Episodio 53

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Transcripción – Después de Víctor

[Daniel Alarcón, host]: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón

En los años 80, Edith vivía en Lima, Perú, con su esposo Víctor, y sus 3 hijos. Era maestra en un colegio estatal. Víctor era fotógrafo.  

Edith tenía el pelo dorado, se hacía trenzas. No se maquillaba.

Y su hija Vanadis se acuerda que un día, cuando Edith estaba a punto de cumplir 40 años, su mamá le preguntó a Víctor…

[Vanadis Phumpiu]: “Flaco, ¿cuándo crees que me debo maquillar?”. Y mi papá le dijo: “Cuando yo crea que te debas maquillar, te voy a avisar”.

[Daniel]: Vanadis recuerda clarito ese momento, sobre todo por lo que vino después.

[Vanadis]: Y mi mamá se comenzó a pintar desde el día siguiente.

[Daniel]: Edith simplemente no soportaba la idea de que un día su marido le dijera que ya era hora de maquillarse. Que ya era vieja.

¿Y hasta el día de hoy?

[Vanadis]: Y hasta el día de hoy. Mi mamá nunca sale sin maquillarse y sin ponerse aretes. Prendedores, collares.

[Daniel]: Vanadis dice que su mamá no es vanidosa. Entonces, digamos que se cuida. Le presta atención a su apariencia. Siempre.

[Vanadis]: Una vez estábamos en la calle y ella gritó: “¡Ahhh!”. Y se agarró la cabeza, y yo pensé que por fin le estaba dando una enfermedad, o sea… llegó la hora de… la verdad [risa]. Y le dije, “¿qué pasa?”. “No me he puesto aretes”.

[Daniel]: Ya se imaginarán que para Edith la edad es una preocupación. Los cumpleaños, por ejemplo: uff, todo un tema. Incluso antes de que empezara a maquillarse.

[Vanadis]: Siempre estaba molesta una semana, todo el mes de su cumpleaños, ¿no?, o una semana antes y una después. No recuerdo ninguna celebración de su cumpleaños de niña.

[Eriván Phumpiu]: Yo hasta hace muy poco no… no sabía la edad de mi mamá, creo que la borraba porque a mi mamá no le gustaba decir. Ni siquiera quería sacar el cálculo para no tener ningún problema con… con… con ella, ¿no?

[Daniel]: Ese es Eriván, el hermano menor de Vanadis. Hablé con él por teléfono porque está en Alemania, donde vive con su esposa y sus hijos.  

Según Vanadis y Eriván, el temor que le tiene Edith a la vejez no la ha dejado disfrutar la vida del todo. Las cosas que le da  la vida en cada etapa, cada década… ni se da cuenta.

[Vanadis]: Porque siempre ha estado pensando en que se ve más vieja, en que se va a ver más vieja. La vejez.

[Eriván]: A veces pienso de que debería dejarlo un poco de lado para poder seguir disfrutando más aún la vida que… que tiene, ¿no?, porque con los nietos, con los hijos, eh, y, bueno, también no debe de preocuparle cómo pasa el tiempo al igual que para todos, ¿no?  

[Daniel]: Pero Víctor la quería tal y como era. No podrían haber sido más diferentes. Víctor era de la ciudad, aventurero, atrevido. Edith, de un pueblo norteño del Perú, algo tímida. Ella misma se describe como chiquita. Y cuando la escuchas, uno tiene la impresión de que no se refiere solo a su tamaño. Esta es Edith.

[Edith Cuba Villavicencio]: Era la más chiquitita del salón. Hasta ahora no sé si vengo siendo la más chiquitita del mundo, creo.

[Daniel]: Y Victor…

[Eriván]: Mi papá como que bueno, es un galán de… de. ¿verdad?, de otros tiempos, ¿no? O sea ha hecho ha hecho tantas cosas para poder conquistar a mi mamá que… Bueno…

[Daniel]: Fue un cortejo largo. Hubo cartas y visitas inesperadas. Un día, Víctor llegó a caballo para proponerle matrimonio a Edith, y pedirle la bendición a su futura suegra. Un acto heróico ya que nunca había montado en caballo en su vida.

Victor y Edith se querían. Y fueron felices.

[Edith]: Conmigo era la persona más dulce. Como digo, todas las mañanitas: “Monita, te quiero mucho”.

[Eriván]: Yo nunca he visto a mi papá, por ejemplo, llamarle la atención a mi mamá, o decirle algo feo.  

[Vanadis]: Mi papá la trataba como una reina.

[Daniel]: Las idiosincrasias de Edith, eso de preocuparse por envejecer, no es que sea raro. Al contrario. De alguna manera u otra, a todos nos afecta en algún momento de la vida.

Tengo 41 años, y siento que los últimos 20 han pasado en un instante. Supongo que los siguientes veinte se me irán igual de rápido. Repaso momentos de mi vida, momentos importantísimos, donde estuve feliz y rodeado de gente que yo quería, y luego me doy cuenta que, en algunos casos, no he visto a esos amigos en una década. O más.

Y eso que mi gente, mi generación, aún no ha comenzado a morir.

Víctor. Fotógrafo, papá de 3 hijos y esposo de Edith, murió joven. Tenía solo 48 años.

[Vanadis]: Eh, mi papá nunca comía con sal porque sufría de presión alta. Solo montaba bicicleta. Mi papá nunca fumó.

[Eriván]: Y bueno, fue así: viernes entra al hospital, y el lunes ya estábamos velándolo. O sea, de un momento a otro. Fue una situación que nadie se esperaba.  

[Vanadis]: Son cosas que tú no te puedes explicar con tanto cuidado, ejercicio y esto que te puedan pasar.

[Daniel]: Fue un derrame cerebral. Vanadis apenas tenía 18 años, Eriván, 16. Su hermana mayor, Varinia, 22.

[Edith]: Cuando se muere, yo dije: “Este se cansó, me abandonó con 3 hijos”. Y fue… Fue…

[Vanadis]: Mamá, hasta en eso… en eso eres demasiado radical.

[Edith]:  Sí, yo lo sentí así. [LLora] Me abandonó. Se cansó y me dejó con los 3 hijos y se fue. Y esa sensación de abandono sentía que… sentía que… este… mis primas de hecho se habían divorciado, ¿no?

[Vanadis]: ¡Eso es un abandono!

[Edith]: Escucha, pues, escucha. Entonces, yo sentí como que era un huevo que lo tiraban de alto que se estrelló contra el piso.

[Vanadis]: ¿Pero por ti o por él? Fue difícil.  

[Edith]: Decía, es que el abandono lo sentí muy, muy fuerte. No… no me explicaba cómo una persona que decía quererme me abandonó de esa manera.

Yo bloquee todo lo que… esa cosa linda que me conectaba, ¿no?, con el mundo.

[Eriván]: Y cuando mi papá muere, mi mamá como que se le… se le apaga todo eso, ¿no? No… No tenía iniciativa para, no sé, ir al cine, para ir a algún lado, o para invitar a alguien a comer. No, no tenía iniciativa en esas cosas, ¿no?

[Vanadis]: Mi mamá no comía, mi mamá no hablaba, mi mamá estaba vestida de negro.

[Edith]: Nosotros usábamos mucho el radio. Nos encantaba, estaba… había cosas siempre: RPP noticias. Y nos despertábamos con eso, con él, ¿no?

Se muere Víctor, y me olvidé.

Me olvidé totalmente.

No volví a encender la radio de la mañanita nunca más.

[Eriván]: Yo a veces intentaba, eh, que se active alguna parte de eso, ¿no? Le decía… Porque ella es mi mamá siempre me decía: “Ah, yo quiero ir al cine”, esto. A veces la hemos llevado al cine. Pero tampoco, no había una iniciativa de ella. No sé, yo le decía: “Pero por qué no, si quieres ir al cine, ¿por qué no vas?”.

Creo que ha dejado de disfrutar de… de esos momentos de… en los que estar con uno mismo es placentero, ¿no?, al 100%, ¿no?

[Daniel]: Y en un momento como este, ¿qué haces? Cuando pasas de escuchar cada mañana por más de dos décadas, “monita te quiero mucho”, a despertarte sola. En una habitación fría. Con un silencio absoluto…

[Edith]: Nunca voy a encontrar un hombre igual a Víctor. Una persona buenísima, que yo sentía que se había muerto pues todo, ¿no?: mi compañero, mi amante, mi confidente, todo, absolutamente todo.

[Daniel]: Después de la muerte de Víctor, Edith vendió algunas de las cosas que él tenía máquinas de edición que ya no se iban a usar, y con este dinero, Edith abrió una tienda, donde vendía productos naturistas.

[Eriván]: Por suerte logramos consolidar esa tienda porque ayudó mucho también a mi mamá, o sea, la tenía ocupada. Y más que ocupada, empezó a tener contacto con mucha gente. Era curioso, porque no solamente eran los clientes con los que teníamos contacto, sino que el vecindario era muy… muy bizarro.

[Daniel]: Conozco bien esa zona. Aunque ha cambiado, sigue teniendo sus personajes. Eriván recuerda varios. Un señor altote que entraba a la tienda bailando. A un muchacho que nunca andaba sin su perro rottweiler. Una pareja él, fisiculturista; y ella, una chica que siempre andaba en patines—. Eriván los recuerda a todos con cariño y lo divertido que era estar ahí en las tardes cuando iba después de estudiar. Fueron buenos tiempos para él.

Pero lo que más recuerda es el alivio que sentía de que su mamá se reencontrara con el mundo…

Pero algo faltaba. Cierta chispa, cierta alegría.

En un cumpleaños, unos 10 años después de la muerte de Víctor, Edith pidió una computadora. Y listo. Se la regalaron. Ella no tenía ni idea de cómo usarla, ni siquiera para qué usarla. Pero la quería.

Un tiempo después, Eriván, iba a vivir fuera del país, y como un buen hijo, muy paciente, le abrió un correo electrónico. Así podrían escribirse.

Edith se metió en un curso de informática para principiantes, donde le enseñaron lo básico: el navegador de Internet, cómo usar programas como Word y PowerPoint…   

[Eriván]: Y en un momento, claro, pasa lo que pasa cuando una mamá tiene un correo electrónico. Es que va a mandar muchos PowerPoints, ¿no?

[Risas]

[Daniel]: Yo recibo esos también.

Debo aclarar. No los recibo de mis padres, pero igual, digamos que conozco a qué se refiere. Seguro que tú también. 20 de fotos de atardeceres sobre el mar con citas inspiradoras en itálicas. Quizás hemos visto el mismo PowerPoint o recibido la misma cadena de mails

Pero aunque no lo creas, estos fueron los primeros pasos de Edith hacia una nueva vida.

Un día, llegó diciendo que había escuchado de algo llamado Facebook. Parece que sus amigas y sus hermanas lo usaban.

[Eriván]: Pero no lo entendía, no… no sabía qué era.

[Daniel]: Eriván le explicó de qué se trataba. Que era una red para compartir cosas: fotos, noticias… pero sobre todo para conectarse con amigos y contarle a la gente lo que es de tu vida. Y claro, Edith quiso tener una cuenta.  

[Eriván]:  Eh, le ayudé para… para sacar esa cuenta. Yo le pregunto sus datos, ¿no?, y al final parece que como no me dio el año de su nacimiento, yo: “Bueno, ya, voy a poner mi año de nacimiento”, y puse 77, ¿no?

[Edith]: Todavía tengo la edad de Eriván en el Facebook porque él me lo instaló. Yo no. Yo casi nunca digo mi… mi edad.

[Vanadis]: O sea, ¿cuántos años tienes en el Facebook? ¿39?

[Edith]: Tengo, este, la edad de Eriván.

[Vanadis]: 39.

[Edith]: ¡Voy a cumplir 40! [Risas]

[Eriván]: Yo recuerdo, mi mamá lo que me decía: “No entiendo. No entiendo, viene mucha información, mucha… No sé qué hacer”. Y bueno, yo pensé: “Ahí quedará, ¿no?, o sea, no todo el mundo le encuentra facilidad a esto, ¿no?”.

Pero después de un tiempo…

[Vanadis]: Mi mamá volaba a la casa a conectarse al Facebook.

[Eriván]: La vi que empezó a postear, empezó a postear, empezó a comentar y comentar.

[Vanadis]: No sabía conectarse en otras computadoras.

[Eriván]: Con el Facebook, el PowerPoint por los correos ya… ya fueron, ¿no?, eso es historia…  

[Vanadis]: Pero mi mamá empezó a sufrir un alejamiento.

[Eriván]: Y bueno, vi que se… se enganchó de alguna forma, ¿no?

[Vanadis]: Y este… El Facebook es para ella… esencial.

[Daniel]: Sí, claro: para ella y para millones de personas más. Pero, ¿por qué?

[Eriván]: Se ha contactado con alguien que no veía décadas, ¿no?

[Vanadis]: Amigos de ella que viven en otros países.

[Eriván]: Amigos de.. de la infancia.

[Vanadis]: Cuando le han pedido algún tipo de reencuentro, ella se ha reencontrado con la gente de su promoción.

[Eriván]: Ha viajado a su pueblo para un encuentro con sus alumnos, y eso como que la… la activó, ¿no? La… La volvió a… a tener una vida social que antes no la estaba teniendo, la había perdido, ¿no?

[Daniel]: Pero no solo fueron reencuentros con gente del pasado, sino también con ella misma.

[Vanadis]: Primero solo salían fotos de sus nietos. Y luego mi mamá empezó a sacar unas fotos que yo nunca había visto en mi vida, de ella de joven, pero joven de 15 años, de 14 años, 16 años.

[Daniel]: Facebook se estaba convirtiendo en una manera de recordar quién había sido ella antes de la muerte de Víctor. Redescubrirse en su pasado. Un pasado que por años sintió distante.   

Y que ahora, de manera súbita, ya no lo era.

[Eriván]: Ha empezado también a tener contacto también con las cosas que a ella le gustaban, las músicas de su época. Algunas escenas de películas que le gustaban, ¿no?

[Daniel]: Y el bienestar no solo ha sido para Edith. Sus hijos también sienten que, gracias a Facebook, han recuperado algo…   

[Eriván]: Yo noto de que tiene algo más que contarme también ella, ¿no? Algo más que decirme y… y eso es algo que también ya se había perdido un poco, ¿no?

[Daniel]: Una pausa y volvemos…

 

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[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón.

Y aquí tengo que hacer una confesión.

Cerré mi Facebook hace un par de años. Ni me acuerdo, la verdad. Sin lugar a duda, Edith lo entiende mejor que yo, pero a mí nunca, nunca me gustó. Creo que en un momento llegué a tener como, no sé, ¿14 amigos? Y pues ya me parecía abrumador. Hay gente que tiene 500 amigos o 1.000, y ni me imagino cómo lo logran.

Y más bien siempre he sido escéptico a la idea de redes sociales. Claro, tengo mi Twitter, pero no me lo tomo tan en serio. Lo uso casi exclusivamente para comentar tonterías sobre fútbol, un pasatiempo bobo. Pero leo mi timeline, y me pregunto si este flujo constante de información ayuda o más bien perjudica la manera en que nos relacionamos con otros.

Es una pregunta importante, ahora más que nunca. Para muchos, Facebook ha dejado de ser una distracción inofensiva y se ha convertido en una herramienta nefasta para manipular y distorsionar la democracia. Cada día salen más noticias sobre cómo la plataforma viola de la privacidad de sus usuarios, o amplifica fake news.

¿Recuerdas cómo era la vida antes? ¿Cuando le perdías el rastro a la gente? Y muy de vez en cuando, un nombre de tu pasado aparecía, y te preguntabas, “ah, ¿qué será de Fulanito?”.  

Con Facebook eso ya no pasa, obvio. O sea, esa duda. Porque pones el nombre de Fulanito en el buscador y zas…

Ok, a lo que voy es que esa posibilidad de desaparecer también representa la posibilidad de reinventarse. Es decir, qué suerte la mía que Facebook no existía cuando yo era adolescente. Solo pensarlo me da vértigo.

Puedo ser otra versión de mi mismo, sin tener que cargar ese pasado, y cada versión de la persona que he sido, conmigo. Siempre.

Sin Facebook, puedes imaginarte quiénes son esa gente de tu pasado, en qué se convirtieron. Y funciona igual para uno mismo: puedes imaginarte quién serás, sin tener que estar siempre en vitrina, exponiendo una versión idealizada de lo que eres.

Bueno, además y quizá esto sea lo principal—, ¿quién tiene el tiempo de mantenerse al tanto de todas la bodas, de los fines de semanas, de las fotos de los bebés, de los cumpleaños y demás, de centenares de amigos y conocidos que uno acumula en la vida?

Pero ya. Mis quejas sobre Facebook no son nada originales, y quizá hasta pedantes. Bien. Cuando hablé con Edith, cuando ella y Vanadis y Eriván me contaron sobre el cambio que había representado para ella entrar a Facebook, pensé: “Ah, ok. Entonces de esto puede tratar. Para esto puede servir”.

Volvamos a la historia de Edith. Porque primero fue la compu, luego el correo,  luego el Facebook. Pero faltaba el siguiente paso: entrar a la era móvil. El smartphone.  

[Vanadis]: Y decía: “No, no entiendo el smartphone. O sea, para qué”.

[Daniel]: Pero le explicaron que podía entrar a Facebook desde ahí, estando en cualquier lugar, a cualquier hora. Entonces dijo que sí. Que ya. A ver qué.

[Edith]: Y después ya me atrapó el… el aparatito.

[Daniel]: El celular. Cada vez estaba más metida en la pantalla. Y según Vanadis, más ausente en la vida. Se notaba hasta en las fotos familiares…

[Vanadis]: Estoy tomando foto a los chicos y mi mamá está atrás con su teléfono.

[Eriván]: Yo creo que es que si fuese en el caso de un adolescente podría ser que: “Carajo, necesitas tú más contacto con la gente del mundo real”. Pero ya si es que en este caso, por distancia, tu círculo social está por todos lados, en su caso es… es, de alguna forma, necesario, ¿no?, necesario conectarse con… con todos ellos.

[Daniel]: Y quizás la diferencia de perspectiva entre Vanadis y Eriván se debe al hecho de que Eriván vive lejos. Para Vanadis, que ve a su mamá constantemente, le molesta la obsesión con el celular. Mientras que para Eriván, que está en Alemania, a miles de kilómetros de Lima, le parece chévere que Edith puede sentirse tan cerca.

[Vanadis]: Cuéntale a Dani un poco. Yo estaba en la selva o en Argentina, no me acuerdo y llamé, y tú me dijiste:  “Acá, pues, desconectada en Chocaya”. Y yo te dije: “¿Pero si estamos hablando por teléfono, cómo no vas a estar conectada?”. “¡Es que no tengo Facebook!”. [Risas]

[Edith]: Me voy, no puedo ver un video. No… No puedo ver… No… ¡Nada! No puedo mandar un mensaje. ¡Nada!  

[Vanadis]: Ella se siente mal cuando no tiene conexión. Se frustra. Le… Le causa ansiedad. Si se le acaba la batería, cosas así. Se aburre, se quiere ir.  

[Daniel]: Se lleva el aparatito a todas partes. Bueno… No todas.

[Edith]: No, al baño no voy con el celular. [Risas]

[Daniel]: Si lo que dice es cierto, Edith estaría en una pequeñísima minoría de usuarios de smartphones en el mundo.

Pero en fin: si Facebook representa la última etapa de un proceso largo de recuperación del duelo, es un proceso que hasta ahora ha ocurrido detrás de las pantallas.

Todavía hay un paso más allá…

[Vanadis]: ¿Y has recibido otras propuestas indecorosas?

[Edith]: ¿Indecorosas? No, decorsosas.

[Vanadis]: ¿Has aceptado?

[Edith]: Sí. [Risa] No, de verdad que sí.

[Vanadis]: ¿Ah sí?

[Edith]: Sí.

[Daniel]: Aunque Edith no lo crea, se le ve muy joven, se le ve muy bien.

[Eriván]: No hay ni una cana en mi mamá. Y mucha gente piensa de que ella se tiñe el pelo y todo. Hay más arrugas, cosas que mi mamá ni siquiera quiere, eh, comentar, pero… pero en general, o sea, no sé… Es como ver a Mick Jagger de lejos, pues, tú no sabe exactamente qué edad tiene, bueno, parece para mí [risas].

[Daniel]: Edith. La Mick Jagger de Cajabamba. La que nunca cambia. No voy a decir la edad que tiene porque, primero, no me lo ha dicho, pero segundo: por respeto. Y tampoco importa. Es un mujer linda. Y chistosa.

Y parece que en Facebook hay más de uno que se ha dado cuenta. A Edith, le cuesta creerlo.

[Vanadis]: Yo recuerdo que tú me decías que como que querían verte, y tú no querías que te vieran así. Y yo lo único que te dije fue que los años pasaban igual para todos, que cuál era tu temor.

[Daniel]: El temor de todos, supongo. Que no estemos a la altura de la imagen idealizada que proyectamos en el Facebook.

Pero esos temores, uno los tiene que superar. Y Edith está justamente en esas.

Cuando entrevisté a Vanadis y a Edith en Lima, no pensé que esta parte de la historia sería tan importante. Porque no sabía que su retorno a la vida ya no era metafórico, que había pasado de lo virtual a lo real.

Pero después me di cuenta de lo que representaba. Y sentí que era vital incluir esta parte, porque encierra lo que es el verdadero renacimiento de Edith.

Y bueno, resulta que tiene un pretendiente. Un hombre de su pueblo, de Cajabamba, que la buscó después de muchos años.

Así que decidí volver a entrevistarla. Yo ya estaba en Nueva York, Edith en Lima. Entonces decidimos hacerlo a la distancia. Y como se imaginarán, la única forma de que Edith conteste su teléfono es por medio de Facebook. Volví a abrir mi cuenta solo para hablar con ella.

Y tengo que admitirlo, ha sido una de las entrevistas más divertidas de mi vida.

Ok. Volvamos al pretendiente, al señor de Cajabamba.

Edith no lo veía desde que eran adolescentes, pero aún lo recordaba.

[Edith]: Siempre estaba presto a ayudar. Y si tú le mandabas a hacer algo, él lo hacía inmediatamente. Y era bien conocido en Cajabamba, súper conocido.

Él fue el primero que llevó primero, creo, el, ¿qué es?, el mambo. Comenzó a bailar mambo. Bailaba, era bailarín. Tenía una pareja con la que lo llevaban al club a bailar.

[Daniel]: El señor le empezó a hablar por el chat del Facebook. Digamos que era insistente

[Edith]: Me decía: “Yo me acuerdo de ti, yo tengo una foto tuya”. Le digo: “Imposible”, pues, ¿no?, ¿de dónde?, ¿cómo? Yo nunca se la he dado. Y me dijo: “Tú”… Me relataba cosas de mi infancia y yo le decía, “no, te has equivocado”. Bueno…

[Daniel]: ¿Por qué… por qué no querías reconocer que eras tú? Si tú te acordabas de él, era de tu pueblo…

[Edith]: Porque me decía que había estado enamorado de mí. Y eso me… me perturbaba, yo decía: “¿Por qué?, ¿no?”. Y que quería hacer un reencuentro conmigo. Y no… [Risas] Yo no quería pues yo pensaba que “para qué”, ¿no? No había necesidad.

[Daniel]: Hasta que un día le escribió…  

[Edith]: “Yo sé que eres tú”. Y me dijo: “Tú cojeabas un poco”. Entonces sinceramente ya no pude negarme a conversar con él como quién era yo, ¿no?: Edith.  

[Daniel]: El señor quería verla. En la vida real. Fuera de las redes. Para darle aquella foto que él había guardado por tantos años.

Y eso fue finalmente lo que la convenció.

Ese día, Edith se vistió de azul. Quedaron en encontrarse al pie de la estatua de la Vírgen, en el distrito limeño de Magdalena del Mar. Él llegó en un carro Ford Rojo.

El hombre se bajó…

[Edith]: Y me impactó, porque yo me quedé helada [risas]. De repente pensaba ver a un chico guapo, ¿no? Y no, pues, vi a un señor de edad ya.

[Daniel]: Como dijo Eriván: “los años pasan para todos”. El pretendiente se mostró atento, amable. Edith dice que hasta amoroso. Se montaron en el carro. Y ahí…

[Edith]: Sacó de su billetera la foto, para que yo vea que no me estaba mintiendo, ¿no?

[Daniel]: Era una foto de cuando Edith tenía más o menos 17 años. Sale en la plaza de Cajabamba junto con dos primas. A Edith le pareció una foto muy bonita.

[Edith]: Estaba halagada. Estaba, como te digo, muchas cosas deben haberme olvidado, porque estaba… Estaba bien, bien nerviosa. Súper nerviosa, no…

[Daniel]: Y el pretendiente le dijo que la foto era un regalo para ella. Confesó que tenía una copia en su casa, en grande. Y Edith…

[Edith]: No esperé, ¿no?, peor a mi edad, que alguien estuviera enamorado de mí me parece increíble. No… No había en mi cabeza una situación así.

[Daniel]: Fueron a una heladería cercana. Era chiquita, linda. Una vista preciosa. Se sentaron adentro, en una mesita esquinera. Frente a frente…

Hablaron de su pueblo, Cajabamba, de la niñez agradable y tranquila que tuvieron ahí.

[Edith]: Y él me preguntaba: “¿Nunca pensaste en mí como enamorado?”. La verdad le dije que no, yo no había pensado nunca en ningún chico.

[Daniel]: Para Edith siempre había sido Víctor. Nada más que Víctor. Pero con Facebook, a través de esa pantalla que muchos vemos con cinismo, con tristeza, esa pantalla significó para Edith una segunda oportunidad.

Al estar ahí con ese amigo, sintiéndose querida, el centro de atención, algo empezó a cambiar. Y creo que se dio cuenta de algo importante: que de alguna manera u otra, todos nos merecemos la oportunidad de ser felices.

[Edith]: ¿Por qué no?, ¿no? No necesariamente tiene que ser alguien igual, tendría que ser una persona, ya, buena, buena…. No necesariamente igual a Víctor, ¿no?

Ya solté esa… esa situación de que como Víctor no va a haber otro, ¿no?, no voy a conseguir.

[Daniel]: Entonces no se trata de reemplazar a Victor. Sino de vivir.

[Edith]: Yo he perdido tiempo de verdad, porque si yo hubiera estado vibrando bonito, ¿no?, pensando de que la vida me va a regalar más cosas, hubiera traído a una persona con iguales condiciones hacia mi vida, ¿no?

[Daniel]: Y ahí, en esa heladería en Magdalena, con ese amigo, fue feliz. Como lo fue en esa foto, en Cajabamba.

Con este señor el que tenía la foto, ¿te has vuelto a ver?

[Edith]: Sí, sí, después ya me he vuelto a ver varias veces [risilla]. Eh… [Risa] Y bueno, hmmm… Ay, no sé. Me da vergüenza [risas] ¡Me da vergüenza!

[Daniel]: Edith Cuba Villaviciencio vive en Lima… y en Facebook.

 

Esta historia fue producida por mí con la ayuda de Luis Fernando Vargas, y editada por Camila Segura. La mezcla y el diseño de sonido son de Ryan Sweikert.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Andrés Azpiri, Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Laura Pérez, Ana Prieto, Barbara Sawhill, Luis Trelles, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Silvia Viñas. Carolina Guerrero es la CEO.

Con este episodio nos despedimos de nuestro amigo y colega Ryan Sweikert. Ryan ha hecho el diseño de sonido varias de nuestras historias favoritas en las últimas dos temporadas. Todo el equipo te agradece, Ryan. Y seguramente los oyentes también. Suerte en todo.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

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Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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