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[Daniel Alarcón, host]: Esto es Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. 

Empecemos por aquí: el 6 de octubre de 1981, en la colonia La Florida, Ciudad de Guatemala. Ahí vivía Marco Antonio Molina Theissen, un estudiante de 14 años. Se preparaba para ir al colegio, como todos los días. Estaba en su casa con su mamá, doña Emma. Y pasado el mediodía… 

[Doña Emma Molina Theissen]: Tocaron la puerta y mi hijo salió a abrir.

[Daniel]: Eran dos hombres vestidos de civil. Entraron violentamente a la casa. Ambos tenían pistolas. Uno de ellos atrapó a Marco Antonio.



[Doña Emma]: Y a mí me agarraron del brazo y ahí ya no me soltaron.

[Daniel]: Le gritaron a Marco Antonio que fuera a buscar un rollo de cinta pegante. Y al regresar… 

[Doña Emma]: Lo pusieron engrietado a un sillón de la sala.

[Daniel]: Y le taparon la boca con esta cinta. Marco Antonio estaba pálido, en shock.

[Doña Emma]: Y a mí me agarraron y me llevaban de cuarto en cuarto, de habitación a habitación de la casa.

[Daniel]: Estaban buscando algo o a alguien.

[Doña Emma]: Tiraron todo lo que pudieron. Registraron roperos. De ahí se llevaron una cámara y hallaron un álbum y se llevaron fotos de Emma.

[Daniel]: Emma era una de las tres hermanas de Marco Antonio. Y después de coger las fotos… 

[Doña Emma]: Me golpearon y me empujaron. Me metieron a mí en la primera habitación después de la sala donde tenían a Marco Antonio. Sacaron a Marco Antonio. Y entonces yo logré jalar y salí corriendo. Ya lo tenían metido en el pick up, metida la cabeza en un saco. 

[Daniel]: Uno de los hombres estaba sentado sobre Marco Antonio y el otro estaba en la calle. 

[Doña Emma]: Y él solo se metió a la cabina y arrancó. Ya tenía el carro encendido. Y por más que yo grité, ya no…

[Daniel]: Nadie en la calle hizo nada ante sus gritos de auxilio.

[Doña Emma]: Se queda uno que no sabe ni qué pensar. No sabe qué hacer. Nunca me imaginé, jamás, jamás supuse yo una barbaridad así.

[Daniel]: Esta fue la última vez que doña Emma vio a su hijo. Cuando publicamos esta historia en el 2020, la familia Molina Theissen ya llevaba casi cuatro décadas intentando dar con el paradero de Marco Antonio. Una búsqueda dolorosa, extenuante. Una búsqueda representativa de una guerra violenta, sucia, que destruyó las vidas de miles de familias en Guatemala.

Nuestro editor senior Luis Fernando Vargas nos cuenta la historia. 

[Luis Fernando Vargas]: Volveremos a la búsqueda de Marco Antonio un poco más tarde. Por ahora, quiero que entiendan por qué lo secuestraron. Y la clave está en las fotos de Emma que se llevaron los hombres. Estaban buscándola. Más tarde la familia se daría cuenta de que eran agentes del ejército guatemalteco.

En 1981, el año en que secuestraron a Marco Antonio, Emma apenas tenía 21 años y era militante del área juvenil del Partido Guatemalteco del Trabajo —o el PGT en Quetzaltenango, una ciudad a unas tres horas y media de la capital. Se encargaba de organizar los encuentros entre los militantes y de ser la representante de la ciudad en las reuniones importantes de la juventud del partido.  

El PGT era uno de los varios grupos de izquierda que estaban activos en Guatemala durante los años setenta. Estaban animados por la Revolución Cubana, que había sucedido poco más de una década atrás. Sentían que el comunismo era la opción más justa, una opción tangible, en especial por los movimientos de izquierda que estaban sucediendo en El Salvador y Nicaragua.

Y, claro, este clima atrajo a una juventud guatemalteca desencantada por los gobiernos militares de derecha, los golpes de estado y la gran desigualdad que había —que todavía hay— en el país.

Emma quiso unirse a uno de estos grupos desde muy joven. En su casa, las injusticias sociales eran un tema de conversación recurrente. Esta es Emma.

[Emma Molina Theissen]: Nosotras —mis hermanas y Marco Antonio y mi mamá misma— oíamos prácticamente todos los días a mi padre hablar de eso. Él vivía siempre muy preocupado por la gente pobre, la más pobre de los lugares donde él trabajaba. 

[Luis Fernando]: El papá de Emma, que murió en 1994, era contador y fue despedido de varias empresas por sus luchas para mejorar las condiciones de trabajo de los empleados. 

[Emma]: De verdad, él sufría pensando, y hasta de insomnio le daba pensar en qué va a hacer tal familia, qué va a hacer fulano, qué va a hacer la fulana con los problemas económicos que tenían. Entonces, bueno, eso por un lado, pues, nos hizo bastante sensibles a… a las necesidades de la gente más necesitada. 

[Luis Fernando]: La hermana mayor de Emma, Ana Lucrecia, se había unido a la guerrilla, a las Fuerzas Armadas Rebeldes, uno de estos grupos de izquierda que había en el país en 1974, y Emma  hizo lo mismo estando apenas en el colegio. 

Ambas me dijeron que mientras estuvieron en la guerrilla nunca participaron en actos violentos o de terrorismo. Sus militancias consistían en ir a reuniones y discutir la realidad nacional, plantear posibles soluciones a los problemas que enfrentaba el país y discutir qué acciones podía tomar el grupo para crecer. 

Pero Emma sí me confesó que una vez tuvo una  pistola en su poder. Fue durante una repartidera de volantes en una comunidad y terminó en su arresto por el cargo de “subversión”.  Me dijo que se la dieron personas de las Fuerzas Armadas Rebeldes por su seguridad, aunque nunca la usó.   

De todas formas, Emma y Ana Lucrecia no duraron mucho en las Fuerzas Armadas Rebeldes. Para 1977 —cuatro años antes del secuestro de Marco Antonio— ya habían salido de la organización y se habían inscrito en el Partido Guatemalteco del Trabajo, que tenía los mismos ideales de justicia social. 

Para ese momento, Fernando Romeo Lucas García era el presidente de Guatemala. Era un militar de derecha.

[Emma]: A las órdenes de un grupo empresarial avorazado, injusto, discriminador, racista, terriblemente clasista.

[Luis Fernando]: Este es el entonces jefe del Estado Mayor del Ejército, Benedicto Lucas García, hermano del presidente, en una entrevista que dio en 1982.

[Soundbite de archivo]

[Benedicto Lucas García]: Usted sabe que aquí la clase… la extrema derecha es muy fuerte, es demasiado fuerte. Y es difícil competir con ella para poner un gobierno que tenga una línea de centro izquierda o… o sea centrista, ¿verdad? 

[Luis Fernando]: Para ellos, la izquierda buscaba desestabilizar el país. 

[Soundbite de archivo]

[Benedicto Lucas García]: Necesitamos mejorar nuestra economía, mejorar nuestra agricultura. Pero eso es justamente el objetivo primordial que han estado atacando los subversivos para, eh… botar la economía y aparentar en el extranjero de que nosotros estamos en una situación caótica.

[Luis Fernando]: Y con esa justificación, habían estado ejerciendo una represión fuertísima. Por ejemplo, dos años antes, el 14 de julio de 1980… 

[Emma]: Hay un ataque brutal hacia la universidad del país, la única universidad pública que tiene el país. 

[Luis Fernando]:  La Universidad San Carlos. Fuerzas de seguridad del gobierno ingresaron al campus y dispararon contra estudiantes y funcionarios que estaban dentro de la universidad… 

[Emma]: Mueren muchísimos profesores. Los líderes estudiantiles o son asesinados o desaparecidos.

[Luis Fernando]:  Ese mismo año también fue asesinado el novio de Emma, Julio César del Valle. Era un  líder del movimiento estudiantil de izquierda. Y bueno, esto cambió todo. Además de dolerle muchísimo, la asustó bastante. Antes no creía que la muerte pudiera llegar. Era muy joven. Pero ahora la sentía muy cercana.

Y para empeorar las cosas, después de la muerte del novio de Emma, las desapariciones y los asesinatos se volvieron cosa de todos los días. En el PGT estaban conscientes de esto y para proteger a Emma, la sacaron de Ciudad de Guatemala y la enviaron a vivir a Quetzaltenango. Ahí se encargó de coordinar a los miembros del área juvenil del partido de la ciudad. El partido también impuso medidas de seguridad, cosas como….  

[Emma]: Hacerse colochos.

[Luis Fernando]: Colochos, es decir, rizos. Para cambiar su apariencia.

[Emma]: No caminar por las mismas calles.

[Luis Fernando]: Emma incluso tenía una identificación falsa, pero… 

[Emma]: Uno seguía viviendo en el mismo lugar, seguía haciendo básicamente lo mismo. Entonces eran como medidas muy… muy infantiles de seguridad.

[Luis Fernando]: Que claro, no protegían mucho. Varias personas decidieron salir del país y el PGT empezó a perder miembros.

[Emma]: O sea, la gente empezó a decir: “Bueno, nos van a matar y nosotros no estamos preparados. Además, solo reuniéndonos y hablando y pensando, no estamos haciendo nada. Y nos van a matar entonces por hacer nada”.

[Luis Fernando]: El PGT se debilitó bastante. Emma estaba tratando de mantener a flote la presencia del partido en Quetzaltenango —reuniendo gente, coordinando encuentros, reclutando nuevos miembros— cuando la capturaron.

Fue el 27 de septiembre de 1981, Emma iba en bus de Ciudad de Guatemala a Quetzaltenango. Hacía ese viaje regularmente por reuniones del partido. Siempre salía muy temprano en la mañana para evitar los ya comunes retenes militares. Pero se quedó dormida. Y, claro, se topó con un retén.

Y ese día, Emma…  

[Emma]: Llevaba un documento muy importante que era el documento base para la discusión de si el partido se iba o no a sumar a la lucha armada.

[Luis Fernando]: Algo muy comprometedor. Al llegar al retén, los militares pararon el autobús.

[Emma]: Yo andaba con un… como… como una especie de sudadera, pero de lana, y un pantalón de mezclilla y una blusa. Entonces me metí los documentos entre el suéter, que me quedaba un poquito holgado. Entonces bajé y nos pusieron en fila. Y como cosa muy extraña, porque nunca lo hacían, revisaron la ropa también de las mujeres. Y cuando yo veo eso me alarmé, porque yo dije: «Me van a encontrar esto».

[Luis Fernando]: La requisaron, encontraron los documentos y la detuvieron. El autobús se fue con los demás pasajeros.

[Emma]: Cuando la camioneta se fue yo sentí como que el alma se me… así se me escurría y se salía de mi cuerpo. O sea, dije yo: «Ahora sí es cierto». 

[Luis Fernando]: En esos tiempos, como podrán imaginarse, si militabas con la izquierda, ser detenido por los militares significaba la muerte. 

Los soldados llevaron a Emma a una base militar. No supo dónde quedaba, porque tuvo los ojos vendados todo el camino. Apenas llegaron la metieron a un cuarto oscuro.

[Emma]: Era una habitación como de tres por cuatro metros cuadrados, como de doce metros cuadrados. Había dos literas, las dos literas no tenían ropa. La habitación había estado desocupada. O sea, no… nadie… nadie dormía ahí. Y la habitación tenía una puerta con candado y tenía una ventana que tenía papel del lado de adentro, papel periódico, pegado. 

[Luis Fernando]: Los militares interrogaron a Emma. Querían que diera nombres de otros militantes del partido. Pero ella mantuvo una historia ficticia… 

[Emma]: De que yo era un correo, de que yo no tenía ninguna militancia realmente, sino que era un correo. Que yo llevaba documentos, que me pagaban por eso, que venía de una familia pobre con un papá alcohólico que nos desprotegía y que entonces yo tenía que hacer esas cosas para que me pagaran. Traté de darme el menor nivel posible y además el motivo menos político que era: “Sí, me pagan por llevar y traer dinero. Y me tra… me pagan por llevar y traer mensajes”. 

[Luis Fernando]: Emma no recuerda exactamente cuándo fue, pero los militares le mostraron un expediente con su foto, su nombre verdadero y la dirección de la casa de su familia. El ejército tenía la información porque ella había sido arrestada cinco años atrás, en la repartidera de volantes a la que Emma había llevado un arma. 

Aun así, Emma siguió con su historia de ser solo un correo, a pesar de ser sometida a tortura y a violaciones individuales y colectivas. Al pasar los días, empezó a sentir que no aguantaría mucho más. 

[Emma]: Uno sabe que lo van a matar. Eso no es discutible. Lo que uno trata es de proteger a la organización lo más que pueda. Pensaba que en algún momento por la tortura yo iba a hablar y entonces yo lo que trataba era de mantener hasta donde pudiera.

[Luis Fernando]: Al quinto día le propusieron un trato para dejarla libre: que hiciera una declaración pública en contra del movimiento, para desanimar a otros militantes y desarmar aún más el partido. Pero había una condición. Le dijeron:  

[Emma]: “Nos tiene que entregar a todas aquellas personas que la conocen a usted, porque si no esas personas van a tomar represalias contra usted. Entonces lo que estamos haciendo es protegerla a usted, ¿verdad?». Y yo les dije que sí, que aceptaba. Porque yo pensé en ese momento: si me sacan a entregar gente, alguien me va a ver.

[Luis Fernando]: El plan de los militares era llevarla a dar vueltas por Quetzaltenango para que Emma reconociera a los miembros del partido que anduvieran en la calle y así capturarlos. A los dos días, los militares hicieron que Emma se bañara y se pusiera ropa limpia. Era la primera vez que salía de esa habitación en seis días. 

[Emma]: Me esposan y me meten a un carro donde íbamos como, tal vez, seis u ocho tipos armados hasta los dientes, rodeándome, en un vehículo militar.

[Luis Fernando]: No le vendaron los ojos y ahí se dio cuenta de que estaba en la base militar de Quetzaltenango. Manejaron hasta el centro y empezaron a recorrer las calles de la ciudad en carro. 

[Emma]: En ese trayecto que hubo pasamos enfrente de una gasolinera donde estaba este compañero que era mi pareja y él me ve. Y luego me llevan a… a un lugar que está por el Centro Universitario y me ve otro compañero.

[Luis Fernando]: Emma trató de mantener una expresión neutra. 

[Emma]: Yo lo que hice fue tratar de que mi cara no dijera nada, de que yo los veía sin verlos, porque yo necesitaba que me vieran, pero que nada en mi cara delatara que yo los conocía.

[Luis Fernando]: Y también para tratar de comunicarles a ellos que no los estaba delatando. A las horas regresaron a la base. Emma le dijo a los soldados que no reconoció a nadie. 

[Emma]: “No, yo no vi nada. No vi a nadie”. Y los tipos estaban furiosos. 

[Luis Fernando]: La llevaron de nuevo a la habitación y la encadenaron. Pero algo cambió. 

[Emma]: Esa noche no llegaron. Esa noche no me interrogaron. No me torturaron. No me violaron.

[Luis Fernando]: Tras días de violaciones y torturas diarias, completo silencio. Y al día siguiente, tampoco. Nada.

[Emma]: Y a mí me empieza angustiar que no llegan. Porque, obviamente, un cambio en esas circunstancias puede significar que ya decidieron que te van a matar y que ya en algún momento te van a ir a sacar y te van a pegar un tiro y te van a matar. O te van a llevar a otro lugar donde te van a torturar más. Entonces cualquier cambio tenía que ser peor.

[Luis Fernando]: Lo que más le daba miedo era que la enviaran a Ciudad de Guatemala. Pensaba que ahí la tortura iba a ser más cruel, que ahí sufriría mucho más antes de que la mataran. Porque en la capital estaba el centro de operaciones del ejército, con los verdaderos interrogadores y torturadores. Y ante esa posibilidad, al noveno día….  

[Emma]: Entré en un estado como de locura. Y en ese estado de locura, es que yo logro zafarme los grilletes.

[Luis Fernando]: Trató de salir por la puerta, pero todavía tenía el candado. Entonces quitó el papel periódico que cubría la ventana y vio que no tenía barrotes. La podía abrir. 

Salió por la ventana a un corredor. No había comido ni tomado agua desde que la capturaron. Estaba muy débil. Caminó hasta un salón y unos guardas la vieron. Pero extrañamente no le dijeron nada. Tal vez porque iba bien vestida y limpia. Recordemos que los militares le habían dado ropa y permiso de bañarse tan solo dos días antes. 

Logró llegar hasta el portón de la entrada. Solo un guarda la separaba de la calle. Respiró profundo y caminó, tratando de disimular el dolor y el miedo. El guarda la detuvo y le dijo: 

[Emma]: “¿Usted para dónde va?”. Yo le dije: “Para afuera. Para la calle”. “Y… ¿Y quién le dijo que… quién le dio permiso para salir?” “El canche pelón de ahí adentro”, dije.

[Luis Fernando]: Canche, o sea, rubio. Uno de los hombres que interrogaba a Emma era rubio. 

[Emma]: El tipo seguramente tenía algún cargo, algún puesto alto. Yo supongo, siempre he supuesto que el tipo pensó que yo era alguna putilla que el tipo había entrado ahí o… Y me dejó pasar. 

[Luis Fernando]: Sus piernas apenas le respondían. Como pudo, caminó hasta un parque cercano y tomó un taxi a la casa de la hermana de su novio.

[Emma]: Me dijo: “Quítate esa ropa”, me dijo. Me dio otra ropa. Me cortó el pelo. Me metí a bañarme y cuando salí y me vi en el espejo, yo dije: “Estoy viva. Logré escaparme. Logré salir de ahí”.

[Luis Fernando]: Después de nueve días encerrada. Fue un volver a respirar, un triunfo. 

Para esconderla, la hermana de su novio la llevó a la casa de otro miembro del partido. A la mañana siguiente llamaron a la hermana de Emma, Ana Lucrecia. 

[Ana Lucrecia Molina Theissen]: Me pareció increíble. Me pareció… como tocar el cielo con las manos. 

[Luis Fernando]: Ana Lucrecia había empezado a buscar a su hermana en hospitales y morgues apenas fue capturada, porque el novio de Emma la había llamado cuando no llegó a su casa nueve días antes. Fue una reacción casi instintiva darla por muerta.  Por eso esto era una noticia completamente inesperada, casi imposible: Emma estaba viva y a salvo.

[Ana Lucrecia]: Regresaba de una muerte segura. Entonces era prácticamente como vencer a la propia muerte.

[Luis Fernando]: Justo después de recibir la noticia, Ana Lucrecia fue a la casa de sus papás para contarles que Emma estaba bien. Cuando llegó a la casa no estaba su papá, solo estaban su mamá y Marco Antonio. La primera reacción de ellos fue como la de Lucrecia: alivio, y asombro de que hubiera logrado escaparse.

[Ana Lucrecia]: Marco Antonio se puso muy contento y dijo que: “Qué buza Emma”.

[Luis Fernando]: Buza, o sea, inteligente, astuta.

[Ana Lucrecia]: Por haber logrado escaparse de… de donde fuera. No sabíamos exactamente en ese momento de donde… dónde la habían tenido.

Pero nos duró muy poco la satisfacción y la alegría de que la familia estuviera completa otra vez.

[Luis Fernando]: Menos de una hora después de que Ana Lucrecia salió de la casa, después de dar la buena noticia, tocaron la puerta. Fue ahí cuando secuestraron a Marco Antonio. 

La familia unió las piezas del rompecabezas bastante rápido. Los hombres tenían que ser del ejército de Guatemala y estaban buscando a Emma. Y como no la encontraron, se llevaron a su hermano. 

Marco Antonio Molina Theissen, el menor de cuatro hijos. Su familia lo recuerda como un adolescente normal, noble, como cualquier otro. 

[Ana Lucrecia]: Era un muchacho inquieto, inteligente, que le gustaba andar en bicicleta con sus amigos, le gustaba estudiar, le gustaba dibujar. 

[Emma]: Dibujaba monstruos y superhéroes y personajes históricos, pero los dibujaba en caricaturas.

[Luis Fernando]: Soñaba con ser arquitecto o ingeniero. Era fan de Star Wars y los cómics. 

[Emma]: Él no había despertado a la pubertad, a todas las cuestiones, que las muchachitas… él todavía no, no estaba en eso. Y muy risueño, callado, no discutía, no… no era un carácter impositivo, ni contestatario, ni… ni respondón.

[Luis Fernando]: Era el consentido.

[Ana Lucrecia]: Una familia de niñas y de pronto llega un bebé y es un varón y era la felicidad para mi papá, para mi mamá, para nosotras. Yo tenía 11 años cuando él nació. Entonces, era una niña que tenía un muñeco de carne y hueso. Ayudé a cuidarlo, a protegerlo. Le daba absolutamente todo lo que me pedía. Era el símbolo del amor en mi vida.

[Luis Fernando]: Ana Lucrecia recibió la noticia sobre el secuestro de Marco Antonio unas horas después, cuando se juntó con su prima, que le había estado ayudando a buscar a Emma. El papá de Ana Lucrecia había llamado a la prima para que le diera la noticia, porque su hija no tenía teléfono. Ana Lucrecia no lo podía creer. Los secuestros pasaban en las noches, en las madrugadas, no en plena luz del día. 

[Ana Lucrecia]: Lo que sentí fue… que me moría. Siempre pienso que ese fue el momento de mi primera muerte. O sea, sencillamente me destruyeron como ser humano.

[Luis Fernando]: Lo primero que pensó es que Marco Antonio estaba muerto.

[Ana Lucrecia]: Él no les servía absolutamente nada. No podía darles ninguna información. Eh… ellos no estaban negociando. No estaban haciendo ninguna propuesta. Lo sentí como una represalia, como un castigo.

[Luis Fernando]: En ese momento, el mundo de la familia Molina Theissen se redujo a dos opciones, a dos posibilidades opuestas. O quedarse callados, sin hacer nada y dejar que la pérdida de Marco Antonio los aplastara. O buscarlo, a pesar de todo, a pesar de lo que pudiera pasar, a pesar de lo que pudieran encontrar. 

Los Molina Theissen decidieron continuar. Buscar a Marco Antonio. Pero tomaron una decisión difícil, tal vez una de las más difíciles de sus vidas: no le dijeron nada de lo que pasó a Emma. Ella estaba escondida en Quetzaltenango, mientras el partido planeaba su salida del país hacia México. Estaba completamente desconectada de su familia para protección de todos. No tenía manera de saber. Entonces el razonamiento fue… 

[Ana Lucrecia]: Si Emma se entera de que detuvieron y desaparecieron a Marco Antonio, ella va a ir y se va a entregar para que nos lo devuelvan. 

[Luis Fernando]: ¿Y quién les garantizaba que de verdad eso iba a pasar, que sí lo iban a devolver?

[Ana Lucrecia]: O sea, no estabas frente a un enemigo honorable, en ningún sentido. No cabía absolutamente ningún trato de ninguna especie  y la decisión fue: “Hay que protegerla”.

[Luis Fernando]: Inmediatamente después de que secuestraron a Marco Antonio, doña Emma y su esposo fueron a la Corte Suprema de Justicia. 

[María Eugenia Molina Theissen]: Pusieron dos recursos de amparo, pero por supuesto infructuosos.

[Luis Fernando]:  Ella es María Eugenia, la otra hermana de Marco Antonio. María Eugenia no se involucró nunca en política, pero su esposo sí pertenecía al Partido Guatemalteco del Trabajo, el partido en que militaban sus hermanas, Ana Lucrecia y Emma, y era cercano a ellas. Ella recuerda que sus papás… 

[María Eugenia]: Fueron a donde les dijeran que podía haber alguien que les pudiera ayudar. 

[Doña Emma]: Siempre tratando de buscar a alguien que fuera autoridad directa de cuestiones militares y policiales. Pensando que… que ellos habían hecho eso y que ellos tenían que responder.

[Luis Fernando]: Fueron con el director de la Policía Nacional y él… 

[María Eugenia]: Les dijo así con toda la desfachatez que la guerrilla seguramente se lo había llevado, que eran las respuestas que ellos daban.

[Doña Emma]: Hasta tratamos de hablar con el que era presidente entonces. Mandamos telegrama para que nos recibiera. Entonces contestaba que fuéramos a gobernación. Y no nos recibió nunca. 

[Luis Fernando]: Fueron a hospitales. Incluso fueron hasta Quetzaltenango,  a la base donde tuvieron encerrada a Emma.

[Doña Emma]: Y lo que nos decían: “Si el ejército lo tiene, el ejército se los va a devolver”.

[Luis Fernando]: Pero a pesar de buscar y buscar. Nada. Ninguna noticia sobre Marco Antonio.

El cansancio y el dolor empezó a quebrar a todos los de la familia, especialmente a los papás de Marco Antonio. Doña Emma era maestra y tuvo que abandonar su trabajo. 

[Doña Emma]: No soporté porque ahí estaban todos los muchachitos que conocían a mi hijo. Yo me ponía a llorar ahí.

[Luis Fernando]: Su esposo tenía una  oficina de contabilidad y con eso se mantenían, pero la mayoría del tiempo pasaba buscando a su hijo. Aunque fuera solo saliendo a la calle, esperando verlo caminar por ahí o que alguien le dijera algo, por más irreal que fuera. La pérdida de Marco Antonio lo afectó demasiado.

[Doña Emma]: Él no… nunca dijo nada. Nunca externó su sentir, así, hablando. Dormía muy poco y a veces se ponía a… a… a como a maltratar, a gritar. 

[Luis Fernando]: Esa era la forma en que se desahogaba. Y aunque pasaban sus días buscando a Marco Antonio, doña Emma y su esposo nunca hablaron de cómo se sentían.

[María Eugenia]: Comenzó esa cadena de… de muchos años de silencio entre nosotras. Era muy rara vez que… que podíamos hablar de eso. 

[Luis Fernando]: Y el silencio los empezó a separar.

[María Eugenia]: Mi papá y mi mamá estaban no sólo llenos de dolor sino de culpa.

[Luis Fernando]: Culpa por no haber hecho más para proteger a sus hijos. Una culpa irracional, claro, Emma y Ana Lucrecia ya eran adultas, y lo de Marco Antonio nunca lo pudieron prever.  

Y bueno, Ana Lucrecia también sintió mucho dolor al perder a Marco Antonio. Durante los primeros días después del secuestro… 

[Ana Lucrecia]: Para mí era imposible estar despierta. Es como que te metieran mil cuchillos a la vez en el cuerpo. Creo que eso sería menos doloroso.

[Luis Fernando]: Entre abril y mayo de 1982, la familia tomó una decisión importante: decidió volver el caso público. Tan solo dos meses antes, el militar Efraín Ríos Montt le había hecho un golpe de Estado a Fernando Romeo Lucas García. 

Y aunque Ríos Montt también era un militar de derecha, no muy diferente al antiguo presidente, decidieron que valía la pena intentar llamar su atención. Entonces pusieron unos avisos en los periódicos para pedirle al gobierno que devolviera a Marco Antonio vivo. 

Los anuncios no provocaron ningún cambio. Lo que sí podía pasar era que el rumor de los avisos llegara a Emma, que ya estaba en México. Por eso, la familia decidió que era el momento de contarle. Le pidieron a un amigo de ella, que estaba en México, que lo hiciera.

[Emma]: Me acuerdo que me llamó un compañero, me dijo que necesitaba decirme algo y… y que era algo relacionado con mi familia. Y yo pensé en Lucrecia. Yo dije: “Seguro algo le pasó a Lucrecia”. Porque era lo… digamos, era la consecuencia lógica de nuestra participación, ¿verdad?

[Luis Fernando]: El amigo la llevó a un restaurante pequeño y le dio la noticia. Decir que la devastó es poco.

[Emma]: Yo no paraba de llorar y no paraba de llorar y no paraba de llorar… yo estaba en un estado de… de… de desesperación tan grande.

[Luis Fernando]: Y no  solo por el dolor de lo que le pasó a su hermano, sino que… 

[Emma]: Hasta ese momento, todo lo que yo había vivido tenía un contrapeso, que era el logro mío de haber logrado escapar. Era un logro. Era una victoria. Todo eso se desarma. Todo eso que me sostenía emocionalmente contra la tortura, contra el terror, contra la violencia sexual se deshace. Y aquello que era mi logro se convierte en mi peor error. 

[Daniel]: Una pausa y volvemos. 

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa, escuchábamos cómo por fin Emma se dio cuenta de la desaparición de su hermanito, Marco Antonio, y el efecto que tuvo en ella. La culpa, pues, era casi inmanejable.

[Emma]: Yo quería entregarme, quería matarme, quería…  Yo no hallaba qué hacer. Entonces yo empecé a pensar qué hacer para entregarme. Incluso fui a pararme frente a la Embajada de Guatemala en la Ciudad de México pensando: “¿Qué hago? ¿Me entrego, no me entrego?”. O sea, ese tipo de… de… de locura se apoderó de mí. 

[Daniel]: Emma decidió no entregarse pues hacerlo no garantizaba que devolvieran a Marco Antonio. Lo que sí estaba claro era que la política para ella ya no tenía sentido.

[Emma]: Mientras yo no supe de lo de Marco Antonio yo seguí con la idea de regresar a Guatemala. O sea, yo quería seguir militando y haciendo parte de esa resistencia, eh, en Guatemala. Pero ya en ese momento yo digo: “No valió la pena. No valió la pena”. No es que lo que uno hacía no era lo correcto, no era lo justo. Sí, sí lo era, pero tuvo un costo humano tan alto.

[Daniel]: Ya eran demasiadas vidas dañadas. Así que decidió irse alejando poco a poco del Partido Guatemalteco del Trabajo, la organización a la que había dedicado casi toda su vida en los últimos años.

Luis Fernando nos sigue contando.

[Luis Fernando]: Los traumas de la familia Molina Theissen no terminaron con Marco Antonio. Pasarían casi dos años y medio de incertidumbre, dolor y ansiedad, hasta que un día de febrero de 1984, Héctor —el esposo de Maria Eugenia— salió a pie de su casa.

Era alrededor de las cinco de la tarde. Le dijo a María Eugenia que volvería en la noche. A eso de las seis, una vecina llegó a contarle a María Eugenia que había visto cómo se robaban el carro de Héctor. Fue en el parqueo del edificio de apartamentos donde vivían. 

[María Eugenia]: Traté de… de minimizar el asunto diciéndole: “Debe ser delincuencia común”.

[Luis Fernando]: Pero llegaron las siete, ocho, nueve, diez de la noche y Héctor no aparecía. A las tres de la mañana, María Eugenia empezó a temer que algo le había pasado a su esposo.  En la mañana llegó Ana Lucrecia a su casa.

[María Eugenia]: Y me dijo: “¿Usted sabe dónde está Héctor?”. Entonces ya le conté lo que había pasado el día anterior. Y me dijo: “Es que en el diario El Gráfico apareció la foto del carro, la placa era visible, con un cuerpo”. 

[Luis Fernando]: Era el cuerpo de Héctor. Ana Lucrecia de inmediato le dijo a María Eugenia… 

[María Eugenia]: “Hay que salir de aquí”. No hubo duelo. No había tiempo ni para duelo, ni para lágrimas. 

[Luis Fernando]: María Eugenia agarró lo que podía —la ropa y algunos juguetes de sus hijas— y se fueron a la casa de sus suegros. Ahí le tocó darles la noticia. 

[María Eugenia]: Yo creo que el dolor de… de mis suegros era tan grande que depositaron mucho enojo en mí. Me sentí culpabilizada por la muerte de él. Por… porque como esposa no me opuse a que él continuara su militancia.  

[Luis Fernando]: Por protección, los papás de María Eugenia también se refugiaron en la casa de sus suegros. Pero para ese entonces… 

[Ana Lucrecia]: Ya había una decisión de la dirección del partido de que todos… toda la militancia tenía que salir del territorio. 

[Luis Fernando]: Bajo el gobierno de Ríos Montt, la represión siguió igual de violenta que con Fernando Romeo Lucas García. Incluso peor. Este es Ríos Montt el 23 de marzo de 1982, el día en que dio el golpe de Estado al presidente Romeo García 

[Soundbite de archivo]

[Efraín Ríos Montt]: El que tenga armas contra la institución de armas tiene que ser fusilado. Fusilado y no asesinado.

[Ana Lucrecia]: Era un contexto de absoluta persecución. Aislamiento total. Habían cerrado todos los espacios de participación política abierta.

[Luis Fernando]: La justificación del Estado guatemalteco siempre fue evitar una revolución armada, como la que había pasado en Cuba en 1959.

[Soundbite de archivo]

[Efraín Ríos Montt]: Lo cierto del caso es que estamos en una guerra. Y en una guerra lo que realmente sucede es que uno le tiene que imponer su voluntad a otro. Al adversario.

[Ana Lucrecia]: Empezaron a detener gente y asesinarla en las calles casi a diario. Se vivía al borde del peligro, día con día.

[Luis Fernando]: O sea, no había otra opción, tenían que irse del país. Pero había un problema: los del partido…

[Ana Lucrecia]: No te daban los medios; no los tenían. No había ni un centavo para mover a la gente.

[Luis Fernando]: Entonces, idearon un plan: buscar una embajada, entrar —para que el ejército guatemalteco no los pudiera tocar— y pedir asilo político. 

Para 1984, la mayoría de las embajadas eran patrulladas por muchos policías. Esto, porque un sindicalista que fue capturado y torturado como Emma, había logrado resguardarse en la sede de Bélgica. 

Trataron en la del Vaticano, pero les fue imposible entrar por la seguridad. Una de las embajadas con menor protección era la de Ecuador. Además, tenía un gobierno democrático. Era una buena opción. El 23 de marzo de 1984, después de casi un mes de estar en la casa escondidos, la familia de Héctor y los Molina Theissen se fueron  a la embajada. Pero sin Ana Lucrecia, que ya había planeado su salida a México.

[María Eugenia]: Llegamos a la… a la puerta de la embajada. Eh, recuerdo tanto que la secretaria del embajador no abrió, sino que empieza, me pregunta a través del vidrio que qué queremos o qué quiero yo. Porque creo que solo a mí alcanzaba a verme con mi hija mayor 

[Luis Fernando]: María Eugenia le dijo que quería saber sobre viajes turísticos al Ecuador.

[María Eugenia]: Entonces se da la vuelta y… pero como se le hizo feo dejarme con la puerta cerrada, se regresa, le quita llave a la puerta y se va a su escritorio a traer panfletos. Y aprovechamos a entrar todos y cerramos la puerta. 

[Luis Fernando]: Y al volver, la secretaria… 

[María Eugenia]: Se sorprende al ver a las ocho personas. Y entonces: “Bueno, en qué les puedo servir”, me pregunta. Entonces yo le dije: “Queremos asilo en el Ecuador”. 

[Luis Fernando]: Se ocultaron en la embajada del Ecuador. No salían de ahí por miedo a ser capturados. El asunto no trascendió a los medios. Todo fue silencioso. Más o menos una semana después iban en un avión a su nuevo país.

Ana Lucrecia salió unos días después para México. Y la búsqueda de Marco Antonio se pausó por varios años: ya no podían ir a presionar a la policía, salir a las calles a buscarlo o buscar alguna información de su paradero. Todo eso se tenía que hacer desde Guatemala. 

Emma y Ana Lucrecia empezaron desde cero en México. El partido les consiguió apartamentos. Ellas pagaban alquiler. Ambas tenían trabajos normales. Por primera vez en muchos años sintieron que vivían una vida como la de cualquier otra persona.

Pero no hablaban de lo que le había pasado a Emma y del secuestro de Marco Antonio. El dolor era muy grande. Solo una vez Emma le contó a Ana Lucrecia lo que había vivido en la base militar. Se lo dijo porque ella le estaba ayudando a aplicar a una beca que daba una ONG  para irse a estudiar a Costa Rica. Era una beca que se daba por razones humanitarias a personas en riesgo, y tenía que entregar su historia de vida como justificación.

[Ana Lucrecia]: Emma me dijo: “Anótelo y ojalá que se le quede porque es la única vez que voy a hablar del asunto con usted”. Y me dictó lo que le había pasado, sin mediar palabra entre las dos yo fui escribiendo lo que ella me iba diciendo. Lo firmó y ahí acabó el asunto.

[Luis Fernando]: Ana Lucrecia no pudo ni reaccionar.

[Ana Lucrecia]: Hay cosas que… que son tan grandes que sencillamente te rodean, no te penetran, porque te morís.

[Luis Fernando]: Su respuesta fue el silencio.

En 1985 Emma se ganó la beca y se fue a estudiar informática a Costa Rica. Ana Lucrecia la siguió poco después y logró que sus papás también se mudaran. La idea era que todos estuvieran en un país más parecido a Guatemala, su hogar. La última en llegar fue María Eugenia, en 1990. La familia por fin estaba reunida, pero los lazos se habían roto. Esta es Ana Lucrecia.

[Ana Lucrecia]: Éramos una familia destrozada y cada una sintiendo un dolor agobiante. Sufrir es lo totalmente opuesto a tener posibilidades de sentir y expresar amor. Eso no te hace desear estar cerca, ni festejar, ni abrazar, ni expresar cariño. 

[Luis Fernando]: Para María Eugenia… 

[María Eugenia]: Durante muchos años nunca hablamos de… de los dolores de cada una.

[Emma]: Se siente terrible. Era muy obvia la… la ausencia de Marco Antonio. Fue el momento en que menos podíamos vernos. O sea, nos lastimaba demasiado vernos. Eh, nos veíamos un rato en Navidad, Año Nuevo, pero en general, por lo menos yo rehuía mucho de estar con ellos. Me sentía muy triste, me sentía muy culpable. No me podía ni imaginar lo que pasaban mis papás, especialmente: una Navidad, otra Navidad, otra Navidad.

[Luis Fernando]: El papá de Emma murió todavía con la esperanza de encontrar a su hijo. Pero, poco a poco, las demás fueron aceptando que Marco Antonio no iba a regresar. 

Pero aceptar el duelo sin buscar justicia era algo que Ana Lucrecia no estaba dispuesta hacer. Sentía que se lo debía a su hermano. En 1998, después de 17 años de la desaparición de Marco Antonio, el caso no había llegado a ninguna parte en Guatemala. Entonces Ana Lucrecia recurrió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. 

La familia demandó al Estado guatemalteco por la desaparición forzada de Marco Antonio hecha por los militares, así como por la falta de investigación y sanción de los responsables. Su mamá y María Eugenia apoyaron a Ana Lucrecia, pero para Emma… 

[Emma]: La idea de la justicia para mí era algo imposible. No podía buscar justicia porque no me la merecía. Porque yo era la culpable de que Marco Antonio fuera desaparecido y seguramente asesinado. 

[Luis Fernando]: El problema era que el testimonio de Emma resultaba clave para probar que Marco Antonio fue secuestrado como represalia. Sin ese testimonio, el caso perdía mucha fuerza. Y Emma no se sentía lista para hablar.

[Emma]: Yo suponía que me iban a hacer contar con todo detalle todo lo que había pasado y yo me moría de la vergüenza. Me moría del… del… del dolor, del terror. Yo… yo pensaba que yo no iba a sobrevivir.

[Luis Fernando]: Emma solo había hablado con detalle de lo que pasó en la base militar dos veces: cuando Ana Lucrecia le ayudó con la beca y una vez con su psicóloga. Ahora le pedían que hablara frente a un montón de desconocidos. 

Pero ya para ese momento había una sentencia en contra del Estado hondureño por desaparición forzada, o sea, había antecedentes que mostraban que era posible lograr ganar el juicio y tal vez mover el caso de Marco Antonio dentro del sistema judicial guatemalteco.

Por otro lado, era su familia la que se lo pedía, y a pesar de la distancia entre todos, sentía que era su deber. Así que en el 2004, cuando finalmente se realizó el juicio, Emma pidió testificar a puerta cerrada, sin su familia ni nadie conocido. Solo ella y los jueces. 

[Emma]: Yo lo hacía contra mi voluntad, en solidaridad. Lo hacía por Marco Antonio. No lo hacía por mí. Me enojaba que me preguntaran las cosas que me habían pasado a mí. Me enojaba mucho. Y sobre todo no creía que se fuera…  que fuera fructificar en nada. Era muy doloroso. Era muy perturbador.

[Luis Fernando]: Al final, para la sorpresa de Emma, la Corte falló a favor de la familia. Responsabilizó al Estado por la desaparición de Marco Antonio y ordenó una serie de reparaciones. Las más importantes fueron que el Estado debía localizar y hacer entrega de los restos de Marco Antonio a la familia. Y que debía identificar y sancionar a los autores de su desaparición forzada. El juicio no fue poca cosa, porque… 

[Emma]: El caso Marco Antonio se vuelve un caso muy emblemático y muy importante por la cantidad de pruebas que se logran reunir alrededor de él.

[Luis Fernando]: Pruebas como testimonios de otras víctimas de desaparición forzada, informes de expertos acerca de la situación en Guatemala. Pero había una prueba clave: Emma.

[Emma]: O sea, al haber el antecedente que hay conmigo y al haber un testimonio mío que dice: “Sí, pasó esto: yo escapo y a las horas —es que no fue ni siquiera un día— a las horas que yo escapo, lo secuestran a él”. Eso es una inculpación muy clara y contundente contra el Estado. 

[Luis Fernando]: El caso y la sentencia no solo era un gran avance en la búsqueda de Marco Antonio, sino que ayudó a poner en discusión el hecho de que el ejército tenía una práctica sistemática de desaparición forzada. Y es que casos como el de Marco Antonio hay miles. 

La Comisión de Esclarecimiento Histórico de Guatemala estima que entre 1981 y 1983 se registraron unos 42 mil casos de asesinatos y desapariciones forzadas hechos por militares. Y ese número es solo de casos registrados. Muchas familias tuvieron miedo de hablar. La Comisión dice que la cifra en todo el periodo del conflicto armado, de 1962 a 1996, puede llegar a más de 200 mil víctimas. 

Ya con la sentencia de la Corte Interamericana, la familia se armó de valor para pedir cuentas a la justicia guatemalteca. Querían que fuera un caso fuerte en contra de los militares. Y entre 2004 y el 2015 se dedicaron a la recolección de pruebas.

[Emma]: Presentamos 170 medios de prueba. Fue una… una recolección de muchísimo tiempo. Fue ir a buscar a la gente a su casa, convencerla de que atestiguara, pedirle un perito que hable de tal o cual cosa. 

[Luis Fernando]: Ana Lucrecia fue la más involucrada en todo el proceso.

[Ana Lucrecia]: Yo iba a Guatemala como digo a hacer turismo judicial. No iba a pasear. No. Iba al Ministerio Público, a la Procuraduría de Derechos Humanos, a hablar con posibles peritos, a contratar peritajes. 

[Luis Fernando]: En el 2015 la familia presentó el caso ante la Fiscalía y el Ministerio Público se involucró en la recolección de pruebas. Y finalmente, el 6 de enero del 2016 —después de diez años de investigaciones— la Policía Nacional detuvo a cuatro personas… 

[Ana Lucrecia]:  El general Manuel Callejas, que era el director de Inteligencia del Estado Mayor General del Ejército. El coronel Luis Gordillo Martínez, que era el comandante del cuartel militar de Quetzaltenango donde estuvo Emma detenida. 

[Luis Fernando]: Al subcomandante de ese cuartel, Edilberto Letona Linares, y al coronel Hugo Ramiro Saldaña, el oficial de inteligencia de la base de Quetzaltenango. Este último fue el que interrogó y torturó a Emma, y fue uno de los hombres que secuestró a Marco Antonio. Emma y su mamá lo identificaron después de que lo capturaron.  

Luego detuvieron a Manuel Benedicto Lucas García. Recordémoslo.

[Soundbite de archivo]

[Manuel Benedicto Lucas García]: Usted sabe que aquí la clase… la extrema derecha es muy fuerte.

[Luis Fernando]: El que era hermano del presidente de la época y el Jefe del Estado Mayor del Ejército cuando secuestraron a Marco Antonio. A él se le acusó de ser el responsable intelectual de la práctica de desaparición forzada hecha por los militares.

Ahora se venía otro juicio, este en el sistema judicial guatemalteco, para inculpar a los militares capturados.

Emma estaba en su trabajo cuando recibió un mensaje de su actual esposo. Decía que habían capturado a los hombres que la habían secuestrado y a los responsables de la desaparición de Marco Antonio. Cuando leyó el mensaje, Emma… 

[Emma]: Me llené de terror. Pensé que me iban a llamar. Pensé que tenía que verlos. Pensé que me iban a matar, que tenían todavía ese poder. 

[Luis Fernando]: El juicio que se venía iba a ser  más duro que el que vivieron en la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Más duro porque estaban los rostros de esos cuatro militares. Ya no eran hombres anónimos, abstractos. Eran personas de carne y hueso. Emma sentía un terror que no tuvo en el juicio ante la Corte Interamericana.

[Emma]: El terror es una exageración del miedo, pero es una exageración que se basa en que la gente que le ha hecho daño tiene poderes extraordinarios. Y el terror es pensar que alguien tiene tanto poder que con una mirada o con un gesto te pueden destruir y que el daño no ha parado. Que todavía puede haber daño y que puede haber un daño todavía mayor. 

[Luis Fernando]:  Pero el testimonio de Emma, de nuevo, era vital. La oportunidad de que hubiera justicia para Marco Antonio dependía, en gran parte, de que ella hablara. Entonces, Emma, que se había resguardado en el silencio, decidió enfrentar su mayor miedo. 

Emma pasó dos meses preparándose: escribió todo y lo ensayó infinidad de veces. Sabía exactamente qué decir, y cómo quería decirlo. Y el 10 de mayo del 2018 llegó al tribunal. 

[Emma]: Yo no dormí, obviamente, la noche anterior. Estaba súper estresada. Tenía mucho miedo. Pensé que… pensé que iba a entrar en pánico en el tribunal. Y estamos hablando de una sala que era tal vez del tamaño de esta sala. O sea, unos 18 metros cuadrados, unos 25 metros cuadrados. Estaba muy cerca todo. 

[Luis Fernando]:  Los acusados estaban ahí, 37 años después de aquellos diez días que cambiaron la vida de los Molina Theissen.

[Emma]: Y empecé a verlos y me fui sintiendo fuerte y les buscaba la mirada y no me la daban. Y yo empecé a darme cuenta en que ya no me podían hacer daño. Y ese fue el momento más liberador de toda mi vida. Porque no sólo eran personas iguales a mí —no eran los superpoderosos que yo tenía en la cabeza— sino que además estaba en una carceleta. Estaban ahí en una jaula con esposas. Eran ellos en ese momento los que estaban en una situación de sumisión. Y yo no. Yo tenía el poder de levantar mi voz y señalarlos y decir: “Fueron ellos”. Y eso fue absolutamente liberador.

[Luis Fernando]: Emma dio su declaración el 21 de mayo.

[Emma]: Mi declaración, más que palabras, fue un rugido. Fue como sacar todo y dejarlo ahí en esa sala y salir limpia. Libre. Por fin me pude liberar de la culpa. Me pude liberar de la vergüenza. La justicia es sanadora, por eso es importante, porque sana a la gente, porque la repara, porque le dignifica su verdad.

[Luis Fernando]: Hablar en esa sala fue conciliarse con esa verdad. La verdad de que ella y Marco Antonio fueron víctimas de una guerra injusta, injustificada, violenta, genocida. Que la culpa que cargaba le pertenecía a los acusados, no a ella. 

Después de más de 13 horas de deliberación —un tiempo extrañamente largo, que empezaba a preocupar a la familia Molina Theissen— la sentencia contra los cuatro militares se dictó cerca de las cuatro de la mañana del 23 de mayo del 2018.

[Soundbite de archivo]

[Juez]: Con la suficiente prueba evidenciada y analizada, el Tribunal advierte que los acusados responsables en este caso siempre estuvieron conscientes de lo que hacían. Intencionalmente inobservaron garantías básicas…

[Luis Fernando]: Cuatro de los cinco acusados fueron encontrados culpables. Entre los delitos estaban secuestro, tortura y violación agravada de Emma, y la desaparición forzada de Marco Antonio. Tres fueron condenados a 58 años de cárcel y uno a 33. El quinto acusado quedó libre porque no se pudo determinar que tenía responsabilidad en los hechos. 

Traté de contactar a estos militares sentenciados. Logré conseguir el contacto de los abogados de tres de ellos, pero a pesar de las llamadas y los mensajes, solo pude hablar con Francisco Luis Gordillo, el comandante del cuartel militar donde Emma estuvo detenida. 

Gordillo, de ya más de 80 años y condenado a 33 años de cárcel, accedió a darme una pequeña entrevista. Me dijo que la sentencia… 

[Francisco Luis Gordillo]: Es una cosa aberrante, ilegal, injusta, politizada, ideologizada.

[Luis Fernando]: También me dijo que Emma miente respecto a lo de la violación y la tortura. Que no hay secuelas físicas del abuso y que, por tanto, no se puede probar. 

[Francisco Luis Gordillo]: Y la violación también es un delito que tiene que probarse científicamente y aquí no hay ninguna cosa científica.

[Luis Fernando]: Que solo el testimonio de Emma no es suficiente.

[Francisco Luis Gordillo]: Al finalizar la sentencia dice que bastaba la declaración de la querellante para condenar. María Santísima, ¿cómo va a ser eso? Que baste lo que una persona diga para condenar a otra sin mayores pruebas.

[Luis Fernando]: Él se declara inocente: 

[Francisco Luis Gordillo]: A mí de lo que me acusan es de violación agravada, porque según la versión de la persona dice que la violaron diez soldados. 

[Luis Fernando]: Emma cree que fueron diez, pero no está muy segura. 

[Francisco Luis Gordillo]: Entonces como yo era el comandante de la zona, yo soy el responsable. María Santísima, cómo voy a permitir yo una cosa de esa naturaleza. Y… es lo más falso, lo más irreal. 

[Luis Fernando]: Me afirmó que la sentencia le ha causado mucho mal a su familia. Que la salud de su esposa ha empeorado y que su hija tiene episodios severos de estrés. 

[Francisco Luis Gordillo]: Esto es una violación completa a nuestra vida, a nuestra edad, a nuestros derechos. Entonces, ellos… los derechos humanos pareciera que solo los usan para ese tipo de casos: para personas acusadoras que están en una corriente política internacional. Y nosotros pareciera que no tenemos ningún derecho. 

[Luis Fernando]: Le pregunté si respalda todo lo que hizo el ejército durante los años ochenta y durante su servicio militar.  Me empezó a hablar de la guerra fría, del conflicto entre la Unión Soviética y Estados Unidos, que la guerra que hubo en Guatemala fue un resultado del conflicto entre esas dos potencias. Y al final dijo… 

[Francisco Luis Gordillo]: Unos pusieron las armas y el dinero, y nosotros pusimos los muertos. En ningún momento puedo aprobar yo el desangramiento que tuvo mi país por las… pugna entre dos potencias. 

[Luis Fernando]: Voy a repetirlo: “Unos pusieron las armas y el dinero”, dijo Gordillo, “y nosotros pusimos los muertos”. Pero, según él, era la única forma de detener el comunismo. 

La sentencia en contra de los militares fue histórica. En un país en donde la impunidad ha sido la norma, este fallo era una muestra de que la justicia sí era posible. Y no solo eso… 

[Emma]: La sentencia plantea que se debe poner a las personas víctimas de crímenes atroces al centro de la justicia. Que su testimonio por sí mismo es una prueba. 

[Luis Fernando]: O sea, que si una mujer es violada, su palabra es suficiente prueba para que se abra una investigación. O como en el caso de la familia Molina Theissen, si unos padres de una familia denuncian que su hijo está desaparecido es suficiente prueba para empezar a buscarlo. Algo que nunca pasó con Marco Antonio.

[Emma]: Eso es revolucionario en el país. O sea, no es aquel derecho penal donde usted tiene que llegar y probar hasta el último detalle en la materialidad de lo ocurrido.

[Luis Fernando]: Fue ahí que las Molina Theissen lo entendieron: esta sentencia ya no era solo para el caso de Marco Antonio, sino para las otras víctimas del terrorismo de Estado. 

[Emma]: Le da un poder a las víctimas. De tal modo que ahora una persona, basándose en esa sentencia, puede llegar y decir: “Mi esposo fue desaparecido en tal año así, así y asá”. Y eso constituye una prueba. Y eso puede plantear ya entonces un proceso legal que hasta este momento ha sido muy difícil construir esas… esas evidencias y esas pruebas necesarias para llegar a abrir un juicio.

[Luis Fernando]: Es una oportunidad para que miles de otras personas puedan intentar sanar las heridas que dejó esta guerra tan violenta.

Ninguno de los sentenciados dijo dónde está Marco Antonio. Pero lo siguen buscando.

[Ana Lucrecia]: Porque de lo contrario sería como abandonar a nuestro niño, dejarlo tirado, como ellos lo hicieron, en cualquier parte. 

[Luis Fernando]: Buscarlo es la forma de mostrarle su amor, que sigue igual de fuerte que ese 6 octubre de 1981. El día en que se lo llevaron. 

[Ana Lucrecia]: No tengo ni la menor idea de dónde puede estar, ni si está siquiera. Esto nos va a llevar la vida, o buena parte de ella, al igual que… que la justicia.

[Luis Fernando]: Este era el final original de la historia. Una sentencia y una búsqueda que ellas estaban seguras que iba a durar toda su vida. Las apelaciones vendrían, pero en el fondo se había dado un paso hacia lo que se podría considerar justicia. 

Han pasado tres años desde que publicamos el episodio por primera vez y mucho ha ocurrido desde entonces. Mucho a nivel judicial, pero a la vez poco en otros aspectos porque de los restos de Marco Antonio todavía no se sabe nada. Siguen sin poder darle un entierro como el que quieren. 

Pero las apelaciones de los condenados vinieron y cinco años después de la primera sentencia, ésta sigue sin entrar en rigor. Durante gran parte de ese tiempo, varios de los condenados pasaron en prisión preventiva en el hospital militar y el 9 de junio de 2023, la justicia guatemalteca concedió arresto domiciliario sin vigilancia a tres de los cuatro militares condenados por el caso.

[Lucrecia]: La justicia es lo más político que existe en mi país. Los procesos judiciales que se libran por graves violaciones a derechos humanos se convierten en un campo de batalla. 

[Luis Fernando]: Otro golpe fuerte fue que la representante de los condenados interpuso una denuncia pocos días después de la sentencia. La denuncia decía que Felipe Neri Espinoza, esposo de María Eugenia, tiene un parecido físico a Lucrecia y que puede tratarse de Marco Antonio. Para que quede claro: alegan que Marco Antonio nunca fue desaparecido, sino que vive con otra identidad como esposo de una de sus hermanas. 

En 2021, un juzgado declaró la denuncia con lugar de forma parcial y ordenó que la mamá de Marco Antonio y el esposo de María Eugenia se hicieran una prueba de ADN.

[Marieu]: La muestra fue tomada aquí en Costa Rica, este laboratorio es un laboratorio privado certificado internacionalmente y ellos lo que hacen es enviarlo a otro laboratorio en Estados Unidos, que es el que hace el análisis. Igualmente indica que la probabilidad del 0.00% de que mi mamá sea la madre de Nery.

[Luis Fernando]: Pero esto no ha sido suficiente. Ahora la abogada de los militares solicita otra cosa: que se les hagan pruebas de ADN a todas las hermanas y que las hagan en la medicatura forense guatemalteca.

[Maríaeu]: nosotras desconfiamos completamente de la imparcialidad del Inacif y nos opusimos tajantemente a ello. 

[Luis Fernando]: Y luego, está la ley conocida como Ley de Fortalecimiento para la Paz. Una ley de  amnistía para todos los militares y otras fuerzas de seguridad del Estado que hayan cometido delitos políticos durante el periodo que duró el conflicto armado. Este proyecto ha aparecido varias veces ya en la agenda legislativa. 

[Emma]: Estos crímenes son crímenes de lesa humanidad. Y que entonces estos son crímenes que no debieran ser ni siquiera considerados como amnistiables. Se aducen cosas como como el COVID, como la edad, como cuestiones de esa naturaleza. Pero el fondo del asunto es pues, la búsqueda de la impunidad, Y ha sido gracias a las movilizaciones sociales y a toda la protesta legal de amplios sectores de la población de organizaciones especializadas en derechos humanos, la comunidad internacional, la misma Corte Interamericana de Derechos Humanos, que se ha ido frenando esa posibilidad.

[Luis Fernando]: La posibilidad de que permanezca impune. Por ahora. Pero el desgaste en estos años para la familia ha sido, claramente, enorme. Desmotiva. Hay días en que se  preguntan para qué seguir. El sentimiento de impotencia es algo con lo que viven todos los días. Aún así, luchan, porque más que una búsqueda de justicia por Marco Antonio, es una búsqueda de una Guatemala donde haya reparación para miles de familias. 

[Daniel]: Luis Fernando Vargas es editor senior de Radio Ambulante, vive en San José, Costa Rica. Muchas gracias a Francisca Stuardo, Kimmy de León y Daniel Villatoro. Gracias también al Centro por la Justicia y el Derecho Internacional y a Prensa Comunitaria, en Guatemala.  

Este episodio fue editado por Camila Segura y por mí. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri, con música de Giancarlo Vulcano. Andrea López Cruzado hizo el fact-checking.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Lisette Arévalo, Pablo Argüelles, Adriana Bernal, Aneris Casassus, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Rémy Lozano, Selene Mazón, Juan David Naranjo, Ana Pais, Melisa Rabanales, Natalia Ramírez, Natalia Sánchez Loayza, Barbara Sawhill, Bruno Scelza, David Trujillo, Ana Tuirán y Elsa Liliana Ulloa.

Carolina Guerrero es la CEO. 

Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa de Hindenburg PRO.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

 

 

Créditos

PRODUCCIÓN
Luis Fernando Vargas


EDICIÓN
Camila Segura y Daniel Alarcón


VERIFICACIÓN DE DATOS
Andrea López Cruzado


DISEÑO DE SONIDO 
Andrés Azpiri 


MÚSICA
Giancarlo Vulcano


ILUSTRACIÓN
Carla Berrocal


PAÍS
Guatemala


TEMPORADA 13
Episodio 21


PUBLICADO EL
03/05/2024

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