Romper el silencio | Transcripción

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[Daniel Alarcón]: Hola ambulantes, antes de comenzar quiero hablarles de algo súper importante, quizás en un tono que no escuchan de mí muy a menudo.

Radio Ambulante va en su temporada número 13; más de 250 historias producidas. El hilo, nuestro show de noticias, tiene más de 200 episodios. Me asombra, la verdad, cuando pienso cómo arrancó todo esto, lo poco que sabíamos y lo mucho que hemos logrado.

Éramos cuatro gatos, intentando algo ambicioso, con muchas ganas, literalmente cero presupuesto, pero con la convicción de que había gente como nosotros que quería escuchar a América Latina de otra manera.

Y lo logramos. Encontramos la audiencia. Hoy en día tenemos más de un millón de descargas al mes y un crecimiento anual de más del 15%.

Quizás saben, quizá no… qué tan difícil está la cosa para medios independientes como Radio Ambulante Studios. Quizás han escuchado de cuántas compañías de podcasts han cerrado, cuántos productores han sido despedidos. En Radio Ambulante, no somos millonarios.

Trabajamos muy duro para sacar cada historia y tenemos un modelo de negocio híbrido. Esto significa que buscamos dinero para financiar nuestro periodismo por todas partes. Con pauta, con fundaciones, con nuestra app para aprender español, con shows en vivo, con alianzas, con venta de camisetas y tazas de café.

Y con el apoyo de ustedes.

Siempre ha sido complicado explicarle a, digamos, fundaciones, quiénes somos. Qué hacemos. Para qué sirve nuestro contenido. Nos cuesta crear esas relaciones, pero igual lo hacemos, con paciencia y claridad. Pero los que siempre han entendido lo que hacemos son ustedes. Nuestros oyentes.

Desafortunadamente, eso no es suficiente. Les doy un dato: solo 1 de cada 100 de nuestros oyentes dona para apoyar el periodismo de Radio Ambulante. ¡Solo el uno por ciento! Hoy quiero pedirles que nos ayuden a duplicar esa cifra. Imagínate que estuviéramos en tu ciudad, yo o alguno de tus productores favoritos de Radio Ambulante o El hilo. ¿Nos invitarías a un café? ¿Una cerveza?

Entonces, dale. Cualquier monto nos sirve. Por favor. Tiendo a no ser dramático, pero en realidad, este año, en esta campaña, necesitamos tu ayuda más que nunca. Estamos luchando para que Radio Ambulante Studios siga produciendo. Siga sacando las historias que tú escuchas cada semana.

Si aprecias lo que hacemos, pues nada. Esta es tu oportunidad de demostrarlo. Radio ambulante punto org / donar.

Gracias. Aquí el episodio.

Esto es Radio Ambulante desde NPR, soy Daniel Alarcón.

Esta historia empieza el 15 de octubre del 2001. Era lunes festivo, y esa tarde Victoria Ríos, de 13 años, estaba sola en su casa en Palmira, en Colombia, cuando sonó el teléfono. Al contestar escuchó a su prima, la hija mayor de su tío Oswaldo Díaz. Esta es Victoria: 

[Victoria Ríos]: Estaba, pues, desesperada, gritando, en llanto. Pues, una cosa terrible. No le entendía muy bien. El caso fue que me dijo: “Necesito que llamés a mi abuela o que llamés a alguien, que llamés a mi tía, estoy llamando a todo el mundo y nadie me responde”.

[Daniel]: Victoria no entendía cuál era la urgencia, qué había pasado. Le dijo que podía ir corriendo donde una tía de ambas que vivía cerca, pero que primero necesitaba más información. 

[Victoria]: Entonces me dice: “a mi papá lo secuestraron”. Me llamaron a mí a notificarme que estaba secuestrado. Y yo: “¿Pero quién te llamó?” “No, no sé. Andá, buscá a mi tía. Necesito que alguien me responda”.

[Daniel]: Soltó el teléfono y salió corriendo para allá. Pero cuando llegó no había nadie. Así que volvió a su casa, asustada, sin saber muy bien qué hacer. 

En ese momento, Zamira Díaz, su mamá, estaba visitando a la abuela. Eran un poco más de las 3 de la tarde cuando recibieron la llamada de la hija de Oswaldo. Esta es Zamira.  

[Zamira Díaz]: No me acuerdo quién contestó, pero eso fue horrible, horrible. Es un caos. “Que a mi papá se lo llevó las FARC”.

[Daniel]: Las FARC, la guerrilla. El resto de la familia se fue enterando poco a poco. Aunque era una niña, Victoria entendía bien lo que estaba pasando. Lo que significaba. 

[Victoria]: Yo tenía perfectamente claro lo que era un secuestro. O sea, estábamos históricamente viviendo un momento en el que pues era imposible obviar esto, ¿no? O sea, era imposible obviar el conflicto armado, era imposible no verlo en las noticias y no discutirlo. 

[Daniel]: Para ese momento, Colombia llevaba varias décadas inmersa en un conflicto armado muy complejo, que involucraba a varios grupos guerrilleros, paramilitares, narcotraficantes, fuerzas del Estado… Todos responsables de violencia y de diferentes crímenes. Desde hacía años los noticieros hablaban todo el tiempo de combates, de tomas de pueblos, desapariciones forzadas, masacres y secuestros.

De los secuestros parecía que casi nadie se salvaba: policías, militares, ganaderos, empresarios, personas al azar que capturaban en las carreteras y, claro, políticos, como el tío de Victoria, que había sido concejal de su ciudad.

Cuando Victoria llegó donde su abuela recuerda ver el desespero de sus familiares, especialmente de una de ellas.  

[Victoria]: A mi tía Eibar tirada en el piso de rodillas discutiendo con mi abuela porque ella estaba muy serena, ¿no? Ella como que decía que nos tranquilizáramos, que no… Que ellos no le iban a hacer nada. Pero mi tía estaba, o sea, Dios mío, estaba enardecida. Entonces ella decía que ella misma subía, que ella misma iba y los buscaba… Bueno, eso fue terrible. Y sí, como una noche larga a partir de allí. 

[Daniel]: Una que los llevaría a estar cara a cara con la gente que les causó tanto dolor.    

Después de la pausa, nuestro productor senior David Trujillo nos cuenta.

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante, aquí David.

[David Trujillo]: El fin de semana del secuestro, Oswaldo, que tenía 42 años en ese momento, se había ido con su hijo, su pareja y el hijo de ella a La Quisquina, una zona rural, a unos 14 kilómetros de Palmira. Hacía unos dos o tres años había comprado una finca pequeña allá, y desde entonces toda la familia, incluyendo a Zamira y Victoria, iban constantemente. O al menos durante los primeros años, porque con el tiempo se empezaron a enterar de que las FARC estaba haciéndose notar en La Quisquina. 

Había rumores que llevaron a la familia a tener ciertas precauciones: mejor no decir que estaban en la casa del concejal Díaz, mejor no conversar tanto con el señor que vendía la leche, mejor evitar las preguntas de la señora de la tienda. La situación en la Quisquina llegó a ponerse tan tensa, que en un momento la familia decidió dejar de ir a la finca. Solo Oswaldo, que conocía bien la zona y había hecho campaña con la gente de ahí, seguía yendo, aún cuando su posición lo ponía en riesgo. 

Cuando lo secuestraron ya no era concejal, pero lo había sido dos veces y era bien conocido en Palmira y sus alrededores. Además, continuaba su carrera política. Ahora quería ser alcalde. En una de sus campañas, pusieron afiches con su foto por toda la ciudad. 

[Victoria]: Sí recuerdo eso, como la foto típica de político, pues, mirando al horizonte y con la camisa roja y demás, porque era siempre del Partido Liberal. Recuerdo un slogan: “Mejores Díaz el que vamos a tener”. Ese como que se me quedó grabado en la cabeza. 

[David]: Los primeros momentos después del secuestro de Oswaldo fueron muy confusos. La familia no tenía ninguna pista, ninguna información, nada… y la angustia fue aumentando con las horas. 

Al papá de Victoria, que había sido militar, la familia, en su desespero, le pedía que fuera a un batallón cercano y buscara ayuda para encontrarlo.

[Victoria]: Mi abuela le gritaba y le lloraba que por favor, que necesitaba que lo encontráramos. Bueno, mi papá moviendo cielo y tierra también tratando de hacer lo que más podía porque mi papá es suboficial y además retirado, no era que pudiera hacer mucho. 

[David]: Unas horas después, una hermana de Oswaldo habló con el hijo de él, y con su relato y lo que después fueron contando algunas personas de la zona pudieron saber lo que había pasado. 

 

Hacia el mediodía de ese lunes 15 de octubre, Oswaldo le había pedido al hijo de su pareja que fuera a comprar algo para el almuerzo. Esta es Zamira de nuevo.

 

[Zamira]: Entonces el muchacho sacó el carro y dejó la puerta del garaje abierta. Pues como ya regresaba, pues no se iban a demorar.

[David]: Pero eso facilitó la entrada de cuatro hombres en una camioneta. Dos se bajaron, armados, y fueron hacia la parte de atrás de la finca. Allá estaba el hijo de Oswaldo, de 14 años, con unos amigos en la piscina. Oswaldo estaba en la cocina abierta, a pocos metros de ahí. 

[Zamira]: Él estaba de espaldas, terminando de hacerles el almuerzo. Entonces él no se dio cuenta que venían.

[David]:  Que venían los hombres armados. Uno de ellos fue por Oswaldo. Al mismo tiempo, el otro sacó a los niños de la piscina, los hizo subir a la casa y los metió en la sala, pero no cerró bien la puerta y el hijo de Oswaldo pudo ver el momento exacto en que se lo llevaban

[Zamira]: Así cogido cada uno del brazo al papá. El papá iba con una pantaloneta azul y una camisa roja, en chanclas.

[David]: Lo subieron a la camioneta y arrancaron. Todo duró unos pocos minutos. 

Más tarde, el hijo de Oswaldo, Edward, dio ese mismo testimonio a las autoridades. Gracias a su descripción, pudieron armar un retrato hablado del hombre que los metió en la sala. Tratamos de hablar con Edward pero prefirió no hacerlo.

Después encontrarían la camioneta abandonada en la vía hacia La Nevera, una zona más alta y fría.

[Zamira]: Nos imaginamos nosotros que como ya ahí es subiendo y como ellos sí ya tenían esos carros especiales con esas llantas, este, lo cambiaron de carro y lo subieron.

[David]: Ese mismo día la familia denunció el secuestro a la Policía y otras entidades, y les dijeron que si recibían llamadas de los secuestradores para poner las condiciones para liberarlo, no debían negociar ni entregar dinero. Que todo debería quedar en manos de las autoridades. 

Y en efecto, como a los tres días, recibieron la llamada de las FARC. Les dijeron que a Oswaldo lo tenía uno de los grupos del Sexto Frente del Bloque Occidental. En principio se trataba de un secuestro político. No explicaron mucho más. A los pocos días, la familia de Oswaldo recibió un cassette. 

[Zamira]: Donde mi hermano pedía al Concejo que estaba vigente, que por favor realizaran unas obras, un puente, allá arriba, yo no sé qué… 

[David]: Zamira llevó la petición al Concejo, pero no hicieron nada. Luego recibieron una carta de Oswaldo para su mamá.  Bueno, la fotocopia de una carta… bueno, la fotocopia de partes de una carta. 

[Zamira]: Son tan bellacos. Es aquí “Querida mamá” y aquí la firma de él. Esto, el contexto, lo quitaron. Le mandaron los dos pedacitos. No… eso es muy horrible. 

[David]: Solo un “Querida mamá” y una firma. Sin nada del contenido. La mamá de Oswaldo guardó ambas pruebas de supervivencia. Estaban incompletas, pero eran el único vínculo más directo que podía tener con su hijo en ese momento, al menos hasta que lo liberaran.

Con los días, el secuestro político de Oswaldo se fue convirtiendo en extorsión. Y pasó rápido. Ahora en las llamadas, que solían ser mínimo una vez por semana, directamente pedían plata: 200 millones de pesos, que eran más de 87 mil dólares en esa época. 

Las FARC y otras guerrillas habían convertido esto en un negocio muy lucrativo, y solo un año antes, en el 2000, habían secuestrado a más de 3.700 personas, la mayoría de las veces con fines extorsivos. Si bien las FARC habían nacido en los 60 como un grupo armado marxista leninista que buscaba proteger a las comunidades campesinas, dos décadas después se había convertido en una guerrilla muy violenta que usaba la lucha armada para tomar el poder. Sus fuentes de dinero fueron cambiando con el tiempo, y para ese momento, las FARC, que ya había roto relaciones con el Partido Comunista Colombiano desde hacía unos años, se financiaba, además de los secuestros, con extorsiones y narcotráfico.

Así a la organización le entraba muchísima plata, aunque claramente no todo el mundo podía pagar lo que pedían. 87 mil dólares, por ejemplo, era demasiado para los Díaz, que no habían sido una familia adinerada. Y así hubieran querido vender los bienes que Oswaldo tenía y con eso  tratar de pagar, la ley de ese momento obligaba a congelar todas las propiedades de las personas reportadas como secuestradas. Entonces la mamá de Oswaldo intentaba ofrecerles otra cosa.  

[Zamira]: Yo tengo mi casita, si quiere yo la vendo y con esa… con lo que me den yo les mando. “¿Qué vamos a hacer con eso? Si con eso no, no vale ni la comida que come ese gran yo no sé qué”, porque eran groserísimos.

[Victoria]: Eran terribles. Una gente muy violenta en el lenguaje, ¿no? O sea, un discurso muy hostil. Y no importaba que atendiera la llamada niños, o sea, adolescentes, mujeres… No, no les importaba nada. Entraban eso arriando madres desde el momento en el que uno respondía la llamada. Como que me ordenaban cosas, ¿no? O sea, páseme a su abuela o páseme a la señora tal o al señor tal. 

[David]: Victoria hacía caso: le pasaba el teléfono a un adulto, pero se quedaba viendo e intentando escuchar lo que hablaban. 

[Victoria]: Ver a mi abuelita,  por ejemplo, o a mi tía, muy afectadas por ese tema, llorando obviamente, porque es que no había forma de conciliar nada, ¿me entiendes? O sea, eran llamadas en las que te tratan como el trapo sucio con el que se limpian los pies. Entonces era… era complejo.

[David]: Las comunicaciones se volvieron muy violentas hasta el punto de decirles: “Paguen o van a recoger el cuerpo en el puente de Las Águilas”. Y a las llamadas se sumaron panfletos en los que amenazaban con secuestrar a otros hermanos. También empezaron a notar que había hombres sospechosos pendientes de sus movimientos.  Pero a Victoria su mamá no le hablaba del tema… 

[Victoria]: Me imagino el dolor que estaba sintiendo, lo que menos… no tenía ni un ápice de energía para explicarle a su hija de 12 años lo que estaba pasando. Y un poco era más lo que uno mismo como que iba entendiendo del entorno, ¿no? Era miedo como de perderlos a todos, ¿no? El desespero era mucho, entonces era como ver cómo se resquebrajaba todo. 

[David]: Como el riesgo era tan alto y tan real, uno de los hermanos hasta pidió asilo fuera del país.

A los pocos meses, recibieron una llamada, tal vez la peor que estaban esperando. Era la Policía diciéndoles que habían encontrado un cuerpo en el puente de Las Águilas. Podía ser Oswaldo, así que necesitaban que alguien de la familia fuera y lo reconociera. 

[Zamira]: Yo no soy capaz, porque yo, en ese sentido, yo sí… No, no, no, yo no soy capaz. Me había enfermado. Hicieron todas las pruebas y no, no era.

[David]: Nunca pudieron identificar ese cuerpo. Quedó como otra víctima más de las muchas que empezaron a aparecer en la zona, cuando la violencia escaló tanto que ya casi nadie podía moverse por ahí tranquilamente. En medio de la angustia, de no saber nada de su ser querido, sintieron alivio que ese no fuera Oswaldo. Era una esperanza de que todavía estuviera vivo. Tenían eso, por lo menos. 

Pero menos de un año después del secuestro, la familia dejó de recibir las llamadas. Intentaron buscarlo como podían, incluso yendo hasta la zona, pero todo fue inútil. No pudieron averiguar nada. Luego, un supuesto guerrillero les ofreció información a cambio de atención médica para su esposa.

[Zamira]: Se le ayudó porque mi hermana en eso era auditora en el hospital que la atendieran. Y nos citó, le dimos remesa, no sé qué, y a los dos días lo mataron.

[David]: Y no alcanzó a decirles nada. 

La desesperación era tanta que hasta llegaron a pagar lecturas de runas y cartas, regresiones, conversaciones con ángeles… 

[Zamira]: Vea uno apela a todo, a esa gente que lee, que lee el naipe, que el agua, a todo, uno a todo le pone fe, por Dios, a todo. 

[David]: Pero nada de eso sirvió.

La desesperanza de la familia se fue juntando con el odio. Un odio que desde siempre habían sentido por las FARC y que solo aumentó con el secuestro. Más que un actor político, los veían como unos criminales, unos matones. 

[Victoria]: Pues fue muy como de, de asumirlos como terroristas, ¿no? Los malos eran, por supuesto, las FARC. Los buenos, entonces, eran el ejército, por supuesto, que eran quienes estaban combatiendo a los que eran los malos que eran los que estaban haciendo el mal: secuestrando, sembrando cultivos ilícitos y demás. Además, yo soy hija de militar, entonces mi papá ya te imaginarás lo que piensa acerca de los guerrilleros. Dios mío.

[David]: Básicamente, que había que acabarlos… con armas.  

Y Victoria compartía esa idea. 

[Victoria]: Claro, los odiaba. Era odio puro y duro.

[David]: En el 2002 hubo elecciones presidenciales. Victoria no tenía edad para votar pero sus papás y sus tíos sí sabían cuál era su candidato favorito a la presidencia. 

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Álvaro Uribe]: Compatriotas, acompáñenme, no les fallo. Colombia necesita un gobierno de mano firme contra la corrupción, la politiquería, de mano firme contra la violencia. 

[David]:  Álvaro Uribe Vélez. 

Terminó ganando las elecciones con una gran mayoría, y esa promesa de mano firme contra la violencia la materializaría en una política de gobierno que se conoció como Seguridad Democrática. Su objetivo fue fortalecer  los organismos de seguridad del Estado para combatir a los grupos armados ilegales y derrotarlos militarmente. 

Eso era exactamente lo que quería la familia de Oswaldo: que los de las FARC pagaran de la peor forma. 

[Zamira]: Muchos odios… muchos, muchos, muchísimos. Pues uno decía: “Sí, ojalá terminen con esta gente”. Cuando hacían esos combates y los mataban y todo, uno decía ¡Uy, sí! 

[David]: En septiembre finalmente les llegó información de Oswaldo. Había pasado casi un año desde el secuestro, y la familia se enteró de que en un noticiero local habían publicado un video de alias Pablo Catatumbo, el comandante en ese momento del Sexto Frente del Bloque Occidental de las FARC. Aparecía con unas gafas grandes, uniforme camuflado y en medio de lo que parecía ser un bosque montañoso, hablando de Oswaldo.

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Pablo Catatumbo]: A ver, lo primero es que nosotros no hemos secuestrado al señor Oswaldo Díaz, lo hemos retenido. El concejal Oswaldo Díaz, durante todo este tiempo, el señor ha ido acumulando una gran  cantidad de delitos de corrupción. En este caso hemos retenido al caballero y le hemos hecho una exigencia: que él debe devolver 200 millones de pesos representados, no para las FARC, representados en medicamentos, representados en ayudas para las juntas comunales.

[David]: A la familia le indignó que usaran ese eufemismo.

[Victoria]: Que lo tienen retenido, no secuestrado.

[David]: También les molestó lo de la corrupción. Victoria sí recuerda que su tío había estado en la cárcel con el alcalde unos años antes por el supuesto mal manejo de un contrato público, pero también recuerda que lo absolvieron y no le abrieron más investigaciones. 

Pero eso no pareció importarle a las FARC. Si bien en las primeras llamadas telefónicas hablaron de las obras que mencionaba Catatumbo en el video y también enviaron el cassette pidiéndolas al Concejo, el tema pronto desapareció por completo y lo único que querían era plata. En ese video Catatumbo repitió el mismo mensaje que venían escuchando desde hacía un año.

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Catatumbo]: Sean conscientes y entreguen esos dineros para la comunidad, y salven la vida.

[David]: Salven la vida de Oswaldo. Esa fue la última información que les dio las FARC. 

Tanto fue el estrés que causó el secuestro, que varios miembros de la familia se empezaron a enfermar. Hubo depresiones pero también consecuencias físicas: a una hermana se le agudizó la artritis, el otro prácticamente dejó de comer… A Zamira se le complicó la diabetes, la hipertensión y hasta le dio una parálisis facial.

[Zamira]: Como que una se cuestiona: si no he llevado, pues, como una mala vida, ¿por por qué yo, pues, merecer este sufrimiento, esta pena? No sé… Tener este sufrimiento tan tremendo. 

[Victoria]: Yo creo que eso rompió a las personas. Nos cambió la vida a todos. Muchas veces descubrí a mi abuelita, por ejemplo eso, quedarse dormida, llorando, escuchando ese cassette en bucle una y otra vez, un mensaje que no dura más de dos minutos. A veces la descubres hablando sola, y está hablando con él. Le dice: “Mijo, tal cosa”, o sea, le habla.

[David]: Y así fueron pasando los años. Del 2002 al 2006, durante el primer periodo del gobierno de Uribe, los combates entre los militares y las FARC se intensificaron. Para la familia de Oswaldo, esto era un avance en el fin del conflicto. Estaban convencidos de que la única forma de lograr la libertad de los secuestrados, así pusiera en riesgo la seguridad de Oswaldo, eran los ataques militares. 

[Victoria]: Que era igual la  promesa del gobierno Uribe también, ¿no? O sea, la promesa de que lo van a rescatar, él va a volver, la promesa de que los vamos a entregar.

[David]: La que más insistía en esa promesa era Zamira. Se volvió muy activa: iba a marchas, estaba en contacto con las autoridades por si tenían nueva información de su hermano, daba entrevistas a medios, se inscribió en colectivos de víctimas y participaba en cada encuentro que organizaban.

En el 2006 la popularidad de Uribe era altísima y con una reforma constitucional se hizo reelegir. Arrasó con más del 60% de la votación. Por esa época, Victoria empezó a estudiar comunicación social, y aunque el dolor de no saber nada de su tío y el resentimiento con las FARC seguían ahí, poco a poco empezó a ser crítica del gobierno y su política de Seguridad Democrática. 

[Victoria]: Mi carrera profesional, pues me hizo tener una visión distinta al conflicto armado, ¿no?

 

[David]: Una de las cosas que más le preocupaba era la desprotección de los derechos humanos. Uno de los ejemplos más claros fue el de los falsos positivos. En 2008 se supo que, para cumplir las metas y que los números confirmaran que el gobierno estaba ganando la guerra, el Ejército venía asesinando sistemáticamente a civiles y los hacía pasar por guerrilleros muertos en combates. Este fue uno de los casos que más debilitó la imagen del gobierno y de su política estrella para acabar con la violencia.  

Muchos sectores de la oposición y defensores de derechos humanos insistían en que era necesario buscar otras salidas diferentes a esa guerra, más allá de los combates. Y esa idea también le llamó la atención a Victoria.

[Victoria]: Y entonces, de pronto, mi visión del conflicto armado, ya propiamente dicho, sacada desde la profundidad de mi casa, o sea, de lo que yo había vivido, el dolor de mi abuela, pues me hacía verlo de otra forma, ¿no? Como que no todo era eso que estaba pasando en mi casa, en mi pueblito, en Palmira, o sea, Colombia no era Palmira, no. O sea Colombia era muchas colombias, no muchas, muchas ciudades, muchos entornos, muchos contextos.

[David]: Fue ampliando su visión del conflicto y poco a poco hubo un cambio en la forma en que lo veía. No en relación a los altos mandos… 

[Victoria]: Me refiero a entender el guerrillero raso. Esos niños que están siendo reclutados, tienen 14 años, no tienen ni idea de lo que están cargando en sus hombros, que es un fusil. No tienen ni idea de nada de la vida, no saben lo que pasa en la ciudad. Del campesino que le matan los hijos, termina siendo reclutado y es una densidad del conflicto y una cantidad de cosas que van sucediendo, que pues eso me hizo comprender que eran también víctimas de, pues, de un conflicto que los rebasaba, o sea, no tenía nada que ver con ellos realmente.

[David]: Pasaron nueve años y la familia de Oswaldo seguía esperándolo. La promesa que les había hecho el gobierno de Uribe no se cumplió. En el 2010, llegó un nuevo presidente, Juan Manuel Santos, quien había sido ministro de Defensa de Uribe. Dos años después hizo un anuncio que prometía cambiar radicalmente la forma de tratar el conflicto armado: 

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Juan Manuel Santos]: Hoy les quiero anunciar que estas reuniones exploratorias han culminado con la firma de un acuerdo marco entre el gobierno nacional y las FARC.

[David]: Desde hacía seis meses, y con mucha discreción, el gobierno venía reuniéndose con las FARC para hablar de la posibilidad de un acuerdo de paz.

Desde el principio, el  gobierno sabía que sería un proceso muy difícil, con una oposición fuerte. Pero veía como un logro enorme el solo hecho de  sentar a conversar a dos enemigos que llevaban en guerra más de 50 años. Además, desde 1982 se intentaron tres acuerdos de paz con las FARC, pero ninguno había prosperado. Con esta negociación, sin embargo, dejaron claro que las cosas serían diferentes: no despejarían territorio nacional para negociar, sino que se reunirían fuera del país, primero en Oslo, Noruega, y luego en La Habana. Además, tendrían una agenda organizada con seis puntos muy, muy específicos para lograr la paz y proponer soluciones claras para cada uno. El acuerdo era que no pasarían al siguiente punto sin haber aceptado el anterior. Todo esto sin un cese al fuego. 

Empezarían discutiendo una reforma agraria integral, algo que las FARC pedía casi desde sus inicios. Luego plantearían su participación política. Después vendría la negociación para dejar las armas y la solución al problema del narcotráfico, uno de los mayores motores del conflicto. De ahí pasarían a la conversación en torno a las víctimas y la forma cómo se iba a aplicar justicia por los crímenes que se cometieron durante tantos años y desde todos los bandos. Por último, decidirían la forma de validar el acuerdo final, su verificación y su implementación.

La noticia de los diálogos, como se esperaba, no fue bien recibida por toda la población. Es más, se podría decir que fue una ruptura en la sociedad colombiana. Se trataba de definir, en muchas formas, el futuro del país. Desde hacía unos años las FARC era el gran enemigo público y ya no la veían como la organización campesina y reivindicadora de derechos agrarios que fue en sus inicios. 

Empezó entonces a aparecer la polarización: las peleas constantes en redes sociales de qué era lo mejor para el país, las ideas opositoras de que esto era una forma de entregarle el poder a las FARC y una burla a las Fuerzas Militares y a las víctimas. El uribismo, que seguía teniendo una fuerza electoral importante y una gran representación en el Congreso, fue uno de los sectores políticos que rechazó los diálogos desde el principio. La crítica fundamental era que con criminales de esa talla no se podía acordar nada, sencillamente había que acabarlos. Y eso que durante el gobierno de Uribe hubo acercamientos para negociar la paz con las FARC y hasta se hicieron diálogos exploratorios con otra guerrilla, el ELN. 

La posición de no negociar también la compartió la familia de Victoria desde el principio, cuando se enteraron de los diálogos. Para ellos era claro.

[Victoria]: El proceso de paz debería ser pues metan a esa gente presa y digan dónde está la gente secuestrada y que entreguen armas y listo. No había como bemoles, ¿no? O son buenos o son malos, no hay forma de que coexistamos o que, o que lleguemos a un acuerdo o que busquemos… ¿cómo así que, que negociar qué con esa gente? O sea, no hay por qué negociar nada, ¿no? Era un poco el discurso.

[Zamira]: No, no creía en eso. Pensaba que eso era una alcahuetería, y no creía en eso.

[David]: Para Zamira se trataba de un sometimiento del Estado ante unos criminales que iban a resultar beneficiados. No tenía ningún sentido. 

En octubre de 2013, cuando apenas habían acordado el primer punto de la agenda de los diálogos y estaban a días de acordar el segundo, Zamira recibió una llamada. Era un periodista de una emisora de radio que ya la había entrevistado antes y que estaba en La Habana. Le dijo que él se iba a encontrar en pocas horas con alias Pablo Catatumbo, el ahora jefe del Bloque Occidental y comandante de quienes secuestraron a su hermano. Que si quería hacerle alguna pregunta, le dijo. 

Zamira no podía desaprovechar esta pequeña puerta que le estaba abriendo el periodista. 

[Zamira]: Yo le dije no, pues si usted tiene la oportunidad de hablar con él, pregúntele de Oswaldo Díaz Cifuentes. 

[Daniel]: Por primera vez en 12 años, una de las cabezas de las FARC podría decirles algo sobre el paradero de su hermano.

Una pausa y volvemos.

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. David Trujillo nos sigue contando. 

[David]: Apenas colgó con el periodista, Zamira se quedó pegada a la radio, esperando información sobre la entrevista. Después de hacerle la pregunta a Catatumbo y tener su respuesta, el periodista se conectó con su emisora y salió en directo contando lo que le dijo. Fue imposible obtener la grabación de radio de ese momento, pero un noticiero local entrevistó al periodista para que contara la versión de Catatumbo. Aquí se refiere a Oswaldo…

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Periodista]: El secuestrado entabló una relación con una de las guerrilleras que estaba custodiándolo, y posterior, como a los dos tres meses, estas dos personas, el exconcejal y la guerrillera, intentaron fugarse del campamento. La versión que dice Pablo Catatumbo es que, en ese intento de fuga del campamento donde estaban secuestrados, pues los guardias que salieron en la búsqueda de ellos, los asesinaron.  

[David]: Catatumbo no dio más información. Para Zamira es difícil poner en palabras lo que sintió en ese momento. 

[Zamira]: Yo no sé cómo me ha dado Dios tanta fortaleza, porque es que eso es duro, duro, duro, duro.

[David]: Para Victoria no fue muy diferente. 

[Victoria]: A mí me dio durísimo darme cuenta que que estaba en efecto muerto, porque pues en todo caso todos, pues yo creo que uno siempre lo espera, ¿no? Ahora, el hecho mismo de que no hayan entregado nada solamente está como la declaración de ellos diciendo que sí, que ellos saben que lo mataron, pero que no te entreguen nada ¿Cómo entiendes que en el plano de lo físico esa persona ya no existe?

[David]: En 2014, Santos fue reelegido en unas votaciones que casi pierde contra el candidato uribista, que prometía suspender los diálogos. A los pocos días de su posesión, el gobierno organizó a un grupo de víctimas para que fueran a La Habana a que hablaran directamente con los comandantes de las FARC sobre los puntos a discutir. 

A pesar de que no estaba de acuerdo con los diálogos, Zamira no quería desentenderse del proceso. Intentó por todos lados que la incluyeran en ese grupo, pero no lo logró. Le quedó entonces la sensación de que todo se estaba haciendo a espaldas de la gente y solo les importaban algunas víctimas. Eso, sumado a la noticia de la muerte de Oswaldo, endureció su oposición al acuerdo de paz. Habían pasado de ser secuestradores a asesinos, así de simple, y con asesinos no se podía negociar. 

Como se esperaba, el proceso de paz tuvo muchas dificultades y en varias ocasiones estuvo a punto de suspenderse. El gobierno fue claro desde el principio y dijo que no pararía las operaciones militares contra la guerrilla, por lo que básicamente las negociaciones se hicieron en medio de una guerra. Hubo ataques de ambos bandos, secuestros y bombardeos que pusieron en crisis los diálogos varias veces. Además, algunos sectores políticos, principalmente el uribismo, criticaban constantemente ciertos puntos de los acuerdos. Decían, por ejemplo, que el narcotráfico no podía ser catalogado como delito político y por lo tanto no era amnistiable. Tampoco les parecía que las cabezas de las FARC tuvieran puestos asegurados en el Congreso, y mucho menos que pagaran sus condenas en lugares especiales de reclusión, con trabajo social y otras actividades, y no en cárceles convencionales. 

Los negociadores del gobierno intentaban explicar esos puntos y otros más: que las amnistías se tendrían que discutir en el Congreso para hacer una ley al respecto; que se garantizarían solo cinco puestos en el Senado y la Cámara de Representantes durante únicamente dos periodos; que la justicia transicional no era sinónimo de impunidad, sino que le exigía la verdad a los victimarios a cambio de penas alternativas a la cárcel. Esa estrategia ya se había implementado en otros lugares del mundo, como en Sudáfrica, Irlanda del Norte, Argentina y Guatemala. Al final se trataban de mecanismos avalados por acuerdos internacionales para buscar una paz sólida. 

Después de cuatro años muy tensos, se llegó a un documento final en 2016. En el último punto aceptaron llevarlo a un plebiscito para que la gente decidiera entre dos opciones: sí o no… aprobar o rechazar el acuerdo de paz. 

Para ese punto, Victoria tenía claro que su voto era por él sí. Creía que, con esto, eran altas las probabilidades de que obtuvieran algún tipo de respuestas sobre el caso de su tío. 

[Victoria]:  Pues yo sí estaba convencida de que eso nos iba al menos a dar una respuesta, ¿no? O sea, si realmente estaba muerto, si no lo estaba, si era que se había escapado, en qué condiciones había muerto, si estaba muerto, dónde estaba el cuerpo. Eso era una acción reparadora para todos y eso era para mí importante.

Pero yo no votaba al sí solamente por mi tío, ¿sabes? Yo votaba al sí porque el conflicto armado colombiano no es solamente el secuestro, son muchas cosas. Historias muy duras. No era solamente el tema de la guerrilla, sino también todo lo que estaba involucrado en el conflicto: el campesino, niños, militares, policías, o sea, tanta gente involucrada tratando de salir adelante en un mundo y en un país sumamente desigual. 

[David]: A veces se atrevía a intentar conversarlo con sus papás… 

[Victoria]: Pero era muy complejo porque, como te digo, mi papá es militar, o sea, la mirada de mi papá es esa y es inamovible. “Yo voy a votar no, no puedo creer que usted vaya a votar sí”, bueno. Y la de mi madre en todo caso era de una víctima que no estaba siendo tenida en cuenta en el proceso. 

[David]: Porque Zamira, además de que no solo no estaba de acuerdo con las negociaciones, se sentía excluida en ciertos aspectos… como por ejemplo, que no la hubieran llevado a La Habana. 

[Zamira]: No, no, no. Uno a veces se siente como, como más… como que lo están victimizando más. Se siente uno maltratado.

[David]: Mientras que los guerrilleros obtenían algo, ella quedaba ignorada. Y las críticas que tanto resonaban sobre el acuerdo de paz le fortalecieron la idea de que las FARC iba a controlar el país si este se aprobaba. Una semana antes del plebiscito, Victoria publicó en su Facebook una reflexión sobre el secuestro de su tío y las razones por las que votaría por el sí. 

[Victoria]: Y bueno, eso Dios mío, llegaron allí mis tíos, mis primos, que cómo era posible que yo fuera a votar por el sí, que si era que yo no valoraba que mi padre hubiera sido militar y hubiera tenido que darse pues bala con esa gente, que si era que yo no recordaba todo el sufrimiento de mi abuela…

[David]: No le sorprendió esa reacción. Intentó responder algunos comentarios de forma conciliadora y tratando de explicarles sus razones, pero luego desistió porque así como su mamá, ellos también tenían muy claro que su voto iba a ser por el no.

[Victoria]: Entonces imagínate, ¿cómo iba a entrar yo a tener esa discusión? Siempre salía perdiendo, pero pues en todo caso yo tenía mi postura muy clara. 

[David]: El 2 de octubre de 2016, día del plebiscito, Victoria y Zamira salieron de sus casas al puesto de votación creyendo firmemente en su decisión… y al mismo tiempo ambas convencidas de que iba a ganar el sí. Eso era lo que decían las encuestas y los analistas desde hacía meses. Por eso, el resultado fue tan sorprendente. Este es el presidente, Juan Manuel Santos: 

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[J. M. Santos]: Yo los convoqué a que decidieran si respaldaban o no el acuerdo para la terminación del conflicto con las FARC. Y la mayoría, así sea por un estrechísimo margen, ha dicho que no. 

[David]: El resultado fue de poco más del 50% para el no. La diferencia fue de apenas poco más de 53 mil votos.

Victoria era una de las millones de colombianas que no podía creer el resultado. 

[Victoria]: Yo lloré mucho. Pues una tristeza muy profunda de ver como la respuesta a la gente, ¿no? Además aquel momento era de tanta polarización que ahora ya no era directamente yo soy de ese partido político, yo soy del otro, sino yo quiero la guerra y usted no la quiere. O yo quiero la paz y usted no la quiere. Fue un discurso muy complejo. 

[David]: Y se fue complejizando más con el paso del tiempo. A los pocos días, el gerente de la campaña por el no, dijo en una entrevista al periódico La República que los distintos opositores al acuerdo –30 individuos y 30 empresas – habían unido fuerzas para financiar una campaña que generara, sobre todo, indignación. Lo que querían era que la gente saliera a votar enfurecida. Se usaron distintas estrategias. Una de ellas fue no explicar realmente en qué consistían los acuerdos. Se enfocaron, más bien, en circular en redes sociales imágenes y mensajes con información engañosa, donde se decía que las FARC tendrían el poder, que el país se iba a convertir en una especie de Venezuela o que la impunidad estaba garantizada. La frase del entrevistado que usaron para titular el artículo fue: “El no en el plebiscito ha sido la campaña más barata y efectiva de la historia”.

Por su parte, los votantes del sí salieron a las calles a pedirle al gobierno y a las FARC que se conservara lo pactado en La Habana, que no volvieran a los enfrentamientos. La comunidad internacional también pidió que no se rompieran los acuerdos y unos días después el presidente Santos recibió el Nobel de Paz que muchos interpretaron como un gesto de que el proceso debía continuar.

Entonces el gobierno armó una estrategia para seguir adelante: se reunió con la oposición para hacer varios ajustes a cada punto acordado, como que la reforma agraria integral no afectaría el derecho a la propiedad privada, que aparte de los puestos de las FARC en el Congreso las organizaciones de víctimas también tendrían representación o que el Gobierno no renunciaría a la erradicación forzosa de cultivos ilícitos.

Un mes después, ya sin someter ese nuevo documento a un plebiscito, firmaron el acuerdo final.

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Presentadora]: Ahora invitamos a firmar el nuevo acuerdo de paz al señor presidente de la República de Colombia, doctor Juan Manuel Santos Calderón.

[Público]: Sí se pudo, sí se pudo…

[David]: El paso siguiente sería la implementación de ese acuerdo final. Ahora se iban a poner en marcha las estrategias que impartirían justicia para los criminales, revelarían la verdad sobre los delitos que cometieron, ofrecerían reparaciones a las víctimas, y darían la garantía de que ese horror nunca volvería a suceder.  

Dentro del componente de justicia se creó un mecanismo que es muy importante para esta historia, y en el que me voy a detener un momento para explicar lo básico. Se llama Jurisdicción Especial para la Paz, la JEP, que investiga y juzga los delitos cometidos durante el conflicto armado hasta diciembre de 2016. 

El diseño de la JEP es diferente a la justicia ordinaria.  Allá llegan los casos de excombatientes de las FARC y miembros de las Fuerzas Militares y la Policía. Si lo deciden voluntariamente, también se pueden presentar otros agentes del Estado y civiles que apoyaron el conflicto de cualquier forma. En un principio, los paramilitares no iban a estar porque están dentro de otro marco legal aprobado en 2005 y que resultó de unos acuerdos que hizo el gobierno Uribe con ellos. Pero se decidió que algunos casos sí pueden entrar de forma excepcional cuando se compruebe que trabajaron muy de cerca con la Fuerza Pública.  

Por un lado, la JEP revisa casos relacionados con delitos que se acordaron fueran amnistiables o indultables. Rebelión, sedición, conspiración, espionaje, porte ilegal de armas, entre otros.  Por otro lado, hay unos delitos que se consideran tan graves, de lesa humanidad, de guerra, que no pueden ser amnistiados o indultados. La JEP decidió dividirlos en macrocasos: las ejecuciones extrajudiciales, el reclutamiento de menores de edad, las acciones violentas contra pueblos étnicos… También incluyeron el secuestro por parte de las FARC. También resolvió abrir otros cuatro casos dedicados a crímenes cometidos en territorios específicos.

La tarea de la JEP en esos casos va más allá de impartir justicia. También se enfoca en proteger a las víctimas y ayudarlas a conseguir su derecho a la verdad y a la reparación. Para eso se recoge toda la información disponible sobre cada caso y se llama a los responsables a dar su versión voluntaria  de lo que pasó.

Este punto del proceso es muy importante. Si al investigar se dan cuenta de que esa versión no es cierta o está incompleta, los comparecientes pueden ser condenados a penas ordinarias de entre 15 y 20 años de cárcel, si los encuentran culpables. En algunos casos, cuando no aceptan su responsabilidad o se prueba que han vuelto a delinquir, pueden ser expulsados. Pero el acuerdo deja claro que si aportan a la verdad de forma plena, detallada y exhaustiva, y además las víctimas  lo reconocen como tal,  serán condenados a penas alternativas de entre cinco  y ocho años en cárceles o penas propias sin cárcel pero haciendo trabajos, obras y actividades enfocadas en reparar a las víctimas . 

 

Enfoquémonos en los secuestros por parte de las FARC, que es lo que nos importa en esta historia. La JEP abrió el caso en julio de 2018. Durante la investigación lograron identificar a más de 21 mil secuestrados, incluido Oswaldo Díaz Cifuentes.

Por ese secuestro, llegaron dos procesos a la JEP. Uno era el de Carlos Mario Cardona, alias el Paisa, que fue el segundo al mando del grupo que secuestró a Oswaldo. De hecho fue el único de ese grupo que sobrevivió a la guerra. El otro era el de Óscar Bolaños, a quien el hijo de Oswaldo reconoció cuando se llevaron a su papá, y del que luego se supo era chofer de la alcaldía. 

Desde 2019, el Paisa ha dado unas versiones voluntarias de lo que supuestamente pasó, pero hay inconsistencias en las fechas, los eventos y la forma en que murió Oswaldo. Por ejemplo, él no menciona lo del romance con la guerrillera, sino que le informaron que lo habían asesinado por ser muy rebelde. Además, el Paisa niega que Bolaños haya pertenecido a las FARC. Todo esto es contradictorio para la familia Díaz. 

[Zamira]: Porque como te digo, mi sobrino reconoció al que los encerró, que es el tal Bolaños. 

[David]: Por este tipo de cosas, la familia de Oswaldo le pidió a la JEP que no tuviera en cuenta estas versiones para dar penas alternativas. Hasta el momento, la JEP no ha llamado a Bolaños a dar su versión libre de los hechos.

Pablo Catatumbo, el comandante de quienes secuestraron a Oswaldo y que luego perteneció al secretariado de las FARC, también está en la JEP por diferentes delitos en los que  debe aportar a la verdad. La mayoría de las audiencias de reconocimiento son privadas, pero, en algunos casos, para garantizar los derechos de las víctimas, se hacen eventos públicos en los que los comparecientes, como Catatumbo, deben aceptar su responsabilidad.   

Así lo hicieron con el macrocaso del secuestro. A mediados de 2022, la JEP organizó las primeras audiencias públicas. Allí citó a los siete miembros del antiguo secretariado de las FARC y a muchas víctimas, entre las que estaba Edward, el hijo de Oswaldo que fue testigo de su secuestro. Las iban a transmitir en directo entre el 21 y 23 de junio de ese año. 

Edward le pidió a su tía Zamira que lo acompañara a Bogotá. Ella, en principio, no estaría frente a los ex combatientes ni les hablaría, pero le dijo que podía estar en el público y escuchar directamente lo que él tenía para decirles y sus respuestas. 

Zamira lo dudó. Todo eso le había generado daños importantes en su salud, y no estaba dispuesta a soportar un golpe más. Pero Victoria le insistió. 

[Victoria]: De pronto ella lo desestimaba, pero iba a ser transformador para ella, ¿no? O sea, no para la familia entera, sino para ella, para su propio proceso individual. Además, que era también importante que acompañara a Edward. Y yo también se lo dije: “Él necesita también estar acompañado por alguien mami, no lo vas a dejar solo en eso”.

[David]: La convenció. Viajó con su sobrino y antes de las audiencias públicas les avisaron que habría unos encuentros privados con los excomandantes, para que pudieran hablar directamente, cara a cara, sin cámaras. Edward se negó a ir, pero Zamira lo vio como una oportunidad única de por fin tenerlos al frente, incluido a Pablo Catatumbo, y preguntarles lo que quisieran. 

[Zamira]: A mí el corazón me hacía así, yo decía, ¿yo cómo voy a enfrentar a esta gente si…? Dios mío. 

[David]: Llamó a Victoria. 

[Victoria]: Y yo le dije: “Mami, yo creo que, de pronto la reparación que vos estás esperando no va a llegar, porque obviamente no quiere decir que por hablar con él te van a entregar a mi tío sino que creo que es importante que eso sea como un cierre para vos y que vos tengas tu momento también allí de soltarlo, ¿no? De soltarlo definitivamente”.

[David]: Victoria la animó a que anotara todas las preguntas que tuviera y organizara las ideas. 

[Victoria]: Como ¿dónde estaban los restos? ¿Por qué había reconocido un año después, si hacía seis meses supuestamente lo habían matado? ¿Quién lo mató? ¿Si de verdad fue que se enamoró? O sea, como cosas muy específicas. 

[David]: Y quizás la que más la inquietaba: ¿Por qué lo secuestraron si no hay ninguna prueba de que Oswaldo cometiera esos delitos de los que lo acusó Catatumbo en el video? 

[Victoria]: Y mi mamá tiene una profunda sospecha de pensar que fueron los políticos del momento, ¿no? Que lo mandaron a secuestrar, que ellos realmente lo que hicieron fue un mandado.

[David]: Ese día llevaron a las víctimas a un salón especial. A cada una la sentaron en una mesa con personas que les iban a dar apoyo emocional y jurídico. La idea era que cada excomandante pasara por algunas mesas para conversar durante unos minutos. 

Antes de empezar, tuvieron una pequeña charla para aclararles a las víctimas lo que iba a pasar. Y enfatizar que no estaban obligadas a estar ahí, que podían irse cuando quisieran. Luego hicieron una oración. Cuando estuvieron listas, dejaron entrar a los excomandantes. Zamira se fijó en Catatumbo.

[Zamira]: El descargue de emociones y de ira y de todo que yo creo que todos sentimos es horrible, es horrible. Y yo miraba a ese señor con un odio, con una cosa… horrible.

[David]: El primero que se sentó en la mesa de Zamira fue Pastor Alape, comandante del Bloque Magdalena Medio. No tenía nada que ver con el secuestro específico de Oswaldo, pero estaba ahí para pedir perdón a nombre de las FARC, aceptar los horrores que cometieron y reafirmar su compromiso con el proceso de paz. Zamira se sorprendió al oírlo.

[Zamira]: Ese señor, pues yo le vi como la sinceridad, como la humillación, como el remordimiento, como eso. Como hablaba y lloraba.

[David]: Luego siguió Rodrigo Londoño, alias Timochenko, el último comandante de toda la organización. También le pidió perdón. 

Después vino el tercero, el que Zamira más esperaba pero al que más temía: Pablo Catatumbo. 

[Zamira]: Él llegó con su abogada. Entonces me dijo: “Yo sí fui el comandante del Sexto Frente de las FARC. Yo no ordené el secuestro de tu hermano. A mí me avisaron de que lo habían secuestrado”. 

[David]: Por los supuestos delitos de corrupción. 

[Zamira]: Entonces le dije: “¿Ustedes quiénes eran para eso?” Me dijo: “No, pues eso eran pues cosas de nosotros para tener como un mejor país, no sé qué”. 

[David]:  Zamira lo interrumpió.

[Zamira]: ¿Se acuerda que usted, el septiembre del 2002, esto y esto?

[David]: Le habló del video que salió en el noticiero y le preguntó insistentemente si a su hermano le habían comprobado alguno de esos delitos. Catatumbo dijo que no.

[Zamira]: ¿Qué le comprobaron a…? “No, nada”. Entonces, le dije yo: “Señor, espero que usted desenlode el nombre de mi hermano y de la familia. Nosotros nunca le hemos robado a nadie, a nadie”. Yo tenía muchas ideas y cosas en la cabeza, y yo lloraba. Pero de todas formas no sé cómo yo sola ahí me desahogué. Yo tenía sí el apoyo de la muchacha trabajadora social, y ese señor era así como agachado… no, no, no sé.

[David]: Después de que hablaron del secuestro de Oswaldo, Catatumbo empezó a contarle su historia personal. Tal vez quería justificar todo el horror que causó, despertar empatía, desahogarse… Quién sabe, pero Zamira lo escuchó con atención.

[Zamira]: Empezó a contar cosas que le han pasado a la familia de él. Cosas horribles. A una hermana, se la mandaron despedazada los paramilitares. Mejor dicho, es una familia que ha sufrido muchísimo, muchísimo, muchísimo. Entonces, digo yo, este señor de dónde agarra fuerzas y esta para, para seguir en esa guerra, ¡Dios mío bendito!

[David]:  Se horrorizó con las cosas que le estaba contando ese hombre al que tanto odiaba desde hacía dos décadas. Pero el horror también venía de un lugar en el que no había pensado antes: que en este conflicto muchas víctimas se han vuelto victimarios y luego han dejado más y más víctimas… un ciclo interminable de violencia. No esperaba lo que le pasó.

[Zamira]: Claro, lo humanicé. Yo le toqué la fibra, yo no sé,  y él a mí también. Mis sentimientos se van como volviendo como más flexibles al odio que yo estaba sintiendo, ¿sí? Yo no te voy a decir que uno perdona, pues, en total… pero sí, sí sentí empatía por esa gente. Yo creo que llegamos a un punto en que, sin decirnos te perdono, no sé qué, no sé qué, como a un entendimiento, porque ellos también en esa lucha han sufrido mucho.

[David]: Zamira salió agotada de esa jornada y lo primero que hizo fue llamar a Victoria. 

[Victoria]: Lloró en el teléfono, me contó como todo, cómo había sido. Y pues, no te voy a decir yo que me echo flores por haberla promovido que fuera allá, pero yo pienso que es un poco mi papel, lo siento como en el momento como tomando a mi mamá de la mano y llevándola a ir por lo siguiente, que en todo caso era ya a soltar. En una cosa muy fuerte y muy dura, por supuesto, nadie está dejando de reconocer que eso fue muy denso para mi madre, pero sí pienso que para ella fue transformador.

[David]: Después de eso, el 22 de junio, fue la audiencia pública de reconocimiento. Incluyeron el caso de Oswaldo en la segunda sesión, que se enfocó en secuestros con fines de financiación. La hicieron en un auditorio grande en Bogotá y la transmitieron en directo. En el escenario pusieron tres mesas: una al fondo, horizontal, donde estaban las magistradas de la JEP. Las otras dos estaban frente a frente: en la de la izquierda estaban las víctimas y a la derecha, los siete excomandantes del secretariado.

Después de casi siete horas de audiencia y varios bloques en los que otras víctimas contaron sus historias, se desahogaron y les hicieron preguntas a los de las FARC, llegó el turno de Edward, el hijo de Oswaldo, para confrontar a los victimarios. 

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Funcionaria]: Continuamos entonces con el señor Edward Oswaldo Díaz. Él es hijo del exconcejal Oswaldo Díaz…

[David]: Desde una de las sillas del auditorio, en medio de muchos otros asistentes, Zamira y la mamá de Edward lo acompañaban. Arrancó pidiéndole a uno de los de las FARC que no se durmiera. 

[Edward Oswaldo Díaz]: Antes que nada quería hacerle un llamado de atención al señor Milton: “Yo no creo que aquí a este recinto se pueda venir a dormir. Para que tenga eso en cuenta.” 

[David]: Después de presentarse, Edward contó cómo vivió el secuestro.

[Edward]: Mi padre fue secuestrado en mi presencia, cuando yo era un niño de 14 años de edad. Ahora tengo 34 años. Nosotros estábamos en una situación de indefensión.

[David]: Mientras hablaba, al fondo, en una pantalla, proyectaban fotos suyas de niño con Oswaldo. Edward continuó diciendo que, aunque Catatumbo reconoció que habían matado a  su papá durante el secuestro, nunca aclaró dónde estaban sus restos ni al cuánto tiempo lo habían asesinado.

[Edward]: Necesitamos aclarar eso porque tenemos sospechas de que ellos decían que lo tenían cuando ya lo habían asesinado.

[David]: Luego, volvió a la pregunta que tantas veces se ha hecho la familia de Oswaldo y que seguramente no pararán de hacerla: ¿Por qué lo secuestraron? 

[Edward]: Mi papá no era un hombre adinerado. Mi papá era un buen hombre. Y era el mejor papá del mundo. Mi papá no era corrupto. Él no merecía que lo secuestraran y lo desaparecieran. Yo no merecía pasar por esto y mi familia tampoco. Y así mi papá hubiera sido mala persona, que no lo era, nadie merece que lo secuestren. Nadie merece eso, ni siquiera ustedes, porque son seres humanos.

[David]: Continuó diciendo que esa decisión de secuestrar a su papá, lo único que produjo fue sufrimiento. Y también les habló a todos como organización. 

[Edward]: Ustedes eran un grupo terrorista, un ejército ilegal. Ustedes no eran la ley. Ustedes no debieron existir, las FARC como organización no debieron existir. Ustedes todo lo hicieron mal, no hicieron nada bien. Ustedes han sido el cáncer de Colombia, ustedes son un cáncer. 

[David]: En ese momento, Victoria estaba con su abuela en Palmira viendo la intervención de Edward. Aunque era evidente que no pretendía reconciliarse con sus victimarios, no la sorprendió. 

[Victoria]: Pues yo entendía su dolor y entendía perfectamente el abordaje que le estaba dando, pues porque era su manera de transitar sus cosas y eso también está perfecto. Nadie puede venir a decirle eso está bien o mal.

[David]: Tanto Victoria como su abuela lloraban mientras oían a Edward hablar. A su abuela también la conmovió mucho verlo. 

[Victoria]: Claro, ella reconociendo a su hijo en los ademanes, en la forma en la que mueve las manos, el timbre de la voz. La forma con la que gesticula, ¿no? Lo tuvimos que quitar porque mi abuelita no fue capaz de verlo todo.

[David]: Victoria siguió viendo en el celular y Edward insistió en que el trauma no se puede curar con nada. 

[Edward]: Nada puede reparar esta cicatriz que nosotros como víctimas tenemos en nuestros corazones. Nada. Absolutamente nada.

[David]: Luego les hizo unas preguntas parecidas a las de Zamira: ¿Quiénes lo hicieron? ¿Hubo políticos involucrados? ¿Cómo participó Óscar Bolaños? Al final, leyó una oración, y remató con esto… 

[Edward]: Ustedes van a pagar. Ustedes van a pagar.

[David]: Luego de la intervención de Edward, las magistradas les dieron la palabra a los victimarios para reconocer su culpa ante las víctimas. Después de tantos años de intentos fallidos de paz, esa escena aún parecía imposible: que los antiguos comandantes de un grupo armado tan violento y tan poderoso estuvieran ahí. Antes solo aparecían en videos amenazando con armas y uniformes camuflados en medio de la selva, diciendo que iban a secuestrar más, a poner más bombas, a tomar más poblaciones, a sabotear alguna votación. Pero ahora estaban sentados, vestidos de civil y mucho más viejos.

Catatumbo fue el cuarto que habló y fue el encargado de aportar a la verdad en el caso de Oswaldo Díaz. 

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Magistrada]: Le doy la palabra al señor Pablo Catatumbo Torres.

[Catatumbo]: Bueno, buenas tardes a todas, a todos. Un saludo muy especial de reconocimiento y de respeto a las víctimas.

[David]: Empezó reconociendo el delito. 

[Catatumbo]: Hago presencia aquí en este acto de reconocimiento para asumir mi responsabilidad pública y libremente frente a crímenes de privación de la libertad.

[David]: Aceptó que los secuestros fueron uno de los delitos más graves que cometieron durante el conflicto. 

[Catatumbo]: El secuestro se hizo masivo. El secuestro causó dolores, daños, fracturas.  

[David]: Y no sólo victimiza a la persona secuestrada, sino también a sus seres queridos. Aunque lo hicieron como una forma de financiar la organización, con la excusa de que los más poderosos aportaran a la causa, tenía que reconocer que la mayoría de personas que secuestraron con fines económicos no tenían cómo pagar esa extorsión. 

[Catatumbo]: Si se pensaba era afectar a los, a los ricos de verdad, a los poderosos, a lo que llamábamos en aquella época la oligarquía, pues no lo hicimos. Pero sí afectamos compatriotas, gente humilde, campesina o pequeños productores que no eran los responsables de la guerra.

[David]: En ese momento pasó al caso de Oswaldo y le habló directamente a Edward. Como comandante de sus captores, reconoció la responsabilidad en su secuestro, asesinato y desaparición, y repitió lo que ya había dicho en otras ocasiones: que sus subalternos le informaron que lo habían retenido por corrupto, y que tiempo después, sin especificar cuánto, le reportaron que lo habían matado. 

Aceptó que hay contradicciones, que todavía quedan preguntas, y precisamente por eso entendía la rabia de Edward. Pero dijo que él no podía dar más información porque no la tenía. Según explicó, todo lo supo a través de relatos de terceros y, como ya sabemos, de ese grupo solo queda una persona viva, el Paisa, que tampoco estuvo presente en la muerte de Oswaldo. 

Pero sí fue claro en algo clave sobre Óscar Bolaños, el secuestrador que Edward reconoció.

[Catatumbo]: Que el señor Bolaños no es integrante de las FARC. No fue integrante de las extintas Farc.

[David]: Catatumbo pasó a aceptar que nunca pudieron confirmar que Oswaldo era corrupto, y que sí, que habían atacado su dignidad en lo más profundo. Y como acto de reparación.

[Catatumbo]: Quiero hacer un reconocimiento y dignificar el nombre del concejal Oswaldo Díaz. Como ya dije, actuamos de manera irresponsable, de manera ligera calumniándolo a él y acusándolo de un delito que él no había cometido. Hoy quiero pedirle perdón no solamente a usted, Edward, a su madre, a su tía, al resto de su familia, porque realmente cometimos un crimen abominable con su padre. Tiene todo el derecho en pensar lo que ha expresado, y espero que no solamente usted y su familia, sino Colombia perdone los crímenes que cometimos.

[David]: Por último, les pidió a sus antiguos compañeros que no estaban ahí que ayudaran a aliviar el dolor de las víctimas, que no le tuvieran miedo a la verdad porque el proceso de paz lo necesitaba. Y se comprometió a algo. 

[Catatumbo]: Contribuiré en todo lo que de mí dependa para que este crimen del concejal Oswaldo Díaz pueda ser esclarecido en su totalidad. Eso quería decir, señora magistrada y muchas gracias.

[Magistrada]: Muchas gracias. Yo creo que en este momento todos necesitamos una pausa. Ha sido muy intenso.

[David]: Zamira volvió a su casa, en Palmira. No puede decir que se sienta reparada del todo. Tal vez, como su sobrino Edward, nunca logre sentirse así. 

[Zamira]: El daño ya está hecho y nunca uno se repara de ese dolor tan grande que le causan a uno. Nunca. No es por dinero ni daño físico, sino un daño emocional.

[David]: Pero quizás hay una señal evidente de que hubo un cambio en ella. Le pregunté si ahora votaría diferente en el plebiscito. 

¿Y después de todo esto usted cree que cambiaría su voto?

[Zamira]: Sí, pues, puede que sí, porque sirvió mucho el encuentro con estas personas para pues yo entender que en realidad son cosas que se necesitan, a ver si de pronto que el país salga de tanta violencia, tanta cosa. Dios quiera que así sea, ¿no?

[David]: A ver, si de pronto, las próximas generaciones puedan evitar sentir un dolor como el suyo. 

[Daniel]: La Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, que también surgió con los acuerdos de paz, continúa buscando los restos de Oswaldo.  

Hasta el momento sigue sin aclararse qué relación  tenía Óscar Bolaños, el secuestrador que Edward reconoció, con las FARC. Aún no ha dado su versión voluntaria de lo que pasó.

A la fecha solo han empezado dos juicios ante el Tribunal de Paz de la JEP y son por no reconocimiento de verdad. Ninguno de los comparecientes es excombatiente de las FARC.

David Trujillo es productor senior de Radio Ambulante y vive en Bogotá. Esta historia fue editada por Camila Segura y Luis Fernando Vargas. Bruno Scelza hicieron el factchecking. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri y Ana Tuirán con música original de Ana. 

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Lisette Arévalo, Pablo Argüelles, Adriana Bernal, Aneris Casassus, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Rémy Lozano, Selene Mazón, Juan David Naranjo, Ana Pais, Melisa Rabanales, Natalia Ramírez, Natalia Sánchez Loayza, Barbara Sawhill y Elsa Liliana Ulloa.

Carolina Guerrero es la CEO. 

Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

Créditos

PRODUCCIÓN
David Trujillo


EDICIÓN
Camila Segura y Luis Fernando Vargas


VERIFICACIÓN DE DATOS
Bruno Scelza


DISEÑO DE SONIDO 
Andrés Azpiri y Ana Tuirán


MÚSICA
Ana Tuirán


ILUSTRACIÓN
Sara Quijano


PAÍS
Colombia


TEMPORADA 13
Episodio 10


PUBLICADO EL
11/21/2023

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