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Transcripción: Deuda


Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

 

Y antes de comenzar quiero advertirles: en este episodio de Radio Ambulante hay muchos números. Muchas cifras. Términos y conceptos complicados que realmente aquí, dentro del equipo editorial, nos costó un poco de trabajo descifrar.

 

Y precisamente por eso, porque hoy vamos a hablar de detalles de la economía que pueden parecer un tanto esotéricos, lejanos, abstractos, precisamente por eso quiero comenzar aquí, con una escena sencilla: frente al portón de una escuela pública del pueblo de Manatí, en la costa norte de Puerto Rico.Con Hiromi, una niña de 7 años.

 

Luis Trelles: ¿Aquí era donde tú estudiabas?

 

Hiromi: Ajá.

 

Daniel: Con Hiromi, una niña de 7 años.

 

Luis: ¿En qué grado tú estudiabas aquí?

 

Hiromi: Kinder.

 

Luis: ¿Y la extrañas?

 

Hiromi: Sí.

 

Daniel: Nuestro productor Luis Trelles acompañó a Hiromi a la escuela primaria donde solía estudiar. Hoy en día la escuela está completamente abandonada. Paredes descascaradas, los arbustos casi tan altos como Hiromi misma. Es difícil imaginar que hasta hace poco este lugar estuvo lleno de niños.

 

Tania Ginés: A veces la vecina que está al frente la limpia.  

 

Daniel: Esta es Tania Ginés, la mamá de Hiromi.

 

Tania: Entre los vecinos pues la limpian, le cortan la grama y le dan un poquito de mantenimiento, porque se ve, se ve bien fea… Las puertas abiertas. Todo. Los baños… abiertos.  

Daniel: La escuela José Meléndez Ayala se encuentra en Boquillas, un barrio rural del pueblo. En mayo del 2014, el Departamento de Educación del gobierno de Puerto Rico la mandó a cerrar. Y para muchos vecinos el cierre fue un golpe durísimo. Porque, de muchas maneras, la escuela era el centro de esta comunidad:

 

Tania: Ahí tú llegabas, todo el mundo se conocía, todos los niños eran de la comunidad. Esta escuela lleva 91 años donde está. Yo estudié allí, mis hermanos estudiamos ahí.  Yo crecí viendo a mis padres, ¿verdad?, dando su labor voluntaria, sábado, domingo, limpiando escuela, arreglando.

 

Daniel: En Boquillas la gran mayoría de los estudiantes viven bajo el nivel de pobreza. La propia Tania está desempleada y tiene dos hijos mayores que también estudiaron en esa misma escuela. Y eso no es lo peor del caso. Porque cuando uno vive en en un lugar como Boquillas, escenas como esta pueden ser demasiado frecuentes:

 

Tania: Hace poco aquí mismo, a las tres de la tarde, cerraron toda la calle. Estuvimos hasta las ocho de la noche sin poder entrar a nuestra casa. Se formó un tiroteo, heridos y todo y entonces cerraron toda la carretera, todo este trayecto.

 

Luis: ¿Pero tú crees que vinculado a tráfico de drogas?

 

Tania: Sí. Entiendo que sí. Sí.

 

Daniel: Por eso la escuela era un lugar tan importante. Era el sitio donde los chicos podían sentirse seguros y donde quizás podrían encontrar una alternativa para el futuro. Pero estos espacios, escuelas como ésta alrededor de Puerto Rico, están desapareciendo. El gobierno ha cerrado más de 100 escuelas en los últimos dos años.

 

Y para entender por qué, primero hay que escuchar esto:

 

Gobernador: La deuda pública, considerando el nivel de actividad económica actual, es impagable.

 

Daniel: Nuestro productor Luis Trelles lleva unos meses trabajando en esta historia desde Puerto Rico. Luis, este audio… ¿quién es ese señor?

 

Luis: Pues ese es el gobernador de Puerto Rico y el audio viene de un anuncio que hizo en junio del 2015 para anunciar que la isla tenía una deuda de 70 mil millones de dólares. Y si lo piensas, eso es muchísimo dinero para una isla muy pequeña en el medio del Caribe con una población de 3.5 millones de habitantes. Pero eso no fue lo único que dijo. Porque la otra parte del anuncio era que era imposible pagar esa deuda en su totalidad.

 

Gobernador: La meta será posponer por un número de años los pagos de la deuda.

 

Daniel: Wow. Entonces, ¿cómo así que no pueden pagar? O sea, ¿a quién le deben tanta plata?

 

Luis: Pues a miles de instituciones que le prestaron al gobierno. Bancos y fondos de inversión de Estados Unidos. Pero también a individuos, a inversionistas individuales, a puertorriqueños que le prestaron dinero al gobierno.

 

Daniel: ¿Y te acuerdas dónde estabas cuando escuchaste ese mensaje?

 

Luis: Pues sí, yo estaba fuera de la isla. Estaba en un viaje de trabajo en Guatemala. Pero recuerdo perfectamente ver el anuncio del gobernador por internet y… no lo podía creer, Daniel. Mi primera reacción fue: “¿Cómo llegamos a endeudarnos de esta manera?”

 

Daniel: Entonces hoy Luis va a intentar responder esa pregunta, y otras. ¿Cómo se llega a este punto? Y aún más importante: ¿qué pasa después, cuando Puerto Rico no puede pagar? Es una historia que termina con despidos, pensiones en peligro y en colegios –como el de Hiromi– cerrados.

 

Y lo que pasa es que no siempre fue así.  

 

Luis: Parece que fue hace siglos, pero entre los años cincuenta y los años ochenta, Puerto Rico tenía un modelo de desarrollo económico que muchos países –tanto en Latinoamérica como el Caribe– seguían.

 

Noticiero #1: Observan una fábrica de hormonas de Hato Rey, que es la aportación que hace Puerto Rico a la ciencia médica.  

 

Noticiero #2: Las cámaras del noticiero captan tres de las nuevas fábricas que ya están expandiendo sus operaciones.  

 

Noticiero #3: La inauguración de una nueva institución, concretamente la número 100, que se pone en funcionamiento constituye evento de trascendental importancia.

 

Luis: Bueno, esos son mensajes de los noticieros del gobierno de los años sesenta y cincuenta. Era una manera de anunciarle a la población la industrialización acelerada que se estaba llevando a cabo en la isla. Y los clips salen como de una especie de cápsula de tiempo, de una época que vamos a llamar aquí “La era de la 936”. Y obviamente nadie que no sea de Puerto Rico va a entender qué significa eso.

Pero antes de explicarlo quiero presentar a Teresa García. Ella trabajó en una de esas fábricas que acabamos de escuchar en los noticieros. Era química farmacéutica. Imagínatela en bata blanca, Daniel, rodeada de probetas, con espumas y explosiones.

 

Teresa García: No, no es tanto como explosiones ni espumas. Yo comencé, sí, haciendo análisis, pero terminé supervisando laboratorios.

 

Luis: Eran los años setenta. Teresa era una madre joven, tenía dos hijos y una casa en los suburbios. La familia contaba con dos ingresos: el de ella y el de su marido. Eran la típica familia de la clase media puertorriqueña. Y Teresa, en el trabajo…

 

Teresa: Hacíamos Lomotil, que era para la diarrea. Hacíamos espironolactona, que esa era para la alta presión.

 

Luis: Y también hacían muchas otras drogas. En esa época, unas 75  farmacéuticas internacionales abrieron fábricas en la isla. Eso ayudó a que Puerto Rico llegara a tener miles de nuevos empleos.

 

Teresa: Y era que teníamos muchos incentivos para las compañías. Estaba la 936… Y para ellos era un paraíso.  

 

Luis: Teresa se refiere a un paraíso fiscal. Y ese paraíso estaba ligado a ese número que ya escuchamos: la 936. Es un número de un documento legal. Un código de los impuestos federales de Estados Unidos. Y lo que hay que entender es que ese código lo que hacía era que le abría el paso  a que compañías de Estados Unidos se instalaran en Puerto Rico.

 

Daniel: Luis, espera. Creo que tenemos que aclarar algo antes de seguir. Tiene que ver con el estatus político de Puerto Rico, que es un poco complicado, ¿no?

 

Luis: No sé ni por dónde empezar. Es una relación… difícil.

 

Teresa: Pues nosotros somos un territorio americano.

 

Daniel: Un territorio, no un estado.

 

Luis: Exacto. Una colonia, básicamente.

 

Teresa: Se nos aprobó una constitución en el 1952…

 

Luis: Para tomar decisiones con respecto a cómo vamos a manejar nuestro gobierno…

 

Teresa: Pero somos ciudadanos americanos, usamos la misma moneda. Podemos entrar sin ningún problema a los Estados Unidos.

 

Luis: Los puertorriqueños que vivimos en Puerto Rico no podemos votar por el presidente de Estados Unidos. Pero además no tenemos ni senadores ni congresistas que nos representen. Y esto es importante porque, al final del día, es el Congreso de Estados Unidos el que tiene la última palabra en los asuntos de la isla.

 

Daniel: Y me imagino que eso no es tan beneficioso.

 

Luis: Pues no creas, a veces sí. Por ejemplo, ese número del que hablábamos: 936. Ese decreto durante años le trajo cosas buenas a la isla. Como te dije, era un estímulo. Animaba a muchas compañías a que se mudaran a Puerto Rico. Así se salvaban de tener que pagar millones de dólares en impuestos a Washington. Y desde los años cincuenta, distintos decretos como el de la 936 se habían convertido en el motor del desarrollo económico en la isla. Por eso fue que llegaron todas esas compañías. Esas farmaceúticas que ya conocimos con Teresa.

 

Pero el gobierno de Puerto Rico también tenía que poner de su parte.

 

Daniel: Esa frase no la entiendo. “Poner de su parte”. ¿A qué se refiere?

 

Luis: Pues es importante que sepas que Puerto Rico, antes de los años cincuenta, estaba muy subdesarrollado. Y para que la 936 funcionara, todas las compañías que venían necesitaban una cosa: infraestructura. Calles. Carreteras. Educación. Grandes proyectos que por lo general se financian con bonos.

 

Daniel: Y para los que no saben lo que es un bono, ¿cómo lo defines?

 

Luis: Un bono es básicamente un papel. Pero no es cualquier tipo de papel. Es un papel que certifica un préstamo, en este caso un préstamo que se le hace al gobierno de Puerto Rico. O sea, una promesa de pago. Y con ese papel, el gobierno le garantiza al que compra los bonos que le va a pagar con intereses en una fecha determinada.

 

Daniel: ¿Quién los compra?

 

Luis: Todo el mundo: desde grandes fondos de inversión hasta ciudadanos comunes y corrientes.

Daniel: Ok. Entonces en Puerto Rico –como en casi todos los países del mundo– el gobierno vende bonos para financiar su propio desarrollo.

 

Luis: Exacto. Es absolutamente normal. Un gobierno no tiene ese dinero a la mano y por eso hace una emisión de bonos para conseguirlo. Y en Puerto Rico, comenzando en la década del setenta, los bonos trajeron miles de millones de dólares en inversiones a la isla.

 

Jorge Irizarry: Eso el gobierno dice “yo quiero tomar prestado”.

 

Luis: Este es Jorge Irizarry. Es un ex Director del Banco Gubernamental de Fomento de Puerto Rico. Es lo más cercano que hay en la isla a un banco central de gobierno. Y entre otras funciones, ese banco  hacía los bonos cuando el gobierno necesitaba dinero para proyectos de infraestructura.

 

Jorge: Cuando se va a tomar prestado, la legislatura tiene que decir: “autorizamos a que el gobierno tome prestado 500 millones para construir lo que sea: carreteras, acueductos…”

 

Daniel: Ok, Luis, para aclarar, entonces: cuando se aprueban bonos lo que se está haciendo realmente es aprobar deuda.

 

Luis: Sí, eso. Y los inversionistas compraban los bonos como si fuera pan caliente.

 

Daniel: ¿Y por qué?

 

Luis: Pues la razón es sencilla: los bonos de Puerto Rico tienen una característica muy especial, y es que no pagan impuestos. Esa es otra aparente ventaja de ser una colonia. Porque si compras un bono del estado de Nueva York o de California, esos bonos pagan impuestos a nivel local, pero también a nivel federal en Estados Unidos.

 

Jorge Irizarry me lo explicó así:

 

Jorge: Si compro un bono del tesoro de Estados Unidos, tributa. Si compro un bono del gobierno de Puerto Rico, no tributa. Era más o menos esa diferencia.

 

Luis: Entonces en los años noventa y ya entrados los años 2000, estos bonos puertorriqueños casi se vendían solos porque a los inversionistas les encanta todo lo que sea libre de impuestos.

 

Eso fue lo que me contó Rubén Rodríguez, un asesor financiero que se dedicaba a vender los bonos del gobierno a todo tipo de gente.

 

Rubén Rodríguez: Muchas veces en un mismo día se vendían billones de dólares. Era una locura. Muchas veces no se daba abasto y había gente que se quedaba afuera porque realmente querían comprarlo y ya se habían acabado.

 

Luis: Y aquí hay que aclarar que muchas veces los puertorriqueños eran los primeros de la fila para comprar estos bonos. Comenzando en los años noventa, la gente de la isla le ha apostado en grande al gobierno y ha puesto una buena parte de sus ahorros ahí. Jorge Irizarry, el ex director del banco del gobierno, me dio esta cifra en dólares que me sorprendió:

 

Jorge: 30 mil millones son bonos de Puerto Rico adquiridos por los puertorriqueños.

 

Daniel: Eso es mucha plata. Mucha. ¿Y quién invertía eso?

 

Luis: Pues, ese es uno de los grandes problemas de esta historia. Porque los inversionistas no eran millonarios, Daniel. Bueno, había algunas personas que sí tenían fortunas considerables. Pero mucha de la clase media puertorriqueña le entró a este juego de comprar bonos del gobierno. Doctores, abogados, ingenieros… Personas como Teresa.

 

Teresa: Una vez me retiré, mis ahorros los invertí en bonos de Puerto Rico, pensando de que era una inversión segura.

 

Luis: La inversión de Teresa va a ser mucho más importante un poco más adelante en esta historia. Pero por ahora hay que decir que la onda de los bonos se puso tan y tan de moda que mucha gente que lograba ahorrar un poco de dinero pues intentaba comprarlos.

 

Mientras investigaba este tema me topé con la historia de Edwin Batista.  En los años noventa, cuando apenas tenía 20 años, comenzó a invertir, y no eran sumas gigantescas. El chico era un universitario que trabajaba cocinando hamburguesas en McDonalds. Edwin Batista fue uno de los que comenzó con casi nada, invirtiendo lo poco que ganaba en su trabajo.

 

Edwin Batista: Un día yo logré ahorrar mis primeros tres mil dólares. Con todo, porque yo caminaba “como los codos”, como dicen en el país.

 

Daniel: ¿Como los codos?

 

Luis: Pues acá así es como se le dice a la gente tacaña. Y Edwin pues cuidaba muchísimo su dinero y por eso logró ahorrar.

 

Edwin: Y luego, cuando ya tenía un cúmulo importante, lo depositaba en inversiones. El 80% estaba en bonos del gobierno.

 

Daniel: Realmente no es el perfil que uno se espera de un inversionista, o sea…

 

Luis: No, pero le fue súper bien. En el caso de Edwin, lo que había comenzado con una serie de inversiones mínimas se convirtió en un fondo de cientos de miles de dólares.

 

Daniel: No, no lo puedo creer, hombre. O sea, ¿con tres mil dólares se hace una fortuna de cientos de miles?

 

Luis: Pues sí, y fue una combinación de dos cosas. Por un lado, Edwin invirtió cada centavo que ganaba. Y por el otro, los bonos de Puerto Rico dan un interés mucho más alto que la mayoría de los bonos en el mercado de Estados Unidos. Entonces, claro, sus inversiones…

 

Edwin: Sí fueron creciendo y creciendo sustancialmente.

 

Luis: Más adelante su plata se multiplicó cuando heredó los bonos de su papá. Su papá había sido un profesor universitario, de economía, obviamente, y llevaba toda la vida invirtiendo en bonos de Puerto Rico. Y le había ido excepcionalmente bien. Ya no se trataba de cientos de miles de dólares, sino de mucho, mucho más.

 

Edwin: Así que ya mi cartera ya pasaba de ser una cuenta interesante a ser una cuenta muy importante.

 

Luis: ¿Nos puedes dar una idea de cuánto dinero tenías invertido en todo esto?

 

Edwin: Eh… aproximadamente ya tendría casi dos millones de dólares.

 

Luis: Wow.

 

Edwin: Así que… ya tú sabes.

 

Daniel: ¡Como si se hubiera ganado la lotería!

 

Luis: Pues imagínate: de 10 mil dólares a dos millones.

 

Daniel: Eres un VIP.

 

Luis: ¡Sí! Y así fue como lo empezaron a tratar en el banco.

 

Edwin: La persona que tiene este nivel no va a un banco regular.

 

Luis: Háblame de eso, porque yo nunca jamás estaré a ese nivel y quiero saber cómo es cuando tú estás a ese nivel preferencial de cliente de banca de inversión.

 

Edwin: Pues mira, es bien interesante y es muy cómodo. Por ejemplo, tú llamas a tu banquera personal, que te resuelve todas tus cosas. Tú dices: “Yo necesito tal cosa”. “Ah, perfecto”. Al otro día te llaman: “Ya está todo listo, Batista”. Es como que el golden dream de mucha gente.

 

Daniel: ¿Cómo es que estos bonos se hicieron tan populares? O sea, ¿el gobierno los vendía, los promocionaba?

Luis: Pues no los mercadeaban directamente. Jorge Irizarry, el ex director del banco nacional que te mencioné, pues él me explicó que el banco del gobierno no le vendía los bonos directamente a personas comunes y corrientes como Edwin. De eso se ocupaban los socios del gobierno, es decir, los bancos. Tanto los locales como los internacionales…

 

Jorge: Que UBS lo hace en Puerto Rico. Y banco Santander y Banco Popular.

 

Luis: Y esos no eran los únicos porque, como decimos acá, las casas de corretaje de Wall Street y los bancos de inversión también estaban involucradas en todo esto.

 

Jorge: Por decir Goldman Sacks, por decir Morgan Stanley, Citigroup, you name it. Todos ellos…

 

Luis: Son instituciones muy poderosas en el mundo financiero. Y bueno, como Puerto Rico es parte de los Estados Unidos, pues ellos vieron un terreno fértil para operar acá.  

 

Jorge: Entonces ellos son el vendedor, por decir así. Yo le entrego mis bonos a eso y ellos van y los venden en el mercado: eso es lo que hacen.

 

Daniel: Ah, ok. Entonces son como los intermediarios entre el gobierno y el comprador.

 

Luis: Eso. Y bueno, entonces tenemos un boom económico y financiero gigantesco. Las fábricas a toda máquina gracias a la 936. Infraestructura financiada por bonos que no pagaban impuestos. Mucho dinero moviéndose por toda la isla. Todo estaba perfecto.

 

Daniel: Hasta…

 

Luis: Pues… hasta lo que va a pasar ahora en la siguiente parte de la historia.

 

Daniel: Ya volvemos.

 

—MIDROLL—

 

Daniel: Soy Daniel Alarcón. Están escuchando a Radio Ambulante.

 

Luis: Y yo soy Luis Trelles.

 

Daniel: Antes de la pausa, Luis me estaba contando sobre la deuda de Puerto Rico. Y pues estaba comenzando a sonarme como una burbuja.

 

Luis: Pero no de las que se revientan, sino de las que se desinflan lentamente. Porque no fue una cosa dramática; no sucedió de la noche a la mañana. Tomó más de una década.

 

Y hasta diría que mucha gente no se dio cuenta de lo que estaba pasando hasta que fue demasiado tarde. Tienes que recordar, Daniel, que al final del día toda esta riqueza estaba circulando en la isla gracias al número ese mágico que ya hemos mencionado varias veces.

 

Daniel: 936.

 

Luis: Sí. Eso era lo que le daba solidez al sistema financiero porque todas esas farmacéuticas mantenían a la economía en crecimiento. Pero llegó el momento en que el Congreso de los Estados Unidos se cansó de tener a su propio paraíso fiscal en medio del Caribe. Porque recuerda: cada una de esas farmacéuticas que venían a construir fábricas en Puerto Rico se llevaban trabajos de estados como New Jersey. Entonces en 1996 decidieron cerrar la 936.

 

Daniel: ¿Y entonces ahí acaba la película?

 

Luis: No, porque no fue de un día para otro. El Congreso dio un periodo de 10 años para que se terminara por completo. Y bueno, ya para el 2006, las farmacéuticas tenían que pagar impuestos federales y, como te puedes imaginar, Puerto Rico ya no se veía como un lugar tan atractivo para venir a construir una fábrica.

 

¿Te acuerdas de Teresa García?

 

Daniel: Claro, la química.

 

Luis: Pues ella fue una de las afectadas por el decreto que acabó con la 936. Apenas anuncian eso…

Teresa: Entonces lo que hicieron las farmacéuticas grandes fue mover los headquarters a Europa. A Francia, a Irlanda, por allá.  

 

Luis: En total, en una década, Puerto Rico perdió unos 50 mil empleos como los de Teresa. Buenos empleos, Daniel, con buena paga, estables. Todos ellos se desvanecieron.

 

Daniel: ¿Y Teresa qué hizo?

 

Luis: Pues se podría decir que ella fue una de las afortunadas porque Teresa vio a tiempo lo que iba a suceder.

 

Teresa: No es fácil. Nosotros sabíamos que iban a comenzar a haber olas de despidos. Que eventualmente mucha de la gente se iba a tener que ir.

 

Luis: Entonces Teresa decidió no esperar a que la farmacéutica en la que trabajaba se fuera. En el 2005 pudo jubilarse y la farmacéutica le dio una compensación de 150 mil dólares.

 

Daniel: Generosa.

 

Luis:  Sí, bastante. Teresa quería poner ese dinero a rendirle una mensualidad cómoda, sobre todo en ese momento que estaba dejando de trabajar, porque en esa época tenía 60 años.

 

Teresa: Mi esposo pues comenzó a orientarse con corredores de casas de corretaje, y a ver cuáles eran las mejores inversiones.

 

Daniel: Oh, no.

 

Luis: Sí. Aquí es donde la historia de Teresa comienza a chocar de frente con la historia de la deuda del gobierno.

 

Teresa: Y en el momento que tomé la decisión pues decidimos hacer la inversión que hicimos…  

Luis: … En bonos de Puerto Rico…

 

Todo esto estaba pasando a mediados de la década pasada. Cuando Teresa empezó a invertir, nadie se imaginaba que el gobierno de Puerto Rico iba a fallarle a sus bonistas. Al revés: invertir en Puerto Rico era hasta patriótico.

 

Teresa: Y de una vez estaba ayudando a mi país, para construir escuelas, carreteras.

 

Luis: Esa motivación, la de ayudar al país a seguir desarrollándose, eso fue algo que escuché de varios inversionistas. Edwin Batista me dijo algo similar:

 

Edwin: Y el mismo banco, el broker, me decía “es para el país, para construir al país”. Y yo “pues dale, vamos a meterle mano al país”. Y me sentía que estaba aportando de cierta manera a que el país funcionara.

 

Luis: Pero invertir en Puerto Rico se estaba convirtiendo en una propuesta cada vez más riesgosa. La 936 se terminó finalmente en el 2006 y el gobierno no tenía una alternativa para sustituirla. Puerto Rico se había quedado sin ese número mágico que hacía que su economía creciera con fábricas y empleos bien pagados. Para compensar, el gobierno invertía más dinero en el sistema de educación, en salud y en programas anti-pobreza, pero cada vez había menos gente empleada en la empresa privada. Y esto es una ecuación terrible porque eso significa que hay menos contribuyentes que puedan sostener el gasto del gobierno.

 

En otras palabras, el gasto público seguía creciendo y la economía no. Y por eso las finanzas del gobierno estaban cada vez peor.

 

Jorge: Y si ves en todos esos años, del 2000 hasta el 2014, el gasto del gobierno es mayor que el ingreso del gobierno.

 

Luis: En junio, cuando fui a visitar a Jorge Irizarry, el ex banquero del gobierno, a su oficina, ya me tenía preparadas varias gráficas en la computadora. En la pantalla se veía la diferencia entre ingresos y gastos durante los últimos 15 años. Y de todas las gráficas que vi –y habían varias– la que más me llamó la atención mostraba una línea roja que se disparaba hacia arriba, año tras año.

 

Jorge: La línea roja es el nivel de gasto actual. Y aquí dice: “El déficit acumulado entre el 2000 y el 2013 era 23 mil 500 millones”. Entonces, no es una práctica sostenible para nadie…

 

Luis: O sea, como sacar una hipoteca para pagar la cuenta de la electricidad.

 

Jorge: Exacto.

 

Luis: Y para cubrir ese déficit, el gobierno utilizó el último recurso que le quedaba: los bonos. Pero con un cambio importante. Ya no se utilizaban solamente para hacer obra pública, sino para cubrir gastos comunes y corrientes del gobierno. El gobierno se estaba endeudando para pagar salarios y otros gastos recurrentes.

 

Daniel: O sea, el tipo de cosas que uno nunca debería pagar con un préstamo.

 

Luis: Exactamente. Y todo esto era súper conveniente para los bancos, porque con cada nueva emisión de bonos, ellos salían ganando. Rubén Rodríguez me explicó que muchos de sus colegas en la industria…

 

Rubén: Se enfocan en “si yo vendo esto, ¿cuánto me gano?”.

 

Luis: Y la respuesta es que se ganaba bastante. Aún después de que se eliminara la 936, después del 2006, Rubén seguía vendiendo bonos que se acababan a los tres días de haber salido al mercado. El gobierno decidía que necesitaba más dinero, anunciaba que iba a sacar una nueva emisión de bonos, y luego gente como Rubén los vendía y cobraba una comisión por las ventas.

 

Rubén: Si la venta tuya durante esos dos o tres días eran 10, 15, 20 millones –y muchas veces más, pero mucho más– inmediatamente a ti te pagaban esa comisión. Yo llegué a ver comisiones de… en un mes, de 45 mil, 100 mil dólares. Realmente, sí.

 

Daniel: Wow.

 

Luis: Sí, muchísima plata. Y sobretodo pensar en cifras así en Puerto Rico, donde más de la mitad de la población vive bajo el nivel de pobreza es absurdo.  

 

Daniel: Ya, ¿pero las personas que compraban estos bonos no se daban cuenta que las finanzas públicas no estaban nada bien?  ¿Por qué seguían invirtiendo en el gobierno si sabían que se gastaba más de lo que se recaudaba?

 

Luis:  Bueno, eso mejor que te lo explique Jorge:

 

Jorge: Bueno, sí, todos fuimos bien optimistas.

 

Luis: A partir del 2000, el gobierno no ha tenido un solo año con el presupuesto al día. Ni uno.  Pero cada año volvían a decir que ahora sí ya habían resuelto los problemas y que se iba a recaudar más dinero en impuestos, y luego, esos recaudos nunca aparecían.

 

Jorge: Todos los puertorriqueños y todos los gobiernos, los gobernadores y los legisladores, todo el mundo fue bien optimista. Nadie dijo: “Bueno, espérense. Esto no… no debemos seguir por aquí”.

 

Luis: Y como dijo Jorge Irizarry, no solo era solamente el gobierno. Rubén Rodríguez, el asesor financiero, recuerda que cada año, en el banco de inversiones en el que trabajaba, llegaban varias firmas de analistas financieros de Estados Unidos. Los contrataban para asesorar a los vendedores de bonos.

 

Rubén: Y venían todas estas compañías que también tenían mucha inversión en Puerto Rico y seguían a Puerto Rico y todo era color de rosa.

 

Luis: Pero no todas las compañías eran así. Rubén me contó que había una, Nuveen, que regularmente sonaba la voz de alarma. Eran ellos los que decían que la insolvencia del gobierno estaba a la vuelta de la esquina. Aún más, la firma alegaba que el gobierno no era transparente con sus finanzas.

 

Rubén: Ellos siempre decían que ellos no creían en Puerto Rico, que Puerto Rico no era un país transparente y que todo el tiempo le estaban mintiendo. Lo decían desde el 2008 ya.

 

Luis: O sea que ya había gente que sabía los riesgos. Pero también había mucha presión para seguir vendiendo.  

 

Luis: Porque tú sí llegaste a sentir esa presión cuando trabajabas dentro de ese esquema.

 

Rubén: La sentí y directamente me sentaron y me dijeron que si no lo hacía… me iban a botar.

 

Luis: Y ya para el 2011 la deuda crece, el déficit crece… Y por primera vez los corredores de bonos se empiezan a dar cuenta que no es fácil vender los bonos de Puerto Rico.

 

Miguel Ferrer: Y nos encontramos con la situación donde hay un montón de producto disponible para la venta, o en inventario ya, que son mayormente los fondos mutuos y los bonos locales. Y apesta. ¡Bullshit!  

 

Daniel: ¿Y este quién es?

 

Luis: Ese es Miguel Ferrer, un tipo con una trayectoria muy larga en la industria puertorriqueña de las finanzas. Cuando se grabó este audio, Ferrer era el director de UBS en Puerto Rico, un banco suizo que había abierto una división de manejo de inversiones en la isla.  

 

Miguel Ferrer: Tenemos que cruzar el puente entre la demanda que tenemos, insatisfecha…

 

Luis: Y lo que está pasando ahí es que Ferrer reunió a un grupo de brokers que trabajaban para él, y en este audio lo que se oye es el regaño que les está dando porque no están vendiendo los productos financieros de la compañía. Uno de sus propios vendedores grabó este audio a escondidas y luego lo filtró a los medios.

 

Miguel Ferrer: Porque los brokers, el trabajo de ellos, es buscarle a los clientes el producto que le conviene a los clientes. ¡No es sentarse en su escritorio a esperar que algo suceda! ¡Si no, señores, búsquense otro trabajo!

 

Daniel: ¿Entonces sí había brokers que no querían vender más bonos del gobierno?

 

Luis: Recuerda que era el 2011. Puerto Rico llevaba cinco años en recesión económica. La base industrial de la isla estaba desmantelada. Miles y miles de trabajos habían desaparecido. Y lo único que está manteniendo a flote al gobierno son los bonos. Bonos que compañías como UBS convertían en productos de inversión que no garantizaban el dinero de los inversionistas.

 

Y pues algunos corredores se negaban a venderlos, porque sabían que eso no le convenía a sus clientes. Eso fue lo que hizo Rubén Rodríguez, pero cuando se negó a vender los productos de la compañía, le impusieron una metas mensuales astronómicas.   

 

Rubén: Pues en un mes traer un millón de dólares. Este… o en tres meses traer cinco millones de dólares. Y si no cumplías con las metas que te imponían, que eran humanamente imposibles, porque nadie quería invertir dinero en la compañía, pues ya ellos tenían la evidencia para despedirte.

 

Luis: Eventualmente la situación llegó a tal grado que en el 2013 las Agencias Acreditadoras bajaron la categoría de muchos bonos. Porque parte del mercado se regula con estas agencias que, básicamente, toman la capacidad de repago de los gobiernos y les dan como una nota: decir A, AAA o AA. Para ver si son buena paga.

 

Daniel: Es como chequeándole el crédito al gobierno.

 

Luis: Sí, algo así. Pero por más de 50 años, la deuda de Puerto Rico había tenido una de las clasificaciones más altas. En cinco años el crédito del gobierno comenzó a tocar fondo, y se convirtió en chatarra…  

 

Y eso tuvo unas consecuencias terribles para inversionistas como Edwin Batista. No sé si te acuerdas, Daniel, pero él fue el que comenzó a invertir su salario de McDonalds y llegó a tener dos millones de dólares. En menos de cuatro años ese dinero comenzó a desaparecer.

 

Edwin: De dos a un millón. Entonces de un millón pasó a 700. Y entonces de 700 pasó a… como 600, más o menos.

 

Luis: Y no paró ahí.  La cuenta no dejaba de perder valor.

 

Edwin: Entonces es bien gracioso porque tú pasas de ser un cliente de Popular One a banca regular y después te pasan a que… que llamas y nadie te contesta el teléfono.

 

Luis: Y algo parecido le pasó a Teresa García, la química jubilada de la farmacéutica. Ella invirtió los 150 mil dólares de su retiro en bonos puertorriqueños. Y en su caso, Teresa pudo ver cómo se desplomaba su inversión casi en tiempo real.

 

Teresa: Yo la chequeo todos los días y yo he visto desde el 2012, 2013, para acá, cómo mi cuenta ha ido bajando vertiginosamente.  

 

Luis: ¿Por qué?

 

Teresa: Porque según va bajando la acreditación de los bonos, la gente coge pánico, empieza a vender y va bajando su valor.

 

Luis: Teresa me contó que muchos de sus bonos ahora valen la mitad de lo que valían cuando los compró. Pero el verdadero problema es que aunque Teresa quisiera deshacerse de ellos, no va a encontrar a nadie que quiera comprarlos. Ni siquiera con un 50% de descuento.

 

Teresa: Yo tengo un bono que costaba 100 dólares, ahora vale 50. Pero si voy al mercado a venderlo me dicen: “Nah, yo te voy a dar cinco. Si tú quieres vender, yo te voy a dar cinco”. Yo no puedo cogerme ese riesgo; lo voy a perder todo.

 

Luis: Y con cada nuevo bajón vienen las preocupaciones y la ansiedad… La gran pregunta para Teresa es cómo ella y su marido se ajustarán ahora que son mayores y necesitan más dinero para sus gastos médicos.

 

Teresa: Yo trato de buscar la manera de tranquilizarme porque mi esposo es diabético y todas estas cosas a él lo afectan más que a mí. En realidad, yo tengo que buscar la manera de ser fuerte para que él no se sienta tan mal… Pero para los dos ha sido un cantazo fuerte…

 

Luis: Y aquí llegamos al punto donde empezamos, porque en junio del 2015:

 

Gobernador: La deuda pública es impagable.

 

Luis: El gobernador anuncia que la burbuja se acababa de reventar por completo. Gente como Edwin Batista perdieron casi todo lo que habían invertido.

 

Edwin: Mira, te quería mostrar esto. Este es… lo guardé de recuerdo. Este es el último informe de Popular Securities con el valor de mi portafolio.

 

Luis: Hace unos meses fui a visitar a Edwin a Orlando. En el 2013 sacó lo que le quedaba y compró una casa junto a su esposo. Ahora viven en un suburbio muy tranquilo. Pero todavía guarda los estados de cuenta de su banco y me los mostró. Era una carta oficial con otra gráfica más que mostraba una línea que caía en picada. En el 2010 a Edwin le quedaba cerca de un millón de dólares en la cuenta. Para el 2014 sólo le quedaban cinco centavos. Cuando le pregunté por qué guardaba ese estado de cuentas, me contestó:

 

Edwin: Para que nunca se me olvide. Cuando tú comienzas a olvidar comienzas a cometer errores nuevamente. Este es para no cometer más errores. Para eso es.

 

Daniel: Bueno, pero es que lo haya perdido todo, ¿no? O sea, vive en Orlando, en un suburbio, tiene una buena casa.

 

Luis: Pudo haber sido mucho peor. Pero también es cierto que nadie invierte para perder, Daniel. Y que los que compraron bonos puertorriqueños confiaron en el gobierno. Por eso ahora hay tanta rabia y tanto resentimiento contra la clase política.

 

Edwin: Sentí incluso, y no me da miedo decirlo, odio por el país. Cosa que me duele mucho porque yo amo mi país, pero terminé odiándolo. El país, de cierta manera, me sacó a patadas. Me duele muchísimo.

 

Luis: Y Edwin es parte de un movimiento de gente mucho más grande que ha abandonado la isla para irse a Florida. Más de 100 mil puertorriqueños hicieron las maletas en el 2015 y cada vez son más lo que se van.  

 

Mientras tanto, en Puerto Rico, hay un grupo de bonistas locales, los Bonistas del Patio, así se llaman, que se han unido para presionar al gobierno. Están convencidos de que el gobierno no está siendo honesto cuando dice que no puede pagarles y ellos quieren todo su dinero de vuelta. En el verano pasado fui a una convención de este grupo…

 

Y entre los oradores principales estaba una persona muy conocida.

 

Jorge: Buenas tardes a todos, gracias por estar aquí. Y gracias por el apoyo a Bonistas del Patio. Y muchas gracias.

 

Daniel: El que había sido banquero del gobierno.

 

Luis: Jorge Irizarry. Ahora es el presidente de los Bonistas del Patio. Y el mensaje que le envió al gobierno ese día era clarísimo:

 

Jorge: No es una falta de capacidad de pago. Es que no hay la voluntad de pago.

 

Luis: La verdad es que la carrera de Jorge Irizarry ha dado un giro enorme. Del 2007 al 2008, cuando fue presidente del Banco Gubernamental de Fomento, se tomaron prestado seis mil millones de dólares en bonos. Pero ahora defiende a los bonistas. Esto no es inusual en los círculos locales de las finanzas. Puerto Rico es una isla pequeña y hay una puerta giratoria constante entre el gobierno, la banca privada y las casas de corretaje.  

 

Y eso no es ilegal, pero es difícil saber cuáles son los intereses de los banqueros. El caso de Jorge Irizarry es aún más extremo porque en su carrera ha sido banquero del gobierno, banquero privado y ahora, portavoz de los bonistas. Y no sólo eso: Jorge Irizarry ha sido muy claro en sus expresiones públicas, donde dice que él también invirtió en bonos de Puerto Rico. Cuando le pregunté si en ese vaivén no había un conflicto de intereses, esto fue lo que me dijo:

 

Jorge: Ni siquiera se trata de Jorge Irizarry. Pero yo soy bonista, ¿ok? Pero se trata de 60 mil personas y sus familias. Lo único que yo traigo es los conocimientos y la experiencia. Eso es lo que yo traigo positivo. Yo no traigo lastres, ninguno, del gobierno a esto. Yo abogo por la gente de Puerto Rico, de la cual yo soy uno.

 

Luis: Pero no todos los puertorriqueños son bonistas, por supuesto. Aún así, todos en el país se tienen que enfrentar a un panorama complicado de impuestos cada vez más altos y a muchas medidas de austeridad. En el 2009 el gobierno anunció el despido de más de 16 mil empleados públicos. Y cada empleado despedido es un adulto más que ya no paga impuestos. Eso tiene consecuencias reales. En los últimos dos años el gobierno ha cerrado más de 100 escuelas. Se han eliminado rutas de transportación pública. Las plazas del gobierno están congeladas.

 

La crisis va mucho más allá de los bonistas. Y, por eso, en Puerto Rico queda mucha rabia y mucho resentimiento por repartir.

 

Tania: Y es como yo digo: o sea, yo no tomé prestado, mis hijos no tomaron prestado.

 

Luis: Esta es Tania Ginés, la madre que conocimos al comienzo de esta historia. Estuvo luchando durante 10 meses para que no cerraran la escuela pública de su hija. Al final perdió la batalla. Ahora los niños tienen que ir a una nueva escuela que les queda más lejos y allí hay 40 estudiantes por salón, problemas de ratas en el comedor, no hay terapeutas para los niños de educación especial. Pero lo más difícil de todo fue ver lo que hicieron con la escuela José Meléndez Ayala de la comunidad.

 

Tania: Pero en la de nosotros no nos dejaron ni un clavo. O sea, ellos desbarataron la escuela, ellos se llevaron todo. O sea, fue como decir “espérate, que a esta gente sí hay que darle duro”.

 

Luis: Los cierres responden a las nuevas prioridades del gobierno. El ciclo de emigración masiva y endeudamiento crónico ha llevado a reducir los servicios del gobierno a como dé lugar. Es una manera de cumplir con los pagos de la deuda, y las escuelas en los barrios pobres han sido las primeras en la lista.

 

Poco a poco la propia constitución de Puerto Rico estaba llevando a Tania y a muchísimos puertorriqueños más a un enfrentamiento directo con los bonistas del país. Lo que pasa es que la constitución dice que, en caso de que no haya suficiente dinero, los primeros en cobrar son los que compraron bonos del gobierno. Y ellos se supone que reciban su dinero aún antes que los policías y los maestros.  

 

Daniel: Y eso es lo que está pasando ahora, ¿no?

 

Luis: La isla ha estado a punto de caer en esa situación en varias ocasiones en los últimos dos años. Es como si estuviera tambaleándose al borde de la insolvencia. Y va a ser muy duro cuando el gobierno tenga que decidir a quién le paga y a quién no.

 

A estas alturas ya no quedan buenas opciones. Cualquier decisión que se tome va a afectar de manera muy profunda a alguien. Y sí, todos en la isla vamos a tener que cargar con la deuda… Hasta los que menos pueden.

 

—-

 

Daniel: Algunos economistas estiman que un tercio de la deuda puertorriqueña le pertenece a fondos de alto riesgo, conocidos como fondos buitre de Wall Street. Son firmas que se dedican a especular con la deuda de países en apuros. Y esto puede hacer que cualquier negociación para reducir la deuda de Puerto Rico sea aún más difícil.

 

Y hay otra cosa: en septiembre del 2016 comenzó a operar una Junta de Supervisión Fiscal, nombrada por el Congreso de Estados Unidos.  Esta junta básicamente controla las finanzas de la isla. Aún por encima del gobierno local. La Junta estará en funciones hasta que Puerto Rico logre balancear su presupuesto y pueda volver a vender bonos. Y mientras tanto, esta Junta tiene el poder de reducir los servicios y la nómina del gobierno –buscando ahorrar por donde sea–. Puede también forzar recortes en las pensiones de los empleados públicos y también puede negociar recortes en el pago de la deuda.  

 

Y al final, todo parece indicar que Puerto Rico no ha tocado fondo.

 

Luis Trelles es productor de Radio Ambulante. Esta historia fue editada por Camila Segura, y por mí. Agradecemos la ayuda de Deepak Lamba, Elías Gutiérrez, Robert Smith y Mercedes Martínez. La mezcla es de Isabel Vázquez.

 

El equipo de Radio Ambulante incluye a Silvia Viñas, Fe Martínez, Elsa Liliana Ulloa, Barbara Sawhill, y Caro Rolando. Nuestros pasantes son Emiliano Rodríguez, Andrés Azpiri y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO.
Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más visita nuestra página web. Radio ambulante.org. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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