Episodio 52

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Transcripción – Dos notas

(SOUNDBITE PROGRAMA DE JOSÉ GABRIEL)

[Daniel Alarcón, host]: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

Y este es….

(SOUNDBITE PROGRAMA DE JOSÉ GABRIEL)

[Juan Gabriel]: Mi querido Alvarito, Quinteto Clinton, me encanta verlos allá….

[Daniel]: Alvarito. Álvaro Rodríguez, el director musical de este talk show colombiano.

Álvaro es un hombre altísimo, de un 1,93 m. Y además de dirigir la orquesta,  de hacer los arreglos para los cantantes y escoger el repertorio musical, era el saxofonista. Estaba cumpliendo su sueño, la verdad. Lo que siempre quiso hacer.

Pero…

Una noche del 2010, estaban empezando a grabar…

[Álvaro Rodríguez]: Ahí es cuando digo: 5,4,3,2,1… Tantan tarapa papán. La primera nota tenía que sonar, y la primera nota hizo: “pufff”.

Sonó el viento afuera, y yo ahí mismo paré la banda.

[Daniel]: Álvaro no entendía qué pasaba. Llevaba casi 20 años tocando el saxofón y lo hacía muy bien. Pensó que era el instrumento el que fallaba, aunque en el fondo sabía que algo muy raro le estaba pasando…

[Álvaro]: Ahí comienza la pesadilla de mi vida. En ese instante.

[Daniel]: Nuestro productor David Trujillo nos sigue contando.

[David Trujillo, productor]: Devolvámonos en el tiempo, hacia mediados de los años 60.

Álvaro nació por esa época, y desde que tiene memoria siempre hubo música a su alrededor. Su abuela y las hermanas de ella tocaban guitarra y cantaban, y sus tíos tocaban saxofón, fagot, acordeón, trombón… Su abuela le empezó a dar clases de guitarra cuando tenía 3 o 4 años. Y ya a esa edad…

[Álvaro]: Prefería quedarme estudiando con mi abuela un pasillo que estar yo seguramente por ahí montando en bicicleta.

[David]: Sus tíos también le enseñaban música, y en los 70s crearon una orquesta tropical muy famosa en Colombia: Los Black Stars.

(SOUNDBITE DE CANCIÓN DE LOS BLACKS STARS)

[David]: La orquesta ensayaba en un estudio que había en la casa del abuelo de Álvaro…

[Álvaro]: Así que yo me metía 3 horas y me deleitaba viendo el baterista, los saxos, los teclados, los cantantes… Y yo crecí escuchando también esa música tropical.

(SOUNDBITE DE CANCIÓN DE LOS BLACKS STARS)

[David]: A los 7 años su papá lo empezó a llevar a clases de música en el conservatorio. Su mamá lo veía como un gran pasatiempo, una actividad para los ratos libres. Por eso, cuando estaba en el colegio…

[Álvaro]: Yo quería participar en el coro de la misa, en la banda de rock, en el conjunto vallenato… En lo que fuera música, yo estaba siempre dispuesto.

[David]: Incluso se acuerda del primer concierto que dio. Tenía 10 años.

[Álvaro]: Fue para 1.000 alumnos del colegio, yo cantando una canción al estilo country de un vaquero famosísimo que se llamó Pecos Bill.

(SOUNDBITE CANCIÓN DE PECOS BILL)

[Álvaro]: Y Pecos Bill me imagino que él también tenía sus sueños, y yo tenía el sueño desenfrenado de ser artista.

[David]: Ya de adolescente estaba totalmente obsesionado con la música. No le gustaba nada más. No era muy bueno en matemáticas, ni en literatura, ni en química, pero era un gran músico. Se adaptaba a un nuevo instrumento de manera casi natural. Y siempre estaba buscando escenarios donde tocar: podía ser la tarima de un teatro o la sala de la casa de algún amigo. Y lo invitaban todo el tiempo a ser parte de bandas.

Álvaro tenía un gran futuro como músico.  Pero cuando tenía 18 años y estaba a punto de graduarse del colegio…

[Álvaro]: Mi mamá me dijo: “Bueno, mi amor, entonces, ¿tú qué vas a estudiar finalmente’”. Y yo le dije a mi mamá, no, pues, decidido, le dije: “Música en la Nacional”.

[David]: La respuesta de su mamá fue un silencio absoluto. Y también una llamada a un primo psicólogo para que intentara convencerlo de no estudiar eso.

Para ese momento su papá ya se había muerto. Y aunque él sí lo motivaba a dedicarse a la música, con su mamá era diferente.

[Álvaro]: Yo sentía que le daba un poco de temor que mi talento me llevara en esa época a dedicarme a la música.

[David]: Porque, claro, en esa época, la música se relacionaba con la fiesta, el alcohol, la bohemia…

No es que a su mamá no le gustara que él cantara o tocara instrumentos. Pero para ella la música debía ser más un hobbie que una carrera. Ella esperaba que su hijo fuera un profesional…

[Álvaro]: Seguramente de corbata o de las profesiones que normalmente lo llevaban seguramente a uno al éxito.

[David]: La mamá de Álvaro simplemente le prohibió estudiar música pero lo consoló con un regalo.

[Álvaro]:  A los 18 años me llegó mi… mi sueño dorado: el saxofón.

[David]: Era el instrumento que más le gustaba. Su papá siempre ponía a Bob Fleming, un saxofonista famoso, durante los almuerzos familiares de los domingos. Y Álvaro había aprendido a tocar el instrumento con sus tíos.  Le encantaba el sonido grave del saxo.

Álvaro terminó estudiando comunicación social. Su idea era mezclar la publicidad con la música y hacer jingles, canciones publicitarias. Pero cuando se graduó, se dio cuenta de que este era un gremio tremendamente cerrado, y era muy difícil competir contra agencias de publicidad que tenían la tecnología para grabar.

[Álvaro]: Vendí varios jingles y todo, pero… pero finalmente terminé frustrando otra profesión, otra situación con mi música.

[David]: Necesitaba una estabilidad económica, así que tuvo que buscar otros trabajos…

[Álvaro]: Pero mira que yo digo que yo siempre anduve con mis sueños en el baúl del carro. Porque siempre estaba mi saxofón y mi guitarra en el carro.

[David]: A mediados de los 80s entró a trabajar a Caracol Televisión, una de las programadoras más importantes del país. Ahí vendía pauta publicitaria, pero en realidad quería ser el productor musical: poder escoger la música de los programas, componer las canciones de las telenovelas… Para eso tenía un plan: como siempre tenía sus instrumentos en el carro, entonces podía tocar en todas las celebraciones y darse a conocer.

[Álvaro]: Por el cumpleaños de mi jefe, porque iba a hacer la reunión de fin de año, porque cualquier cosa…  

[David]: Y funcionó.

[Álvaro]: Y allá llegó el chisme a presidencia: que Alvarito, el comercial, tocaba el saxo y además la guitarra.

[David]: Una tarde, el presidente de Caracol le pidió que fuera a verlo inmediatamente y que llevara sus instrumentos. Álvaro estaba ilusionadísimo. Pensaba que le iba a pedir que musicalizara una novela o que hiciera un par de jingles. Pero lo que le dijo su jefe no tenía nada que ver con su trabajo o una nueva posición. Le pidió que tocara en una fiesta con otros directivos y clientes de la empresa.

[Álvaro]: O sea, mi aspiración de productor no pasó más que de ser un buen animador de esos tipo trío y de guitarra porque pa’ todas las fiestas me llamaban.

[David]: Y en eso se quedó. Pero a Álvaro realmente no le molestó. Siguió trabajando en lo suyo y siguió yendo a todas las celebraciones de la presidencia. Y no le pagaban…..

[Álvaro]: Pues iba gratis. Compartía un par de whiskys y tocaba, porque yo lo quería era cantar y tocar mi saxofón.

[David]: Y eso, en parte, lo hacía feliz. Aunque, claro, en el fondo había un vacío.

[Álvaro]: Cada sueño que yo iba construyendo musical, se iba desvaneciendo.

[David]: A mediados de los 90 empezó a trabajar dirigiendo hoteles en Bogotá. En esa época conoció a Claudia Algarra, su esposa, con quien tuvo dos hijos.

[Álvaro]: Así que por esa época, entonces, terminé muy bien. Mi mamá yo creo que estaba orgullosa y feliz. Y tenía un gerente de corbata. Ya no cargaba los instrumentos en el baúl del viejo Zastaba.

[David]: Ahora los cargaba en el baúl de una camioneta más bonita. Y en medio de todo, Álvaro disfrutaba lo que hacía: viajaba mucho y ganaba bien.

Hasta que un día, cuando tenía 33 años, tuvo una reunión de trabajo con sus jefes del hotel para mostrar los resultados del mes. Todo fue positivo, así que cuando terminaron el  jefe lo invitó a celebrar en el bar. Esa noche iba a haber un show de saxo y jazz que Álvaro había contratado. Parecía que todo iba a salir de maravilla, pero…

[Álvaro]: Llegó el pianista, el bajista, el baterista, y no llegaba el saxofonista a las noches de saxo y jazz.

[David]: Arrancaron a tocar los 3, pero el saxofonista nada que aparecía, y ya se notaba el descontento de los clientes. Entonces el jefe empezó a presionar a Álvaro, a preguntarle cómo resolvían el asunto.

[Álvaro]: Cuando menos pensé, estaba yo temblando sacando mi saxofón del carro acompañado del botones y del pianista. Y le dije: “Venga, ayúdeme a salir de esta, y voy a tocar 3 o 4 canciones para”… más para mamarle gallo a mis jefes porque, pues, por una bobada de esas no me iban a echar.

[David]: Todo fue muy rápido. A los pocos minutos estaba subido en la tarima con los otros músicos  y contando para empezar a tocar: 3,2,1…

(SOUNDBITE CANCIÓN “TAKE FIVE”, DE DAVE BRUBECK)

[David]:”Take Five”, de Dave Brubeck. Un clásico del jazz.

Álvaro se sentía tocando en el Blue Note, un famoso club de jazz en Nueva York donde se presentan los mejores.

[Álvaro]: Yo cerré los ojos y eso era increíble, pero yo me sentía…  Además, el grupo sonaba como si hubiéramos ensayado muchas veces.

[David]: El bar se empezó a llenar. Sus compañeros de trabajo corrieron a verlo y los huéspedes estaban encantados. Álvaro se sentía un artista en pleno escenario.

[Álvaro]: Y ese día se me descuadró a mí toda mi cabeza. Ese día concreté el sueño de que yo me debería dar una oportunidad de ser músico.

[David]: Así que poco después creó una pequeña empresa y empezó a ofrecer sus servicios musicales de orquesta tropical, trío de saxofones, show de jazz, para todo tipo de eventos: cocteles, matrimonios, comidas…

No dejó el  trabajo que tenía en el hotel. Pero él y su saxofón eran cada vez más pedidos.

Duró un año haciendo las dos cosas. Hasta que finalmente…

[Álvaro]: Renuncié a toda esa vida hotelera. Sin mente y sin dolor, con toda.

[David]: Estaba, por fin, dedicándose a la música. Y sí, era exitoso como lo quiso su mamá.

En el 2002, lo contrataron para presentarse en una reunión privada. Ese día Álvaro llegó corriendo porque se le había hecho tarde. Vio que había muchos guardaespaldas en el lugar, pero por el afán ni se fijó en las otras personas que había.

A los 20 minutos de estar tocando se le acercó un señor de bigotico y le dijo que estaba fascinado con su saxofón, que si podía darle una tarjeta. Álvaro quedó boquiabierto cuando se dio cuenta de quién era…

[Álvaro]: Ese fue el encuentro, nada más y nada menos, con el Presidente de la República del momento, el doctor Andrés Pastrana.

[David]: Pastrana lo felicitó por el show. A las pocas semanas lo llamó para contarle que en los próximos días se iba a organizar una cena especial en Cartagena.

El invitado especial sería Bill Clinton, el expresidente de Estados Unidos, que iba a dar una conferencia a empresarios del país.

[Álvaro]: Pastrana conocía a Clinton, sus gustos musicales, y sabía que tocaba el saxofón.

[David]: Lo que quería Pastrana no era que Álvaro simplemente amenizara la cena.  

[Álvaro]: Sino tocar temas para que en algún momento de esa cena lográramos persuadir a Clinton y el presidente tocara una canción.

[David]: Con un saxo que le iban a regalar. Álvaro aceptó sin dudarlo.

(SOUNDBITE VIDEO DE YOUTUBE)

[Bill Clinton]: Well, thank you for coming to welcome us. I’m delighted to be here with Queen Noor and the other Americans at this important conference that begins tomorrow…

[David]: Lo citaron en Cartagena y esa noche, Álvaro empezó a tocar. Clinton estaba encantado. Después de un rato el presidente se levantó de la mesa y lo abrazó. Entonces Álvaro le entregó el saxofón y una boquilla…

[Álvaro]: Y él humedece la caña, y es el signo verídico del saxofonista que va a tocar.

(SOUNDBITE CANCIÓN “SUMMERTIME”)

[David]: Se subieron los dos a la tarima y empezaron con “Summertime”.

[Álvaro]: Con el primer tema fue suficiente para que se desbaratara todo el protocolo y se vinieran frente a la tarima como si se estuviera presentando cualquier artista internacional. Las palmas, los gritos, el “otro, otro, otro”. Eso me dio a mí un reconocimiento y una fama impresionante.

Ese fue el destape de mi carrera duro. Ese fue el cañón que me disparó.

[David]: Porque, claro, la foto de los dos  salió en los periódicos y las revistas más importantes de Colombia. Empezaron los conciertos.

(SOUNDBITE VIDEO)

[Presentador]: Un concierto con la magia de la interpretación del saxo de Álvaro Rodríguez…

[David]: Las entrevistas…

(SOUNDBITE VIDEOS)

[Presentadora]: Para nosotros, un placer recibir a Álvaro Rodríguez con su saxofón…

[Presentador]: Álvaro Rodríguez con su Saxo Banda Show…

[David]: Hasta entró al estudio, y grabó 5 discos, incluyendo uno dirigido y producido por Armando Manzanero, el cantante y compositor mexicano con quien también dio un concierto en Bogotá.

Álvaro sentía que estaba en medio del sueño que siempre había querido.

[Álvaro]: Porque es que uno, mientras que ha buscado toda la vida ser músico y que eso no se haya podido dar, y que usted haya visto a todos los grandes y que usted quería soñar y verse como algún grande de esos algún día, y de un momento a otro dejar toda su profesión y a los 2 o 3 años comenzar a vivir este tipo de experiencias… pues eran experiencias muy difíciles de poder explicar.

[David]: En el 2010 lo contrataron como director musical del programa de José Gabriel, del que hablamos al principio. Era uno de los talk shows más importantes de la televisión colombiana.

Ahí Álvaro dirigía la orquesta, componía todas las cortinillas musicales, tocaba el saxofón. Grababan cada semana y tenía que tener preparado un repertorio para cada invitado.

Dividía su tiempo entre grabar los episodios y seguir yendo a los eventos para los que lo contraban. Era pesado: a veces tocaba el saxofón por más de 10 horas al día.

A finales de ese primer año, anunciaron que el programa saldría del aire porque el presentador se iba del país. Cuando estaban grabando uno de los últimos episodios del programa…

[Álvaro]: Ahí es cuando digo: 5,4,3,2,1… Tantan parapan papán. La primera nota tenía que sonar, y la primera nota hizo: pfff. Sonó el viento afuera, y yo ahí mismo paré la banda. Y yo dije: “Qué es  tan raro”.

[David]: La gente de producción le preguntó que qué pasaba.

[Álvaro]: No se dieron cuenta ustedes, pero mis primeras notas no sonaron, hay un desajuste en el saxo. “Listo, Alvarito, tranquilo”. Hágale, cuente otra vez y entra José Gabriel. 1, 2, 3… me concentré, pum, arrancó pero ahí quedó que algo había pasado raro.

[David]: Durante el descanso de la grabación, Álvaro salió a llamar a su otorrino. Unos años antes, había tenido una parálisis del lado izquierdo de su cara. Había sido un virus que no le dejaba tocar bien el saxo. No fue algo grave… el médico le dio unas pastillas y lo mandó a unas terapias faciales para recuperar la movilidad de los músculos. En un mes pudo volver a tocar el saxofón.

Entonces pensó que le estaba volviendo a dar lo mismo y se lo dijo al médico. Pero él le respondió…

[Álvaro]: “Álvaro, miremos bien qué es lo que tienes, porque no hay riesgo de que un tema viral de esa categoría, te repita. Así que yo te espero aquí urgente en mi consultorio para que evaluemos el tema”.

[David]: Y Álvaro quedó helado.

[Daniel]: Una pausa y volvemos.

 

[Guy Raz, co-host de Wow in the World]: ¡Hola! Soy Guy Raz.

[Mindy Thomas, co-host de Wow in the World]: ¡Y yo soy Mindy Thomas!

[Guy]: Y juntos te traemos Wow in the World.

[Mindy]: El podcast de NPR para familias.

[Guy]: Cada semana exploramos un nuevo e increíble descubrimiento científico.

[Mindy]: ¡También montamos un pájaro!

[Guy]: También montamos un pájaro.

[Mindy]: Encuentra Wow in the World en Apple Podcast o donde escuches tus podcasts.

[Hanna Rosin, co-host de Inivisbilia]: Cuando Cici conoció al nuevo inquilino de su madre, jamás sospechó que sería reemplazado como hijo. O que su reemplazo podría tener motivos siniestros. Esta semana, Invisibilia mira las cosas que no decimos a nuestros seres queridos y a los malentendidos a los que puede llevar. Encuéntralo en NPR One o donde escuches tus podcasts.

 

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa estábamos con Álvaro, que ya estaba pensando que lo que le pasaba podría ser serio. Muy serio.

Aquí David Trujillo.

[David]: Los exámenes que le hizo el otorrino salieron bien. Álvaro no estaba perdiendo la fuerza en los músculos de la cara. Sin embargo, en los siguientes dos meses empezó a notar que ya no podía hacer melodías tan complejas como antes. Y eso no era todo: lo mismo le pasó con las ligaduras y con los efectos de sonido. Todo lo que él dominaba por su experiencia musical se le estaba perdiendo.

[Álvaro]: Y ahí comienza esa pesadilla, una pesadilla sin fin, porque del otorrino pasé al neumólogo, a ver si había alguna falla respiratoria.

[David]: Pero los exámenes de  los pulmones también estaban bien. Lo mismo pasó con los exámenes neurológicos. Todo normal.

No sentía dolor. Podía hablar, masticar, besar, soplar. No entendía qué pasaba, pero tocar el saxofón era cada vez más difícil. Y en cada presentación…

[Álvaro]: Mi mente diciéndome: “Desafinado. Horrible. Estás tocando inmundo. No hizo el La. No hizo el Si. No pudo llegar a la nota. Quedó por debajo”. Es una criticadera mía contra mí mismo, mi oreja contra mis sentimientos.

[David]: Era un sufrimiento constante.

[Álvaro]: Era una tortura ya tocar, era una tortura permanente. “¡No pude!; ¡uy, no llegué!; ¡uy, qué horror!; ¡uy, qué vergüenza la gente!; ¡uy, no!”.

[David]: Solo le contó a su familia lo que pasaba. Pero los músicos que lo acompañaban se empezaron a dar cuenta. Álvaro se inventaba cualquier excusa. En ese momento, reconocerlo no era una opción.

[Álvaro]: Porque reconocerlo es ponerse un cuchillo uno y acabar con su vida musical. “Estoy enfermo y no puedo tocar”.

[David]: Intentaba improvisar. Los músicos seguían sin saber qué le pasaba, pero le ayudaban un poco a disimular los errores, a seguir la melodía. En una de las presentaciones, el pianista le dijo que se le estaban abriendo los labios. Álvaro no se había dado cuenta, entonces fue al baño, se paró frente al espejo y empezó a tocar el saxo.

[Álvaro]: Y fue en el momento cuando yo detecté que.. que había movimientos involuntarios.

[David]: Los labios se abrían y por ahí se estaba saliendo el aire. Trató de ponerse cintas de cirugía transparentes pegadas alrededor de la boca a ver si eso ayudaba. Pero nada…

[Álvaro]: Comencé a tocar como habla un tartamudo, con todo el respeto de las personas que tienen esa limitación física, y es que no pueden completar las frases, o que en algún momento de su frase quedan en el silencio porque pierden el aire. Eso pasaba. Yo arrancaba una frase musical y no sabía en qué momento me iba a quedar en silencio.

[David]: Iba a consultas con expertos internacionales que llegaban a Colombia, pagaba tratamientos alternativos…

[Álvaro]: El dinero que yo invertía en buscar mi recuperación era absurdo. Tú lo que necesitas realmente es una respuesta. Si tú sabes qué es lo que te pasa, tú puedes tomar decisiones. Pero si esto es un misterio, ningún músico, ningún médico, ni juntas médicas, nadie se atrevía a dar nada.

[David]: Le daba pánico cada vez que iba a tocar. Entró en depresión.

[Álvaro]: Dos años en los que me despertaba llorando porque había soñado que estaba tocando el saxofón. El saxofón no lo desarmaba porque yo decía: “Mañana me suena, uh, eso mañana tiene que funcionarme”. Porque si tú sentías tu boca normal y todo lo demás normal, tú guardabas la esperanza.

[David]: Pero no solo era la tristeza de ir perdiendo la capacidad de tocar su instrumento. También estaba perdiendo su profesión. Con el saxo traía la plata a la casa, la comida. Se le venía  encima un problema económico gravísimo.

En  diciembre del 2012, Álvaro aceptó presentarse en una cena de Navidad con pocas personas. Iba a tocar villancicos lentos, que no le exigían mucho. Pero en medio del show, alguien le pidió una canción mucho más exigente. Álvaro respiró profundo.

[Álvaro]: Y yo arranqué a tocarlo, hermano, y esos labios se abrían. Y no sonaba, y eso terminé yo sudando, porque yo sudaba ya en frío. Ya el desespero, la… el ver que todo lo que yo había en 20 años contruido estaba completamente desbaratado, sin tener una causa.

[David]: Terminó la presentación. Álvaro agradeció a los invitados, se despidió y guardó el saxofón. Antes de subirse al carro, llamó a Claudia, su esposa y su socia en la empresa:

[Claudia Algarra]: Me dice: “Hasta hoy trabajo. No vuelvo a tocar en un solo evento. Yo no puedo seguir, estoy desesperado”.

[Álvaro]: Parte de nuestra vida sentimental estaba enfocada en la música, en mis serenatas, en todo lo que yo… Uno con la música, pues Ave María, pues expresa muchos sentimientos.

[Claudia]: Horrible. Lloraba, tenía pesadillas. Muchas lágrimas… Muchas, muchas, muchas.

[Álvaro]: Y era el dolor porque finalmente, si tu esposa te ha visto triunfar…

[Claudia]: La música ha sido su vida, eso ha sido su pasión. Y cada vez tocaba menos, y menos, y menos. Ya era muy notorio.

Y el saxofón se le volvió como un perro bravo. Que cuando tú pasas por una casa y a ti sale el perro y te ladra, tú cada vez que pasas por esa casa ya pasas con cuidado y miras con miedo. Entonces eso le pasaba a Álvaro con el instrumento: él lo miraba, pero lo miraba con miedo porque sabía que si lo cogía no iba a poder tocarlo, no iba a poder interpretarlo.

[Álvaro]: Y le dije a mi señora: “Mira, aquí está tu esposo, el papá de tus hijos, el trabajador, el luchador, el socio. Pero el saxofonista se murió. Hoy”.

[Claudia]: Yo le di mucho apoyo a él. Yo soy mucho más tranquila, manejo el estrés tal vez de otra manera. Yo nunca le dije que él tenía que seguir tocando, yo nunca le recriminé el haber… el haber dejado el saxo de lado. No, nunca, nunca… Era como el curso de la vida que teníamos que… que seguir.

[Álvaro]: Yo me monté en el carro llorando y… y arranqué mi duelo, y acepté mi duelo.

[David]: Álvaro empezó a contarle a sus amigos lo que le pasaba. Seguía con su empresa de presentaciones musicales, pero ahora ofrecía el servicio de otro saxofonista. A veces los clientes aceptaban, otras no.

Unos días después de haber tenido su última presentación, recibió una llamada de un amigo. Le contó que había una mujer en la Orquesta Filarmónica de Bogotá que tal vez podría ayudarlo.

Álvaro la contactó.

[Amparo Mosquera]: Entonces me llama Alvarito y me dice que quiere que lo… que lo ayude. Entonces yo le digo: “Venga a la orquesta y traiga el saxofón”.

[David]: Amparo Mosquera fue la primera mujer en ser primer trombón en la Filarmónica. Toda la vida había tocado el instrumento en orquestas populares y de música clásica. Pero en 2006, cuando tenía 44 años y estaba en la mitad de su carrera, le pasó lo mismo que a Álvaro.

[Amparo]: O sea, ya no… no te sale ni el Re, ni el Mi, ni el Do, ni el Si… Nada, no te salen esas notas. Yo ya no dominaba el trombón.

[David]: Amparo tenía que soportar las críticas de sus compañeros y de sus jefes de la Filarmónica porque creían que no estaba estudiando lo suficiente. Le daba pánico tocar y empezó a sufrir de ansiedad, porque tenía miedo de que la sacaran de la orquesta. Pero Amparo sabía que su problema no era por falta de estudio. Tenía que haber otra explicación.

[Amparo]: Entonces yo dije: “No, para mi conocimiento y para no quedar en la ignorancia quiero investigar qué es lo que me está pasando”.

[David]: Buscó en Internet “Músico enfermo”. Salieron enlaces a investigadores y centros médicos que se dedicaban a ayudar a los músicos. A Amparo le sorprendió porque en Colombia nunca ha existido algo así.

Entonces se contactó con ellos. Les habló de su caso, les contó los síntomas y les envió videos de su boca tocando el trombón. El diagnóstico fue casi inmediato.

[Amparo]: Desorden muscular específico distónico.

[David]: O distonía focal de tarea específica. Amparo se puso a estudiar. Se trata del movimiento involuntario de los músculos específicos a la interpretación de un instrumento. O sea, a quien toca piano se le puede levantar uno de los dedos, o al que toca violín el brazo se le va en otra dirección.

Lo más curioso es que solo se presenta cuando se va a tocar el instrumento. El desorden de Amparo, por ejemplo, estaba en su boca: se le abrían los labios sin que ella lo notara, pero solo cuando tocaba el trombón.

Si bien es un problema neuromotriz, las causas no están muy claras todavía.

Amparo reunió toda esa información y la organizó en una especie de libro que le entregó a sus jefes de la Filarmónica.

[Amparo]: Y así fue de la única forma que yo aprendí a defenderme de que no me echaran de la orquesta.

[David]: De que los médicos la ayudaran a certificar que tenía una enfermedad profesional. Una que no estaba incluída en la lista de riesgos laborales de los músicos en Colombia. Y fue así como la reubicaron en una posición administrativa, pero no perdió su trabajo.

Amparo compartió lo que había aprendido con sus compañeros de la Filarmónica. Ahí se enteró que dos colegas también tenían la enfermedad. Ella no podía ofrecerles un tratamiento, pero al menos sí darles una respuesta de lo que les pasaba. La gente cercana se dio cuenta de sus investigaciones, y la empezaron a contactar con conocidos que estaban teniendo síntomas.

Así conoció a Álvaro, por un amigo en común.

Cuando se vieron en la Filarmónica, Amparo se dio cuenta de lo notorio que era el problema de Álvaro y de lo deprimido que estaba.

[Amparo]: Yo ya llevaba como 6 años de investigación entonces, entonces ya podía hablar muy tranquila, no llorando los dos al tiempo [ríe]. Entonces ya lo tranquilizo emocionalmente, porque eso no es el fin del mundo.

[David]: Porque existen tratamientos. No en Colombia, pero sí en otros países como España, por ejemplo. Para Álvaro saber esto, fue un alivio enorme. Tenía al menos algo de esperanza. Y así, apenas pudo, viajó a España.

Allá lo vio un especialista: un músico que se ha dedicado a estudiar médicamente este problema. Empezó a hacerle fisioterapia en los músculos de la cara para disminuir la tensión y, lo más importante, un tratamiento psicológico para dejar el miedo, las inseguridades.

[Álvaro]: Porque finalmente lo que… lo que pasa es que uno tiene que hacer un… un cierre total y hacer un… un reaprendizaje, volver casi que de ceros.

[David]: Hay varios detonantes del desorden. Puede ser por una técnica dañina que se volvió un hábito y terminó afectando el músculo; también el estrés, trabajar bajo presión y el exceso de práctica, como en el caso de Álvaro; o incluso un impacto emocional como la muerte de un ser querido o un accidente de tráfico.  

Álvaro estuvo un mes en España hasta que ya no pudo pagar más. El tratamiento costaba unos $1.000 por semana y era imposible saber cuánto iba a durar. Entonces volvió a su país, decepcionado.  

[Álvaro]: De saber que en Colombia realmente no hay ningún especialista aún que conozca este tema.

[David]: Pero ya no estaba deprimido.

[Álvaro]: Cuando uno entiende qué pasa con una distonía, uno comienza a ver la música diferente.

[David]: Ya sabía que no podía tocar su saxo hasta tener un tratamiento. Así que empezó a buscar opciones para sentirse músico otra vez.

Encontró que había un saxofón electrónico que funcionaba como una especie de sintetizador de viento pero que se tocaba con el mismo movimiento de los dedos.

[Álvaro]: Es largo como un clarinete, tiene la misma embocadura de un saxofón, pero se sopla. No tiene la fuerza que uno exige para tocar la caña del instrumento metálico.

[David]: En Colombia no lo vendían, así que lo compró en Estados Unidos. Estaba muy emocionado. Hacía 3 años no tocaba.

[Álvaro]: Y llegué a mi casa, una noche, 8 de la noche, y armé el saxofón. Y mis hijos salieron felices y mi esposa. Y yo comencé a sonarlo. “Pero te suena bien, pa. Suena parecidísimo. Parece el saxo tuyo”. “Sí, yo sé que sí, muchachos”. Y a los 10 minutos me estaban temblando los labios y las notas que estaba haciendo con ese saxofón, se estaban perdiendo. Y otra vez la frustración.

[David]: Le pidió a su esposa que le pusiera los dedos en la comisura de los labios: si los sostenía, no se abrían. Ahora tenía que encontrar la forma para hacerle presión a la boca.

Todos se fueron a dormir, y Álvaro empezó a buscar en toda su casa hasta que encontró una plantilla ortopédica, una especie de soporte que se usa en los pies cuando duelen. Como esta plantilla tiene una forma curva donde se apoyan los talones, Álvaro se dio cuenta de que también  se ajustaba perfecto a la forma de la cara.

[Álvaro]: Entonces lo puse, perforé un hueco en la mitad, por ahí metí el instrumento y con algo muy… muy… muy… muy rústico que fue el círculo de donde se pone el esparadrapo y unas clavijitas, puse 2 cauchos.

[David]: Parecía como si tuviera una máscara de oxígeno, pero no importaba. Con esa presión en la boca, pudo mantener las notas largas.

[Álvaro]: Así que como a la 1 de la mañana, 2 de la mañana de esa noche, comencé a tocar “Bésame mucho”.

(SOUNDBITE CANCIÓN “BÉSAME MUCHO”)

[Álvaro]: Mis hijos se pararon y mi señora: “¡Ay, está tocando, está tocando!”.

[David]: Esa máscara que se inventó Álvaro la mejoró un amigo odontólogo y terminó siendo más discreta.  Eso fue hace 2 años y medio.

[Álvaro]: Que comencé a tocar este instrumento y que he vuelto nuevamente a las tarimas. O sea, yo tengo una alegría y una tranquilidad, ¿no?, que ese aparatico me permitió volver a sentirme nuevamente músico.

[David]: Hasta hace poco, Álvaro fue capaz de volver a oír sus grabaciones de la época antes de enfermarse.

[Álvaro]: Me impacta mucho. Yo cuando… cuando grababa decía: “Me quedó bonito, pero no”. Y ahora que escucho mis grabaciones yo digo: “Ufff, tremendo saxofonista ese. Qué bonito sonaba”.

[David]: Un día decidió volver a sacar el saxo metálico porque lo tenía guardado desde que lo dejó de tocar. Lo armó y lo puso en su estudio. Y cuando lo ve…

[Álvaro]: Ya no me produce tristeza. El saxo electrónico me ayudó a salir de esa pena.

[David]: Cuando me vi con él a principios de este año, 2018, me contó que otro especialista español, Jordi Albert, lo está tratando. Es músico y también tuvo el desorden. Él no le receta medicamentos ni le hace fisioterapia. Lo que hace es que le da clases para que aprenda a tocar el saxo de una mejor manera, con técnicas más adecuadas. Es como un entrenador con un deportista.

Hablé con Jordi por videollamada para saber cómo va Álvaro. Han pasado pocos meses de tratamiento y la distancia lo dificulta un poco, pero se comunican constantemente y Jordi le manda ejercicios diarios. Se vieron una vez en Colombia en octubre del 2017, pero la idea es que puedan verse más a menudo.

[Jordi Albert]: Ahora está volviendo a estudiar y lo que observamos básicamente es que podría volver a tocar el saxofón. Pero, claro, volver a tocar no es lo único. ¿Sabes? Hay que seguir, hay que tocar y montarse en un escenario y tocar una canción, eso es la recuperación real.

[David]: Y depende en gran parte del empeño que Álvaro le ponga al tratamiento.

Cuando lo entrevisté en su casa, me atreví a hacerle una petición. Le pregunté si se animaba a tocar el saxofón metálico enfrente mío.

Llevaba 6 años sin hacerlo delante de otras personas que no fueran su familia o sus terapeutas. Dudó un poco pero terminó aceptando. Empezó a lavar la boquilla…

[Álvaro]: Este lo volví a sacar ahorita, sí. Hasta hace… Hasta en noviembre. Yo lo tenía guardado. Con este yo aprendí, con este fue que yo, digamos, yo soy tenorista, realmente. Este es mi saxofón, el tenor.

[David]: Humedeció la caña y se paró frente a un espejo. Arrancó a tocar “Take Five”, la misma canción que tocó 20 años atrás en el bar del hotel.

(SOUNDBITE ÁLVARO TOCANDO “TAKE FIVE”)

[Álvaro]: Eso es un desastre para mí. Lo que… Lo que suena en cuanto a nivel interpretativo es un fracaso. Pero lo que yo estoy logrando en este momento es maravilloso.

[David]: Álvaro paró un momento…

[Álvaro]: Esto que acaba de pasar, por ejemplo, es de una intimidad absoluta. Porque el que no entienda, o el que coja tarde la noticia dice: “Uy, qué es eso tan horrible, quién está tocando este instrumento”.

[David]: Pero sabiendo todo lo que le ha pasado, para mí fue increíble escuchar esas notas improvisadas, chuecas y esforzadas. Es como si fueran las primeras palabras de un bebé que está aprendiendo hablar. Y así se siente Álvaro:

[Álvaro]: Este es el nuevo saxofonista que apenas está naciendo. Porque el saxofonista que tocó del 21 de diciembre del 2012 no existe. Esta es una nueva… un nuevo camino de mi vida. Este es el nuevo saxofonista que yo quiero volver  a… a que aparezca en mi ser. ¿Cuándo? No sé.

[David]: Ojalá sea pronto.

[Daniel]: Es imposible saber en cuánto tiempo Álvaro volverá a tocar su saxo metálico. Cuando publicamos esta historia todavía seguía con su tratamiento.

Hoy en día tiene una fundación que busca ayudar a músicos colombianos con este desorden. Amparo le ayuda en esta tarea y sus objetivos son grandes: aparte de incluirlo en la lista de enfermedades profesionales de los músicos en el país, esperan crear un centro de investigación y tratamiento para este tipo de trastornos.

Las canciones de saxo en este episodio son grabaciones del propio Álvaro.

 

David Trujillo es productor de Radio Ambulante, vive en Bogotá. Esta historia fue editada por Camila Segura y por mí. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Laura Pérez, Ana Prieto, Barbara Sawhill, Ryan Sweikert, Luis Trelles, Elsa Liliana Ulloa, Luis Fernando Vargas y Silvia Viñas. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org.

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Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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