El caso de las hermanas que declararon contra Orlando Gaitán

El caso de las hermanas que declararon contra Orlando Gaitán

Alerta de spoiler: A continuación compartimos la historia de las que llamaremos Paula y Mila, dos hermanas que fueron fundamentales en el caso legal contra Orlando Gaitán. Contiene detalles importantes del episodio 13 lunas [Parte 2]. Si no lo han escuchado, les recomendamos que lo hagan antes de leer esto.

Paula conoció a Orlando Gaitán cuando tenía 17 años. Un profesor de música de su colegio le contó que tomaba yagé y la invitó a una ceremonia a la que iba a asistir. Paula aceptó porque pensó que podría ayudarla: llevaba años sufriendo de depresión y no tenía muy buena relación con sus papás.

Después de tomar yagé con Gaitán, Paula sintió que había encontrado lo que necesitaba. Además, el «taita» había sido muy amable con ella, entonces empezó a acudir con frecuencia a las tomas que él organizaba. Ella le contó su historia con sus padres y él se empezó a acercar y a ganarse su confianza a tal punto que se convirtió en una figura paterna.   

Eventualmente, Gaitán le propuso una especie de terapia personal en la que tocarían otros temas relacionados con su familia, los amigos, las relaciones de pareja, etc. Paula aceptó y, durante meses, salía del colegio directo a su consultorio. Al principio, en las consultas, Gaitán la elogiaba, le decía que tenía potencial para aprender cosas con él. Pero muy pronto esas visitas se volvieron incómodas… Esta es Paula.  

Lo que empezó como un tocamiento terminó con Gaitán quitándole su virginidad. Y esos encuentros sexuales se repitieron una y otra vez, haciéndole creer que eran una especie de rituales en los que supuestamente ella le entregaba su energía pura. Paula llegó a creer que esa energía de alguna manera lo recargaba a él y así, ella ayudaba al resto de la comunidad. 

A pesar del abuso –que ella todavía no lograba entender–, Paula seguía reconociendo a Gaitán como su líder espiritual. Por eso, cuando él le ofreció trabajar en su consultorio, ella aceptó. El trabajo, sin embargo, nunca fue remunerado.

La historia de Paula sigue con la de su hermana, Mila. Ella ya había probado el yagé en la comunidad Carare cuando tenía 12 años: Paula la había llevado para compartir esa experiencia juntas. Años después, Paula la volvió a llevar, esta vez porque estaba preocupada por ella. Mila pasaba meses sumida en tristezas y, al igual que Paula, fue a donde psicólogos que nunca pudieron ayudarla.

Unos meses después de haber vuelto a tomar yagé con Gaitán, se empezó a notar el cambio: Mila se estaba relacionando mejor con la gente, se le veía más alegre y disfrutaba estar en la comunidad. Sin embargo, de un momento a otro, la depresión de Mila volvió a aparecer. Y esta vez era peor. Se le veía como ida, tenía la mirada lejana y perdida. Además tenía trastornos alimenticios, no expresaba lo que sentía y se salió del colegio.

Paula le preguntó a la gente de la comunidad si sabían qué le pasaba pero no supieron responderle. Solo le contaron que el “taita” le había prohibido tomar yagé porque últimamente había tenido reacciones muy agresivas. También le preguntó al mismo Gaitán y su respuesta fue que Mila estaba pasando por una etapa de rebeldía y pataletas de la adolescencia y que tarde o temprano iba a madurar.

Pero la depresión de Mila y sus ataques de pánico tenían otra causa. Gaitán empezó a abusar de ella desde que entró a la comunidad, y al principio le hizo creer que todo se trataba de un tratamiento privado para sanar. Y también la convenció de trabajar en su consultorio en donde abusó de ella –al igual que de Paula– en repetidas ocasiones.

El abuso fue sistemático durante cinco años. Tal y como pasó con su hermana, Mila no entendía que estaba siendo abusada. Su familia no sabía qué hacer, le tenía miedo a Gaitán y hasta creyó el cuento de que era una etapa de rebeldía.

Pero un día Mila explotó y decidió salirse de la comunidad. Y ese día se sintió…

Un tiempo después de haberse alejado de la comunidad, Mila sintió que necesitaba desahogarse. Y lo hizo con la única persona a la que consideraba su amiga: una médica que también había estado en la comunidad pero que se había retirado hacía poco. Cuando se vieron, la doctora ni siquiera la dejó hablar.

Ya sabía lo que Mila le iba a contar.

Para entonces ya había otras mujeres contando que eran víctimas del abuso de Gaitán, y las alarmas se estaban prendiendo. A Mila la derrumbó escuchar eso.

Fue entonces cuando tanto ella como  Paula se dieron cuenta de que ambas habían sido víctimas de Gaitán.

Paula y Mila se unieron al proceso legal contra Orlando Gaitán, y contaron en la corte cómo este hombre las manipuló, las engañó y les anuló su capacidad de decisión. El trauma que les causó Gaitán es tan grave, que aunque la juez les dio la razón y él fue condenado por estos casos particulares, las dos hermanas continúan en un tratamiento psicológico para tratar de entender que el único culpable de todo lo que pasó fue ese hombre.

La mayoría de víctimas en casos como este no denuncian por el miedo a ser señaladas, a que no les crean, a que las terminen culpando por lo ocurrido. Algunas víctimas necesitan de alguien que dé el primer paso para poder hablar. Por eso Paula y Mila están tan agradecidas con Cathy y su mamá, quienes aparecen en la primera parte de 13 lunas, porque fue gracias a ellas que tuvieron la valentía de contar lo que estaba pasando.

Créditos

PRODUCCIÓN
Mariana Palau y David Trujillo


EDICIÓN
Camila Segura, Miranda Mazariegos y Jorge Caraballo


ILUSTRACIÓN
Alefes Silva


PAÍS
Colombia


PUBLICADO EN
10/22/2019

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