la idea de dejarlos solos en manos de la policía.
[Paola]: Digo: “Yo voy con ellos, yo no voy a molestar, yo me quedo ahí sentada con ellos”. “No, ¿cómo vas a ir con ellos?” “Sí, yo no molesto”, le dije… “Yo estoy con ellos nada más”.
[Daniel]: Uno de los policías le dijo que era solo una formalidad, que sus hijos iban a declarar y volvían esa misma noche. Gamal pidió permiso para hablar con ella y logró convencer a los policías para que, por unos minutos, lo esposaran por delante, para poder tocarla.
[Gamal]: Ahí la abrazo y le agarro la cara y le digo: “Quédate tranquila, nosotros vamos a volver si Dios quiere”.
[Daniel]: No le mentía para calmarla: estaba convencido de que se trataba de una confusión y de que volverían esa misma noche. Y jamás usaría el nombre de Dios en vano, menos con ella, que le había enseñado a refugiarse en el Islam y la oración cuando las cosas se ponían difíciles.
La vida, de golpe, les presentaba una prueba. Y todavía no sabían qué tan grande iba a ser.
Una pausa y volvemos.
[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Nuestra productora Emilia Erbetta nos sigue contando.
[Emilia Erbetta]: Axel y Gamal, esposados, salieron juntos de su casa, pero una vez fuera, los separaron.
La tranquilidad que había tenido Gamal en su casa, frente a sus padres, se desmoronó ni bien se subió a la patrulla.
[Gamal]: Un miedo… no te das una idea. Miedo e incertidumbre porque no sabía lo que iba a pasar y porque tenía miedo de la situación. Yo nunca había vivido una cosa así, ni tampoco había hecho cosas para vivir una cosa así.
[Emilia]: No le dijeron a dónde lo llevaban. Pero por el camino que tomó el auto pudo darse cuenta de que iban hacia el norte de la ciudad. Iba callado, en el asiento de atrás, en medio de dos policías, con otros dos adelante. Los oficiales conversaban entre ellos, y uno hasta envió un audio de Whatsapp. Gamal pudo escuchar bien lo que decía.
[Gamal]: Estamos volviendo de un allanamiento. Esto es político.
[Emilia]: Escuchar esa palabra, político, lo desconcertó: ni él ni su hermano militaban en ninguna organización y no estaban involucrados en política… Pensó en todas las veces que había escuchado historias sobre lo lento que es el sistema judicial argentino, el tiempo que llevan los casos judiciales, que a veces se demoran años sin una resolución y sobre la corrupción de la justicia, la complicidad que tiene con el poder político.
Y, en ese momento, se sintió seguro de algo:
[Gamal]: Cuando yo escuché la frase: “Esto es político”, dije: “Ya está, no salgo más”, dije.
[Emilia]: Unos cuarenta minutos después las patrullas se detuvieron. Habían llegado a un predio que abarcaba toda una manzana. Era como un pequeño barrio cerrado, donde había varios edificios de paredes blancas y calles delineadas por hileras de árboles.
Era la medianoche cuando los bajaron de las patrullas y los llevaron hasta uno de esos edificios. Al entrar, Gamal alcanzó a ver un escudo que decía: “Departamento Unidad de Investigación Antiterrorista” de la Policía Federal.
Ahí, les tomaron las huellas, registraron sus datos y los hicieron desnudar para tomar fotos de sus tatuajes.
Luego, a Axel lo llevaron hasta una pequeña sala con un televisor. Estaba ahí, sentado, con la mirada perdida en un partido viejo de fútbol, cuando un policía se acercó y le quitó las esposas. El alivio de tener las manos sueltas después de tantas horas le duró poco, porque otro policía se acercó de inmediato y ordenó que volvieran a esposarlo. Y le dijo a Axel que se pusiera de pie y comenzó a revisarlo.
[Axel]: Le digo: “Ya me revisaron antes de venir acá”. “Bueno, yo te voy a revisar las veces que yo quiera”, me dice.
[Emilia]: En otra situación, Axel hubiera reaccionado, no hubiera dejado que nadie le hablara así, con esa prepotencia. Pero ahí se sentía indefenso.
[Axel]: En ese momento no tenés otra opción que agachar la cabeza, lamentablemente, porque ellos tienen el poder sobre vos.
[Emilia]: Temía que si intentaba resistirse, todo podría ser peor. Sabía que, en realidad, lo que ese policía le estaba diciendo era otra cosa…
[Axel]: “Yo con vos hago lo que quiero. Como que sos un número y a mí no me importa”.
[Emilia]: Y entonces, se encomendó a Dios.
[Axel]: Dije: “Si es, si es la voluntad tuya. Bueno, que así sea. Y voy a tratar de aguantar lo que más pueda”.
[Emilia]: Mientras tanto, a Gamal lo habían llevado directo hasta una celda pequeña, donde había un colchón delgadito, como de espuma, un inodoro maloliente y una luz blanca y brillante que no se podía apagar. No había ventanas, así que no había manera de saber si era de día o de noche.
La puerta tenía una abertura horizontal y estrecha, como la de un buzón. Por ahí, le explicaron, le pasarían la comida durante el tiempo que estuviera detenido.
Cuando entró a la celda y escuchó cómo trababan el cerrojo de la puerta de metal, sintió algo de alivio.
[Gamal]: En ese momento me sentí relajado porque dije: “Bueno, al fin voy a poder estar solo para hablar con Dios”.
[Emilia]: Y le hubiera gustado rezar porque eso siempre lo calmaba. Cuando estaba angustiado, estresado o preocupado por algo, rezar era como encontrar un lugar donde se sentía a salvo.
Pero en la celda no podía rezar como siempre lo hacía, porque no tenía ninguno de los elementos que los musulmanes necesitan para hacerlo: ni una pequeña piedra que separara su frente del suelo, ni una alfombra donde arrodillarse, ni un ejemplar del Corán, el libro sagrado del Islam, donde leer sus plegarias.
[Gamal]: Entonces nada más hablaba con Dios. Y me preguntaba: “Ché, ¿pero yo qué hice para estar acá? Si yo trabajaba, estudiaba. Estaba de novio. Los fines de semana no salía. ¿Qué vieron de raro?”
[Emilia]: Un tiempo después, no sabe cuánto, escuchó que llevaban a su hermano a la celda de al lado. Durante un rato, uno de los policías les dejó la hendija de la puerta abierta y así pudieron conversar. En esos primeros momentos, hablaron de Dios, de su familia… buscaron darse fuerzas entre ellos.
[Axel]: Tenemos que estar juntos. Tenemos que ser fuertes. Tenemos que aguantar. Paciencia. Son pruebas de Dios, decíamos. Dios no te da un peso que vos no puedas soportar.
[Emilia]: Mientras tanto, afuera de esas celdas, su detención se convertía en una noticia nacional.
[Soundbite de archivo]
[Canal 9]: Acaban de detener a dos hermanos argentinos simpatizantes de Hezbollah…
[Telenueve]: La cuestión es que le encontraron una suerte de gran cantidad de armas: fusiles, escopetas, pistolas, revólveres…
[CNN]: Todo esto tenían dos personas supuestamente vinculadas a Hezbollah… Hezbollah en la Argentina.
[Emilia]: Hezbollah: una organización política, legal en el Líbano, pero con una rama militar que es considerada terrorista por varios países del mundo. En Argentina, hablar de Hezbollah tiene un significado especial, porque es la organización señalada como responsable, junto al estado iraní, del atentado al edificio de la Asociación Mutual Israelita Argentina, AMIA, donde una explosión causada por un coche bomba mató a 85 personas en 1994.
Todas estas notas iban acompañadas de fotos de Axel y Gamal. Algunos medios, incluso, mostraban en pantalla sus fichas policiales, donde aparecía su número de documento y hasta la dirección de la casa donde vivían Gamal y sus padres. Era información oficial, difundida en un comunicado de prensa por el Ministerio de Seguridad.
A los papás de Axel y Gamal les resultaba insoportable ver las fotos de sus hijos así, esposados, expuestos, y además categorizados como terroristas peligrosos. Esta es Paola.
[Paola]: Eso es humillar a la gente también. A otras personas le tapan la cara. ¿Por qué?¿Qué investigación hicieron previa? ¿Quién limpia la imagen de ellos ante la sociedad?
[Emilia]: La misma noche que se llevaron a sus hijos, Paola y Marcelo habían buscado a un abogado conocido. Se llama Ismael Jalil, y también es miembro de la comunidad libanesa. A él enseguida le llamó la atención el momento de la detención, porque faltaban solo tres semanas para que comenzara el G20, un foro anual en el que se reúnen los gobernantes y los presidentes de bancos centrales de 20 países y que ese año, 2018, se celebraría en Buenos Aires a comienzos de diciembre. Ismael tenía una hipótesis.
[Ismael Jalil]: El gobierno se disponía a dar alguna prueba de que estaba capacitado para dar la lucha contra el terrorismo y cumplir los deberes para los cuales había sido llamado por parte de Trump y compañía.
[Emilia]: Esta era una lectura política de la detención, claro. Para el abogado, lo que estaba pasando con Axel y Gamal no era más que una estrategia del gobierno combinada con la islamofobia que asocia a la comunidad musulmana con el terrorismo.
En ese momento, Paola no sabía qué era el G20, pero desde el inicio sospechó que todo tenía que ver con la religión de su familia. Durante el allanamiento, vio cómo los policías se interesaban por un texto en árabe que ella tenía pegado en la heladera. Era una oración del Islam, pero al confiscarla con el resto de las cosas ellos lo habían manejado como una prueba incriminatoria.
No era la primera vez que sentía los prejuicios por su religión.
[Paola]: A veces me siento que, que rindo examen todos los días. Me juzgan por el velo. No, no te juzgan por el intelecto, por tu inteligencia, por tu estudio, por tu capacidad. Salís de tu entorno, del barrio que ya te conocen y ya viste, te miran.
[Emilia]: Y hay algunos momentos, algunas circunstancias puntuales en que las miradas se hacen incluso más fuertes, más dolorosas.
[Paola]: Cuando hay hechos en el extranjero ¿eh?, pasa algo, un atentado, lo que sea, ya las miradas cambian.
[Emilia]: Cambian, es como si dijeran algo:
[Paola]: Los terroristas son ustedes, los árabes, los musulmanes.
[Emilia]: Y ahora sentía que lo que les estaba pasando no era más que una versión monstruosa de esas miradas.
Axel y Gamal volvieron a ver el sol la mañana del jueves 15 de noviembre, casi dos días después de dejar su casa, cuando un policía fue a buscarlos para anunciarles que tenían que ir a declarar en la sede de los Tribunales Federales, al este de la ciudad.
Los llevaron en autos separados y una vez allí, los metieron en unas celdas más pequeñas y oscuras que las anteriores. Mientras esperaba, sin poder hablar con su hermano, Axel se puso a leer las frases que otros detenidos habían escrito en las paredes. Una le quedó grabada:
[Axel]: “Acá aprendés a vivir en la oscuridad y lejos de mamá”. Y es verdad, estás solo ahí adentro. Ahí estás solo. Y te tenés que arreglar como puedas.
[Emilia]: Unas horas después los llamaron a declarar.
Entraron por separado al despacho del juez. No los atendió él, sino la secretaria del juzgado, que por fin les explicó con más detalle por qué estaban detenidos. Les dijo que el 31 de enero de ese año, casi once meses atrás, la Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina o DAIA, había hecho una denuncia contra ellos en la Unidad de Investigación Antiterrorista de la Policía Federal.
Según la DAIA, había llegado a su correo electrónico un mensaje anónimo que decía: «…en un gimnasio hay una persona que se llama Gamal Salomón, musulmán y partidario de Hezbollah. Si bien no tengo contacto con él (…) está persona viaja varias veces por año al Líbano a entrenar. Les ha mostrado videos disparando armas largas (…) esta persona tiene una AK-47 guardada (…) Dejo las redes sociales de él y su hermano”.
El correo iba acompañado de dos capturas de pantalla con los perfiles de Facebook de Axel y Gamal.
Axel pidió que le mostraran los videos.
[Axel]: Y me dice: “No, no, pero no lo tengo”. “¿Y entonces qué hago acá?”, le digo. “Me estás privando de mi libertad. Sin tener una prueba contundente. No entiendo. Toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario”, le digo, “vos lo tenés que saber más que nadie”.
[Emilia]: No le dieron respuesta y siguieron con las preguntas.
En la acusación en contra de Axel y Gamal había otro punto central: sus viajes al Líbano, a Siria y a Irán. Les interesaba saber cómo habían ido, con quién, por qué, y cómo habían pagado esos viajes.
Gamal intentó responder con el mayor detalle posible: había ido a Líbano cuatro veces, dos con su familia, incluido Axel. También habían estado en Siria para visitar, junto con otros familiares, la mezquita de Záynab, el Santuario de la nieta del profeta Mahoma, en Damasco, y él, por su cuenta, había pasado un mes y medio en Irán haciendo un curso de religión islámica.
También le preguntaron por las armas que encontraron en la casa de la familia durante el allanamiento. Eran varias: una escopeta, cuatro revólveres; dos pistolas y un rifle de aire comprimido, de esos que se usan para cazar animales. Gamal dijo que eran parte de una herencia familiar y que algunas, él no las había visto nunca.
[Gamal]: Las armas estaban en un cuarto, en dos cuartos, las encontraron por indicaciones de mi papá que les decía: “Acá van a encontrar esto, acá está, acá, esto está acá, esto está bajo llave…” Todo estaba bajo llave.
[Emilia]: Todo salvo un fusil Mauser del año 1909, que estaba en su habitación, guardado en su funda porque allí lo había dejado su abuela hacía muchos años.
[Gamal]: Y el Mauser siempre quedó ahí… con la funda, todo, siempre estuvo en el mismo lugar. Cuando nosotros nos mudamos, esa habitación pasó a ser de mi hermano y mía. El Mauser quedó ahí. La verdad ni lo tocamos.
[Emilia]: También habían sumado como prueba un bate de baseball.
[Gamal]: Cosas que eran nuestras, sí, pero ¿un bate de baseball? Que me lo compró mi papá para el Día del Niño, me acuerdo, cuando yo era chico con el guante y la pelota; y lo pusieron como si fuese un arma letal que mira lo que tenía un bate de béisbol.
[Emilia]: Y también incluyeron una cachiporra que había sido un regalo de un amigo policía y un palo de madera que era en realidad de escoba, pintado de colores, que usaba su papá para practicar sipalki, un arte marcial.
[Gamal]: Lo pusieron ahí como si fuesen armas de guerra, armas que uno, que un terrorista tiene que usar.
[Emilia]: Otra cosa que la policía secuestró de su casa durante el allanamiento fue un imán con la foto del secretario general de Hezbollah. Gamal les dijo que era algo que habían traído de uno de sus viajes al Líbano, como un souvenir de algo importante en ese país.
[Gamal]: Vos cuando vas a Cuba te traes un imán del Che Guevara o de Fidel, si te gusta o si coincidís, o si estás de acuerdo, o porque es algo relacionado al país, es trascendental en el país en el que visitaste lo traes…
[Emilia]: Estuvieron varias horas declarando. Cuando terminaron, los llevaron de vuelta a una celda. Ahora sí podían estar juntos, así que aprovecharon para conversar y transmitirse un poco de tranquilidad. Ya que habían contestado todas esas preguntas, seguro todo empezaba a aclararse. Eso creía Axel.
[Axel]: Yo pensé que declaraba y me venía, que era toda una confusión, que se habían equivocado.
El juez tenía hasta diez días para decidir su situación procesal después de la declaración. Pero solo unas horas después ya había tomado una decisión. Gamal recuerda cómo se lo explicaron.
[Gamal]: Me dijeron que el pedido de excarcelación que había hecho el abogado después de las indagatorias había sido rechazado del juez y de que me iban a derivar a una unidad penitenciaria en los próximos días.
[Emilia]: A la cárcel de Ezeiza, a una hora de Buenos Aires. Una de las más grandes de la Argentina.
Gamal apenas reaccionó.
[Gamal]: Estaba muy ido, estaba muy… Dije: “Bueno”. No, no le dije más nada, no le pregunté ni siquiera por qué.
[Emilia]: Estaban acusados por tenencia ilegal de arma de guerra y acopio de municiones, dos delitos que tienen penas de hasta 10 años de prisión. Saldrían hacia el penal dos días después.
Una pausa y volvemos.
[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Emilia Erbetta nos sigue contando.
[Emilia]: Antes de salir hacia la cárcel de Ezeiza, Axel y Gamal pasaron la noche juntos en una de las celdas de los tribunales federales.
Fue una noche larga, fría, muy difícil. Axel no puede olvidarla.
[Axel]: Nos cagamos de hambre, comíamos pan, tomábamos agua, nada más. A mi hermano le hicieron limpiar todos los baños por una frazada porque teníamos frío. Dormíamos, me acuerdo, espalda con espalda para darnos calor y, y boca abajo contra el piso.
[Emilia]: Pero no era solo el frío y el cansancio. También los paralizaba el miedo.
[Axel]: Todo es muy incierto ahí adentro. Yo no sabía si después me trasladaban, me mataban… otro preso, yo no sé. Es un mundo desconocido para mí. Yo no sabía lo que me iba a pasar ahí adentro.
[Emilia]: Viajaron hacia el penal en la madrugada del viernes 16 de noviembre, tres días después de su detención. Fueron en un pequeño camión policial, junto a otros detenidos, esposados de pies y manos y en silencio. Gamal ni siquiera se animaba a mirar a su alrededor.
[Gamal]: Mi hermano ya me había dicho: “No mires a nadie y capaz que se lo toman a mal. Capaz que reacciona mal algún preso…”
[Emilia]: Aunque apenas le llevaba 3 años, con Gamal, Axel cumplía siempre su rol de hermano mayor, protector. Pero durante el viaje estaba igual de aterrorizado.
Cuando la camioneta se detuvo, los dos sentían lo mismo.
[Gamal]: Y dijimos: “Bueno, acá nos vamos a encontrar con cualquier cosa. Todo lo que viste en las películas, acá que puede ser eso, puede ser distinto, puede ser peor, mejor, no sé”.
[Emilia]: Ni bien entraron, empezaron a escuchar silbidos. Gamal se estremeció.
[Gamal]: Dije: “Ya está, me ficharon”, dije.
[Emilia]: Me ficharon, o sea que ya sabían que no era uno de ellos.
Les tomaron las huellas y los llevaron a una celda, juntos. Acompañarse, poder hablar… esto los tranquilizó un poco. Gamal sentía que lo que les estaba pasando era una prueba, y que ellos, como el Profeta Mahoma alguna vez, debían afrontarla refugiándose en la fe. En la fe y el uno en el otro. Una hora después, los ubicaron en una fila junto a otros ocho detenidos.
[Gamal]: Nos iban llamando uno por uno y nos iban diciendo a qué pabellón íbamos a ir cada uno. Me llaman a mí y me dicen: “Vos vas a ir al G”. Y a mi hermano le dicen: “Vos vas a ir al pabellón C”.
[Emilia]: Unos minutos después, se le acercó un policía.
[Gamal]: “Te mandaron al peor pabellón, no sabés lo que es eso”, me dijo. Y yo le decía: “¿Cómo?” Y me dijo: “Si querés vivir, vas a tener que poner plata arriba de la mesa”.
[Emilia]: Toda la situación le parecía irreal, como la escena de una película.
[Gamal]: ¿Cómo plata? ¿Cómo si quiero vivir?. No entendía nada y qué, dije, ¿me van a matar? Y no me respondió y me dijo: “Quedate tranquilo que después los presos cuando entres te van a explicar bien”. Ahí empezó la tortura psicológica.
[Emilia]: Cuando entró a su pabellón, no podía creer lo que veía. El lugar era horrible. Se encontró con lo que parecía eran los restos de una pelea: había cosas tiradas por todos lados. Su celda olía mal: sobre una bandeja estaban los restos de lo que alguna vez había sido pollo y ahora era una masa podrida llena de bichos. Había también un inodoro sucio y un colchón delgado y rasgado, impregnado de olor a cigarrillo. Como pudo, Gamal se recostó sobre el colchón. No tenía ni una almohada ni una manta y el lugar era frío, húmedo. Se sentía exhausto pero no creía poder dormir. Estaba aterrado.
[Gamal]: Esa noche me fui a dormir llorando porque dije: “Al otro día me matan”, dije. “Ya está. No me pude despedir de mi familia ni nada, me matan acá”.
[Emilia]: En su celda, Axel se sentía igual.
[Axel]: Lloré como un nene. Ahí adentro igual, por más que te quieras acostar, no dormís. Cerrás los ojos, pero tu cabeza está pensando porque ante el mínimo ruido te levantás, es automático, porque pensás que te puede pasar algo.
[Emilia]: Separados, cada uno en su pabellón, empezaron a pasar los días, en los que no había mucho que hacer: miraban la televisión en el espacio común que compartían con los otros detenidos, conversaban con algunos de ellos y contaban las horas para llamar a su casa y hablar con su familia. Eso los aliviaba un poco. Cada uno por su lado, intentaban hacer lo mismo: no meterse en problemas, y sobre todo no reaccionar cuando otros detenidos o los guardias les decían “bomba” o “bombita”. Después de todo, no era la primera vez que les pasaba. Este es Gamal.
[Gamal]: Estoy tan acostumbrado a que te hagan chistes como “tirabomba”, “bombita”, como que se siente normal. Y es algo gravísimo lo que te estoy diciendo, porque que se sienta normal que te discriminen o que te… te generen ese estereotipo de musulmán terrorista… o que veas tu nombre vinculado a terrorismo y es gravísimo.
[Emilia]: Les dolía, pero sabían que lo mejor era ignorar.
Fue lo mismo que hizo su mamá cuando fue a visitarlos a la cárcel en esos primeros días. Cuando llegó al control de seguridad, le pidieron que se parara sobre un gran escáner que se usa para comprobar que nadie ingrese objetos prohibidos. Paola llevaba mangas largas y tenía su pelo cubierto por el velo islámico. Una de las policías…
[Paola]: Me hizo parar frente al escáner y la mira a otra compañera y le hace: “¡bum!”, como dando a entender que iba a explotar.
[Emilia]: Paola se quedó muda.
[Paola]: No pude hacer nada. ¿Qué iba a hacer? Tenía miedo de que… mis hijos estaban adentro, digo. ¿Y si les hacen algo? Pensamientos de mamá. Los quise cuidar en todo momento.
[Emilia]: Axel y Gamal estuvieron unos cinco días separados, hasta que los trasladaron a un mismo pabellón para los que tenían buena conducta, un lugar mucho más tranquilo. Ya juntos, la vida en la cárcel se hizo un poco más fácil. Aunque dormían en celdas separadas, estaban gran parte del día acompañándose.
Pero igual, a Gamal lo abrumaba el color de la cárcel. Todo era gris.
[Gamal]: No hay un verde o un rojo o un amarillo, un azul, algo distinto, no. Son dos matices de grises, un gris claro y un gris oscuro, mitad y mitad. No hay otro color.
[Emilia]: A veces sentía que ese gris constante, omnipresente, era un muro más. Para saltarlo por un rato, Gamal invitaba a Axel a su celda. Allí pasaban horas conversando y mirando desde una pequeña ventana el predio que rodea el penal. El césped, los alambrados y a lo lejos, la autopista.
[Gamal]: Yo miraba por la ventana y veía el pasto verde. Veía el cielo azul, veía las nubes blancas y veía los colores de los autos así y para mí era lo mejor del mundo, era el paisaje. Respirábamos el aire que venía de afuera… era el momento sublime del día.
[Emilia]: Axel veía algo más que un paisaje.
[Axel]: Veíamos la libertad… Que la gente no, no tiene noción de lo que es la libertad.
[Emilia]: Esos momentos juntos eran un alivio, pero para estar realmente tranquilos les seguía faltando poder rezar. Cada vez que iba a verlos, su mamá les llevaba ropa y comida halal, o sea elaborada siguiendo las reglas musulmanas. En una de las primeras visitas también les llevó una alfombra y un Corán, pero no le dieron permiso para ingresarlos.
Esa vez, Paola volvió a su casa muy angustiada. Pero unos días más tarde, en una de sus llamadas, Axel y Gamal le dieron una noticia.
[Paola]: Uno de mis hijos me dice: “Mamá, nos dieron…” Perdón que llore…. “Nos dieron una alfombra y un Corán acá adentro”.
[Emilia]: No había sido un gesto de los guardias, sino de otro detenido, al que Axel había conocido de casualidad durante una revisión médica.
[Axel]: Se acercó y dijo: «Ché, ¿ustedes son musulmanes?». Sí… Y me dice: «Uy, mirá, sabés que yo tengo una alfombra. Si quieren se las doy. ¿Y sabés qué más tengo? Tengo un Corán”, me dice. “Sí, sí, también me lo habían regalado. Lo tengo ahí, pero no, yo no lo uso. Llévenselo ustedes”, me dice.
[Emilia]: No podía creer lo que le estaba diciendo. No le preguntó qué hacía con esas cosas ahí. Él tampoco le dijo, pero para Axel fue claro…
[Axel]: Me podrás llamar loco, pero para mí fue una señal de Dios. Yo lo veo, lo veo así, como un milagro. No sé, un mensaje, como diciendo: “Acá estoy”. Fue porque fue muy loco. O sea, n me lo dejaron traer de afuera y justo un tipo que no conozco, lo tiene ahí adentro.
[Emilia]: Con la alfombra, el Corán y un pedacito de papel que colocaban entre su frente y la tela ya tenían todo para rezar. Ahí adentro lo necesitaban más que nunca.
[Gamal]: Nos aferramos a eso mal y ahí es como que cada vez más Dios te daba las señales de que: “Yo estoy con ustedes. No abandonen, yo estoy con ustedes, tengan paciencia”.
[Daniel]: Una pausa y volvemos.
[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Emilia Erbetta nos sigue contando.
[Emilia]: Mientras tanto, lo único que podían hacer sus padres era seguir el proceso legal y tratar de acelerarlo. Hablaban constantemente con el abogado y sabían que las pruebas contra sus hijos eran débiles: por ejemplo, el video anónimo del que hablaba la denuncia de la DAIA no estaba adjuntado en el expediente como prueba. Paola no podía entenderlo. Se preguntaba…
[Paola]: ¿Cómo? ¿No investigan el anónimo ese de dónde vino? Siempre está la doble vara. Hay que investigar de las dos partes, de dónde vino ese anónimo. Fue una acusación muy grave la que hicieron… terrorismo… muy grave.
[Emilia]: Su marido había explicado que las armas más antiguas habían pertenecido al bisabuelo de sus hijos, y que una pistola Bersa, más nueva, que también se habían llevado, era suya y tenía los trámites a medio hacer. Era una irregularidad, sí, pero no lo suficientemente grave como para que sus hijos estuvieran presos en una cárcel federal.
Lo cierto es que la investigación contra Axel y Gamal ya se había caído una vez. Un primer juez federal había desestimado esta misma denuncia de la DAIA porque no había encontrado ninguna conexión entre Axel y Gamal con las supuestas células terroristas de Hezbollah de las que se hablaba en ese mail anónimo con el que había empezado todo. Sin embargo, envió la investigación de una posible tenencia ilegal de armas a la justicia ordinaria de la Ciudad de Buenos Aires.
Nueve meses después, en septiembre, la DAIA ratificó la denuncia y añadió la dirección de los gimnasios donde entrenaban Axel y Gamal. Así, después de algunas tareas de inteligencia por parte de la Policía de la Ciudad, la causa volvió al fuero federal, porque el fiscal de la ciudad se declaró incompetente para investigar a personas supuestamente vinculadas a redes terroristas, pues es un delito federal. Así, se había reactivado la investigación hasta llegar al allanamiento.
Todo esto había sucedido en un lapso de once meses, mientras el gobierno argentino organizaba la cumbre del G20. Desde el principio de su mandato, el presidente de ese momento, Mauricio Macri, y la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, habían puesto en el centro de su política la idea de una Argentina que debía estar alineada con los países centrales en la lucha contra el terrorismo y el narcotráfico.
Para eso, aumentaron el presupuesto en inteligencia, compraron armamento y software de vigilancia y establecieron acuerdos de cooperación e información con otros países.
Esta política se intensificó a medida que la cumbre del G20 se acercaba. Tanto, que varios organismos de derechos humanos y miembros de la oposición advirtieron que el gobierno estaba usando la cumbre para endurecer el discurso contra la protesta social y exagerar su guerra contra el terrorismo con medidas como la detención de Axel y Gamal.
El 16 de noviembre de 2018, el mismo día en que los hermanos Salomón fueron trasladados a la cárcel de Ezeiza, la diputada del Frente de Izquierda, Myriam Bregman, salió en televisión hablando sobre las políticas de la ministra respecto al G20.
[Soundbite de archivo]
[Myriam Bregman]: Ella está diciendo prácticamente todo el tiempo que está haciendo inteligencia sobre todas las organizaciones de militantes sociales, políticas. Eso es ilegal, lo justifica porque está el G20, pero después, nuevamente se utiliza para estigmatizar, gravemente como se vio hoy, a la comunidad musulmana, por eso además de repudiar y decir…
[Emilia]: En esos días previos al G20, Axel y Gamal no fueron los únicos detenidos. La policía también había hecho operativos en locales de agrupaciones anarquistas y había detenido en Buenos Aires a otros dos hombres por sospechas de terrorismo. En una entrevista radial en la que le preguntaron por ese caso, la ministra Bullrich habló también de las detenciones de Axel y Gamal.
[Soundbite de archivo]
[Patricia Bullrich]: Dos hermanos que tenían, digamos, uso de armas y una serie de videos en los que había situaciones de, de atentados, así que…
[Emilia]: El G20 comenzó el 30 de noviembre y la ciudad de Buenos Aires se paralizó. Los medios hablaban del despliegue de seguridad más importante de la historia argentina y de los millones de dólares invertidos para proteger a los líderes mundiales.
El presidente decretó feriado el primer día, que caía viernes, y en varios programas de televisión, la ministra aconsejó a la gente que dejara la ciudad durante el fin de semana largo.
[Soundbite de archivo]
[Patricia]: La recomendación es que usen el fin de semana largo para irse, que se vayan el jueves, porque la ciudad va a estar muy complicada, porque las medidas de seguridad son muy fuertes y las decisiones que vamos a tomar, si existe violencia, van a ser decisiones inmediatas porque no lo vamos a permitir.
[Emilia]: Algunos medios internacionales también conectaban la detención de Axel y Gamal con la llegada del G20.
[Soundbite de archivo]
[AFP-TV]: Argentina está lista para recibir la cumbre del G20, dijo el viernes la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich: “Nosotros creemos que estamos listos y preparados, vamos a tener una gran cantidad de fuerzas de seguridad”.
La policía detuvo esta semana en Buenos Aires a dos hermanos por supuestos vínculos con el movimiento Hezbollah, a quienes incautaron armas de distinto calibre y cuchillos.
[Emilia]: Axel y Gamal llevaban dos semanas detenidos en Ezeiza cuando los presidentes comenzaron a llegar a la Argentina: Donald Trump, Angela Merkel, Vladimir Putin, Emmanuel Macron, Xi Jinping…
El abogado les decía que todo se iba a aclarar cuando terminara el G20 y Paola se lo repetía a sus hijos cada vez que podía.
Pero cuando volvía, se desmoronaba y lo único que quería era dormir.
[Paola]: Y despertarme cuando ellos ya estaban afuera. Que parezca todo un sueño. A veces pensaba eso, querer dormir, levantarme y ya tenerlos conmigo.
[Emilia]: La cumbre del G20 terminó el 1o de diciembre, y para ese momento Axel y Gamal ya llevaban casi tres semanas arrestados.
Cinco días después, Paola y la esposa de Axel, estaban en la fila de la cárcel esperando para visitarlos, cuando un policía se les acercó.
[Paola]: Y dice: “No, no, no, no, no están los chicos acá”. “¿Cómo no están?” “No, no están”, me dice. Y le digo: “Pero ¿a dónde están?” Me dice: ““Fueron a comparecer”. Y te soy sincera, no entendí la palabra. Le dije: “Mira, decíme qué significa comparecer, porque no te entiendo. Mi cabeza ya no… no me responde. No me da más”.
[Emilia]: La policía les explicó que habían ido a declarar de nuevo ante el juez de los tribunales federales. Así que Paola y su nuera volvieron a la casa.
En el tiempo que ellas habían estado fuera, yendo hacia el penal, el papá de los chicos había recibido una llamada del abogado y había ido con él hasta los tribunales. Ya estaba ahí cuando Axel y Gamal llegaron. Los habían sacado de sus celdas muy temprano sin demasiadas explicaciones y no sabían qué esperar.
[Gamal]: Y ahí cuando estamos caminando por el pasillo, llegando a la oficina del juez, lo veo a mi papá…
[Emilia]: Apenas vio la cara de su padre supo que serían buenas noticias.
[Gamal]: Me sonríe y me hace así, y lo veo al abogado que me dice: “Vamos a casa”. Y ahí cuando me dijo: “Vamos a casa” y dije: “Ya está, soy libre”.
[Emilia]: Gamal se relajó, por lo menos un poco. De todas maneras, en el despacho le explicaron que estaba procesado por tenencia de armas y que pesaba en su contra un embargo de 300 mil pesos, unos ocho mil dólares de ese momento, porque las armas confiscadas estaban en su casa. No podía salir del país y tendría que notificarse en el juzgado una vez al mes. Les dijo que sí a todo, les prometió que no iban a tener problemas con él. Lo único que quería era irse de ahí.
A Axel, en cambio, le dictaron la falta de mérito, porque no vivía ahí al momento del allanamiento. El proceso no terminaba del todo, pero podían continuarlo en libertad. Eso ya era otra cosa.
Eran las dos de la tarde cuando la esposa de Axel recibió un mensaje de su suegro. Paola estaba junto a ella.
[Paola]: Diciéndole: “Los llevamos a casa”. ¡Ah! Qué salto que dio mi nuera… Dice: “¡los traen!” Y yo me caí. Se me aflojaron las piernas.
[Emilia]: Cuando los hermanos salieron de la oficina, ya no tenían las esposas puestas. Llegaron a la casa y los esperaba una multitud.
[Gamal]: Cuando llego en auto, veo a toda la gente de la comunidad, todos en la calle esperándonos, todos en la calle gritando para recibirnos.
[Emilia]: Para Paola, tener a sus hijos de nuevo en casa, era la respuesta a todas sus plegarias.
[Paola]: Ese día fue: ¡Oh! Como que los volví a tener. Volvieron a nacer para mí.
[Emilia]: La familia celebró hasta la madrugada, y cuando se fueron a acostar, todos los Abraham Salomón durmieron una noche entera por primera vez en casi un mes.
El caso contra ellos se cerró en marzo de 2019, casi cinco meses después.
En términos jurídicos fueron sobreseídos, lo que significa que la investigación no tenía suficientes pruebas como para continuar ni ir a un juicio.
Así, Axel y Gamal poco a poco volvieron a su vida anterior. Aunque no fue sin trabas: Gamal perdió su trabajo en una institución que acompaña a quienes quieren obtener una visa para Estados Unidos. Le dijeron que tenía que tenía que ver con una reducción de presupuesto, pero él nunca pudo sacarse la idea de que tuvo que ver con su detención. También tuvo problemas con algunas compañías telefónicas porque personas desconocidas habían contratado líneas móviles a su nombre, gracias a los datos personales que los medios habían publicado.
Axel tuvo otros inconvenientes: durante la detención, por estar involucrado en una causa de terrorismo, le dieron de baja todas sus tarjetas de crédito.
Y hoy, casi cinco años después, todos sus datos siguen colgados en internet.
[Gamal]: Googleas nuestros nombres o ponés hermanos Salomón y te aparecen todas las… las noticias.
[Emilia]: Es como si hubieran quedado congelados en noviembre de 2018: en Argentina, los primeros resultados que dan sus nombres son los artículos y videos que se publicaron sobre ellos después de su detención.
Uno, del medio argentino Infobae, dice: “Detuvieron en Buenos Aires a dos adherentes del grupo terrorista Hezbollah con gran cantidad de armas”.
Estos artículos son el recordatorio de un daño que a ellos les resulta irreparable y que aún sigue sucediendo. Para la ley argentina, esto tiene un nombre: daño continuado. Me lo explicó en una llamada su abogado actual, Brian Magnaghi, que los acompaña en un proceso que empezaron en 2022 para intentar limpiar su honor: una demanda civil contra algunos medios de comunicación, para que bajen de la web las notas en las que dicen que son terroristas.
[Emilia]: Hasta ahora, no han tenido resultados. El abogado también los representa en una demanda de daños y perjuicios contra el Estado argentino. Es que Axel y Gamal quieren que la Justicia responda la pregunta que todavía atormenta a su familia: ¿por qué allanaron su casa y los detuvieron sin más pruebas que una denuncia anónima?
Incluso su papá, que prefirió no hablar con nosotros para este episodio, se lo preguntó ante un grupo de periodistas cuando ellos estaban detenidos:
[Soundbite de archivo]
[Marcelo-TN]: ¿Cualquiera puede hacer una denuncia anónima y arruinarle la vida gratuitamente a dos personas?
[Emilia]: La demanda puede llevar años en resolverse, pero Axel y Gamal quieren que el Estado argentino reconozca que se equivocó.
[Brian]: Lo más grave de todo fue pedir un allanamiento con una denuncia anónima sin ningún tipo de elemento. Uno tiene que llevar adelante determinados pasos dentro de una investigación para avalar una medida de ese estilo.
[Emilia]: Pero hay una pregunta que saben que la Justicia no va a poder responder. ¿Por qué a ellos? En ese punto, el abogado tiene una hipótesis que es difícil de probar ante un tribunal, pero que sí ofrece una lectura posible de todo lo que pasó.
[Brian Magnahi]: De ellos no haber pertenecido al Islam, esto es una lectura personal, ¿no?, esto no hubiera prosperado, ¿sí? El hecho de llamarse Abraham Salomón, el hecho de participar religiosamente, fue lo que dio carta blanca al Estado y a los medios para poder hacer con ellos lo que se quisieran. De tener años y años y años de demonización de la cultura, de demonización de la religión. Solamente bastó el hecho de relacionarlos con un hecho delictivo para que todos presuman que ellos tenían que ver con eso.
[Emilia]: Y aunque sea difícil de probar, Axel, Gamal, y también su familia, están convencidos de que su identidad y su religión fue lo que los puso en la mira.
[Gamal]: El otro día justamente estábamos hablando con mi mamá y me decía: “Gamal, cómo puede ser que siempre nosotros tenemos que estar rindiendo cuentas? ¿Por qué? ¿Por qué tengo que andar aclarando de que yo soy argentina, de que soy musulmana-argentina, de que no soy terrorista, de que no tiro bombas…? ¿Es justo?”, me dice. “No, ma, no es justo”.
[Emilia]: En estos seis años, Axel tuvo otra hija y Gamal dejó de estudiar Marketing para estudiar Derecho. Los dos intentan dejar atrás el recuerdo de esas tres semanas, las más aterradoras de sus vidas. Y lo logran casi todo el tiempo. Pero el daño está.
[Axel]: Que te acusen de terrorismo es… es como que… perdón por lo que voy a decir, ¿no? pero te tiran un balde de mierda y te dan un hisopo para limpiarte.
[Emilia]: A los dos, de todos modos, esa pesadilla de tres semanas también les dejó algunas enseñanzas. Para Axel, aunque suene paradójico, fue la comprobación de que no todo el mundo tiene malas intenciones.
[Axel]: Que hay gente buena todavía dentro de la cárcel. Hay gente que quiere cambiar de verdad. Hay gente, mucha gente inocente que está ahí adentro, por lo mismo que pasé yo.
[Emilia]: A menudo piensa en ese día en que otro detenido se le acercó y le regaló un Corán y una alfombra para rezar. Se la llevó con él cuando salió en libertad y algunas veces, todavía hoy, la usa para decir sus oraciones.
Para Gamal, el cambio fue todavía más profundo, casi existencial.
[Gamal]: Me enseñó a tomarle valor a la libertad. La gente piensa que es algo común ser libre. Y así vivís tu vida y planeás y… pero no te das cuenta de que sos libre.
Y él ahora, a veces, vuelve a olvidarse. Pero cuando eso le pasa, cuando da por sentado su libertad, siempre regresa a esa escena, la de las tardes que pasaba con su hermano, ambos asomados al mundo por esa pequeña ventana del penal.
[Daniel]: El papá de Axel y Gamal, Marcelo, fue procesado por las armas encontradas en su casa durante el allanamiento del 2018.
Al día de hoy, los hermanos y su familia desconocen el origen de la denuncia anónima en su contra.
Emilia Erbetta produjo esta historia. Es productora de Radio Ambulante y vive en Buenos Aires.
Esta historia fue editada por Camila Segura y Luis Fernando Vargas. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri y Ana Tuirán, con música original de Ana.
El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Lisette Arévalo, Pablo Argüelles, Adriana Bernal, Aneris Casassus, Diego Corzo, Camilo Jiménez Santofimio, Rémy Lozano, Selene Mazón, Juan David Naranjo, Melisa Rabanales, Natalia Ramírez, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Desirée Yépez.
Carolina Guerrero es la CEO.
Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa de Hindenburg PRO.
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