Partida de nacimiento | Transcripción

Partida de nacimiento | Transcripción

COMPARTIR

Este podcast es propiedad de Radio Ambulante Studios. Cualquier copia, distribución o adaptación está expresamente prohibida sin previa autorización.

Parteras

 

Producida por: Emilia Erbetta

Editada por: Camila Segura

Desde: Argentina

Diseño de sonido: Andrés Azpiri

Música: Andrés Azpiri

Verificación de datos: Bruno Scelza

Esto es Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón.

Daniel es el nombre que me pusieron mis padres cuando nací en Lima en marzo de 1977. Sé algunas cosas de ese día: que era un sábado nublado y nací por cesárea a las 8 de la mañana. Que heredé el pelo ondulado de mi mamá. Y la nariz de mi papá.  

Estos detalles simples, corrientes, ya son parte de mi historia y en algún punto, de lo que siempre consideré mi identidad. Algo que nunca discutí, sobre lo que nunca tuve dudas. Pero aunque la historia que traemos hoy no es sobre mí, ni sobre mi nacimiento, sí me ha hecho preguntarme cómo sería no saber nada de mis orígenes… cuál sería el impacto de tener los primeros momentos de mi propia historia tan borrosos.

Hoy: cómo un grupo de personas han convertido la búsqueda de esos detalles tan simples, en la misión de su vida. 

Nos vamos a Argentina y Emilia Erbetta nos cuenta.

[Emilia Erbetta]: En enero de 2026, Mónica Snaidman me recibió en su casa. Y cuando encendí la grabadora y le pedí que se presentara…

[Mónica Snaidman]: Bueno. Mi nombre es Mónica… ¿Nací? No, perdón. ¿Puedo empezar de vuelta? 

[Emilia E.]: Mónica no sabe exactamente qué día nació. En su partida de nacimiento dice que fue el 2 de febrero de 1967, pero ella ya no está tan segura de que ese sea su cumpleaños. No es una duda que recién aparece, al contrario: la pregunta sobre su origen la acompaña desde muy chica, cuando a los 5 años empezó a notar que ella no se parecía mucho a sus papás. Su mamá, por ejemplo, era muy muy blanca, y ella, en cambio, tenía la piel trigueña, un poco más oscura. Su papá sí era moreno, pero cuando Mónica lo comparaba con los padres de otros chicos de su edad, lo veía demasiado viejo.

[Mónica S.]: Yo siempre sentí que ellos eran papás muy grandes en comparación de mis compañeros de colegio. También sentía que yo no encajaba. Había algo que no cerraba y empecé siempre a preguntar…

[Emilia E.]: Con esa insistencia que tienen los chicos. Pero las respuestas de sus papás no la conformaban…

[Mónica S.]: Había algo que me decía no, acá hay algo que no, no y no.

[Emilia E.]: En esa época, a comienzos de la década del 70, Mónica era una nena muy tímida, algo distraída en la escuela y a los 6 años todavía se orinaba en la cama. Sus papás no entendían qué le pasaba, y la llevaron a ver a varios psicólogos y psiquiatras, que incluso llegaron a medicarla. Pero nada terminaba de funcionar. Hasta que una psicóloga les recomendó que empezaran por responder esas preguntas que Mónica hacía cada vez con más insistencia. 

Todavía se acuerda de la tarde en que estaba jugando en su habitación con sus muñecas cuando su papá y su mamá se acercaron. De alguna manera, los notaba distintos a como eran siempre, un poco nerviosos. Su papá se sentó en un sillón, y su mamá sobre la cama. 

[Mónica S.]: Me dicen “Tenemos que hablar algo”nosotros queríamos contarte de que no naciste en la panza de mamá, porque la tiene fallada. Entonces, Dios te trajo en la panza de otra mamá” para que llegaras a nosotros.

[Emilia E.]: Después de esa conversación, Mónica no volvió a orinarse en la cama. Pero esa historia de la panza fallada y de Dios le alcanzó solo durante un tiempo. Porque a medida que fue creciendo, quiso saber más. 

[Mónica S.]: Y empecé siempre a preguntar Y pero qué más sabes? ¿Y de dónde vengo? ¿Y qué te dijeron? ¿Y por qué me dieron? Eso siempre lo pregunté. 

[Emilia E.]: Le preguntaba a su mamá, a su papá, a sus tíos. 

[Mónica S.]: Lo que me decían es que sabían que había una chica muy jovencita del interior del país que no me podía tener, que trabajaba en el servicio doméstico y que, bueno, justamente por eso me entregan.

[Emilia E.]: No sabía explicar por qué, pero había algo en toda esa historia que no le cerraba. Por eso no dejó de insistir… 

[Mónica S.]: Todo el mundo se enojaba. ¿Para qué querés saber si esa mala madre te abandonó? Para qué querés saber si acá tenés tíos que te quieren, familia que te quieren y estás bien criada…

[Emilia E.]: Mónica entendía todo eso, pero no podía dejar de fantasear…No era que no quisiera a sus padres, para nada, siempre se había sentido sentía amada y cuidada, pero igual quería saber.

[Mónica S.]: Eso es algo que vos nunca te dejás de preguntar, por más que te digan. Y sabés que el amor que te dieron. Porque realmente sí me criaron con amor, no me faltó nada, pero es algo que uno necesita completar…

[Emilia E.]: Cuando Mónica tenía 15 años, a comienzos de la década del 80, los papás se enfermaron de cáncer. Él murió primero, y su mamá, tres años después.

Se fue a vivir unos años con sus tíos, hasta que terminó la escuela. Y después se hizo adulta sola. Estudió, empezó a trabajar… Para ella, la vida siguió en solitario, aunque siempre la  acompañaba la duda sobre esa otra familia que podía estar en algún lado.

Estuvo muchos años así, sin animarse a hacer nada. Hasta que en 2003, después de dar muchas vueltas, decidió empezar a buscar activamente. Como no sabía por dónde arrancar, comenzó por lo único que tenía: su partida de nacimiento. Ahí, figuraba como hija biológica de sus padres adoptivos, lo que ya era extraño. 

En la partida había dos datos importantes: el nombre de la partera, llamada Ofelia Pintos Lemos, y una dirección, la del lugar de su nacimiento, en la calle Jufré 140, en la ciudad de Buenos Aires. Decidió ir a hasta el lugar. 

[Mónica S.]: Cuando llego al edificio, veo que es un edificio como este, no entendía nada…

[Emilia E.]: Como este en el que vive ella… un edificio común y corriente, nada que ver con un hospital, una clínica o ni siquiera un centro de salud, básicamente  era un edificio de departamentos de tres pisos, con balcones al frente y una entrada de mármol oscuro y puerta de vidrio.

Se asomó: hacia adentro se extendía un pasillo que terminaba en una escalera. 

[Mónica S.]: Había alguien en la puerta. Y le pregunté. Y le digo. Te hago una pregunta… En el año 67, ¿este edificio existía? Sí, le digo. Pero ¿esto no era un hospital antes? ¿No funcionaría como hospital? No. Dice: esto siempre fue alquilada hasta que subdividió. 

[Emilia E.]: O sea, hasta que el dueño del lugar lo subdividió en departamentos más pequeños.

[Mónica S.]: Yo me fui shockeada de ahí porque no entendía.

[Emilia E.]: Había ido hasta ahí con la idea de encontrar a la partera o conseguir algún contacto de ella o quizás un documento, algo, que la ayudara en su búsqueda… Toda esa esperanza se vino abajo mientras miraba desde la vereda el edificio de departamentos.

Decidió seguir buscando por otras vías. Unos días más tarde, fue hasta las oficinas de Abuelas de Plaza de Mayo, la organización creada en la década del 70 para buscar a los niños apropiados durante la dictadura militar. Para ese momento, en 2003, ya habían restituido la identidad de unas 60 personas. 

Mónica pensó que ahí iban a poder ayudarla. Sabía que las Abuelas trabajan con el Banco Nacional de Datos Genéticos comparando el ADN de las familias de los desaparecidos con el de las personas que tienen dudas de su identidad, como ella. Pero en la oficina le explicaron que solo trabajaban con personas nacidas entre 1974, dos años antes del comienzo de la dictadura, y el 83, cuando terminó. Ella había nacido en 1967.

Pero le dieron otra luz… Le aconsejaron acercarse al Registro Civil, a una oficina que investigaba casos como el suyo, de personas nacidas fuera de la época de la dictadura. En casos de adopciones, por ejemplo, podían ayudar a contactar a las familias biológicas. En esa oficina la atendió una mujer que le pidió ver su partida  de nacimiento para abrir un expediente. Mónica le dio todos los papeles que tenía. La mujer los leyó y al ver el nombre de la partera le dijo algo que nunca se imaginó…

[Mónica S.]:  Me dice que las personas que firmaron esa partida de nacimiento y esa partera fueron parte de tráfico de chicos, que va a ser muy difícil que yo pueda encontrar a mi madre biológica.

[Emilia Erbetta]: Tráfico de chicos. Mónica quedó como en corto circuito. La idea del tráfico humano le era totalmente ajena, como de película. No terminaba de entender tampoco a qué se refería exactamente porque en la oficina del Registro Civil no le dijeron mucho más que eso. 

Lo que sí sabía era que en un par de días todo lo que había fantaseado sobre la búsqueda de su mamá y su papá biológicos se había disuelto en el aire. 

[Mónica S.]: Claro,yo lo que pensaba es veo un nombre de una partera, la busco y se va a acordar en esos años. Nunca me imaginé esto…

[Emilia Erbetta]: Ahora, cuando recuerda esos años, lo ingenua que era, puede reírse un poco. Pero en ese momento, la verdad es que no supo qué hacer con esa frustración, con ese dolor. Todo era mucho más turbio de lo que había imaginado. 

[Mónica S.]: Fue muy fuerte escuchar eso, pero no entendía mucho, la verdad. Era como que no caía, pero sentía que realmente lo que me estaba diciendo iba a ser muy difícil que encuentre a mi madre biológica. ¿Cómo? ¿Cómo… cómo hacía?

[Emilia Erbetta]: Así que hizo lo único que se le ocurrió. Era 2003 y decidió publicar su historia con lo poco que sabía en un foro, esos sitios de internet que eran tan populares antes de las redes sociales. Contó que era adoptada, que había nacido en Jufré 140 en febrero de 1967 y que la partera que había firmado su partida se llamaba Ofelia Pintos Lemos. En el texto pedía más información, cualquier dato era importante. Mónica publicó ese posteo como quien tira una botella al mar con la esperanza de que alguien, en algún lado, la leyera. 

[Daniel A.]: Una pausa y volvemos

[Daniel A.]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Emilia nos sigue contando…

[Emilia Erbetta]: El mensaje de Mónica tardó más de una década en llegar a destino. Después de publicar sobre su búsqueda en un foro, estuvo 12 años sin novedades. Durante todo ese tiempo, nunca dejó de fantasear con encontrar a sus padres, pero no sabía por dónde volver a buscar. 

Hasta que un día de 2015, recibió por Facebook un mensaje de una mujer, también llamada Mónica, que le contaba una historia muy parecida a la suya: ella también era adoptada y había nacido en Jufré y con la misma partera, Ofelia Pintos Lemos, aunque unos años más tarde, en 1975. Quise hablar con ella para este episodio pero no se encuentra bien de salud. Esa misma noche las dos Mónicas se contactaron por el chat de Facebook. 

[Mónica S.]: Nos pasamos de los nervios que teníamos. Me acuerdo que nos quedamos hablando hasta las 5:00 de la mañana un día de semana, porque era algo, algo. Era muy fuerte encontrar a gente como que salieron de la misma cuna, digamos, en distintos años, pero que era como que pasamos por las mismas manos cuando éramos tan indefensos.

[Emilia E.]:  Y al otro día volvieron a chatear. Y el siguiente, también. No podían parar. Comparaban sus historias, la forma en que cada una se había enterado de que era adoptada, qué sintieron, qué dijeron, qué hicieron con eso. Por primera vez, encontraban a alguien del otro lado que podía entender.  

Decidieron seguir buscando a ver si encontraban a alguien más como ellas. En internet, empezaron a hacer distintas combinaciones, siempre con el foco en la partera y la dirección de Jufré 140. Y así, encontraron un clip de un programa de televisión.

[Conductor]: Hola, hola, hola… Muchisimas gracias a todos, es una enorme expectativa por este primer programa de: los unos y los otros, del año 2014, por la pantalla de América.

[Emilia E.]:  Este programa se dedicaba a ayudar a la gente a encontrar a sus seres queridos. Y, ahí, vieron por primera vez a Ricardo. 

[Ricardo Blanco]: Soy Ricardo Blanco, tengo 47 años, busco a mi madre biológica y a un posible hermano gemelo…

[Emilia E.]:  Ricardo vivía en Adrogué, una localidad a unos 30 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires,  y nació en 1966. 

[Ricardo B.]: Tengo muy pocos datos sobre mis orígenes pero una necesidad muy grande de conocerlos. Encontrarlos sería un sueño hecho realidad.

[Emilia E.]:  Ni bien encontraron el video del programa, lo contactaron por Facebook. Y cuando empezaron a hablar con él, vieron que en su registro de nacimiento aparecía la misma dirección que ellas: Jufré 140.  

Y, también como ellas, Ricardo siempre había sentido que algo lo separaba de su familia, pero no sabía qué. Este es él…

[Ricardo B.]: Era algo que tenía adentro, acá en el pecho… que era adoptado y que era gemelo, ¿viste? 

[Emilia E.]:   No sabe por qué, era solo una intuición. Se lo planteó a sus padres por primera vez a los 14 años.

[Ricardo B.]: Pregunté un par de veces y si era adoptado, si era mellizo me decían que no, que se yo, que yo estaba loco, que estaba soñando… Hasta que un día, no sé, tendría entre 17 y 19. Voy a un bar, estábamos tomando una cerveza con unos amigos. Voy al baño. Cuando voy a abrir la puerta. Abre la puerta y era yo que abría la puerta del otro lado y ahí me shockié. Imagínate. Tenía el pelo largo por acá… y barba candado. Y el otro igual. Y ahí quedé shockeado.

[Emilia E.]:  Fue como mirarse en un espejo. No podía creerlo. Pero antes de que pudiera entender qué estaba pasando o reaccionar, el otro hombre ya se había ido.

[Ricardo B.]: Salí… Me fui afuera. Estábamos afuera, en una mesa, afuera, con mis amigos. Le cuento la situación, pero quedé shockeado y ese día vine mamado y los encaré. 

[Emilia E.]:  Cuando llegó, a la madrugada, borracho, sus padres dormían. 

[Ricardo B.]: Los desperté y le dije: Dígame la verdad, ¿soy adoptado?

[Emilia E.]:  Ahí mismo lo reconocieron: sí, lo habían adoptado. Al principio no le dijeron mucho, nomás le contaron que no podían tener hijos y que por eso lo habían adoptado a él primero y después a su hermana. 

Para Ricardo, descubrir esa mentira fue un primer quiebre. Siempre había tenido una relación difícil con sus padres, especialmente con su mamá, que lo acusaba de ser un loco, muy conflictivo. Y esto empeoraba mucho las cosas. Empezó a hacer más y más preguntas, que sus padres respondían a regañadientes, contándole lo justo y necesario. 

Y en un momento, esas conversaciones fueron convirtiéndose en discusiones en las que, cada vez, Ricardo se enteraba de algún dato nuevo. 

[Ricardo B.]: En un momento hablando, lo que sale, sale en una charla era que que bueno que era difícil adoptar y que ellos compraron, que era muy burocrático, entonces compraron, tuvieron que comprarnos. 

[Emilia E.]:   Comprarlos, como quien compra un cachorrito. Qué te pensás, que soy una mercadería, les dijo ese día a los gritos. 

Ese dato, el de la compra, abría todo un panorama nuevo. Si habían pagado por él, no lo habían adoptado. Sus papás no solo le habían mentido toda su vida, también habían cometido un delito. 

Un delito grave, porque se habían apropiado de él en una adopción ilegal. Con ese argumento se sentó a hablar con ellos antes de ir al programa de televisión. 

[Ricardo B.]: Le digo mirá, voy a ir a la televisión a buscar mi origen. Hay un programa así, así que voy a ir. Necesito que me digan la verdad, ahora…

[Emilia E.]:  En ese momento sentía que estaba dispuesto a ir hasta el fondo, no le importaba nada. 

[Mónica S.]: O me dicen ustedes o yo voy a buscar y lo voy a denunciar porque ustedes se apropiaron de mí.

[Emilia E.]:  Su papá finalmente empezó a contarle. Le habló del día de otoño que fue a buscarlo al departamento de la calle Jufré, el que aparece en su partida de nacimiento. Le contó que ellos estaban buscando tener hijos y como no lo lograban, un conocido los contactó con la partera. Ella, les dijeron, podía conseguirles un bebé. 

[Ricardo B.]: Y ahí me dicen que cuando lo contactaron a mi viejo le dijeron que eran dos. Si iba a querer a los dos. Mi viejo dice que sí. Cuando va al otro día a buscarme le dicen que el otro se había muerto.

[Emilia E.]:  Ricardo era un bebé muy chiquito, posiblemente prematuro, que pesaba poco más de un kilo. Por eso, tal vez, a su papá no le sorprendió tanto cuando le dijeron que el otro bebé había muerto. Al día siguiente, cuando volvió al lugar, quizás para hacer algún trámite, se cruzó con una enfermera.

[Mónica S.]:  Le dijo “¿Se llevó los dos al final?”. Entonces ahí bueno, se ve que hubo otro que puso más, más dinero y se llevó al gemelo. 

[Emilia E.]:   Son puras especulaciones, él lo sabe, pero Ricardo está seguro de que ese bebé es el mismo hombre que se cruzó aquel día en el bar. 

[Ricardo B.]: Aparte, qué sé yo, digo situaciones que me pasaban, ¿no? Me cruzaba un amigo. ¿Qué hacés, pelotudo? Te crucé en Adrogué y no me saludaste… no, yo no era como que no era vos. Sí, era vos, no era yo. Bueno, así tres o cuatro veces. Entonces digo bueno, ahí me empezó a… me empezó a hacer mucho ruido el la identidad.

[Emilia E.]:  Después del programa, Ricardo recibió varios mensajes de personas que, como él, también buscaban a su familia. Pero nadie tenía un dato sobre su mamá biológica, o sobre su supuesto hermano. Cuando las dos Mónica lo contactaron, en 2015, ya había pasado un año desde el programa. 

Cuando empezaron  a conversar, lo primero que notaron fue que en la partida de nacimiento de Ricardo figuraba la misma dirección de Jufré, si,  pero el nombre de la partera no era el mismo. Esta era una mujer llamada Gregoria Agra de Pasini. Pero Ricardo tiene una hermana, que también fue comprada. Y en la partida de ella sí figuraba la partera que las Mónicas ya conocían: Ofelia Pintos Lemos. O sea dos parteras distintas, un mismo domicilio, y al menos 4 bebés: Ricardo, su hermana y las dos Mónicas.

Y entonces, ahora sí, se metieron de lleno a investigar. Porque algo empezaba a parecerles obvio: si todo esto tenía algo que ver con la compra y venta de bebés, entonces ellos no podían ser los únicos.

[Mónica S.]: Nosotros empezamos a googlear y buscar si había más gente y fuimos encontrando gente que fueron publicando sus historias. Y los fuimos convocando. Ahí es como que nos fuimos enterando de todos. 

[Emilia E.]:  Era como juntar las piezas de un rompecabezas del que no conocían la imagen total. Y todas esas piezas eran muy similares entre sí. 

[Mónica S.]: Todos fuimos comprados o pagaron algo por nosotros, o algún departamento, o algún terreno, o algún cero kilómetro, o algún auto usado, lo que sea, pero siempre algo se entregó.

[Emilia E.]:  Por ejemplo, a Mónica una prima le confirmó que sus papás habían pagado 1500 dólares por ella.  

[Mónica S.]: …Todos anotados como hijos propios de los hijos de las familias de crianza y a todos nos decían lo mismo: una mamá jovencita que no nos podía tener, que trabajaba en el servicio doméstico y que se tuvo que ir a su país. 

[Emilia E.]:  Armaron un grupo de Facebook llamado Por nuestra identidad Parteras Ofelia Pintos Lemos y Gregoria Agra. Usaron los nombres de las parteras para atraer a otros como ellos, que tuvieran alguna de estas dos mujeres en sus partidas de nacimiento. De a poco, las solicitudes para sumarse al grupo empezaron a llegar. Una, otra, otra…

Un día, al grupo se sumó un hombre que les contó que había nacido en 1976, que era adoptado, que se había hecho los análisis para ver si era hijo de desaparecidos con resultados negativos, y que en su partida figuraba el nombre de Ofelia Pintos Lemos. Hasta ahí, nada nuevo. Pero este hombre había encontrado a un hermano mellizo. 

[Mónica S.]: Eso para nosotros era algo emocionante porque ¿cómo hiciste para encontrar un hermano biológico? ¿Cómo es esto? 

[Emilia E.]:  La explicación estaba en el Banco Nacional de Datos Genéticos, un organismo creado en Argentina especialmente para almacenar la información genética de los familiares de las personas desaparecidas durante la última dictadura. 

El Banco siempre ha trabajado con Abuelas de Plaza de Mayo y en 2009, comparó entre sí los ADN de todos los que se habían acercado con dudas sobre su identidad, pero habían obtenido resultados negativos. Así, encontraron seis pares de hermanos. Uno de esos pares era el de este hombre que mencionamos recién y su mellizo. Cuando revisaron las partidas de nacimiento, había algo que los unía: los dos figuraban con la misma dirección, Jufré 140. Pero había un detalle nuevo: la partida del hermano la firmaba otra partera, hasta ahora desconocida para ellos:  Marta Beatriz Rosignoli.

[Daniel A.]: Y con ese nombre, se abría otra historia. 

Una pausa y volvemos. 

[Daniel A.]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Emilia Erbetta nos sigue contando.

[Emilia E.]:  ¿Quién era esa nueva partera de la que nunca habían escuchado hablar? ¿La tal Marta Rosignoli?  Lo primero que hizo Mónica fue buscarla en internet, a ver si le salía algo sobre ella.  

[Mónica S.]: Googleamos Rosignoli y fiummmmm…. un grupo, una página, Facebook, todo de un montón de gente buscando su identidad de esa partera…

[Emilia E.]:  Entre toda esa gente estaba una mujer llamada María Videla. María nació a comienzos de mayo de 1976 pero recién supo que era adoptada en 2004, a los 28 años. 

Para ese momento, su papá ya había muerto y hacía varios años que no se veía ni hablaba con su mamá. Se habían peleado muy fuerte y  la desconexión entre ellas era tan grande, que cuando María fue a buscarla a su trabajo le costó reconocerla. Esta es María…

[María Videla]: Pero estaba completamente cambiada, como no sé, como viejita abatida. 

[Emilia E.]:   Se fueron a un café para conversar. Y María decidió mentirle para que le contara la verdad. 

[Mónica S.]: Yo directamente le dije: mira mamá, vinieron gente de abuelas a buscarme a casa diciéndome que soy hija de desaparecidos, que tenés vos para decirme. Y me dice no, no, no, vos sos adoptada, pero no sos hija de desaparecidos y le digo ¿hija de quién soy? No, no sé, no tengo idea.

De todo se ocupó tu papá, ¿eh? Yo no me ocupé de nada. Entonces, siempre como que puso la pelota en otro lado. Y como el otro estaba muerto. Es como era fácil para ella salir de esa situación.

[Emilia E.]:  No le dio mucha más información, ni tampoco ningún documento. Para conseguir su partida de nacimiento, María tuvo que ir al Registro Nacional. Ahí, leyó por primera vez el nombre de Marta Rosignoli. 

Hasta ese punto, María había recorrido el mismo camino que Mónica, que Ricardo, y que muchos otros: las preguntas en la familia, la partida de nacimiento, la visita a Abuelas de Plaza de Mayo, un ADN con resultado negativo. 

Pero a diferencia de Mónica y de Ricardo, ella decidió actuar de inmediato. Y después de recibir el ADN negativo en octubre de 2006, publicó una carta de lectores en el diario Clarín.

[María V.]: Mamá, te estoy buscando. Hoy más que nunca soy María y en estos días tan vacíos de vos, decidí contar mi necesidad de encontrarte o de encontrar una imagen tuya o alguien que te haya conocido. 

[Emilia E.]:  En la carta, María dió algunos detalles sobre su nacimiento: la fecha, el lugar, el nombre de la partera. Y terminaba…

[María V.]: Estoy en manos de todos los que me den información. No quisiera morirme sin conocer mi verdadero origen.

[Emilia E.]:  Un periodista la ayudó a armar una página web, a la que llamó “La historia de María”. Y así, empezó a hacer una suerte de campaña de prensa en radios, revistas, canales de televisión: donde fuera que la invitaran, ella iba. 

[María V.]: Te prestas al conventillo porque en realidad a vos lo único que te interesa es que alguien te vea y se sienta identificado con la historia, pero era una exposición mediática que… que era agotadora. 

[Emilia E.]:  Pero de alguna manera funcionó, porque los emails no tardaron en llegar.  No eran unos cuantos. María calcula que le llegaban 800 al día. Tenía dos amigas que la ayudaban a leerlos. Le escribía todo tipo de gente dispuesta a ayudarla a encontrar a la partera Marta Rosignoli. 

[María V.]: Y entonces uno me decía, no sé, yo trabajo en tal banco. Tengo acceso a esta información. Sé que cobra la jubilación los días tal en tal Banco de San Isidro. Yo, este, sabía que trabajó en el hospital tal. Entonces había de golpe todo un comando de gente investigando…

[Emilia E.]:  Sin buscarlo, se había convertido en una investigadora amateur, una detective de su propia historia. Entre todos los datos que consiguió, estaba la dirección de la casa de la partera. Un día se fue a tocarle el timbre pero nadie la atendió. Volvió un tiempo después, pero tampoco estaba. Ni ella ni nadie de su familia. 

Por eso, cuando en 2010 el gobierno argentino anunció la fecha del siguiente censo nacional, María vio una nueva oportunidad.

Pensó que el día del censo era perfecto: podría acercarse a la casa de la partera, entrar y hacer preguntas sin levantar sospechas. 

[Emilia E.]:  El 27 de octubre de 2010 salió muy temprano de su casa acompañada de un amigo. 

[María]: Entonces aparecimos con unas carpetitas re temprano como para que no nos gane el verdadero y fuimos a la casa de Rosignoli y qué sé yo. Convencido de que íbamos a pedirle datos y con la mala suerte que se había mudado.

[Emilia E.]:  Era como si la partera estuviera siempre en otro lugar, corriendo varios pasos delante suyo. 

María me cuenta la escena sentada en su estudio de arquitectura, frente a su escritorio, donde hay un montón de papeles que fue juntando en estos 20 años de investigación: mails, notas periodísticas, copias de expedientes, fotos, hasta un árbol genealógico de la partera, son las huellas de un trabajo que durante unos años le consumió la vida.                 

[ María V.]:  Entonces, la historia de María también era la historia de Marta Rosignoli. Y esa.. eso es como que toda esa información que yo no sé, ella cuánto sabía que me llegaba a mí, de alguna manera la cercó y yo creo que por eso me escribió la carta.

[Emilia E.]:  Una carta que recibió en 2010 a través de la abogada de la partera. 

[Marta Rosignoli]: Hola, María. Desearía que pudieras leer estas líneas con absoluta tranquilidad… 

[Emilia E.]:  En la carta, unas cuatro páginas escritas a mano, Marta Rosignoli le contaba sobre sus comienzos como partera y la forma en la que fue armándose una clientela de pacientes que se atendían con ella. También le habló de un supuesto convento donde se entregaban bebés a familias que no podían tener hijos… pero ella, dijo, no tenía nada que ver con eso. Tampoco recordaba nombres, ni caras, ni fechas de aquella época. En definitiva: no podía ayudarla. 

[Marta R.]: Créeme, María, que no me resuena el nombre de tus padres lo que sí te digo, María, es que si hubiese sabido de la malicia y perversidad de algunas personas, yo nunca hubiese sido obstétrica. Hoy una vergüenza de figurar en Internet como una delincuente y que todos los medios se dirijan hacia mi como tal.

[Emilia E.]:  ¿Cómo reaccionaste cuando recibiste la carta? 

[María V.]: Digo, es una hija de puta más igual que mi mamá. Solo piensan en ellos. Dije eso, acá no voy a encontrar nada. Como… ya está…

[Emilia E.]:  Si la había buscado todo ese tiempo era para pedirle algún dato sobre su mamá biológica. Pero era evidente que no lo iba a conseguir así.  Después de recibir la carta, María denunció a Rosignoli en la justicia. Tal vez así podía conseguir algo de información, aunque fuera a la fuerza. 

Ahora, toda la esperanza de María estaba puesta en un solo objeto. Era un fichero que había visto en unas fotos que estaban en un expediente judicial contra Rosignoli de 1976. Un expediente  que encontró gracias a un dato que le dieron en la oficina de Abuelas de Plaza de Mayo cuando empezó su investigación. Cuando lo consiguió, se fue hasta un bar cerca de Tribunales, y lo leyó de punta a punta. Así supo que en ese año, 1976,  solo unos meses después de su nacimiento, unos vecinos del consultorio de Rosignoli habían hecho una denuncia porque veían movimientos extraños y gente que entraba y salía con bebés. 

Según contaba el expediente, toda la secuencia del allanamiento parecía sacada de una película.  Cuando la policía llegó, encontró un bebé en una incubadora, algunas cunitas vacías, un quirófano y un matrimonio que esperaba una entrega. Unos minutos después, escucharon ruidos en el techo: Rosignoli intentaba escapar con dos bebés en brazos. 

María leía todo esto como alucinada. 

[María V.]: Y de ese expediente lo que saco en limpio es que al momento del allanamiento además de los tres bebés y todas las cosas que sacan del consultorio, sacan un archivo y yo digo ¿dónde está ese archivo?… Cómo vos de alguien que está clandestinamente en el comercio de chicos, este, tenés un archivo con fichas de nenes, de padres, de madres, de compradores. No sé, y no le sacas foto a cada fichita. No, estaba solo la foto del archivo. Investigo qué pasó con ese archivo. Fue devuelto. 

[Emilia E.]:  Cuando leyó eso María pensó qué absurdo, cómo iban a devolver algo que podría tener información sobre el origen de esos bebés… Le parecía obvio que la justicia había querido encubrir todo. 

Siguió leyendo. El expediente relataba que la policía detuvo a Rosignoli durante el allanamiento pero la liberó unos días después. La partera pagó una fianza, que luego le devolvieron y en 1978 fue sentenciada a dos años de prisión en suspenso, o sea no efectiva.  En el expediente figuraba también el nombre de un matrimonio que había ido a comprar un bebé por 270 mil pesos, unos 1600 dólares de la época. 

Pero aun así, desaparecido el fichero, su mera existencia, ya le indicaba algo…

[María V]: Cuando vi el expediente de allanamiento y vi la cantidad de fichas, dije somos un montón de gente. Pero yo hasta ese momento estaba como media sola. Los chicos todavía no habían empezado a hacer como movimientos de  búsqueda.

[Emilia E.]:  Los chicos, dice, refiriéndose a los otros grupos de buscadores como Mónica o Ricardo, los protagonistas de la primera parte de este episodio. Cuando descubrió el expediente todavía faltaban varios años hasta que los conociera, más de cinco. 

Volvamos entonces a ellos, al momento en que el grupo de hombres y mujeres vendidos por las parteras Ofelia Pintos Lemos y Delia Agra de Pasini conocieron al grupo de personas vendidas por la partera Marta Rosignoli, alrededor de 2016.

El nexo, como contamos antes, había sido la historia de dos hermanos mellizos reencontrados gracias a un análisis de ADN. Cada uno tenía una partera distinta en su partida de nacimiento pero los dos habían sido vendidos. Eso probaba la conexión entre los dos grupos.

Pero había algo más, algo a lo que María no le había prestado tanta atención pero que fue revelador para Mónica y los otros buscadores: al comienzo de la carta que le escribió la partera Marta Rosignoli a María, mencionaba a algunos médicos y algunas otras parteras con las que había trabajado. De los médicos no daba nombres, pero a las parteras las llamaba  Señora de Gómez, la señora Catalina Olija, señora Nélida Benítez, la señora Hayde Braun, señora de Spinelli, señora Emilia Torres de Ugalde…

[Mónica S.]: Entonces, ¿qué hicimos? 

[Emilia E.]:  Esta es Mónica, de nuevo.

[Mónica S.]: Entre todos empezamos a googlear y encontramos que cada una de esas parteras había grupos de gente buscando identidad ya juntados. 

[Emilia E.]:  Grupos de diez, veinte, treinta buscadores con historias muy parecidas a las suyas. En total, más de 200 hombres y mujeres nacidos entre 1956 y 1983 que tienen en sus partidas de nacimiento las firmas de algunas de esas parteras. 

Mónica los llama por los apellidos de estas mujeres: “los Rosignoli” “los Pintos Lemos” “los Torres de Ugalde”, los “Piccardo”. Sin la carta que recibió María, podrían haber pensado que eran casos aislados. Pero, quizás sin quererlo, o sin darse cuenta, con su carta la partera había dejado a la vista los hilos que los unían.

Lo que pensaron fue: estas mujeres funcionaban en una especie de red, interconectadas para conseguir y vender bebés. Es una conclusión a la que llegaron hablando entre ellos, comparando sus historias, revisando partidas de nacimiento, y haciendo conexiones entre nombres que aparecen en la carta y direcciones que habían encontrado. El ejemplo de Rosignoli era perfecto: ella no atendía en el departamento de Jufré 140 sino en una casa en otro barrio, la que contamos antes que fue allanada, pero igual aparece firmando partidas con nacimientos en ese lugar, en Jufré.

Mónica es capaz de recordar la partera y el lugar de nacimiento de muchos de los otros buscadores. A ella, que estuvo tantos años paralizada, conocer todas esas historias la animó a buscar aún más intensamente la suya. Un día, no está segura si en 2015 o 2016, decidió ir a la casa de una vecina de sus tíos, una mujer llamada Coca. Conversando con ellos, Mónica se había enterado de que esta vecina había sido el nexo entre sus padres y la partera. Y aunque estaba tan cerca, había tardado años en llegar hasta su puerta. 

[Mónica S.]: Sabía que estaba esa mujer ahí, pero nunca me animé a tocarle el timbre. Qué sé yo. Tendría vergüenza, miedo. No sé. Era algo inexplicable. 

[Emilia E.]: Esta vez se animó. Coca era ya una señora muy mayor, que había trabajado como enfermera de Ofelia Pintos Lemos, la partera que aparecía en su partida de nacimiento. La mujer la dejó pasar y cuando Mónica le preguntó si recordaba quién había sido su madre biológica, le respondió: 

[Mónica S.]: Y ¿para qué querés saber? Me dice sí. Si no hubiera sido esto que te pasó hoy, estarías descalza, llena de chicos. Ni me importa. Yo le digo Pero igual tengo derecho en saber porque esas serían mis raíces, saber la verdad.

[Emilia E.]: La mujer le dijo que igual, no se acordaba. 

[Mónica S.]: Me dijo lo mismo que nos venían diciendo. Es muy difícil que sepas quién es porque eran muchas las mamás jóvenes que daban a luz, eran muchos los bebés que se entregaban. Es muy difícil saber exactamente cuál es tu mamá.

[Emilia E.]: Pero le ofreció otro dato: si ella quería, podía ponerla en contacto con el hijo de su partera. Ella había muerto pero él aún vivía. No tenía nada que perder así que se  fue con otra buscadora hasta la dirección que le habían dado. Le abrió un hombre de unos cincuenta y pico de  años… y ella le preguntó por Ofelia, por su madre…

[Mónica S.]: Y dice ¿Qué quieres saber de mi mamá? Entonces le empezamos a decir… Ah, ya sé. Y nos empieza a contar. Cuando nos empieza a contar. Era un horror más tras otro, porque él se crió en ese horror y él normalizó ese horror. 

[Emilia E.]: Les contó que en la cocina de Jufré 140, donde él y su madre vivieron muchos años, estaban siempre las hornillas de la cocina encendidas, para mantener a los bebés recién nacidos en un ambiente cálido. El consultorio estaba en su habitación, así que muchas veces él tenía que dormir en un sillón en el living. 

[Mónica S.]: Pero él nos decía: Mi mamá no robaba bebés. Y no los vendía. Ella le hacía un favor a las madres que no querían tenerlos. Eso te decía él. Claro, porque era su mamá…

[Emilia E.]: En la charla, este hombre además mencionó otras dos parteras que trabajaban con su madre. Mónica anotó estos  nombres y cuando volvió a su casa, repitió su rutina de buscadora…

[Mónica S.]: Cuando googleamos existieron estas dos parteras. Y tiene cantidad de personas que buscan a su familia.

[Emilia E.]: Una de esas parteras trabajaba en el Hospital Rivadavia, un centro de salud de Buenos Aires donde la justicia también investigó el robo de casi un centenar de bebés entre las décadas del 70 y el 2000. Ese podría ser el origen de algunos de los niños que entregaron. 

Otra de las hipótesis es que muchos eran hijos de prostitutas que trabajaban en un prostíbulo en el barrio de Mataderos, donde también atendía una de todas estas parteras. 

Pero son eso… hipótesis que salen de conversaciones, de datos sueltos. Es que esa es una de las preguntas que todavía no han podido responder. Tal vez, la más importante. 

[Mónica S.]: No pudimos identificar de dónde sacaban a los bebés. Nosotros a medida que fueron apareciendo cada vez más y más personas, la idea que teníamos es centralizar todo en un grupo, porque creíamos que con la versión de cada uno de nosotros que tendríamos capaz podríamos empezar a anudar esa cosa de saber de dónde sacaban a las madres y con un caso, ya hubiéramos sabido…

[Emilia E.]: También pensaron que salir en medios podía ayudarlos a que sus madres los vieran y se reconocieran en el relato, recordaran un nombre, una dirección. Pero eso, al menos hasta ahora, no ha pasado. 

En todos estos años, sí pudieron hacer dos cosas: establecer las conexiones entre al menos una decena de parteras y delinear una suerte de modus operandi de entrega de los bebés a las familias compradoras. Pero no hay registros de las mujeres que parieron en esos consultorios. Muchas de ellas quizás ni siquiera saben que tiene un hijo o una hija perdida por ahí. ¿Qué les habrán dicho? ¿Que su bebé había muerto? ¿Los entregaron voluntariamente? ¿Recibieron dinero?  Nada de la información que han conseguido hasta ahora puede responder esas preguntas. Y en muchos casos, como el de Mónica, Ricardo y María, los padres de crianza también han muerto y ya no tienen dónde buscar nuevas pistas.

Y ante esto, cada uno reacciona distinto. La búsqueda puede ser agotadora y muchos, después de un tiempo, han decidido no seguir… . 

[Mónica S.]: No es fácil. La vida misma, el trabajo, las horas que no te alcanzan el que puede salir a investigar, investiga. A veces somos un montón buscando, nos enchufamos todo, a veces somos dos o tres nada más. Pero no importa, porque sabemos que el que busca y está activo busca para todos. Si tenemos las mismas parteras, entonces lo que se descubre uno es para todos. 

[Emilia E.]: Así y todo, Ricardo Blanco, a quien escuchamos al comienzo de este episodio, ya perdió las esperanzas de encontrar a sus padres biológicos.

[Ricardo B.]: Yo creo que es buscar una aguja en un pajar… Digo, tiene que ser azaroso esto, que se te alineen los planetas y se te dé. Entonces ya hice el duelo… para mí, nunca lo voy a encontrar, porque si lo analizo racionalmente de las posibilidades cero, la posibilidad es casi cero 0,001 ponele.

[Emilia E.]: No es que le dé lo mismo, sabe que esta historia marcó toda su vida: la forma en que se relaciona con sus hijos, el modo en que se enamora, todo. 

[Ricardo B.]: No me termino comprometiendo con los afectos. Y si vos me decís, che, ¿qué es lo que te marcó? ¿Y esto me tiene que marcar, qué otra cosa?

Siempre está en el fondo la idea del abandono, ¿no? porque uno se siente que lo abandonaron a veces me agarra. Después digo no, para qué, no tiene sentido y no me quiero meter porque en definitiva… No te puedo decir qué sentimiento me da, pero no, no y a veces no me hace bien, ¿Viste? Te genera algún estado de angustia… pero entonces trato de… tapamos y seguimos.

[Emilia E.]: María Videla también puso en pausa su búsqueda. La denuncia que le hizo a su partera avanzó y la causa hace un tiempo que está lista para ir a juicio oral, aunque ya van más de 4 años sin novedades. Muy seguido piensa en que tendría que ir a Tribunales para ver si avanza, pero el día a día le gana y no va. Es que en estos años se mudó y tuvo un hijo, y la vida empezó a ir por otros carriles. Tanto, que hoy ni siquiera sabe si Marta Rosignoli, la mujer que le quitó el sueño por tanto tiempo, está viva o muerta. 

[María V.]: El discurso es: quiero conocer mi identidad, y no, yo mi identidad la conozco. Sé quién soy más allá de no saber quienes me hayan parido. Sé que tengo fragmentos obviamente de la historia y que me encantaría… Pero en algún momento también te reconcilias con la idea de que te podés morir y nunca saber quiénes fueron tus padres. Ahora se me llenan los ojos de lágrimas, pero digo, de algún modo tenés que reconciliar con eso, porque si no, es como una ilusión que te completa el día y no podés ir siempre tras ilusiones. Digamos, hay cosas cotidianas que son lindísimas, que si no te las perdés…

[Emilia E.]: En febrero de este año, 2026, me reuní con Mónica a un par de calles del edificio de Jufré 140, para ir juntas hasta ahí. Cuando llegué a nuestro punto de encuentro, la ví de lejos hablando con unos vecinos frente a un taller mecánico. Y me acerqué con la grabadora encendida. 

[Mónica S.]: ¿Cómo estás? 

[Vecino]: Bien. Bien, Bien. Bien. 

[Mónica S.]: Te hago una pregunta, bueno, te cuento. ¿Vos hace muchos años que vivís acá?

[Vecino]: Sí. Sí, 52 años. 

[Mónica S.]: Bien… 

[Emilia E.]: El vecino del taller mecánico recordaba haber visto a la partera…

[Mónica S.]: ¿Y vos te acordás de algún movimiento? ¿De algo?

[Vecino]: Yo me acuerdo porque como todo en el barrio se corría la bola chiquita. La partera era una gordita pelirroja. 

[Mónica S.]: Sí, exactamente. Exactamente. Me muero. Bueno, yo figuro que nací ahí, Jufré 140…

[Emilia E.]: Mónica le contó de su historia y de su búsqueda. Intercambiaron números de teléfono, por si el hombre recordaba algo más. 

Después, le preguntamos a otros vecinos si recordaban algo sobre la partera de la calle Jufré. Hablamos un rato largo con un kiosquero que pasó toda la vida en el barrio. Mónica llevaba en las manos una carpeta con algunas hojas impresas y tenía listo el celular con unas fotos de la mujer para mostrarles. 

[Mónica S.]: La señora era gordita, media pelirroja, salía con un guardapolvo blanco a la calle. ¿No te acordás? 

[Vecino]: No, para nada.

[Mónica S.]: ¿No te acordás nada? 

[Vecino]: No, no, no. Ni idea. 

[Emilia E.]: Llegamos a la puerta de Jufré 140. El sol pegaba muy fuerte, así que charlamos un rato bajo la sombra de un árbol. Mónica estaba muy entusiasmada después de la conversación con el mecánico… 

[Mónica S.]: Me encantó lo que dijo el del taller. No importa, con que me diga si la conocí, una gordita pelirroja que salía con el guardapolvo a la puerta… Ya para mí es un descubrimiento, pero que me..  me da como emociones. No sé, es algo increíble. Porque no sé… alguien que la vio viva.

Se emociona porque, después de todo, ahí está la única certeza que tiene sobre sus primeros días de vida, antes de convertirse en Mónica Snaidman. En este lugar puede decir por acá pasé, acá estuve. Acá empezó esto que soy. 

[Daniel A.]: Emilia Erbetta es productora de Radio Ambulante y vive en Buenos Aires. Esta historia fue editada por Camila Segura. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido y la música son de Andrés Azpiri.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Adriana Bernal, Aneris Casassus, Diego Corzo, Camilo Jiménez Santofimio, Germán Montoya, Sara Selva Ortiz, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Juan Pablo Santos, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Luis Fernando Vargas, Franklin Villavicencio y Mariana Zúñiga. 

Carolina Guerrero es la CEO. 

Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Si te gustó este episodio y quieres que sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apóyanos a través de Deambulantes, nuestro programa de membresías. Visita radioambulante.org/donar y ayúdanos a seguir narrando la región.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

Créditos

PRODUCCIÓN
Emilia Erbetta


EDICIÓN
Camila Segura


DISEÑO DE SONIDO
Andrés Azpiri


MÚSICA
Andrés Azpiri


VERIFICACIÓN DE DATOS
Bruno Scelza


ILUSTRACIÓN
Marianna Madriz


PAÍS
Argentina


TEMPORADA 16
Episodio 2


PUBLICADO EL
10/27/2026

Comments