Desde Gaza | Transcripción
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Este podcast es propiedad de Radio Ambulante Studios. Cualquier copia, distribución o adaptación está expresamente prohibida sin previa autorización.
[Daniel Alarcón]: Una advertencia antes de comenzar: este episodio contiene descripciones de violencia. Se recomienda discreción.
Esto es Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón.
De niño, Refaat Alathamna tenía dos formas de entretenerse. Una, era jugar al fútbol.
[Refaat Alathamna]: Me conocían por el mejor arquero.
Vivíamos en un barrio que estaba cerca de las montañas, íbamos a jugar en las canchas, en las montañas.
[Daniel A.]: Y la otra, ir a la playa. En realidad, no había muchas más opciones.
[Refaat A.]: No es como una ciudad normal donde tiene parques, tiene lugar para divertirse. Era el único lugar donde queríamos, a veces, cuando queríamos pasar un buen rato, ir a la playa con los chicos y jugar fútbol.
[Daniel A.]: Refaat vivía en Gaza. Nació allí, en 1977, en esa franja estrechísima de tierra en la costa mediterránea. Se recorre en apenas una hora y media en coche de norte a sur. Y en menos de 30 minutos de este a oeste. Pero está súper poblada: viven más de dos millones de personas. Casi tantas como en Medellín o en Quito. Un extremo de la frontera linda con Egipto. Y el resto, con Israel. Cuando Refaat era pequeño, Israel, de hecho, ejercía el control de Gaza desde dentro.
[Refaat A.]: Hasta para ir a la playa había unos puntos donde teníamos que pasar, donde a veces los soldados del ejército israelí, nos maltrataban, nos pegaban a veces… Y cuando las cosas se ponían feas, había varias semanas de toque de queda donde la gente no podía salir a la calle.
[Daniel A.]: Por eso, cuando Refaat terminó el colegio, a finales de los 90, y le tocó elegir qué estudiar, optó por una carrera que en ese entonces las universidades aún no ofrecían en Gaza.
[Refaat A.]: Quería conocer más países, quería vivir en libertad.
[Daniel A.]: Decidió que sería médico.
[Refaat A.]: Era la primera elección, medicina. Medicina porque esa profesión en Palestina es algo bonito, que todos lo aprecian y lo valoran y además te beneficia mucho en la parte económica.
[Daniel A.]: Así, saldría de allí. Y, además, podría ayudar a su familia, que no era pequeña: él es el segundo de 13 hermanos.
[Refaat A.]: La familia siempre tiene la esperanza de que sus hijos, cuando crezcan, tengan una buena profesión, que tengan buen estado económico para ayudar a la familia.
[Daniel A.]: Para ese momento, irse al extranjero a estudiar no era algo tan extraño. Había incluso agencias que se encargaban de los trámites para los estudiantes que querían salir de Palestina: traducían el título, ayudaban con todo el proceso de la visa, con conseguir el pasaje y con un cupo en ciertas universidades.
Para promocionar sus servicios, repartían folletos en los colegios, en las mezquitas. Era habitual irse a Turquía, a Ucrania, a Alemania. Pero Refaat descartó esas opciones. En Turquía, había que hacer un examen y no se sentía confiado en aprobarlo. Ucrania, en su época, tenía mala fama: contaban que había estudiantes que pagaban para aprobar asignaturas. Y Alemania le resultaba demasiado caro a Refaat. Pero, de pronto, apareció una cuarta opción.
[Refaat A.]: Una agencia de viajes que había contratado algunos estudiantes, para viajar a Bolivia.
[Daniel A.]: Bolivia. Refaat nunca había oído hablar de ese lugar.
[Refaat A.]: La verdad no lo conocía. De ahí, busqué en el mapa dónde queda.
[Daniel A.]: Le atrajo porque en los folletos aparecía una universidad no tan cara y después de averiguar un poco, supo que vivir allí tampoco era costoso. Eso le convenció.
Refaat, con apenas 20 años, no tenía dinero para él solo costearse algo así, claro. Pero su padre, como tantos otros gazatíes, trabajaba por entonces en Israel y ganaba bien. Se comprometió a ayudarlo. Era algo así como una inversión: apostar por su hijo más estudioso para que luego él les ayudara a salir adelante.
[Refaat A.]: Estudiar afuera era un lujo, porque salir afuera quiere decir que alguien te tiene que mantener y cada mes tiene que mandarte dinero. Y no todo el mundo contaba con ese privilegio.
[Daniel A.]: Con el dinero asegurado, Refaat contrató los servicios de una agencia. Y un par de meses después, en 1998, sin haberlo imaginado nunca, aterrizó en Bolivia. Lo que no sospechaba entonces era el papel inesperado que ese país —y lo que estaba a punto de aprender en él— tendría en su vida.
Nuestra productora Sara Selva Ortiz nos cuenta.
[Sara Selva]: Cuando Refaat llegó a Bolivia, era un joven con ganas de conocer cómo era el mundo fuera de Gaza. Enseguida empezó a hacer amigos. A empaparse de esa nueva cultura. Estaba feliz.
[Refaat A.]: Yo deseo vivir todo mi vida, como esa época, porque era el tiempo que donde tenía menos problemas, menos preocupaciones. Yo estudiaba medicina, pero salía, paseaba, salía con mis amigas, fiestas.
[Sara S.]: No le costó adaptarse.
[Refaat A.]: No es tan complicado aprender el español cuando estás viviendo en el país, siendo joven, que tenés que enfrentarte a la vida. Estás sola, sin familia.
[Sara S.]: Veía novelas mexicanas, con eso aprendía vocabulario al mismo tiempo que intentaba descifrar cómo eran los latinoamericanos. Y escuchaba música romántica, tratando de entender lo que decían.
[Refaat A.]: Para sentir las canciones, vivir las novelas, me demoró un poco más. Tal vez me costó un año.
[Sara S.]: Y a los dos años ya estaba totalmente integrado.
[Refaat A.]: Llegaron muchas personas cercanas a mí que son bolivianos, que me decían sos latino, nada que ver con Palestino. Tu actitud, tu acento, todo es latino. Así que bueno, me decían el palestino, el palestino camba.
[Sara S.]: Camba, que es como se les dice en Bolivia a las personas de la zona de Santa Cruz.
Refaat estaba tan a gusto allí que pasó el tiempo y terminó quedándose: 12 años. Le dio tiempo a mudarse a Santa Cruz. A terminar la carrera. A enamorarse. Casarse, incluso. Y conseguir, de paso, la nacionalidad boliviana. Pero el matrimonio no duró mucho. Ella, cuenta él, le rompió el corazón. Y terminaron divorciándose.
Poco después, Refaat se fue a trabajar a Salta, una provincia fronteriza en Argentina. Pero, al cambiar de país, comenzó a sentirse solo. A extrañar a su familia, a Palestina… Sentía que hasta se le estaba olvidando el árabe, su lengua materna.
[Refaat A.]: Casi no hablaba el árabe… Era la comunicación con mi familia menos, cada vez menos, porque ellos tenían sus cosas y yo tenía mis cosas.
[Sara S.]: Así que estaba como viendo que me estoy alejando o estoy olvidando de cosas mías que no quiero perder.
Así que decidió regresar. Su idea era pasar unos meses en casa y volver después a Salta.
[Refaat A.]: Ir a Gaza, actualizarme, volver a hablar más en árabe. Es como cargarme de nuevo, ¿me entendés? Y volver y seguir lo mismo.
[Sara S.]: Volver a Gaza fue impactante. Era 2010. Refaat llevaba más de una década sin ver su barrio en la ciudad de Jan Yunis, al sur de la Franja. Lo primero que le sorprendió fue el ruido. En ese entonces Israel había bombardeado la única central eléctrica de la Franja y solo había cuatro o cinco horas de electricidad al día. Por eso casi todos sus vecinos tenían generadores que sonaban durísimo.
[Refaat A.]: Y el olor en las calles también. Imagínate cuántos motores cuando estás caminando, ruido, más olor de los motores.
[Sara S.]: Todo era abrumador. Los primeros días, Refaat los pasó con su familia. Recuerda a todos sus hermanos reunidos en casa de sus padres, escuchando a su madre contar historias de cuando eran niños.
[Refaat A.]: Ella es como el almacén de los recuerdos, que ella cuando se sienta con nosotros empieza a hablar… ¿Se acuerdan de tal cosa? ¿Se acuerdan cuando tenía un año? Se acuerdan de bromas que hacíamos, de cuentos, de muchas cosas. Entonces, esos recuerdos son muy lindos para nosotros.
[Sara S.]: Allí, fue aún más consciente de todo lo que se había perdido.
[Refaat A.]: Hay cosas que no se recuperan. Una hermana mía que la dejé cuando tenía como dos, tres años. No la vi cuando tenía cinco o seis, o siete, o diez, o 12. No, no. Perdí todo ese tiempo.
Muchos sobrinos que son nuevos, que no había visto, han nacido mientras yo estaba fuera. Esposas de mis hermanos que no conocía. Así que tenía que conocer a todos, visitar a todos.
[Sara S.]: Cuando alguien volvía a la Franja después de tantos años fuera, era habitual pasar unos días recibiendo a vecinos, a amigos, a compañeros del colegio. Pasar tiempo juntos. Ponerse al día. Pero esa vez a Refaat casi nadie lo visitó.
[Refaat A.]: No logré ver amigos que han sido mis compañeros, que hemos tenido muchos recuerdos, que los vi en la calle, no sé, no me saludaban porque no me veían o tienen vergüenza de saludarme o porque no han venido…
[Sara S.]: A veces, apenas les reconocía.
[Refaat A.]: Yo cuando fui tenía como 32 años, pero cuando miraba a mis compañeros, que son la misma edad, les daba 40, 45, con el cabello más blanco, con pelones, con cuerpo desgastado, con cara estresada.
Y cuando les preguntaba: “Oye, pero qué es de fulano, que era nuestro amigo, que jugaba con nosotros fútbol, que era mi compañero, que salíamos siempre. ¿Por qué no ha venido a visitarme?”
Y me dicen no sé, la gente ha sufrido mucho aquí. Mucha gente ha perdido a sus familiares. Han perdido sus trabajos. Hay gente que se ha vuelto mal de la cabeza.
[Sara S.]: Ya nada era igual. La situación de la Franja había cambiado mucho en esos 12 años en los que Refaat estuvo afuera.
La historia de Gaza, de cómo llegó a ser lo que es, es una historia de décadas que no se puede explicar del todo en un episodio. Hay años de desplazamientos, de dolor, de crímenes contra la humanidad. Lo cierto es que la Gaza a la que llegó Refaat era muy diferente a la de 1998, cuando se marchó a Bolivia. En ese momento, era un territorio que Israel controlaba militar, social y económicamente. Cuando volvió, en 2010, ya no. El control lo tenía Hamás.
Hamás es muchas cosas para diferentes personas. Para algunos países, como Estados Unidos, Argentina, Canadá o Reino Unido, es una organización terrorista. Para otros, como Irán y Turquía, es un grupo de resistencia legítimo. Nació como un movimiento político islamista y una milicia con un principio claro: la resistencia armada contra la ocupación israelí. Ganó las elecciones en 2006, aunque terminó expulsando a sus oponentes palestinos, a Fatah, con un conflicto armado. Desde entonces, no se han vuelto a celebrar elecciones. La respuesta de Israel fue imponer un bloqueo que empezó en 2007, que continúa hoy en día, y que ha ido aislando y asfixiando a la Franja.
Israel controla todo lo que entra y todo lo que sale. Y decide cuándo entra y cuándo no. Controla los pasos fronterizos. El espacio aéreo. El mar. Todo… menos el paso de Rafah, por donde Refaat salió para marcharse a Bolivia. Allí, en teoría, el control lo tiene Egipto. Pero Israel sigue teniendo una enorme influencia. Además, no es raro que el paso permanezca cerrado durante largas temporadas. Hay años en los que solo ha estado abierto 30, 40 o 50 días.
El bloqueo llevó a Gaza a un colapso económico. El padre de Refaat perdió su empleo en Israel. Trabajaba en una planta de reciclaje de metales, separando chatarra, pero ya no podía cruzar las fronteras con facilidad y trabajar fuera dejó de ser una opción. Había que buscar trabajo dentro de Gaza. De lo que fuera: mecánico, carpintero, conductor. Pasó de ganar unos 2 mil dólares a ganar unos 200. Con esta nueva situación, su padre ya no podía seguir ayudando a Refaat con sus estudios.
Muchísima gente acabó sin trabajo. Las fábricas cerraban: no podían recibir material de fuera ni tampoco exportar nada al exterior. Los agricultores no podían cultivar porque no podían acceder a sus tierras. Ni pescar en el mar. Si lo intentaban, se arriesgaban a recibir un disparo de un soldado israelí. En Gaza empezó a faltar trabajo. Comida. Electricidad. Medicinas. Empezó a faltar de todo.
Y a eso, se sumó la guerra. O mejor dicho, las guerras. Entre 2008 y 2009, Israel estuvo 22 días bombardeando la Franja. Mató a más de 1.400 personas.
A esa Gaza llegó Refaat dos años después.
[Refaat A.]: Hay personas que su actitud ha cambiado. Antes, cuando eran más jóvenes, eran más divertidos, más juguetones, ahora están más serios. Y el estrés que se vive en Gaza también afectó a muchos.
[Sara S.]: Desde Bolivia, Refaat hablaba con su familia. Y le contaban, claro. Que estaban sufriendo. Que el bloqueo hacía la vida imposible. Que un familiar había muerto en un bombardeo. Refaat solía estar pendiente de las noticias que llegaban desde allí.
[Refaat A.]: Yo nunca pude abandonar las noticias porque es mi pueblo que siempre ha sufrido y… Pero mirar las noticias es diferente de vivirlo allá.
[Sara S.]: Lo que vio esas primeras semanas de regreso cambió sus planes.
[Refaat A.]: Mi intención no era quedarme en Gaza, pero me quedé por… porque estaba obligado a estar ahí.
[Sara S.]: Notó a sus padres más mayores. Más dependientes. Y se sintió en deuda. Le tocaba apoyarles.
[Refaat A.]: Quería darles algo de alegría. No quería abandonarles. Ellos querían que esté cerca de ellos. Veían en mí una fuerza, un apoyo que puedo estar.
[Sara S.]: Su madre, además, le insistía. Quédate y cásate aquí. Forma una familia. Y luego te vas a donde quieras. Refaat aceptó. Se quedaría un año y después volvería a Argentina.
Homologó su título. Empezó a trabajar como médico. Conoció a Noha, una mujer gazatí, también de Jan Yunis, unos 14 años menor que él. Se casó. Y empezó a formar una familia. Tal y como le pedía su madre. Su primera hija nació en 2013. Poco después de que Israel bombardeara de nuevo la Franja. Esa vez, lo hizo durante ocho días seguidos matando a más de 160 personas.
Los planes de Refaat de salir de Gaza empezaron a frustrarse. Para poder hacerlo necesitaba dinero para pagar a las autoridades egipcias. Y ahorrar, en esas circunstancias, era dificilísimo. No podía ayudar a sus padres, como se había prometido, ni tampoco reunir el dinero suficiente para sacar a su familia de allí.
[Refaat A.]: Por la crisis y el bloqueo, no nos daban, no nos pagaban los sueldos, nos pagaban a veces el 20%, el 30%.
[Sara S.]: El resto se lo quedaba debiendo el gobierno que, en teoría, se comprometía a pagar cuando mejoraran las circunstancias. Pero en Gaza las cosas nunca mejoraban. Al contrario. En 2014, de nuevo, otra guerra. 50 días de bombardeos en Gaza. Más de 2.000 asesinados.
[Refaat A.]: Eso nos mantenía siempre quebrados. No podés ahorrar nada, no podés escapar. Así que estaba como preso.
[Sara S.]: Pero la idea de salir siempre estaba presente. Aunque siempre, también, había algo que le impedía irse. La pandemia. Nuevas guerras: en 2021, en 2022. Y su familia, además, seguía creciendo: salir era cada vez más costoso.
En 2023, Refaat ya tenía cinco hijos. La mayor, Meera, tenía 10 años. Y el más pequeño, Ayham, dos. Y entonces…
[Periodista]: El grupo militante Hamas lanza una incursión sorpresa contra Israel desde Gaza y desata la mayor escalada de violencia en la región en años.
[Periodista]: Hamás ha golpeado desde la Franja de Gaza por tierra, mar y aire. Ha lanzado miles de cohetes.
[Periodista]: Es la escalada más mortífera en 50 años…
[Sara S.]: Llegó el 7 de octubre.
[Refaat A.]: Ahí dije ya no hay vuelta. Sí o sí, tengo que salir. Con dinero o sin dinero, tengo que salir.
[Daniel A.]: Ya volvemos.
[Daniel A.]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Sara nos sigue contando.
[Sara S.]: La mañana del 7 de octubre, Refaat acababa de terminar una guardia en el hospital. Llegó a casa agotado. Deseando dormir. Pero justo antes de meterse en la cama…
[Refaat A.]: Empecé a escuchar un montón de misiles saliendo, el ruido. Vos mirabas el cielo, salía uno por aquí, otro por allá, diez por allá y salían de golpe.
[Sara S.]: Nunca había visto algo así.
[Refaat A.]: Empezamos a ver las noticias, encender la tele para ver qué pasa. No sabemos si es un ataque israelí, si es una incursión. No sabíamos nada.
[Sara S.]: Refaat se enteró de lo que había pasado: combatientes de Hamás y otras milicias lanzaron miles de cohetes desde la franja de Gaza hacia Israel. Y casi al mismo tiempo lograron burlar los controles israelíes, en teoría inquebrantables, y cruzar la frontera. Una vez dentro, asaltaron bases militares, y atacaron kibutzim, esas comunidades civiles cercanas a la frontera. Los miembros de Hamás disparaban a los que intentaban escapar, lanzaban granadas y prendían fuego a las casas. Algunas personas fueron secuestradas, la mayoría asesinadas.
[Refaat A.]: Empezaron a dar imágenes cómo los grupos de resistencia están paseando en las colonias, subiendo los tanques de Israel, quemando tanques.
[Sara S.]: Horas después, también llegaron al festival de música Nova, donde asesinaron alrededor de 380 personas y decenas fueron secuestradas.
[Periodista]: Estaban de fiesta cuando milicianos de Hamás irrumpieron en parapente y comenzaron a disparar.
[Periodista]: Los gritos y las explosiones se apoderaron de la escena…
[Periodista]: De este sitio se han recuperado al menos 260 cadáveres.
[Sara S.]: En total, mataron a más de 1.200 personas y volvieron a Gaza con 250 rehenes, civiles y soldados.
[Periodista]: La respuesta de Israel ha sido brutal.
[Refaat A.]: Empezaron a atacar en mi barrio departamentos y edificios.
[Periodista]: El gabinete de seguridad de Israel declaró formalmente el estado de guerra…
[Refaat A.]: Empezaron a atacar todo lo que daba vida a nosotros. Ya no había electricidad. Ya no hay colegios, ya no hay trabajo, todo está bloqueado.
[Sara S.]: No entraba agua, ni comida. Nada. Ya no era un bloqueo. Era un estrangulamiento.
No era la primera vez que Israel atacaba y ahogaba así a la Franja. Pero Refaat sabía que esta vez era diferente. Más brutal. Lo veía en su día a día, en el hospital.
[Refaat A.]: Gaza ha sido un lugar de experimentar armamento y eso lo vimos también en las heridas que nos llegaban al hospital.
[Sara S.]: Refaat trabajaba entonces en el Hospital Europeo, uno de los principales del sur de la Franja. Cuando empezaron los bombardeos estaba a punto de terminar una nueva especialidad en anestesia y terapia intensiva. Pero su día a día cambió por completo. El hospital no dejaba de recibir pacientes. Por la mañana, por la tarde, por la noche. Y él tenía que hacer de todo.
[Refaat A.]: Hay bombas que si te caen cerca, te funden, hacen desaparecer el cuerpo. Todo tipo de heridas: grandes quemaduras, grandes amputaciones. Niños de un año, de dos años y gritando, buscando a su madre y lamentablemente su padre o su madre o los dos han sido víctimas.
[Sara S.]: Como apenas había gasolina, los hospitales empezaron a mandar autobuses para recoger a sus empleados y llevarlos a sus puestos de trabajo. Ahí, en el hospital, a los dos meses de empezar los bombardeos, Refaat recibió una de las peores noticias. Tenía guardia y le tocaba con su mejor amigo.
[Refaat A.]: Y no llega, aviso a mi jefe y le digo… Mi compañero de trabajo, estoy con mucha carga de trabajo, y no apareció. No sé si está mal. Bueno, lo vamos a llamar. Pero justamente después de dos horas nos llegó noticias que fue atacado con su familia, que en ese ataque murió él, murieron sus dos padres, su hermano, sus dos niños y solamente se quedó una niña de él, sobreviviente con graves heridas que ahora está viviendo después de recuperarse. Y era un amigo, como hermano. Lo perdí y estuve trabajando con ese, con esa rabia, con ese dolor.
[Sara S.]: Recibir ese tipo de noticias pasó a ser algo habitual. Mataban a enfermeras. A médicos. A tíos. A primos. Pero sentía que tenía que seguir.
[Refaat A.]: Mi deber era ir al hospital y atender a los pacientes, que eran demasiados.
[Sara S.]: El horror venía de todas partes: de lo que veía en el hospital pero también de la constante zozobra del día a día. Se la pasaba pendiente del teléfono. Sufriendo por separarse de su familia. De Noha, y de sus cinco hijos.
[Refaat A.]: Pensaba eso todos los días. ¿Qué hago si pierdo un niño? ¿Qué harán ellos si yo a mí me pasa algo?
Muchas veces han sido los ataques cerca de ellos y tenía que llamar y la gran preocupación era que las llamadas no agarraban. Ahora, no sabes si ellos no contestan porque han sido atacados o no contestan porque no hay señal y tienes que estar con los nervios todo el tiempo hasta que logras hablar con ellos y saber que están bien.
[Sara S.]: Y a pesar de que los pensaba constantemente, no tenía tiempo de detenerse en esa incertidumbre: no paraban de llegar pacientes.
[Refaat A.]: Era sobrecarga total para todo el equipo médico. Ese tiempo, en vez de trabajar lo normal, tenías que trabajar el doble y a veces el triple.
[Sara S.]: Y sin salario. Si ya en condiciones normales no lo recibía completo, ahora mucho menos. Cuenta que apenas les entregaban 100 dólares cada dos meses.
[Refaat A.]: Todos están trabajando en las mismas condiciones y tratando de soportar eso. Y no podían abandonar el hospital. Tienen que hacer su deber porque todos los que están atacados son gente nuestra también. Puede ser tu primo, puede ser tu madre. Y tenemos que servir a todos y aguantar pensando que eso va a terminar ya pronto, pero nunca terminó.
[Sara S.]: Era puro horror. Horror perpétuo. Refaat sabía que solo había una opción para huir de eso: salir de Gaza. Y esa pasó a ser su misión.
A los pocos meses, cuando Refaat vio que Israel no tenía intención de dejar de atacar, se puso en contacto con la Embajada que Bolivia tenía en El Cairo, en Egipto. Como dijimos, Refaat tenía pasaporte boliviano, se había nacionalizado mientras estudiaba allí, cuando se casó. Pensó que, como boliviano, ese gobierno podría ayudarlo a evacuar junto con su familia. Pero poco antes, a finales de octubre, a raíz de lo que estaba sucediendo en la Franja, Bolivia rompió sus relaciones diplomáticas con Israel. Así que, en esas circunstancias, esa gestión era aún más complicada. Aun así, le dijeron que lo intentarían. Que fuera paciente.
Conforme pasaban los meses la situación en Gaza solo empeoraba.
En enero de 2024, Israel lanzó una ofensiva contra Jan Yunis, la ciudad en la que vivía Refaat. A veces, Israel avisaba cuando venía un ataque.
[Refaat A.]: Por varios medios. Primero, folletos.
[Sara S.]: Folletos que lanzaban desde el cielo, informando de las “zonas rojas”: las que iban a ser atacadas. Y las, en teoría, son zonas seguras.
[Refaat A.]: Segundo: tienen páginas que anuncian, que nosotros les seguimos para saber a dónde vamos, qué hacemos. Y tercero, algunas incursiones han sido de sorpresa. Y están los tanques en las puertas del barrio. Y empiezan los drones que gritan con micrófono que tienen que abandonar. Que tienes una hora para salir
[Sara S.]: Cada vez que eso pasaba, tenían que buscar un lugar al que marcharse. A casa de un familiar o de un conocido. La primera vez, pudieron moverse dentro de Jan Yunis. Pero Israel siguió avanzando y no les quedó más opción que marcharse a Rafah, más al sur, a pocos kilómetros de la frontera con Egipto.
La familia tuvo que separarse. Eran muchos para quedarse en un mismo lugar. Refaat y su hijo Amir, de ocho años, se fueron a casa de un familiar. Y Noha, y el resto de los niños, a la de otro. Estaban en la misma ciudad, pero a unos tres kilómetros de distancia.
Refaat dejaba a Amir en casa, con sus primos y tíos, y se iba a trabajar. O a buscar comida, gas, agua. Todo lo esencial escaseaba. Y había que conseguirlo día a día. Pasaba horas y horas haciendo colas para recibir ayuda humanitaria.
[Refaat A.]: Vas cada dos días más o menos, tenés que hacer una fila de tres o cuatro horas para recibir miseria. Te dan un papel higiénico, un jaboncillo, una lata de poroto, una lata de queso, algo así que solamente si lo llevás eso a la casa apenas alcanza para desayuno. ¿Y qué hago con el almuerzo? ¿Y qué hago con el día siguiente? ¿Qué hago con la cena?
[Sara S.]: El agua era algo preciadísimo, que había que racionar.
[Refaat A.]: Y pasamos cinco meses viviendo, muchas personas compartiendo un mismo baño. Hacíamos fila para el baño. No podés apretar cada vez, tenés que ahorrar agua.
[Sara S.]: La situación era cada vez más desesperada. Su casa estaba destruida. Su coche, también. Lo había perdido todo. Necesitaba dinero. Y no tenía de dónde sacarlo.
La Embajada boliviana en el Cairo no le ofrecía una solución, así que Refaat empezó a pensar en otras alternativas. Solo había una, en realidad: salir por el paso de Rafah pagando a una empresa egipcia que se encargaba de conseguir los permisos. Antes del 7 de octubre, ese trámite podía costar 300 o 400 dólares por persona. Pero con la guerra los precios se habían disparado: era una oportunidad más para lucrarse. Pedían hasta 7 mil dólares por persona. Para sacar a toda su familia, Refaat necesitaba unos 30 mil.
[Refaat A.]: Anteriormente, cuando pasaba alguna crisis, encontrabas algún hermano, algún primo, algunas personas en Gaza que podías pedir préstamo, ayuda, algún tipo de cosas. Pero llegó la situación donde Gaza está totalmente destruida, todos los que están en Gaza necesitan el mismo tipo de ayuda que vos necesitás. Entonces tenés que salir de ese cajón y buscarlo afuera.
Ahí empecé a buscar solución fuera de Gaza.
[Daniel A.]: Una pausa y volvemos.
[Daniel A.]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Sara nos cuenta el resto de la historia.
[Sara S.]: Refaat empezó a retomar el contacto con los amigos que había hecho en América Latina. A escribirles por redes sociales. A ver si lo podían ayudar. Le dieron dos consejos: que creara una campaña de recaudación de fondos para poder recibir donaciones. Y que empezara a grabar y a publicar vídeos contando su día a día.
[Refaat A.]: Vi que he tenido un arma en mi mano.
[Sara S.]: Fue entonces cuando recordó que él tenía una herramienta que llevaba años sin usar. Algo que casi había olvidado. Y que apenas nadie a su alrededor tenía.
[Refaat A.]: Era un arma que me sirvió a mí y a mi familia.
[Sara S.]: Refaat sabía español. Y por fin iba a poder utilizarlo.
[Refaat A.]: Yo soy el doctor Refaat Alathamna. Les hablo de aquí, desde Rafah. Hoy día es el 29 de febrero… Aquí les muestro dónde estoy refugiado con mi hijo…
[Sara S.]: Empezó a grabar y a publicar videos en Instagram. Eran de esos videos de “un día en mi vida”… Hay miles en redes sociales. Generalmente son personas yendo a su trabajo, mostrando su casa, su carro… Pero los de Refaat mostraban la vida en medio de un genocidio. Los sucesos más atroces que hemos visto en nuestras pantallas en los últimos años.
[Refaat A.]: Hola, amigos. ¿Cómo están? ¿Qué tal todos?
[Sara S.]: Grababa prácticamente cada día.
[Refaat A.]: Aquí estoy saliendo del Hospital Europeo, ya, como ven, parece como un barrio, hay muchos refugiados…
[Sara S.]: No era una persona de redes. Apenas tenía unos cuantos seguidores. Pero pronto empezó a llegar a más y más gente.
[Refaat A.]: Salí a comprar algo… Todo oscuro aquí… Ya saben que los ataques de Israel acabaron con toda fuente de electricidad…
[Sara S.]: Mostraba cómo conseguían agua, comida.
[Refaat A.]: Fui al centro de refugiados para recibir algunas cosas… Aquí están unas galletas, un papel higiénico…
[Sara S.]: Y cómo vivían los ataques.
[Refaat A.]: Qué tal, amigos. No sé si escuchan ese sonido tan fuerte, son los aviones que están en el cielo, hay muchos aviones en Rafah…
[Sara S.]: En este video, Refaat está con sus cinco hijos en el patio de la casa en la que vive, en plena noche. Están sentados alrededor de una fogata improvisada. El más pequeño de todos, Ayham, de tres años, agita con un papel las llamas.
[Refaat A.]: Me estoy distrayendo con ellos un poco, haciendo una fogata, les voy a hacer un tecito ahora. Y bueno, como siempre, amigos, aún necesito su apoyo…
[Sara S.]: A Refaat se le ve tranquilo en los videos. No habla acelerado ni entre lágrimas. Casi cuesta entender cómo puede mantener la serenidad ante tanto terror…
[Refaat A.]: Me decían: “Oye, ¿por qué no lloras?” Le digo: pero yo no lloro, ¿me entendés? Es difícil que llore a pesar de todo lo que estamos pasando.
No quiero hacer ese show. Estoy viviendo una crisis que estoy mostrando lo que es. No es momento de llorar. Es momento de trabajar. Y cuando llegue el momento de estar a salvo, me quedaré llorando en una playa, en una cama donde sea, donde me siento con ganas de llorar. Así lo miraba.
No dormía muchas noches hablando con mucha gente.
Me quedaba con el teléfono en la mano todos los días buscando hablar con personas, abrir más caminos, tratar de llegar a más gente.
Hay personas que me apoyaban psicológicamente. Hay personas que me llamaban todos los días para saber si hemos comido, si estamos bien, si nos pasamos la noche bien.
[Sara S.]: Le escribían desde Chile, Argentina, Bolivia, España. Gente que no había visto nunca, pero que había conectado con su historia a través de las redes. Pronto, la cuenta de Refaat en Instagram llegó a tener más de 100 mil seguidores.
[Refaat A.]: Esas personas te dan ánimo, te dan esperanza y piensas que el mundo no es tan malo. Lamentablemente hay mucha maldad, pero a cambio hay muchas personas que sí quieren ayudar y tienen buen corazón. En todos lados.
[Sara S.]: En abril, tres meses después de comenzar con la campaña, Refaat ya había conseguido más de 10 mil dólares. Era mucho dinero, aunque no suficiente para pagar su salida. Para eso necesitaba otros 20 mil.
Pero poco después, esa opción –la de pagar para salir por la frontera– dejó de estar disponible.
[Refaat A.]: Ya como ven, ya como escuchan. Una noche muy pesada hoy. Tantos aviones. No abandonan el cielo de Rafah. Hubo más de cinco ataques en las últimas horas. Y no sé, parece que llegó la hora de Rafah…
[Sara S.]: El 6 de mayo de 2024, Israel invadió Rafah y bombardeó la frontera. Ya nadie podía salir por allí. Refaat estaba entonces en el epicentro de la noticia. Y los medios vieron en él una oportunidad.
[Periodista]: Lo que vamos a hacer es ir hasta Rafah, porque ahí está el doctor Refaat. Qué tal, muy buenos días doctor.
[Refaat]: Qué tal, muy buenos días.
[Sara S.]: Era testigo de lo que pasaba en Rafah. Y podía contarlo en español.
[Refaat]: Han dejado anuncios para que evacuemos otra vez a otras zonas cerca de Jan Yunis. Estamos obligando a ir a una zona que está totalmente destruida. Vamos a ir encima de los escombros, no sé cómo nos vamos arreglar ahí.
[Sara S.]: Ya no solo pasaba las noches respondiendo a sus seguidores. También a los periodistas que le escribían desde distintas partes del mundo, pidiéndole una entrevista. Refaat se convirtió en una especie de reportero para medios en español.
[Periodista]: Antes de nada… ¿Cómo está?
[Refaat A.]: Aquí, con vida aún, pero bueno.
[Sara S.]: Esos primeros días de mayo, tuvo que regresar a Jan Yunis, que ya para entonces estaba totalmente destruida.
[Refaat A.]: Aquí, en Jan Yunis, entre los escombros, buscando una vida aquí. Llegan muchos de Rafah escapando… Antes escapaban de aquí a Rafah. Ahora escapan de Rafah hacia aquí.
[Sara S.]: El dinero que recaudaba ya no le serviría para salir de Gaza. Pero sí podía utilizarlo para el día a día. Para poder pagar el alquiler de un apartamento cuando casi nadie podía hacerlo. Cuando apenas quedaban unos pocos edificios en pie.
Muy pocos podían comprarse un panel solar. Pagar 15 dólares por una cebolla. O comprar harina a 50 euros el kilo.
[Refaat A.]: A veces tenía dinero y no teníamos cosas que comprar, ¿me entendés?
[Sara S.]: Sacar dinero en efectivo en Gaza era complicado. Había que ingeniárselas, a través de criptomonedas, por ejemplo. Y las comisiones eran altísimas: de hasta el 50%.
Pero el dinero le alcanzaba para sobrevivir. Para ayudar a su familia, incluso. A sus padres. A sus hermanos. Y para pequeñas victorias: momentos de celebración en medio de tanto horror. Una ducha. Un corte de pelo. Una buena comida.
[Refaat A.]: Bueno, aquí un día más en Gaza con mis niños. Bueno, están felices por conseguir eso. Hemos conseguido cinco huevos… Así que, bueno, se están riendo todos. Felices con los huevos…
[Sara S.]: Llevaban meses sin conseguir huevos. Se sentían como un lujo.
[Refaat A.]: Entonces, al verlo, al comerlo, es como una fiesta en la casa y trataba de hacer las cosas, acercarlas a la normalidad con mis hijos.
[Sara S.]: Celebrar los cumpleaños, por ejemplo.
[Refaat A.]: En ese tiempo de guerra nadie hacía cumpleaños, pero yo tenía que hacerlo con ellos, pero al mismo tiempo tenía que, no tenía que mostrar eso a otra gente, porque imagínate, no puedes mostrar mucha alegría mientras hay gente que están sufriendo al lado. Entonces quería hacer esa felicidad a pequeña escala en un lugar para aliviar a mis niños, pero no dañar a otras personas.
[Sara S.]: Refaat estaba convencido de que tarde o temprano lograrían su objetivo: salir de Gaza. Y eso le repetía a sus hijos. Les enseñaba fotos de Jordania o de España. De ciudades donde no había destrucción. Ni escasez. Les prometía que algún día vivirían ahí, a salvo. Que irían al parque a jugar. Que volverían a la escuela.
La duda que le atormentaba era si lograrían hacerlo todos con vida.
[Refaat A.]: Llega un momento donde estás pensando que ya cuándo te llegará el turno.
Dices: bueno, ya todos se fueron, solamente quedo yo, cuándo me toca… Porque ahí no había lugar donde esconderte. Atacan bajo tierra, atacan hospital, te pueden atacar en el camino. Vos estás caminando, pueden atacar un carro que está caminando al lado tuyo.
[Sara S.]: Un día, estando de guardia en el hospital…
[Refaat A.]: Me escapo unos minutos a fumar un cigarro y justamente abro la puerta trasera de la terapia intensiva. Me siento en la puerta y apenas enciendo mi cigarro con mi café y empiezan a salir sonidos de muchas bombas por todos lados.
[Sara S.]: Un misil había impactado a unos 10 metros de donde estaba él. Refaat se tiró al suelo.
[Refaat A.]: Es que es un momento donde no entendés lo que está pasando, todavía no sabes qué pasa, qué están atacando, si terminó el ataque o no.
[Refaat A.]: Y quería escapar. Abrir la puerta de la emergencia de terapia intensiva para entrar. No podía por las cosas que venían. Se llenó de humo y piedras, todo. Y no sé, no sabía en ese momento si iba a salir de eso o iba a ser víctima. No sabía.
[Sara S.]: Ese día, el 13 de mayo de 2025 , Israel lanzó seis bombas en el hospital y sus alrededores. En las imágenes, se ven los cráteres enormes que dejaron las explosiones. Mataron a 28 personas. Refaat no sabe cómo se salvó.
Refaat llevaba más de un año tratando de salir. Y todo iba a peor.
Al bus, de camino al hospital, cada vez se subían menos compañeros. Y en el recorrido, solo se veía destrucción.
[Refaat A.]: Cada día me siento en el bus y mirando a la derecha, a la izquierda, todo el trayecto son tres kilómetros para llegar al hospital no puedo encontrar ningún edificio parado, ninguna casa parada. Todo está hecho mierda. Y yo mirando… Es como estar mirando una montaña de escombros que no tienen fin hasta llegar al hospital. Y eso me causaba mucho dolor. Digo, cada vez que miro, ¡mierda!, cuando eso se va, se va a acabar. Y la impotencia me mataba porque logré cosas, pero esas cosas que logré todavía no me sacan de Gaza.
[Sara S.]: Logró dinero. Atención. Movilizar a mucha gente. Pero nada era suficiente. Sus hijos empezaron a dudar de su palabra. A pedirle explicaciones.
[Refaat A.]: Ya empezaron a decirme cuándo va a ser eso, porque ha durado mucho, dos años prometiendo lo mismo. Entonces, yo empecé a sentirme incómodo, mal porque les doy promesas que no puedo cumplir, que yo dentro de mí mismo sé que no puedo darles garantías, que ellos pueden seguir viviendo mañana.
[Sara S.]: Y Bolivia seguía sin ofrecerle una solución. Le repetían una y otra vez lo mismo: que lo estaban intentando. Pero que Israel se negaba. Y que cualquier salida necesitaba su autorización.
Después de meses sin novedades, en agosto de 2025, Refaat se hartó.
[Refaat A.]: Empecé a dar duro a la embajada con videos…
[Refaat A. ]: No estamos logrando salir de Gaza y seguimos atrapados. Ya no podemos tener más paciencia esperando que el gobierno boliviano haga algo. Yo estoy rogando las respuestas y me dicen que tenga paciencia. ¿Cómo tener paciencia?
[Sara S.]: En octubre , con cerca de 70 mil muertos y el 90% de los edificios de la Franja destruidos, Israel aceptó un alto el fuego. Habían pasado dos años desde el inicio de los bombardeos.
[Refaat A.]: Alto el fuego desde Gaza. Acaban de anunciar, alto el fuego en Gaza…
[Sara S.]: Y las gestiones, entonces, se aceleraron.
[Refaat A.]: Recibo una llamada que era del interior de Palestina y me dice yo soy la oficina de la Embajada de México, te hablo de Cisjordania.
[Sara S.]: Como Bolivia no tenía relaciones con Israel, habían conseguido que México hiciera de intermediario.
[Refaat A.]: Te llamamos porque estamos colaborando con Bolivia para sacarte que posiblemente te confirmamos la salida en unos días.
[Sara S.]: El 22 de octubre de 2025, a las 4 de la mañana, les esperaban en un centro de una organización humanitaria para sacarles de Gaza.
[Refaat A.]: Ya está.
No pensaba que iba a llegar el momento de que nos llaman para salir. Así que ni yo lo podía creer.
[Sara S.]: Refaat pasó el último día visitando a sus hermanos y a sus padres. Después de tantos desplazamientos, todos vivían desperdigados por distintas zonas de la Franja.
No era la primera vez que Refaat se despedía de su familia. Pero esta vez era muy diferente.
[Refaat A.]: No es cuestión de ir a estudiar unos cinco años y volver. Es una forma de empezar la vida otra vez afuera y no sabemos cuándo o si nos vemos otra vez. Eso es lo que duele. Antes viajé sabiendo que voy a estar un tiempo y volveré. Encontraré a mis padres un poco mayor… Pero ahora, si vuelvo en unos años, tal vez no encontraré a uno o los dos.
[Sara S.]: Ahora, además, se iba sin apenas buenos recuerdos que llevarse. Su madre se quedó llorando. Y su padre…
[Refaat A.]: Me dijo: “Pero hijo, ¿te vas a ir y nos vas a dejar?” Pero le dije: Papá, no los estoy dejando. Estoy buscando la forma de apoyarles. Yo estoy aquí y no puedo ayudarles. Soy una víctima más con ustedes.
[Sara S.]: Por la noche, la familia de su esposa, Noha, fue a despedirles. Para ella, era la primera despedida. La primera vez que salía de Gaza.
[Refaat A.]: Para ella es una experiencia tremenda. Quiere salir pero no quiere salir.
[Sara S.]: Su madre había muerto hacía unos años. Y su padre era muy mayor. Cenaron todos juntos por última vez.
Después, Noha y los niños se acostaron unas horas. Pero Refaat, no. Estaba demasiado nervioso.
A las 3 de la mañana, un coche les recogió en su casa. No llevaban maletas. Solo podían llevar el teléfono móvil y los documentos. Se fueron con lo puesto. México y Bolivia hicieron las gestiones, aunque el destino final de Refaat era España. Pero primero, tenían que cruzar la Franja de Gaza, en una ruta aprobada por Israel. El conductor recibía órdenes del ejército: gira a la izquierda, sigue, espera. Era un trayecto de apenas 30 minutos que hicieron en varias horas.
[Refaat A.]: Pasamos por zonas que no habíamos visto hace mucho tiempo, que están bajo control de Israel y zonas que han sido totalmente revolcadas. No estamos hablando de escombros, estamos hablando de que los escombros ya están debajo de la tierra. No puedes distinguir nada. Absolutamente.
[Sara S.]: En la frontera israelí, les recibió el Embajador de México y el de Bolivia con un autobús entero para su familia y otra mujer con sus dos hijas.
[Refaat A.]: En ese bus pasamos por el territorio que hace mucho que no hemos visto que es territorio ocupado. Es una maravilla. Es una maravilla. Esa parte está en Cisjordania, en la parte cerca de Jordania. Son partes montañas, verde, es nuestro territorio, que fue robado. Que nos robaron eso y nos tiraron a Gaza.
[Sara S.]: A Refaat se le cerraban los ojos mientras miraba el paisaje. Por fin, su familia estaba a salvo. Podía descansar.
Llevaba dos años esperando ese momento. Y era un alivio, por supuesto. Pero no podía evitar sentir, también, una enorme culpa.
[Refaat A.]: Y en parte siento que estoy haciendo algo mal… abandonar a Gaza.
Hay muchas personas que me hablaron: ¿Pero cómo vas a abandonar a Gaza si sos médico? Palestina te necesita. Gaza te necesita. Sí, pero hay otras cosas: mis niños me necesitan. Si yo salvo vidas y dejo a mis niños en la calle, sin colegios, sin nada, sin, sin, sin sueldo. ¿Cómo voy a vivir?
Es que tienes que dividirte en dos. Dejarte la mitad allá y la mitad aquí. Y eso es imposible. Tienes que estar aquí o allá. No se puede dividir.
[Sara S.]: Refaat y su familia pasaron un mes en Jordania antes de volar a España. Les costó acostumbrarse a la calma. Fueron a tomar helado. A jugar al parque. A centros comerciales. Los niños entendieron entonces que las promesas que su padre les había repetido durante meses eran reales. No les estaba mintiendo.
La familia aterrizó en España a finales de noviembre. Y a los pocos días, Refaat habló con algunos medios.
[Refaat A.]: Primeramente, gracias a todos ustedes por recibirnos aquí, estar con nosotros y principalmente agradezco a todas las personas que nos acompañan en los medios…
Había periódicos, periodistas y todo eso… y cuando me preguntaban empecé a llorar. Empecé a llorar.
[Sara S.]: Ya no estaba en modo supervivencia.
[Refaat A.]: Y sentís ese alivio que ya estás segura que ya lograste tu meta, te están bajando lágrimas porque ya dices que ya. Bueno, ahora bajen.
[Sara S.]: Poco a poco, los niños empezaron a recuperar su rutina. Se habían acostumbrado a no ir a clase, a acostarse tarde. Y ahora tocaba poner de nuevo su vida en orden.
Cuando Refaat les ve al salir del colegio, siente una alegría enorme. Como de misión cumplida. Pero la pregunta de su padre le sigue resonando en la cabeza. ¿Cómo nos vas a dejar aquí?
[Refaat A.]: Me pongo a pensar muchas veces: ¿Qué estaría haciendo ahora en Gaza si no hubiera salido? Nada. Estaría uno más que está pidiendo ayuda para sobrevivir con sus hijos.
[Sara S.]: Ahora, su familia deposita en él todas sus esperanzas. Es él, el hermano que ha conseguido salir, el que tiene que ayudarles.
[Refaat A.]: Y yo lo que hago es prometerles encontrar alguna forma de ayudarles. A veces quiero hablar con ellos y a veces evito hablar con ellos. Porque quiero hablar con ellos para saber que están bien. Pero lamentablemente cada vez que hablo con ellos solamente me cuentan cosas que duelen.
[Sara S.]: A veces, como hacía en Gaza, se queda despierto toda la noche. Pensando. Intentando encontrar la manera de ayudarles.
[Refaat A.]: Entonces, estando aquí tampoco, tampoco estoy tan tranquilo, pero lo que me puede hacer es tranquilo, es lo que lo que lograré.
[Sara S.]: Tener un trabajo. Una vida estable. Amigos. Poder mandar dinero a su familia. Ir a visitarlos. Sacarles de Gaza. O, incluso, quién sabe, volver a tener una vida digna allí.
De momento, se asegura de tener siempre huevos en la nevera.
[Daniel A.]: Refaat Alathamna y su familia pidieron asilo en España y siguen esperando la resolución. Tienen que esperar seis meses para poder trabajar de forma legal. Refaat está homologando su título para poder ejercer como médico. A sus hijos les va bien en el colegio. Están haciendo nuevos amigos. Y aprendiendo español.
Sara Selva Ortiz es productora de Radio Ambulante y vive en Madrid. Esta historia fue editada por Camila Segura, Luis Fernando Vargas y por mi. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri con música de Rémy Lozano y Andrés.
El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Adriana Bernal, Aneris Casassus, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Camilo Jiménez Santofimio, Germán Montoya, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Juan Pablo Santos, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Franklin Villavicencio y Mariana Zúñiga.
Carolina Guerrero es la CEO.
Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.
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