El único intérprete | Transcripción

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[Daniel Alarcón]: Esto es Radio Ambulante desde NPR, soy Daniel Alarcón…

[Jhon Gutiérrez]: Mi nombre es Jhon Gutiérrez Vásquez, tengo 50 años de edad. 

[Daniel]: Jhon es colombiano, vive en Medellín. Hace 28 años, aprendió un idioma muy particular, que describe así…

[Jhon Gutiérrez]: Es una lengua tridimensional, visogestual, o sea, usted no solo utiliza sus manos, sino que utiliza su cuerpo, utiliza su cara y utiliza todo el espacio.

[Daniel]: Para Jhon esta lengua se convirtió casi que en una obsesión, una que ha marcado buena parte de su vida.

[Jhon]: Si eso uno no lo siente en los intestinos, en las vísceras, en todo el cuerpo, hermano… si eso realmente no lo mueve a uno, no lo apasiona, uno no va a aprender lengua de señas jamás.

[Daniel]: Lengua de señas, la que utilizan las personas sordas para comunicarse. Pero él no tiene ninguna discapacidad auditiva. La aprendió por pura curiosidad. Todo empezó un día de 1994, cuando tenía 23 años. En ese momento Jhon vivía en Bogotá y trabajaba como escolta para la Fiscalía. Un viernes en la tarde vio pasar a un grupo de personas frente al edificio donde trabajaba. Ya las había visto varias veces, cada viernes a la misma hora, y se había dado cuenta de que hablaban con señas. 

[Jhon]: ¿Y estas personas pa dónde irán? Me llamó la atención, los seguí y vi que entraron a un lugar que se llama la Sociedad de Sordos de Bogotá. 

[Daniel]: Parado frente a este edificio, lo primero que se le vino a la mente fueron los intérpretes que aparecían a veces en televisión. No era tan frecuente verlos, solo estaban en algunos noticieros y en programas estatales, pero era la única referencia que Jhon tenía de la lengua de señas. Luego pensó en la entidad en la que trabajaba: la Fiscalía, que se dedica a investigar posibles delitos y acusar a los responsables. Por más que intentaba, no se le venía a la mente ningún funcionario que supiera lengua de señas.

Y se le ocurrió algo un poco descabellado: ¿qué tal si él fuera ese funcionario? No lo sabía en ese momento, pero terminaría convirtiéndose, incluso hasta hoy, en el único intérprete de lengua de señas de la Fiscalía colombiana.

Después de la pausa el periodista colombiano Leonardo Botero nos cuenta. Ya volvemos.

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[Daniel]:Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Leonardo nos sigue contando…

[Leonardo Botero]: Volvamos al momento en que Jhon se paró frente al edificio de la Sociedad de Sordos de Bogotá. Ahí le empezaron a aparecer muchas preguntas: si capturaban a una persona sorda, ¿cómo le iban a entender? Y si quería poner una denuncia, ¿cómo se podía comunicar? ¿Qué pasaría en una audiencia en la que una de las partes fuera sorda y la otra no supiera lengua de señas? En otras palabras: ¿cómo se podía desenvolver una persona sorda en un proceso legal?

[Jhon]: Pensé: los sordos existen, y como cualquier ser humano tienen unos derechos. Fue entonces cuando empecé de una manera muy individual, muy personal, a pensar que en el proceso penal le debían garantizar a ellos sus… sus derechos lingüísticos. 

[Leonardo]: Aunque Jhon era un escolta y obviamente no tenía acceso a los procesos penales, se estaba dando cuenta de un problema que, al parecer, la Fiscalía no había detectado. Pero para proponerle a la institución su idea de ser intérprete, primero lo primero: tenía que aprender la lengua. Así que luego regresó a la Sociedad de Sordos de Bogotá, tocó la puerta y lo recibió José Leal, un hombre que leía muy bien los labios porque había aprendido a hablar antes de quedar sordo. 

[Jhon]: Y yo le decía: yo quiero aprender señas. 

[Leonardo]: Pero en ese momento no es que le enseñaran a cualquier persona que quisiera aprender. A José le pareció raro el interés que tenía Jhon, sobre todo porque no era psicólogo ni médico ni trabajaba con personas sordas. 

José le dio a entender algo. Necesitaba estar realmente interesado para poder aprender. Además, se necesitaban capacidades muy específicas: buena memoria visual para recordar las señas y dominar la expresión corporal. 

Por eso, no sería un proceso fácil. No se trataba simplemente de aprender un vocabulario y repetirlo. Había que practicar… mucho. Pero a Jhon eso no lo hizo cambiar de parecer. Le insistió a José y le contó sobre su idea de ofrecerse como intérprete en la Fiscalía. 

[Jhon]: Lo convencí y fue allí, en Bogotá, donde empecé mis primeros niveles de lengua de señas, que A, B, C, papá, mamá, buenos días. 

[Leonardo]: A final de cada semana, Jhon llegaba puntual al mismo edificio para recibir esas primeras clases. Pagaba unos 27 dólares de la época. Las profesoras fueron Silvia y Sofía, dos mujeres sordas que se comunicaban únicamente con señas y gestos. Lo primero que les decían las profesoras era que tenían que “coserse la boca”. No era literal, obvio, pero lo que querían dejar claro era que tenían que acostumbrarse a comunicar sus ideas sin decirlas en voz alta. Solo eso ya era un reto enorme. 

Uno de los primeros ejercicios que le pusieron fue practicar las señas frente al espejo, observar sus gestos, los movimientos de sus manos: todo lo que le sirviera para comunicarse. Y ahí empezó a entender lo de la memoria visual…

[Jhon]: Si usted quería ver una seña, la tenía que ver en un libro, y en un libro es muy difícil porque eso no deja de ser una imagen. 

[Leonardo]: Y claro, la lengua de señas está compuesta de gestos, de movimientos que no aparecen en las imágenes fijas. Pero no todos logran hacer esa conexión entre dibujos y movimientos, y la práctica constante cansa. Jhon recuerda que con él empezaron otras 14 personas, todas mujeres. Pero eso cambió rápidamente. 

[Jhon]: Cuando yo terminé el primer nivel y pasé al segundo nivel, el segundo nivel no lo empezamos los 15 que arrancamos, lo empezamos 6. La gente termina yéndose.

[Leonardo]: Pero además de las señas, Jhon fue aprendiendo otras cosas en ese proceso. Supo de entrada que la expresión “sordomudo” es incorrecta… 

[Jhon]: Porque es que ellos no son mudos. Ahí está su aparato fonatorio, fonador, fonoarticular… 

[Leonardo]: Producen sonidos, y con ayuda profesional, hasta podrían modular algunas palabras. 

Jhon también se enteró de que cada país ha ido adaptando su propia lengua de señas que incluye dialectos y modismos de cada región. Jhon se dedicó a aprender la colombiana, aunque para ese momento, 1994, todavía no estaba reconocida oficialmente. 

Dos o tres niveles después, Jhon pidió un traslado de trabajo en la Fiscalía. Llevaba un tiempo en Bogotá pero alejado de su familia que estaba en otra ciudad. Resultó una vacante de escolta en Medellín. Ellos no vivían ahí, pero al menos estaba más cerca que en Bogotá, así que la aceptó. 

Se mudó en 1995, una época que coincidió con un hecho importante: ese año el Congreso aprobó la primera ley en toda la historia del país que se enfocaba en la población sorda. Ahí, por un lado, se reconoció oficialmente la lengua de señas colombiana. Pero además, se dieron otras garantías como la difusión de esa lengua y la presencia de intérpretes en colegios, universidades, hospitales y diferentes entidades públicas. El Estado también ofreció apoyo técnico y pedagógico para acceder a la educación en igualdad de condiciones, y subsidiar  equipos para facilitar su comunicación. 

Pero volvamos a Jhon. Cuando llegó a Medellín, una de las primeras cosas que hizo fue buscar a la comunidad sorda que vivía allí y perfeccionar su bilingüismo. Investigó un poco, encontró la Asociación Antioqueña de Sordos, ASANSO, y pudo seguir estudiando con ellos. 

 Jhon ya venía con una sospecha desde Bogotá, pero en Medellín la confirmó definitivamente. 

[Jhon]: Por lo general, cuando los intérpretes llegamos a la lengua de señas, nos estamos moviendo en algún ámbito, ¿cierto? Pertenecemos a algún ámbito.

[Leonardo]: Eso significa, por ejemplo, que si la persona pretende predicar una religión a personas sordas, va a enfocarse en aprender las palabras,  las expresiones  y la jerga que le van a funcionar. 

[Jhon]: Esa persona que está en el ámbito religioso, pues la primera seña que se aprenderá es Dios te bendiga, Dios, Jesús, Espíritu Santo y así sucesivamente. Y así sucede con psicología, el intérprete que está en un colegio y que tiene que aprenderse las señas de todos los símbolos de la tabla periódica.

[Leonardo]: Y cuando Jhon empezó su aprendizaje también le pasó. Estaba metido de lleno en el ámbito judicial y tenía una intención clara.

[Jhon]: Entonces pienso: cómo se dirá captura, cómo se dirá indagatoria, abyecto, fútil, in dubio pro reo, non bis in idem, habeas corpus, habeas data, dolo, culpa, preterintención, contumacia. 

[Leonardo]: Quizás solo la gente que sepa de derecho entenderá de qué habla Jhon. Estos términos jurídicos no son tan frecuentes ni siquiera en el español cotidiano y no hay señas estandarizadas. Por eso, Jhon tuvo que encontrar la forma de comunicar esos conceptos. 

[Jhon]: Empieza uno a estudiar cada una de esas palabras y a preguntarle a las personas sordas porque realmente son ellos, es esa comunidad la que configura sus propias señas pero uno como oyente le ayuda. 

[Leonardo]: Por ejemplo, el concepto habeas data… 

[Jhon]: Se lo explica en lengua de señas… más bien como con expresiones faciales y corporales a la persona sorda para que él lo entienda. Entonces la persona sorda le dirá: ah, derecho a la información. 

[Leonardo]: Jhon terminó siendo intérprete de la Fiscalía por casualidad. Él se estaba preparando para serlo, sí, pero no tenía muy claro el proceso burocrático para llegar ahí. Ni siquiera existía el cargo oficial. 

Sus compañeros de la Fiscalía en Medellín se empezaron a enterar de que estaba aprendiendo lengua de señas, y un día de 1996, aún cuando seguía siendo escolta, lo llamaron para resolver un lío en el que estaban: necesitaban legalizar la captura de una persona sorda y para eso tenían que comunicarse con ella. En ese momento, Jhon prestó por primera vez sus servicios como intérprete, aunque de manera informal. 

No se acuerda de muchos detalles de ese primer caso, porque desde entonces han venido muchísimos más. Hasta el día de hoy, en papel, sigue siendo escolta porque nunca lo nombraron oficialmente como intérprete de lengua de señas. Pero la Fiscalía se dio cuenta de su utilidad y lo siguieron llamando para resolver otros líos parecidos. Lo que sí le quedó claro desde el principio era que su trabajo no iba a ser tan sencillo. El escenario ideal y casi fantástico sería pararse en una sala de audiencias, escuchar lo que dice el juez, el fiscal o los abogados, traducirlo a lengua de señas a la persona sorda y viceversa. 

Pero… no es tan fácil. No todas las personas sordas tienen el mismo nivel de lengua de señas… 

[Jhon]: Hay personas sordas, bilingües, es decir, que manejan la lengua de señas y el castellano.

[Leonardo]: Esas personas muy probablemente dejaron de escuchar después de aprender a hablar, así que leen, escriben y logran saber lo que dice otra persona solo con ver sus labios. 

Pero también están las personas que nacieron sordas y que nunca pudieron aprender español, así que solo entienden la lengua de señas. Algunos tienen un vocabulario amplio y se desenvuelven muy bien. Esos se conocen como monolingües. Ahora, los que tienen un vocabulario básico y no logran sostener una conversación larga, se conocen como semilingües. Por otro lado, están los analfabetos funcionales… 

[Jhon]: Sabe una que otra seña, sabe decir mamá, allí, la casa. Pero usted le pregunta la dirección de la casa y hasta ahí. 

[Leonardo]: Y por último están las personas analfabetas totales… 

[Jhon]: No habla, no escucha, no sabe leer, no sabe escribir y no sabe lengua de señas. Sus únicas expresiones son gestuales, y eso porque le salen pues naturales por ser un ser humano y en su necesidad de comunicarse con los demás. Pero de ahí no hay nada más qué interpretar.

[Leonardo]: Este último grupo de analfabetas es el más vulnerable y el que no suele tener acceso a nada: ni educación, ni salud, ni trabajo, ni justicia. Cuando Jhon empezó a conocer personas con estas características en su oficio, era imposible no recordar un caso que había visto muy de cerca. Aunque él mismo reconoce que no fue lo que lo motivó a aprender lengua de señas, siendo intérprete lo ha tenido presente en muchas ocasiones.

[Jhon]: Yo sí recuerdo que en mi familia sí había una persona con sordera y su nombre era Orlando.

[Leonardo]: Orlando era su primo.  Jhon no se acuerda bien, pero dice que era unos 15 o 20 años mayor que él. En esa época, los años 70, no había instituciones para acceder a la lengua de señas en el lugar donde vivían, y la familia no tenía dinero para enviarlo a otra ciudad.  

Como no podía hablar, a Orlando ni siquiera lo identificaban como sordo, sino que se referían a él como “el mudo” de la familia, al que era difícil entenderle. 

[Jhon]: Orlando se comunicaba a través del lenguaje no verbal, de gestos, de sonidos guturales ininteligibles.

[Leonardo]: Orlando nunca estudió ni trabajó. Dependió por completo de su familia. Murió cuando Jhon era muy joven, sin la posibilidad de acceder a sus derechos fundamentales.

No es la única persona que ha pasado por algo así, y eso que existen, desde hace años, distintas normas en el mundo para garantizar plenamente los derechos de las personas sordas. Ya sabemos que en el caso de Colombia, fue en 1996 que se creó la ley enfocada en esa población. Pero además,  el país se ha sumado a diferentes acuerdos internacionales para eliminar la discriminación contra las personas que tengan cualquier tipo de discapacidad. 

Todo esto le ha servido a Jhon para hacer mejor su trabajo. Basándose en esas normas, cuando lo llaman, lo primero que hace es enterarse muy bien de la situación en la que está la persona sorda. No solo de si es víctima, procesado, testigo, etc., sino también de su nivel comunicativo. Jhon no puede llegar de entrada a hablarle en lengua de señas sobre el proceso judicial al que se va a enfrentar… 

[Jhon]: Porque yo estaría violando sus derechos lingüísticos, porque es que yo no sé si él nació sordo o se hizo sordo, o si utiliza audífonos, o si utiliza implante, o si es oralizado, o si le gusta leer los labios, o si sabe lengua de señas. 

[Leonardo]: Y si sabe lengua de señas, Jhon tiene que aclarar los modismos que usa dependiendo de la región de la que venga. La letra S, por ejemplo, tiene tres señas diferentes. Papá y mamá tienen dos. Incluso, y aunque parezca extraño, dos palabras en español que no tienen nada que ver, como primo y verde, en lengua de señas se pueden representar de la misma forma en algunas regiones del país. Así que, antes de cualquier cosa…

[Jhon]: Yo hago un ejercicio que se llama valoración de la competencia comunicacional.

[Leonardo]: Esa valoración, como la llama Jhon, empieza con encuentros largos con la persona sorda y, si es posible, con sus familiares. Así puede entender mejor su situación y armar un perfil.

Luego hace una valoración oral, después una escrita y finalmente una de lengua de señas. Con eso, Jhon escribe un informe en el que deja claro si la persona sorda entiende el proceso al que se enfrentará.

Si es bilingüe, puede dar el siguiente paso y empezar la interpretación del proceso. Lo mismo ocurre con una persona monolingüe. Si se trata de alguien semilingüe que, recuerden, tiene un vocabulario básico y limitado, Jhon puede ajustar la interpretación si esa persona se apoya con lectura de labios o con español escrito. 

[Jhon]: Pero si yo encuentro una persona semilingüe, donde por más apoyos que se le brinden jurídicos, lingüísticos, no es capaz de entender, ni de hacerse entender, yo digo en mi informe que no es posible hacer la interpretación.

[Leonardo]: Lo mismo pasa si es una persona analfabeta funcional o total… En ese caso, Jhon escribe en el informe… 

[Jhon]: Que esa persona no está en condiciones lingüísticas, yo no estoy hablando de condiciones neurológicas, psicológicas, psiquiátricas, médicas, no…

[Leonardo]: No. Se trata de que no está en condiciones lingüísticas para expresar su voluntad, como lo exige la ley. Ese tipo de casos no son excepcionales, y Jhon cuenta una historia que sirve para entender mejor cómo el Estado ha tratado de solucionarlos. No recuerda la fecha exacta, pero hace más de una década lo llamaron de la Fiscalía para servir de intérprete en Amagá, a más de una hora de Medellín. Tenía que intentar comunicarse con un hombre sordo de 19 años al que habían capturado por atacar a otro con una navaja. 

[Jhon]: En ese lugar todos estábamos ahí expectantes: bueno, ¿y qué fue lo que sucedió? Y él llega y dice: siéntense, siéntense que les voy a explicar.

[Leonardo]: Todo con señas intuitivas, nada muy estructurado. Y lo que Jhon pudo entender muy subjetivamente de ese lenguaje no verbal era que el hombre cuidaba motos en la calle desde hacía tres años. Era un trabajo informal, pero con eso ganaba algo de plata. Ese día había llegado un señor en un carro y se estacionó en esa zona. 

En ese momento se acercó otro hombre a cobrarle al dueño del carro… 

[Jhon]: Este muchacho explicó, en su lenguaje no verbal, que él no se iba a dejar quitar su espacio donde cobraba por la cuidada de las motos. Cogió una navaja, no más grande que mi dedo índice, y cómo ha sido tan de malas el otro man y casi se lo lleva, hermano.

[Leonardo]: Casi lo mata, pero lograron llevarlo rápido a un hospital y lo salvaron. Así que la Fiscalía pensaba imputar a este hombre sordo el delito de lesiones personales, e incluso tentativa de homicidio. 

[Jhon]: Pero dice un profesional que había ahí: pregunta, ¿está declarado como inimputable? 

[Leonardo]: Inimputable. Es decir, que si por su condición no era consciente de lo que había hecho. La respuesta era no. Este hombre estaba totalmente consciente del daño que causó: sabía que tenía una navaja, sabía dónde tenía que clavarla y sabía que iba a herir a la otra persona. No había ningún impedimento cognitivo para que lo entendiera. 

El problema era otro. Jhon vio que este hombre era un analfabeto funcional, y el acto de imputar un delito se basa en la comunicación. 

[Jhon]: Se le comunica: vea, usted hizo esto y esto. ¿Cómo quiere que lo diga, si entre él y yo no hay una lengua que nos permita tener esa comunicación?

[Leonardo]: Por ley, este hombre debía tener claro específicamente el delito del que se le acusaba. De esa forma podía entender cómo sería su proceso. Como eso era imposible, las autoridades trataron de resolver el caso aplicando el concepto de imputabilidad disminuida. Ya sé, los términos jurídicos son enredados, pero básicamente significa que, por un lado, partieron del hecho de que esta persona sabía lo que hacía y lo condenaron por eso. Y por el otro… 

[Jhon]: Cuando se hace la tasación de la pena, cuando se dice hombre, ¿qué tanto lo castigo? ¿Hasta dónde llevo el castigo? Pues tienen que tener en cuenta esa condición especial de vulnerabilidad frente a lo comunicacional. 

[Leonardo]: Por esta condición decidieron condenarlo a casa por cárcel. Y sí, el delito no quedó en la impunidad, este hombre no permaneció por fuera del proceso penal y se le garantizaron los derechos a la víctima… 

[Jhon]: Pero yo me pregunto… es por él, por el ciudadano, por esa persona: no entendió nada en el proceso. 

[Leonardo]: Por su sordera, no podía comprender todas las implicaciones legales que consideraron la Fiscalía y el juez. Tampoco entendió los derechos que tenía como imputado, ni los argumentos que pudo dar su defensa. Pero además de eso, su pena no logró la intención correctiva… tal vez él podría deducir que por su condición puede cometer otro delito e igual terminará en su casa. Y eso es lo que le preocupa a Jhon. 

[Jhon]: Entonces… ¿Cuál fue la reflexión que le quedó? ¿Cuál fue el mensaje que le quedó desde el Estado? ¿Cuándo le va a llegar a él la posibilidad de aprender, de ser instruido para que más adelante no vaya, no solo a cometer otros delitos, sino para que tenga la posibilidad de comunicarse y de vivir en igualdad de condiciones frente a lo comunicacional? Entonces ahí está el Estado colombiano en una situación bien particular que no ha resuelto. 

[Leonardo]: Y no solo específicamente en temas judiciales. Es algo mucho más profundo. Para garantizar la igualdad de condiciones hay que permitir que todas las personas puedan comprender qué ocurre a su alrededor y expresarse a partir de eso, independientemente de si hablan español o de si son sordas. El problema es que, aunque eso está en la ley bastante explícito, en la práctica no se cumple del todo. 

Para la prueba solo recordemos esto: Jhon sigue siendo el único intérprete de lengua de señas en la Fiscalía. Y ni siquiera está contratado como intérprete, sino como escolta. 

Jhon se ha enfrentado a muchos casos durante casi tres décadas en la mayoría de los departamentos de Colombia. En todos ha tenido esa preocupación: que a los implicados, sean víctimas o acusados, se les garanticen sus derechos. Pero hay algunos que han sido más difíciles que otros. Como uno en particular que, después de más de 16 años, sigue sin olvidar.

[Jhon]: He hecho interpretaciones muy tristes, muy dolorosas. Una de las más amplias, las más largas, las más complejas fue un delito donde había muchísimas personas sordas vinculadas. 

[Leonardo]: Eran más de 20. Esa historia empezó cuando, en 2005, Jhon recibió una llamada un poco confusa de una mujer muy angustiada pidiéndole ayuda.

[Jhon]: Jhon, Jhon, que mi mamá te necesita urgente, no sé qué. Y yo quihubo, ¿qué pasó? No, John, un sordo que llegó a la casa pidiendo y tiene una hoja así y así.

[Daniel]: Lo que escondía esa hoja de papel era toda una red criminal que empezaría a destaparse en ese momento. 

Una pausa y volvemos… 

[Dynamic Mid-Roll]

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón.

Antes de la pausa, escuchamos cómo Jhon Gutiérrez aprendió lengua de señas colombiana. Lleva casi tres décadas siendo el único intérprete de la Fiscalía. Ha trabajado en infinidad de casos, de todo tipo. Pero hubo uno en especial que lo marcó. Empezó con esa llamada que recibió en 2005.

[Jhon]: Estaba yo en mi casa cuando me llama la hija de una señora sorda… 

[Daniel]: Leonardo Botero nos sigue contando.

[Leonardo]: La mujer que lo llamó se llama Diana Restrepo. Jhon la conoció a ella y a su mamá, Edilma Serna, en la Asociación Antioqueña de Sordos, ASANSO, donde estudió lengua de señas en Medellín. No tuvieron clases juntos, porque esta organización no solo se dedica a la enseñanza de la lengua, sino que también busca reunir a la población sorda de esa zona con diferentes fines. Ahí ellas supieron que él trabajaba en la Fiscalía.

 Para entender bien este caso decidí hablar con Diana y con Edilma. Me invitaron a su casa en octubre de 2021. Edilma me recibió ese día. Es sorda, así que con algunos gestos de mi cara y de mis manos, logramos entendernos. Me invitó a pasar a la sala. Cuando me senté, de una de las habitaciones salió Diana. No es sorda, pero sus papás sí.

[Diana Restrepo]: Yo aprendí primero la lengua de señas y después español.  Yo aprendía las señas desde muy pequeñita y yo ya no hablaba, yo no modulaba. 

[Leonardo]: Cuando la familia de su mamá se dio cuenta del atraso lingüístico de Diana, se la llevaron a vivir con ellos y visitaba a sus papás los fines de semana. Así fue que aprendió español… con la ayuda del resto de su familia y en un colegio especial para niños con dificultades de lenguaje. Desde entonces es bilingüe, como Jhon, así que fue ella la que sirvió de traductora durante toda la conversación.  

Empezamos por entender qué fue lo que pasó ese día de 2005, cuando ella llamó a Jhon muy angustiada para pedirle ayuda. Me contó que un hombre tocó la puerta de su casa. Ella le abrió. 

[Diana]: Era jovencito. Estaba como con ropita creo que deportiva: un blue jean, una camisita como anchita, unos tenis. Sí se veía como una persona necesitada, tampoco un habitante de calle, sino muy humilde, muy sencillo ahí, muy… muy flaquito, muy deteriorado, con mucha necesidad. 

[Leonardo]: El hombre le entregó una hoja de papel. Arriba, en mayúsculas verdes, aparecía un nombre: FOCARI. Al lado izquierdo había un dibujito de un personaje: un corazón sonriente, con piernas y manos, que sostenía unas escobas. Justo debajo decía Fondo para nuestra rehabilitación integral, y luego estaba este mensaje: “Esperamos tenga un buen día. Llegamos a sus hogares con el propósito de no molestarles y pedir su colaboración para nosotros que padecemos de discapacidad auditiva. Con su aporte de mil, dos mil pesos – que en esa época estaba alrededor de un dólar – podemos tener una vida buena sin vicios y honrada y no ser una carga para nuestras familias. Muchas gracias”. 

De ahí seguía una tabla numerada dividida en columnas. En la primera, la persona que decidiera dar plata ponía su nombre y apellidos. Luego escribía el valor de su aporte y después la ciudad. Diana se conmovió con este hombre, así que llamó a sus papás para ver qué podían hacer. 

[Diana]: Entonces él se alegró de verlos a ellos, sabiendo que eran sordos. Él sabía lengua de señas y lo invitamos a seguir. Entonces él se sentó y era contando que tenía mucha hambre, aguantaba mucha hambre. Creo que le dimos algo de comer. Y que él estaba muy desesperado, que él estaba sufriendo mucho.

[Leonardo]: Se llamaba Julio González. Era de Cartago, una ciudad lejos de ahí, pero estaba en Medellín recogiendo plata. 

Quise confirmarlo con el propio Julio, que se había unido a la conversación por videollamada cuando entrevisté a Diana y a su mamá. Le pedí que me explicara mejor lo que pasó ese día que llegó a pedirles plata. Esta es Diana interpretándolo… 

[Diana]: Que él estaba en un hotel… hospedado en un hotel y que había muchos sordos ahí en el hotel. El que los mandaba a ellos le dijo a todos los sordos que por la mañana… que cada uno tenía que salir a trabajar. 

[Leonardo]: Con “trabajar” se refiere a que los obligaba a pedir dinero en las calles y tocando en las casas. Les daba el papel con la tabla que ya mencionamos, y luego ellos tenían que entregarle lo que habían recogido en el día.

[Diana]: Que ellos con hambre, que aguantando hambre, entonces a ellos les daba mucha rabia que porque no tenían nada, nada de comida. Que cada uno de ellos tenía que buscar la forma como de  comer. 

[Leonardo]: A Diana y a sus papás les pareció muy extraño y preocupante lo que les estaba contando Julio. Desde hacía años se relacionaban con la comunidad sorda de la ciudad y no conocían esa organización que recogía plata en las calles. Le preguntaron quién era el dueño, quién los ponía a trabajar. Julio les dio un nombre: Ricardo Forero. Por eso la fundación se llamaba FOCARI, esas son las siglas de Forero Cañas Ricardo. 

Un nombre conocido. Y temido. 

[Diana]: Ricardo Forero ya era como reconocido entre el medio de los sordos. Ya sabían que recogía a los sordos en distintos municipios, en los pueblitos y los empezaba como… ellos a andar por distintas partes y a explotarlos y a entregarles todo ese dinero a él.

[Leonardo]: Hay muchos datos de la historia de Forero que no se conocen, como cuándo y cómo perdió su audición. Lo cierto era que además de saber lengua de señas, podía comunicarse en español sin ayuda de intérpretes. Desde hacía un tiempo la comunidad sorda venía recogiendo testimonios de lo que hacía Forero con otras personas sordas, algunas analfabetas, pero hasta el momento no lo habían detenido. 

Seguramente Forero reclutó a Julio de la misma forma que lo hacía con el resto de gente que metía a su red. Según Jhon, les prometía la posibilidad de ganar plata mientras viajaban por diferentes zonas del país. Además, convencía a sus familias de que podía ayudarlas económicamente. Con una propuesta así era difícil negarse: a una persona sorda le cuesta mucho encontrar trabajo.

Jhon también cuenta que cuando empezaban a trabajar con Forero, lo primero que él hacía era quitarles sus documentos de identidad. Después viajaban sin nunca saber exactamente por dónde se movían… recuerden que muchas de esas personas eran analfabetas. No les daba comida, solo lo que la gente les regalaba en la calle. Y el hospedaje… bueno, a duras penas las metía hacinadas en habitaciones de hoteles para pasar la noche. 

Su tarea era acercarse a la gente o tocar las puertas de las casas para mostrarles el papel, hacerlos firmar la tabla, recibir el dinero y luego entregárselo todo a Forero. Julio estaba en un punto en el que tenía que sobrevivir como fuera, así que cuando vio la oportunidad de pedirles ayuda a Diana y a sus papás, no lo dudó un segundo. 

Diana recuerda que, en ese momento, sus papás explotaron… 

[Diana]: Se enfurecieron, dijeron hasta misa. Que era un descarado y palabras feas.

[Leonardo]: Edilma, su mamá, se acordó de Jhon, ese hombre que habían conocido en ASANSO y que trabajaba en la Fiscalía.

[Diana]: Yo ahí mismo bajé aquí a la tienda. Eso sí me acuerdo que yo llamé y yo hablé: “ay, Jhon, en la casa hay un muchacho que se llama Julio y que parece que Ricardo lo pone a trabajar”. “Ay, ¿cómo así?”

 [Leonardo]: Desde hacía un tiempo a Jhon también le habían llegado rumores de Ricardo Forero y lo que hacía.

[Jhon]: Y la gente me decía “Jhon, mire, él hace esto”. “Sí, ¿pero dónde está? ¿Cómo es él?” Nada concreto, nada con que uno pudiera llegar a la Fiscalía General de la Nación a decir “esto es lo que está sucediendo”.

[Leonardo]: Por eso, cuando Diana le contó lo de Julio, le pidió que trataran de pedirle toda la información que tuviera y pedirle la dirección de ese hotel. Así podían avisar a las autoridades para que fueran hasta allá a rescatar a estas personas sordas. Pero Julio no sabía dónde estaba exactamente, entonces se les ocurrió que podía pedirle a algún trabajador del hotel que se las escribiera en un papel y se las llevara de vuelta. 

Acá Diana interpreta a Edilma, su mamá… 

[Diana]: Ella me está diciendo que cuando él volvió otra vez al hotel esa noche, calladito, a la madrugada, por la mañana ya, esperó que todos se fueran. Fue a la administración y pidió una tarjetica del hotel. Cuando ya se la dieron, se me vino para acá corriendo y dijo que ya tenía la tarjeta. 

[Leonardo]: Llamaron otra vez a Jhon. Él les propuso que se encontraran de inmediato en la sede de ASANSO. Allá llegaron Edilma y Julio. 

[Diana]: Cuando vio que Jhon vino con la Fiscalía… Mi mamá asustada: “Ay, ¿qué pasó? ¿Qué es esto? ¿Qué es este operativo? ¿Por qué tanta policía? ¿Por qué tanta Fiscalía?” 

[Leonardo]: Edilma se acuerda de que Jhon la tranquilizó y que le empezaron a hacer muchas preguntas. Les contó lo que sabía hasta ese momento y lo que les contó Julio. Jhon les dijo que se quedaran ahí mientras iba con las autoridades a ese hotel.

Cuando llegaron al lugar, no solo se encontraron a más de 20 personas sordas, sino también evidencia de que Forero era un criminal que las explotaba. 

[Jhon]: Cédulas de ciudadanía, cuentas bancarias, las hojas con el dinero que ellos habían entregado la noche anterior. Todo, todo lo suficiente para decir “no, aquí definitivamente se está cometiendo un delito”.

[Leonardo]: En el hotel también encontraron a Forero y a su primo, uno de sus cómplices. Los capturaron a ambos y los llevaron a la Fiscalía para legalizar el proceso. 

Un juez legalizó la captura. Ahora la Fiscalía necesitaba organizar la evidencia suficiente para imputar a Forero. Pero para eso también necesitaban los testimonios de las víctimas que encontraron en el hotel.

Como Forero se comunicaba bien de forma oral y escrita, no necesitó un intérprete. En el caso de las víctimas era todo lo contrario. Jhon tenía que evaluar a cada persona para así interpretar sus testimonios. Como eran tantas, pidió ayuda a otros intérpretes. Una de ellas fue Alejandra Molina.

Alejandra, a diferencia de Jhon, no se ha especializado en la interpretación jurídica, sino que en ese momento trabajaba como intérprete en un colegio. Jhon la conocía hacía un tiempo y sabía perfectamente que podría ayudarlo, así que la llamó. Ella llevaba casi diez años trabajando con la comunidad sorda por vocación, por un interés genuino en servirle a estas personas… Aceptó sin dudarlo. Esta es Alejandra: 

[Alejandra Molina]: Entonces fue esa como la motivación: poder ayudar a las personas sordas que habían sido víctimas en ese momento, como poder hacer justicia por ellas.

[Leonardo]: Jhon, Alejandra y otros intérpretes se reunieron con las víctimas en ASANSO.

[Alejandra]: Había más mujeres y eran todas en edad adulta, que ya eran de veintipico, treinta y algo. Sé que habían mujeres que estaban con niños.

[Leonardo]: Alejandra y los otros intérpretes hicieron entrevistas individuales a cada una de las víctimas. Ponían una cámara de video para grabar el testimonio y empezaban. Lo primero era evaluar el nivel de comunicación que tenía cada persona. Algunas tenían un nivel más alto que otras, pero en general podían hacer señas, así fueran básicas. En los casos más difíciles, pedían apoyo de otras personas sordas para tratar de entender lo que querían decir.

[Alejandra]: Entre la misma comunidad sorda o entre los mismos sordos existe como esa habilidad de poderse comunicar con otras personas sordas que no tienen mucha prominencia en lengua de señas. 

[Leonardo]: Aprenden a tener otros códigos comunicativos a través de la mímica, por ejemplo. Estos intérpretes sordos también les ayudaban a reconocer modismos regionales o incluso señas muy viejas que ya casi no se usaban. 

No había límite de tiempo para cada interpretación. Dejaban que la persona contara todo lo que creyera necesario. Así se fueron enterando de más detalles de lo que hacía Forero.

[Alejandra]: Qué hacían con el dinero que recogían, entonces ellos contaban que se lo entregaban a él, que supuestamente él los anotaba como si fuera un ahorro, pues lo que habían recogido durante el día y ellos asumían que él les estaba guardando su dinero. Y entonces eso era como que los motivaba sin saber que este señor los estaba estafando.

[Leonardo]: Como ya dijimos, Forero les quitaba sus documentos de identidad y estas personas perdían cualquier comunicación con sus familias. Al final, nunca recibían la plata, pero según cuenta Alejandra, algunas de las víctimas, incluso en ese momento mientras contaban sus historias, seguían creyendo que Forero las estaba ayudando.

[Alejandra]: Muy triste porque era como escuchar que ellos exponían como todos sus sueños, porque pues las posibilidades, si para una persona como nosotros sin discapacidad a veces cuesta encontrar un empleo, mucho más para la población sorda, y saber que este señor lo único que estaba haciendo era lucrando de ellos.

[Leonardo]: Y cuando les explicaban que los estaban explotando y engañando… 

[Alejandra]: Reflejaban como esa impotencia, o esa rabia, o ese enojo, o esa sorpresa al darse cuenta de que todo era una mentira.

[Leonardo]: Jhon también estuvo en esas interpretaciones. Con esa información fue entendiendo que Forero tenía todo muy bien organizado.

[Jhon]: Reunió tres grupos de entre 25, 28 y 30 personas, de todas las edades, había menores de edad. Y él ya tenía otras personas trabajando con él, oyentes. Él era el jefe, pues.

[Leonardo]: Estos cómplices se encargaban de ir primero a la zona donde pensaban ponerlos a pedir plata y encontrarles hospedaje. En ese lugar hablaban con los administradores de hoteles.

[Jhon]: “No, es que los vamos a traer aquí a pasear”. O algunos decían: “No, es que los vamos a traer a trabajar”. “Ay, ¿y cuántos vienen?” “Somos 20, 25”. “No, yo no tengo tantas habitaciones”. “Ah, no, no importa. Es que no necesitamos sino tres, porque ellos se arruman ahí todos en una habitación o en dos habitaciones, y el jefe, él sí se queda en una habitación”. 

[Leonardo]: Muchos aceptaban. Y cuando probablemente llegaban a un acuerdo económico…   

[Jhon]: Se instalaban en ese hotel, aglutinados, en dos habitaciones las personas sordas. Dormían en el suelo, en colchonetas. 

[Leonardo]: Al llegar, les entregaban los papeles con las tablas para pedir plata y empezaban a recorrer la zona.

[Jhon]: Este man los mandaba en parejas y la consigna es que yo lo vigilaba a usted y usted me vigilaba a mí.

[Leonardo]:  Así se aseguraba de que no se gastaran la plata. Incluso a veces los seguía y les hacía notar que los vigilaba para asustarlos. La jornada era continua. Todo el día se dedicaban a pedir dinero, no descansaban. Casi que ni comían.

[Jhon]: Al finalizar la tarde, ya casi noche, el man se sentaba en su habitación y ponía a todos a hacer fila en el hotel. Y bueno, ¿usted cuánto trajo? Tan, tan tan… Hace 15 años, la gente liquidaba 30 mil pesos diarios.

[Leonardo]: Esto lo supieron por los documentos que encontraron en el hotel que incluían las tablas con los nombres y el valor del aporte de la gente que decidía donar. Eso detallaba muy bien las ganancias de Forero. 30 mil pesos de ese entonces eran unos 14 dólares. Ese era el promedio. Haciendo cuentas rápidas, si eran unas 25 personas pidiendo plata, en una semana se hacían alrededor de 2.450 dólares. 

Si por cualquier motivo alguien no cumplía con esa cuota diaria, Forero lo desnudaba para buscar la supuesta plata robada. Como no la encontraba, se quedaba con alguna de sus prendas, que muchas veces eran las que les regalaba la gente en la calle. Podían ser, por ejemplo, unos zapatos. 

[Jhon]: Entonces este tipo le decía: “Yo le voy a poner un precio a esos zapatos. Entonces yo le voy a hacer usted un recibo, y eso se lo voy a descontar del dinero que usted ha traído. Entonces usted, a partir de mañana, trae la liquidación de la hoja y aparte me trae un abono palos zapatos”.

[Leonardo]: Esa persona quedaba con una deuda difícil de pagar, pero no tenía cómo más conseguir unos zapatos. Tenía que dedicarse a recoger esa plata como fuera para no caminar descalzo.  

Y así funcionó la red durante varios años. No se sabe cuánto tiempo exactamente, pero según Jhon, Forero habría empezado entre los años 70 y 80. Lo cierto es que nunca hubo denuncias formales.

[Jhon]: A cuántos policías, soldados, servidores públicos se le acercó una persona sorda pidiendo ayuda y no le entendieron por no ser intérpretes. Esas fueron voces de auxilio que nunca se escucharon, jamás se escucharon. Yo conocí un caso de uno de sus integrantes, de una persona sorda que, sin mentirte, trabajó con él 20 años. O sea, salió siendo un niño de su casa y volvió siendo un adulto.

[Leonardo]: Con cada testimonio era cada vez más claro que el delito era trata de personas.

[Jhon]: Para que se cumplan los requisitos objetivos del delito de trata de personas, ¿cierto?, se tiene que dar un engaño, un desplazamiento y un lucro ilegal.

[Leonardo]: Todo esto ocurría en este caso… Y la ley colombiana es muy clara: por más que haya un consentimiento de la víctima para este tipo de explotación, eso no quita responsabilidad penal. Así que la Fiscalía decidió acusar a Forero y a su primo por ese delito. Si resultaban culpables, se enfrentarían a una pena de entre 13 y 23 años de cárcel. 

Aunque todo parecía que iba resolverse pronto por la contundencia de las pruebas, el proceso no resultó como Jhon y la Fiscalía esperaban.

[Jhon]: Si usted tiene unos testigos en contra suya y sus testigos no se dan a entender, ¿hay testigos en contra suya? No.

[Leonardo]: Buscar personas sordas que no fueran tan fluidas en la lengua de señas, le sirvió a Forero para construir su red y para blindarse en un eventual proceso judicial. Y le estaba funcionando. Ninguna de sus víctimas lo denunció formalmente por la dificultad para comunicarse con la Fiscalía, así que no tuvieron abogados que las ayudaran a pedir la protección de sus derechos y la reparación de los daños. Algunas ni siquiera pudieron aclarar su información personal: ni cómo se llamaban, ni de dónde eran, ni sus teléfonos, ni quiénes eran sus familiares. Nada. Eran personas sin identidad, reportadas como N.Ns… Además, según Jhon, muchos de los que estaban siendo explotados en esa red, no veían a Forero como un victimario sino como alguien que les dio un trabajo a pesar de ser sordos.

Los documentos que encontraron en el hotel y los testimonios eran útiles para entender cómo funcionaba la red criminal de Forero. Pero Jhon asegura que la Fiscalía no pudo convencer al juez de que eran pruebas suficientes para condenarlo. 

[Jhon]: Lo que no se puede probar no existe.  Es un principio general del derecho. En un proceso penal esas cosas son evidencias o elementos materiales probatorios que en el juicio oral se convierten en pruebas. Pero si en el juicio oral usted no es capaz de demostrar que eso es una prueba, pues se quedó con la duda. 

[Leonardo]: Según Jhon, por la forma como la Fiscalía manejó el proceso, los testimonios de las víctimas definitivamente no sirvieron, y tampoco la evidencia que habían recogido en el hotel. 

[Jhon]: Sencillamente nosotros para ese tiempo nos quedamos sin con qué sostener un proceso, y el tipo literalmente se quedó en libertad. 

[Leonardo]: Porque cuatro meses después de haberlos capturado, Ricardo Forero y su primo fueron declarados inocentes. 

Jhon nunca había sido testigo tan directo de la desprotección y vulnerabilidad que vive la comunidad sorda en Colombia. 

[Jhon]: Hace 21 años la Fiscalía no estaba preparada para eso, o sea, para un proceso de semejante envergadura. Es que había una… un desconocimiento total de cómo es un proceso jurídico con una persona sorda. 

[Leonardo]: Y realmente esto no ha cambiado… Jhon asegura que el problema no es solo en la Fiscalía, porque la situación se repite en otras entidades del Estado: la Policía, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, las personerías… y la lista sigue y sigue.  

[Jhon]: ¿Una persona con discapacidad vale menos que un animal? ¿Vale menos que un árbol, así el árbol tenga 500 años? ¿Dónde están los intérpretes de lengua de señas? ¿Dónde están los que atienden a las personas con parálisis cerebral espástica? ¿Dónde están las atenciones especializadas para las personas que tienen autismo? Yo no entiendo porque en este país hay tanto descuido por las personas con discapacidad. 

[Leonardo]: Después de conocer esta historia, quise entender con más detalles qué ocurrió en ese caso de Ricardo Forero y las razones que había dado el juez para dejarlo en libertad. Para eso pedí el expediente al Juzgado 11 Penal de Medellín, pero un mes y cinco días después simplemente me respondieron que no encontraron el archivo de la sentencia. Que no podían ayudarme. 

En la página de la Rama Judicial colombiana, sin embargo, hay varios datos  que revelan lo que pasó después de que Forero quedó en libertad.  El 30 de mayo de 2008, más de dos años después de este caso, fue condenado a 13 años de prisión por un juez del departamento de Bolívar, por el mismo delito de trata de personas. Esa vez sí fue a la cárcel.

En tres ocasiones, Forero pidió libertad condicional, pero todas las veces se la negaron. Teniendo en cuenta el tiempo de la condena, para este momento ya debió haber salido de la cárcel. Traté de buscarlo pero no tuve éxito. En los documentos legales no aparece más información personal, ni siquiera el nombre de su abogado. Cuando les pregunté a Diana y a Jhon por él, me dijeron que no sabían nada. Y aunque no pueden asegurar si su red criminal fue completamente desmantelada, no les parece descabellado pensar que siga explotando personas sordas. 

Pero más allá de los detalles del caso de Forero, tenía varias preguntas para la Fiscalía: ¿Por qué Jhon tiene un contrato como escolta y no como intérprete? ¿Por qué no han contratado a otros? ¿Por qué las personas sordas siguen teniendo los mismos problemas de acceso a la justicia? ¿Por qué no se le ha dado prioridad a defender los derechos de las personas con discapacidad? 

En una primera respuesta me dijeron que contactara al mismo Jhon. Les respondí que ya había hablado con él sobre esto, que quería una respuesta oficial de la institución. Me dijeron que les enviara un cuestionario detallado y así lo hice, pero terminaron reenviándoselo a Jhon. 

Para él es frustrante. A pesar de que sigue vinculado a la Fiscalía le es difícil disimular ese agotamiento… Lo que siempre ha pedido para la población sorda no es imposible, ni siquiera utópico: es básico. 

 [Jhon]: Todo lo que he pedido siempre es que se garanticen los derechos de la Convención de los Derechos de las Personas con Discapacidad. En cada uno de los espacios, en el jurídico, en el laboral, en el académico, en el cultural. Yo no he tirado la toalla pero sí ya dejé de insistir tanto. Porque la verdad, me cansé, viejo. Hay momentos en los que uno se cansa.

[Leonardo]: Se cansó de no ser tomado en cuenta. De sentir que parece no importarles. Claramente no se puede comparar al mismo nivel, pero esa frustración de Jhon es probablemente solo un fragmento de lo que sienten las personas que interpreta. Y quién sabe cuántos años más van a pasar hasta que Jhon deje de ser el único intérprete.

[Daniel]: Jhon no sabe cuándo terminará de trabajar en la Fiscalía, pero cuando se retire quiere crear una ONG que acompañe y ayude a personas sordas. En este momento está estudiando para tener el título profesional de intérprete de lengua de señas. 

En Colombia, según la Organización Mundial de la Salud, hay más de medio millón de personas sordas. Es imposible saber cuántas de ellas usan la lengua de señas colombiana como primera lengua.

Leonardo Botero es periodista, vive en Medellín. Coprodujo esta historia con David Trujillo, productor de Radio Ambulante. Vive en Bogotá. 

Esta historia fue editada por Camila Segura, Luis Fernando Vargas y por mí. Desirée Yépez hizo el fact-checking. La música y el diseño de sonido son de Andrés Azpiri. 

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Nicolás Alonso, Lisette Arévalo, Aneris Casassus, Emilia Erbetta, Fernanda Guzmán, Camilo Jiménez Santofimio, Rémy Lozano, Ana Pais, Laura Rojas Aponte, Barbara Sawhill y Elsa Liliana Ulloa. 

Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

Créditos

PRODUCCIÓN
Leonardo Botero y David Trujillo


EDICIÓN
Camila Segura, Luis Fernando Vargas y Daniel Alarcón


VERIFICACIÓN DE DATOS
Desirée Yépez


DISEÑO DE SONIDO/MÚSICA
Andrés Azpiri 


ILUSTRACIÓN
Laura Pérez


PAÍS
Colombia


TEMPORADA 11
Episodio 20


PUBLICADO EL
02/15/2022

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