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Transcripción: Los sobrevivientes


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Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. Entonces: la semana pasada les trajimos “Cuando la Habana era friki”, una historia sobre los orígenes de la comunidad de rockeros y metaleros en Cuba.

 

Esta semana volvemos a la isla, a esta misma comunidad, con otra historia de nuestro archivo. Hoy vamos a investigar uno de los capítulos más oscuros y sorprendentes de Cuba en los 80 y 90.  

 

Yohandra Cardoso Casas: Ay, eso sí me duele mucho recordarlo. Él llegó a mi casa con una bata blanca puesta y dijo delante de mi mamá que yo estaba enferma de SIDA, y yo me asombré porque yo en realidad nunca había oído ni tan siquiera qué cosa era SIDA. La palabra no la había oído.

 

Daniel: Esta es Yohandra Cardoso Casas. Tiene cuarentaitantos años y vive en la provincia cubana de Pinar del Río. Y en la época en la que se contagió de SIDA, eran muchos los cubanos que no tenían ningún conocimiento de la enfermedad.

 

Pero Yohandra era rockera, parte de esa comunidad más conocida como los frikis. Uno de los grupos más marginados de la isla.

 

Por eso, el compañero de Yohandra, Gerson Govea dice que el rock era para ellos una especie de religión.  

 

Gerson Govea: Era un culto ahí extraño que había que era más bien como un hermandad religiosa porque éramos muy unidos todos.

 

Daniel: La epidemia del sida demostraría exactamente qué tan unidos eran.

 

Nuestro productor Luis Trelles nos cuenta.

 

—–

 

Luis Trelles: El barrio donde vive Gerson queda en la provincia cubana de Pinar del Río. Es puro campo tropical, un sitio de lomas verdes que queda cerca de los sembrados donde se cultiva el mejor tabaco de la isla.

 

Alto y flaco, con la cara llena de piercings y tatuajes en todo el cuerpo, Gerson se siente fuera de lugar allí. Es obvio que los punks no abundan en el área, pero Gerson siempre ha llevado su imagen con orgullo.

 

Gerson: La música punk no aceptaba sometimiento a nada. Ni a dogma, ni a doctrina, ni a ideología. Porque, o sea, eso es la anarquía: romper con lo establecido. Y yo siempre pensé, sí…, que tenía que ver conmigo.  

 

Luis: Gerson llegó al punk por la vía del rock pesado y el metal. Eso era lo que escuchaban los primeros rockeros de Pinar del Río en los 80 y 90.

 

De chico fue testigo de cómo empezó la escena. Algunos adolescentes se dejaban el pelo largo y usaban camisas de bandas americanas. Pero vivían en un pueblo chiquito, y eso no se veía nada bien.

 

Gerson: La gente los miraba, los criticaban, los rechazaban, les decían cosas y seguían. Ellos seguían igual, a ellos no les importaba, les daba igual.

 

Luis: No era un movimiento masivo, pero los chicos que se unieron al grupo se hicieron muy amigos.

 

Gerson: Nos íbamos para la Habana para los conciertos allá grandes.

Y cuando no había nada de rock n roll, hasta para las discos, nos íbamos para las discos y nos metíamos en la discos. Lo importante era andar juntos… con tu gente, coño.

 

Luis: Y a través de Gerson fue que conocí a Yohandra, una rockera de mediana edad que también descubrió la música a finales de los 80. Y tiene la evidencia para demostrarlo.

 

Lo primero que hizo cuando la conocí fue mostrarme una gaveta llena de cassettes que guarda en una esquina de su habitación.

 

Yohandra: Tengo Metallica, AC/DC, Led Zeppelin, Barón Rojo, Nirvana, Queen, Police… de todo, ahí tengo de todo, toda la música vieja que se oía antes. Y lloro cuando se me pierde un cassette.

 

Luis: Ella también tuvo una adolescencia como la de Gerson, y recuerda cómo la policía hostigaba a sus amigos rockeros por tan solo pasar el rato en la calle escuchando música. Siempre los acusaban del mismo delito:

 

Gerson: Peligrosidad social, que por andar así de esa forma, los tribunales pensaban que tú eras un peligro para la sociedad. Entonces la condena era de –era no, es todavía– de dos años por primera vez, y después, si sigues reincidiendo como peligro social, es de cuatro años la condena.

 

Luis: Los frikis no solo se enfrentaban a las leyes del gobierno y a los prejuicios de sus vecinos y compañeros de escuela. Muchas veces, sus propias familias eran las primeras en rechazarlos.

 

Gerson: Los padres los botaban de su casa por como eran, por la vida que llevaban y andaban en la calle pasando hambre, sin ropa, sin atención y sin ná.

 

Luis: Se habían echado al gobierno, a la sociedad y a las familias en contra. Estaban amenazados por todas partes.

 

Y a finales de los 80, llegó otra amenaza.

 

Gerson: Empezaba el comentario: “No, fulano se enfermó y fulano se fue al sanatorio”, ya iban cayendo ya, de a poco.

 

Luis: Ni Gerson ni los de su generación sabían de qué se trataba. En 1989 llegaron unos rumores: el gobierno de Pinar del Río estaba construyendo un nuevo hospital. Pero no iba a ser un hospital normal, sino un sanatorio, para internar a todos lo que sufrían de esta nueva enfermedad.

 

Gerson: Bueno yo me enteré de la palabra SIDA en el 90.

 

Luis: En menos de 10 años, el VIH/SIDA se había convertido en una epidemia en Cuba. La idea del sanatorio de Pinar del Río, y varios más a lo largo de la isla, era contener la epidemia.

 

Y aunque suene raro, los frikis escuchaban las historias de cómo era la vida adentro del sanatorio y se imaginaban un paraíso.

 

Yohandra: Los enfermos les dicen lo que hacen con ellos en el sanatorio: las comidas, la buena vida…

 

Luis: En el sanatorio se comía tres veces al día con un menú que incluía carne y helados. Algunas habitaciones tenían aire acondicionado.

 

Gerson: La gente prefería antes de estar viviendo en la calle, estar enfermo y venir para acá, para tenerlo todo, y de gratis que era lo que más influía: que era gratis, regalado.

Luis: Era un estilo de vida que no se veía en el resto del país.

 

Gerson: No había nada, no había comida, no había jabón, no había nada, ni aceite, ni cigarros, nada absolutamente, transporte…

 

Fidel Castro: Cuando destruyeron el socialismo que era una esperanza para la humanidad…

 

Luis: Era el fin de la Guerra Fría y la isla pasaba por uno de los momentos más difíciles de su historia.

 

Fidel Castro: ¿Qué queda?…

 

Luis: El Bloque Socialista se desmoronaba y en un par de años la Unión Soviética dejaría de existir.

 

Fidel Castro: Sino fustración, miseria…

 

Luis: Pronto comenzaría el Periodo Especial en Cuba, una época de profunda escasez.

 

Fidel Castro: Desigualdad, injusticia… Es muy triste…

 

Luis: Pero en los sanatorios eso no se sentía. La cuestión era cómo entrar.

 

Yohandra: Eran rockeros,  los rockeros no les gustaba trabajar. Los rockeros les gustaba que las cosas les cayeran fácil. Y como más fácil ellos lo vieron fue inyectándose de SIDA.

 

Luis: Sí: lo que dice Yohandra es cierto. Un friki enfermo le daba sangre a otro y luego ese le daba sangre a otro más.

 

Es imposible calcular cuántos se inyectaron, las estadísticas oficiales de casos autoinfectados son casi inexistentes, pero algunos calculan que fueron más de 200 en toda la isla.

 

Pero había tanto que no sabían acerca del virus. Aún no se hablaba públicamente de la epidemia, ni de la forma en que se contagiaba. Los frikis que se inyectaban eran casi todos hombres y no sabían que podían infectar a otra gente a través del contacto sexual.   

 

Y las novias de los frikis fueron las primeras en sufrir las consecuencias. Mujeres como Yohandra, que un día recibió una visita del Director de Higiene y Salud de la provincia.

 

Yohandra: Él llegó a mi casa con una bata blanca puesta y dijo delante de mi mamá que yo estaba enferma de SIDA. Y yo me asombré porque yo en realidad nunca había oído ni tan siquiera qué cosa era SIDA. La palabra no la había oído.

 

Luis: Hasta ese momento, Yohandra era una chica normal de provincia. Vivía en la casa de su familia mientras estudiaba para ser maestra rural. Su ex-novio, un friki autoinfectado, había entregado una lista de la gente con la que se había acostado. Y el nombre de Yohandra aparecía ahí. Todavía no había cumplido los 18 años.

 

Yohandra: Imagínate que te digan de que el tiempo de vida que te quedan son cinco años.

 

Yo lo único que pensaba era que no, que a mí eso no podía pasarme. Que por qué a mí, quizás estaban equivocados. Quizás, en el tiempo que yo estuve con ese muchacho, él no estaba enfermo, era un error.

 

Luis: Desafortunadamente no era un error. Yohandra estaba enferma y para complicar las cosas ella ya estaba casada con otro hombre.

 

Yohandra: Yo llevaba ya como seis meses casada ya de nuevo con ese muchacho. Estaba embarazada.

 

No se lo dije en aquel momento al Director de Higiene, pero él visitó el consultorio al que yo pertenecía y la doctora del consultorio le dijo que yo estaba embarazada, y me obligaron a sacarme la criatura.

 

Ya después que aborté esa barriga, renuncié a tener hijos. No quise embarazarme nunca más…  

 

Luis: Los problemas de Yohandra con el gobierno no pararon ahí. Como su marido era un hombre sano y ella tenía el virus, el mismo Director de Higiene que había ordenado el aborto la acusó de “Propagación de la Epidemia”. Según la ley, una persona enferma no podía estar con una persona sana.

 

Yohandra: Y me llevaron presa por 3 años. Sin un delito, porque yo no había matado a nadie, yo no había robado a nadie, yo no había… Yo no había cometido nunca algún tipo de delito.

 

Luis: Pasó su condena en varias prisiones y terminó divorciándose de su esposo. Fue irónico, porque al final el exmarido de Yohandra nunca llegó a contagiarse de VIH.

 

Yohandra: Cumplí prisión y todo por eso y él nunca dio positivo.

 

Luis: Estas consecuencias que sufrió Yohandra todavía no eran evidentes para la gran mayoría de los rockeros enfermos. Al salir de la prisión, iría al sanatorio. Y para gente como ella, que no escogió tener la enfermedad, era una extensión de la cárcel.

 

Pero para los autoinfectados, la fiesta apenas comenzaba.

 

Gerson: En mi opinión era como un campismo, como una base de campismo, como un campamento de scouts, así.

 

Luis: En esa época, Gerson tenía muchos amigos adentro. Era uno de los sanos, e iba a menudo a visitarlos. El ambiente que encontró le sorprendió. Las cabañas rústicas donde vivían los pacientes estaban rodeadas de árboles y animales que se acercaban de las fincas vecinas. Y el ambiente era 100% friki.

 

Gerson: Cabello largo todo el mundo, y en cada habitación había una grabadora con puro metal y amplificadores con rock n’ roll. Yo decía, “ah, esta gente aquí adentro no se deben aburrir”, que era el dia entero jodiendo, y que era esto… Era la idea que yo tenía.

 

Luis: Parecía que todo era posible en el sanatorio. Todo: hasta montar una banda de punk. Gerson se juntó con un par de pacientes autoinfectados y comenzaron a tocar. Iba cada semana para ensayar.

 

Gerson: Era lo que yo quería y yo estaba dispuesto a hacer lo que hubiera que hacer porque era el sueño que yo tenía, ¿ves?  

 

Luis: La banda se llamó Metamorfosis. Un autoinfectado conocido como Papo La Bala, era el guitarrista. Quintana, otro autoinfectado, tocaba el bajo.  

 

Usaban equipos viejos de la Unión Soviética, parlantes hechos de cartón y un bajo que tenía una sola cuerda. En un cuartito del sanatorio, Gerson y los otros chicos se encerraban para sacar himnos punk con tres acordes desafinados.  

 

Solo faltaba una cosa: salir a tocar en vivo. Pero no lo lograron.

 

Gerson: Nunca pudimos tocar. Cuando cuadramos nuestro primer concierto, se puso mal de salud, se puso mal uno de los guitarristas. Y al final nunca pudimos dar un concierto.  

 

Luis: Poco después cayó Quintana.

 

Gerson: Un mes se me murió un guitarrista, al mes y medio se murió el del bajo. Eso fue en un año y medio, bueno, quedé yo porque yo no tenía nada.

 

Luis: Esa era la realidad del sanatorio: la salud de los que entraban siempre empeoraba. Algunos perdían tanto peso que al final ya no podían caminar. Otros se quedaban ciegos. Algunos se volvían locos. Todavía no existían los tratamientos para poder vivir con el virus.

 

Gerson: Algunos tenían la esperanza de que hubiera alguna cura, algún medicamento que descubrieran, una vacuna, pero mira tú ya a la altura que estamos y todavía no ha aparecido. Entonces lo que ellos no sabían era eso, que se iba a demorar tantos años y tantos años.

 

Luis: Gerson y Yohandra cuentan que a principios de los 90 habían unos 60 frikis en el sanatorio. No todos eran autoinfectados, muchos se contagiaron de la misma forma que Yohandra: por tener relaciones sexuales sin protección con un friki enfermo.

 

Daniel: Pero para el año 2000, de los 60 frikis solo quedaban cinco. Una pausa y volvemos…

 

-CORTE INTERMEDIO-

 

Daniel: Hey, antes de volver a nuestro episodio: si quieren seguir de cerca todos los cambios que vienen en Washington, les recomiendo el NPR Politics Podcast. Ahora van a sacar dos episodios nuevos por semana, para que se enteren no solo de lo que está pasando, sino de lo que significa. Suscríbanse o escuchen en el app de NPR One o npr.org/podcasts

 

Antes de la pausa vimos cómo el sanatorio se había convertido en un refugio para muchos frikis. Pero en el transcurso de una década, se fue desocupando…

 

Gerson: En el mes se iban uno, dos… Habían meses que no se iban, no se morían ninguno, pero después, los meses siguientes, se morían tres juntos, y así.

 

Luis: Cada vez que había una muerte, el director les daba permiso a los pacientes para que salieran a despedir a sus amigos.

Gerson: Poníamos música y nos poníamos a tomar. La música que le gustaba al que fallecía, y ya ahí a ponernos tristes ahí a esperar… llevarlo al cementerio, pero bueno…  

 

Luis: Y fue allí, en los entierros, donde las consecuencias de haberse inyectado finalmente se hicieron evidentes.

 

Gerson: Entonces mucha gente cuando estaba consciente de eso, de que estaban enfermos y que no había vuelta atrás y de que se iban a morir, se arrepentían. Lo que se quedó fue la enfermedad.

 

Luis: Con cada funeral, Gerson se quedaba más solo. Primero se había vaciado la calle de frikis cuando sus amigos entraron todos juntos al sanatorio. Y ahora su gente desaparecía por completo, y él se convertía en uno de los últimos frikis de su generación que no había ingresado en el sanatorio.

 

Gerson: Ajá. Por eso la pérdida duele tanto, porque se extrañaba más, porque era el apoyo. Cada cual buscaba su apoyo ahí mismo en su fraternidad, en su grupo. Vacío se siente mucho más.

 

Luis: Hasta que un día, a Gerson lo pillaron con anfetamina. Era la droga habitual de los frikis, y en su soledad, Gerson estaba tomando las pastillas cada vez más. En el tribunal, el juez le dio una condena de cuatro años de prisión. Sintió que tenía una sola opción.

 

Gerson: No no, yo que prefería morirme antes de ir preso. Yo no puedo estar encerrado. Estoy encerrado y pierdo la mente, la mente la pierdo. Lo que me vienen a la mente son ideas suicidas completas.

 

Luis: Gerson estaba desesperado, igual que los frikis que le huían a las leyes de peligrosidad social 10 años antes. Así que se le ocurrió la misma solución.  

 

Gerson: Empecé a buscar un compañero que quisiera darme un poco de sangre. Al final encontré uno después de dos meses de buscar y de pedirla, y encontré uno que sí, que me dio un poco.

 

Luis: El intercambio de sangre se hizo sin ningún ritual, ninguna ceremonia; fue un trámite que no duró más de 10 minutos. Gerson se encontró con su amigo enfermo en un baño público.

 

Gerson: Yo llevaba la jeringuilla. Y con el cordón de los zapatos me canalicé la vena ahí y la extraje la de él y la puse en el brazo, en mi brazo ahí.

 

Luis: Gerson había sacado un centímetro cúbico completo de sangre del brazo de su amigo. Estaba listo para inyectársela, cuando el chico enfermo lo detuvo.

 

Gerson: Me dijo, “No, eso es mucho. Eso es mucho, Gerson. No vas a durar mucho tiempo si te pones todo eso. Ya con un poquitico, una mínima cosa, con dos gotas ya tienes ya, no tiene que ser un CC completo”.

 

Luis: Gerson se deshizo de la sangre en exceso y buscó la vena de su propio brazo con la aguja.

 

Gerson: Yo recuerdo que simplemente [que] cuando me estaba poniendo la sangre, esa enferma, yo sé que allí dentro de aquel baño, ahí, se me salieron las lágrimas. Solas. Solas, solas. Así se me salieron así por los ojos. Y no, eso no se me va a olvidar nunca, eso.

 

Luis: Esa reacción asustó a su amigo. Pensaba que Gerson se arrepentía, que lo podría delatar y lo acusarían de propagación de la epidemia.

 

Gerson: Me decía, “Asere, después no te arrepientas. Después no te arrepientas…”. Yo le decía, “Loco, yo no me voy a arrepentir, ni te va a pasar ná a ti tampoco ya. Normal. Ya. Ya yo también voy pa’llá”.  El único que faltaba era yo. “Ya yo también voy”.

 

Luis: Gerson consiguió lo que quería. Una vez que dio positivo en la prueba de VIH, el juez lo envió al sanatorio. Era el año 2000, y el lugar había cambiado mucho. Casi todos los rockeros se habían muerto. Los pocos que quedaban se habían convertido en una especie en peligro de extinción. Y uno de ellos era Yohandra, que la habían trasladado de vuelta al sanatorio luego de haber cumplido con su condena de cárcel. Ella también estaba cansada de estar sola.

 

Por eso la noticia de que iba a ingresar un friki nuevo al sanatorio le interesó tanto. El mismo chico que le dio la sangre a Gerson fue quien le dio la noticia.

 

Gerson: Él era muy amigo mío, y es el que me dice a mí: “Ay Yohandra, va a entrar para el sanatorio un pelú que se llama Gerson”, y yo digo, “¿Sí?”. “Sí, sí, va a entrar un pelú que se llama Gerson, le gusta también el rock and roll“, yo: “¿Y está casado?”. “No, no está casado, está soltero”.

 

Luis: Era lo que Yohandra estaba buscando, un pelú, es decir, un chico de pelo largo, que fuera friki como ella y que tuviera SIDA.

 

Increíblemente, Gerson y Yohandra nunca se habían conocido. Cuando Gerson iba al sanatorio, Yohandra estaba en las prisiones de La Habana. Cuando Yohandra regresó al sanatorio, ya habían muerto la mayoría de los amigos de Gerson, y él ya no visitaba.

 

Y así, cuando Gerson entró al sanatorio, Yohandra lo estaba esperando, en su casa, en la cabaña número cinco. Y una vez que se conocieron no volvieron a separarse.

 

Fue en esa misma cabaña donde los conocí, cuando llegué buscando a los últimos dos frikis del sanatorio a finales del 2014.

 

Gerson: Y entonces está el edificio central, ¿ves? Aquél edificio central…

 

Luis: El chirrido que se escucha viene de la silla de ruedas de Yohandra. En el 2004 perdió las dos piernas debido a problemas circulatorios. Desde entonces,Gerson es más que su pareja. Es el que la cuida, el que la ayuda a moverse por el campo del sanatorio.

 

Eso fue lo que hicieron cuando los fui a visitar: Gerson empujaba la silla de ruedas de Yohandra mientras me llevaban de paseo por el lugar.

 

Gerson: La planta baja era un recibidor, un lobby grande con unos espejos. Entonces ahí con ese recibidor que tenía, tenía unos sillones… Había veces que ponían un bafle grande, ¿te acuerdas?, que ponían un bafle grande en el lobby, y se sentaba todo mundo ahí a oir rock, ¿te acuerdas?

 

Yohandra: ¿Como no me voy acordar de eso? Claro…

 

Gerson: Sí pero eso ya hacía tiempo que no nos acordamos de eso, oye tú.

 

Yohandra: No, que no lo hablábamos, porque siempre nos hemos acordado. Por lo menos yo, a mí no se me olvida.

Luis: El sanatorio cerró en el 2010, pero Gerson y Yohandra decidieron quedarse. Desde entonces viven como ocupas en la cabaña de siempre.   

 

Gerson: Ya pues, oye, aquí… ya ahora lo que queda es esto que ves, los restos.

 

Yohandra: El esqueleto.

 

Gerson: El esqueleto del cuerpo…

 

Luis: Del sanatorio que recuerdan no queda nada, el abandono del lugar es extremo. Gerson y Yohandra mantienen su cabaña habitable, pero la naturaleza ha invadido lo demás. La maleza se ha tragado paredes enteras en las otras casitas y los vecinos del barrio se han ocupado de saquear el resto.

 

Gerson: Se han llevado los cables eléctricos, se han llevado, bueno, todo: hasta los azulejos de los baños. Los arrancan de la pared y se lo llevan.  

 

Luis: Pero lo que sí no se han llevado son los archivos médicos de los pacientes que murieron. Hace varios años ya que Gerson encontró unas carpetas llenas de páginas amarillentas con las anotaciones de los médicos del sanatorio. Le parecía mal que se quedaran así, pudriéndose, así que las rescató.

 

Gerson: Aquí tengo este que fue el que me dio la sangre.

 

Luis: La noche que pasé en casa de ellos, rodeado por los afiches de Los Ramones y los Sex Pistols en las paredes, Gerson los volvió a sacar. Quería leerme los historiales de sus amigos, para que yo supiera cómo eran.

 

Gerson: Y fue el último, uno de los últimos que murió. Murió en el 2007. Juan Carlos Quintana, mira uno de los que tocaban conmigo en el grupo.

 

Luis: Y es que son muchos nombres. Y cada uno representa un pedazo vital de una comunidad perdida, un friki que ya nadie recuerda, excepto Gerson y Yohandra.

 

Gerson: Juan Luis Perez Arencibia, este era friki. Este si era de rock n’ roll. Murió de neurotoxoplasmosis. Esteban Reisin, uno de rock n’ roll, inyectado también. Eibin, José Antonio Coello, alias Bon Jovi. Ah, Tania la loca. El chiche, Cuba, eh… me acordé del brujas, de Ordilio, del Americano, del Yuma… Se me quedan. ¡Eran muchos!, eran muchos, eran muchos. Ellos se pusieron de acuerdo todos en el 91 y dijeron todo el grupo juntos: “¡Vamos para el sanatorio!”. Como si fuera una fiesta.

 

Luis: De esa fiesta no queda nada. Algunos ecos, algunas memorias… y dos sobrevivientes.

 

——-

 

Daniel Alarcón: Desde que sacamos esta historia a principios del 2015, el gobierno está remodelando el sanatorio para convertirlo en una prisión. Gerson tiene una casa nueva allí mismo y ahora vive junto a los nuevos vecinos del lugar, soldados y militares que también han recibido casas nuevas en el antiguo sanatorio.

 

Cuando nuestro productor Luis le preguntó que qué tal los nuevos vecinos, Gerson respondió: “Al que no quiere caldo, le dan dos tazas”.

 

Luis Trelles es documentalista y productor de Radio Ambulante. Vive en San Juan, Puerto Rico.

 

Esta historia fue editada en equipo, entre Camila Segura, Silvia Viñas, Martina Castro y yo, con diseño de sonido de Andrés Azpiri.

 

Luis investigó esta historia por más de un año y coprodujo una versión en inglés, con Radiolab, uno de los programas que más admiramos de la radio pública estadounidense. Avísenle a sus amigos que no hablan ni entienden español, que ahora sí pueden escuchar Radio Ambulante. Queremos agradecer a nuestro amigo Tim Howard, por su apoyo constante durante todo el proceso.

 

Agradecimientos también a Jad Abumrad, Matt Kilty, Jamie York y todo el equipo de Radiolab. Hay un un enlace a esa colaboración en nuestra página web.

 

Gracias a la Universidad del Sagrado Corazón, en Santurce, Puerto Rico, por prestarnos sus estudios.

 

Bueno, y además de los que ya he mencionado, el equipo de Radio Ambulante incluye a Fe Martinez, Melissa Montalvo, Desiree Bayonet, Ryan Sweikert, Elsa Liliana Ulloa, Caro Rolando, Barbara Sawhill. Nuestros pasantes son Emiliano Rodríguez, Andrés Azpiri y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO.
Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más visita nuestra página web. Radio ambulante.org. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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