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Transcripción: El otro juego

El otro juego
Luis Wong, Camila Segura, Nancy López
10 minutos

 

Vander Caballero: La historia es de un monstruo rosado, gigantesco, es como un rinoceronte… Y su mejor amigo se llama Quico: es un nene viviendo en las favelas que tiene alrededor de unos 12 años.

Vander Caballero: El objetivo del juego es que Quico encuentre una cura para el monstruo.

Daniel Alarcón: A veces los juegos son muy muy serios. Tomemos como ejemplo el caso de Vander Caballero.

Vander Caballero: Esta cosa que viví desde pequeño de saber que si no me falta nada, si tengo un buen colegio, si tengo qué comer, vivo en una buena casa donde todo está bien, no puedo estar triste — pero en realidad era completamente lo opuesto.

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Hoy, “El otro juego”.

Nuestro reportero es Luis Wong

Luis Wong: Para entender esta historia, para entender el drama de la niñez de Vander Caballero, hay que conocer a su padre. Vander lo describe así:

Vander Caballero: Mi padre físicamente era un tipo… es difícil, cuando me acuerdo… Tenía bigote, era muy carismático. Era un hombre que se llevaba muy bien, se vestía muy bien, y inspiraba respeto, borderline miedo.

Luis Wong: Un miedo que Vander y su familia conocían mejor que nadie. El padre de Vander tomaba, y cuando lo hacía le salía una rabia impredecible. Se convertía en un monstruo.

Luis Wong: Nadie entendía la realidad que vivía la familia, ni los amigos de Vander, ni los vecinos… Desde afuera, todo se veía bien.

Vander Caballero: Yo vivía en Bogotá en la 104, abajo de la 19, si no me acuerdo bien. Y era una casa de barrio, era un barrio muy lindo, teníamos un parque cerca. Todas las casas tenían rejas alrededor: parecían unas pequeñas prisiones todas. Y era como si viviéramos dos vidas, porque el hecho de no ser pobres teníamos que vivir esta vida de estar contentos, de decir “nada pasa, nada pasa porque tenemos qué comer”.

Vander Caballero: Y era como si viviéramos dos vidas, porque el hecho de no ser pobres teníamos que vivir esta vida de estar contentos, de decir “nada pasa, nada pasa porque tenemos qué comer”.

Luis Wong: Su niñez parecía la de cualquier niño: llegaba de la escuela, hacía las tareas y se ponía a jugar con sus hermanos. Todo normal. Y luego venía la noche…

Vander Caballero: Y veìas que eran las 8 de la noche y mi padre no había llegado, y si no había llegado a las 8 ya sabíamos que iba a llegar tarde, iba a llegar borracho. Entonces me acostaba con un ansia terrible. Y a eso de las 3 de la mañana escuchabas la puerta del garage, y escuchabas entrar, y lo escuchabas gritar y lo único que yo hacía era cerrar mi puerta y encerrarme en el closet.

Luis Wong: Vander recuerda, en especial, una de esas ocasiones. Tenía 12 años

Vander Caballero: Una vez mi padre llegó borracho y un amigo mío se había quedado en la casa. Y llegó como a las 3 de la mañana. Y llegó y entró al cuarto y nos vio que estábamos ahí durmiendo y nos dijo: “¡Chinos maricas, yo voy a enseñarles qué es ser un hombre!” Y mi amigo se despertó, saltó de la cama corriendo y me cogió de la mano y salimos corriendo por el techo de la casa. Y mi amigo estaba súper asustado; él no sabía qué hacer, él estaba temblando, y yo…para mi era como normal.

Luis Wong: De niño, Vander siempre sentía la necesidad de escapar. De esconderse. Y su salida preferida eran los videojuegos.

Vander pasaba horas junto a su hermano frente al televisor jugando Mario Bros. Entrar a ese mundo lo hacía sentirse como si fuera otra persona, en otra vida. Se relajaba, se divertía, se olvidada. Pero luego el juego terminaba, y llegaba su papá.

Vander Caballero: Era muy, muy triste cuando tenía que dejar el controlador y regresar a mi vida normal, porque no había aprendido nada de cómo lidiar  con un padre alcohólico.

Luis Wong: Para Vander era muy difícil apreciar los gestos amorosos que a veces hacía su padre cuando no estaba borracho, como cuando llegaba temprano a la casa y traía cosas exóticas para comer. Era muy contradictorio… Confuso. A veces hacía todo para cuidarlos pero luego, cuando tomaba, se volvía un monstruo. Su madre intentaba defenderlos, pero ella también le tenía miedo a su marido.

Luis Wong: Cuando Vander tenía 16 años, su padre falleció en un accidente. No importan los detalles. Lo que importa es esto: luego de enterrarlo, Vander llegó a su cuarto, se echó en su cama y se puso a pensar. ¿Y qué sentía? Tristeza. Quizá. Pero sobre todo, un poco de alivio, algo parecido a la liberación.

Luis Wong: Cuando terminó el colegio, Vander se fue de Colombia para estudiar diseño industrial en Italia. Después, en 1998 y con 24 años, llegó a Canadá. Ahí aprendió cómo hacer videojuegos y luego entró a trabajar durante varios años en Electronic Arts, una de las compañías de juegos más importantes del mundo.

Luis Wong: Fue en esa época cuando Vander se dio cuenta, después de tantos años, del vacío que lo había perseguido desde niño. Se dio cuenta que nunca había tenido sueños.

Vander Caballero: Porque en realidad lo que estaba…estaba sobreviviendo. No tenía sueños de pensar “voy a ser esto” o “voy a ser lo otro”, en realidad estaba viviendo mi día a día y tratando de sobrevivir con la situación tan pesada que tenía en la casa, entonces no soñaba.

Luis Wong: Y aquí es cuando todo cambió. Mientras algunos transforman su sufrimiento en cuentos o en novelas, y otros en películas o cuadros, Vander volvió a lo suyo. A lo que siempre fue su escape. Decidió hacerlo a través de un videojuego. Y recuerda que una noche le contó la idea a un amigo. Pero el amigo no respondió de la manera que él esperaba.

Vander Caballero: “Vander, no tomes esto personal, pero tu historia ya ha sido contada mil veces”, y me dio una rabia; me dio realmente una rabia profunda pensar que mi dolor no era único, que ¿dónde está mi dolor? ¿dónde se va?

Vander Caballero: Y en ese momento me di cuenta que tenía que hacer Papo y yo, un juego que cree basado, inspirado en mi infancia.

Vander Caballero: La historia es de un monstruo rosado, gigantesco, es como un rinoceronte, y su mejor amigo se llama Quico: es un nene viviendo en las favelas que tiene alrededor de unos 12 años.

Luis Wong: El jugador, a través de Quico, puede explorar el entorno. Los escenarios y la música evocan claramente a Latinoamérica. Se pasan varios niveles resolviendo acertijos para avanzar en la historia pero sobretodo hay una  relación entre Quico y el monstruo que es muy importante.

Vander Caballero: Juegas con él: coges un coco, se lo mandas, él corre detrás del coco, lo muerde, puedes saltar encima suyo, puedes jugar con él…entonces creas esta relación con un monstruo que es cinco veces más grande que tú, y estás ahí y después te sientes confortable con el monstruo y dices “¡ah! ¡eso es super lindo!”.

Luis Wong: Pero cuando el monstruo se come una rana -que simboliza el alcohol-

Vander Caballero: Se vuelve malo y te empieza a atacar, es ahí cuando dices “¡Boh!” y se te voltea todo y dices “¿cómo es posible que esta cosa que era mi amigo se transformó en algo terrible?”

Vander Caballero: Entonces cuando estás jugando eso, cuando pasaste bastante tiempo con el monstruo y después se voltea contra ti, es super devastador, y esa fue mi experiencia.

Vander Caballero: El objetivo del juego es que Quico encuentre una cura para el monstruo.

Luis Wong: Vander formó su compañía Minority Media en 2010, y Papo y Yo fue su primer videojuego. Luego de lanzarlo, comenzó a promocionar el juego en diferentes ferias en todo el mundo. En ellas no sólo tenía que hablar del juego sino también de su padre. Para él era difícil hacerlo, pero se dio cuenta que al hablar de ello podía impactar a muchas personas que habían pasado por lo mismo. Y como es usual con algunos escritores o cantantes, muchas personas empezaron a escribirle correos agradeciéndole por haber creado el juego. Vander recuerda con cariño uno de estos emails:

Vander Caballero: “Soy un padre soltero. Me ocupo de mi hijo de tres años, y algunas veces pierdo el control, porque es muy estresante ser padre soltero de un nene de tres años y algunas veces le grito. Y cuando jugué Papo yo me di cuenta de cómo él me veía a mi”. En ese momento…wow, se me partió el corazón porque el juego no solamente le llegaba a las víctimas, sino también a los agresores.

Luis Wong: Al final del juego, mientras vemos al monstruo echado en una cama sin molestar a nadie, tenemos que tirarlo a un abismo. Ese fue el mensaje final que Vander y su equipo quisieron dejarle a los jugadores. Del mismo modo que sucede con un alcohólico, tienes que dejar que el monstruo se vaya.

Daniel Alarcón: Luis Wong trabaja para IDG Latin America y ha sido editor asistente en la revista Etiqueta Negra. Vive en Lima, Perú.

Esta historia fue editada y producida por Camila Segura y Nancy López.

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