Historia clínica | Transcripción

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Este podcast es propiedad de Radio Ambulante Studios. Cualquier copia, distribución o adaptación está expresamente prohibida sin previa autorización.

[Daniel Alarcón]: Hola, ambulantes. 

Antes de comenzar, quiero pedirles que nos ayuden con algo que sé que les va a gustar. Es para un episodio especial. Sabemos que hay muchos oyentes que tienen curiosidad sobre el proceso editorial de Radio Ambulante o la historia de la organización… Incluso sobre las historias que ya hemos hecho. Son preguntas que nos llegan a los medios de contacto que tenemos o que nos hacen cuando asistimos a alguna conferencia o evento. 

Entonces, se nos ocurrió hacer un Ask Me Anything, pregúntame lo que quieras. Un episodio donde respondemos cualquier duda o curiosidad que tengan sobre Radio Ambulante. Para eso, queremos pedirles que si tienen alguna pregunta que siempre nos han querido hacer nos la manden en forma de nota de voz a un Whatsapp que hemos abierto. 

Pueden encontrar el link y el número (+1 555 917 9841) en las notas del episodio. 

Por favor solo envíen notas de audio, ojalá tampoco muy extensas. Y digan su nombre y desde dónde nos escuchan antes de la pregunta. 

Muchas gracias, ya queremos oírlos. 

Aquí el episodio. 

[Daniel Alarcón]: Esto es Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón.

La noche del 28 de marzo de 2005, el doctor argentino Marcos Hourmann estaba a cargo de la guardia del hospital Mora D’ Ebre en Tarragona, a una hora de Barcelona, en España.

Marcos llevaba unos años trabajando allí, un centro de salud pequeño, con pocos recursos y médicos más jóvenes que él, que para ese momento ya tenía más de 20 años de experiencia como cirujano y médico de emergencias.

El trabajo le gustaba. La adrenalina de lo urgente nunca lo había estresado, al contrario. Y esa venía siendo una noche tranquila, parecida a cualquier otra. Hasta que las puertas de la guardia se abrieron y llegó una mujer de 82 años llamada Carmen acompañada de su hija.. 

[Marcos Hourmann]: Grave. Muy grave. Con un infarto de… infarto miocardico. Una hemorragia digestiva, diabetes y un cáncer de colon enorme.

[Daniel]: Se lo habían diagnosticado hacía tres meses. Apenas llegó, Marcos notó que quería decirle algo. 

[Marcos H.]: Me pide morir de entrada… y no le hago caso.

[Daniel]: Le pidió morir, pero Marcos ni siquiera contempló el pedido. Así que empezó con los procedimientos de rutina en casos así. 

[Marcos H.]: Intento sacarla adelante. Y más con el infarto que es lo que yo sé hacer. Y la manejo, la manejo, la manejo, la manejo, lo que se puede, lo que se puede. Y le ponemos de todo después de casi dos o tres, no sé, de muchas horas trabajando para sacar adelante, hasta que llega un momento que la situación médica es irreversible… y no hay más nada que hacer.

[Daniel]: No había nada que pudiera hacer para salvarla. 

[Marcos H.]: Se lo explico a la hija, que no hay nada que hacer, que no hay corazón ya viable. Y que si está de acuerdo la vamos a sedar. 

[Daniel]: Le explicó que la sedación es un procedimiento habitual en pacientes como Carmen, cuando la medicina se queda sin opciones. En este caso, le podría inyectar un cóctel de derivados de morfina y otros sedantes para disminuir su conciencia y aliviar su sufrimiento en el final.  

La hija estuvo de acuerdo. Así que Marcos sedó a Carmen, y se fue a descansar a uno de los cuartos libres que había en el hospital. Ya eran casi las cuatro de la mañana. Estaba durmiendo cuando una enfermera le avisó que la hija de la paciente lo estaba buscando porque quería hablar con él. 

[Marcos H.]: Y me dice la hija que no podía verla más así a  su madre sufrir. Y entonces ahí vuelve otro ser humano. Ahí ya es Marcos. No es el médico. El médico había hecho todo hasta ahí, todo. 

[Daniel]: Y ese Marcos, ya no en su papel de médico sino de ser humano, empezó a ver a la hija de Carmen no como a un familiar más de los muchos que había visto en su carrera sino de otra forma: como una mujer vencida por el cansancio y la angustia. Y entonces recordó lo que Carmen le había pedido al llegar. 

[Marcos H.]: Dije: Yo te voy a ayudar porque no hace falta ver más a tu madre sufrir ni un segundo. Porque esa es la palabra clave de esta historia. “Sufrir”. Y le digo si quiere que sea ya, me dice que sí.

[Daniel]: Que sea ya… que muriera ya. Así que entró en la habitación, cargó cloruro potásico en una jeringa y se lo aplicó por vía intravenosa. 

[Marcos H.]: Eso provoca la parada cardiorrespiratoria. Me salí de la habitación y la miré a ella y le dije “Ya está”. 

[Daniel]: Ya está, Carmen había muerto. Para ella y su familia, la inyección de cloruro potásico fue el final de un dolor tal vez ya demasiado largo. Para Marcos, en cambio, fue el comienzo de una pesadilla que en ese momento no tuvo forma de dimensionar.

Nuestra productora Emilia Erbetta nos sigue contando.

[Emilia Erbetta]: Esa madrugada de 2005, cuando Marcos aplicó la inyección de cloruro potásico a Carmen, ya llevaba 15 años fuera de Argentina. 

No era el único médico de su familia. Su hermano mayor estudió lo mismo. Pero eso no significaba que la suya fuera una familia de doctores, para nada. Su mamá Esther era comerciante y pianista, y su papá Luis trabajaba con piedras preciosas, y además tocaba el violín con oído absoluto. Una familia argentina de clase media trabajadora como muchas otras. 

Marcos no recuerda cómo fue que se reveló para él la vocación médica. De algún modo, es como si siempre hubiera estado ahí. 

[Marcos H.]: Cuando yo era chiquito, siete, ocho años, yo siempre hablaba de querer ser médico. Después de tantos años, llevo 40 años de médico, lo siento como que era lo que tenía que hacer.

[Emilia E.]: Así que cuando a fines de los 70 terminó el colegio secundario, se inscribió en la facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, de donde se graduó en 1985, con 24 años. Primero, pensó en especializarse en anestesiología. Durante las prácticas había conocido a un anestesista que lo había impresionado un poco, le causaba admiración.  Así que un día fue a verlo trabajar directo en el quirófano.

[Marcos H.]: Y me di cuenta de que me iba a divertir más estando del lado del equipo quirúrgico. Y ahí dije “mmmm anestesia va a ser muy rutinario, me lo voy a pasar bien en cirugía” 

[Emilia E.]: Decidió especializarse en cirugía general, y estaba en plena formación cuando en 1987 murió su mamá. Esther llevaba algunos años haciendo diálisis por una afección en sus riñones, e iba muy bien, hasta que una bacteria muy agresiva entró por su ombligo.

[Marcos H.]: La muerte de mi madre fue rápida. En 24 horas hace una infección sistémica y no pudimos hacer nada. La intubamos y en los últimos minutos la desconectamos. No había más nada que hacer. 

[Emilia E.]: La muerte de Esther fue un golpe duro para toda la familia. Para Marcos, su hermana, su hermano. Pero sobre todo para su papá, Luis.

[Marcos H.]:  Mi padre la muerte de mamá fue una antes y un después. No tenía sentido su vida de tanto lo que la quería. Me acuerdo de mi padre era otro ser humano. No, no se creía que no estaba Esther.

[Emilia E.]: Tres meses más tarde, Luis tuvo un ataque cerebro vascular, y su salud se derrumbó. Marcos y sus hermanos lo vieron convertirse en otra persona: perder el control de su cuerpo y de su mente hasta quedar postrado por completo. 

Fueron dos años de agonía en los que de alguna manera, Marcos y sus hermanos absorbieron también algo de todo ese dolor. Y era tanto y tan profundo, que él sintió que podía hacerlo enloquecer. 

[Marcos H.]: Ver a mi padre postrado es un dolor, que ha sido muy jodido en mi vida y me ha marcado mucho. Esa impotencia, ¿sabes? de no poder ayudar, decir basta. Eso sí que lo sentía, pero a través de otras conducta no directamente en actuar hacia acabar el dolor, sino que me hice cargo yo de ese dolor.

[Emilia E.]: Quizás fue por eso que a principios de 1990, cuando le ofrecieron un puesto laboral en Barcelona, aceptó. Desde fuera, podía verse como un profesional frente a una oferta demasiado buena para dejar pasar. Pero Marcos lo vivió de otra forma: como una oportunidad para alejarse de todo ese sufrimiento. 

Así que viajó hasta allá con su esposa y sus dos hijas pequeñas. Antes de irse, se despidió de su padre en el hospital. Un mes después, Luis murió en Buenos Aires.

[Marcos H.]:  Digamos que la muerte de mi padre me manda a la mierda. La muerte de papá a mí me lleva a la locura de la injusticia de que también tenía sufrir hasta el final de su vida. ¿Cómo me impactó? Ya te digo, hacia la tristeza más absoluta. 

[Emilia E.]: Pero en ese momento, nunca se le cruzó por la cabeza que él podría haber hecho algo para terminar antes con esa agonía. 

Lo que vinieron después fueron unos años que Marcos define como de “mucha autodestrucción”, aunque no me quiso dar muchos detalles. 

De todos modos, siguió trabajando. Se especializó en cirugía cardiovascular y en medicina de emergencias. Pasó una temporada con su familia trabajando en Tel Aviv, luego se divorció y en 2002 conoció a una enfermera española llamada Yolanda y se enamoró. Se casaron tiempo después, y en 2005 tuvieron un  hijo. 

Después de varios años difíciles, al fin era un buen momento. Trabajaba mucho y en distintos hospitales.  Y aunque nunca tuvo problemas para conseguir trabajo en España, sí vivía en carne propia lo que sienten muchos otros inmigrantes como él: la sensación de estar siempre un poco corrido de lugar, no ser de ni de acá ni de allá y de hablar otro idioma, aunque en España y Argentina se use la misma lengua. 

[Marcos H.]: Cuando uno sale de tu casa, que es tu frontera, estás en pelotas. Tenés que demostrarlo todo 100 veces más. Tenés que tener 100 veces más de cuidado, luchar por los papeles, luchar por el DNI. Cuando voy a Buenos Aires dicen que soy español, cuando estoy aquí dicen que soy sudaca.

[Emilia E.]: Pero igual le gustaban: España y el trabajo. Siempre había sentido que la sala de emergencias era ese lugar donde sabía exactamente qué tenía que hacer, donde se movía seguro, preciso, con la cuota justa de conocimiento e intuición. 

[Marcos H.]: Yo funciono en la emergencia médica. En lo frío, en la decisión,    me siento como pez en el agua tanto en el quirófano como en la emergencia médica grave. Yo sé lo que hago. Me gusta esa sensación.

[Emilia E.]: Entre los varios trabajos que tenía, uno era el de jefe de guardia nocturna en el hospital Morra d’ Ebre. Fue ahí donde llegaron Carmen y su hija el 28 de marzo de 2005. 

Las personas que llegaban a la guardia, en general, siempre querían vivir. Que Marcos los curara, los sacara adelante. Así que nunca antes se había encontrado en esa posición, ante un dolor que pedía otro tipo de remedio. No seguir, sino parar. No vivir, sino morir.

Y fue justo en ese momento que su propia historia y los dos años que su papá pasó sufriendo se le vinieron encima.

[Marcos H.]: Lo que pasó con Carmen tiene que ver con esto, ¿no? decir no pude ayudar a mi padre. Yo te voy a ayudar a ti a esta agonía innecesaria cuando no hay más nada que hacer.

[Emilia E.]: Esta sensación también era nueva para él: identificarse así con el paciente. Era un sentimiento del que siempre se había protegido para poder sobrellevar el trabajo. De alguna manera, era una estrategia de supervivencia. 

[Marcos H.]: Los médicos nos distanciamos del dolor ajeno. No te puedes llevar todo a casa. Esto es algo muy habitual. Lo que me pasó a mí con Carmen fue una empatía tanto con esa paciente y con la hija, que yo me transformé en un hijo más. Ya la parte médica la había cumplido en la primera fase. Y cuando termina todo esto y viene Marco, ser humano, es la primera que yo me identifico de verdad en casi… tenía 30 años de médico, 35.

[Emilia E.]: Esa madrugada, antes de aplicarle la inyección de cloruro potásico a Carmen y declarar su muerte, Marcos registró el procedimiento en la historia clínica. 

Marcos sabía bien que lo que estaba haciendo no era legal. No había ningún protocolo médico que indicara una inyección de cloruro potásico en una circunstancia así. Lo único autorizado en casos terminales como el de Carmen era la sedación paliativa. Pero ya en ese punto, no le importó. Para tomar su decisión, se apoyó en lo único que tenía enfrente: una mamá y una hija que sufrían y pedían terminar con eso. 

[Marcos H.]: Yo la podría haber dejado sedada, pero no era, no era la intención. Es decir, yo las voy a ayudar a terminar esta agonía que no tiene ningún sentido cuando la medicina ya no llega. Esto es muy importante. Cuando hay una situación médica irreversible, lo cual significa que las chances terapéuticas están agotadas. ¿Para qué prolongarlo?

[Emilia E.]: Después de aplicarle la inyección a Carmen, Marcos regresó a una de las habitaciones libres del hospital a descansar, como había hecho muchas otras veces. A la mañana siguiente, esperó durante dos horas a los otros médicos internistas que lo relevarían en la guardia. Les iba a contar del caso, pero estaban en una reunión y no llegó a verlos. En la guardia siguiente le contó a la jefa de Urgencias, pero Marcos no recuerda que ella haya tenido ninguna reacción en especial. 

Pasaron dos meses sin que volviera a hablar del tema con sus colegas. Hasta que un viernes por la tarde, mientras se preparaba para operar a un paciente en un hospital de Barcelona, recibió una llamada telefónica desde el Morra D’Ebre. 

[Marcos H.]: Me llama el director médico del hospital diciéndome que no me presente a la guardia del domingo, por el caso de Carmen. Me quedé helado. 

[Emilia E.]: No le dijeron nada más. Pero Marcos necesitaba saber qué estaba pasando, así que suspendió la cirugía en el hospital de Barcelona y decidió conducir las casi dos horas de recorrido hasta el hospital de Tarragona. Cuando llegó, se reunió con el director y la jefa de Recursos Humanos. Allí, en la reunión, le pidieron que contara qué había pasado esa madrugada. 

[Marcos H.]: Me pregunta ¿por qué le puse potasio? Le explico. Y entonces me dicen que me van a echar. Y que me van a denunciar, a la comisaría de la zona. 

[Emilia E.]: Marcos los escuchó sorprendido. 

[Marcos H.]: ¿Que me quieren arruinar la vida? Vamos a por ti. Directo. Y así fue. Me fui de ahí a esa reunión. Destruido. No sabía cómo. O sea, paré tres veces. Pues del shock de lo que se me venía. No lo podía creer. 

[Emilia E.]: Quizás lo que más lo shockeaba era que la denuncia no viniera de la familia de Carmen sino de sus jefes, de las mismas personas con las que había trabajado todo ese tiempo. Las que podrían entender por qué lo había hecho. 

[Emilia E.]: Pasó el fin de semana en su casa, con su mujer y su hijo pequeño, intentando asimilar el golpe. Cuando piensa en esos primeros días después de la denuncia, se recuerda a sí mismo como… perdido, en un estado de incredulidad completa. 

[Marcos H.]: Estoy en el jardín de mi casa diciendo: no puede ser…  creo que me fumé como cuatro paquetes de cigarrillos era como decir ¿esto es verdad? ¿esto es real? parece una película. No me lo podía creer. 

[Emilia E.]: En seguida, contactó a un abogado penalista para que lo defendiera en el proceso que acababa de empezar. 

El abogado le advirtió que debía estar preparado para lo peor: no era seguro, pero podrían buscarlo para detenerlo en las siguientes horas. Cada vez que sonaba el timbre, pensaba que era la policía.

[Marcos H.]:  Tu vida entra en un territorio desconocido. Y el territorio desconocido es el sistema judicial. Cuando entras ahí, no sabes qué va a pasar. 

[Emilia E.]: Ni cuánto puede llegar a durar. 

[Daniel]: Una pausa y volvemos.

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Emilia nos sigue contando.

[Emilia E.]: En 2005, cuando Marcos fue denunciado, la eutanasia en España era ilegal. Unos tres años antes, en 2002, Países Bajos se había convertido en la primera nación europea en legalizar la práctica. Poco después, Bélgica haría lo mismo. 

Pero en España, un país de tradición católica, la resistencia de la Iglesia, de parte de la comunidad médica y de un sector político era todavía fuerte. Algunos casos sí habían llegado a conmover la opinión pública, como el de Ramón Sampedro, que quedó tetrapléjico en 1968, a los 25 años, en un accidente en la playa. Todo su cuerpo inmóvil, excepto la cabeza. 

Él fue el primer español en solicitarle al Estado el derecho a la eutanasia o el suicidio asistido, pero la Justicia se lo negó en varias ocasiones. Treinta años después, en 1998, con la ayuda de 11 amigos a los que les encargó distintas tareas para que ninguno pudiera ser culpado por su muerte, se suicidó tomando cianuro frente a una cámara de vídeo. El impacto de su historia fue tan grande que incluso llegó al cine: Javier Bardem lo personificó en la película Mar Adentro, del director Alejandro Amenabar.

Pero no era solo Ramón. En 1984 se fundó en España la asociación Derecho a Morir Dignamente, que todavía hoy trabaja en promover la libertad a la hora de elegir cómo y cuándo morir, especialmente en el caso de los enfermos terminales. O sea que el activismo por el derecho a la eutanasia ya tenía más de 20 años cuando Marcos le dio el cloruro potásico a Carmen.

En ese año, 2005, el doctor Fernando Marín, que hoy es vicepresidente de la asociación,  ya era miembro. Y todavía recuerda cómo se enteró del caso de Marcos. Este es Fernando:

[Fernando M.]: Bueno, fue muy curioso. Vimos una notita en el periódico, el Hospital tal. Un médico le ponen una inyección de cloruro potásico… y nos quedamos un poco alucinados. Como diciendo: pero este tipo, ¿quién es? No era de la asociación de DMD. No se había puesto en contacto con DMD.

[Emilia E.]: Los desconcertó por completo. 

[Fernando M.]: A nosotros nos pareció: ¿Pero este tipo de qué va? Este es un francotirador que va por libre. Menudas narices le ha echado. Porque lo lógico es buscar un poco el amparo de los que piensan como tú y buscar el amparo de la asociación Derecho a Morir Dignamente. Se la habríamos dado totalmente, pero habríamos pagado los abogados y tal pero no, no, él fue a cara descubierta. Ahí pongo mi cuerpo, pongo mi vida y para adelante.

[Emilia E.]: Marcos no era el único médico enfrentando un proceso en ese momento. En marzo de 2005, unas semanas antes de que él le aplicara la inyección a Carmen, el médico de urgencias Luis Montes fue denunciado anónimamente por causar la muerte de 400 pacientes terminales con sedaciones irregulares en un hospital de Madrid llamado Severo Ochoa. Ese caso puso de nuevo el tema de la eutanasia en el foco de atención.

[Fernando M.]: Era una época en la cual pronunciarse a favor de la eutanasia, te ponía como una marca de extremista, no de este loco. Porque había mucha hipocresía y yo recuerdo muchas veces estar en un coloquio, terminar, acercarse a algunos compañeros, algunas compañeras médicas y decirme: Fernando, eso lo hacemos todos, pero no lo decimos.

[Emilia E.]: Pero Marcos no se contactó con Derecho a Morir Dignamente. Se las arregló solo, como pudo, como había hecho siempre. Después de la denuncia uno a uno fue perdiendo todos sus empleos como médico en Barcelona y las ciudades cercanas. Y cuando se postulaba a uno nuevo, enseguida lo rechazaban. Su reputación lo precedía: era el médico de la inyección. 

Ninguno de sus compañeros lo respaldó. Tenía algunos amigos médicos, pero pocos. Durante sus años en España, su personalidad nunca le había jugado a su favor. Y él lo sabe.

[Marcos H]: Yo fui un médico complicado. Yo era un tío que no se callaba nada. Te lo decía todo a la cara. Al que era un inútil se lo decía. Al que era bueno, se lo decía. Intentaba formarlo. Y entonces todos pensaban que era un hijo de puta. Pero sí que me creé muchos enemigos…

[Emilia E.]: Le pregunté a Fernando cómo le sonaba esto que decía Marcos, si él conocía otros casos donde denuncias así estuvieran motivadas por rencores personales, rencillas laborales o incluso problemas políticos. Y me dijo que sí, que no era raro. 

[Fernando M.]: A ver, Marcos tiene carácter, ¿no? Entonces claro, si al director médico, al gerente, le había mandado a la mierda siete veces, pues ya no va a haber una octava. Ahora te voy a denunciar porque eres un capullo y me caes mal. Es todo muy mezquino. Pero es que somos así. 

[Emilia E.]: Fernando me contó también que el caso de Luis Montes, el médico acusado por las sedaciones, había estado mezclado con cuestiones políticas. 

[Fernando M.]: La Comunidad de Madrid, lo utilizó como cabeza de turco para ir contra ese hospital que era el hospital progresista, de gente un poco díscola con el partido de la derecha que todavía sigue gobernando. en la Comunidad de Madrid 

[Emilia E.]: Pero hubo una diferencia clara entre los dos casos: la denuncia contra Montes resultó ser falsa y dos años después, la causa judicial terminó desestimada y archivada. En cambio Marcos sí había aplicado la inyección. Nunca lo había negado e incluso, como sabemos, lo registró en la historia clínica. Y eso lo dejaba mucho más expuesto.

[Emilia E.]: Los meses después de la denuncia, Marcos y su esposa Yolanda vieron cómo su vida se venía abajo. Su hijo era apenas un bebé, con Marcos sin trabajo y los abogados siendo tan caros, finalmente perdieron la casa que recién habían comprado, porque no pudieron pagar la hipoteca. 

Así que en febrero de 2006 decidieron dejar España. Viajaron hasta Reino Unido, donde él ya había trabajado unos años antes, y se instalaron en Gales. Por eso, cuando Fernando y sus compañeros de Derecho a Morir Dignamente intentaron contactarlo, no pudieron. Ya había dejado España. 

En Gales, empezaron a fundar los cimientos de una vida nueva. Alquilaron una casa, y Marcos se apuntó al General Medical Council, el sistema que regula la Salud en Reino Unido, y comenzó a trabajar como médico de urgencias en un hospital de Cardiff. Vivía ahí pero tenía siempre un ojo puesto en Cataluña, siguiendo de cerca cada novedad sobre su proceso, si había algún cambio en la causa, si se presentaba algún testigo nuevo que le complicara las cosas o que lo ayudara. También viajaba cada vez que se lo pedían desde el Juzgado.

Andaba siempre con la sensación de que la vida que llevaban era frágil. De que todo podía derrumbarse en un segundo. Esa sensación se hizo más fuerte un día de 2007.

[Marcos H.]: Me llama una tarde el abogado diciéndome que cambió el fiscal y que me pedían diez años de prisión. 

[Emilia E.]: Diez años de prisión, le dijo, y sin muchas más explicaciones terminó la llamada. Y ahí me dejó, en el teléfono colgando.

[Emilia E.]: Ahí lo dejó, a 10 mil kilómetros del país donde nació y prácticamente desterrado del lugar que después eligió para vivir, recibiendo la peor noticia de su vida: el nuevo fiscal había pedido un cambio en la causa. Ya no era por eutanasia, un delito no tipificado en el Codigo Penal español, sino por homicidio, un delito mucho más grave. 

Sintió un dolor fuerte en el pecho. Era su presión arterial que subía sin parar, y Marcos creyó que estaba a punto de tener un infarto. No llegó a tanto, pero esa fue la primera vez en su vida que no pudo ir a trabajar. 

Es que de todos los escenarios posibles que había imaginado en ese tiempo, este era sin dudas el peor. Desde un principio la idea de ir preso lo había aterrado.

[Marcos H.]: Pánico. Si tuviera que resumir de todos los miedos. Estar coartada la libertad. Más que perderlo todo. 

[Emilia E.]: Era miedo, sí, pero también algo más.

[Marcos H.]: La impotencia de no poder hacer nada porque no está nada en tus manos. Estoy a merced de un abogado, de un fiscal y de un juez. 

[Emilia E.]: Y había otra cosa que lo aterraba: no poder ejercer la medicina.

[Marcos H.]: Era como si a Messi le decían que no puede jugar al fútbol. No, hombre, eso no. A ver, yo no soy Messi como médico, pero es más o menos las sensación es “a mí no me quites lo que yo sí sé hacer. Yo no sé hacer muchas cosas, pero medicina yo sí sé hacer”.

[Emilia E.]: Desde esa llamada en 2007 hasta que lo convocaron para el juicio pasaron dos años más. Marcos los recuerda como un tiempo en el que estuvieron siempre en vilo. 

[Marcos H.]: Nosotros hacíamos la vida pensando que yo podía estar diez años preso. 

[Emilia E.]: En todo ese tiempo, ningún colega lo apoyó o le ofreció su ayuda. Pero Marcos tampoco la buscó.

[Marcos H.]: Nunca esperé solidaridad porque entiendo el miedo de los demás a estar  estigmatizado. Yo conozco a Marcos o soy amigo de Marcos. ¿El médico de la eutanasia? No, fuera, lejos.

[Emilia E.]: La fecha para el juicio fue fijada para marzo de 2009. Ya iban casi cuatro años de proceso. 

Marcos viajó hasta España para presentarse ante el Juez. Sería un juicio por homicidio que se realizaría con un jurado popular. Al llegar se reunió con sus abogados, que lo esperaban con una noticia inesperada: la Fiscalía le ofrecía un acuerdo. Marcos escuchó las condiciones: lo sentenciarían a un año de prisión condicional, y a una multa de 1600 euros. 

Era una buena oferta: como no tenía antecedentes y la pena era condicional, no iría a prisión, y además podía seguir trabajando como médico en España. Pero a cambio, tenía que hacer algo en lo que realmente no creía: declararse culpable de homicidio imprudente, o sea homicidio por negligencia. Como si, digamos, hubiera matado a Carmen por error, por haber entendido mal su pedido.

[Marcos H.]: Pero yo no me considero culpable. No, para nada. O sea, nunca me sentí. Si no estaría liquidado. Si yo me hubiera sentido culpable de homicidio. O sea, yo no puedo vivir. 

[Emilia E.]: Aceptar esa culpabilidad era el precio que tenía que pagar por su libertad. Pero después de cuatro años de incertidumbre, de angustia y de ruina económica, estaba dispuesto a hacerlo. 

[Marcos H.]: Digamos que lo que no iba a hacer es jugarme la vida o jugarme la libertad, por una cuestión de principios. Puede ser, digamos, paradójico. Si tengo que seguir con mis convicciones y morirme bajo el … y no… seré débil, seré lo que quieran decirme, pero es mejor la calle que que las rejas.

[Emilia E.]: La denuncia contra Marcos la hicieron las autoridades del hospital  y después la querella fue llevada adelante por el Ministerio Público Fiscal, porque la familia de Carmen nunca quiso sumarse como denunciante ni declarar en su contra. 

Aunque el apellido de Carmen se ha filtrado en algunas notas periodísticas, los nombres de sus hijos siempre se han mantenido en reserva. Marcos no mantiene contacto con ellos, los vio por última vez el día de la sentencia. No han dado entrevistas, salvo unas pocas declaraciones al diario El País en noviembre de 2009, unos meses después del juicio. En ese momento, el hijo de Carmen dijo, y cito textual: «El hospital le denunció, pero ignoramos por qué quisieron ir a por él. Actuó profesionalmente y cumplió con lo que acordamos. Sólo hizo lo que nosotros le pedimos. Nuestra madre estaba sufriendo y sólo queríamos que no sufriera”. 

[Emilia E.]: Intenté contactar a las autoridades actuales del hospital Morra D’ Ebre para pedirles una entrevista pero no obtuve respuesta. Solo encontré rastros de la postura oficial del hospital en el mismo artículo de 2009 que mencioné recién. Ahí, alguien de quien no se cita ni nombre ni cargo, dijo sobre Marcos:​​»El procedimiento que empleó no está recogido en ningún protocolo. Actuó al margen de la ley y nos vimos obligados a denunciarle. No actuamos bajo ninguna doctrina ideológica». 

Después de recibir la sentencia por homicidio imprudente, Marcos salió del Juzgado acompañado por su esposa. Iba también con un sentimiento nuevo. Una liviandad que hacía mucho no sentía. Como si algo dentro suyo, de pronto, se hubiera soltado. Era el miedo que, de a poco, abandonaba su cuerpo.

[Marcos H.]: Y ahí te digo que la libertad nos volvió a sonreír porque sentimos lo que era, después de seis años casi de tortura, nos sentamos a tomar un cafecito al lado del juzgado y fue el mejor café de mi vida que he tomado en toda mi vida, de sentirme el peso que puedo tomarlo tranquilo, que sé que esto ha terminado.

[Emilia E.]: Pero no era cierto. No había terminado. Lo supo más de un año después, en octubre de 2010, cuando un hombre desconocido tocó la puerta de su casa en Gales.

[Daniel]: Una pausa y volvemos.

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Emilia nos sigue contando.

[Emilia E.]: Cuando Marcos escuchó que tocaban la puerta, eran poco más de las ocho de la mañana. Estaba cambiándose, sacándose la ropa de trabajo después de pasar toda la noche en la guardia del hospital de Cardiff. Caminó hasta la entrada y sin abrir…

[Marcos H.]: Pregunto quién es. Y me dice: ¿Usted es el doctor Marcos Hourmann? ¿Usted es el médico argentino que mató a una paciente en España?

[Emilia E.]: Esas palabras lo hicieron abrir la puerta de inmediato. Parado delante suyo, el hombre se presentó como periodista de The Sun, un periódico inglés conocido por sus coberturas sensacionalistas. 

Estaba ahí porque pronto publicarían una historia sobre él, y necesitaba corroborar su identidad. 

Le dijo que alguien les había vendido la historia. Es una práctica habitual en ese tipo de prensa, que en ese momento ofrecía recompensas de hasta 10 mil libras, unos 15 mil dólares,  por historias jugosas. Y la de Marcos tenía todos los ingredientes.

Antes de irse, el periodista le dio un consejo. Una advertencia. 

[Marcos H.]: Que simplemente me vaya buscando un abogado.

[Emilia E.]: Marcos no tuvo mucho tiempo de reaccionar. Unos días después, su cara estaba en la versión impresa del diario, junto a un artículo que lo llamaba “Killer Doc”. Doctor Asesino. Y una foto que le habían tomado desde lejos y sin su consentimiento.

El artículo produjo un efecto en cadena: de nuevo, como cinco años antes, Marcos perdió uno a uno todos los trabajos como médico que tenía en Gales. 

No tenía mucha forma de defenderse. Al dejar España y registrarse en el Reino Unido para trabajar, había omitido en los formularios la información sobre su proceso judicial en España. 

[Marcos H.]: ¿Qué pasa ahí? En todos los trabajos ingleses te piden los antecedentes penales. Y si tienes algún problema judicial. 

[Emilia E.]: En esa parte de la solicitud, Marcos marcó la única respuesta que le pareció viable: no. 

[Marcos H.]: Mentí, sí, sí, mentí, obviamente mentí porque si yo ponía que si a dónde voy, qué hago, si yo pongo que tengo un proceso judicial, ¿Quién me va a contratar de los hospitales. Ninguno. Entonces miento, obviamente miento.

[Emilia E.]: Y la mentira, ahora, finalmente lo había alcanzado. Sabía que eso era algo que podía pasar eventualmente, pero nunca imaginó que lo delataran con un diario. Para Marcos fue devastador.

[Marcos H.]: Ya estábamos sin fuerza. Era como ¿Qué más nos va a pasar? Estábamos muy, muy, muy tocados. Hemos pasado una puta mierda de años muy triste. Yo rompí la ley. Que lo sepas. No estoy diciendo que no, pero el trato, la forma, los que lo hicieron… cómo me trató el hospital ese. Toda la cadencia del proceso fue destructivo total.

[Emilia E.]: Le pregunté si sabía quién había vendido su historia a The Sun. Quién podría querer hacerle ese daño. Porque la familia de Carmen no era… 

[Marcos H.]: No, ni lo sabré. Durante muchos años fue una obsesión. Estaba un poco desquiciado en saber quién fue.

[Emilia E.]: Tiene algunas sospechas, pero nunca pudo comprobarlas. Lo que sí cree es que fue alguien de allá, de Cardiff. No de España.

[Marcos H.]: No, España no actúa así. Es algo muy british, ¿sabes? hacer eso es algo muy de un británico que conoce el sistema.

[Emilia E.]: De alguien que sabe lo que estos periódicos pagan por historias como la de él. El artículo sobre el Killer Doc trascendió la cobertura de The Sun. Otros diarios tomaron la noticia, y el nombre de Marcos apareció en la BBC, en The Times y otros medios ingleses…

Las notas hablaban de la causa judicial en España pero también de las repercusiones legales en el Reino Unido. Se enfocaban sobre todo en que Marcos le mintió al General Medical Council, que finalmente lo acusó por actitud deshonesta y conducta indebida y le prohibió ejercer allá.  

Así que no le quedó otra que hacer las valijas de nuevo y volver con Yolanda y su hijo a España. Esta vez sí se contactó con la asociación Derecho a Morir Dignamente. Tal vez empezaba a entender que no necesitaba enfrentar todo tan solo. 

Fernando Marín, el médico con el que hablamos antes, recuerda que cuando conoció a Marcos personalmente lo primero que le preguntó fue por qué había anotado la inyección en la historia clínica de Carmen.

No lograba entenderlo. 

[Fernando M.]: No comprendo por qué lo apuntó. Porque esto ocurre todos los días en todos los hospitales del mundo. La eutanasia clandestina existe. Y los profesionales de, según el contexto, no corren ningún riesgo. Pero él dijo: Bueno, pues lo voy a apuntar, lo voy a poner aquí, que le he puesto una inyección letal.

[Emilia E.]: Yo también se lo pregunté.

[Marcos H.]:  Lo escribí porque no hacía falta esconderme nada. No hay aplicación de cloruro potásico sin firma. No entra en mi cabeza. Yo tenía claro que si hacía eso, lo escribía.

[Emilia E.]: A Fernando esa reacción de Marcos lo sigue desconcertando. Especialmente, porque si no lo hubiera anotado en la historia clínica, es posible que nada de lo que vino después -el escarnio, la causa judicial, las mudanzas de país- hubiera pasado. 

De vuelta en Cataluña, Marcos y Yolanda intentaron, de nuevo, rehacer su vida. Pero no iba a ser fácil: sobre Marcos pesaba su mala reputación y cada vez que conseguía un nuevo empleo lo perdía cuando la causa judicial salía a la luz. 

Así que rebotó de empleo en empleo durante un tiempo, hasta que finalmente se resignó a trabajar haciendo consultas a domicilio para un seguro médico privado. 

[Marcos H.]: Trabajo seis años, casi 24 horas seguidas de médico a domicilio. No todo el tiempo, pero 2 de la mañana, siete de la mañana, tres de la tarde. Seis años sin parar.

[Emilia E.]: Un trabajo menor para un cirujano y especialista en emergencias con más de 30 años de experiencia. Nunca hubiera esperado terminar así su carrera. 

[Marcos H.]: La medicina ha sido mi bastón de la vida. Toda la vida es lo que me ha dado la supervivencia y me la sigue dando. Pero la medicina ha pasado a un punto puramente después de… lo di todo. Y ahora doy lo justo para ayudar a mi familia a estar viva, sí, es verdad que yo creía que iba a llegar al cielo y no fue así, que eso también hay que aceptarlo. No me tocó. Culpa mía. Culpa del destino. Errores cometidos, de las decisiones tomadas. Yo sé que soy un buen médico, esto lo sé, pero estoy donde estoy. Y a veces le digo a Yolanda he fracasado como médico. Pero bueno, digamos, tal vez las expectativas eran muy altas. Y las cosas fueron de esta manera, ¿no?

[Emilia E.]: Errores, decisiones… Le pregunté entonces si se arrepentía de haber puesto la inyección de cloruro potásico a Carmen. 

[Marcos H.]: No, no me arrepiento. Pero no lo volvería a hacer. Claro que no lo volvería a hacer… no, hombre…

[Emilia E.]: Es que tiene que ser honesto: si en ese momento hubiera podido vislumbrar lo que vino después…

[Marcos H.]: No, no, no me pidan eso porque no soy un kamikaze. Pueden llamarme lo que quieran, pero no lo volvería a hacer viendo las consecuencias. Pero esto no es que estoy arrepentido de haberlo hecho. No, es diferente, porque a veces se confunde, ¿no?

[Emilia E.]: Tiene bien claro por qué no se arrepiente.

[Marcos H.]: Fue el acto humano más maravilloso que hice en mi vida. Y el más caro.

(SOUNDBITE ARCHIVO)

[Diputados]: …En consecuencia queda aprobada la proposicion de ley orgánica de regulacion de la eutanasia.

[Periodista]: España se convierte en el sexto país del mundo que legaliza la eutanasia activa. El congreso de diputados la ha aprobado esta mañana de forma definitiva después de algo más de un año de tramitación parlamentaria debido a la pandemia.

[Emilia E.]: El 18 de marzo de 2021, el Congreso de Diputados aprobó por mayoría absoluta la Ley Orgánica de Regulación de la Eutanasia, que despenalizó la muerte asistida en algunas circunstancias. Solo pueden solicitarla quienes tengan sufrimiento intolerable por una enfermedad grave e incurable o un  padecimiento crónico e imposibilitante. Y es una comisión la que decide si otorga o no el permiso. 

A Marcos la noticia de la legalización le generó una mezcla de felicidad y alivio. 

[Marcos H.]: La sensación fue es un primer peldaño maravilloso.Yo creo que la ley de esta a los países los hace mejores. O sea, yo desde que hay una ley de eutanasia estoy contento porque sé que voy a morir cuando yo quiera, de la forma que yo quiera. Y a mí me da mucha tranquilidad. Primero por mí y segundo por la gente que me ama. Yo no quiero que sufran nada más que lo que toca, pero nada más.

[Emilia E.]: Es que para él siempre se trató de eso: de no sufrir más de lo que nos toca.

[Marcos H.]: Sufrimos demasiado los seres humanos. No hace falta. Tenemos que sufrir cuando toca sufrir, sí, pero ni un segundo más de lo que corresponda.

[Emilia E.]: Y siente que en eso, él hizo su pequeña colaboración. Perdió mucho en el camino, sí, pero el día que ayudó a Carmen a morir, quitó algo de sufrimiento innecesario en el mundo. 

Y eso para él, no es poco.

[Daniel]: En 2016, el programa español de televisión Salvados, invitó a Marcos a participar en un episodio sobre la “buena muerte”, a  favor de la eutanasia. Después de eso, recibió una propuesta para convertir su historia en una obra de teatro. Aceptó y ahí él cuenta su versión y al final, un jurado formado por el público emite su veredicto. La obra se llamó Celebraré mi muerte y se estrenó en enero de 2019.

Emilia Erbetta es productora de Radio Ambulante y vive en Buenos Aires. Este episodio fue editado por Camila Segura. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es Andrés Azpiri, con música de Ana Tuirán, Remy Lozano y Andrés. 

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Adriana Bernal, Aneris Casassus, Diego Corzo, Camilo Jiménez Santofimio, Sara Selva Ortiz, Natalia Ramírez,, Juan Pablo Santos, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Luis Fernando Vargas, Franklin Villavicencio y Mariana Zuñiga.

Carolina Guerrero es la CEO. 

Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

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Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

Créditos

PRODUCCIÓN
Cecilia Diwan y Aneris Casassus


EDICIÓN
Camila Segura, Luis Fernando Vargas y Daniel Alarcón


DISEÑO DE SONIDO
Andrés Azpiri


MÚSICA
Andrés Azpiri, Rémy Lozano y Ana Tuirán


VERIFICACIÓN DE DATOS
Bruno Scelza


ILUSTRACIÓN
Pepa Ilustradora


PAÍS
Argentina / España


TEMPORADA 15
Episodio 35


PUBLICADO EL
6/2/2026

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