El podio | Transcripción

El podio | Transcripción

COMPARTIR

Este podcast es propiedad de Radio Ambulante Studios. Cualquier copia, distribución o adaptación está expresamente prohibida sin previa autorización.

[Daniel]: Antes de empezar, una noticia que llevo tiempo con ganas de contarles: este jueves, 9 de abril, se publica la nueva serie de Central, el canal de series de Radio Ambulante Studios. La historia nos lleva directo a la Nueva York más nocturna y fiestera, pero también a la más solidaria y valiente. 

“Las Reinas de Queens” sigue a un grupo de mujeres trans, todas inmigrantes latinas, que se ganan la vida como trabajadoras sexuales y artistas en los clubs de la ciudad. Es una historia fascinante, irreverente, orgullosa. La pueden escuchar a partir del jueves en centralpodcast.audio, o en cualquier aplicación donde escuches tus podcasts. Acá les dejo un pequeño adelanto:  

[Rula Ávila Muñoz]: En Nueva York, Lorena Borjas protegía a latinas que han aprendido a sobrevivir tres veces: como mujeres trans, como inmigrantes y como trabajadoras sexuales.

[Lorena Borjas]: Yo voy a llegar adonde tenga que llegar como una perra, pelear con garras y uñas.

[Rula]: Pero cuando murió, comenzó una cuarta batalla para prosperar en un mundo lleno de amenazas. Escucha Central, “Las Reinas de Queens”, en la app de iHeartRadio, Apple Podcasts, o donde sea que escuches tus podcasts.

[Daniel Alarcón]: Esto es Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. 

La historia de hoy empieza en un gimnasio de Buenos Aires. Hay vigas, barras paralelas, cajones de salto. Por todos lados hay restos de  magnesio, ese polvo blanco que los gimnastas se ponen en las manos para evitar la humedad y favorecer el agarre en los aparatos. Es un polvo que reseca la piel y hasta el ambiente y que Gabriela Parigi, la protagonista de nuestra historia, podría distinguir a varios metros de distancia. 

Es que Gabriela ha pasado gran parte de su vida dentro de un gimnasio. A los cuatro años, después de tomar algunas clases de danza, a sus padres les recomendaron que mejor la llevaran a gimnasia artística. Tenía una energía demasiado explosiva. 

[Gabriela Parigi]: Era una cosa chiquitita, fortachona, las piernitas de pony así todas morruditas. Todo el porte ya era una mini gimnastita. Entonces  claramente se notaba una energía ahí como súper clara, que tenía que hacer más el deporte de la gimnasia artística. 

[Daniel]: En vez de treparse a los muebles de su casa, ahora tenía un lugar a dónde ir a hacer sus piruetas. Y le encantaba. Pocos meses después de empezar, ya se estaba preparando para su primera presentación. Una rutina de suelo que había practicado una y otra vez pero que se le olvidó por completo minutos antes de salir a escena. 

[Gabriela]: Pero nadie se enteró porque yo inventé todo, me acuerdo las danzas que hacía, que hacía como unas ondulaciones hacia los costados, como unos movimientos coreográficos.

[Daniel]: Se acuerda y se ríe. Porque se divertía. Para ella todo era un juego. Esta es Claudia, su mamá: 

[Claudia]: Así que esa era Gabi. Gabi disfrutaba de lo que hacía. No se achicaba y entendía que que también era un juego y que también era su manera de expresarse.

[Daniel]: A los seis años Gabriela ya empezó a competir oficialmente. Y para los siete consiguió el segundo lugar en un torneo, su primer podio. Tenía puesta una trusa, el pelo recogido en un moño, la cara maquillada. 

[Gabriela]: Subí al podio con un osito. Con un perrito que tenía Charlie, se llamaba.  Y sí recuerdo como esta sensación de ah bueno me fue bien, me subí a un podio, este, soy buena en esto. O sea, también como una sensación de cierta expectativa alrededor.  

[Daniel]: Una expectativa que venía, más que nada, de sus entrenadores, que ya la veían como una promesa de la gimnasia artística. Así que le propusieron a sus padres que empezara a entrenar doble turno: por la mañana y por la noche. En la tarde, entre medio, iría a la escuela. Así todos los días de la semana, incluso los sábados y los feriados. El único día de descanso sería el domingo. Poco a poco, toda la vida de Gabriela y su familia empezaría a girar en torno a la gimnasia.  

[Claudia]: Que su comida, su horario de dormida, su horario de levantada, su horario de escuela, si podía ir o no a un cumpleaños, si podía ir o no de vacaciones, cómo se vestía. El mundo central era la gimnasia y todas sus constelaciones giraban en torno de eso, porque era el eje que disciplinaba todo el resto.

[Daniel]: Cuando a sus 12 años Gabriela ya formaba parte de la selección argentina, su mamá confirmó que todo el esfuerzo estaba valiendo la pena. 

[Claudia]: Esto parecía cosa seria. ¿Y cómo íbamos a desaprovechar semejante talento que teníamos en la familia? Así era como se veía. 

[Daniel]: A partir de entonces, cada paso de Gabriela iría en dirección a una única meta: prepararse para el siguiente torneo. Y en ese camino, Gabriela debería renunciar a muchas cosas, incluso a aquello que la había llevado hasta ahí. 

[Gabriela]: Esta sensación de bueno, del disfrute, del juego, de que se me salía del cuerpo siento algo así y en un momento empezar a darme cuenta  […] que como que había algo del juego que ya no me estaba pulsando, que se me había empezado a transformar en otra cosa. 

[Daniel]: Nuestra productora Aneris Casassus produjo esta historia. Aquí Aneris…

[Aneris Casassus]: En sus largos días en el gimnasio, Gabriela empezaba a sentir que la presión le estaba ganando al juego. No es que siempre la pasara mal. No. Amaba la gimnasia. Pero el entrenamiento se estaba poniendo cada vez más duro. En muchos sentidos. 

[Gabriela]:  Formas de cómo nos hablaban. Mirá, te lo digo un poco, me angustia todavía viste como frases literales que nos decían “dale gorda, dale, que sos mongólica que sos”. 

[Aneris]: No le decían explícitamente que no se lo contara a nadie, pero ella, al igual que sus compañeras, sabía que había cosas que era mejor callar. 

[Gabriela]: Había algunas cosas que yo entendía como bueno, legitimadas o naturalizadas, que el deporte de alto rendimiento era así y que la gimnasia era así.

[Aneris]: Si quería ser una deportista de élite, tenía que soportar cualquier cosa. Incluso el dolor. O sobre todo el dolor. Eso la haría hacerse, entre comillas,  “fuerte”. 

[Gabriela]:  Que te tengan haciendo abertura durante cinco minutos y que se te sienten arriba para abrir más las piernas y que vos te aguantes las lágrimas o que no, o que llores mientras lo seguís haciendo como una cosa militarizada también.

[Aneris]: Ese tipo de situaciones se repetían frecuentemente. Pero hay un día en particular que le quedó marcado para siempre. Porque fue, tal vez, el único día en que no calló. Acababa de volver de unas vacaciones. Estaba en el gimnasio tratando de recuperar el ritmo de entrenamiento, practicando en las paralelas… 

[Gabriela]: Y estaba muy cansada. Me acuerdo que me temblaba el cuerpo, o sea, estaba como llegando a un límite que identifiqué que no, o sea que estaba como medio pasada. Y le dije a mi entrenador que no podía, que no podía más, que me estaban doliendo mucho las manos, que tenía todas las manos abiertas con ampollas de sangre. O sea, era literal que lo tenía en el cuerpo. Y mi entrenador ahí me dijo bueno, no hagas más paralelas, andá a subir la cuerda, entonces. Y subir la cuerda es mucho más doloroso en las manos que hacer paralelas.

[Aneris]: Y no solo eso. Subir la cuerda dentro del gimnasio, era visto como un signo de castigo.

[Gabriela]: En algún punto, tácitamente lo que sentí fue como: ahh te revelas bueno, mirá, si te revelas, esto pasa. Como una cosa también de una maniobra psicológica.

[Aneris]: Pero Gabriela no dijo más nada en ese momento. Hizo lo que le ordenó el entrenador y terminó el turno de la mañana, muerta del dolor. Cuando salió del gimnasio, su papá la estaba esperando en el auto. 

[Gabriela]:  Y bueno, y me ve que me subo y que estaba mal yo, pero yo no es lo primero que conté, ¿viste? Como que me tuvo que preguntar y me pregunta: chuchi, ¿cómo te fue? 

[Aneris]: Gabriela le empezó a hablar de los colores que había obtenido ese día en cada uno de los aparatos. En paralelas había sacado rojo, la peor puntuación posible, una calificación que jamás recibía.  

[Gabriela]: Y cuando le digo rojo, él me dice: uy, ¿qué pasó? Y yo me pongo a llorar y me pongo mal y bueno, y le cuento toda esta situación. Y mi papá se quedó como perplejo, callado. Y bueno, llegamos a la casa y se encierra en un escritorio que nosotros teníamos en casa y ahí yo escucho que lo llama por teléfono a mi entrenador. Y le dice. Y recuerdo estas frases como “Vos estás loco, ¿Cómo le vas a hacer eso a la nena? Pero vos estás mal de la cabeza. Es una nena, vos sos un nazi. Vos sos un nazi animal, hijo de puta. Lo que hiciste”. Ehhh y yo tipo diciendo: yo hoy a la tarde tengo que volver a entrenar y al mismo tiempo gracias por estar haciendo esto. 

[Aneris]: Es que a pesar de la situación, nadie en la casa dudaba que esa tarde Gabriela iba a volver a entrenar. Esta es otra vez Claudia, su mamá. 

[Claudia]: Aceptamos ese maltrato. Llorando y masticando bronca, pero no abandonando. Nos subimos a un río que corría y el agua nos fue llevando. 

[Gabriela]: No era evidente patear el tablero y dejar. Ni para ellos. O sea, proponerme eso de una ni para mí menos que menos, con todo lo rimbombante que te armaban de los discursos de no, pero y el futuro,  y la representación de la bandera. Y Argentina. Y el país. Y la nación. Y el orgullo. 

[Aneris]: Era todo un proyecto de vida que venía formándose desde hacía años, con un sacrificio enorme. Así que no, había que seguir. 

Esa misma tarde, Gabriela volvió al gimnasio y siguió yendo como siempre, ocho horas al día. Pero sí notó un cambio desde que su papá llamó a uno de sus entrenadores.  Ya no la volvieron a castigar haciéndola subir a la cuerda, sin embargo, había algo más sútil que seguía estando ahí. 

[Gabriela]: La metáfora de pasar el límite y de empujar y de hacerse fuerte. Y estos extremos estaba todo el tiempo.

[Aneris]: El mensaje permeó en la cabeza de Gabriela y así –haciéndose fuerte– llegó a los Sudamericanos, a los Panamericanos, a los Mundiales… Y a decenas de torneos dentro y fuera del país. Era apenas una niña de 12 años pero en la televisión ya le preguntaban por su retiro… Se sabe, la carrera de una gimnasta es corta. Demasiado corta. 

(Soundbite de archivo)

[Periodista]: ¿Cuál es tu objetivo luego de la gimnasia?

[Gabriela]: Bueno, yo por ahora me estoy preparando para las Olimpiadas. No sé a qué hora voy a dejar, a los cuantos años, no lo pienso por ahora. Va a llegar un punto que bueno mi cuerpo me va a decir que no, que no quiere más y bueno después no sé, formar una familia.

[Aneris]: Al ver ese video, casi 30 años después, Claudia no lo puede creer. 

[Claudia]: ¿Cómo el cuerpo de una nena va a decir basta? 

[Claudia]: Después se empezó a lesionar. La traducción de esa hiperexigencia fueron la secuencia de lesiones.

[Aneris]: Hubo muchísimas. Pero la peor, tal vez, fue cuando tenía 15 años. Gabriela se estaba preparando para un nuevo torneo. Practicaba un salto y acababa de terminar la última repetición que haría ese día. 

[Gabriela]: Caí parada y caí bien. Doy el paso y cuando doy el paso como que el pie se me queda medio trabado con el colchón y escucho tra, tra, tra. O sea, como en tres fases. Y me agarro el tobillo y me doy cuenta que me había estallado algo adentro.

[Aneris]: Tenía una triple fractura de tobillo.

[Gabriela]: Y la primera sensación es que todo ese mega esfuerzo y el mega entrenamiento y el foco y los objetivos y todo, se desvanecía, se caía de un momento para el otro, se caía, se derrumbaba. Entonces era una sensación de un desasosiego muy, muy fuerte. Y también algo de un relato social, porque ay, no voy a llegar a ese torneo. Entonces va a ir otra. Entonces pierdo mi espacio, pierdo mi lugar. O sea, no pensando en mi cuerpo, no teniendo escucha de eso, sino lo que significaba en términos de resultado de triunfo, de llegar a ese lugar. Y una vez que pasaba ese momento, no sé, al otro día o así, la sensación era de alivio, era un pequeño lapsus de que bueno, no, no sé, como algo de la presión que se soltaba un poco y es loco sentir eso porque al mismo tiempo estaba rota.

[Aneris]: Pero rota y todo, igual debía ir al gimnasio a seguir con su preparación física.  Esa vez pasó varias semanas con yeso y rehabilitación. 

[Claudia]: Me parece una locura no haberle permitido estar lesionada en su casa, pero no lo vi en ese momento tampoco.

[Claudia]: Y a la vez me hacía correr en búsqueda de soluciones mágicas, imposibles e inexistentes porque ella generalmente tenía siempre adelante un compromiso con el que tenía que cumplir y entonces, como era una carrera de obstáculos, si vos no superabas ese obstáculo, te quedabas en el camino.

[Gabriela]: Mis viejos confiaban en lo que el médico decía. Confiaba en lo que el entrenador decía o el dirigente decía. 

[Aneris]: Y todos decían que, como fuera,  tenía que llegar a la siguiente competencia… sin importar cuál.

[Daniel]: Una pausa y volvemos. 

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Aneris Casassus nos sigue contando. 

Un tiempo después de haberse recuperado de aquella lesión, Gabriela decidió cambiar de entrenadores. Sentía que había alcanzado un techo y que necesitaba un nuevo plan de trabajo. Tenía 16 años y le quedaba poco tiempo en las competencias de alto rendimiento. 

[Gabriela]: Yo a mis 18 más o menos me visualizaba dejando mi carrera como porque en algún punto ya empezaba a ser grande como para lo que arquetípicamente en ese momento eran las carreras de gimnasia artística. 

[Aneris]: Quería retirarse por “la puerta grande”, esa de la que tantas veces le habían hablado. Así que se puso una meta a dos años. Prepararse para los Juegos Panamericanos de Santo Domingo, en República Dominicana, y para el Mundial de Anaheim, en Estados Unidos. Ambos en 2003. 

Durante toda su carrera, la alimentación siempre había sido un tema. Gabriela lo supo ni bien empezó cuando uno de sus entrenadores les llamó la atención a ella y a su mamá por haber llevado galletitas de chocolate para la merienda. Así que desde aquel momento sabía de memoria qué cosas podía comer y qué cosas no. 

Pero con el cambio de entrenadores todo empeoró. A medida que se acercaba la fecha de los torneos, le empezaron a exigir que bajara 100 gramos por día.  Así que cada vez que se subía a la balanza…

[Gabriela]: Me sacaba las hebillitas de la cabeza, me cortaba las uñas. O sea, como toda una cosa extrema de no sé, si me hubiera podido sacar los dientes. Me sacaba los dientes. O sea…

[Aneris]: Básicamente dejó de comer. O se daba atracones y luego vomitaba a escondidas. Y así llegó a bajar nueve kilos en dos meses. 

[Gabriela]: Pero mi relato era que estaba divina, estaba flaca, que estaba linda, que era deseable, que estaba fuerte, potente. Pero mi cuerpo me estaba diciendo que tenía calambres. O sea, yo estaba con calambres. 

[Aneris]: Llegó un momento en que, para su mamá, fue evidente lo que le estaba pasando a su hija. Así que la llevó a una nutricionista. 

[Claudia]: Me dijo: “pero qué quieren hacer con esta chica? Una anoréxica”. Y ahí fue la primera vez que yo me di cuenta de que ese entorno enfermo nos estaba enfermando a todos.

[Aneris]: Pero nada iba a alterar los planes de Gabriela. Arrastrando los problemas de alimentación siguió entrenando  para esos dos torneos. Serían la ola final de su carrera. Cuando llegó la fecha viajó, compitió y rindió. Consiguió muy buenas puntuaciones y con ello se despidió oficialmente de las competencias de alto rendimiento. Tenía 17 años, 64 medallas, 25 trofeos y más de 20 lesiones. 

Sentía que con toda su experiencia tenía que hacer algo. Decidió estudiar para ser entrenadora. Quería cambiar las cosas.

[Gabriela]: Y también algo como el sentido de la justicia te podría decir, ¿viste? como decir bueno, esto es importante que trabajando con niños se hagan de esta forma, no de esta otra forma como yo lo viví.

[Aneris]: Era una manera de no dejar el gimnasio pero a la vez habitarlo desde otro lugar. Se sumó a un equipo de entrenadores para preparar a niñas de entre 9 y 13 años. Estaba entusiasmada, sentía que había muchas cosas por mejorar.

[Gabriela]:  Me pongo contenta porque siento que hay muchas cosas que estoy haciendo diferente en términos que tienen que ver más, como con el trato, con no destratar ni maltratar.

[Aneris]: Estuvo entrenando a las niñas durante casi un año y medio. Hasta que un día algo en su interior se quebró por completo.

[Gabriela]: Y me acuerdo el día que entré en crisis que fue una nena que yo entrenaba, que estaba sufriendo muchos, muchos dolores de la espalda por lesiones importantes. Recuerdo como de verla subida a la viga y de entender el dolor que estaba teniendo esa piba en la espalda. 

[Aneris]: Fue como si recién en ese momento, viendo el sufrimiento de esa niña, tomara conciencia de las exigencias a las que había sometido a su propio cuerpo durante toda su vida. Lo que hasta ese momento había aceptado con naturalidad, ahora, desde otro ángulo, se le hacía imposible de soportar. 

[Gabriela]: En algún punto era tipo mi niña y mi gimnasta reciente diciendo no, no, no, tiene que frenar, la tenemos que bajar de la viga en este momento y llevarla a su casa. O sea, tiene que frenar.

[Aneris]: Pero para el equipo de entrenadores del que ella formaba parte frenar no era una opción. Lo que les importaba era otra cosa.

[Gabriela]: ¿Cómo vamos a hacer para que llegue al torneo? Ese es el norte. Y ese es el por qué. Y ese es el objetivo. Todo lo otro se acomoda alrededor de eso. 

[Aneris]: Así, con ese mismo método, ella había conseguido todas sus medallas. Y sin embargo ahora no le encontraba ningún tipo de sentido. Todas esas medallas ¿a costa de qué? Todas esas medallas ¿para qué? 

[Gabriela]: Cuando entendí que en realidad con lo que no estaba de acuerdo era con incitar a los niños a competir y que esa sea la trama que ordene todo lo que hay alrededor, dije y no, pero yo acá no, o sea, no puedo dialogar con más nada. Si es con esto con lo que estoy en desacuerdo, si es con la médula espinal de la cuestión, me tengo que retirar.

[Aneris]: Su mamá recuerda muy bien aquella etapa.

[Claudia]: Lo vivió con mucho sufrimiento, creo, porque ella pensaba que iba a revolucionar con sus pensamientos el mundo del entrenamiento y se dio cuenta que sola no… no podía. 

[Aneris]: Así que después de aquel día en que entró en crisis, Gabriela empezó a ir cada vez menos al gimnasio, hasta que un día ya no volvió…

[Gabriela]: Y siento que fue un atardecer. O sea, como que en un momento. Taca, taca, taca. Como de a poco, cada vez menos. Cada vez menos. Cada vez menos. Y no me acuerdo se me pone la piel de gallina. O sea, no me acuerdo el último día.

[Aneris]: El último día que fue al gimnasio. El primer día del duelo. 

[Gabriela]: Y eso fue lo más duro de todo. Como el duelo identitario. 

Porque a mí dejar el gimnasio me hizo feliz. Ahora, dejar de ser la gimnasta sí fue muy doloroso, porque yo era la gimnasta para mis compañeras, para mi familia, y ocupaba ese rol en la sociedad. 

[Aneris]: Así había sido durante toda su vida. Cada vez que había un acto en la escuela, le pedían que hiciera una coreografía… En cualquier reunión familiar, también. 16 años donde todo había sido la gimnasia.

[Claudia]: Y Gabi era gimnasta. Después era persona. 

[Daniel]: Y esa persona, ¿quién era? Debería empezar un camino para averiguarlo.

Una pausa y volvemos.

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante, Aneris Casassus nos sigue contando.

[Aneris]: La vida de Gabriela siempre había girado en torno a la gimnasia y ahora sin ni siquiera seguir como entrenadora, se sentía perdida, sin saber muy bien dónde poner su tiempo y su energía. Quería probar cosas nuevas, pensar qué le gustaría hacer. Se anotó en clases de tango y comenzó la carrera de arquitectura en la universidad. Le encantaba dibujar. De niña, los domingos –el único día que no entrenaba– se la pasaba dibujando. Podía pasarse horas y horas entre hojas y lápices de colores. 

[Gabriela]: Fue como ah, mira todo esto, lo que yo tenía adentro. Y lo que pasa es que no tenía tiempo, no había habilitación, no había espacio.

[Aneris]: Su mamá también podía percibir por lo que estaba pasando. 

[Claudia]: Fue el sacarle la tapa a la olla, ¿no? para que… para que saliera toda la presión que había adentro y encontrar lo que quería hacer, dónde lo quería hacer. Y eso fue el comienzo de un camino porque tampoco se quedó ahí. 

[Aneris]: Un camino que no le sería nada fácil. Sobre todo por una cuestión en particular: todo lo que iniciaba lo hacía con una única lógica.

[Gabriela]: Mis dibujos eran tipo insoportablemente perfectos, o sea, todo con un grado de deporte alto rendimiento que era insostenible. Y así, terminé. 

[Aneris]: Para fines de ese año comenzó a tener ataques de pánico y ansiedad. Así que decidió empezar a ir a terapia. En toda su carrera de gimnasta nunca le había dado demasiada importancia a su salud mental. Ni ella ni nadie de su entorno. Era algo de lo que no se hablaba demasiado. Enfrentarse a sí misma fue toda una novedad.  

[Gabriela]: Ese año fue un año de mucho dolor, de mucho aprendizaje, pero de mucha salud al mismo tiempo. O sea, le abrí la compuerta a bueno, a las emociones, a la sensibilidad, a lo no dicho, a lo oculto.

[Aneris]: Estaba trabajando por fin sus problemas de alimentación y asimilando en perspectiva todo lo que había vivido. Todas esas cosas que había callado y naturalizado durante tanto tiempo ahora las podía poner en palabras. Primero en terapia y después con sus padres. Empezó a hablar, por ejemplo, del miedo que muchas veces había sentido haciendo un salto…

[Gabriela]: O sea, no era miedo a que me vaya mal en el torneo o a que me salga feo el movimiento. O sea, era un miedo de romperme la cabeza. 

[Claudia]: Nunca nos transmitió su miedo a la muerte de que lo cuenta ahora. Nunca, jamás. A mí eso es una cosa que me provoca escalofrío. No lo tengo incorporado como le podía haber pasado a Gabi. 

[Claudia]: Luché mucho tiempo contra la culpa y también en eso Gabi me ayudó a entender que no es culpa nuestra, que fuimos parte de un de un esquema en el que no teníamos otras herramientas para haberlo hecho mejor.

[Aneris]: Gabriela no sentía enojo con ellos, los entendía. A los suyos y también a muchos otros padres con los que se había cruzado en todos esos años.

[Gabriela]: ¿Y esas mamás y esos papás? Digo, algunos son súper hostigadores y hay otros que no y que por primera vez en su vida están teniendo un hijo con talento deportivo.

[Aneris]: Pero nadie les  enseña a lidiar con eso. No saben cómo es la mejor forma de cuidarlos en ese ambiente. Y además, la mayoría de los padres casi nunca entran al gimnasio. La consigna de los entrenadores es que cuanto más lejos estén…  mejor. 

En medio de todo este proceso –entre la terapia, la arquitectura y el tango– Gabriela también llegó a una escuela de circo. Se anotó para tomar clases de acrobacia. Creía que retomar el movimiento, en otro ambiente, podía ser interesante. El primer día se presentó con su nombre y no dijo mucho más…

[Gerardo Hochman]: Pero yo me di cuenta enseguida que era una gimnasta por su biotipo físico, por su energía, por su forma de moverse. 

[Aneris]: Él es Gerardo Hochman, el director de la escuela de circo en ese momento y también el profesor de acrobacia. Las clases en la escuela eran grupales pero Gerardo trabajaba con cada alumno de manera diferente, de acuerdo a sus necesidades. De entrada entendió cuál sería el primer desafío de Gabriela. 

[Gerardo]: Ella también en ese momento se enfrentó con esta cuestión creativa de no tener un modelo, ¿no? De no tener una rutina a repetir, sino algo a inventar. 

[Aneris]: La capacidad de improvisación, aquello que le nacía naturalmente a los cuatro años, la había perdido por completo luego de tantos años de estar enfrascada en los movimientos rígidos y precisos de la gimnasia artística. Así que Gerardo empezó a trabajar en eso, a proponerle ejercicios que la sacaran del molde. Y funcionó…

[Gabriela]:  Ahí empezó en algún punto también a dialogar mi Gabi de gimnasta chiquita, de las exhibiciones, de las improvisaciones, de lo que jugaba. 

[Aneris]: A sus 20 años, Gabriela estaba volviendo a jugar. A jugar usando su cuerpo. 

Gerardo recuerda que a veces le hacía correcciones para que los movimientos fueran más fáciles… 

[Gerardo]: Y ella de sorprenderse, ¿no? de decir ah, qué fácil o qué disfrutable y no me exige ese máximo muscular, ¿no? De encontrar algunos eso, algunos modos de comportarse físicamente más amables también para el cuerpo y que hacen que, bueno, que un cuerpo que vino como muy entrenado y también muy machacado, digamos, encuentre otro disfrute, otro placer en hacerlo y una manera más blanda.

[Aneris]: Gabriela lo agradecía porque, para ese momento, ya tenía algo claro. 

[Gabriela]: Además del espíritu de la competencia, quise dejar de lado la sensación de riesgo físico, de lesión  y de vida o muerte.

[Aneris]: En esta nueva etapa, Gabriela podía elegir. Evitaba la báscula o la cama elástica, por ejemplo. Cualquier ejercicio que comprometiera su cuerpo. Prefería las acrobacias de suelo donde podía combinar todo su lenguaje corporal con la danza y el teatro. Y así, muy pronto, el circo se convertiría para Gabriela en una especie de laboratorio. El laboratorio para construir su nueva identidad.  

[Gabriela]:  El tipo de educación que tuve en la gimnasia siempre esa devolución del bien, el mal, esto, lo otro, flaco, gordo, prolijo, desprolijo, era algo que te decía otro. No era una autopercepción. Yo esa autopercepción la empecé a construir en el circo. 

Yo empecé a sentir que no, que al revés. Había que estar un poco como ser rara, ser friki, ser como poco fuera del sistema, ¿viste? En ese sentido, como bueno, tenés espalda grande, mostrá tu espalda grande, tenés esos rulos no sé qué, soltátelos, úsalos. 

[Aneris]: Ya no tenía que llevar el pelo tirante recogido en un moño como había hecho durante casi toda su vida. 

Para Gabriela era todo demasiado diferente a lo que estaba acostumbrada,  tenía que cambiar por completo la lógica que dominaba su cabeza. Una lógica que su mamá también conocía muy bien. 

[Claudia]: Vos pensá que en la gimnasia, en aquel tiempo, sobre todo la calificación, es al error. O sea, arrancan de diez y le descuentan los errores. Están todo el tiempo mirando a ver en qué se equivocan. 

[Aneris]: En el circo, en cambio, se celebraban los logros. 

[Gerardo]: Una vez que vos ingresas a una familia artística, adentro no hay competencia, hay solidaridad.

[Aneris]: Una solidaridad que no había sentido nunca. Por eso se quedó ahí tiempo completo. 

Fue como volver a recobrar una niñez perdida. Dejó arquitectura, empezó a participar en los espectáculos con sus compañeros y se anotó en la formación profesional de artes circenses que tenía la escuela. Y para todos a su alrededor era claro que ahora era otra.

[Claudia]: Toda su creatividad volcada ahí adentro. Estaba feliz de la vida, feliz. 

[Gerardo]: Me da la sensación que Gabi se refundó, que se reseteó.

[Aneris]: Sin saberlo, Gabriela había encontrado en Gerardo al mejor profesor posible para acompañar su proceso. Él también había tenido un pasado como deportista profesional. Desde su infancia y durante 20 años había jugado al voley y era muy bueno. Pero un día rechazó a la selección nacional para dedicarse al arte. 

[Gerardo]: En algún momento me di cuenta que no quería competir. Como que no quería ganarle a nadie y entonces dejé de ser deportista. No es que haya sido una revelación de un día para el otro, pero sí fue un proceso en el que me fui dando cuenta de que no quería ganarle a nadie.

[Aneris]: Algo parecido a lo que sintió Gabriela cuando vio a la nena sobre la viga.  Gerardo podía entender claramente por lo que ella estaba pasando.

[Gerardo]: Sí recuerdo haberle dicho en algún momento que tenía que dejar de ser una ex gimnasta, con todo lo que tiene la carga de la palabra ex, más que la palabra gimnasta, ¿no? De ser un ex alguien y empezar a asumirse como una acróbata presente. 

[Aneris]: No se trataba de renegar del pasado, sino de aprender de él. Tomando lo que le servía y dejando atrás lo que ya no quería para su vida. Entendiendo, también, que pueden ser muchas las cosas que definen nuestra identidad. Y que una identidad se define cada día, con lo que hacemos, y cambia, siempre cambia. Y eso estaba bien. 

[Gabriela]: Hubo algo que yo terminé también como de sanar de mi cuerpo en el ambiente del circo mucho. Dentro de ese mundo rápidamente tuve un lugar singularizado en ese ecosistema. Fue un lugar en donde encontré mucha identidad. Pasé de ser la gimnasta a la acróbata.  

[Aneris]: Y ya no tendría ningún torneo al que llegar. 

[Daniel]: Gabriela escribió y protagoniza “Consagrada”, una obra de teatro biográfica en donde narra su experiencia en la gimnasia de alta competición. Llegó a presentarla en el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo de la Argentina, donde entrenan deportistas de todo el país. El mismo lugar donde todos los días la pesaban para ver si había bajado los 100 gramos. 

Aneris Casassus es productora de Radio Ambulante y vive en Buenos Aires. 

Este episodio fue editado por Camila Segura y por mí. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri, con música de Ana Tuirán, Remy Lozano y Andrés. 

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Adriana Bernal, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Camilo Jiménez Santofimio, Germán Montoya, Sara Selva Ortiz, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Juan Pablo Santos, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Luis Fernando Vargas y Mariana Zuñiga.

Carolina Guerrero es la CEO. 

Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Si te gustó este episodio y quieres que sigamos haciendo periodismo independiente sobre América Latina, apóyanos a través de Deambulantes, nuestro programa de membresías. Visita radioambulante.org/donar y ayúdanos a seguir narrando la región.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

Créditos

PRODUCCIÓN
Aneris Casassus


EDICIÓN
Camila Segura y Daniel Alarcón


DISEÑO DE SONIDO
Andrés Azpiri


MÚSICA
Andrés Azpiri, Rémy Lozano y Ana Tuirán


VERIFICACIÓN DE DATOS
Bruno Scelza


ILUSTRACIÓN
Carolina Fung


PAÍS
Argentina


TEMPORADA 15
Episodio 27


PUBLICADO EL
4/7/2026

Comments