Episodio 41

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Transcripción – El área gris


[Joshua Johnson, host de 1A ]: ¡Hola!, soy Joshua Johnson, el presentador de 1A. Todos los días de la semana, diferentes personas se reúnen aquí para hablar libremente. Puede que escuches cosas que no te gusten, puede que aprendas algo, y todos los viernes analizamos las historias más relevantes de la semana en nuestro Recuento Noticioso de los Viernes. Encuentra 1A en el app de NPR One o donde escuches tus podcast.

 

[Daniel Alarcón, host]: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

Esta historia empieza con un cuaderno que nuestro productor, Luis Fernando Vargas, escondía en su clóset cuando era un niño de 9 o 10 años.

[Luis Fernando Vargas, productor]: No era un diario. Lo usaba más que todo para dibujar. Eran unos dibujos horribles, feísimos, de superhéroes.

Pero recuerdo que, cada tanto, en la esquina de una hoja, escribía una o dos frases. Cosas así, directas, con una extraña inocencia de niño. Frases como “me quiero morir”, “No soy nadie”, “No merezco nada”.

[Daniel]: Luis Fernando vive en Costa Rica, y creció en una familia tradicional de clase media. Me dijo que siempre ha sido un hogar tranquilo, demasiado tranquilo incluso, con dos padres responsables y amorosos y un hermano bastante mayor que siempre lo ha apoyado…  

[Luis Fernando]: Una vida privilegiada, sinceramente. Y aún así, desde que tengo memoria la tristeza, la depresión… es una constante en mi vida.  

[Daniel]: Como les pasa a muchas personas, Luis Fernando tiene periodos en que ni siquiera puede salir de la cama. Meses en que llevar una vida “normal” es casi imposible.

Entonces, hace dos años, Luis Fernando empezó a ir al psicólogo y a tomar antidepresivos. Había caído en una fuerte depresión.

[Luis Fernando]: En terapia, la psicóloga me dijo que tengo indicios de ansiedad generalizada. Me estreso sin razón aparente. Irracionalmente. Solo por el hecho de existir. Me he quebrado 3 dientes por bruxismo. Presiono la mandíbula de pura ansiedad.  Me he golpeado contra la pared hasta quedarme dormido, porque la idea de estar vivo se me hace insoportable.

Es una cosa de todos los días: Preocupación excesiva y comportamientos obsesivos. La egolatría de sentir que todo lo malo que sucede en el mundo es mi culpa, y solo mi culpa. Odio propio. Todos, todos los días.

[Daniel]: Una de las primeras cosas que le preguntaron en terapia fue si en su familia había alguien con los mismos problemas. Le explicaron que estos males suelen tener un componente hereditario. No fue una conversación estrictamente científica y su psicóloga lo dijo sin mucha importancia.

[Luis Fernando]: Pero esa parte de que podía ser hereditario se me quedó grabada en la cabeza. Y me obsesioné. Buscando patrones. Buscando quién en mi familia tiene comportamientos similares. Quién tiene indicios de trastornos mentales. No hay nadie diagnosticado, que yo sepa, pero de estas enfermedades suele no hablarse mucho, y suelen mantenerse ocultas.

Tal vez buscaba una explicación. O tal vez estaba buscando un alivio de la culpa. Que no soy así porque quiero, sino porque me tocó. Y así, poner la culpa en algo más. En los genes.

[Daniel]: Pero entonces: ¿hasta qué punto somos nuestros genes?

Quiero decir, ¿hasta qué punto estamos determinados por ellos?

¿Es posible escapar de la herencia que está en nuestra sangre?

[Luis Fernando]: Hace poco conocí a alguien que también se hizo estas preguntas.

[Jetty Raventós]: Hola [risas]. Yo soy Jetty Raventós, Henriette es el nombre oficial, y trabajo…

[Daniel]: Y Jetty ha dedicado gran parte de su vida a buscar una respuesta. Luis Fernando nos sigue contando…

[Luis Fernando]: De niña, el lugar preferido de Jetty era un río pequeño que pasaba detrás de su casa, en un barrio de San José, Costa Rica.

[Jetty]: Habían renacuajos, y entonces esos renacuajos yo los traía en frasquitos y veía el agua con el microscopio de mi hermano.

[Luis Fernando]: Veía fijamente los cambios, cómo se iban formando los ojos, las patitas…

[Jetty]: En un libro era todo tan aburrido, mientras que cuando uno lo hacía y lo veía en vivo era tan entretenido…

[Luis Fernando]: Y la emocionaba observar todo lo que pasaba a su alrededor…  

[Jetty]: Lo que quería era comprender la naturaleza y entenderla hasta el último detalle.

[Luis Fernando]: Jetty vivía con sus papás, y sus dos hermanos mayores, Ciska y Pedro. Pero recuerda ser una niña separada del mundo. Ciska le lleva 7 años, y Pedro 4. Tenía una relación un poco distante con ambos. Era a la que siempre molestaban. Además, le costaba muchísimo hacer amigos. Prefería jugar sola.

[Jetty]: Me imagino que también un poco para aislarse uno de… de la situación familiar que era tan tensa.

[Luis Fernando]: Aquí hay que hablar sobre su papá. José. Era un hombre bajito, moreno, de ojos verdes. Era exportador de café, una actividad económica importante en Costa Rica a finales de los años 60. Era un hombre con dinero, reconocido en la sociedad.

[Jetty]: Era lo que se llama “workaholic”, ¿verdad?, entonces trabajaba siempre los fines de semana, y yo iba con él. Era muy, muy cariñoso conmigo.

[Luis Fernando]: Jetty se sentaba a ver televisión con él.

[Jetty]: Él me dejaba quedarme a ver “Los Vengadores”, que daban los lunes en las noches, sentada en los regazos con él. Y teníamos una relación muy especial nosotros dos. Yo era la más consentida.

[Luis Fernando]: Pero había períodos en que dejaba de ser ese papá cariñoso que Jetty conocía.

[Jetty]: Y era bastante agresivo, por ejemplo, con mi hermano. Y con mi mamá. Se ponía, tal vez no la violencia física, pero sí era muy… muy agresivo de palabra, ¿verdad? Con insultos o se ponía necio porque la comida estaba mal hecha o porque estaba feo.

[Luis Fernando]: Eran cenas con gritos, con platos quebrados. Esas noches, Reneé, la mamá de Jetty, se pasaba a dormir con ella, para evitar más peleas. Jetty y Ciska se quedaban calladas. Pedro, en cambio, enfrentaba a su papá. cara a cara. Esto, claro, hacía el ambiente más tenso. 

Las explosiones de ira ocurrían sin motivos aparentes, sin una explicación clara. Jetty no entendía bien por qué su papá se transformaba, de pronto, en esta persona que le daba tanto miedo.

Eran períodos que se extendían por días o semanas, Jetty no recuerda muy bien. Períodos llenos de angustia. Luego, etapas en que su papá se encerraba en su cuarto, con las cortinas cerradas, aislado de toda su familia. Y después, casi como si nada, todo volvía a la normalidad.

Su papá volvía. De nuevo, sin un por qué. Y en esa normalidad, su familia guardaba silencio, como si no hubiera pasado nada.  Así era la vida en esa casa. Volátil. Impredecible.

Cuando Jetty tenía 11 años, de un día para otro y sin explicación, toda la familia tomó un vuelo hacia Suiza. Al llegar, lo primero que hicieron fue llevar a su papá a un hospital.

[Jetty]: Y era muy extraño porque además mi mamá nos llevaba a nosotros a clases de esquiar, entonces era una mezcla entre una vacación y que todo estaba bonito. Pero por otro lado mi papá estaba internado en un hospital psiquiátrico.

[Luis Fernando]: Esa palabra, “psiquiátrico”, la oyó Jetty en ese viaje por primera vez. Pero no la entendía. Solo sabía que era un hospital, y por lo tanto sabía que algo estaba mal. Jetty no tiene un recuerdo claro sobre cómo era ese lugar.

[Jetty]: Lo que tengo es como una imagen de un lugar muy oscuro y con barrotes en las ventanas, pero no sé si eso es un invento mío posterior…

[Luis Fernando]: Sea verdad o mentira, para ella era un lugar horrible.

No duraron mucho en Suiza. A las pocas semanas volvieron a su casa, pues su papá tenía negocios, y sentía muchísima presión por hacerse cargo.

Y ya de vuelta a su vida cotidiana, su papá se veía contento. Estable. Los ataques de furia habían parado. Andaba de buen humor. Por un tiempo, las cosas estuvieron bien.

El 19 de marzo del 74, el mismo año del viaje a Suiza, los tíos de Jetty fueron a almorzar a su casa. Era el día de San José, el santo, y como el papá de Jetty se llamaba José, lo celebraron juntos.

[Jetty]: Y ahí parece que tomó mucho licor y entonces ahí sí se encerró en el… en el cuarto.

[Luis Fernando]: Jetty se acuerda que quiso animarlo un poco. Entendía que estaba triste. Ella, en ese tiempo, estaba aprendiendo a tocar flauta, entonces ese día fue y se paró en la puerta del cuarto de su papá. Y empezó a tocarle.

[Jetty]: Eso yo no creo que lo haya alegrado mucho, pero bueno, era lo que yo podía hacer.

[Luis Fernando]: No funcionó. Su papá no salió del cuarto el resto del día. Al siguiente, sí salió, pero se mantuvo apartado de todos. Y solo al tercer día, en la noche, se sentó con su familia en la sala un rato. Y después…

[Jetty]: Nos abrazó a todos y se fue al cuarto.

[Luis Fernando]: A la mañana siguiente, Jetty y su hermano se fueron a la escuela. Al medio día, llegó una de sus tías a recogerlos. Iban hacia la casa.

[Jetty]: Y sí sabía yo que había alguna urgencia, entonces cuando ella pasó a echar gasolina para venir acá, yo decía: “Pero cómo, si tenemos que llegar rápido a la casa, tenemos que llegar rápido”.

[Luis Fernando]: Cuando llegaron había mucha gente.

[Jetty]: Diay, yo daba vueltas por el jardín, un poco perdida. Sin tener recuerdo de que nadie me haya dicho nada, sino que llegó la… una de las empleadas que trabajaba en la casa y me dijo que se había muerto mi papá.

Yo sabía que había sido suicidio, no sé por qué sabía porque no… no se habló. Y sabía que, cuando regresara a la escuela, tenía que decir que había sido un infarto. Porque no… no… no se podía hablar de suicidio.

[Luis Fernando]: Jetty sospechaba que era un suicidio por ciertos comentarios que escuchaba en su familia. Sentía que su abuelo tenía vergüenza de su hijo.  

[Jetty]: Que fuera algo más como debilidad de carácter de él, ¿verdad?, que no pudiera enfrentar la vida, o sea, que era una decisión personal y que si él hubiera querido hubiera podido no tener depresión.

[Luis Fernando]: Pero para Jetty el sentimiento no era vergüenza. Era más cercano a la confusión. Apenas tenía 11 años y esta era la primera vez que experimentaba la muerte de alguien cercano. Realmente nunca había hecho un duelo. Y para alguien tan joven como lo era Jetty, la muerte es algo que cuesta trabajo comprender. Una noche, poco tiempo después del funeral…

[Jetty]: Yo estaba poniendo la mesa y le puse un campo a mi papá, pero como él viajaba muchísimo por lo de exportar café, entonces sí… sí tenía yo esa sensación de que iba a regresar.

O sea, no era muy claro que era para siempre.

[Luis Fernando]: Pero pasó el tiempo, y se dio cuenta que sí. Que era para siempre. A los pocos años, su hermana se casó, y su hermano se fue a estudiar al extranjero. Jetty quedó sola con su mamá la mayor parte de su adolescencia, y en cuanto a su papá, hizo lo que su mamá le había enseñado desde niña: callar.

Guardarlo muy adentro. Y no dejarlo salir.

Ese silencio duraría 10 años. Estaba ya en la universidad, estudiando medicina, cuando su mejor amigo murió en un accidente de tránsito.

Jetty se quebró. Y el duelo por su amigo se convirtió en el duelo que nunca hizo por su papá.

Terminó donde un psiquiatra que le recetó antidepresivos. Tenía 23 años.

Por primera vez, buscó respuestas con su mamá y sus hermanos. Respuestas sobre el viaje a Suiza, sobre la agresividad de su papá. Sobre su muerte. Y confirmó su sospecha: que se había suicidado.

Le dijeron la verdad: que su papá sufría de trastorno bipolar, o trastorno maníaco-depresivo como se le conocía en la época. Que lo habían diagnosticado desde antes del viaje a Suiza.

Este diagnóstico fue una revelación para Jetty.   

[Jetty]: Porque como niña yo lo sentí como abandono.

[Luis Fernando]: Y fue hasta ese momento que pudo entender que su papá tenía una condición médica. Y que él había llegado a un punto en que su vida se volvió invivible, literalmente. Una condición a la que ya no le encontró salida…

[Jetty]: Yo creo que ahí yo hice el salto al otro extremo: esto es una condición biológica. Únicamente biológica.

[Luis Fernando]: Una enfermedad como cualquier otra. Como la diabetes, como la presión alta, como el cáncer…

No había muchos estudios, pero como pasa con otras enfermedades, se consideraba que los trastornos mentales podían ser hereditarios.

[Jetty]: Por un lado, entonces me alivió el dolor del abandono, pero, por otro lado, me incrementó el miedo de que yo lo tenía también.

[Luis Fernando]: Y este miedo se volvió prácticamente intolerable cuando tuvo que tomar el curso de psiquiatría en la carrera.

[Jetty]: Yo iba al psiquiátrico y me daba terror. No quería tocar eso porque se me hacía muy cercano. Entonces, psiquiatría no, yo no quería saber nada de psiquiatría.

[Luis Fernando]: El temor era que eso que había llevado a su papá a quitarse la vida, estuviera en su sangre, en su genética. Que lo hubiera heredado, como heredó sus ojos. Estaba en la edad en que la enfermedad empieza a mostrarse.

Y bueno, cuando estamos buscando algo, a veces vemos lo que queremos ver, no lo que realmente está ahí. En especial cuando buscamos con temor. Se crea un miedo irracional. Un miedo que liga cualquier cosa, con aquello que se busca.

[Jetty]: Entonces en el periodo premenstrual que me ponía muy irritable yo lo interpretaba más, “ah, claro, los genes bipolares”, no como hormonas progestágenos, ¿verdad?, en esta época. Y sí, fue un periodo donde yo tenía mucho temor de que sí era bipolar.

[Luis Fernando]: Era como vivir amenazada por algo que podía llegar en cualquier momento. De la nada.

Jetty se graduó de medicina, se casó con un compañero, y quedó embarazada de su primera hija. Y poco después se metió a hacer una maestría en bioquímica.

Y era un momento emocionante para estudiar esto, porque…

[Jetty]: Se estaba empezando a hablar del proyecto del genoma humano.

[Luis Fernando]: Era 1989. Varios países estaban planeando crear un instituto de investigación para hacer uno de los proyectos más ambiciosos de la historia: la descripción completa del ADN humano.

Y bueno, aquí vamos a tratar de explicar esto de la manera más sencilla posible.

El ADN es una molécula grande que está en el núcleo de todas las células de nuestro cuerpo. Se podría pensar como si fuera un cordón 40 mil veces más delgado que un cabello humano. Y si lo sacáramos del núcleo y lo extendieramos, mediría casi 2 metros.

Imagínense que el hilito de ADN es como un libro en donde están todas las instrucciones para el desarrollo y el funcionamiento del cuerpo humano.

Este libro se divide en secciones que se llaman genes, son como capítulos. El ADN humano tiene entre 19 mil y 21 mil secciones, aunque todavía no estamos muy seguros.

[Jetty]: El proyecto del genoma humano era una cosa espectacular. Si uno ve las portadas de revistas de esa época, íbamos a entender la biología, íbamos a entender el cuerpo humano.

[Luis Fernando]: Y tal vez se pregunten para qué sirve todo esto de entender el ADN. Bueno, la idea que más les causaba ilusión a los científicos era que iban a poder identificar las mutaciones en los genes que serían la causa de todas las enfermedades. Sí, se hablaba de que iban a ser todas las enfermedades.  

Y así iban a poder saber, con anticipación y con porcentajes, cuál es el riesgo que tiene una persona de sufrir algún tipo de cáncer, de tener la presión alta o un problema renal. Y esto significaba poder prevenir en lo posible esa enfermedad.

Entonces las promesas eran enormes.

Y no fueron solo promesas.

En Costa Rica existe un tipo de sordera única en el mundo. Se le conoce como la “Sordera de los Monge”.

Es una sordera que se hereda de generación en generación en familias de Cartago, una provincia de Costa Rica. Las personas van perdiendo la audición poco a poco, hasta que la pierden del todo.

Jetty formó parte de un grupo que investigó los orígenes genéticos de esta sordera. Y después de buscar por 3 años, encontró en donde estaba la mutación genética.

[Jetty]: ¡Y yo me acuerdo que yo pegaba brincos sola ahí en el laboratorio! Fue muy emocionante, fue esos momentos que son raros en ciencia, pero es lo que hace que sea tan atractiva también la ciencia, porque es encontrar finalmente algo.

[Luis Fernando]: Y con este descubrimiento, podían decirles a las familias cuáles de sus hijos habían heredado la sordera antes de que empezara a manifestarse.

Para un investigador, no hay nada más conmovedor: ver que su trabajo tiene un impacto concreto en la vida de la gente…  

[Daniel]: Pero en cierto sentido todo esto era un preámbulo a lo que realmente iba a ser la investigación más importante de su vida.

Una pausa y volvemos…

 

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[Daniel]: Seis años después, Jetty estaba sentada en un escritorio, aburridísima. Los trabajos en investigación no son muy comunes, menos en Centroamérica, y Jetty había tenido dos hijos más. Tenía que ayudar a mantenerlos junto con su esposo. Era 1996.

[Luis Fernando]: Su jefe notó que no estaba feliz  y le contó de un proyecto que estaba planteando una investigadora en la Universidad de Costa Rica. Estaba muy crudo, ni siquiera tenía el mínimo financiamiento, y lo que iban a estudiar era bastante complejo. La genética de la esquizofrenia.

Al principio dudó…

[Jetty]: Porque tenía mis hijos pequeños, yo todavía no tenía muy claro qué tanto me quería acercar yo a los trastornos mentales.

[Luis Fernando]: Era demasiado cercano a su vida. Meterse en esta investigación era enfrentar la pregunta que más miedo le daba, que siempre estaba presente. ¿Tenía ella los genes de su papá? ¿Se los pasaría a sus hijos?

Pero después de mucho pensarlo, aceptó. La posibilidad, aunque remota, de poder ayudar a gente que sufre como su papá lo hizo la ilusionaba. Pesaba más que su miedo.

Era un equipo pequeño, de solo 3 personas. Y pues, el trabajo implicaba enfrentar cosas que antes prefería evitar.  

[Jetty]: Porque tenía que ir mucho al hospital psiquiátrico, porque también teníamos gente en el hospital trabajando con nosotros. Entonces yo tenía terror…

[Luis Fernando]: Tener que ver frecuentemente a personas con trastornos mentales…

[Jetty]: Me revivió mi historia familiar, el sufrimiento, el sufrimiento que están viviendo estas familias.

[Luis Fernando]: Y cuando les explicaban a las familias de los pacientes lo que estaban investigando…

[Jetty]: Y lo que notábamos era una gran necesidad de la familia de conocimiento.

[Luis Fernando]: Una necesidad de saber más sobre la enfermedad. De entenderla. Es que no se habla de estas cosas. Por temor. Por prejuicio. Era algo que Jetty entendía. Se estaba enfrentando al mismo estigma, a los mismos silencios que habían marcado su niñez.

Entonces les explicaban los factores que al parecer contribuyen a que se desarrolle la enfermedad. Que hay muchos. Unos que son propios de la historia de vida de la persona como el estrés o el consumo de drogas y también otros biológicos y genéticos. Y cuando les hablaban sobre los factores biológicos…

[Jetty]: Sentíamos, muchísimas veces, que se les aliviaba la culpa. Para las mamás especialmente se les aliviaba la culpa ver el trastorno como un trastorno biológico. De que sus hijos no lo podían controlar, que no era debilidad de carácter.

[Luis Fernando]: O que habían hecho algo mal durante la crianza. Y Jetty se dio cuenta de que más que querer resultados del estudio, lo que querían estas familias era, sobre todo, hablar sobre la enfermedad. Y ser escuchadas.

[Jetty]: Es un tema que no podían hablar con mucha gente. Porque ellos también cuando dicen que su hijo tiene un trastorno mental, entonces sienten que todos los vecinos se apartan. Me dice una señora: “Es que si yo hubiera dicho que mi hija tenía un cáncer tendría la casa llena de vecinos trayéndome comida. Mi hija tiene esquizofrenia y… perdí amigos. Perdí el apoyo de los vecinos”.

[Luis Fernando]: En ese primer estudio recolectaron unas 150 muestras de sangre para analizar. Pero no eran suficientes para obtener resultados precisos. Esa primera investigación fue como un piloto. Empezaron otra con muchísimas más muestras, y que planeaban que durara 5 años.   

Jetty tenía muchas expectativas de encontrar algo.

[Jetty]: Nosotros partimos del proyecto del genoma humano, de sus promesas, felices, acabábamos de encontrar el gen de la sordera. Pensábamos que íbamos a entender ya la biología. Y lo otro es que pensábamos que entender la biología iba a ser súper importante para prevención.

[Luis Fernando]: O sea, que en el futuro podrían decirle a la gente qué tan probable era que sufriera esquizofrenia y así poder prepararse, tomar algunas precauciones.

Una vez que se encontraran los genes de la esquizofrenia, pasarían a otras enfermedades mentales: trastorno bipolar, ansiedad generalizada, depresión…  

Y sí, Jetty sabía que no iba a ser fácil. Pero tampoco se esperaba lo que venía.

La primera dificultad la encontraron antes de analizar el ADN. Para confirmar que los pacientes podían participar en el estudio, necesitaban entrevistarlos, para corroborar el diagnóstico de esquizofrenia. Pero…  

[Jetty]: Cuando nosotros hacíamos el proceso con diferentes entrevistas resultaba que terminaban con un diagnóstico de trastorno bipolar.

[Luis Fernando]: Y es que para diagnosticar trastornos mentales se usan métodos  que son bastante imprecisos.

[Jetty]: Que no cuentan además con exámenes de laboratorio como… como sí para diabetes. O sea, si yo voy a estudiar diabetes, le hago un examen de sangre y tiene el azúcar alto.

[Luis Fernando]: En cambio si se va a estudiar la esquizofrenia, el diagnóstico solo puede hacerlo un psiquiatra que entrevista a la persona. Y cada psiquiatra es diferente.

Pero siguieron las investigaciones. Contactaron pacientes y familias, recogieron muestras de sangre, analizaron el ADN. Siempre buscando los genes de la esquizofrenia.

Con los años, el equipo creció. Y empezaron a estudiar también la bipolaridad. La enfermedad de su papá.

Pero se toparon con otra sorpresa. Encontraron que varias de las zonas del ADN que tenían mutaciones asociadas al riesgo de tener esquizofrenia, también se asociaban al riesgo de tener bipolaridad.  

[Jetty]: Entonces eso lo va viendo uno que no… no hay precisión tampoco.

[Luis Fernando]: Y para sumar a la confusión, encontraron casos de familias donde, por ejemplo, el papá tiene trastorno bipolar, y un hijo desarrolla esquizofrenia.

[Jetty]: Entre más estudios hacemos, más vemos que no son tan limpios los límites. O sea, hay gente que tiene características de esquizofrenia, características de bipolar, o que migran de un de diagnóstico a otro.

[Luis Fernando]: Recordemos ese momento en que Jetty celebraba saltando en el laboratorio, cuando encontró la ubicación del gen de la sordera. Con estos resultados, comenzó a pensar que muy probablemente no iba a tener otro momento como ese.

Miles de genes, miles de millones de mutaciones posibles. ¿Cómo saber si una afecta? ¿O cuánto? ¿Cómo comprobarlo? La complejidad del ser humano los superaba. Y los supera hasta el día de hoy.     

[Jetty]: Ya hemos entrado en una fase de mayor humildad, conciencia, darnos cuenta de que… de que el cuento del comportamiento humano es mucho más complejo que solo sumar genes y un par de eventos estresantes en la vida, ¿verdad?

[Luis Fernando]: Y es que sí, existen enfermedades y condiciones hereditarias que se transmiten por los genes. La hemofilia, las distrofias musculares, la misma sordera de los Monge…

Pero las enfermedades mentales, que se manifiestan en el comportamiento humano,  terminan en un espacio de áreas grises, de incertidumbres, de constante cambio…

[Jetty]: Que hasta la definición del comportamiento humano depende de las diferentes culturas, entonces fue una época de mucha ingenuidad, donde nosotros caímos también en … en el cuento.

[Luis Fernando]: El cuento que narró el proyecto del genoma humano. Que nuestra biología iba a poder ser reducida a unos cuantos genes. Que su peso era enorme, casi determinante.

Pero no, por ahora se conocen más de 100 mutaciones relacionadas a la esquizofrenia, pero se cree que cada una de ellas contribuye muy poquito.

Y es que en realidad, entender qué es el ser humano es una tarea hermosamente compleja…  

[Jetty]: La genética participa, la cultura participa, la nutrición participa. Si hacíamos ejercicio, si… cualquier cantidad de eventos aleatorios, al azar, que no podemos determinar, todo eso participa, eso es lo que somos.

[Luis Fernando]: Y para Jetty, entonces, somos naturaleza más crianza.

[Jetty]: O sea, no es nature vs nurture, somos las dos. Y eso es muy liberador para los padres. Yo como científica, pero además como madre, de pronto dije esto no… o sea uno hace lo mejor que puede.

Uno hace lo mejor que puede y hasta ahí llega.

[Luis Fernando]:  Y hasta ahí llega…

Esta conclusión de Jetty es complicada. Por lo menos para mí. Yo buscaba certeza, respuestas definitivas, buscaba señalar algo específico y justificar todas estas cosas que odio de mí.

Pero lo que encontré fue incertidumbre. Esa incapacidad de saber, esa idea de que esto está por encima de lo que podemos comprender, y prever.

Pero esto termina dándome un poco de paz. Paz que encuentro en la resignación. Porque significa que simplemente hay que dejar ir. Y hacer lo que se puede. Sobrevivir. Adaptarse. Y hacer esto es decidir que no somos nuestros genes, que no estamos completamente determinados por ellos.

Y me parece un poco obvio resaltarlo, pero pienso en la otra herencia. El silencio.

Mi familia lo heredó. Nadie habla de cómo se siente.

Mi mamá sabe que tomo antidepresivos, pero todavía no pronuncia la palabra “depresión”, aunque me ha visto completamente nublado mentalmente, caminando de un lado para otro de manera obsesiva y nerviosa.

Honestamente, yo tampoco la pronuncio. Es como un acuerdo tácito.

Este silencio, este tabú, es una historia con la que me topo una y otra vez. Personas con familias que lidian con la enfermedad mental igual que lo hizo la familia de jetty, casi 50 años antes.

Y con estas personas hay un contacto visual muy particular. Es un reconocimiento. Tal vez hasta un alivio. Porque en ese momento sí nos podemos abrir. Y hablamos  sobre cómo nos sentimos. Y también sobre la manera en que nos callamos.

No lo había visto antes, pero tal vez es ahí que está la sentencia determinante.

En ese silencio…

 

[Daniel]: Por favor. Si sientes que tienes depresión o pensamientos suicidas, busca ayuda. Habla con tus amigos y familiares, y considera buscar ayuda profesional. Y si crees que un ser querido está en una situación así, pregúntale, escúchalo y apóyalo.

Luis Fernando Vargas es asistente editorial de Radio Ambulante. Vive en San José, Costa Rica. Esta historia fue editada por Camila Segura, Silvia Viñas, y por mí. La mezcla y el diseño de sonido son de Andrés Azpiri. Clara Eugenia Arteaga hizo el factchecking.

Muchas gracias a Caramba Films.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Jorge Caraballo, Patrick Mosley, Laura Pérez, Ana Prieto,  Barbara Sawhill, Ryan Sweikert, Luis Trelles, David Trujillo y Elsa Liliana Ulloa. Andrea Betanzos es la coordinadora de programas. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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