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Transcripción: Soy marrón

Daniel Alarcón: Gracias por escuchar Radio Ambulante. Hoy les quiero recomendar otro podcast de NPR. Se llama Embedded, y lo dirige la periodista Kelly McEvers. Esta temporada están investigando videos policiales, esos clips borrosos que vemos en las noticias todo el tiempo. En el episodio de esta semana, investigan un tipo de video que no se ve muy a menudo: uno en donde le disparan a un policía, y la extraña e impredecible historia de lo que viene después. Encuentra Embedded ahora en el app de NPR One o en npr.org/podcasts.

Ah… Y si no han llenado nuestra encuesta de audiencia, por favor vayan a radioambulante.org/encuesta. Por favor. Es una gran ayuda, y no les demorará más de 3 minutos.  No importa si este sea el primer episodio que han escuchado, igual nos sirve. Mil gracias.

Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

Ok, entonces, hace unas semanas, Camila Segura y yo conversamos con mi amigo Marco. Es periodista, escritor. A los 36 años se mudó de Lima, Perú, a Estados Unidos. A un estado un poco aislado, cerca de la frontera con Canadá.

Marco Avilés: Dicen que es el estado más rural de Estados Unidos. Pero quizá es una manera de… como de encontrar cierto orgullo en como, en ser únicos, ¿no?

Daniel: Además es…

Marco: El estado más viejo de Estados Unidos.

Daniel: Y…

Marco: Con la población más blanca de Estados Unidos.

Daniel: Se llama Maine.

Marco: Es el único estado de una sola sílaba.

Daniel: Y para Marco, este estado monosilábico, viejo y blanco resulta ser un paraíso.

Marco: Cubierto de bosque, lleno de árboles, el mar alucinante, ¿no? La costa dibujada como un garabato, ¿no?

Daniel: Llegó a este paraíso por su novia, una periodista gringa que conoció en Lima. Se llama Annie.

Annie Avilés: Nací en Maine. Y crecí allá. Y después viví, no sé, unos 10 años en América Latina.

Daniel: ¿Cómo conociste a tu esposa?

Marco: Bueno, la conocí porque tu nos presentaste, Daniel.

Annie: Sí, Daniel y Radio Ambulante… es como el padrino, ¿no?    

Daniel:  No soy casamentero, no los presenté pensando en que iban a ser pareja, ni siquiera se me pasó por la cabeza. Pero, si pienso en los logros de Radio Ambulante, la pareja Annie y Marco es de lo mejorcito que hemos hecho, la verdad.

Entonces…

Marco: Todo fue muy rápido porque nos vimos dos veces. Ella se fue a Estados Unidos, cruzamos un montón de correos, y la siguiente vez ya estábamos hablando de mudarnos juntos.

Camila Segura: ¿Y cuándo fue el primer beso?

Marco: Ah, cuando… Creo que media hora después de que bajó del avión.

Daniel: Y bueno, pensándolo bien, están hechos el uno para el otro. Ambos son inteligentísimos, muy curiosos, sensibles, cero pretenciosos: de esos que le gusta explorar el mundo, ir a los lugares más recónditos y hablar con la gente.

Y tenían algo más en común. A pesar de que se conocieron en Lima, compartían un amor por el campo.

Annie: Cuando empezamos a hablar del campo, creo que era cuando realmente empecé a enamorarme.

Marco: Entonces cuando Annie me hablaba de Maine, y de los bosques y de los venados y de que no había gente, creo que en verdad nos… eso fue lo que me gustó más de ella. Porque dentro de mi cabeza había también como una, no sé, como una imagen similar de ese mundo rural. Me gustaba…

Daniel: Y ambos estaban cansados de Lima. Annie vivió ahí durante menos de un año y nunca se acostumbró. Había vivido años en La Paz y Santiago, pero, pues, Lima es otra vaina. Con ritmos diferentes a esas ciudades. Lima no necesariamente encanta a primera vista. Y bueno, Annie extrañaba una vida más simple.

La vida en Maine no es la típica que uno se imagina de Estados Unidos. No hay grandes ciudades, no es la vida suburbana que se ve en la tele. Es algo más rústico.

Marco visitó por primera vez en verano, cuando fueron de vacaciones al pueblo de Annie.

Annie: Bueno, soy de un pueblo de como dos mil y pico de personas, ¿no? Y es muy campesino.

Marco: Fue una vacación alucinante. Y sí: Maine, osea, es un estado que suele cautivar a la gente. De hecho, su sobrenombre es “Vacationland”.

Daniel: “Vacationland”. La Tierra de las vacaciones.

Marco: Mi primera comida creo que fue una sopa de cangrejos.

Daniel: La comida más típica de Maine.

Marco: Y dije: “Ah, esto no es tan diferente de Lima. Porque en Lima yo como cangrejo al frente del mar, y tomo chela”.

Daniel: Bueno, no mucho…

Le gustó tanto que poco más de un año después, en 2014,  se mudaron del todo. Y llegaron a vivir a una cabaña que tiene la familia de Annie, en la mitad del bosque.

Annie: Es chiquitito, chiquitito. No sé, no es como ese fenómeno “Tiny House”, no es un “Tiny House”, pero es a esa escala, ¿no?: chiquito.

Daniel: Con una cama encima de una plataforma, una cocina pequeña, una ducha al aire libre y a 20 minutos en auto del pueblo más cercano.

Perfecto. Exactamente lo que buscaban.

Pero, claro, a pesar de que Marco estaba feliz, dejar Lima también tiene sus retos. Extrañaba a su familia, a sus amigos… A la vida que tenía.  Y además, Marco, en Perú, era alguien conocido.

Marco: Cuando voy al Perú soy periodista, soy escritor…

Daniel: Los universitarios le piden entrevistas. Hace poco cuando volvió a Lima a lanzar su último libro….

Marco: Me invitaron a la radio, a la tele, para dar entrevistas y todo.

Y cuando vengo… cuando vengo a Maine, el único que —además de Annie, por supuesto—, el único que se alegra por mi presencia o se sorprende es mi perro, ¿no? Mi perro, Piji.

Daniel: Y es chocante: pasar de ser alguien a ser nadie…

Marco: A veces siento que tengo una doble vida, ¿no?…

Daniel: Marco pasó meses trabajando en su casa, vía internet, como si estuviera todavía en el Perú. Hasta que decidió que no, que necesitaba un vida normal, con amigos, con actividad. Sacó la residencia y buscó un trabajo fuera de la casa. Buscó, como buen peruano, poder jugar fútbol.

Marco: Bueno, entonces me pasaron el dato de una liga de fútbol y me inscribí, y el organizador —es un gringo, ¿no?, como de 60 años, así muy buena onda: le gusta la Liga Inglesa, el fútbol y tal—, me acuerdo la primera vez que fui ya para jugar con mi equipo, me llamó a un lado y me dijo: “Hey, yo conozco a alguien de donde tú vienes”.

Y agarró su celular, marcó un número, y me lo puso en la oreja.  Me dijo ya: “¡Habla!”. Y no sé, me dio un nombre, me dijo: “José está al otro lado de la línea. Habla”. Entonces yo digo: “Aló, hola, sí, soy Marco, ¿qué tal?”. Y al otro lado, no sé, José: “Hola, Marco, ¿qué tal? Sí, soy de Paraguay. ¿Tú de dónde eres?”. “Ah, yo soy de Perú”. “Ah, ya, ¿qué tal?, sí”. Y un silencio…

Daniel: Peruano, paraguayo… Digamos que, en Maine, es exactamente lo mismo.

Sin embargo, y esto es algo que Marco me reiteró varias veces, la gente de Maine es cariñosa. Es buena gente.

Marco: Se parece mucho, en muchos sentidos, a la gente de los Andes.

Te sonríen todo el tiempo, te saludan, son afectuosos.

Daniel: La gente de Maine, y la gente andina comparte…

Annie: No sé, actitudes, tendencias de ser muy cerrado a primera vista. Pero después, de ser muy cariñosos. Su conexión con la tierra…

Daniel: Sobretodo en los pueblos. Son comunidades pequeñas, unidas.

Marco consiguió trabajo en un restaurante.

Marco: Entré como pinche de cocina.

Camila: ¿Qué es pinche?

Marco: Pinche es como el soldado, así, de más baja categoría. Básicamente el que recibe todos los gritos y no tiene, no tiene opción a protestar.

Annie: Él, por primera vez en su vida, era como… la gente le trataba como migrante nomás, ¿no?, como… No era como Marco, ni un periodista, lo que sea. Era un inmigrante.

Marco: Y al restaurante entré y todos los días me gritaba la chef. Y a veces como muy fuerte, hasta humillarme, ¿no?

Yo volvía a mi casa y a veces lo único que podía hacer después de esos días como intensos de trabajo y de gritos y de presión, o sea, mi única reacción era como… esperar a que Annie se pusiera a dormir y yo me ponía a llorar, ¿no?

Era un llanto como, no de pena ni nada, sino una manera de botar esa energía y esa confusión, ¿no? Era un llanto de confusión, o sea, “¿qué cosa está pasando? ¿No? Nunca me han tratado así”.

Daniel: Pero Annie igual se daba cuenta.

Annie: Nunca había visto a él así. No sé, a veces sentí como, “pucha, este trabajo le va a romper”, ¿no?

Daniel: Ahora, Marco me mataría si lo hago quedar como un mártir o algo por el estilo. No. Estaba aprendiendo algo nuevo, y es un tipo al que le gusta trabajar.

Pero sí era una chamba solitaria.  No tenía mucha gente con quien hablar. Sobretodo en su idioma.

Marco: Cuando entré era el único latino.

Daniel: Lo cual es muy inusual en las cocinas de los restaurantes de Estados Unidos. Aquí es donde se nota que Maine es un estado muy blanco.

Según las últimas cifras, en Maine hay solo 17.000 latinos. O sea, el uno por ciento de la población. Es el estado con la menor cantidad de latinos en todo el país. Pero no solo es el tamaño de la comunidad latina. Es que no hay, propiamente dicho, una comunidad. No hay centro. No hay barrios latinos.

Marco: Los latinos no están, no los ves.

Annie: Nunca, nunca, nunca vemos a ellos en la calle. Nunca.

Daniel: Por una simple razón: la gran mayoría de la población latina vive en fincas, en las granjas donde trabajan. Viven aislados, son mano de obra en el campo o en los criaderos.

Annie: Viven en trailers, no tienen autos muchas veces.

Daniel: Casi no salen de ahí.

Le pregunté a Annie si recuerda haber visto latinos de chica. Me dijo que no.

Entonces, alguien como Marco, pues, llama la atención.

Annie: Se ve como una persona, a mi parecer, que es de los Andes ¿no? Tiene ojos muy alegres, no sé, su pelo crespo… Tiene gafas…

Marco: La gente siempre se ha burlado de mí por diferentes cosas, ¿no? Porque… Por mis lentes, por mi pelo que es ondulado y cuando crece parece como un micrófono, ¿no?

Daniel: Y su nariz…

Marco: Cuando la gente me mira me dice: “Oye esa una nariz enorme. Pepino. Nariz de inca”.

Daniel: Y la piel…

Marco: Mi piel es como color, diría como color madera, color caoba, algo así como la corteza de los árboles. Es una piel marrón…

Daniel: Ya. Entonces, digámoslo así: en el estado más blanco de Estados Unidos, nadie nunca confundiría a Marco con una persona blanca.

Y esto lo menciono porque en el 2015, de pronto la apariencia de Marco se volvió algo importante…

Donald Trump: When Mexico sends its people… They’re not sending their best. They are not sending you, they are not sending you. They’re sending people that have lots of problems. And they’re bringing those problems with us. They’re bringing drugs, they’re bringing crime, they’re rapists. And some —I asume— are good people.

Marco: Ese Maine que yo había conocido —era el Maine como tranquilo, apacible, ¿no?—, en mi cabeza, se volvió en ese Maine como desconocido y un poco hostil.

Daniel: Así es. Algo cambió en su paraíso. Después de la pausa: ¿cómo se siente ese cambio en el día a día?

Ya volvemos.

 

–INTERMEDIO–

Daniel: Gracias por escuchar Radio Ambulante. Todo este mes le estamos  pidiendo a nuestros oyentes que le cuenten a un amigo sobre un podcast que les gusta. Llámenlos, contáctenlos por redes sociales, y si ellos no saben lo qué es un podcast, pues, explícales. Y si no saben cómo escucharlo, enséñales. Luego cuéntanos qué podcast recomendaste con el hashtag #TRYPOD….  T, R, Y… P, O, D… ¡Gracias!

——

Daniel: ¿Te acuerdas la primera vez que pensaste que Trump iba a ganar?

Marco: Me acuerdo en el restaurante, a fines del 2015, cuando estábamos como ya después de la hora de servicio, ya tomando cerveza, vino, todos los cocineros. Pero me acuerdo que un cocinero dijo: “Si Trump gana, me voy a Canadá”. Y lo dijo como broma, sí, todos sí se rieron. Pero creo que en ese momento me di cuenta  de que si un gringo estaba diciendo eso, dije, “oh, wow, quizás hay que prestarle más atención a esta cosa”, ¿no?

Daniel: Creo que en esa época mucha gente —incluso analistas y periodistas políticos— no tomaban en serio la posibilidad de que Trump pudiera ganar. Yo tampoco. Cuando viajaba a Lima, mis amigos me preguntaban y les aseguraba que no pasaría. Igual Marco.

Marco: Pensé que era como parte de la cosa…, como algo folclórico en medio de la política gringa.

Daniel: Annie lo veía diferente. Cuando sus amigos le preguntaban, ella decía:

Annie: “Pucha, a mi me preocupa, porque yo conozco mucha gente que puedo imaginar a ellos apoyándole, y no lo veo como muy raro”.

Daniel: Y Annie tenía razón. La posibilidad de que saliera Trump se volvía cada vez menos descabellada.

¿Te acuerdas la primera vez… cuando comenzaste a ver estas pancartas? Por Maine.

Marco: No estoy muy seguro, pero empezaron a brotar, así como las hojas de los árboles en primavera, en verano y…

Daniel: Y es que para esa época, Marco había dejado el restaurante, y había conseguido un nuevo trabajo en el que tenía que manejar bastante. Entonces…

Marco: Como yo manejo todo el tiempo, de un pueblo a otro, sí noté que conforme a la campaña iba poniéndose más intensa, iban apareciendo más carteles de apoyo a Trump. Carteles a veces enormes, ¿no?

Daniel: Carteles que Marco sentía casi como una agresión.

Pasó el verano, y en agosto…

Donald Trump: My fellow Americans…. I humbly and gratefully accept your nomination for the presidency of the United States.

Daniel: Marco se acuerda de un cartel en particular que le llamó la atención.

Marco: Hay una carretera por la que siempre voy, y hay un par de tiendas de armas y municiones ahí. Y hay una que no sé de dónde consiguió una especie de tanque de guerra, y pusieron un cartel enorme arriba que decía algo así como: “Apoya a Trump o apoya a la traidora”. Algo así, ¿no?

Daniel: O sea, en inglés, “Support Trump or support the traitor”, ¿algo así?

Marco: Sí, algo así. Pero era enorme. Además la visión del tanque era intimidante.

Daniel: Y, en cambio, los carteles de Hillary…

Marco: No, de Hillary eran… tres.

Daniel: En esos días, Marco fue a una tienda —que también era un bar— a comprar cualquier cosa. Cuando estacionó se dio cuenta de que había un cartel de Trump en la ventana.

Marco: Y al ver el cartel dije: “mejor no entro”, ¿no?

Daniel: La zona del bar estaba llena…

Marco: Y no sé, me imaginé, así como proyectándome al futuro, que entraba y, no sé, me tiraban cerveza o no sé.

Daniel: O peor…

Marco: O me esclavizaban. O me esclavizaban, ahí, y no me dejaban salir nunca más. O me insultaban.

Daniel: Pero esta película que se estaba imaginando no sucedió. No pasó nada. Marco entró, compró lo que tenía que comprar, y es más: lo atendieron muy amablemente.

Marco: Y luego me fui sintiéndome culpable. “Oh, no debí haber pensado eso de esas personas”. Y ahí me di cuenta de que a veces todo estaba ocurriendo en la cabeza, pues…

Daniel: Bueno quizá en esta ocasión sí, pero es fácil entender por qué Marco se sentía ansioso. Recordemos cómo era la retórica de la campaña de Trump. Retórica que ahora se ha convertido en políticas concretas de la nueva administración. En las últimas semanas de la campaña, el lenguaje que usaba el candidato republicano era agresivo, a veces hasta apocalíptico.

Donald Trump: The result will be millions more illegal immigrants,

thousands of more violent horrible crimes and total chaos and lawlessness. That’s what’s gonna happen.

Daniel: Describía las ciudades de Estados Unidos como campos de batalla.

Y los latinos, los inmigrantes, los refugiados, y los musulmanes se convirtieron en enemigos.

Entonces no nos debe sorprender lo que le pasó a Marco a pocas semanas de las elecciones. Estaba caminando por un parque, uno de esos en donde se junta la gente a meterse droga o a emborracharse.

Marco: Es también un parque un poco como hostil, ¿no? A veces me hace acordar a esos barrios de Lima, como unas zonas del Callao, donde tú dices, “oh, por acá no debería caminar, ¿no?”.

Daniel: Y estaba por subirse a su carro. Había un grupo de gente conversando, fumando…

Marco: Y una mujer me dice: “Hey, you, you— purple shirt”, ¿no?: “Hey, tú, el de camisa púrpura”. Y entonces volteo. Y me dice: “Are you a Latin?”, “¿Eres un latino?”. Yo no le respondí, porque como que me agarró frío, y me dijo: “What are you doing here? Go to your fucking country”.

Daniel: “¿Qué haces acá? Vete a tu puto país”.

Uno siempre se imagina que va estar listo para una confrontación como esta. Que, como en las películas, vas a saber exactamente qué responder. Pero en la vida real no es así. Uno vive desprevenido, y tampoco es que ande con un guión en mano…

Marco: Y me metí al carro, prendí el carro y dije: “Ya, no, pero ahora estoy protegido, ahora estoy en mi carro. Entonces me voy a dar la vuelta, me voy a estacionar, cerca de ellos, y me les voy a responder y les voy a gritar. Y si me quieren atacar, ah, los voy a atropellar”…

Daniel: Pero claro, no hizo nada. Se montó a su carro y se fue a su casa. Y como seguramente nos pasa a muchos, todo el día se quedó pensando en qué hubiera podido contestar…

Marco: No tenía nada tan claro como decirle: “Oh, vete a la mierda”, o… ¿no? Estaba tratando también de articular: “Con qué derecho me dices tú que vaya a mi país, o sea, ¿desde cuándo vives tú en este país?, o ¿cuándo llegó tu familia a esta tierra?, ¿no?, ¿quién es más antiguo?”. Una cosa así como un poco rara, pero…

Daniel: Unas semanas después, el 8 de noviembre del 2016…

NPR Reporter: And we continue our election night coverage. And as I’m sure you’ve heard by now, Donald Trump is the president-elect of the United States of America, edging out Hillary Clinton in a way that no one really saw coming, as we’ve been hearing all night…

Marco: La noche de las elecciones fue un shock para todos acá, ¿no?

Daniel: Entre los amigos de Marco y Annie, en su círculo cercano, ninguno apoyaba a Trump.

Marco: Estuve con unos amigos viendo la televisión, y todos tenían así como cara de: “¿qué cosa está pasando?”, ¿no? Como si fuera un sueño.

Daniel: Y esa es la misma pregunta que yo escuché varias veces en los días después de la votación. Mucha gente con la que yo hablé no se lo creía. Quizá hasta hoy hay gente que no termina de asimilarlo.

A veces la política se siente como algo muy lejano. O sea, si no eres especialista, ni periodista, ¿cuántas veces al día puedes o tienes que pensar en tu presidente? Digamos que, claro, uno puede estar a favor o en contra de una propuesta u otra, uno puede apoyar o detestar a un senador o a un alcalde, pero por lo general el día a día te consume. El trabajo, la pareja, la rutina… Muchas veces lo que pasa en la capital, lo que pasa dentro del gobierno, es casi abstracto, ¿no?

Bueno, para Marco no. Es decir, él sí siente el impacto. Sí lo ha sentido. A diario. Lo carga a donde va. Y no solo Marco: millones. Latinos, afroamericanos, musulmanes, refugiados, indocumentados, mujeres, gente gay, gente trans…

Según me cuenta Marco, algo ha cambiado. Se siente en el aire…

Donald Trump: This American Carnage stops right here, and stops right now.

Daniel: Entonces, un día, hace poco, Marco entró a una gasolinera y compró café. Trump ya era presidente.

Marco: Y habían dos hombres mayores, como de 70 años los dos, conversando.

Daniel: Marco se sentó en una mesa para hacer una llamada.

Marco: Y de pronto siento que la conversación de ellos empieza a… Sube el volumen: ellos empiezan ya no a hablar, sino como a gritar un poco, ¿no?

Daniel: Y aquí es donde entra esa paranoia. Oyó que estos señores comenzaron a decir cosas como…

Marco: “Oh, sí, es muy bueno lo que está haciendo Trump. Y no, el muro, y va a quitar los seguros, porque hay mucha gente que vive del Estado”, ¿no? Y yo sentía que lo decían para que yo escuchara.

Daniel: Pero también le quedaba la duda:

Marco: “¿Pero de verdad lo están diciendo porque estoy acá, o así es como hablan?”, ¿no?

Daniel: Y pues, nunca supo…

Marco: Digamos que este… Esta manera sentir, un poco, las cosas corrientes ocurre todo el tiempo, ¿no? 

Daniel: Y ha vuelto a pasar. Una mujer blanca, de unos 30 años, de cabello castaño, le habló duro un día en el oculista.

Marco: Y lo que uno espera normalmente es que le digan, “hola, ¿qué tal?, ¿en qué te puedo atender?”. Y la mujer me miró y me dijo: “What do you want?”, ¿no? “¿Qué quieres?”. Como diciendo: “¿qué haces acá?”. Como si yo fuera, o sea, alguien que no debía entrar.  Y nuevamente eso: “¿De verdad lo está diciendo porque quiere hacerme sentir como incómodo? ¿Quiere, o sea, es una mujer como, no sé, racista o solamente tiene un mal día? ¿O qué?”, no sé.

Daniel: Y esto tiene un costo. Agota. Y quizá uno puede aprender a vivir con estos pequeños actos de hostilidad, pero ya estas cosas no se quedan en palabras. Mira las noticias de las últimas semanas. Un ingeniero indio asesinado en Kansas. Un hombre Sikh baleado en Washington. Un hombre latino asaltado en Boston. Varias mezquitas incendiadas. Amenazas a más de 20 centros judíos a lo largo y ancho del país. Y mucho más.

Le pregunté a Marco cómo se siente vivir con esta paranoia.

Marco: Al final, uno termina saliendo con un problema casi matemático en la cabeza, ¿no? Este… ¿Soy yo?, ¿son ellos?, ¿no?, ¿han tenido un mal día?, ¿así habla la gente acá?, ¿no?

Daniel: Lo importante no es que te traten bien o mal en una tienda cualquiera. Lo que pasa es que esas interacciones inocuas son un reflejo de una política nacional que muchos latinos perciben como hostil.

El día que hablamos con Annie hubo redadas contra inmigrantes indocumentados en varias ciudades. Le pregunté a Annie cómo les afectaban noticias como estas, más la tensión cotidiana que vive Marco. Me confesó que estaba preocupada. Y me contó que cuando puso el tema con unos amigos gringos le dijeron:

Annie: “¿Pero Marco va a estar bien?”. Y es como, “pero esto no es el punto”. ¿No? No importa si nosotros como familia “vamos a estar bien”, entre comillas. No estamos bien. Si no se trata a todos los inmigrantes de una forma digna, nosotros tampoco estamos bien, ¿no? 

Daniel: Y sí, han conversado de manera muy hipotética…

Marco: Qué haríamos si las cosas se ponen peor. O si ya la hostilidad contra los residentes latinos, contra la gente marrón, se pone… es como mucho más como evidente, ¿no?

Annie: No hablamos de irnos ahorita, pero sí, a veces hablamos. Mayormente soy yo la persona que… que quiere tocar el tema. Porque Marco, según Marco, es como muy débil… huirse.

Marco: Porque es como, pues, plantearnos que todo lo que hemos hecho, pues, se va a quedar atrás, ¿no? O sea, la casa que estamos construyendo, el trabajo que ambos… los trabajos que ambos tenemos, ¿no?

Annie: Yo digo: pero no es huir, porque no vivíamos acá más que dos años, ¿no?

Marco: Y me pongo a pensar en los amigos que tengo acá y como: “Pucha”. De hecho, me pongo triste, ¿no?

Annie: La pregunta es: ¿realmente podemos seguir viviendo en este país?

Daniel: Para Marco y Annie, la respuesta es sí. Se quedan.

Por ahora…

Esta historia fue escrita por Camila Segura, Silvia Viñas y por mí. La mezcla y el diseño de sonido es de Désiree Bayonet. Gracias a Jorge Just. Gracias a Marco y Annie Avilés por compartir su historia con nosotros.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Luis Trelles, Elsa Liliana Ulloa, Barbara Sawhill, Caro Rolando, Melissa Montalvo, Ryan Sweikert, Luis Fernando Vargas, Andrés Azpiri y David Trujillo. Andrea Betanzos es nuestra intern. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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