Las niñas y el monte | Transcripción
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Este podcast es propiedad de Radio Ambulante Studios. Cualquier copia, distribución o adaptación está expresamente prohibida sin previa autorización.
[Daniel Alarcón]: Hola, ambulantes.
Antes de comenzar, quiero pedirles que nos ayuden con algo que sé que les va a gustar. Es para un episodio especial. Sabemos que hay muchos oyentes que tienen curiosidad sobre el proceso editorial de Radio Ambulante o la historia de la organización… Incluso sobre las historias que ya hemos hecho. Son preguntas que nos llegan a los medios de contacto que tenemos o que nos hacen cuando asistimos a alguna conferencia o evento.
Entonces, se nos ocurrió hacer un Ask Me Anything, pregúntame lo que quieras. Un episodio donde respondemos cualquier duda o curiosidad que tengan sobre Radio Ambulante. Para eso, queremos pedirles que si tienen alguna pregunta que siempre nos han querido hacer nos la manden en forma de nota de voz a un Whatsapp que hemos abierto.
Pueden encontrar el link y el número (+1 555 917 9841) en las notas del episodio.
Por favor solo envíen notas de audio, ojalá tampoco muy extensas. Y digan su nombre y desde dónde nos escuchan antes de la pregunta.
Muchas gracias, ya queremos oírlos.
Aquí el episodio.
[Daniel Alarcón]: Una advertencia antes de empezar: este episodio contiene escenas de violencia. Se recomienda discreción.
Esto es Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón.
En diciembre de 2019, las mellizas Ana y Lichi Oviedo Villalba tenían 13 años y estaban emocionadas, porque sus planes para las vacaciones eran distintos a los usuales. En vez de aprovechar el verano para visitar a su mamá en Asunción, Paraguay, como lo hacían todos los años, irían a un lugar recóndito del norte de ese país para conocer a unos tíos.
En ese momento, Ana y Lichi vivían en una finca, en un pueblo pequeño del noreste de Argentina, justo en la frontera con Paraguay. Eran muchos: tres de sus tías maternas y trece primos. La mayoría de las que vivían en la casa eran mujeres, casi todas paraguayas, con un arraigo fuerte a su cultura guaraní. Era una especie de clan, bastante aislado del resto de la comunidad.
Esta es Ana, que hoy tiene 20 años.
[Ana]: Ni siquiera nos relacionábamos con los vecinos. Literalmente venía otra persona que no era de la familia en casa y nosotros nos referíamos a esa persona como gente extraña.
[Daniel A.]:La desconfianza era una medida de seguridad de sus tías pues la familia de las mellizas no era cualquier familia. Sus papás estaban presos por ser miembros fundadores de la guerrilla Ejército del Pueblo Paraguayo, conocida como EPP. Es un grupo de extrema izquierda que opera en el norte de Paraguay y que, desde principios de los 2000, está detrás de varios secuestros, extorsiones y ataques violentos. Llegó a tener 35 miembros. Un pequeño, pero violento puñado de hombres y mujeres armados que el Estado califica como una organización terrorista. Al EPP se le atribuyen más de 80 asesinatos —entre militares, policías y civiles— y una veintena de secuestros.
Y es por eso que, desde muy chicas, Ana y Lichi, pasaban todo el verano en la cárcel, junto a su mamá.
[Ana]: De hecho nosotras nos hacíamos muy amigas ahí de las hijas de las otras presas. Era más fácil conectar con ellas que con los niños que conocíamos afuera.
[Daniel A.]: La cárcel siempre había sido un entorno familiar para ellas porque habían nacido ahí. Carmen Villalba, su mamá, llevaba tres años detenida por un secuestro cuando quedó embarazada de las mellizas en una de las visitas maritales que le hacía su esposo.
Y aunque Ana y Lichi eran idénticas físicamente y casi nadie lograba diferenciarlas, Lichi tenía un carácter más dominante. Siempre fue la primera en todo. Incluso al nacer, por dos minutos de diferencia. Ana siempre la seguía…
[Ana]: Mi mamá cuenta que le veía yo a ella que ella gateaba, yo quería gatear también, pero no podía. Entonces me arrastraba yo detrás de ella.
[Daniel A.]: Las mellizas vivieron con su mamá en la cárcel sus primeros meses de vida. Pero cuando cumplieron un año Carmen decidió que lo mejor era enviar a sus hijas fuera del penal. Ana y Lichi pasaron su infancia de casa en casa, entre Paraguay y Argentina. A veces con la familia materna, otras con la paterna. Estar juntas era lo único permanente: una para la otra.
Aprendieron que cuidarse entre ellas era la mejor forma de sobrellevar el complicado camino que eligieron sus padres.
[Daniel A.]: Pero volvamos al viaje. Ese diciembre de 2019, cuando se acabaron las clases, a Ana y Lichi les propusieron esa visita al norte de Paraguay.
La idea vino de sus primitas más chiquitas, Lilian y María, hijas de dos tías de las mellizas. Ambas tenían 11 años y querían viajar hasta donde estaban sus padres, a los que ellas no conocían. También eran guerrilleros del EPP y vivían en un campamento.
Los del EPP no tienen un lugar fijo: se mueven saltando de un campamento a otro para no ser detectados. Sobreviven escondiéndose en el paisaje de contrastes que es esa parte de Paraguay: llanuras, selvas espesas, cerros, ríos y arroyos.
El territorio está fragmentado entre grandes estancias y comunidades indígenas y campesinas que viven marginadas.
Esta es Myriam Villalba, mamá de Lilian y tía y tutora de las mellizas.
[Myriam Villalba]: Son departamentos muy olvidados, muy abandonados, con mucha miseria y bueno, que en el cual en los lugares donde el que tiene plata es el que manda y el que atropella y el que hace y deshace todo.
[Daniel A.]: El Estado está presente en esa zona con un grupo de élite, militares y policías que vigilan el área y siempre están buscando eliminar lo que queda del EPP.
Pero a pesar de ser una zona de conflicto, era justo ahí a donde Myriam y las otras tías iban a mandar a las niñas.
[Myriam V.]: Estábamos, como que soñando un campamento, no sé qué, pero lo cierto es que fueron sin pensar nosotras en las consecuencias que podía ser eso.
[Daniel A.]: Un viaje pensado, según Myriam, como “un campamento de verano”. Aunque cuesta imaginar cómo esa visita encajaría en esa descripción.
La periodista argentina Cecilia Diwan junto a nuestra productora Aneris Casassus investigaron esta historia. Los dejo con Cecilia…
[Cecilia Diwan]: El viaje estaba decidido así que comenzaron los preparativos. A Ana le parecía toda una aventura.
[Ana]: Lilian y María estaban muy emocionadas y nosotros queríamos acompañarle. Nosotros éramos. Nosotras cuatro éramos muy amigas. El entusiasmo nacía más de eso, de acompañarles a ellas, a conocer a sus padres.
[Cecilia D.]: Y es que a pesar de que Ana a veces se preguntaba si las decisiones que había tomado su familia eran correctas, su tía Myriam le decía que su familia hizo lo que hizo porque le importaban las personas más necesitadas.
[Ana]: Crecí escuchando a la tía Miriam con ella diciéndome que… O sea, no tenemos por qué renegar de nuestra gente. Ella siempre dice eso. Crecí escuchando eso y también influyó mucho en mi pensamiento. O sea… Y no, nunca, nunca renegué de ellos.
[Cecilia D.]: Myriam aún recuerda lo que le decía a Ana sobre su mamá Carmen…
[Myriam V.]: Su sueño era que realmente no existan niños con hambre y eso fue que le impulsó a integrarse a un movimiento guerrillero.
[Ana]: Me decía que esa era la razón por la que ella estaba presa, que ella luchaba por esas personas que estaban en la calle. Y habrá sido bueno o no el camino que ella eligió. Yo no sé, pero fue el camino que ella eligió.
[Cecilia D.]: Para Ana, no preguntar y mucho menos juzgar a su familia se fue transformando en una especie de ley implícita. Decidió no hablar sobre ellos con nadie fuera de la familia. Prefería mantener un perfil bajo.
Tania, una de las primas mayores de Ana, también decidió sumarse al viaje para visitar a sus tíos. Tenía 18 años en ese entonces. Esta es Tania.
[Tania]: Siempre quisimos ir a Paraguay a ver a nuestros familiares, a conocerles. Yo solamente escuchaba de ellos. No, no les conocía. Pero sí les quería mucho.
[Cecilia D.]: Pero a pesar del entusiasmo, Ana tenía una preocupación: la escuela.
[Ana]: O sea, mi preocupación en todo momento fue volver para la escuela.
[Ana]: Y me dijeron Sí, sí, vamos. O sea, el tiempo pautado era máximo las vacaciones de verano.
[Cecilia D.]: Así que el 22 de diciembre de 2019 las chicas partieron desde Argentina hacia el norte paraguayo. Eran seis en el grupo. Son muchos nombres y edades, sí. Pero es importante tenerlo en cuenta para esta historia. Iban: Ana, la que ya escuchamos, y su hermana melliza Lichi. Ambas de 13 años. María y Lilian, de 11; y Tania, la prima mayor, de 18. La adulta a cargo era Laura, la mamá de María.
Quiero que entiendan qué tan aislado quedaba el lugar donde las niñas iban a pasar sus vacaciones. Para llegar recorrieron casi 800 kilómetros en micro. Y cuando se bajaron del bus, las esperaba una camioneta, que después de pasar por varios controles, las dejó en medio del campo. Ya era de noche y las chicas caminaron recto, a oscuras, hasta un árbol. Ahí las esperaban sus familiares en silencio, ocultos entre la vegetación.
[Ana]: Me acuerdo que hablaban despacito, porque o sea, ya allá todo el mundo habla despacito, y entonces se acercaron, me abrazaron y yo no sabía quién me abrazaba porque yo no veía nada.
[Cecilia D.]: Eran sus tíos maternos. En el grupo también estaban los padres de las primas más chicas, Lilian y María. Tania, la prima mayor, dice que fue un momento de muchísima emoción, finalmente estaban todos juntos.
[Tania]: Verlos a ellos era un momento muy bonito. Era como un sueño muy querido y que por fin se cumplía.
[Cecilia D.]: Comenzaron a caminar por un rato largo, hasta que llegaron a un arroyo. Hacía un frío tremendo y las chicas estaban agotadas. Entonces, improvisaron un campamento con lonas y hamacas, y durmieron un rato. Esta es Ana.
[Ana]: Cuando me desperté por la luz del sol, recién pude verle la cara a la gente.
[Cecilia D.]: Los días pasaron entre charlas y caminatas por paisajes que no paraban de cambiar. Atravesaron zonas que habían sido deforestadas, donde una vegetación fina volvía a brotar. Pero al avanzar, el paisaje se cerraba en selvas de árboles centenarios. Cruzaron el territorio a un ritmo agotador para las niñas.
[Ana]: Eso es algo de lo que se disculpaban mucho ellos. Porque nosotros, o sea, fuimos a verle a ellos. Pero teníamos, teníamos que caminar, teníamos que ir cambiando de lugar todo el tiempo, justamente porque era peligroso quedarse solamente en un lugar. Eso nos explicaron a nosotros.
[Cecilia D.]: Antes de ir, a las chicas les explicaron que sus días con el EPP serían muy distintos a los que estaban acostumbradas.
[Ana]: Yo sabía que no iba a ser una dinámica común, pero o sea, tanto así no me imaginaba, hay mucha diferencia entre tener una idea y vivir eso. Fue bastante diferente allá…
[Cecilia D.]: Los guerrilleros les enseñaron cómo regular la respiración para que las travesías fueran menos agotadoras. También les explicaron cómo cortar las ramas que obstruían su camino. Eran lecciones de supervivencia para pasar desapercibidas en el monte. Pero nunca les explicaron qué hacer en una situación de riesgo.
[Ana]: O sea, sabíamos que podía llegar a pasar la situación, pero ellos siempre nos dejaban en claro que iban a estar ahí con nosotros si cualquier cosa pasaba. Pero formalmente nunca supe exactamente qué tenía que hacer, si es que nos encontrábamos con los militares paraguayos.
[Cecilia D.]: Cada vez que cambiaban de lugar tenían que dejar todo como si nadie hubiera pasado por ahí. También debían camuflarse con la naturaleza. Ana nos dijo que siempre estuvieron con ropas de calle, nunca usaron uniformes militares.
Cada uno cargaba su equipaje y la comida, y los utensilios se los repartían entre todos.
Las chicas, poco a poco, se fueron acostumbrando al día a día de la guerrilla. Acá otra vez Tania:
[Tania]: Nos adaptamos a ese estilo de vida que era, por ejemplo, tener agua, buscar del río o un arroyo y conseguir alimentos. Nosotros pasábamos mucho tiempo leyendo, estudiando, haciendo costura, algunas manualidades.
[Cecilia D.]: A veces veían pasar a los lejos helicópteros militares. Pero para Ana, esconderse de la policía era algo natural. Por ser hijas de los fundadores del EPP, Ana y su melliza Lichi crecieron bajo la vigilancia de las fuerzas de seguridad.
[Ana]: Y era justamente porque yo había vivido mi vida perseguida, que no me daba miedo estar ahí. Yo relacionaba como que el estado que siempre estuve.
[Cecilia D.]: Después de más de dos meses andando de un lado al otro en la selva, llegó marzo y las chicas comenzaron a organizar su vuelta a Argentina tal como estaba previsto. Era hora de retomar sus estudios. Pero sucedió lo inesperado: llegó la pandemia. Se enteraron de la noticia por la radio, el único medio que tenían en el monte.
[Ana]: No sabía cuánto iba a durar esa situación. Yo me sentí muy angustiada. Me acuerdo que hasta lloré.
[Cecilia D.]: La tía Myriam, que escuchamos hace un rato, buscó desde Argentina, maneras de traerlas de vuelta.
[Myriam V.]: De hecho busqué, busqué mucho cómo tener contacto con ellas, es más, quería yo pasar, pero había pasos clandestinos ahí por el río. Pero al otro lado estaba totalmente militarizado entonces no había forma.
[Cecilia D.]: El tiempo siguió pasando sin que las niñas pudieran volver a su casa en Argentina. Ya era mitad de año y la rutina era siempre la misma: caminar, permanecer en campamentos unas semanas, para luego volver a desplazarse. Recorrieron cientos de kilómetros.
La mañana del 2 de septiembre de 2020, Ana se despertó muy temprano y preparó el desayuno. Estaba inquieta, el ambiente entre el grupo se había vuelto pesado los últimos días.
[Ana]: Unos dos o tres días antes habíamos ido a recoger leña y vimos un helicóptero.
[Cecilia D.]: Ya habían sentido la presencia de los militares en esos nueve meses que llevaban en el monte. Pero nunca habían sido una amenaza tan próxima. Tania sintió que algo no estaba bien.
[Tania]: Había mucho ruido de helicópteros arriba nuestro. Yo sentía que iba a ser un día muy raro.
[Cecilia D.]: Con helicópteros rondando, la zona ya no era segura para ellos así que decidieron moverse.
Se dividieron en dos grupos: unos se quedaron para eliminar los rastros de su estadía y otros comenzaron a subir el monte. Entre los que dejaron el campamento estaban la melliza Lichi, la tía Laura, María, una de las primas menores, y unos pocos miembros del EPP. Ana, Tania y Lilian se quedaron a limpiar con sus tíos.
En un momento, su primita Lilian se alejó unos metros para buscar ramas y usarlas de escoba.
[Ana]: Cuando de repente se empieza a escuchar ese ruido.
[Cecilia D.]: Disparos. Aturdidas y desconcertadas, Tania y Ana se escondieron detrás de un árbol para esquivar la balacera.
[Tania]: Dispararon hacia nosotros, y lo que sí escuchamos que decían “regalo», “regalo”, decían cuando le dieron a Lilian.
[Cecilia D.]: Un disparo alcanzó a Lilian, de 11 años.
[Ana]: Y ahí escucho que ella grita. No fue una palabra fue como un grito de miedo, fue como solamente un grito y después ellos, no me acuerdo bien cómo se pronuncia la palabra en guaraní, pero en español es como rodear.
[Cecilia D.]: Escondidas, Ana y Tania siguieron atentas a las conversaciones de los soldados.
Según me contó Tania el disparo dejó a su prima inmovilizada y luego unos seis militares la rodearon y se la llevaron con ellos.
[Tania]: La hirieron, ella gritaba y ellos le llevaban.
[Cecilia D.]: Le pregunté si había podido ver dónde le habían disparado a su prima pero me dijo que no…
[Tania]: Solamente veía que estaba rojo en la espalda.
[Cecilia D.]: Desde donde estaban, Ana vió que uno de sus tíos tomó el fusil que siempre llevaba colgado al hombro, y, con un gesto, les ordenó a Tania y a ella que corrieran. Ana me dijo que luego el tío le disparó a los militares en un intento por recuperar a Lilian. Pero era tarde, ya los soldados se la habían llevado.
Mientras escapaban, Ana estaba abrumada por los disparos y por un momento quedó desorientada.
[Ana]: Me zumbaban todos los oídos y me empezaron a doler y veía borroso.
[Cecilia D.]: Llegaron a un cerro y comenzaron a subirlo. Era empinado y difícil de escalar. Recién en ese momento, Ana se detuvo a pensar en todo lo que estaba pasando.
[Ana]: Y lo primero que pensé fue en mi mamá. O sea en ese momento me dije a mí misma dos cosas: que en cualquier momento me puedo morir y que si me muero no le voy a volver a ver a mi mamá.
[Cecilia D.]: Es una niña de 13 años pensando en que nunca volverá a ver a su mamá. Pero la realidad se le vino encima. Pensó en su melliza, Lichi, que —como dijimos— había salido del campamento unos minutos antes de que comenzaran los disparos.
[Ana]: Yo estaba preocupada por Lichi, porque yo no la llegué a ver. No sabía qué le pasó.
[Cecilia D.]: Después de mucho andar, escondiéndose entre la vegetación del monte, Ana y Tania se encontraron con sus tíos, estaban pálidos. Ana miró a su alrededor, ansiosa, buscando a Lichi y a las otras que faltaban: su prima María y su tía Laura. Pero no estaban con ellos y se desesperó.
[Ana]: A mí me temblaba todo y empecé a ver borroso. O sea, como que me agarró un miedo.
[Cecilia D.]: Pero sabía que, como tantas otras veces, lo mejor era aguantar.
[Ana]: O sea, yo no preguntaba nada. No, nada, porque… Por cómo crecí, o sea, aprendí a no preguntar cuando no tengo que preguntar.
[Cecilia D.]: En silencio caminaron sin rumbo, cruzándose con huellas de botas como las que usan los militares. Después de varias horas encontraron un campamento de cultivadores de marihuana, que parecía recién abandonado. Seguramente habían escapado al escuchar los disparos. Había ollas, comida, hamacas y una radio. Tomaron lo que pudieron y siguieron caminando con el sonido de helicópteros de fondo. A eso de las 6 de la tarde, de ese mismo 2 de septiembre, frenaron la marcha.
[Ana]: Prendimos la radio y por todos los canales estaban festejando.
[Cecilia D.]: Festejando el éxito del operativo del ejército contra el EPP… Fue ahí que se enteraron de más detalles de lo que había pasado esa mañana. El entonces presidente de Paraguay, Mario Abdo Benítez, salió en la radio diciendo esto…
[Mario Abdo]: Hemos podido encontrar un campamento donde creemos que estaba gran parte del grupo conocido como Ejército Paraguayo del Pueblo. Tenemos mucha evidencia. Hay dos abatidos. Hoy a la mañana, confirmados.
[Cecilia D.]: Ana y Tania escuchaban con atención. El presidente aclaró que hubo dos enfrentamientos donde murieron dos mujeres, pero no dio sus nombres.
Ana se quedó procesando la información que acababa de escuchar:
[Ana]: Lo que podíamos asegurar era que una de esas bajas era Lilian. No sabíamos quién fue la otra baja y decían dos mujeres.
[Ana]: Y entonces yo reduje las opciones. O María, o tía Laura o Lichi. Me acuerdo que me senté por un árbol y me puse a pensar, bueno, ya Lilian murió. ¿Quién fue la otra? ¿Cuál, cuál, cuál va a ser peor que sea?
[Daniel A.]: Pero no había mucho tiempo para hacerse preguntas, tenían que seguir escapando. Sentían a las fuerzas de seguridad en los talones.
Una pausa y volvemos.
[Daniel A.]: Estamos de vuelta. Después del enfrentamiento donde perdieron a Lilian, el grupo quedó a la deriva. Todos estaban muy golpeados luego de escuchar por la radio al presidente de Paraguay que decía que había “dos mujeres abatidas del EPP”. De todas formas, había que seguir andando. Cecilia sigue con la historia.
[Cecilia D.]: El 5 de septiembre, tres días después del enfrentamiento con los militares, Ana, Tania y el resto de ese grupo, volvieron a prender la radio y escucharon que las que murieron no eran guerrilleras adultas, sino menores. Fue entonces que dieron los nombres: Lilian Villalba y María Villalba, las primas de Ana. Tenían apenas 11 años.
Todos se quebraron.
[Ana]: Todos lloraban, lloraban ella lloraba tía, lloraba Tania. Y a mí me abrazaron y yo también lloré. Y a quien no le veía era a mi tío. Y después le vi a él. Él, o sea, él siempre era así. Él siempre era fuerte. Y en ese entonces me acuerdo que se sentó detrás de un árbol. Se sentó. Él no fumaba, pero ahí se sentó a fumar. Estaba llorando.
[Cecilia D.]: Ana necesitó alejarse para procesar la noticia: sus primas más chicas Lilian y María estaban muertas, y no sabía qué había pasado con su melliza, Lichi. No podía creer que todo esto estuviera pasando.
Al anochecer el grupo continuó la marcha en silencio. La angustia por la muerte de las niñas se mezclaba con el miedo a lo que vendría.
[Cecilia D.]: Cuatro días después, mientras buscaban agua en un arroyo, se encontraron con un miembro del EPP. Detrás de él apareció el resto del grupo. Ana y Tania vieron que cargaban a alguien en una camilla improvisada con ramas y lona. Era Lichi.
[Ana]: Me dio tanta tranquilidad. Ella estaba re pálida, de eso sí me acuerdo, tenía los labios del color de la cara y ella me miró y me sonrió. Me acuerdo de eso.
[Tania]: Tenía una herida que le desgarró mucho músculo, mucha piel. Y estaba amarilla. Con los ojos negros, no, no podía caminar.
[Cecilia D.]: Cuando los dos grupos se unieron, todos comenzaron a saludarse. Ana se acercó a Lichi.
[Ana]: O sea nosotras, entre nosotras no éramos muy sentimentales, entonces a ella le dejaron una hamaca y yo me fui y me senté cerca de ella y hubo como un silencio.
[Cecilia D.]: No hubo abrazos entre ellas, solo se miraron y sonrieron.
Poco después se unió la tía Laura. Ana notó la angustia por la muerte de su hija, María, pero no se atrevió a hablar del tema. Como siempre, no preguntó nada, no comentó nada. Simplemente se saludaron y comenzaron a hablar de la herida de Lichi. Laura le enseñó a Ana cómo hacerle las curaciones y le pidió que la ayudara.
Durante la cena, Ana buscó quedarse a solas con su hermana. Fue ahí cuando Lichi le contó lo que había vivido. Le dijo que cuando comenzaron los disparos ella estaba en una zona más alta del monte junto a su prima María, su tía Laura y otros miembros del EPP. Todos corrieron, pero al rato fueron interceptados por militares que estaban ubicados arriba del cerro, y los soldados comenzaron a dispararles. Una bala hirió a María en la pierna y quedó completamente inmovilizada.
[Ana]: Nos estaban apuntando a nosotras, me dice ella.
[Cecilia D.]: Lichi comenzó a correr pero no llegó lejos. Una bala atravesó su pierna y cayó al suelo…
[Ana]: Lichi cayó mucho más adelante que María. Ella llegó a correr. Maria, no.
[Cecilia D.]: Entre las balas, un miembro del EPP logró llegar hasta Lichi, la tomó en brazos, la colocó en sus hombros y la sacó de ahí.
[Ana]: Y miró para atrás y le vio a María. A María también le dispararon, así como a Lichi también le dispararon en la pierna. Y Lichi le vio intentar moverse a ella. Me dijo que ella estaba llorando.
[Cecilia D.]: Lichi le dijo a Ana que ella vió cómo los militares capturaron a su prima María con vida.
La versión oficial, sin embargo, es muy distinta…
[Nimio Cardozo]: Yo soy el comisario principal, Nimio Abel Cardozo Espínola.
[Cecilia D.]: Cardozo es el jefe Antisecuestro de la Policía y llegó al monte apenas terminó el enfrentamiento. Según él, aquel 2 de septiembre, los militares fueron atacados por los guerrilleros mientras patrullaban la zona. Tenían la sospecha de que los líderes del EPP estaban ahí mismo.
[Nimio C.]: Mientras hacían el reconocimiento de combate, ellos fueron recibidos a balazos por el grupo que estaba en el campamento porque fueron detectados.
[Cecilia D.]: Es decir que, según esta versión, los soldados vieron a personas armadas a lo lejos y dieron la voz de alto. Pero los guerrilleros empezaron a dispararles.
También hablé con el Coronel Carlos Casco, jefe de Inteligencia Militar y responsable de haber marcado las coordenadas del campamento. Casco me dijo que recién cuando se calmó la situación, los soldados se acercaron a la zona y pudieron comprobar que había dos guerrilleras muertas. Este es Casco…
[Carlos C.]: Estaban uniformadas. Estaban con armamento. Tenían cinturón por la cintura, tenían pistolas.
[Cecilia D.]: La versión de Casco y Cardozo es que Lilian y María eran combatientes. Y ellos aseguran que solo supieron que eran menores de edad cuando los peritos examinaron los cuerpos.
[Nimio C.]: Bajo ningún momento nosotros sabíamos de la existencia de menores.
[Cecilia D.]: El Estado admitió que no filmaron el operativo, ignorando su propia normativa. Sin imágenes sobre cómo vestían o si estaban armadas es imposible saber qué pasó realmente.
Ya vamos a volver sobre estas versiones cruzadas… Pero ahora regresemos al monte…
Al día siguiente del encuentro, los dos grupos retomaron la marcha juntos. Mantuvieron su dinámica habitual: moverse entre la vegetación del monte para evitar ser detectados. Pero decidieron trasladarse únicamente de noche por seguridad. Lichi seguía siendo cargada en camilla porque su herida apenas sanaba.
A principios de octubre, un mes después del enfrentamiento y diez meses después del comienzo del viaje, llegaron a un campamento donde permanecieron cuatro semanas. El ambiente era distinto al del inicio. El dolor por las muertes de Lilian y María lo había cambiado todo, y el miedo a ser detectados era constante.
[Ana]: Me acuerdo que Lichi lloraba mucho, porque justamente porque le dolía. Ella lo único que podía hacer era comer más que nosotros y tomar analgésicos, pero cosas de ibuprofeno. Y ella tenía literalmente un agujero en la pierna y no había mucho que podíamos hacer al respecto.
[Cecilia D.]: Cuando lloraba su tío se enojaba y le decía que tenía que aguantar.
[Ana]: El contexto y la situación no da para para llorar, decía él. Todo era aguantar. Había que aguantar la mochila, había que aguantar la sed, había que aguantar el calor, había que aguantar la caminata.
[Cecilia D.]: Y también había que aguantar el dolor.
Los adultos, los guerrilleros, y las niñas, incluso las de 13 años con un agujero en la pierna.
Las chicas, como lo habían hecho siempre, acataban, no cuestionaban, no preguntaban. Intentaban aguantar como fuera.
Con el tiempo Lichi volvió a caminar con la ayuda de unas muletas improvisadas con ramas. Y como ya estaba más recuperada, sus tíos decidieron que era momento de que las chicas regresaran a Argentina. El grupo se dividió: Ana, Lichi, Tania y la tía Laura se despidieron de sus familiares del EPP. Once meses antes habían llegado seis al norte paraguayo, ahora solo volverían cuatro a Argentina.
Les asignaron a unos tres guerrilleros para acompañarlas y protegerlas. El camino era largo y desafiante, pero el grupo confiaba en que podrían esconderse en el cerro.
[Ana]: Y cerca de ahí hay una comunidad indígena. Y yo tenía entendido que nosotros íbamos a intentar salir de ahí justamente a través de esa comunidad. Nos dijeron que, o sea, difícilmente ellos, los militares, entraban ahí justamente porque era un terreno muy accidentado.
[Cecilia D.]: Caminaron lento y con cuidado. Ana ayudaba a Lichi con sus muletas y cargaba las mochilas de las dos.
Estuvieron andando así casi tres semanas hacia la comunidad indígena con la esperanza de que las ayudaran a salir del monte. El paisaje comenzó a cambiar y, como ya no pasaban por campamentos de la guerrilla, no tenían ni agua ni comida… Tuvieron que aprender a cazar.
[Ana]: Yo cazaba pajaritos y eso comía Lichi. Le ayudaba a su recuperación eso. Y más adelante. Me acuerdo que una vez, así, atrapé un mono y todo lo que atrapábamos comíamos todo lo que atrapamos, comíamos. Pero, o sea, casi todo iba para Lichi.
[Cecilia D.]: Así fueron pasando los días… Hasta que el 20 de noviembre, por la noche, vieron un dron sobrevolando la zona.
[Ana]: Y ahí sí yo ya me preocupé. Porque se sentía raro. O sea, ya había pasado por una situación así antes y se sentía raro.
[Cecilia D.]: Mientras avanzaban, notaron que otro dron las vigilaba. Enseguida escucharon gritos de hombres y aunque no distinguieron bien lo que decían, aceleraron el paso. Pero era difícil porque Lichi iba con muletas. De pronto, el cerro se iluminó. Esta es Tania otra vez…
[Tania]: Para mí era como una imagen de un árbol navideño. Era como una cosa verde llena de lucecitas. Y empezaron a disparar, y disparaban, disparaban, disparaban.
[Cecilia D.]: Esas lucecitas eran, en realidad, decenas de drones. El ejército los usa para detectar el calor humano y dirigir los disparos. Además los soldados también habían lanzado bengalas para alumbrar el cerro.
Desesperadas, Ana, Tania, Lichi y Laura decidieron dejar sus cosas y escapar juntas rodando por la ladera del cerro. Los hombres del EPP que las custodiaban se quedaron en el lugar para combatir a los militares. Las chicas escaparon por una parte angosta del monte, con un arroyo al lado. Ana recuerda que Lichi la tomó del hombro y le dijo…
[Ana]: Si ellos vienen, déjame, me dice.
[Cecilia D.]: Ana trató de calmarla. Claro que no la iban a dejar. Decidieron continuar por el arroyo, que era bastante profundo, y siguieron la corriente. Así Lichi podía moverse de manera más rápida. Además era una zona con mucho barro y no querían dejar huellas. Tania estaba aterrorizada…
[Tania]: En ese momento yo sentía que en cualquier momento nos iban a matar. O sea, tu cuerpo empieza a sudar por el miedo. Tu pulso está a mil por hora. Sentía la sangre correr por mi cuerpo. Era una experiencia muy rara.
[Cecilia D.]: Tratando de esconderse, caminaron con el agua hasta la cintura. Hasta que llegaron a una zona rocosa del arroyo y encontraron un hueco grande en una piedra. Decidieron quedarse ahí, en silencio. Sabían que cualquier sonido que hicieran podía delatarlas. Estaban cerca…
[Tania]: Escuchábamos los ruidos del montecito, los ruidos de los helicópteros, también había momentos donde durante el día ellos seguían disparando. Y en un momento llegamos a escuchar cuando ellos hablaban, hasta sentíamos el olor del cigarrillo.
[Cecilia D.]: Se quedaron esperando a los miembros del EPP que las custodiaban, pero nunca aparecieron. Más tarde se enterarían de que murieron durante el enfrentamiento con los militares.
Las cuatro —las primas Ana, Lichi, Tania y la tía Laura— permanecieron escondidas, inmóviles, en el hueco de la roca, casi sin pronunciar una palabra. Lichi, en susurros, rompió el silencio solo un momento.
[Ana]: Y me dijo que si salíamos de ahí con vida, que ella me prometía que me iba a querer más. O sea, nosotros no hacíamos cosas como abrazarnos o darnos besos. Pero me acuerdo que ella me abrazó. Y me besaba la frente. Y así nos dormimos. O sea, la situación ya era mala, pero evidentemente podía ser peor.
[Cecilia D.]: Cuando despertaron ya era de día y seguían escuchando ruidos y gente que hablaba. Estuvieron ahí escondidas unos dos días sin comer ni beber nada. Y cuando las cosas se calmaron dejaron el lugar.
A Lichi le fabricaron un bastón con ramas y continuaron caminando perdidas durante varias semanas. Les resultaba muy difícil conseguir comida, porque se encontraban en una zona deforestada. Las cuatro estaban muy débiles, apenas podían mantenerse en pie. Pero como sabían que seguramente estaban cerca de la comunidad indígena que venían buscando, decidieron que Ana y Tania fueran a pedirles ayuda. Lichi se quedó con su tía Laura.
[Ana]: Ella estaba o sea estaba sentada y yo me despedí de ella con la mano. Me acuerdo que con Tania nos fuimos y un ratito después empezó a llover.
[Cecilia D.]: Las horas pasaron y como no encontraron a nadie decidieron volver con Laura y Lichi. Habían dejado huellas para poder regresar con facilidad, pero enseguida se dieron cuenta de que la lluvia las había borrado por completo.
[Ana]: Y con Tania nos paramos y dijimos ¿hacia dónde vamos? Y o sea, yo me dije a mí misma en ese momento: Si yo tomo mal una mala elección acá, me voy a lamentar el resto de mi vida. No sé ni por qué me dije eso. Pero le dije a Tania vos decime por dónde vamos a irnos. Y Tania dijo por acá.
[Cecilia D.]: Y salieron para en esa dirección.
[Daniel A.]: Una pausa y volvemos
[Daniel]: Estamos de vuelta… Cecilia Diwan nos sigue contando.
[Cecilia D.]: Ana y Tania se habían desorientado por completo en medio del monte. No sabían con certeza en qué dirección caminar pero siguieron avanzando. Y así fueron pasando las horas, los días. Buscaron a Laura y Lichi por semanas. Ya estaban muy débiles y seguían sin encontrar comida. Una noche, mientras dormía, Tania escuchó que entre sueños Ana nombraba a Lichi.
[Ana]: Y después Tania logró despertarme y me dijo ¿Qué te pasó?. Me dijo que estabas gritando, estabas diciendo su nombre y yo no sabía por qué. O sea, yo nunca creí en las conexiones esotéricas ni nada por el estilo. Pero en ese momento pude haber sentido algo.
[Cecilia D.]: Ana sintió la certeza de que a su hermana le había pasado algo grave.
Una tarde, mientras caminaban, reconocieron el paisaje. Era el último lugar donde habían estado las cuatro juntas. Comenzaron a inspeccionar la zona y descubrieron que debajo de un árbol había una bolsa plástica cubierta por unas ramas. La abrieron y dentro había dinero, un cuaderno y unas hojas sueltas escritas con la letra de Lichi. Tania recuerda que se ilusionaron mucho.
[Tania]: Al comienzo estuvimos muy contentas porque pensamos que Lichita está cerca y que íbamos a encontrarnos cerca de ella.
[Cecilia D.]: Empezaron a leer las páginas. Eran cartas que Lichi le había escrito a su mamá, Carmen. En los textos Lichi se mostraba muy preocupada y contaba que Ana había ido por ayuda pero que no había regresado. También decía que su tía Laura, horas después de que Ana y Tania se perdieran, salió a buscarlas y que nunca regresó. Las cartas tenían fecha y, como las chicas llevaban relojes, calcularon que había dejado de escribir unos 15 días atrás.
[Ana]: Yo vi eso y me desesperé. Empecé a correr. Lichi podía estar en cualquier lugar, muerta o no, ella podía estar en cualquier lugar. Entonces empecé a gritar llamándole.
[Cecilia D.]: Como Lichi estaba herida, sabían que no se podría haber ido muy lejos, así que comenzaron a buscar rastros de ella.
[Ana]: Yo por lo menos quería encontrar su cuerpo, porque yo pensé: si encuentro su cuerpo por lo menos voy a saber qué le pasó, si encuentro su cuerpo por lo menos voy a poder enterrarlo.
[Cecilia D.]: No había rastros de Lichi, pero sí de botas militares. En ese momento, temieron que hubiera sido capturada o asesinada. Lloraron mucho, hasta que Tania intentó convencer a Ana de que su hermana había logrado escapar hacia Argentina. Estaba herida y débil, era difícil creerlo, pero necesitaban hacerlo para seguir caminando. A partir de ese momento, Ana dejó de registrar con claridad lo que pasaba y Tania, su prima mayor, comenzó a tomar todas las decisiones.
[Tania]: Anita es una persona muy fuerte. Yo siento que sin ella yo no iba a poder aguantar todas las cosas feas que estábamos pasando. Pero era una situación muy difícil. Y naturalmente, el perder a su hermana no estaba bien. Entonces tratamos de ver la forma de volver a casa, porque ya no… ya se nos acabaron las fuerzas. Ya no. No teníamos forma de cómo ni, ni idea, ni pistas, nada. Y la situación era bastante crítica. En cualquier momento nos podían matar.
[Cecilia D.]: Conscientes de que tenían que pedir ayuda para poder salir de ahí comenzaron a seguir un arroyo para intentar llegar a la comunidad indigena. La suerte comenzó a acompañarlas. Encontraron frutas y al poco tiempo vieron a personas nadando. Pese a que tenían miedo de que las delataran, las chicas igual decidieron confiar y se acercaron…
[Ana]: Vos mirás a alguien con las pintas con las que traíamos nosotras y vos pensás tienen que ver con el EPP.
[Cecilia D.]: Las personas eran de una comunidad indígena de la zona y comprendieron de inmediato la situación cuando Tania se las explicó. Seguramente se conmovieron al ver a dos chicas tan débiles. Y decidieron ayudarlas.
[Tania]: Nos sacaron en moto hasta cierto punto. Y de ahí, un trabajador de la estancia nos dijo que nos llevaba, nos llevaba. A través de él pudimos pasar ese ese puesto de seguridad.
[Cecilia D.]: En esa zona de Paraguay es común encontrar en los caminos puestos de seguridad privada que contratan los dueños de las estancias. Por eso el trabajador que llevaba a Tania y a Ana en su camioneta mostró su identificación para que ellas pudieran pasar sin ser registradas…
El hombre condujo unas seis horas hasta la ciudad de Limpio.
[Ana]: Traíamos dinero con nosotras, entonces, claro como era post pandemia todo el mundo iba por la calle con barbijos me acuerdo, y entramos a una farmacia y nos compramos barbijos. Y me acuerdo que o sea que la gente nos miraba mucho.
[Cecilia D.]: Claro, dos adolescentes con ropa y zapatos rotos y sucios llamaban mucho la atención.
[Ana]: Nosotras ya andábamos en una ciudad, o sea, un entorno normal, pero andábamos completamente alerta.
[Cecilia D.]: Con el dinero que se habían llevado de la bolsa que encontraron con las cartas de Lichi pagaron un taxi hasta Asunción, que queda a unos 30 minutos. Ahí se compraron ropa y comida. Pero todo lo que ingerían lo vomitaban. Estaban demasiado débiles.
En la terminal se subieron a un micro hasta Encarnación, una ciudad que está en la frontera sur con Argentina. Fueron seis horas de viaje hasta llegar. Una vez allí le pagaron a un hombre para que las cruzara en barcaza. No podían pasar por la aduana porque habían perdido sus documentos en el monte.
El 23 de diciembre de 2020, exactamente un año después de su partida, llegaron a su pueblo, en la provincia argentina de Misiones. Eran las cuatro de la tarde cuando Ana y Tania cruzaron el portón de la finca y caminaron los últimos metros hacia su casa. Ahí vivían sus tías y sus primos.
[Ana]: Ahí creo que la primera persona que nos vio pegó un grito. Y salieron los otros niños. Y ahí todos ellos nos abrazaron. Y la verdad que fue un encuentro bastante emotivo. Yo no me acuerdo mucho, como que todo pasaba muy rápido.
[Cecilia D.]: Ana estaba muy débil y le costaba mantenerse de pie. Los primitos la ayudaron a llegar hasta la sala. Su tía Myriam, que ya sabía por las noticias que su hija Lilian y su sobrina María habían muerto, se encontró con la sorpresa de que algunas habían logrado regresar.
[Myriam V.]: Entonces yo lo primero que pensé que por lo menos todos lograron, lograron salvarse, ¿verdad? Y bueno, ahí me enteré que no…
[Cecilia D.]: De las seis que habían partido, hacía justo un año, habían vuelto solo dos… Si para Myriam fue un golpe, para Tania y Ana fue directamente demoledor entrar a esa casa y ver que Lichi y su tía Laura no estaban. Esperaban que hubieran podido escapar.
Comenzaron a conversar sobre todo lo que les había pasado. Myriam les contó a las chicas cómo se había enterado de las muertes. Les dijo que ese 2 de septiembre escuchó en los medios que dos mujeres adultas del EPP habían muerto en un enfrentamiento con los soldados. Lo mismo que escucharon Ana y Tania ese día en el monte. Pero a los dos días Myriam recibió una llamada del cónsul argentino en Paraguay.
[Myriam V.]: En el momento en que yo me estaba interiorizando de las las noticias fue que recibí la llamada y me dijeron que se confirmaba que eran mis niñas.
[Cecilia D.]: En un principio los cuerpos fueron enterrados como NN. Pero la prensa reveló que las dos supuestas guerrilleras muertas llevaban documentos argentinos, la presión diplomática cambió todo. A pedido de Argentina, Paraguay tuvo que exhumar los restos y recién ahí, después de pruebas forenses, se confirmó que eran niñas de 11 años y se supieron sus nombres.
El cónsul le entregó unas fotos de cómo habían quedado los cuerpos de las niñas. Myriam nos dijo que por las imágenes se veía que a las niñas les quitaron fragmentos de piel donde impactaron las balas para borrar los restos de la pólvora. Sin esa evidencia, es imposible saber si murieron en un combate o si, en realidad, fueron ejecutadas a quemarropa.
[Myriam V.]: Donde quedaron así rastros de pólvora, todo eso. Ellos limpiaron todo el cuerpo, sacaron todo eso.
[Cecilia D.]: Para este punto, Myriam sólo podía pensar en una cosa…
[Myriam V.]: Yo como madre, lo único que decía ojalá que se haya muerto instantáneamente, no haya soportado todo ese dolor, porque realmente la forma en que dejaron los cuerpitos. Yo, mucho tiempo conservé todas esas fotos pero me afectaba muchísimo eso.
[Cecilia D.]: Ese mismo día, mientras Myriam, Ana y Tania intentaban reconstruir lo que había pasado en el monte, vieron una noticia por la televisión.
[Myriam V.]: Vi en las noticias que Laura cayó presa. Tenía como 20 kilos menos, tenía Laura, era piel y hueso. Y yo la verdad que no la reconocí hasta que después sí, sí, después me di cuenta que era Laura la que cayó.
[Cecilia D.]: La tía Laura estuvo semanas buscando a sus sobrinas. Hasta que, el 23 de diciembre, se cruzó con militares en el monte. Y, pese al riesgo que implicaba para ella, decidió pedirles ayuda para encontrarlas. Las autoridades enseguida la detuvieron. Y los fiscales le propusieron ir a buscarlas. Para ese entonces Tania y Ana ya estaban de regreso en Argentina. Solo faltaba Lichi.
[Myriam V.]: Y le dio todas las coordenadas más o menos hacia dónde quedó, los lugares… Pero esta gente nunca tuvieron interés en buscarla.
[Cecilia D.]: Laura quedó detenida en Paraguay bajo cargos de terrorismo y violación del deber de cuidado.
Miryam era abogada y decidió llevar el caso de Lilian, María, Lichi y Laura a distintos organismos internacionales de Derechos Humanos.
Por las denuncias de Myriam hubo delegaciones internacionales que se organizaron para encontrar a Lichi pero tuvieron varios obstáculos en el proceso. Sin embargo, lograron obtener el testimonio de un hombre de una comunidad indígena, que les contó que había visto a una chica con las características de Lichi.
[Ana]: El único testimonio que pudieron obtener ahí, porque los militares estaban constantemente ahí alrededor, fue que le vieron a una chica como ellos le describieron que cojeaba, que era llevada justamente por uniformados y subida a una camioneta eso fue un testimonio o sea que se consiguió.
[Cecilia D.]: Mientras intentaban reconstruir el rastro de Lichi, la tía Myriam empezó a examinar todas las pruebas disponibles. Quería denunciar que habían sido muchas las irregularidades en todo el caso… desde el tiroteo, la forma en que manejaron los cuerpos de las niñas, incluso la destrucción de la ropa que llevaban Lilian y María, supuestamente por protocolo de COVID-19, a pesar de que no había ninguna sospecha de que estuvieran contagiadas.
[Myriam V.]: Realmente es muy duro, porque ver como un todo un gobierno, como todo un Estado, actúa con tanta impunidad. Porque el caso de Lilian y María nunca se investigó. No existe ninguna persona que esté privada ni procesada por ese caso.
[Cecilia D.]: En realidad sí hay una persona condenada. Después de 4 años presa, en mayo del 2024, la justicia paraguaya condenó a la tía Laura a 31 años de prisión. El tribunal la consideró responsable de trasladar a las chicas desde Argentina para integrarlas a una organización criminal. Los cargos incluyeron: terrorismo, trata de personas, incumplimiento del deber de cuidado y abandono.
En un proceso paralelo, la justicia paraguaya también imputó a Myriam por no proteger a su hija Lilian, y emitió una orden de captura internacional. Sin embargo, el Estado argentino le otorgó el estatus de refugiada política, brindándole protección frente a la extradición.
Le pregunté al Coronel Casco, el Jefe de la Inteligencia, al que ya escuchamos antes, sobre las distintas responsabilidades. Su respuesta fue tajante, para el coronel los culpables de las muertes de Lilian y María, y de la desaparición de Lichi, son sus propios padres y tíos.
[Carlos C.]: Ellos son los responsables porque ellos fueron las personas que le criaron ahí en Argentina, le adoctrinaron lastimosamente en ese lugar y luego de manera ilegal introducen a la República del Paraguay para encontrarse con sus familiares en los montes acá de Paraguay.
[Cecilia D.]: El Coronel también cuestiona el motivo real de ese viaje. Para él no se trató de un reencuentro familiar. Según ellos, hay información de inteligencia posterior al enfrentamiento que indica que las niñas viajaron para ser entrenadas como soldados.
[Carlos C.]: Los llevan al extranjero, ¿verdad? Y ahí comienzan a recibir la educación, comienzan a formarse ideológicamente y los traen, los traen ya a dejarlos dentro del campamento.
[Cecilia D.]: Me dijo que encontraron registros del EPP donde las niñas tenían tareas militares asignadas, como turnos de guardia durante las madrugadas. Mientras Casco las define como niñas soldados, para Ana esa versión es pura ficción, inventada para justificar a los militares.
[Ana]: Ellos siguen sosteniendo la versión de que ahí hubo fuego cruzado como decía ahí y le dispararon a las dos, que en los dos casos le dispararon en legítima defensa. Pero es completamente improbable, porque para empezar, nosotros no sabíamos manejar armas, no teníamos armas tampoco. Y, o sea, las dos, tanto Lilian como María también recibieron disparos en la espalda. Y también las dos gritaron hasta el final hasta que ellos estuvieron sobre ellas. En el caso de Lilian yo pude hasta escucharle. Y una vez que ellos la agarraron, honestamente no sé exactamente qué pudo haberle pasado pero supongo que algo lo suficientemente malo como para que hayan tenido que enterrarles, apenas trasladaron su cuerpo.
[Cecilia D.]: La versión del enfrentamiento también fue cuestionada por datos que dió el propio médico forense del Ministerio Público paraguayo. El perito dijo que el cuerpo de Lilian tenía siete impactos de bala y el de María dos. Y admitió que los disparos venían de todas las direcciones: de adelante, de atrás, de los costados. Lo cual sugiere, para la familia, un acorralamiento y no un tiroteo entre bandos. En un fuego cruzado los tiros suelen ser frontales. En criminalística, recibir impactos por la espalda indica huida, no enfrentamiento.
Las dudas que dejó el caso cruzaron la frontera. Organismos como Human Rights Watch y el Comité de Derechos del Niño de la ONU fueron contundentes: responsabilizaron al Estado paraguayo por las muertes de las niñas y la desaparición de Lichi. Calificaron el uso de la fuerza como injustificado. Denunciaron una «negligencia extraordinaria» por la destrucción de pruebas clave —como la quema de las ropas de las chicas— y concluyeron que la investigación oficial no buscó la verdad, sino cerrar el caso sin transparencia. Para la ONU, Paraguay simplemente no pudo justificar los disparos.
Un campamento familiar o un entrenamiento para niñas soldados. Acribilladas o fuego cruzado. Violencia estatal o incumplimiento del deber de cuidado. Las etiquetas cambian según quién cuente la historia, pero los hechos son inamovibles: Lilian y María tenían 11 años cuando murieron durante un operativo de las Fuerzas de Seguridad de Paraguay.
Y entre investigaciones y versiones cruzadas, hay una respuesta que todavía no llega: han pasado seis años desde aquel viaje al monte y nadie sabe dónde está Lichi.
Para Ana la vida sigue, tiene que seguir…
[Ana]: O sea, desde que nací yo ando de un lado para otro y las personas que están conmigo siempre cambian. Pero la única persona que no cambiaba era ella. Todavía estoy en el proceso de aprender a vivir sin que ella esté conmigo.
[Cecilia D.]: Ana continúa buscando cómo habitar ese vacío que dejó su hermana.
[Daniel A.]: Ana, Tania y Myriam Villalba dejaron Argentina y viven con asilo político en Venezuela. Ana estudia lenguas modernas en la universidad y sigue tratando de encontrar la verdad sobre qué pasó con su hermana melliza.
Carmen Villalba sigue detenida en Paraguay, en una cárcel de máxima seguridad. El EPP continúa activo aunque sólo quedan unos 12 miembros. Todavía tienen en su poder a tres secuestrados entre ellos Óscar Denis, ex vicepresidente de Paraguay.
Cecilia Diwan es periodista especializada en política internacional. Coprodujo esta historia con Aneris Casassus. Aneris es productora de Radio Ambulante. Ambas viven en Buenos Aires.
Esta historia fue editada por Camila Segura, Luis Fernando Vargas y por mí. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri con música de Ana Tuirán, Rémy Lozano y Andrés.
El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Adriana Bernal, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Camilo Jiménez Santofimio, Germán Montoya, Sara Selva Ortiz, Samantha Proaño, Natalia Ramírez, Lina Rincón, Juan Pablo Santos, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa, Franklin Villavicencio y Mariana Zúñiga.
Carolina Guerrero es la CEO.
Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.
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