Chanchocracia – Transcripción

Chanchocracia – Transcripción

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[Daniel Alarcón]: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. 

Hoy comenzamos con él. 

[Daniel Adum]: Mi nombre es Daniel Adum Gilbert.

[Danie Alarcón]: Daniel nació en Guayaquil, Ecuador. Y es artista desde hace veinte años. Aunque bueno, en realidad él se define más como… 

[Daniel Adum]: Yo creo que más que artista soy un antisistema de alguna forma, ¿no? Soy como un… un extraterrestre, a veces pienso que soy, mhm. 

[Danie Alarcón]: Sus obras no son las típicas que se encontrarían en una galería de arte. Su estilo es un poco más callejero. A ver: pintar un muro con la frase “JAJAJAJA!”, recoger basura de la playa y armar una escultura. Pero también tiene obras más políticas. Por ejemplo, a veces pintaba la bandera de Guayaquil, pero quitándole los colores. En tonos grises, como una suerte de protesta contra el gobierno de turno. 

Cosas así hace Daniel Adum. Y sus obras lo han convertido en un artista reconocido en Ecuador. 

Pero devolvámonos a agosto de 2004, cuando Daniel era un desconocido. Estaba terminando sus estudios en comunicación visual en la universidad y al mismo tiempo trabajaba en una agencia de publicidad. 

Un día y sin previo aviso, sus jefes llegaron a la oficina y anunciaron que todos los empleados debían tomar una prueba escrita. Que era parte de un nuevo protocolo que querían implementar. 

Eran preguntas sencillas, ejercicios para medir sus capacidades para resolver problemas, o cómo se comportarían en situaciones de estrés. Y con las respuestas… 

[Daniel Adum]: Iban a medir la psicología de los trabajadores por medio de su caligrafía. 

[Danie Alarcón]: Pero en vez de llenar el test con su caligrafía común…

[Daniel Adum]: Yo hice una obra tipográfica. Yo hice una cosa, pero rayadísima.

[Danie Alarcón]: Cada letra era distinta: unas más grandes, otras más delgadas, algunas muy pegadas entre sí. Lo hizo para divertirse, pero cuando sus jefes vieron esto…

[Daniel Adum]: Sencillamente dije… me dijeron: “Bueno, pues tienes que irte. Tú no puedes trabajar aquí”.

[Danie Alarcón]: Lo despidieron al instante. A Daniel no le importó mucho, se sentía frustrado con ese trabajo y realmente no le gustaba lo que estaba haciendo. Entonces, sin decir más, recogió los materiales en los que estaba trabajando —impresos y digitales— y se fue.

Unos meses después, una de esas cosas que se llevó pondría a su ciudad, Guayaquil, de cabeza. 

Nuestra productora, Lisette Arévalo, nos cuenta la historia. 

[Lisette Arévalo]: El día de su despido Daniel llegó a su casa y metió todas las cosas que había llevado de la oficina en su estudio, que estaba en el sótano. Ahí era donde él dibujaba, pintaba y hacía experimentos con diferentes materiales, colores y técnicas. Y en esa época…  

[Daniel Adum]: Estaba como de moda este tema de los esténcils. 

[Lisette]: Los esténcils, esa técnica que usa una plantilla para hacer letras, números o dibujos en paredes, en aceras, hasta en camisetas.

[Daniel Adum]: No era una moda tan mainstream. Pero como que empezaba a suceder cosas relacionadas con el street art. Yo ya venía haciendo algunas cosas en la calle. 

[Lisette]: Con más tiempo libre, Daniel se dedicó a experimentar con la técnica. Un día se puso a mirar los papeles que se llevó de la agencia, a ver si encontraba algún diseño que le sirviera para hacer una plantilla. Encontró la imagen de un chancho que se había bajado del internet para el logo de un restaurante. 

[Daniel Adum]: Es un chanchito rosadito, precioso, inofensivo, muy amistoso. 

[Lisette]: El chanchito está sonriendo. De hecho, se parece mucho al de la película Babe, de mediados de los noventas. Ese que es tan adorable. Este que escogió Daniel… 

(SOUNDBITE DE BABE LA PELÍCULA)

[Daniel Adum]: Tiene como una perspectiva especial porque no está completamente de costado, está como en tres cuartos, como en diagonal.

[Lisette]: Hay que describir este chancho. Primero, no es un dibujo animado, no es Porky ni nada por el estilo. Más bien se parece a una foto de catálogo de animales de granja. Lo vemos desde arriba, parado en sus cuatro patas, su cuerpo en diagonal, y como que nos mira. Tiene el hocico apuntando hacia arriba, sus dos orejas paradas, y solo se ve uno de sus ojos. Y también se puede ver una parte de su cola retorcida.

Con esa imagen Daniel empezó a crear su plantilla para el esténcil. 

[Daniel Adum]: Entonces calqué el chancho, lo… lo pasé con papel carbón a la cartulina, más fuerte para que aguante el… el uso.

[Lisette]: Recortó la plantilla y quedó solo la silueta del cerdo: sus cuatro patas, su cola, su hocico y solo se ve una de sus orejas. Era más o menos grande, como la mitad de un pliego de cartulina. Se demoró unos quince minutos en todo ese proceso. 

Luego compró un par de latas de aerosol de colores rosado fosforescente y negro, y llamó a su novia para que lo acompañara a pintar en las calles. 

Era el 9 de octubre de 2004.

[Daniel Adum]: Esperé que sea bastante tarde para que no me vayan a hacer relajo. 

[Lisette]: Para que no se fueran a meter en problemas.

[Daniel Adum]: Era la medianoche, tal vez, y salí a pintar por todos lados, a ensayar, ¿no? A ver cómo funcionaba esta técnica y dale, dale, dale por todo Samborondón. 

[Lisette]: Samborondón es una zona residencial de grandes urbanizaciones a pocos minutos de Guayaquil. En esa época, 2004, había pocas casas, pero la mayoría de los que vivían ahí —como ahora— son de los más ricos de la ciudad. Lo que más había en esa época eran terrenos vacíos con carteles anunciando los próximos grandes proyectos de construcción.

[Daniel Adum]: No había ni un semáforo, no había policías, no había nada. O sea, tú eras dueño y a la noche hacías lo que querías aquí. 

[Lisette]: Era un ambiente ideal para experimentar con los esténcils sin que nadie lo viera o lo molestara. Daniel recuerda esa noche como una de pura diversión. Un tipo de fiesta.  

[Daniel Adum]: En vez de estar chupando y estar pegándote los tragos estás pintando “ajajá”. Y sientes esta especie de como de rush de energía y de adrenalina, de estar pintando en la ciudad, porque sabes que de cualquier manera no es legal y estás dañando el espacio público. 

[Lisette]: Esa noche pintó unos 10 chanchos en postes, señales de tránsito, paredes de casas y terrenos vacíos. Y la pasó tan bien que decidió que seguiría pintando la misma figura en diferentes lugares de Guayaquil. 

Su única intención era practicar su técnica, buscar buenos lugares y ver si los chanchos llegaban a tener algún impacto en la gente.  

[Daniel Adum]: Voy a pintar aquí y aquí, pero estoy seguro que la gente ve esto en el carro y algo pasa. “¿Qué será ese chanchito?” O… o te provoca algo o lo que sea, ¿no? No… no tenía claro qué iba a pasar.  

[Lisette]: Era un experimento sin una hipótesis o una intención clara. Por eso solo le contó lo que estaba haciendo a su novia y a nadie más. 

Durante un mes, Daniel cargó en su auto la plantilla del chancho, una cámara para tomar fotos de los resultados, y latas de pinturas en aerosol negras, rojas y blancas. Colores que eligió porque eran los que más contrastaban con cualquier superficie.

Si encontraba un lugar que le parecía bien ubicado y visible desde los autos, Daniel paraba su carro y se bajaba a pintar el chancho.

[Daniel Adum]: Los chanchos tienen como un circuito que era el circuito por el que me movía, básicamente, ¿no?

[Lisette]: O sea, el trayecto que tomaba para ir a ver a su novia, para irla a dejar, ir a una reunión, ir a una fiesta. 

[Daniel Adum]: En todos esos circuitos, que eran básicamente, eh: Sambo al Centro, del Centro a Urdesa, de Urdesa a Sambo. En todo ese circuito pinté. 

[Lisette]: Sambo, es decir Samborondón. Urdesa y el centro eran unas zonas muy activas durante el día, pero muy desiertas por las noches. Más que nada por seguridad: en esa época las noticias sobre asaltos, robos y secuestros estaban por todas partes y la gente prefería meterse en sus casas y no correr riesgos. 

Poco a poco, la ciudad comenzó a ver a más y más chanchos en las paredes externas de los colegios, de las clínicas, de las casas. Los encontrabas en las entradas a túneles, en monumentos, en señales de tránsito. 

En total, Daniel pintó cerca de treinta chanchos y paró. 

[Daniel Adum]: Yo me canso súper rápido de mí y de las cosas que hago. Hago una y luego hago otra y luego voy cambiando. Toda la vida he sido así. 

[Lisette]: Guardó la plantilla en el sótano de su casa y, para él, ese era el fin de la historia con los chanchitos. 

Y sin más, continúo con otros proyectos de arte. 

Después de un mes más o menos, Daniel estaba en su casa trabajando en su computadora cuando recibió un correo electrónico de su hermana. Era una cadena, de esas que recibíamos a inicios de los 2000 con chistes, mensajes de amistad, o fotos y videos de paisajes con frases cursis, pseudo inspiradoras. No tan diferentes a los mensajes que se viralizan en WhatsApp hoy en día. Pero este era una advertencia. Decía: 

[Daniel Adum]: “Te escribía por lo siguiente, el día de ayer me contaron algo que no ha salido en los medios de prensa, pero que es bueno que lo sepas. Según se dice, en España han asesinado a dos de los líderes de estas pandillas juveniles Latin Kings. Parece ser que el asesino es un guayaquileño de clase alta”. 

[Lisette]: Los Latin Kings, esa pandilla que nació en Estados Unidos, pero que en los noventas se replicó en diferentes países, como Ecuador y España. En esa época se escuchaba sobre ellos en las noticias casi a diario. Los vinculaban a robos de autos, asesinatos, asaltos. En Guayaquil, sobre todo, eran vistos como los responsables de cualquier acto violento en la ciudad. 

El correo continuaba: 

[Daniel Adum]: “El hecho es que integrantes de esta banda se han venido desde España y se han unido con los que ya estaban acá y se rumora que van a tomar represalias contra cuatrocientos guayaquileños: doscientos por cada muerto”. 

[Lisette]: Decía que los pandilleros estaban dibujando en las paredes perfiles de chanchitos de tres colores y que cada uno tenía un significado. 

El negro… 

[Daniel Adum]: “Significa muerte.” 

[Lisette]: El rojo… 

[Daniel Adum]: “Significa violación.”

[Lisette]: El blanco… 

[Daniel Adum]: “Significa susto. Entre paréntesis, solo se los va a asustar.”

[Lisette]: Luego, el correo decía que todo Samborondón estaba lleno de esos dibujos. Y terminaba:

[Daniel Adum]: “En realidad no sé si será cierta toda esta historia, pero de todas formas vale la pena tener precaución”. 

Era como guau, qué cague de risa. ¡Qué… qué loco! ¿Cómo puede la gente llegar a pensar esto… esta nota? Guau, qué increíble la creatividad de la gente.  

[Lisette]: Daniel trató de rastrear quién había escrito el correo original, pero no logró encontrarlo.

[Daniel Adum]: Esto tenía una cola gigante de replys. O sea, habían ochocientos miles de mails acá abajo y acá arriba. Y eso eran así como bloques enormes de un mail tras otro tan tan tan tan, ¿no?

[Lisette]: Imprimió el correo para tenerlo como recuerdo de lo que estaba logrando su trabajo y dejó la cosa ahí. No le contestó a su hermana ni le dijo que lo que decía el correo era mentira. 

Lo que no sabía Daniel era el terror que estaba provocando este rumor en los guayaquileños. Sobre todo entre los niños y los adolescentes quienes, al recibir el correo, no tardaron en comentarlo con sus amigos y compañeros del colegio. Fue ahí que todo se salió de control.

Le preguntamos a oyentes de Radio Ambulante en Guayaquil, y muchos lo recordaban. Nos mandaron mensajes de voz. Como un teléfono roto, los rumores iban más allá de los Latin Kings. 

[Cristina]: Todos empezamos a comentar lo del correo y sobre los chanchitos.

[María]: Decían que esta pandilla amenazaba con los chanchitos. 

[Marcelo]: Que se supone que eran ritos satánicos.

[José]: Otros decían que era un símbolo de brujería.

[Dyana]: Que el negro un día iba a haber una plaga, que el rojo iba a haber alguna matanza. 

[Arianna]: Una explosión de una bomba, violaciones. 

[Francisco]: En ese momento realmente todos estábamos con temor. 

[Francisco]: Fue un sentimiento de… de angustia, ¿no? 

[Danie Alarcón]: Una pausa y volvemos. 

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[Danie Alarcón]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. Antes de la pausa nos quedamos en el pánico que creó un correo electrónico que comenzó a circular en Guayaquil. Era una alerta: decía que los chanchitos de colores que estaban apareciendo en algunos barrios de la ciudad eran una amenaza de los Latin Kings. 

Pero, en un principio, este pánico no estaba presente en toda la ciudad. Recordemos que Daniel Adum pintó los chanchos en barrios residenciales de familias de clase media y alta de Guayaquil. Y también que era el año 2004 y que el internet no era tan masivo como ahora. Era un lujo que solo algunos se podían dar. O sea, era un susto de las familias más pudientes. En especial para las que tenían hijos que iban a colegios privados, porque fue ahí donde más se regó el rumor. 

Tal vez por esto mismo no tardó mucho en llegar a los medios de comunicación nacionales. Ya para inicios de diciembre de ese año, dos meses después de que Daniel hubiera pintado el primer chanchito, se escuchaba en los noticieros cosas como estas: 

(SOUNDBITE DE NOTICIERO)

[Periodista]: Se investiga la aparición de chanchos dibujados en distintos sectores de Guayaquil. 

[Periodista]: Según dicen la pandilla Latin King ha iniciado un proceso de violencia identificada de una manera muy especial.  

[Periodista]: Las pandillas Latin Kings y Ñetas están enfrentadas y han marcado los territorios donde cometerán delitos. 

[Periodista]: Los dibujos de chanchitos han provocado alerta en los estudiantes.   

[Periodista]: La policía continuará investigando el tema para que retorne la calma a los ciudadanos. 

[Danie Alarcón]: O sea un jóven artista pinta unos treinta chanchitos en la pared porque ajá y en cuestión de semanas estos animalitos son transformados en una amenaza inminente. 

Lisette nos sigue contando. 

[Lisette]: Los medios de comunicación privilegiaron la inmediatez de la noticia por encima de la verificación de la información. Empezaron a hacer varias entrevistas a gente que había visto los chanchos. Como a esta señora.

(SOUNDBITE DE NOTICIERO)

[Señora]: Banda de… de chicos que hacen cosas malas, que han puesto unos signos de chanchos en diferentes lugares de Guayaquil para supuestamente hacer algún daño, pero no se sabe realmente cuál es el meollo del asunto.

(SOUNDBITE DE NOTICIERO)

[Lisette]: Y a estos adolescentes… 

[Chico]: Las personas piensan que en los sectores en donde están los chanchos, supuestamente, van a matar. 

[Chico]: Son grupos que realmente han amenazado tienen en zozobra a la ciudad de Guayaquil, en España y en Estados Unidos.

[Lisette]: También hablaron con las autoridades del gobierno, que pedían a las personas que mantuvieran la calma. Este es el gobernador de la época Efrén Rojas. 

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Efrén Rojas]: Ya he ordenado al coronel Cadena para que disponga de un operativo y que le de seguridad porque hay jóvenes, hay niños, hay niñas y ellos necesitan ser protegidos. 

[Lisette]: Por su parte, el coronel Luis Cadena también salió diciendo que la policía ya tenía un plan de seguridad y de inteligencia. 

(SOUNDBITE DE ARCHIVO)

[Luis Cadena]: Hemos puesto ya personal policial ya en esos colegios  donde pensamos que puede acercarse estos grupos… estos grupos juveniles que están yendo en contra de la ciudadanía ecuatoriana. 

[Lisette]: La policía también fue a los colegios a dar charlas de seguridad e intentar que los estudiantes y sus padres se tranquilizaran. Pero eso no fue suficiente. Las noticias de los chanchos asesinos estaban por todas partes.  

Hablé con varios guayaquileños que eran adolescentes en esa época. Mariella Toranzos, por ejemplo, se acuerda que cuando tenía más o menos 16 años, una noche estaba en una fiesta con sus compañeros del colegio, bailando, tranquilos… 

[Mariella Toranzos]: De repente empezaron como que a sonar los celulares, así, pero urgentemente. Yo recuerdo que le contesté a mi papá y me dijo: «Mira han dado noticia que algo está sucediendo con… con unos chicos y unas pandillas entonces te voy a recoger ahora». Y todos mis amigos pasó lo mismo. 

[Lisette]: Otras personas me contaron que a raíz de los chanchitos sus padres dejaron de darles permiso para hacer cualquier plan: ir a centros comerciales, a fiestas en las casas de sus amigos, al cine. Muchos hasta no querían mandarlos al colegio

Por esto, varios colegios en la ciudad tuvieron que enviar comunicados explicando las medidas de seguridad que estaban tomando. Otros optaron por evacuar a los estudiantes y decidieron suspender las clases por precaución. 

Todo este pánico causado por apenas treinta chanchitos pintados por Daniel Adum. 

Me contaron también que los que seguían yendo a clases lo hacían muy nerviosos. Si veían un chancho pintado en alguna pared en camino a su escuela, se escondían debajo de los asientos del autobús. Como si solo por verlo quedaran marcados como la siguiente víctima. 

Giuliana Dávila tenía 16 años y recuerda que al lado de su parada de bus había un terreno vacío. 

[Giuliana Dávila]: Y en esa pared estaban puros chanchitos entonces cuando nos dejaba ahí el… el bus, todos corríamos a nuestras casas porque nos daba miedo que nos secuestren o pase una bomba o algo. 

[Lisette]: A José Andrés, que también tenía 16, le pasaba algo similar. 

[José Andrés]: Veía los… los chanchos pintados en una casa y más bien uno aceleraba el paso porque no sabía si en ese momento le iban a robar.

[Lisette]: Hasta supe de una familia que se mudó porque había un chancho pintado afuera de su casa. Pero la historia que más me sorprendió fue la que me contó María Silvia Aguirre. En ese momento tenía nueve años y estaba en el coro del colegio. A inicios de diciembre, cuando todo el tema estaba en las noticias, se iban a presentar en un centro comercial.

[María Silvia Aquirre]: Entonces fuimos en el bus desde el colegio hacia allá y en el camino vimos un chanchito negro en una pared y todos empezaron a decir que nos iban a matar en masa mientras cantábamos. Yo traté de ignorar a todos pero era inevitable, estaba asustada y me pasé asustada todo el canto. 

[Lisette]: Imagínense, un grupo de niños tratando de afinar las notas con su voz mientras les temblaban las piernas por el susto. 

Mientras los guayaquileños se asustaban cada vez más con los chanchitos, la mayoría de los medios de comunicación no hizo lo más obvio para resolver el misterio: hablar con la fuente directa, los Latin Kings. Aunque un medio dijo que “consultó” con uno de ellos, no dieron detalles ni sacaron la entrevista al aire.

Por otro lado, dos medios hablaron con la experta en pandillas, Nelsa Curbelo, y esto es lo que respondió:

(SOUNDBITE DE NOTICIERO)

[Nelsa Curbelo]: El dibujo no corresponde a la manera de comunicarse de los pandilleros. Eso está heho con plantillas. Los pandilleros se comunican con graffitis y ponen la firma, que identifica quién está haciendo una amenaza. 

[Lisette]: Pero al parecer, nadie prestó atención a eso. Ya el miedo estaba fuera de control.

Daniel no tenía idea de toda esta cobertura, ni de todo lo que estaba pasando en los colegios, ni del pánico colectivo. A pesar de que el periódico llegaba a su casa, no lo leía, ni veía la televisión o las noticias. No le interesaba. 

Pero el seis de diciembre de 2004 —casi dos meses después de haber pintado su primer chancho— recibió una llamada de El Universo, uno de los periódicos más grandes del país. El reportero le dijo que sabía que él era el autor. Daniel le contestó… 

[Daniel Adum]: No, yo no sé nada. Yo sé quién es y sé que se trata de un proyecto de arte. 

[Lisette]: Les dijo que no podía decirles quién era, pero que el artista lo revelaría pronto, en la sección cultural de la revista de El Universo. Y recalcó una cosa: 

[Daniel Adum]: Es un proyecto de arte y no es nada de lo que están hablando. 

[Lisette]: Lo negó una y otra vez y colgó el teléfono. A Daniel le sorprendió la llamada y no entendía bien cómo lo encontraron. Se le ocurrió que quizás alguien del periódico vio un chancho que Daniel pintó en la oficina de un amigo suyo, preguntó quién era el autor y se lo dijeron. Pero no le dio más vueltas y esa noche se fue de fiesta. 

Al siguiente día, el siete de diciembre… 

[Daniel Adum]: Llegaba de farrear ese día y entré, cojo el periódico, abro entrando desde la farra, ¡pum!, primera plana.

[Lisette]: Una foto grande de dos chanchitos negros que había pintado a la entrada de un túnel. Tenía este título: 

[Daniel Adum]: Policía investiga el origen de grafitis. 

[Lisette]: Daniel comenzó a leer de inmediato. 

[Daniel Adum]: La policía investiga en Guayaquil versiones en torno a gráficos de chanchos pintados en algunos sectores. Y han sido vinculados con supuestas amenazas de pandilleros. 

[Lisette]: Abrió el periódico y buscó el artículo más largo. La nota repetía lo mismo que habían dicho los periódicos y noticieros en los días anteriores: que había un correo electrónico que se difundió entre los jóvenes, que todo era una supuesta venganza de los Latin Kings, que cada color significaba algo distinto, que cientos de guayaquileños estaban destinados a morir, en fin. 

Siguió leyendo, y ahí sí había algo nuevo: su nombre. Decía que en un correo electrónico alguien lo había vinculado con los chanchos, que lo contactaron, pero que negó ser el autor. 

Daniel no lo podía creer. Su primera reacción fue de una felicidad desbordada. 

[Daniel Adum]: Mi sensación fue como de qué bacán, o sea qué… qué bacán, qué locura. Fue como guau, soy lo máximo. ¿No? O sea, lo logré de una manera desproporcionada, como… Imagínate 25 años y con una pintura estar en primera plana del periódico más leído del país. Fue como un logro, ¿no? 

[Lisette]: Pero eso le duró poco. 

[Daniel Adum]: Y obviamente sí sentí un poco como de miedo. Y de what the fuck, ¿no? ¿Qué, qué, qué, qué pasa en esta ciudad?

[Lisette]: Y comenzó a hacerse varias preguntas. 

[Daniel Adum]: ¿Cómo era posible que yo, autor de la imagen, estaba tan plácido en mi casa, mientras una parte de la ciudad estaba muerta de miedo por un chancho pintado en las paredes? ¿Dónde estaba la policía? ¿A qué horas vienen a interrogarme? ¿Cómo se puede ser tan ingenuo para creer la historia que venden los medios?

[Lisette]: Daniel dejó el periódico y se fue a dormir un rato. Pero unas horas más tarde lo despertó su papá porque su tía lo estaba llamando. Ella trabajaba en la alcaldía de Guayaquil. 

[Daniel Adum]: Me dijo: “Dani, por favor, ayúdame. O sea, yo sé que tú sabes, si fuiste tú despreocúpate que nosotros nos vamos a encargar de que tú estés a salvo y que la cosa se libre bien. Pero ayúdame, ¿ya? Dime quién fue”.

[Lisette]: Daniel se quedó en silencio. Por un lado quería seguir con su plan original. Pero por otro, no quería que continuaran el caos y el pánico. 

[Daniel Adum]: Porque no era de ninguna forma de mi interés. Bueno, ya. No, no quiero ni que muera nadie, ni que nadie vaya preso, ni que cierren colegios, ni nada de eso, no es mi interés. 

[Lisette]: Entonces le contestó a su tía. 

[Daniel Adum]: “Ya bueno ya, ya fui yo. Yo pinté esto. No se trata de nada de lo que están hablando. Es una obra de arte, es un proyecto laralalá” 

[Lisette]: Su tía le agradeció y le dijo que no se preocupara, que ella se encargaría de todo. Le pidió que fuera a su oficina al día siguiente muy temprano en la mañana para arreglarlo y le explicó el protocolo que tenía pensado de lo que Daniel tendría que hacer. 

[Daniel Adum]: “Te vamos a mandar con camarógrafos, abogados, seguridad, video para que tú borres todos los chanchos. Vamos a mandar un comunicado a la prensa con las fotos”.

[Lisette]: Además, le dijo que tendría que pagar una multa de cien dólares por daños municipales y pedir disculpas públicas. Daniel aceptó. En parte porque sentía algo de miedo de un posible lío judicial. 

[Daniel Adum]: Pienso claro, si se moría alguien en ese entonces me lo chantaban a mí. O si querían me podían decir que yo era el líder de las pandillas de no sé qué.

[Liette]: O sea, podrían inventarse cualquier historia. Pero pasara lo que pasara, estaba tranquilo.  

[Daniel Adum]: Porque sabía la verdad, ¿no? No estaba pintando con mala fe. “Voy a hacer asustar a todo Guayaquil, jajajajaja”. Si en un momento de mi vida me interesaba alterar el orden público o generar algún tipo de paranoia colectiva, jamás se me hubiese ocurrido la estúpida idea de pintar chanchos en las paredes.

[Lisette]: A las siete de la mañana del día siguiente, Daniel y su novia fueron a las oficinas de la alcaldía para cumplir con la borrada de los chanchos. Los esperaban la tía de Daniel y su equipo de trabajo. 

Cuando entraron a la oficina de comunicación, Daniel vio varios televisores, grabando los noticieros de forma continua. Su tía le dijo que habían grabado todo lo que había salido sobre los chanchos en los canales de televisión y le mostró un poco del material. Era la primera vez que Daniel y su novia lo veían. 

[Daniel Adum]: Desde que empezó a salir en medios y llegó el mail y todo eso ya no lo podía creer. De ahí para adelante todo fue como ¡guau!, una película. 

[Lisette]: Pero se sintió respaldado por su tía. Ella tenía todo preparado para que él no se metiera en problemas. 

[Daniel Adum]: O sea, lo que necesitaba de parte de… de la institución que vaya a llevar el asunto era seguridad, ¿no? Que no me vaya a pasar nada a mí. 

[Lisette]: Porque si alguien podía inventarse una teoría como la del correo y causar un pánico colectivo como ese, cualquier cosa podía pasar en Guayaquil. 

Conversaron por unos minutos más y su tía le contó que la alcaldía había comprado latas de pintura gris para que Daniel pintara encima de los  chanchos y los borrara. Le dijo que un carro lo estaba esperando afuera para llevarlo a todos los lugares donde había pintado y que antes debía pagar la multa. Daniel aceptó. Pagó. Y antes de salir de la oficina su tía le dio una copia de las grabaciones de los noticieros, y se despidieron. 

[Daniel Adum]: Me treparon en un carro del municipio y me llevaron a pasear por toda la ciudad con un abogado, camarógrafo. 

[Lisette]: El camarógrafo iba a grabar todo el acto de la borrada de los chanchos para enviarlo a los canales de televisión. Y bueno, el abogado,pues nunca fue muy claro por qué estaba ahí. Pero Daniel piensa que quizás lo enviaron para que lo observara y así asegurarse de que cumpliera con su tarea.  

[Daniel Adum]: Y yo me sentía como un rockstar, en verdad. Ahí en el municipio, ¿no? Estaba ahí con mi sombrero, mis gafas. Protegido y pintando. Y con cámaras y todo era muy chistoso. 

[Lisette]: Y es que era la primera vez que a Daniel lo filmaban pintando, como si fuera un artista famoso. Pero era diferente, claro aquí lo grababan. 

[Daniel Adum]: Haciendo un acto tan estúpido como pintar de gris. Entonces sí, era un poco como qué gozadera esto, ¿eh?  

[Lisette]: Comenzaron a hacer el recorrido por la ciudad, yendo a los lugares en los que Daniel recordaba haber pintado chanchitos. Y se sorprendió al ver que algunos estaban tachados con una equis, y que otros ya habían sido borrados. 

[Daniel Adum]: Y no sólo los habían borrado, sino que les habían puesto encima un corazón, amor, paz, como mensajes contrarios a lo que la teoría mediática decía.

[Lisette]: Daniel y su novia duraron unas tres horas en borrar los chanchos. Para él, todo esto era un castigo un poco absurdo y hasta infantil. 

[Daniel Adum]: Hasta ridículo me parece a mí. No hacía falta ir a borrar nada. Es solo una manera como de demostrar poder o control. Pero a Guayaquil lo que le hacía falta era que alguien salga y le diga: “No se trata de lo que están hablando, sencillamente es un artista pintando. Listo, a otra cosa”. No había que ir a borrar ni nada ni hacer toda esa espectacularidad. 

[Lisette]: Es más, si la alcaldía quería hacerlo sentir mal por borrar su obra, no lo logró. Daniel ni siquiera sintió nostalgia de borrarlos.

[Daniel Adum]: Porque es un esténcil, ¿sabes? Y lo puedes volver a hacer tan fácilmente. No es una cosa lograda con un nivel de técnica y con tanta paciencia y que me costó hacerlo. Lo hago así (chasquido de dedos), lo hago muy rápido y muy fácil, ¿no? Sabes también que lo que sea que pongas en la calle puede desaparecer así, inmediatamente. Así es la vida, la dinámica del street art

[Lisette]: Cuando Daniel terminó el supuesto castigo, miró su celular y se dio cuenta de que tenía decenas de llamadas perdidas: eran medios de comunicación que querían entrevistarlo. Y es que la alcaldía había enviado un comunicado de prensa anunciando que finalmente había resuelto el misterio de los chanchitos asesinos y revelaron su nombre. Era como si quisieran ponerlo de ejemplo frente a toda la ciudad para que a nadie se le ocurriera hacer algo parecido. 

A sus 25 años, y por accidente, Daniel había logrado algo que muchos artistas se tardan años en lograr: que todos hablaran de él.

[Daniel Adum]: Y sentí también un poco de privilegios al no ser llevado preso. Al no sufrir mayores consecuencias, más que pagar cien dólares y casi, casi ser premiado con lo que la gente llama fama. 

[Lisette]: Daniel aceptó ser entrevistado, pero primero planeó lo que iba a decir. Porque a pesar de que los chanchos eran solo un experimento para practicar su técnica, sentía que tenía que dar una justificación más grande. Pomposa. 

Entonces, aprovechó la oportunidad para criticar algo que siempre le había molestado: la forma de hacer propaganda política en Guayaquil. 

[Daniel Adum]: Si ellos pueden llegar a la ciudad en época electoral y empapelar la ciudad, pintar murales, poner stickers en tus carros sin pedirte permiso, hacer lo que les dé la gana. Yo también puedo salir como ciudadano y pintar mis chanchos y… o lo que quiera.

[Lisette]: Mientras se preparaba para dar entrevistas a Daniel se le ocurrió el nombre del proyecto: Chanchocracia. Y así empezó a conocerse en los medios de comunicación. Me dijo que el nombre salió porque a inicios de los 2000, los políticos adinerados se referían a la “cholocracia” para hablar despectivamente de los políticos sin dinero. Así que tomó ese término y cambió el cholo por el chancho. Nada más.

Y este discurso tuvo acogida en algunos medios. Como en esta entrevista con Carlos Vera, un periodista de política. 

(SOUNDBITE DE ENTREVISTA)

[Carlos Vera]: ¿Y qué es la chanchocracia, Daniel? 

[Daniel Adum]: Yo creo que es una metáfora para… para hablar un poco de esta… este, tipo de gente completamente fuera de… de raciocinio no sé.

[Carlos]: ¿Son los que gobiernan el país? 

[Daniel Adum]: Puede ser de alguna una forma sí. 

[Lisette]: Daniel siguió diciendo que, por la coyuntura política de la época llena de escándalos de corrupción, esta interpretación era acertada. 

Cuando Daniel recuerda estas entrevistas dice que siente que le faltó decir más.

[Daniel Adum]: Creo que me quedé corto en poder explicarlo. No tengo como una buena… como que pude dejar claro todo, porque tampoco para mí estaba tan claro todo en ese entonces.

[Lisette]: Porque cuando salió a pintar su primer chancho no tenía ninguna intención más allá de divertirse. 

Pero quizá lo más absurdo fue la reacción de algunos medios. Recordemos que muy pocos hicieron el mínimo esfuerzo de verificar el significado de los chanchos, corroborando los rumores con los Latin Kings, por ejemplo. Tampoco he podido encontrar a ningún medio que haya investigado el origen del correo electrónico que sembró tanto terror. En cambio se limitaron a criticar lo que hizo Daniel.

(SOUNDBITE NOTICIERO)

[Periodista]: Si causó este joven un caos como el que se produjo, como el que vimos, ¿por qué no avisó desde el principio que se trataba de una manifestación de arte?

[Periodista]: Él no es dueño de la ciudad para poner sus chanchos en la parte pública de todos lados, peor si estamos en la regeneración de la ciudad. En ningún lugar. 

[Periodista]: Sin embargo cuando el señor Adum dice que lo… lo hacía en contra a la suciedad, está ensuciando las paredes señor Adum. 

[Lisette]: A Daniel no le importaron mucho estos comentarios. Después de todo, él sabía que de cierta forma tenían razón porque pintar en las paredes de la ciudad sin un permiso, estaba mal. 

Pero también sabía que realmente lo que les molestaba era el caos que había generado —porque, claro, él no era el primero en grafitear—. Y aunque le da pena pensar en el miedo que sintió tanta gente, él tiene claro que él no tenía nada que ver con eso. 

[Daniel Adum]: Siempre trato de hacer hincapié en eso. El miedo no lo creé yo, el miedo lo crearon ustedes. Yo pinté un chancho. 

[Lisette]: Pero es que en esa época, con lo que se escuchaba sobre las pandillas, los robos y los asaltos, el tema de la inseguridad estaba presente en todos los hogares. Por eso es que el correo electrónico y la teoría tuvieron tanta acogida: respondía a una conversación recurrente entre los guayaquileños. 

Unos días más tarde, a Daniel se le ocurrió hacer camisetas con el dibujo del cerdo y venderlas en el jardín de su casa. Fue ahí que se dio cuenta de que mucha gente no estaba molesta. Al contrario, no dejaban de felicitarlo. 

[Daniel Adum]: Cagados de risa, divertidos: “¡Qué bacán! Lo máximo yo quiero, dame dos, tres para mi hija, para mi sobrina. Estaba muerta de miedo. Yo le voy a llevar para que se asuste y se muera de risa”. O sea, era una gozadera. O sea, los que estaban muertos de miedo después estaban muertos de risa queriendo comprar camisetas. Lo que entendí es que del miedo al consumo hay un paso. 

[Lisette]: Las camisetas se vendieron enseguida y desde ese día Daniel pasó a ser conocido como “el de los chanchitos”. 

[Daniel Adum]: Es como qué bacán haber podido quedar tatuado en la psiquis de esta ciudad de esa forma, ¿no? Con algo tan sencillo como una imagen de un chanchito pintado.

[Lisette]: Y es verdad. Todavía pasa que cuando lo reconocen en las calles, en reuniones o en fiestas, se le acercan para tomarse fotos con él o para contarle cómo vivieron el pánico de la Chanchocracia. Y todos se ríen y ja ja já, y la mayoría se olvida que realmente tuvieron miedo.

[Danie Alarcón]: Hasta el día de hoy no se sabe quién mandó el correo que causó toda esta histeria. Daniel Adum Gilbert escribió un libro sobre lo que ocurrió. Se llama: “La verdadera mentira de la Chanchocracia”.

Lisette Arévalo es productora de Radio Ambulante. Vive en Quito. Este episodio fue editado por Camila Segura, Luis Fernando Vargas y por mí. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri con música de Rémy Lozano. Andrea López Cruzado hizo el fact-checking

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Jorge Caraballo, Aneris Casassus, Victoria Estrada, Xochitl Fabián, Fernanda Guzmán, Miranda Mazariegos, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Desirée Yépez.

Carolina Guerrero es la CEO. Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO. 

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar. 

Créditos

PRODUCCIÓN 
Lisette Arévalo


EDICIÓN
Camila Segura, Luis Fernando Vargas y Daniel Alarcón


MEZCLA
Andrés Azpiri


MÚSICA  
Rémy Lozano


DISEÑO DE SONIDO
Andrés Azpiri


VERIFICACIÓN DE DATOS Y HECHOS
Andrea López Cruzado


ILUSTRACIÓN
Cristian Guzmán


PAÍS
Ecuador


PUBLICADO EN
01/12/2021

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