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Transcripción: Cuando La Habana era friki

Cuando la Habana era friki
Luis Trelles
22 minutos 

 

[“Chivo Groove”, Gustavo Santaolalla]

María Gattorno: Bueno, un friki era…. Ellos eran aficionados a la música rock.

Dionisio Arce: Los frikis era más bien los que eran fan a los gringos.

Juan Carlos Torrente: Tienes una imagen, una imagen metalera, es decir, tienes el  pelo largo o estás pelado calvo, tienes una cresta punk o te pones manía de pincho, te vistes de negro, te pones t-shirts de bandas alegóricas al género entonces eres un friki, ¿entiendes?

[“Hanuman”, Rodrigo y Gabriela]

Daniel Alarcón: Escuchar música metalera quizás no era una novedad en muchas ciudades latinoamericanas durante los 80s y los 90s. Pero en La Habana…

María Gattorno: Mira yo creo que ser rockero en esa época era estar loco, porque era enfrentarte a un mundo en el que tenías casi todo en contra….

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Hoy, “Cuando La Habana era Friki”, la historia de una tribu urbana y sus desencuentros con la revolución. Desde Cuba, Luis Trelles nos cuenta.

Luis Trelles: Para entender la historia de los frikis en Cuba, primero hay que entender que en la isla, después de la revolución, todo adquirió una carga ideológica. Hasta la música.

[“Love Me Do”, The Beatles]

Luis Trelles: Era la década del 60, y la nueva onda del rock se convertía en la música del enemigo. Aún así, la gente buscaba la manera de escuchar la música que quería. Uno de ellos era…

Dionisio Arce: Me llamo Dionisio Arce Cans. Soy cantante y director de la agrupación Zeus.  Me dedico a mover la banda de metal más legendaria del país hace 25 años.

Luis Trelles: Pero mucho antes de ser el cantante del grupo, cuando era adolescente, Dionisio descubrió la música que le gustaba así:

[Sonido de estática radio FM, pasando por estaciones gringas]

Dionisio Arce: Aquí venían unos radios que tenían frecuencia modulada y por las antenas tu cogías todas las emisoras gringas.

Y entonces todos los jóvenes nos íbamos a la costa a bañarnos en la playa y poníamos las radios con las antenas y estábamos escuchando toda la música americana.

[“Stayin Alive”, The Bee Gees]

Luis Trelles: Corrían los años 70 y lo que escuchaban era una mezcolanza de funk, rock progresivo y hasta disco: bandas como los Bee Gees, KC & The Sunshine Band y Emerson, Lake and Palmer…

Dionisio Arce: Era lo que más consumíamos y era lo que más prohibían en aquella época.  Tú sabes cómo son los jóvenes, los jóvenes no haces más que prohibirles algo y eso es lo que van a hacer ellos…

Luis Trelles: Ya para los 80 la música disco había muerto, y en la isla se empezaba a escuchar el sonido más agresivo de bandas como Metallica y Megadeath.

Dionisio Arce: Y generalmente todos, todos, todos, todos los jóvenes le fueron arriba al metal. Y ahí ya yo me incliné por esa música, me gustó, la entendí, me sensibilicé con ella y me quedé. Ya no consumo otra cosa que no sea heavy metal.

Luis Trelles: Era el inicio de la escena metalera de Cuba, y con ella surgió toda una contracultura de chicos conocidos como “frikis”. Esta es una etiqueta difusa, difícil de definir. Dionisio cuenta que en un principio.

Dionisio Arce: Los frikis no eran más que jóvenes que consumían música rock and roll y se vestían diferente a como se vestían las demás personas. Por ejemplo, apretaban su pantalón y se ponían los pullovers bien apretados.

Luis Trelles: Poco a poco la estética se hizo más extrema, hasta que el término “friki” quedó asociado a los metaleros melenudos y a su afición por las calaveras. Juan Carlos Torrente lleva el nombre con orgullo. Él es un cantante de death metal -del grupo Combat Noise- y se define a sí mismo de esta manera:

Juan Carlos Torrente: Yo soy friki, friki. Yo voy por la calle a todos lados que yo voy, yo voy como soy, con mi pelo suelto, un moño, vestido de negro, con mis botas y yo soy friki, ¿entiendes?

Luis Trelles: En los 80, sin embargo, el solo hecho de vestirse así te ponía en riesgo.

Dionisio Arce: Te cogían preso por nada, por tener el pantalón apretado y por llevar el cabello un poquito largo, no tan largo como lo llevo yo que lo llevo por la cintura ahora.  No, por aquí por los hombros ya te cogían preso y te querían pelar y hay veces que te pelaban.

Luis Trelles: A pesar del acoso, la escena del metal crecía, impulsada por los álbumes de bandas extranjeras que corrían de mano en mano.

Juan Carlos Torrente: Si venía alguien de Estados Unidos y me traía a mi cuatro casetes de fábrica o grabados de Testament, de Slayer, pues no sé, las tenía yo na más. Pero sin darnos cuenta todos comprendimos que teníamos que distribuirnos la música entre todos.

Luis Trelles: Ese intercambio unía a los frikis y también los llevaba a dar el próximo paso.

Juan Carlos Torrente: Y entonces la música te da por hacer bandas.  Si tú eres friki y eres metalero y disfrutas la música, tu dices “tengo que hacer un grupo”.

Luis Trelles: Para las bandas que se formaban, encontrar un lugar donde tocar en vivo era una tarea casi imposible. No había espacio para el metal en los clubes y las salas de concierto. La única alternativa era tocar…

Dionisio Arce: En fiestas en casas. Que también podían ser suspendidas por la propia policía porque eso era un escándalo. Llegaban y te suspendían la fiesta igual, “no puedes tocar más y ya.  Recoge tus cosas y vete”.

Luis Trelles: A los frikis los acusaban de “diversionismo ideológico” es decir, de que su música representaba un desvío de los valores socialistas del país.

Dionisio Arce: Y más en un sistema social donde todo lo que se movía alrededor era trova, música popular contemporánea y música tradicional.

Luis Trelles: La revolución quería crear a un hombre nuevo, acicalado y vestido con una guayabera bien planchada. Un hombre que escuchara esto:

[“La era está pariendo un corazón”, Silvio Rodríguez]

Luis Trelles: Los frikis, en cambio, andaban por toda la ciudad subiéndole el volumen a esto:

[“Misioneros del rock”, Metal Oscuro]

Luis Trelles: Con muy pocos lugares para tocar y sin ni siquiera poder vestirse como querían sin correr peligro, los frikis se quedaban sin opciones.

Hasta que el movimiento se encontró con una persona clave.

María Gattorno: Bueno yo me llamo María Gattorno.  Eh, mi historia es un poco más larga…

Luis Trelles: María no era metalera.  Al contrario, era una burócrata de 37 años, de facciones delicadas y modales suaves, que coordinaba las actividades en un centro comunal de la ciudad, una Casa de la Cultura con una programación muy convencional.

[¨Danzón Barroco”, Maraca]

María Gattorno: Estaban las noches en las que se podía bailar danzón, o se presentaban grupos de danza en ruedas de casino y estaban los boleristas, los trovadores como te decía…

Luis Trelles: Los rockeros, sin embargo, tenían otra visión del lugar.

Dionisio Arce: Todos los días, lo único que se hacía en esa Casa de Cultura era jugar dominó.

Luis Trelles: Un día, a finales de 1987, María estaba en la casa de la cultura y alguien tocó a la puerta. Abrió y se encontró con tres adolescentes que llevaban camisetas de bandas gringas y vaqueros rotos. Le preguntaron:

María Gattorno: “¿Esto es una casa de la cultura?”, “sí”, “y bueno, ¿quién es la persona que da aquí los espacios?”, “Ah yo, vamos a hablar”. “Bueno, nosotros somos un grupo de rockeros”, “ah, qué bien, qué bueno, qué interesante”. Y bueno, ¿dónde ensayan?”, “pues en el parque del Cerro allí”, “ah, ¿cómo que en un parque?”, “sí, por eso venimos, porque nos van a matar…

[“Up with people”, Lambchop]

María Gattorno: Y nos sugirieron que buscaramos un lugar donde ensayar… En nuestras casas no podemos, no hay espacio, nuestros padres no nos entienden y alguien dijo de esta Casa de la Cultura y hemos llegado aquí por casualidad.

Luis Trelles: María entendió perfectamente. 20 años atrás, había escuchado los discos de los Beatles a escondidas y recordaba a todos los amigos a los que cogieron presos por tener el pelo largo. Por eso no dudó en ayudar a los chicos que se le acercaban ahora.

María Gattorno: Y ellos seguían con sus pelos largos y querían seguir tocando cosas a su gusto y bueno si era rock, pues rock y hubiera sido monstruoso decirles que no.

Luis Trelles: Una vez que entró la primera banda llegó otra y luego otra más. Venían de todos los rincones de la ciudad, de lugares que María nunca había escuchado antes, y eso le provocó una gran curiosidad.

María Gattorno: Yo quería saber quienes eran esos jóvenes que andaban por la ciudad rockeando y que había tantos grupos, vamos a hacer una peña de rock aquí, ¿por qué no?

Y mandé a buscar, que se corriera la bola, que yo quería hacer una reunión con todos los grupos de rock de la ciudad. Y vinieron.

Luis Trelles: En esa gran reunión con todas las bandas, María les propuso la idea de crear un espacio para ellos dentro de la Casa de la Cultura. Ya no tendrían que ensayar más en el parque, en la casa tendrían un horario regular y una noche a la semana para los conciertos.

María Gattorno: Se reían de mí, pero… ay, eso no va a poder ser. Pero…

Dionisio Arce: No tenía escenario, no tenía ná.  Bien cutre la casa, falta de pintura aquello, lo más grande de la vida.

María Gattorno: Ellos mismos se quedaron: esta señora está mal.

Luis Trelles: Los grupos estaban tan acostumbrados a que todo fuera tan difícil, a que los botaran de todas partes, que sólo veían los obstáculos.

María Gattorno: Yo tengo los instrumentos en Arroyo Naranjo cómo voy a traerlos hasta acá… Bueno se alquila un camión, pero un camión no va a ir, que no va a haber gasolina. Y sí, sí era difícil, tenían razón, pero yo también.  Los dos tuvimos razón, pero al final yo gané.

[“People’s market”, Clutchy Hopkins]

Luis Trelles: La Casa de la Cultura quedaba lejos del pintoresco malecón y La Habana Vieja. Estaba en el barrio de La Timba, donde no se ven carros clásicos de los 50, sino viejos modelos rusos que se han remendado con piezas mohosas. Se trata de un barrio decididamente marginal, donde los más viejitos se sientan en las aceras con sus radios portátiles para escuchar salsa.

[“Hay fuego en el 23”, Arsenio Rodríguez ]

Luis Trelles: Y en una esquina cualquiera está la casa de la cultura. Es un poco más grande que las demás y eso la hace diferente.  También tiene una fachada de columnas que le da un aire señorial y un gran patio rectangular de cemento a un lado.

Fue ahí donde se llevó a cabo el primer concierto en 1988.

María Gattorno: El patio fue bautizado con sangre un 17 de septiembre Día de San Lázaro. Icónico. Era mucha ansiedad. Era mucha expectativa, era… La escena rock de los aficionados, de los seguidores de la música rock, estaba muy atomizada y eran muy ortodoxos. “Yo soy fan del grupo tal o de la tendencia tal y aquellos son unos anormales porque no la oyen bien y estos no me entienden y no saben nada”.

[“Gordon Twain”, Tiny Hawks]

Dionisio Arce: Eran muchas manifestaciones, porque era punk, era sinfónico, era heavy metal, era hard rock, era trash, era death metal, era… De todo había allí.

Luis Trelles: Más la gente del barrio, que se sentían invadidos.

María Gattorno: “¿Y esta gente, qué hacen en mi territorio?”.  Y se armó una bien fea, no creas.

[SFX sonido público en vivo]

Juan Carlos Torrente: Y el concierto acabó en una pelea espectacular, una bronca espectacular con la gente del barrio.

María Gattorno: Se fajaron todos, y se convirtió en una riña tumultuaria.

Juan Carlos Torrente: Yo acabé con tres machetazos en la espalda, 36 puntos que tengo ahí marcado como recuerdo de lo que fue la primera noche en el Patio de María.

[“We’re A Family”, Dave Porter]

María Gattorno: Yo pensé que era el fin. Estuve tres días acostada con la cabeza tapada: “ay fracasé, rotundamente”.

Juan Carlos Torrente: Pero bueno a partir de ahí ya todo se normalizó.  Las fuerzas contendientes se miraron las caras, ¿me entiendes? y de pronto lo que hicimos fue entrecruzarnos con ellos, comunicarnos y al final entre malos nos hicimos amigos todos.

[“Kt”, Bexar Bexar]

Luis Trelles: Luego de eso no pasó otro fin de semana sin un concierto, por más difícil que fuera conseguir los instrumentos. En una isla marcada por la escasez, sobre todo después de la caída de la Unión Soviética a principios de los 90, las bandas del patio tocaban con baterías hechas con láminas de Rayos X y cables de teléfono que reemplazaban las cuerdas de guitarra.

Juan Carlos Torrente: Nosotros tocábamos con guitarras rusas, con guitarras alemanas, guitarras eléctricas de campo socialista, viejas, malísimas. Era terrible… a veces muchas bandas desaparecieron porque no tenían cuerdas de guitarra o porque no tenían amplificadores, o se rompía la bocina y sí se arreglaba pero después se rompía el amplificador y después no había forma de conseguir otro amplificar o no había micrófonos para cantar, es decir que era muy muy difícil hacer una banda aquí.

Luis Trelles: Se le llamaba rock a todo lo que se tocaba en el patio, pero lo que más sonaba era el metal y el punk.

Y lo hacían en español:

[“Violento Metrobus”, Zeus]

Luis Trelles: En inglés

[“Hell”,  Cosa Nostra Cuban Punk]

Luis Trelles: Y en el lenguaje universal del death metal:

[“Soldiers Must Like To Kill”, Combat Noise]

Luis Trelles: El nombre oficial de la casa — La Casa de la Cultura Roberto Branley — fue quedando en el olvido. Ahora simplemente se hablaba del Patio de María.

Las paredes de afuera se llenaron de grafitis, se construyó una pequeña tarima al aire libre y se le añadió un sistema de sonido.

Comenzaba la década del 90, y aunque no era mucho, los frikis por fin tenían su lugar en la vida cultural de la capital.

[“The Tea Party”, Dexter Britain]

Luis Trelles: Fue en esa época que la comunidad se enfrentó a un nuevo enemigo: el SIDA. Una epidemia que le pegó duro a muchos en la isla pero, particularmente, a los frikis.

Juan Carlos Torrente: Cuando llegó el SIDA a Cuba fue algo terrible, ¿no?.

Yo tengo anécdotas terribles de aquella época porque los rockeros padecieron mucho de eso y  varios amigos y amigas murieron de SIDA. Colegas que andaban conmigo…

María Gattorno: Aquí en Cuba existía la información de que se estaban dando muchos casos, pero ese tema no se trataba de manera muy explícita.  Te estoy hablando del 90, 91.  Es cuando yo llego a encontrarme con la realidad del fenómeno.

Luis Trelles: La realidad era simple: una epidemia se expandía por toda la isla. Y los más amenazados eran los jóvenes, los de 15 a 21 años. Las autoridades de salud pública buscaban la manera de educarlos. En esa búsqueda encontraron a cientos de frikis en el patio de María con una vida sexual muy activa y de muy alto riesgo.

Juan Carlos Torrente: Para decirlo como lo dicen los cubanos, todos templábamos sin condón. No, me imagino que el mundo entero. Todo el mundo templaba sin condón.

Luis Trelles:La respuesta que se ingenió María, fue involucrar a todas las bandas del patio en un proyecto de apoyo y prevención que se llamó Rock Contra SIDA.

Dionisio Arce: Eso fue una cosa increíble. Las donaciones que se hacían en el patio de María, conciertos de rock que recaudaban 15 mil pesos y los grupos los donaban para los enfermos de sida.

Luis Trelles: El patio se llenó de materiales de educación sexual, sobre todo de preservativos en cantidades industriales. Toda una generación de frikis aprendía a tener sexo con protección.

María Gattorno: Mira los condones ya se lograban especializaciones… condones de determinado color… Yo era la que tenía la tarea de “oye, los rojos déjaselos a fulanito y los negros a menganito y si hay amarillos acuérdate de mensutanita”.

[“A Pause For Reflection”, Trent Reznor & Atticus Ross]

Luis Trelles: Rock Contra SIDA duró cuatro años y su éxito llevó a María a experimentar. Había visto los cambios que se podían lograr en el Patio, así que expandió el programa para trabajar con problemas de alcoholismo y drogadicción, sobre todo con las pastillas, que era la droga más común entre los frikis.

Pero esta vez fue diferente a Rock Contra SIDA pues la posición oficial era clara: en Cuba no había problemas de drogas.

María Gattorno: Porque decían que el que se tocara el tema de las adicciones, lo que iba a lograr con ello es que los muchachos se interesaran por este tipo de drogas y en vez de evitarlo, lo que yo hacía era incentivarlo.

Luis Trelles: María estaba acostumbrada a encontrar resistencia, pero nunca antes la habían obligado a detener por completo una de sus iniciativas.  Aunque luchó por mantenerlo vivo, al final el programa contra la adicción a drogas quedó descontinuado. Mientras tanto, el Patio de María seguía tan popular como siempre. Quizás por eso fue que el final los tomó a todos por sorpresa.

[“Half Light”, Lanterna]

Juan Carlos Torrente: Llegó un momento donde la gente no cabía dentro del Patio de María.  Estaba repleto con aquello a toda voz sonando a todo volumen.  Estaba todo eso lleno de frikis melenudos.  La marea negra nos decían, así que te puedes imaginar.  Y de pronto nos cerraron el Patio de María.

Luis Trelles: El cierre fue tan abrupto, que todavía abundan las teorías para explicar por qué pasó.  Quizás tuvo que ver con la ubicación.  A solo cuadras de la Plaza de la Revolución, el patio — junto con el barrio de La Timba — era el vecino revoltoso del área, y algunos metaleros piensan que las autoridades quisieron reformar el vecindario.

Las drogas también jugaron un papel. Fue irónico: a María le prohibieron continuar con su proyecto de prevención y luego el patio cayó en una redada anti-drogas de la policía.

María y los frikis dieron la pelea para reabrirlo, pero nada funcionó.  En    un momento dado, Dionisio habló con un alto funcionario del ministerio de cultura para hacerle la pregunta que estaba en boca de todos, ¿por qué?

Dionisio Arce: Y me dijo “yo no te puedo dar respuesta, pero el cierre del Patio viene de arriba.  Olvídate del Patio, Dionisio”.

[“Blumenwiese neben Autobahn”, Ulrich Schnauss]

María Gattorno: Para mí fue como si me hubieran arrancado la mitad de mi vida. Fueron los años de labor de trabajo de mi juventud, un proyecto de vida al que le había dedicado todo.  Y caí, pero bien profundo, bien profundo. Y me aparté absolutamente de todo.

Luis Trelles: Con el cierre culminaba un ciclo que había comenzado 15 años antes, con el primer concierto en el patio, y los frikis de La Habana se volvían a quedar sin un espacio propio.

[Fade In Rumba]

Habitante del patio:  -Siéntate

Luis Trelles: -¿Dónde estamos?

Habitante del patio: -Mira, estamos en el Patio de María.  Un Patio antiguo de diversión, de cosas de rockeros, el patio de aquí de El Barrio de La Timba.

Luis Trelles: Ella es una de las nuevas residentes del patio, que hoy en día funciona como un refugio para personas sin hogar… Hace varios años que la casa de la cultura ya no está en este lugar, pero todavía hay gente que llega de fuera, haciendo una suerte de peregrinaje. Como yo, que he venido desde Puerto Rico, siguiendo el rastro de los frikis.

Habitante del patio: Pero no sólo tú, Luis. Otros compañeros, otros… no les vamos a decir extranjeros, colegas, porque somos humanos, somos del planeta, otros amigos han venido y han preguntado, porque este sitio sale en la guía turística de Cuba…

Luis Trelles: Es cierto, El Patio de María todavía aparece en algunas guías antiguas, donde se identifica como el mejor lugar de La Habana para ir a escuchar rock.  Pero no lo es, claro. En mi visita al antiguo patio vi a varios hombres de mediana edad que dormitaban bajo el sol mientras escuchaban una rumba. Pero no vi ninguna guitarra soviética, ningún tambor hecho de radiografía, y por supuesto ningún friki.

¿Dónde están?

[Zeus en vivo en el Maxim]

Luis Trelles: Es sábado en la noche y cientos de chicos llenan el Teatro Máxim Rock.  Algunos no parecen tener más de 15 años, y luchan por abrirse camino entre los frikis más viejos, quienes se amontonan frente a las bocinas del escenario para sacudir sus melenas al ritmo de la música.

Dionisio Arce: Ya tienes una sala con aire acondicionado, techada, con luces, sonido espectacular, con una barra para tomar ron, para tomar refresco, lo que tú quieras, qué sé yo…

Luis Trelles: El Máxim se fundó en el 2008 para que fuera el teatro oficial del rock y del metal en La Habana. No cayó del cielo, claro. Las bandas tuvieron que hacer mucho ruido para conseguirlo, pero su apertura marcó una transformación muy grande.

Dionisio Arce: Hemos tenido un cambio de 180 para bien, porque del Patio de María al Maxim Rock va un buen trecho.

Luis Trelles: El Máxim no es solo una sala de conciertos, también es la sede de la Agencia Cubana del Rock, una oficina de gobierno que representa a los grupos profesionales de La Habana, lo que que quiere decir que el estado ahora le paga a las bandas que forman parte de la Agencia.

María tampoco se quedó afuera.  Su exilio autoimpuesto concluyó a principios de este año, cuando aceptó ser la nueva directora de esta agencia.

[“Ambient”, Antony Raijekov]

El reto que tiene por delante es claro: ahora que el gobierno apoya a las bandas con salarios y un teatro, hay presión para que el proyecto haga dinero. Todos, hasta los frikis, tienen que ser rentables. Es que así es el nuevo socialismo cubano.

Luis Trelles: De vuelta al escenario en el Maxim, Dionisio cierra el concierto de la noche con su banda, Zeus.  Pero antes de terminar, hace una pausa…

Dionisio Arce: Somos directamente de 37 entre Paseo y Dos, del Patio de María

Luis Trelles: Es un recordatorio importante: los Frikis vienen del Patio de María, donde no había luces, ni presiones de dinero, ni tarimas modernas, y lo único que importaba era la música.

[“Guantanamera”, Pitbull]

Daniel Alarcón: Luis Trelles es productor de Radio Ambulante, y Soros Justice Fellow  del Open Society Foundation. Vive en San Juan, Puerto Rico. En nuestra página web, pueden ver una galería de fotos y videos de la marea negra, los melenudos frikis de La Habana, que Luis ha preparado.

Esta historia fue editada por Camila Segura y por mi, Daniel Alarcón, y mezclada entre Luis, Camila y yo. El equipo incluye a Silvia Viñas, Laurie Ignacio, Martina Castro, David Pastor y Diana Buendía. Carolina Guerrero es Directora Ejecutiva. Para esta historia, usamos los estudios de Radio Universidad de Puerto Rico en Río Piedras.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más, visita nuestra página web, radioambulante.org.

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