Episodio 50

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Transcripción – Sin lugar seguro

[Daniel Alarcón, host]: Uno, dos, tres. Uno, dos, tres. Okay. Eliseo, ¿cuál es el número más grande que tu conoces?

[Eliseo]: 10.

[Daniel]: ¿10? ¿Y qué número es más grande que diez?

[Eliseo]: 100.

[Daniel]: La historia que van a escuchar es muy especial para Radio Ambulante: con ella estamos celebrando los 100 episodios publicados. 100 episodios. Eso es mucho, más aún si se tiene en cuenta que cada uno ha significado meses de trabajo. Pero la verdad es que se nos han ido rapidísimo. En parte porque amamos contar historias, pero también porque hemos contado con la compañía de cada uno de ustedes. Es gracias a la comunidad de oyentes que Radio Ambulante tiene sentido.

Por eso, quisimos invitarlos a unirse a la celebración. ¡Nos llegaron más de 100 audios por Whatsapp! Queremos compartir con ustedes algunas de esas voces. Quedamos impresionados por la diversidad de lugares donde nos escuchan…

[Oyentes]: San Francisco, Estados Unidos. Desde Heredia, Costa Rica. Querétaro, México. Oxford, Mississippi. Desde Taiwán. Lima, Perú. Desde Buga, en el Valle del Cauca, en Colombia. Washington D. C. Santiago de Chile. Bogotá. Oklahoma City. Desde Venezuela. De Munich, en Alemania. Desde Madrid, España. Melbourne, Australia. San José, California. Desde Delft, Holanda. ¡De Santo Domingo, República Dominicana!

[Daniel]: Y no solo eso…

[Oyente]: Cuando escucho Radio Ambulante siento alegría, emoción…

[Oyente]: Me siento más conectada a mi gente latina…

[Oyente]: Siento fraternidad…

[Oyente]: Reconociendo las similitudes…

[Oyente]: Tantas cosas que unos unen y tan pocas que nos separan.

[Oyente]: De gente tan distinta cada semana. De sitios completamente diferentes.

[Oyente]: Me conecto con los mexicanos, con los brasileros, con los argentinos.

[Oyente]: Países de Latinoamérica que no he podido conocer.

[Oyente]: Es como ponerte unos audífonos de realidad virtual.

[Oyente]: Es una caja mágica que me permite ver lo que oigo.

[Oyente]: Es tan envolvente y genial que uno se vuelve un oyente totalmente fiel.

[Oyente]: Es una voz latinoamericana que me hacía falta.

[Oyente]: Es periodismo con calidad.

[Oyente]: Lúcido y con sensibilidad.

[Oyente]: Escuchamos Radio Ambulante con cada nuevo grupo de alumnos de comunicación, y ese día todos quieren hablar.

[Oyente]:  Es cercano a la gente, con historias muy humanas y con temas infinitos.

[Oyente]: Nos muestra que en un mundo pintado de rosa, también hay gente allá afuera con muchos más problemas que los nuestros.

[Oyente]: Hacen un gran esfuerzo porque un programa tan bueno sea incluyente y tratan de ver muchos puntos de vista.

[Oyente]: En cada uno de sus episodios, aún cuando vives en Latinoamérica, te recuerda lo maravilloso que es, lo poco que conocemos, lo humano que somos, y lo grande que son las personas. Gracias por tanto.

[Oyente]: ¡Felices 100 episodios!

[Oyente]: ¡Felices 100 episodios!

[Oyente]: ¡Felices 100 episodios, Radio Ambulante! Que sean muchísimos, muchísimos más.

[Niños]: ¡Felices 100 episodios Radio Ambulante!

[Daniel]: Bueno, pero no todos nuestros oyentes están tan lejos. Algunos viven bastante cerca de las oficinas.

Radio Ambulante acaba de publicar su episodio número 100. ¿Qué piensas?

[Eliseo]: Bien.

[Daniel]: ¿Qué más?

[Eliseo] : Bonito.

[Daniel]: Efectivamente. Todo esto nos parece muy bonito…. Entonces, en nombre de todo el equipo de Radio Ambulante, mil gracias.

Y aquí el episodio…

Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

[Mariana Martínez, productora]: Bueno, yo soy Mariana Martinez Estens. Eh, soy periodista y tengo un estudio de yoga en Tijuana.

[Daniel]: Mariana vive en una casa que era de sus abuelos. Vive sola. Bueno, sola es un decir, pues vive con una gata, dos tortugas, dos conejos y una gallina. Y esta casa…  

[Mariana]: Tiene dos habitaciones además de la mía. Llevo mucho tiempo rentándola, invitando a personas a quedarse aquí conmigo.

Ha sido muy interesante porque me ha llegado de todos los personajes. Personas que buscan venir a turismo médico a Tijuana, personas que vienen a visitar a sus familiares…

[Daniel]: Es un negocio muy común ahora. La gente abre sus casas a extraños, alquilando un cuarto a gente que apenas conoce, o que conoce solo por un breve perfil en internet. Y por lo general, a Mariana le ha ido muy bien.

[Mariana]: Personas en general limpias, organizadas. Como vienen a Tijuana, o de compras o visita como… como turistas,  pues no están en la casa nunca, ¿no?

[Camila Segura, editora principal de Radio Ambulante]: Inquilinos temporales. Inofensivos. Plata fácil. Asi funciona normalmente.

[Daniel]: Esa es nuestra editora principal, Camila Segura.

[Camila]: Pero en octubre del 2017, eso cambió.

[Daniel]: Cuando llegó un hombre que Mariana conocía un poco. Era amigo de un amigo.

Camila nos va contar por qué.

[Camila]: Todo comenzó cuando un amigo de Mariana, Patricio, al que le dicen Pato, le dijo que él tenía un amigo que venía de otra ciudad. Que estaba buscando un lugar en Tijuana para dar un taller. Decidieron hacerlo en el espacio donde se hace yoga.

[Mariana]: Y tuvimos 4 talleres con él que fueron muy exitosos.

[Camila]: Fueron dos semanas de talleres.

[Mariana]: Él no se quedó aquí. Él se quedó en casa de nuestro amigo en común. Que es aquí a 3 cuadras.

[Camila]: Y todo salió perfecto.

[Mariana]: La gente se quedó satisfecha, incluyéndome. Y la interacción fue de lo más natural, de lo más tranquila.

[Camila]: Todo muy amable, cordial. Incluso se volvieron amigos en Facebook y se conectaron por WhatsApp.

Como 3 meses después, él la volvió a contactar porque quería volver a Tijuana a dar otro taller de dos días. Como sabía que ella alquilaba habitaciones le dijo que si podía quedarse en su casa 3 noches.  

[Mariana]: Y yo no le veo problema. Le digo cuánto se cobra la habitación por noche. Me dice que está bien.

[Camila]: Y listo. Llegó un jueves. Mariana le ayudó organizando toda la logística de los cursos, los cobros. Fueron dos días de talleres que salieron muy bien. Y dos noches que se quedó ahí sin ningún problema. La tercera noche, sábado, Mariana tenía un evento y lo invitó.   

[Mariana]: Y se toma ahí un vino con mis amigos, se los presento, les digo lo que hace, etcétera, etcétera, y nos regresamos.

[Camila]: Mariana no tomó nada esa noche, así que ella manejó, pues él sí se había tomado varias copas.

[Mariana]: Yo había estado 12 horas de pie…

[Camila]: Estaba rendida. Ya eran como las 10 de la noche cuando entraron a la casa. Apenas llegaron, él se sirvió una cerveza y se sentó en la sala.

[Mariana]: ¿No? Como para seguir platicando. Yo la verdad es que no tomé, ¿no?, la… como la invitación. Yo me seguí de largo, y le dije buenas noches.

[Camila]: Se fue para su cuarto y cerró la puerta. Pero la casa es vieja, y está medio chueca, entonces…

[Mariana]: Aunque yo la cierre totalmente, se acaba como abriendo un poquito. Queda mal, mal cerrada…

[Camila]: Lo único que Mariana quería hacer era bañarse…

[Mariana]: Tratando de dejar el día atrás, ¿no?

[Camila]: El baño de Mariana es especial, lo remodeló ella misma.

[Mariana]: Se puede decir que es como mi… mi refugio. Es una parte que yo… que yo le agregué a la casa. Que tiene mi gusto, que tiene un mosaico como de… como de panal de abeja que me gusta mucho. Que tiene velas amarillas que me gustan mucho. Que huele rico, tengo mis perfumes…

[Camila]: Es muy pequeño. Mide un metro por metro y medio y es lo que se llama en inglés un “wet bathroom”, de esos baños que no tienen una ducha delimitada… que se inundan cuando uno se baña.

Así que Mariana apagó la luz de su cuarto, prendió las velas del baño y se metió debajo del agua hirviendo.

[Mariana]: Y de repente, cuando volteo a ver hacia la puerta de mi baño, está entreabierta y veo a alguien. Veo unos ojos que me están viendo. Y me doy cuenta de que este tipo entró a mi cuarto, y entró a asomarse a mi baño a verme bañarme sin mi consentimiento.

Mira, todavía me acuerdo y me empiezan a dar cosquilleo en los brazos.

Cuando veo sus ojos, yo recuerdo haber puesto los antebrazos sobre la puerta como para cerrarla. Incluso previniendo un forcejeo: que yo pudiera estar bien parada. No fue un empujoncito con las palmas de las manos, así como, “¡ay!”. No, fue como… como lanzar todo mi cuerpo hacia adelante…

Ni siquiera recuerdo si grité algo. Creo que no grité.  

Recuerdo más la sensación que el pensamiento. Entonces hay un hormigueo en el cuerpo. Como calor del enojo, de la vergüenza, del… del no creer. ¿Qué es esto? Pero, a la vez, ese pensamiento ya está muy lejos de mi acción que ya se estaba salvando.

[Camila]: Mariana puso el seguro de la puerta del baño a pesar de que no funciona. Fue casi simbólico. Se puso su bata…

[Mariana]: Me acuerdo que le puse un como súper nudo de karateka, ¿no? Como que si voy a tener que pelear vestida solo con esta bata, ¿no?, no se me va a abrir…

[Camila]: Abrió la puerta del baño y no lo vio. Él ya no estaba en su cuarto. Corrió a la puerta de su habitación y la volvió a cerrar. Rápidamente se puso unos pantalones de sudadera, una camiseta, y unos tenis. Cogió el celular, una copia de las llaves del carro que tiene en su mesa de noche y salió por una puerta de su cuarto que da al jardín…

[Mariana]: Y salgo al jardín como muy dispuesta a pelear. Yo no sabía si este tipo me estaba esperando en el jardín. Si estaba acechándome, si me iba a seguir. Pero no…

[Camila]: No se le pasó por la cabeza confrontarlo, preguntarle qué fue eso.

Porque no. Porque cuando lo vio ahí, parado en la puerta del baño, lo que vio…

[Mariana]: Fueron los ojos de un predador. Y yo de lo poco que supe inmediatamente es que con alguien así yo no iba a dialogar…

[Camila]: Mariana se subió al carro y supo inmediatamente que quería irse a la estación de policía más cercana, que queda como a 10 cuadras. Ya en su carro, manejando, se sintió más segura y se tranquilizó un poco. Pero no se acuerda bien cómo fue que manejó hasta allá…

Desde el carro llamó a un amigo que vive con Patricio, el que los presentó. Le contó lo que acababa de pasar, y él le dijo que iba a avisarle a Pato, que él lo iba a llamar.

Mariana también llamó a Gerardo, un amigo periodista que cubre policiaca con ella. Cuando le contó, él le dijo que ya iba a salir para su casa y que la encontraba allá. Cuando Mariana llegó a la estación…  

[Mariana]: Estaba un oficial afuera y le dije: “Buenas noches, disculpe, necesito que me ayuden a sacar a alguien de mi casa”. Nada más así.  

[Camila]: El policía le empezó a hacer preguntas: que si él era el dueño de la casa, que si era su marido, que si era su pareja.

[Mariana]: Y le dije que no, que no. Como que al principio yo lo vi no me creyó, porque yo no estaba histérica llorando, ni con un ojo morado.

[Camila]: Y es que hay que entender que Mariana lleva 17 años siendo periodista en Tijuana. Ha visto de todo.

[Mariana]: Descabezados, cuerpos en tambos, hombres colgando de los puentes, situaciones de rehenes, motines, balaceras… Todo.

[Camila]: Y eso importa…

[Mariana]: Porque me ha templado los nervios de una manera que hasta no debería ser.

[Camila]: Cuando Mariana le explicó al policía que el hombre es alguien al que ella le alquiló una habitación…

[Mariana]: El policía me voltea a ver con cara de “esta mujer es una idiota”.

[Camila]: Por haberle alquilado una habitación a un hombre, claro. La miró con cara de…

[Mariana]: Se lo buscó porque es mujer, ¿no? Entonces, yo con ese argumento no puedo.

[Camila]: Porque para ella es claro…

[Mariana]: Yo no creo que hice una estupidez. Yo creo que la estupidez la hizo él.

[Camila]: Ignoró que el policía la estuviera juzgando y le dijo:

[Mariana]: “A ver, ¿me va a ayudar o no me va ayudar?”.  

[Camila]: El policía se fue a buscar a su compañero porque, para casos de violencia doméstica, siempre tienen que ir dos. La siguieron en su patrulla y llegaron a la casa. Cuando entraron…

[Mariana]: Lo encuentran a él, en el cuarto que yo le rentaba, sentado en la cama dormido de borracho.

[Camila]: Lo despertaron y él empieza a decir:

[Mariana]: “Yo no hice nada. No le hice nada. Pero ni la toqué. Y… Y yo, y lo que pasa”, y empieza como a justificarse y a tratar de tener un diálogo conmigo. Y tratando como de convencer a los policías haciéndose el chistoso. Y yo detrás de los policías, y yo me negué a tener una conversación con él…

[Camila]: A Mariana igual la actitud de los policías la terminó sorprendiendo. Para bien. Porque ya en la casa sí validaron su denuncia y le preguntaron que qué quería hacer.  

[Mariana]: Y yo simplemente le dije: “Yo lo que quiero es que se salga de mi casa. Ya”.   

[Camila]: Le dijeron que levantara sus cosas, y en ese momento…

[Mariana]: Le tomé dos fotos mientras lo estaba sacando la policía.

[Camila]: [Risas] ¿En tu espíritu de reportera?

[Mariana]: Sí, claro, porque además era una manera… Yo estaba… Ahí creo que me enojé. Todo este tiempo no estaba enojada, pero cuando lo oigo decir, “no te hice nada, y no hice nada”. Yo así como: “Lo quiero matar. ¿Cómo que no hizo nada?”. ¿No?

[Camila]: Mientras recogía sus cosas, los policías lo empezaron a regañar.

[Mariana]: “Señor: si le gusta la señorita, hay maneras. Hay maneras. Le puede usted haber traído flores. Eso, claro, eso la va a halagar. Verla bañarse no la va a halagar”. Y yo dije: “Mierda. Un policía le está explicando cómo seducir a una mujer, ¡y estoy de acuerdo con él!”.

[Camila]: Cuando finalmente recogió todo, el tipo le pidió a los policías que si lo podían llevar en su patrulla a la casa del amigo en común, ya que estaba tan cerca.

[Mariana]: Está buscando la complicidad masculina de: “Ay, la vieja exagerada, nos peleamos”, ¿no? Así, cerrando el ojo: guiño, guiño. Y uno de los policías le dijo: “Señor, usted no entiende. Nosotros estamos atendiendo la llamada de la señorita. Aquí en la esquina puede tomar un taxi, puede tomar un Uber”.

[Camila]: Mariana se sintió aliviada con esa actitud de los policías, porque…  

[Mariana]: Por lo menos no estoy ahora tratando de defenderme de 3 hombres en mi casa, ¿verdad? Porque eso también pudo haber sucedido…

[Camila]: Los policías le insistieron a Mariana que pusiera una denuncia, pero ella no quiso. En ese momento estaba rendida, y se acordó de los casos de acoso que conoce, donde los jueces no consideran grave acosar, toquetear a una mujer. No quiso exponerse.     

Gerardo, su amigo periodista, llegó cuando el tipo se estaba yendo. La abrazó y vieron cómo salía de la casa.

Los policías le dijeron que iban a seguir dando rondas y también se fueron.

Ya sola, con su amigo, se puso a llorar…

[Mariana]: Se me acaba la adrenalina. Y de repente me veo a mí misma tirada en el sillón, y ya no puedo levantar la cabeza ni la parte de arriba del cuerpo.

[Camila]: Hablaron un rato y al poco tiempo ya Mariana se quiso ir a dormir.  

¿Y tú te acostaste a dormir en esa casa sola, sin pánico de que volviera?

[Mariana]: Sin ningún pánico. Es una cosa que ahora, a la distancia, a los meses, creo que es una capacidad muy monstruosa de mi parte.  

[Camila]: Antes de dormirse, en algún momento, ella no se acuerda bien, alcanzó a bloquear al tipo de Facebook y de su teléfono, para no recibir llamadas de él. Pero no se le ocurrió bloquearlo de WhatsApp.

Al día siguiente se despertó agotada.

[Mariana]: Con una resaca… Con los ojos llenos de arena, la boca seca, como una golpiza. Físicamente estaba todo mi cuerpo reaccionando al proceso y al ciclo de la adrenalina.

[Camila]: Y poco después de despertarse le llegó un mensaje de él que decía:

[Mariana]: “Estoy profundamente apenado por lo que hice. Discúlpame”. Yo le escribí inmediatamente como… como sin pensarlo, así, como con una rabia, le puse: “Deberías de sentirte avergonzado. Tus acciones son de un ser despreciable. No me vuelvas a contactar jamás”.  Que ahora me pongo a pensar y bueno, me he reído de eso con mis amigos porque es la frase más telenovelera. [Risas] O sea, el tipo acaba de agredirme, es un insulto, ¿sabes?, de guante blanco y de dama del siglo 19, pero bueno…

[Camila]: Y ahí lo bloquea de WhatsApp.

Se estuvo sintiendo mal física y emocionalmente durante un par de días. No tenía hambre. Lo que comía no lo retenía. Se la pasaba dormida.

[Mariana]: Y estaba como zombie, como que…

[Camila]: ¿Llanto? ¿O no llorabas?

[Mariana]: Sí, sí. Llanto a ratitos, sí llegué. Me preguntaste hace rato que si me había sentido como responsable o estúpida por lo que había hecho y sí hubo… sí hay un discurso, sí hay un diálogo conmigo en lo de, claro, tarada, ¿no? Imagínate: te pudo haber violado. Imagínate llegar al MP y decir: “Hola, deje que un hombre se quedara en mi casa y pasó esto”, ¿no?

[Camila]: Pero después se decía que no, que él era el que estaba mal, que era él el que nunca debía haber hecho eso.  

Se fue donde una terapeuta china que le hizo tratamientos, y masajes y eso la ayudó a calmarse.

Y ahí, ya mejor, Mariana empezó a pensar qué quería hacer.

[Mariana]: Sobre si iba a escribir algo que lo denunciara, que lo expusiera. Tenía las fotos de él siendo escoltado por la policía.

[Camila]: Pensó que fácilmente podía publicar las fotos y denunciar en redes sociales lo que el tipo había hecho.

Pero no estaba segura. Pensó que tal vez…

[Mariana]: Que la mayoría de las personas iban a estar de su lado…

[Camila]: O que podía ella también exponerse a un linchamiento…  

[Mariana]: De, pues, ¿qué hacía esa tipa? Claro, lo invitó a su casa, ¿no? Le rentó una habitación, de seguro ella quería…

[Camila]: Entonces era exponerse a que la criticaran o que lo crucificaran a él diciendo que es un cerdo como todos los hombres. Cosa en la que ella no quería caer porque sencillamente no cree que eso sea verdad.  

Y es que en este último año en el que muchas personas han denunciado públicamente a sus acosadores, para Mariana la respuesta casi nunca ha sido un diálogo útil. Uno que nos haya llevado a entendernos mejor. No.

[Mariana]: La respuesta ha sido lincharnos en la plaza pública todos contra todos. No entendernos.

[Camila]: Y no es que las denuncias no sean valiosas ni importantes. Lo han sido, pero…

[Mariana]: Yo no veo que le haya traído paz a las víctimas de un acoso, de un abuso.

[Camila]: Mariana estaba en una situación que no es muy común para las personas que han sido agredidas: su agresor no vive en su misma ciudad. Vive bastante lejos. Ella sabía que al día siguiente de que esto pasara, él se había montado en un avión durante 3 horas para irse a su ciudad.

[Mariana]: Entonces, bueno, tampoco era una amenaza física inminente en mi vida.

[Camila]: Después de un par de días, ya un poco más recuperada emocional y físicamente. Cuando ya dormía para descansar y no para evadir, cuando ya le entraba la comida, se quedó pensando…

[Mariana]: Que yo como periodista lo primero que quiero es saber, entender qué pasa, entender el mecanismo. Tengo una gran curiosidad de saber qué pasó…

[Camila]: Por qué hizo lo que hizo. Cuál fue la lógica.  

[Mariana]: Cómo llegamos ahí. A ese punto adonde él me deshumanizó de esa manera y me agredió.

[Camila]: Así que tomó una decisión inesperada. Una que no hubiera podido siquiera imaginarse en las horas después del incidente.  

Lo desbloqueó del teléfono y le puso un mensaje en WhatsApp. Un mensaje simple. Al grano.

[Mariana]: Quiero hablar.

[Daniel]: Después de la pausa, Mariana confronta a su agresor.  

Ya volvemos…

 

[Steve Inskeep, host de Up First]: Para iniciar tu día, necesitas saber qué está pasando en el mundo y es por eso que debes escuchar Up First, el podcast de noticias matutinas de NPR. Son las noticias que necesitas para afrontar el día en menos de 10 minutos. Encuentra Up First en el app NPR One o donde escuches tus podcast.

[Sam Sanders, host de It’s Been a Minute]: Alguna vez has llegado al viernes, reflexionas sobre los días que han pasado, y te has dicho: “¿Qué fue lo pasó?”. Soy Sam Sanders, el presentador del podcast It’s Been a Minute, donde todos los viernes nos ponemos al día con las noticias y los acontecimientos culturales de la semana, y tratamos de encontrarle el sentido a lo que está sucediendo. Encuéntralo en el app de NPR One o donde escuches tus podcasts.

 

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón.

Entonces, antes de la pausa, Mariana decidió escribirle a su agresor. Le mandó un mensaje diciéndole que quería hablar. Y a los 5 minutos recibió una respuesta que decía:

[Mariana]: “Muchas gracias. ¿Cómo le quieres hacer? Estoy a tu disposición”.

[Daniel]: Y bueno, desde aquí, Mariana misma nos cuenta.

[Hombre]: Hola.

[Mariana]: Bueno, ¿sí?

[Hombre]: Hola, Mariana…

[Mariana]: Hola.

Decidí llamarlo y grabar la conversación. Con su consentimiento, claro. Y garantizándole que lo mantendría en anonimato. Al principio estaba tan nerviosa que se me olvidó ponerlo en altavoz.  

[Hombre]: Este pues, todo lo que tengo que decirte…

[Mariana]: Empieza diciendo que lamenta todo lo que pasó. Ahí sí lo puse en altavoz.  

[Hombre]: Pues, yo no quiero que me veas como una persona así, despreciable o mala, ¿no? O sea, jamás intentaría lastimarte ni hacerte daño, y eso fue lo que me dejó así, muy “shockeado” también. Entiendo, o sea entiendo, que esto te haya causado una sorpresa tan grande y que hayas reaccionado como lo hiciste. Y pues eso. Estoy llegando aquí, no he podido dejar de pensar en eso, ¿no? Este… Quisiera poder hacer algo para… para resarcir esto, para platicarlo, para… no sé, que esto se pueda digerir mejor ¿no?

[Mariana]: Que bueno. Que bueno. Justo necesito eso, ¿no? Porque… Porque creo que ahorita estamos viviendo un clima super violento en todas partes, en donde es muy fácil clasificarte a ti de violento y a mí de pendeja, y me parece que las cosas son más complejas que eso. Y que quiero entender, sobre todo, ¿qué chingados pasó?
Él me agradece mi disposición de hablar con él, y me explica que realmente él no es así…  

[Hombre]: No soy una persona así, no… no… no abuso de nadie, ni intento aprovecharme de nada ¿no?

[Mariana]: [Llora] Si no me querías lastimar, ¿qué pasó?

[Hombre]: Pues, o sea, yo no recuerdo haberte tocado ni nada, ¿no? No hice nada para agredirte.

[Mariana]: No me sorprendió que dijera eso. Para él como seguramente para muchas personas lo que él hizo no fue una agresión porque ni siquiera me tocó. Igual, en ese momento, a pesar de que me esperaba esa respuesta, me sentí indignada. Cansada. ¿Por qué tengo que explicar que sí es una agresión? ¿Por qué tengo que explicar algo tan obvio?

Pero estar afuera del baño viéndome desnuda sin mi consentimiento es violento, es muy violento. Viola mi espacio, viola mi consentimiento…

Porque invade, lastima, humilla, ofende, duele.

[Hombre]: Yo lo único que puedo decirte es que fue un momento en que yo me sentí invitado, me sentí con una correspondencia que veo que fue en mi cabeza. Y por… Pues por lo que habíamos pasado, ¿no? Por la convivencia que tuvimos y… Y pues porque eres guapa, me gustas…

[Mariana]: Cuando él dice “lo que habíamos pasado” se refiere a un par de pláticas en torno a una serie de animación japonesa, y a que le di indicaciones de cómo llegar a Costco. Nada más. Ni un mínimo coqueteo de mi parte. Y es que esto es tan común. No soy la primera mujer a la que malinterpretan. No es raro que la amabilidad se interprete como coquetería.

[Llanto] Quiero entender en qué momento te confundiste. O sea, entrando a la casa te dije, “buenas noches”. Pero si yo hubiera querido que…. no sé, que te metieras a mi cuarto, soy una persona capaz de pedirlo y no lo hice. ¿Cómo entendiste eso?  

[Hombre]: Pues sí, fue una estupidez de mi parte, o sea, el que hayas dejado la puerta abierta entendí después que lo hacías por la gata, y pues eso fue…

[Mariana]: La puerta con el marco chueco estaba abierta apenas unos 8 centímetros, los que necesita la gata para pasar y acostarse en mi cama.

No sé cómo comunicarte que no he tenido más miedo en toda mi vida, y que soy periodista en Tijuana, no mames…

[Hombre]: Sí entiendo que fallé en la confianza que depositaste completamente.

[Mariana]: Yo no sabía si ibas a entrar. Y claro, no me violaste, pero no te mereces un premio por no violarme ¿no? Tampoco… tampoco te va no a aplaudirte.

[Hombre]: No, claro que no.

[Mariana]: Creo que los batos no saben lo que se nos rompe cuando nos pasa eso.

He pensado que quizá mi reacción esa noche, la rabia que sentí en ese momento, y la decisión de llamar a la policía, fue una reacción no solo contra él, sino contra todos. Una reacción a todas las veces que me han toqueteado en el metro, que me han chiflado, que me han jaloneado. Todas las veces que un hombre me ha hecho sentir que valgo menos. Que mi voz no importa.

Una reacción hacia una cultura misógina.

[Hombre]: Sí, o sea yo creo que son muchas cosas, pero tengo claro que si no hubiera estado con el alcohol que traía y la marihuana que traía, pues, seguro que no tomo la decisión esa, ¿no? Abrupta, en ese momento.

[Mariana]: Es una justificación que no acepto, que nunca me ha convencido. Las sustancias no lo transforman a uno. Solo sacan a relucir lo que uno puede ser. Uno hace algo así por que ha internalizado una cultura machista, que deshumaniza a la mujer. Una cultura que le dice al hombre tú tienes poder, y las mujeres, pues… no.

Traté de reconstruir con él cuando llegué con los policías. Quería explicarle bien algo que dije en ese momento…

Y cuando estaban los policías preguntandote cosas sentí que lo estabas planteando como… como seducción fallida, ¿no? Y yo quería dejarle bien claro a los policías que… que para mí fue totalmente otra cosa. Y yo me acuerdo que yo nomás repetía, “te equivocaste”, pero yo no solamente me refería a “te equivocaste al entrar a mi cuarto”. Sino también te equivocaste de víctima, ¿no? Te equivocaste de alguien que iba a decir, “ay, pues, ya estamos aquí en mi casa” o “adelante”, o… O sea en mi cabeza es como: “¿Qué pensó?”. Que yo iba a voltear a ver, iba a verte en la oscuridad, iba a decir: “Ven ¿no?”.

Porque probablemente lo que él quería, en su borrachera, era recrear una escena de porno. Una de esas donde el consentimiento de la mujer no importa, donde el tipo entra al baño, forcejean un poco, y ella termina cediendo y hasta disfrutando. Escenas de esas que contaminan y educan a generaciones enteras.

Quería que le quedara bien clarito que nada más lejos de parecerme un halago, que…

Cuando te vi afuera del baño reconocí una mirada de… de hacerme objeto. Y de que no me estabas pidiendo permiso.

Y ese es un miedo que tú nunca vas a sentir, porque eres bato, nada más por eso. Y las mujeres lo sentimos una y otra vez.

[Hombre]: Sí, reconozco que esto es una injusticia y es algo malo. Y quisiera… quisiera poder resarcir. Hacer algo.

[Mariana]: Chingados, nomás no lo hagas. Pregunta. Si te gusta alguien pregunta. Deja que la otra persona responda. No sé por qué es tan complicado.  

[Hombre]: Soy un tonto.

[Mariana]: O por lo menos actuó como tal. Me sigue pidiendo disculpas y ya me cansó. No hay muchas reflexiones que él haga que me satisfagan. Colgamos, y yo me siento más tranquila, por lo menos escuchada.

Pero unos días después cuando oigo la conversación grabada, siento muchos huecos, momentos en que solo lloro y me gana la emoción. Y siento que debí haberlo confrontado más, pero también dejarlo hablar más. Así que una semana después decido volver a llamarlo. Con menos sentimiento de por medio. Más serena. Y, con suerte, más periodista.

[Hombre]: Hola.

[Mariana]: Hola.

[Hombre]: Hola, Mariana.

[Mariana]: ¿Cómo estás?

En esta segunda llamada nos saludamos tranquilos. Hablamos brevemente de tonterías, pero rápidamente yo llevo la conversación a eso de justificar o explicar los abusos con el tema de las sustancias.

Y me llama la atención porque Kevin Spacey, que ahorita está metido en un bronconón porque todo el mundo lo está denunciado por acoso sexual, él lo está vinculando a la adicción… Él lo está vinculando…

[Hombre]: ¿Sí, alcohol?

[Mariana]: Sí, creo que alcohol, sí, me parece. Y también está yendo a un centro de rehabilitación como tipo como Alcohólicos Anónimos para personas que son adictas al sexo. Y a mí me parece que… que el llamarle enfermo a un individuo no toca el fondo que es llamarle a una sociedad enferma.

[Hombre]: Sí, coincido. Pues sí, porque son reproducción, estas conductas son… no surgen de la nada, ni del diablo que le susurra a la gente, ¿no?, que haga cosas así [risas]. Son comportamientos estructurales, ¿no? Pues si tienen que ver con relaciones de poder.

[Mariana]: Entiende. O en teoría entiende. Es muy extraño que esta misma persona, en la práctica, no dejó de ejercer ese poder y llamarle otra cosa: error, borrachera, intento de ligar porque le gusto…

Platicamos otra vez de mi decisión de hablar con él en vez de crucificarlo en las redes sociales. Él lo agradece. Me cuenta de un caso de un amigo que fue acusado públicamente de agresión por la novia que tenía. Todo fue un desastre. La mujer publicó una carta donde más que explicar lo que había pasado al parecer una nalgada sin consentimiento lo que hacía era insultarlo.

[Hombre]: Y eso, pues, pasó lo que tú dices: que se polarizó la gente. Había gente que tomaba partido, pero nada más como por tomar partido.  

[Mariana]: Cuando le pregunto que si él tomó alguna postura pública frente al tema me dice:

[Hombre]: No, y sí me presionaron como para tener ahí la postura pública, sobre todo la chava. Y yo no lo quise hacer hasta tener la versión de los dos y realmente que era, de que estábamos hablando, ¿no?

Y el debate se fue hacia otros cosas, hacia otras… Ya se volvió más personal, hubo… Y no me pareció tampoco participar en una orda linchadora.

[Mariana]: Y después me dice que realmente su postura pública fue…

[Hombre]: Sí, hacer como la revisión y… y un diálogo para establecer nuevas formas, contratos de…  que incluyeran el cortejo y las relaciones entre parejas.

[Mariana]: Voy a repetir en caso de que no se entienda bien: lo que propuso de manera pública, según él, fue básicamente “revisar las formas de cortejo y los contratos que hay para las relaciones de parejas”.  Cualquiera que lo oyera creería que él jamás sería capaz de hacer lo que hizo. Él no se reconoce en lo que hizo

[Hombre]: Fue muy impactante para mí que me dijeras que me habías visto como un ser despreciable. Y eso… eso me puso, pues, mal, pero mal. O sea que tengas esa imagen de mí me perturba mucho.

[Mariana]: Y de nuevo me agradece la oportunidad de haberlo oído.

Le digo que estas conversaciones me dieron un poco de paz. Por lo menos más de la que me hubieran dado otras vías como la rabia, la venganza o exponerlo en la plaza pública.

¿Vas a hacer algo diferente después de esto?

[Hombre]: Pues claro, claro, esto me pone nuevos límites y más atención y alertas. Ser más consciente. Y sí, no propiciar esas situaciones…  

[Mariana]: Quiero creerle. Dado que él menciona a las mujeres en su vida, le pregunto qué le diría a sus hijas sobre cómo enfrentar el acoso.

[Hombre]: Tienen que aprender a convivir con eso, ¿no? A también aportar lo que pueden aportar para modificarlo. Hablándolo con sus amigas, participando, acciones colectivas en campañas. O en su entorno, platicando con la gente que las rodea. Yo creo que así es como se pueden ir modificando esos patrones o comportamientos, ¿no?

[Mariana]: Me da tristeza que una vez más se saque de la ecuación. Como lo plantea, el problema del acoso parece que fuera solo de las mujeres. Mexicanas, argentinas, chilenas, francesas… En todos lados denunciamos y hablamos entre nosotras y rara vez con ellos. Pero parece no importar: seguimos topándonos con agresores como él, que ni siquiera se asumen como tales y que casi nunca se plantean platicar entre ellos para modificar patrones y comportamientos.

Para mí fue un ejercicio brutal hablar con él sintiéndome herida y vulnerable.

Reconozco que fui muy afortunada. Afortunada de haber encontrado apoyo en los policías y en los amigos que me acompañaron esa noche. Afortunada también porque a todos los que les conté lo que pasó (mujeres y hombres) me apoyaron y reaccionaron sin justificar sus acciones. Todos, sin excepción, entendieron que para mí ese acto fue violento y apoyaron mi decisión de llamar a la policía.  

Pero también fui afortunada al dar con un agresor que era poco más que un voyeur y no un violador. Un depredador hubiera reaccionado muy diferente al ser visto.  

Y también estuvo dispuesto a hablar conmigo durante horas sobre un un tema que era muy incómodo para él. Y reconozco que se mostró arrepentido y con disposición a entender lo que le estaba diciendo.

Y sí, ya para el final de la llamada sentía algo de paz por haber sido escuchada, y con eso me quedo.

[Mariana]: Qué extraño decirte, pero… gracias…

[Hombre]: Gracias yo te digo a ti… Yo siento que esto ha sido… ha sido una reflexión bastante fuerte para mí. Y todo como lo hiciste, o sea: Pato, los policías, ayudaron bastante a que tomara una dimensión real de todo esto. Y te agradezco esta oportunidad de poderlo confrontar y dialogar, y aprender.

[Mariana]: Cuando vuelvas a estar enfrentado con esas situaciones, ojalá puedas tomar una postura de reflejarle a los hombres como están siendo violentos y no solapar. Eso ayudaría un montón…

[Hombre]: Sí, sí. Te mando un abrazo, con cariño. Fraterno.

[Mariana]: Gracias.

[Hombre]: Estamos en contacto. Si quieres y puedes, me puedes… este…  desbloquear…

[Mariana]: Está bien, voy viendo cómo me siento, gracias.

[Hombre]: Bye. 
[Mariana]: Han pasado meses y no lo he desbloqueado.

 

[Daniel]: Mariana Martinez es periodista y vive en Tijuana. Camila Segura es nuestra editora principal.

Esta historia fue editada por Silvia Viñas y por mí. La música, el mezcla y el diseño de sonido son de Andrés Azpiri.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Laura Pérez, Ana Prieto, Barbara Sawhill, Ryan Sweikert, Luis Trelles, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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