El Muñeco de San Antonio: de un símbolo marca país a una Poképarada

El Muñeco de San Antonio: de un símbolo marca país a una Poképarada

Si escucharon el episodio Perdido en San José –o ya se han perdido físicamente en esta ciudad– sabrán que en Costa Rica tenemos una forma muy particular de dar las direcciones. Navegamos nuestro país no con nombres ni números de calles, sino a partir de puntos de referencia, como el supermercado chino, un poste torcido, o aquel bar que cerró hace 20 años… y también usamos frases como “siga recto hasta pegar con cerca”.

En San Antonio de Desamparados, mi barrio, el punto de referencia más icónico es una estatua de hierro. Le decimos “el Muñeco”, y habita este distrito desde hace varias décadas, justo a un costado de la iglesia católica del pueblo. El “Muñeco” llegó al país en 1892, como parte de una serie de cuatro estatuas diseñadas para adornar el puesto de Costa Rica en una exposición internacional en París, Francia. Las estatuas –fabricadas en Europa– representaban los principales oficios del costarricense en aquella época: un herrero, un albañil, un carpintero y un agricultor.

Luego de la feria en París, despacharon las estatuas hacia Costa Rica y las guardaron en una bodega de la Escuela de Artes y Oficios, hasta que en ese lugar se inició la construcción de lo que es hoy el Ministerio de Obras Públicas y Transportes. Actualmente solo quedan dos estatuas de esa serie.

Como todo ícono cultural, la historia alrededor de este muñeco está llena de mitos y versiones encontradas, y es a partir de este punto en donde se bifurcan los relatos. Por ejemplo, algunas personas dicen que dos de esas estatuas se fundieron para hacer balas durante la última Guerra Civil en Costa Rica en 1948 –que terminó en la abolición del ejército en diciembre de ese año–. Otras versiones afirman que una de las únicas dos estatuas que aún quedan en pie ya no está en las instalaciones del ministerio, sino en una residencia privada.

 

En San Antonio habita el herrero, pero le robaron sus herramientas hace mucho tiempo. Y no siempre estuvo aquí. Cuentan que alrededor de los años cincuenta, lo trasladaron del parque central de Desamparados a San Antonio, un distrito. Molestos por el cambio, un grupo del sector central de Desamparados llegaba de noche a San Antonio y se robaba el muñeco. A la mañana siguiente, el herrero amanecía allá, y era el turno de San Antonio para ingeniárselas y repatriar a su nuevo símbolo.

A inicios de los 2000, un delincuente local le pintó un antifaz y un delantal amarillo… todo a cambio de un six pack de cervezas. Y es que el Muñeco es parte indiscutible de nuestra idiosincrasia: tiene un pequeño supermercado y una gasolinera bautizadas en su honor, es el principal punto de referencia en el pueblo, y así como se acostumbra “vestir” las estatuas de los santos en Semana Santa, durante las fiestas patronales también se viste el Muñeco. Se pinta de nuevo de pies a cabeza, con combinaciones neutrales que no hagan alusión a partidos políticos o equipos de fútbol, y cada 13 de junio, en el Día de San Antonio, estrena su vestimenta.

De alguna forma, el muñeco de San Antonio es un testigo del paso del tiempo en Desamparados: como residente inerte de este cantón, pasó de ser un símbolo de marca país, a ser moneda de cambio en riñas territoriales, luego objeto del vandalismo adolescente, y más recientemente una Poképarada.

En este enlace pueden ver más fotos antiguas del Muñeco y sus alrededores.

Y, si no lo han hecho, escuchen Perdido en San José.

Créditos

PRODUCCIÓN
Gabriela Brenes


EDICIÓN
Jorge Caraballo


FOTO
Gabriela Brenes


PAÍS
Costa Rica


PUBLICADO EN
10/29/2019

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