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Transcripción: Recién llegados


Daniel Alarcón: Hey, un mensaje para los músicos que nos siguen. Escuchen bien: NPR Music ha convocado un concurso que se llama Tiny Desk Contest. La idea es encontrar un músico que no tenga contrato para que toque en los estudios de NPR, en Washington, y que haga una gira por Estados Unidos con NPR Music. Graba un video de tu grupo tocando una canción original y mándalo antes del 29 de enero. Para más información, vayan a npr.org/tinydeskcontest

 

________

 

Vienen grandes cambios aquí en Estados Unidos. En unos días un nuevo presidente asumirá el cargo en Washington, un presidente que hizo campaña y ganó, en parte, atacando a los Latinos y a los migrantes latinoamericanos.

 

Entonces aquí en Radio Ambulante queríamos entender mejor este fenómeno. Es que sabemos que muchas veces la retórica política no tiene relación con la realidad. En este caso queríamos entender quiénes eran algunos de estos migrantes, jóvenes latinos, que fueron blanco de tantos ataques durante la campaña.

 

La semana pasada conocimos a varios, menores de edad no acompañados, varados en México. Son historias duras, complicadas. Pero obviamente algunos sí logran seguir el viaje, esa ruta hacia el norte. Y  entonces esta semana: ¿Qué pasa con los que sí logran cruzar la frontera? ¿Cómo es esa llegada a Estados Unidos?

 

Y para responder esa pregunta nos fuimos al norte de California. Es mayo del 2016. Las últimas semanas del colegio en Oakland International High School.

 

Silvia: De afuera se ve, pues… digamos como un colegio normal en cualquier ciudad de Estados Unidos. Es un edificio mediano, de concreto, común y corriente. Y los alumnos igual: son adolescentes típicos, mirando sus celulares…

 

Diana: Óscar, ¡ayúdame! Tú sólo con el teléfono pasas…

 

Óscar: Ahí te voy a tomar una foto yo.

 

Silvia: …apurándose para llegar a la clase, coqueteando…

 

Alumna: …y en Messenger está. Y va a tomar una foto…

 

Daniel: Pero digamos que este no es un colegio cualquiera. Hay algo que lo distingue de los otros colegios de la ciudad.

 

Silvia: Exacto. A este colegio sólo van estudiantes que llegaron hace poco a Estados Unidos. Recién llegados. Vienen de todas partes, de más de 30 países. De Afganistán, de Yemen, de Burma…

 

Daniel: Y, claro, bastantes de Latinoamérica.

 

Silvia: Sobretodo Centroamérica. Todos escuchamos esta noticia:

 

Presentador: Les contamos que sólo en agosto de 2015 más de 36 mil menores de edad, en su mayoría centroamericanos, fueron detenidos por las autoridades fronterizas en Estados Unidos de Norteamérica mientras intentaban ingresar solos hacia ese país.

 

Silvia: Ok. Legalmente sí, son migrantes. Pero dada la situación en muchos países de Centroamérica, quizá sería más apropiado llamarlos refugiados.

 

Daniel: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón.

 

Silvia: Y yo soy Silvia Viñas.

 

Daniel: Silvia pasó varios días en Oakland International High School para conocer a algunos de estos jóvenes centroamericanos. Porque sí, todos hemos escuchado de la crisis migratoria, de los jóvenes que se montan a la Bestia y que cruzan el desierto y llegan solos a Estados Unidos.

 

Silvia: Pero quería saber cómo sobreviven, cómo se adaptan una vez que ya están aquí y cómo la vida que dejaron atrás los sigue afectando.

 

Bueno, esta historia comenzó con una profesora: Adela Toledo. Ella es maestra de biología y nació en Ecuador. Y aunque muchos profesores de esta escuela hablan español, Adela es la única latina inmigrante. En octubre del 2015 nos escribió un email para contarnos sobre sus alumnos. Unas semanas después, logramos hablar por Skype.  Y me contó del día que le había preguntado a sus alumnos…

 

Adela: “¿Por qué saliste de tu país, qué te gusta de Estados Unidos?”

 

Silvia: Y le contaron sus historias de por qué tuvieron que escaparse de sus países.

 

Adela: Y por qué tuvieron que reunirse con amigos y venir… o llegar acá y venir a buscar a su mamá o a su papá o tía o…

 

Silvia: Y esas historias la sorprendieron. Aunque había hecho su práctica ahí, era su primer semestre como profesora de tiempo completo y todo era un reto. Entre los alumnos había de todo:

 

Adela: Algunos como que se están acoplando a mi, se están acoplando a mis reglas.

 

Silvia: Mientras que a otros les costaba mucho esfuerzo acoplarse…

 

Adela: …a todo: a este país, a mis reglas, a las reglas de la escuela… Ahora creo que con unos les puedo decir: “siéntate y empieza a hacer esto”. Pero cuando recién empecé, no.

 

Silvia: De hecho, el primer día de clases un alumno agarró su celular y empezó a llamar por teléfono, a caminar por la clase tomando fotos.

 

Adela: Y yo le dije “no, digo, o sea, tú sabes que ésta es la escuela y el celular es una de las primeras cosas que está prohibido”.

 

Silvia: Y Adela le dijo que guardara el celular si quería estar en la clase. Pero no se esperaba la respuesta que le dio:

 

Adela: Y me dijo: “Entonces no quiero estar en esta clase. Y tú no tienes porqué decirme nada, yo ni siquiera te conozco”.

 

Silvia: Y el chico se fue.

 

Ese día que les preguntó a sus estudiantes de dónde venían y por qué fue toda una revelación para ella. Claro, había escuchado las noticias, sabía que las cosas en algunos países de Centroamérica no están bien. Pero escucharlo de ellos mismos era otra cosa. Le impactó muchísimo. Cuando hablamos un mes después, en noviembre, me dijo que la relación con sus alumnos había empezado a mejorar.

 

Adela: Siento que ahora estoy recién entrando a una etapa en donde ya no tengo que estar: “por favor, cállate” o “por favor, siéntate” o “¿por qué estás allá?”, o sea…

 

Silvia: Y además, desde esa conversación con sus alumnos, sentía que los entendía mejor.

 

Adela: Muchos de ellos tienen como una máscara puesta y no se quieren mostrar o no quieren mostrarse… no quieren mostrar su debilidad o… Y como han vivido cosas bien feas muchos de ellos, su manera de protegerse es alejarse o causar problemas.

 

Hombre: Alright, let’s go! Let’s go!

 

Hombre 2: Welcome, we got new seats, so take a look.

 

Silvia: Meses después pude visitar el colegio. Estaba buscando a esos “estudiantes con máscaras” de los que habla Adela, y conocí a Ángel, uno de esos chicos que le había costado adaptarse.

 

Ángel: Mi primer día de clases fue algo raro, no sé… porque me sentía diferente, pues, por el idioma. No me sentía como que estaba conectado con las personas.

 

Silvia: No le hablaba a nadie. Dice que estaba siempre solo.

 

Ángel: Siempre que alguien me hablaba, me decía algo, pues era como enojado y todo. No quería estar aquí.

 

Silvia: Para sus profesores era obvio que algo andaba mal. Muchas veces discutía con ellos y terminaban mandandolo a la oficina de Ms. Sailaja, una de las directoras del colegio.

 

Sailaja Suresh: Conozco bien a Ángel David porque él estaba en mi oficina muchas veces su primer uno o dos años. Él estaba muy enojado con el mundo.

 

Silvia: Para Ángel era difícil adaptarse a las reglas del colegio. Y él no es el único, claro.

 

Sailaja: Tenemos todo el trabajo de enseñar no solamente ciencia y inglés, pero también todos los diferentes reglas.

 

Silvia: Así me lo explicó otra persona que trabaja en el colegio: imagínate que acabas de viajar solo, por uno o dos meses, cruzando todo México. Imagínate que eres Ángel. Y ahora llegas a un colegio donde te prohíben caminar dos cuadras para ir a McDonald’s durante el almuerzo.

 

Me consta que, además, Ángel no es el chico más hablador. Pero en el otoño del 2015, Ángel sorprendió a todos cuando hizo una presentación, en inglés, para maestros, consejeros y otros adultos de la comunidad. Traté de conseguir un video de esa presentación, pero me dijeron que lamentablemente no lo filmaron. Pero me contaron un poco cómo fue. Y, sobre todo, del impacto que tuvo.

 

Ahí, adelante de más de unos 15 adultos, contó su historia.

 

Ángel: En mi presentación hablé sobre por qué me vine, cuáles eran los momentos difíciles en México, cómo me sentí cuando llegué a Estados Unidos, cómo me sentí en la escuela…

 

Silvia: Fue la misma historia que me contó a mí. Y es impactante.

 

Ángel tiene sólo 17 años y nació en El Pedernal, un pueblo al norte de Tegucigalpa, en Honduras. Nunca conoció a su papá y, cuando tenía 12 años, su mamá se fue de Honduras a España. Ángel empezó a vivir con su abuela, pero al año siguiente su abuela se murió. Entonces se quedó solo. Dejó el colegio y una familia del pueblo le dio trabajo vendiendo agua. Trabajaba unas cuatro horas al día y seguía viviendo solo. Estuvo así casi un año.

 

Ángel: Ya no aguantaba estar ahí en la casa, ahí solo.

 

Silvia: No ganaba suficiente dinero, no estudiaba. Entonces, como muchos chicos de su pueblo, decidió irse a Estados Unidos, donde vivía una tía. Un amigo lo ayudó a pagar el viaje y Ángel salió de Honduras con un grupo de cinco chicos. Él era el único menor de edad. Tenía sólo 14 años. Los demás ya tenían experiencia con ese viaje. De ahí, todo lo que me contó Ángel parecen imágenes sueltas de una pesadilla:

 

Ángel escondiendo el poco dinero que llevaba…

 

Angel: …en bolsitas plásticas y lo metíamos a la boca.

 

Silvia: La Bestia, ese tren asesino que cruza México.

 

Ángel: He visto muchas personas que han quedado sin una mano, sin un pie o sin una parte de su cuerpo.

 

Silvia: Los Zetas.

 

Ángel: Andan cobrando como el ride del tren. Y si usted no anda dinero, pues obvio que lo van a tirar o lo van a matar.

 

Silvia: Vio muertos, sintió mucho miedo, pero finalmente cruzó la frontera y se entregó.

 

No lo deportaron por ser menor de edad. Pasó una noche en una “hielera”, que es como un cuarto muy frío donde suelen meter a los migrantes antes de llevarlos a un centro de detención más permanente. Y finalmente después de un tiempo en un centro para menores, llegó a Oakland. Desde su salida de Honduras hasta llegar a la casa de una tía en California, habían pasado casi dos meses. Poco después de llegar a Oakland entró al colegio.

 

Muchos maestros con los que hablé se referían a esa presentación que mencioné antes como un punto de quiebre para Ángel, algo que marcó un antes y un después. Esta es Lauren Markham, que trabaja en el colegio, y coordinó el evento:

 

Lauren Markham: Cuando Ángel David estaba hablando… Oh, my God, I mean… yo fue… lloré. I mean, yo no pude mover[me]. Y este salón fue callado cuando él estaba contando su historia.

 

Silvia: Y este es Cormac Kilgallen, que es parte de la administración del colegio:

 

Cormac Kilgallen: Yo creo que fue duro para él. Fue un momento en que yo pude ver como un cambio en él. De verdad que fue un catársis para él, ¿no?

 

Silvia: Esos días que estuve en Oakland pensé bastante en esas máscaras que mencionaba Adela, la profesora ecuatoriana. En el caso de Ángel, quitársela de manera tan pública fue muy importante.

 

Ángel: Miré como que le gustó a las personas. Y antes pensaba que “es sólo una historia y sí, a nadie le va a importar”. Y pues ahora miro que… que sí, a alguien le importa.

 

Daniel: Y eso, algo tan pequeño, puede cambiar todo. Una pausa y volvemos.

 

[MIDROLL]

 

Daniel: Voy a ser muy honesto: escucho las noticias casi por obligación moral. Pero me deprimen profundamente. Una manera divertida de mantenerme al día es escuchando Wait, Wait, Don’t Tell Me, el quiz de noticias de NPR. Es chistosísimo y muy enganchador. Y para el fin de semana del 14 de enero el actor Tom Hanks será el invitado especial. Escúchalo en NPR One o en npr.org/podcasts

 

Están escuchando Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Nuestra productora Silvia Viñas estuvo en Oakland, California, en un colegio llamado Oakland International High School. Y la idea era…    

 

Silvia: …conocer de cerca cómo se adaptaban los estudiantes centroamericanos, pero específicamente los que habían llegado a Estados Unidos solos. Entonces…

 

Adela: All eyes on Sarah, please.

 

Silvia: En mi segundo día visité a la clase de biología que enseña Adela. Estaban en las últimas semanas de clase y los estudiantes tenían que terminar unos trabajos sobre el ciclo del agua.

 

Adela: Rain, so we have rain. First water comes from the rain. Now you can continue, David Hernández.

 

Silvia: El chico que acaba de mencionar, David, es de San Salvador. Tiene 16 años. Llegó a Estados Unidos con su hermano en el verano del 2014. Su papá ya estaba aquí.

 

David: Pues mi papá se vino porque tenía muchos hijos y él creía que no les iba a poder dar un buen futuro. Y por eso él decidió venirse cuando yo tenía… no estoy seguro si yo tenía un año o iba a cumplir un año.

 

Silvia: Por años, cuando su papá llamaba, les preguntaba si querían irse a vivir con él a Estados Unidos. David decía que no.

 

David: Yo sentía que iba como a dejar mi vida atrás y pues no quería dejar… principalmente a mi familia, a mis abuelos, porque ellos ya están como más viejitos.

 

Silvia: Pero su barrio se había vuelto demasiado peligroso y sabía que, tarde o temprano, tendría que irse. A veces escuchaba balaceras en la noche, entre la mara –o pandilla– que vivía en su comunidad y la mara rival.

 

David: Hay mucha delincuencia, muchas maras. Y pues a diario hay muchas muertes.

 

Silvia: Ninguno de sus amigos se unió a las maras y a él todavía no habían tratado de reclutarlo. Pero sí sabe de un chico que se unió. Y David me contó que eso es lo que su papá quería evitar: que las maras trataran de reclutar a David y a sus hermanos. Entonces llegó un punto en que su papá tomó  la decisión por él.

 

El viaje a Estados Unidos lo hizo con su hermano y un amigo. David tenía sólo 13 años. Siempre iban en grupo con otros migrantes y con alguien que estaba a cargo: diferentes guías o coyotes que los llevaban de un punto a otro en auto, en autobús, en tren. Dormían en hoteles, en casas abandonadas.

Cruzaron el Río Grande en una balsa, después de más de un mes de haber salido de El Salvador. Y del otro lado, en Estados Unidos, después de que los agentes los agarraron, pasaron por diferentes centros de detención, por un albergue para menores… Hasta que llegó el día que tenían que viajar para reencontrarse con su papá. Se fueron en avión desde Houston, Texas, hasta Oakland.

 

David: Ya íbamos llegando y al momento de aterrizar nosotros sentíamos “¡Oh, ya vamos a llegar con mi papá!” y así. Con mi hermano nos alegrábamos y sólo nos poníamos a pensar que qué vamos a hacer cuando estemos allá y cosas así.

 

Silvia: El reencuentro fue lindo. Estaba feliz de ver a su papá, pero al principio…

 

David: Yo ya no sabía cómo hablar con él o sobre qué.

 

Silvia: En realidad, nunca había vivido con él. Sólo los había visitado en El Salvador una vez, por corto tiempo, cuando David tenía unos 12 años. Entonces, claro, adaptarse a vivir con su papá y con su esposa no iba a ser fácil.

 

David: Y ya, él nos decía que teníamos que hacer la limpieza. Al principio nos decía como tranquilo, pero después como más… más fuerte y así.

 

Silvia: Y ellos le contestaban con el mismo tono. Puede parecer una escena muy cotidiana: un adolescente discutiendo con su papá sobre las tareas de la casa. Pero recordemos que, en este caso…

 

David: …no lo conozco así del todo. Hasta el momento creo que no nos conocemos completamente con él. Y, bueno, nunca me imaginé cómo iba a ser.

 

Silvia: David me contó que las cosas habían mejorado, en parte porque llegaron sus otros hermanos desde El Salvador. Dice que ya se sienten más como una familia. Además, ahora ya ayudan más con la limpieza. Pero todavía le cuesta hablar con su papá.

 

Adela me había contado que David aprendió inglés muy rápido, que tenía un nivel académico muy bueno, pero que a veces tenía que pedirle que saliera de la clase porque es muy inquieto. Él mismo lo reconoce.

 

David: Lo peor que yo tengo creo que es que hablo mucho. No puedo quedarme mucho tiempo sentado. Y creo que le molestaba a ella y…

 

Silvia: Pero Adela ve que David ha progresado mucho.

 

Adela: Todavía se levanta de su puesto y todo, y le digo “¡Regrésate!”. Pero antes era una pelea: “¡No quiero! ¿Por qué me tengo que ir? Y no me voy. Y no me importa si me mandas a la oficina”. En cambio ahora: “regrésate, regrésate”. Y ya se regresa.

 

Silvia: Adela ha hecho un esfuerzo por acercarse a él, y parece que está funcionando.

 

David: Me aconsejaba siempre. Me aconsejaba, me decía “quédate después de la clase que tengo que hablar con vos”.

 

Adela: Ahora sí realmente se le ve que está tratando lo mejor.

 

David: Antes cuando yo hacía algo malo ella siempre me decía que yo tengo muchas oportunidades aquí y que tengo que aprovecharlas.

 

Adela: Y ahora, por ejemplo, se ganó un premio porque sacó buenas notas. Y enseguida vino a mi clase: “¡Miss, miss, le quiero mostrar algo, le quiero mostrar algo!”. “¿Qué pasa?” Y me muestra: “Mire lo que me saqué”.

 

Silvia: David me dijo que su sueño es llegar a nada menos que a MIT, una de las universidades más prestigiosas del mundo. Quiere estudiar robótica.

 

Óscar: Es el proceso del water cycle, del ciclo del agua.

 

Silvia: Éste es Óscar, otro estudiante de biología de Adela. Como David, también es de El Salvador, aunque no de la capital. Y cuando le pregunté a Óscar por qué se fue de El Salvador, su respuesta fue muy parecida a la de David: las maras.

 

Óscar: En lo que más me afectaba era en la parte de mi estudio porque… en la zona donde yo vivo era una pandilla y en la zona donde iba a estudiar era de otra pandilla.

 

Silvia: No es una exageración decir que si quería ir al colegio se estaba jugando la vida.

 

Óscar: Si vienes de una zona contraria, dicen ellos, es como que seas parte de la pandilla. Y entonces eso no lo permiten ellos y pues matan a los que llegan a la diferente zona de las otras pandillas.

 

Silvia: La mara que estaba en su comunidad trataba de reclutarlo a él y a sus compañeros. A algunos que decían que no, los mareros les pegaban. Y a otros, como dice Óscar, los desaparecían.

 

Óscar: Llegaban por medio de compañeros que ya eran parte de ellas. Y pues nada, nos decían que la vida ahí era muy buena, que no tuviéramos miedo, que nada iba a pasar, que todo ahí era pues muy bueno. Nomás teníamos que hacernos a las reglas de ellos.

 

Silvia: Y no, Óscar no quería someterse a esa vida pandillera. Y lo comenzaron a molestar.

 

¿Te amenazaban?

 

Óscar: Sí, que no querían que volviera a llegar ahí, pues… como mi padrastro es policía en mi país, entonces eso es más aún todavía.

 

Silvia: Aquí me explicó algo que me sorprendió: entendí que ser familiar de un policía puede aumentar el riesgo. Pero paradójicamente también lo hace más atractivo para algunas maras. Quieren conecciones con la policía. Aprovechan ese contacto.

 

Óscar: Pues ellos pensaban que se les haría como más fácil para obtener cualquier cosa, ellos teniendo familiares así.

 

Silvia: Entonces si quería seguir estudiando y no ingresar a la mara tenía que irse del país. La idea de irse a Estados Unidos vino de su mamá y de un tío que vivía en Estados Unidos. Óscar no quería irse, pero…

 

Óscar: En parte les daba la razón porque sabía que también ellos sufrían cuando yo salía en la mañana hacia mi instituto, pues no sabían si iba a regresar o qué.

 

Silvia: Su tío que vive en Estados Unidos se encargó de planear el viaje de Óscar. Un día de mayo del 2015, su mamá lo llevó a encontrarse con la persona que iba a sacarlo a él y a otros migrantes de El Salvador.

 

Óscar: Yo nunca había estado lejos de mi familia, con personas completamente desconocidas. Pues me sentía… no sé, bien raro estando ahí. Pues no sabía qué es [a] lo que me iba a enfrentar ni nada.

 

Silvia: Tenía 16 años y el viaje, como para Ángel y para David, fue muy difícil. Duró como un mes. En un punto tuvo que pasar horas dentro de la parte de atrás de un camión, donde llevan la carga, completamente a oscuras con muchísimo calor. Una vez en Estados Unidos pasó por un centro de detención para migrantes en Texas y después lo llevaron a un centro para menores en Nueva York. Estuvo casi tres meses ahí. Hasta que el 5 de septiembre del 2015 llegó a Oakland para encontrarse con su tío, con quien vive ahora.

 

Óscar: Después de todo lo que había pasado venían los nervios de qué iba a hacer en una escuela diferente, con otro idioma, y así.

 

Silvia: Llevaba solo dos días en Oakland cuando comenzó su nueva escuela.

 

Óscar: Todos se me quedaban viendo diferente, bien… Gracias a dios encontré a un amigo. Creo que fue… ha sido el que más me ha echado la mano aquí. Es salvadoreño y me acuerdo que estaba allá yo solo sentado, pues no le hablaba a nadie. Me dijo: “¿Qué onda, de dónde sos?”. Le dije ”Salvadoreño”. ”Yo también”. Y pues así nos hicimos amigos. Y pues hasta hoy es uno de mis mejores amigos.

 

Silvia: Óscar me dijo que entre los estudiantes latinos se entienden.

 

Óscar: Todos hemos pasado por lo mismo. Sabemos parte de lo que han vivido todos acá. Todos saben de lo que ellos pasaron en su viaje. Todos hemos dejado a nuestras familias atrás para poder tener… se podría decir un mejor futuro.

 

Silvia: Y eso es lo que más extraña Óscar: a su familia.

 

Diana: Óscar, ya deja tu teléfono. Hoy no vas a estar con tu teléfono.

 

Óscar: Es mi mamá, Diana.

 

Diana: Te lo voy a quitar yo.

 

Silvia: Mientras hacía su trabajo para biología, a Óscar le llegaban mensajes a cada rato. Y es que Óscar está en contacto constante con su mamá.

 

Óscar: Hacemos videollamadas: ella me llama, yo le llamo, Facebook. Con mi hermana igual. Hay veces que mi hermana está aburrida, me llama: “¿qué estás haciendo?”. Y así.

 

Silvia: Les manda mensajes por Facebook y por Whatsapp durante el día para contarles cómo está. Las dos, y su hermana pequeña, todavía están en El Salvador.

 

Una mañana de las que pasé en el colegio, mientras esperaba a alguien que iba a entrevistar, alcancé a oír a un grupo de estudiantes que estaba cerca mío. Se veían como cualquier otro grupo de adolescentes que uno encuentra en cualquier lugar. Estaban con sus celulares, mirando Facebook. La diferencia es que estos adolescentes se mostraban unos a otros las fotos de los familiares que habían dejado en sus países.

 

Quiero notar algo que seguramente se han dado cuenta: en esta historia sólo hemos contado la historia de tres chicos. También hay muchas chicas que hacen el mismo viaje, claro, pero en esos días que estuve en Oakland International High School ninguna chica que conocí quiso contarme su historia. Y es que, claro, para ellas el viaje es aún más peligroso. Según Amnesty International, seis de 10 niñas y mujeres migrantes sufren algún tipo de violencia sexual mientras tratan de llegar por tierra a Estados Unidos.

 

Entonces si estos niños y niñas centroamericanos tienen que enfrentar tantos peligros en el viaje, ¿vale la pena? Le pregunté eso a Ángel, a David y a Oscar. No son representativos, sino sólo tres voces de un lugar específico. Tres voces entre los miles y miles de jóvenes que han llegado en los últimos años.

 

Óscar: Pues la verdad creo que sí vale la pena.

 

Ángel: Si me deportan sin antes haber conseguido los papeles o algo así, pues tal vez lo volvería a hacer.

 

David: Yo creo ya empecé una nueva vida aquí y pues hay que seguir lo que uno empieza.  

 

Daniel: Y, Silvia, ¿con qué te quedas de esta experiencia?

 

Silvia: Bueno, me quedo con esto que me dijo Adela:

 

Adela: Vienen de guerras o vienen sufriendo hambre o vienen… viajan en condiciones horribles o vivieron sus vidas solos en sus países o… O sea, son… cada estudiante trae una historia. Y con esa historia, depende de la historia, también traen sus traumas, como cualquier persona. Pero yo siento que los traumas de ellos son bien… o sea, cuando realmente me siento y me pongo a pensar en la vida de ellos… O sea, es increíble las cosas que han tenido que vivir para estar aquí y seguir echándole ganas.

 

Daniel: Como Ángel, Óscar y David hay miles. En los primeros seis meses del 2016, más de 30 mil menores no acompañados fueron detenidos en la frontera.

 

Silvia Viñas es editora de Radio Ambulante.

 

Gracias a Jean Yamasaki del East Bay Sanctuary Covenant, a Adela Toledo por mandarnos ese email, a Miguel Ángel Astudillo y a todos los de Oakland International High School que de alguna manera nos ayudaron con esta historia.

Camila Segura y yo la editamos. La música es de Luis Maurette. El resto del equipo incluye a Luis Trelles, Fe Martínez, Elsa Liliana Ulloa, Barbara Sawhill y Caro Rolando. Nuestros pasantes son Emiliano Rodríguez, Andrés Azpiri y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO.
Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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