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¿Qué pasa cuando el porno presiona a los hombres para convertirse en una ‘sex machine’?

Después de trabajar en la industria del porno por dos años, Dennis Maxwell se comenzó a sentir… raro. Raro cada vez que iba a tener sexo con una mujer y se le detonaba una crisis de ansiedad. Raro cuando no podía disfrutar el momento ni complacer a su pareja como él quería.

Dennis se estaba comparando con algo con lo que era imposible competir. Una parte de él sentía que tenía que rendir como las máquinas de sexo que veía en su trabajo.

Y es que no es el único.  

Según Shirani Pathak, una psicoterapeuta experta en relaciones, los efectos del porno son más prominentes en los hombres que en las mujeres porque es un producto consumido más por ellos y desde una edad más temprana. Pero dejemos algo claro: muchas mujeres también ven porno y, al igual que los hombres, se ven influenciadas por él. Que no hablen del tema, que les dé pena admitirlo o que crean que está “mal” es parte del tabú en contra de la sexualidad de la mujer.

Hay estudios que confirman que ver porno muy seguido incrementa los niveles de dopamina en el cerebro, el neurotransmisor responsable por hacernos felices y sentir placer. Y ahora el porno es tan fácil de consumir en internet que se posiciona como un tremendo adversario para el sexo común: entre más porno se ve, más placer se requiere en la cama para poder alcanzar los mismos niveles de dopamina que ofrece la pornografía virtual. Como lo explicó el investigador Simone Kühn en un estudio sobre los efectos del porno: “consumir pornografía regularmente… desgasta el sistema de recompensa [del cerebro]”.

Claro, es perfectamente saludable ver porno de vez en cuando. Según Psychology Today, muchas personas ven porno ocasionalmente sin percibir ningún efecto secundario. Sin embargo, cuando el hábito se vuelve demasiado frecuente –sobre todo en adolescentes– aumenta la brecha entre lo que ven en el internet y lo que viven en la vida real.

Cindy Gallop, una ejecutiva de publicidad, habló sobre el tema en su Ted Talk Make Love, Not Porn. Gallop dice que no está en contra del porno, es más, cree que en cierto nivel, puede llegar a ser beneficioso. Sin embargo, es importante comprender que por un lado está el porno, y por el otro el sexo.

Y son muy diferentes.

A muchos, la pornografía les causa interés en algún momento de sus vidas, pero más que todo durante la adolescencia. Según un estudio realizado por Middlesex University más de la mitad de jóvenes encuestados había visto imágenes pornográficas en internet antes de los 16 años. La curiosidad es natural, y también lo es que los jóvenes quieran saber qué es el sexo, y cómo se hace, justo cuando sus cuerpos comienzan a pedirlo. Sin embargo, mucho de lo que ven en el internet son fantasías que probablemente nunca experimentarán en la vida real. Y la presión por desempeñarse de la misma manera que lo hacen en internet puede desbordar su ansiedad e impedir que disfruten el encuentro con otra persona… que fue justo lo que le ocurrió a Dennis Maxwell. Es más, esto tiene un diagnóstico clínico: ansiedad por el desempeño sexual.  

Aunque hay que poner todo en su justa proporción: el porno puede afectar el desempeño durante el sexo, pero no es el único culpable. Esta ansiedad la puede causar el miedo a “fracasar”, una mala imagen del cuerpo propio o la preocupación de no satisfacer a la pareja.

Según Medical News Today, la relación entre la pornografía y la disfunción eréctil es muy modesta. Otras de las causas comunes de este problema son problemas en la relación, diabetes, obstrucción de arterias, o enfermedades neurológicas o de próstata.

Pero que no cunda el pánico. Hay medicamentos para tratar este mal, como el Viagra y el Cialis. Y según Medical News Today, el consejo que le dio su mamá a Dennis fue muy acertado: cambiar la mentalidad acerca del sexo –de una enfocada en rendimiento a una enfocada más en amor o placer– puede aliviar las presiones que impone una industria experta en exagerar.

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