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Transcripción: El vidente

Planet Money tiene un nuevo proyecto y le han puesto el nombre AT BOTUS. Es decir arroba B O T U S. Nuestros amigos de Planet Money siempre tienen ideas interesantes. En este caso, se trata de un robot que vende acciones en Wall Street en respuesta a los tweets del presidente Trump. Confieso que no entiendo nada de la frase que acabo de decir. Buena razón para escuchar! Aprende sobre este mundo secreto de algoritmos y fondos de Wall Street y ventas automáticas. Aprendamos juntos.

Sigue el proyecto BOTUS en en el app de NPR ONE o en NPR.org/podcasts

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante, desde NPR. Soy Daniel Alarcón. La semana que viene es Semana Santa y en nuestros archivos tenemos una historia muy apropiada para la fecha.

Estamos en Chile, en los años 80, en una ciudad llamada Villa Alemana. En esa época era un lugar pequeño de unos 50 mil habitantes sin mucho que hacer. Los adultos se iban todos los días a trabajar a Viña del Mar o a Valparaíso. Y la ciudad se quedaba prácticamente vacía, en manos de los jóvenes. Uno de estos jóvenes era Álvaro Bisama.

Álvaro Bisama: Tenía un cine, una galería en forma de caracol, unos cuantos bares, un par de pistas de patinaje vacías, se podía recorrer la distancia de la ciudad a pie o en bicicleta, el eje de la ciudad era una línea del tren…

Daniel: Ahora Álvaro es novelista y crítico, vive en Santiago, y ha escrito muchísimo sobre su ciudad natal. Según él, Villa Alemana tenía su encanto

Álvaro: No fue un lugar malo para crecer porque era un lugar que en el fondo era casi como un campo de juego gigante.

Daniel: Y en medio de ese campo gigante, al pie de un cerro, vivía Miguel Ángel Poblete, que se convertiría en el residente más conocido de la ciudad. Era 1983 y tenía 17 años.

Álvaro: Era un chico no muy alto, moreno, con una voz muy delgada, muy aguda, que había pasado su vida en muchos lugares de menores, había sido abandonado por la madre. Era como una de estas figura medias nómadas, pérdidas, que andan por todos lados.

Daniel: Y un día Miguel Ángel salió con sus amigos y subieron al cerro. Algunas versiones de la historia dicen que aspiraron pegamento, que se drogaron, pero en fin… Lo que se sabe es que Miguel Ángel miró al cielo y en ese momento…

La virgen María le habló.

Miguel Ángel entró en trance.

Poco después, la historia llegó a los oídos de un sacerdote local. Él se interesó en el vidente, en Miguel Angel y su milagro. El cura le ayudó a difundir la noticia.

Su lógica era simple: si la virgen podía aparecerse en Fátima, en Lourdes y en otros lugares, ¿por qué no en Villa Alemana?… Milagros suceden en los lugares menos esperados. Poco a poco, empezaron a llegar los creyentes. Veinte o treinta al comienzo, luego cientos, luego miles, luego decenas de miles. Delante de estas multitudes, Miguel Ángel llegaba al éxtasis, y los fieles le pedían que hiciera pruebas.

Álvaro: La voz le cambiaba y en el fondo hablaba y balbuceaba….

Daniel: La aparición de la Virgen ocurría, sobre todo, los fines de semana, pues era más conveniente para la gente que trabajaba.

Álvaro: El pueblo se llenaba de carteles o de afiches fotocopiados donde decía: “12 de la mañana a tal dia la virgen aparece”. Entonces la gente subía al cerro y él veía la virgen y hablaba con ella y ella le decía cosas y él las transmitía.

Daniel: Era el show de la Virgen María, versión Chile, 1983. Y la estrella era, sin duda, Miguel Ángel Poblete, el vidente de Villa Alemana.

Álvaro: Hizo aparecer una caja dorada con hostias. Repartió pétalos que eran las lágrimas de la virgen. Hizo que las rosas contenidas en un recipiente se transformaran en una sandalia de Jesucristo. Le pidió a la gente que lo siguiera, que mirara al sol, que se reclinaran al suelo, que esperarán el fin del mundo. Estampó varias veces un paño con la imagen de Cristo al modo de la Sábana Santa de Turín. Cantó en arameo, yo no se como diablos sabían que eso era arameo…pero canto en arameo. Pidió que lo amarraran en una cruz y  murió y luego resucitó. Al lado de él, las vírgenes de madera o yeso lloraban lágrimas y también lloraban sangre. Levantó a un hombre de 120 kilos. Aseguró que en Rusia explotaría una bomba subterránea. Hizo aparecer más hostias.

Daniel: La iglesia misma estaba escéptica. Y después de abrir una investigación contra Miguel Ángel, en 1984, declararon que el Vidente era una farsa. Aquí el vocero del obispado de Valparaíso lee su declaración ante la prensa:

Vocero del obispado de Valparaíso: “Prohibimos a todo sacerdote de nuestra diócesis cualquier acto de culto en ese lugar…”

Daniel: La dictadura de Pinochet terminaría al final de la década, pero ya se sentía el cansancio, hastío, miedo después de tantos muertos, tantos torturados.

Mientras tanto, cada sábado, Miguel Ángel describía un apocalipsis muy de la época. Tuvo visiones… o más bien premoniciones: terremotos, guerras, la caída de la Unión Soviética, una bomba en el Vaticano. Se declaraba anticomunista, antisocialista y hablaba obsesivamente de una posible invasión rusa. Había algo hasta desesperado en su discurso.

Pero esto no parecía molestarle a los feligreses, que seguían llegando a Villa Alemana, al cerro, con sus peticiones para el Vidente… en las manos.

Álvaro: Esa masa era una masa dócil, no era una masa insurrecta, era una masa que estaba silenciosa en la espera y atenta de lo próximo que hiciera el vidente, o lo próximo que le dijera la virgen. Y de repente esto abre la puerta y cede a un país que es mucho más irracional, que es mucho más complejo, que es mucho más profundo, que es mucho más terrible , que es el país al fondo que el Chile no quiere ver.

Daniel: ¿Pero cómo se explican las visiones que tuvo Miguel Angel? ¿Y cuál era la relación entre la Virgen de Villa Alemana y el régimen de Pinochet? Nadie sabe exactamente, pero hay teorías. Por ejemplo esta:

Álvaro: Al lado de Villa Alemana había una localidad que se llamaba el Belloto donde había una base aérea de la marina chilena, la armada. Entonces mucha gente decía que en las mañanas o los días de los milagros de esa base aérea salían aviones o avionetas que tiraban polvos químicos sobre las nubes.

Daniel: Y según esta teoría, estos polvos provocaban visiones -alucinaciones colectivas. Los que defienden al gobierno de Pinochet siempre lo han negado.

Entre la primera visión mariana y la última pasaron poco más de cinco años. Unas 500 visiones en total. Pero en los últimos meses, ya no llegaban miles, sino cientos de feligreses, y luego, de pronto, todo terminó.

Un día de 1988, Miguel Ángel tuvo su última visión. Pero viviría una transformación más… Se cambiaría de nombre y de género. Comenzó a vestirse de mujer, y decía ser la última heredera de la dinastía Rusa. Se hacía llamar Karole Romanoff.

Un personaje inventado.

Para ese entonces, Álvaro ya era un adolescente. Había crecido con el espectáculo del vidente, con Miguel Ángel, el ícono… y se acuerda de la primera vez que lo vió en carne y hueso. Solo, sin sus creyentes, sin las cámaras… Quizá por eso, no lo reconoció.

Fue una noche en el centro, saliendo del cine con unos amigos.

Álvaro: Nosotros estamos acostumbrados a ver a Miguel Ángel siempre en éxtasis, o camino al éxtasis, o volviendo del éxtasis. Siempre era una imagen donde tenía la cara tensa, los ojos mirando al cielo, la cabeza levemente levantada, la mandíbula hacia adelante, en la posición que siempre era tensa, que nunca podría imaginar nada que fuera algo parecido a la paz, nunca vimos a Miguel Ángel en una situación, como decíamos hace un rato, como civil.

Daniel: Y luego, desapareció de vista. La dictadura se cayó y Chile se olvidó de su vidente. Karole reaparecía de vez en cuando, mencionada en los medios, como una anécdota folklórica de aquellos tiempos.

Engordó. Se alcoholizó. Envejeció rodeada de una docena de sus creyentes más fieles. Mujeres que la cuidaban, que la mantenían. En septiembre del 2008 sufrió una hemorragia digestiva. Pocos días después, en una clínica de Villa Alemana, no tan lejos del cerro donde se hizo famosa, falleció.

Pero según Alvaro, ahí no termina la historia. Quizá Miguel Ángel Poblete se lo inventó todo, con o sin la ayuda del régimen militar, pero sin duda, tuvo un impacto. Cambió vidas: la suya, y las de miles de sus seguidores –la de todo un país. Y años después, aunque la gente quiera olvidarlo, aún se nota.

Álvaro: El cerro está intacto, sigue siendo santuario, sigue estando muy bien cuidado, etc. A veces mi madre me cuenta, o mi padre me cuenta, que al tren que va de Villa Alemana a Valparaíso sube una señora con un pelo púrpura a hablar del vidente. Cuando tu pasas por el centro a veces los sábados puedes ver a mujeres con pelos blancos, señoras con pelos blancos que sabes que van a subir al cerro.

Daniel: Una pausa y volvemos.

Existen miles de podcasts…. Aunque bueno, relativamente pocos en español…

De todas maneras, a veces es difícil saber cuáles valen la pena.

La emisora WAMU junto con NPR tiene la solución. Es un programa que se llama The Big Listen con Lauren Ober. Cada semana te presentan podcasts nuevos que quizás no conocías, y te da todos los detalles sobre los shows que ya escuchas, podcasts como el nuestro…

Busca The Big Listen en el app NPR ONE, o en NPR.org/podcasts

Daniel: Antes de la pausa escuchamos la historia de Miguel Ángel Poblete, conocido como el vidente de Villa Alemana. Su historia es parte de la novela “Ruido” de Álvaro Bisama. Y queremos compartir un fragmento con ustedes. Aquí Álvaro:

Álvaro:

“¿Cómo crecimos?

Crecimos con el sonido de la voz de nuestros padres, viniendo de lejos, convertida en un murmullo sin sentido que nos quemaba los oídos.

Crecimos con la sensación de que había un mundo ahí afuera que se estrellaba con el nuestro. Crecimos con el eco de la guerra sucia. Crecimos con la voz baja de quien habla de muertos. Crecimos con el sonido de la radio de fondo: de cómo las canciones de amor se intercalaban con las bombas, relato de los fosos abiertos, donde los pelos se habían pegado a los huesos y la piel se había retirado de los labios, y todas las bocas estaban abiertas en esa oscuridad húmeda. Crecimos con dibujos animados encendidos siempre, en la espera idiota de que terminaran todos esos programas evangélicos de la mañana.

Crecimos con un tren que pasaba a la hora para ir al puerto. Crecimos con los cerros incendiados de esos veranos tórridos y la escarcha delgada del invierno que el adobe de nuestras casas trataba de tapar. Crecimos levantándonos en la madrugada para subir al cerro a pie con nuestras madres y abuelas. Crecimos entre laminitas de álbumes de robots asesinos. Crecimos con más álbumes, pero de héroes de guerras pasadas.

Más: Crecimos en el polvo de los patios de las escuelas municipales. Crecimos con las llamadas a larga distancia de los amigos de nuestros padres que estaban en el exilio, con esos llamados de madrugada donde alguien sostenía desde Alemania o Bélgica una palanca o un fierro o una moneda trucada en una cabina en una calle cercana a la Alexanderplatz mientras se escuchaban voces en acentos desconocidos detrás de otra voz, la de los tíos o los hermanos de sangre de nuestros padres, y esa era la voz de alguien que no nos conocía pero que nos hablaba con familiaridad desde el retraso de los segundos que demoraba en cruzar los cables varios continentes. Crecimos con eso, con los segundos en que nuestros padres hablaban con sus amigos y trataban de recuperar la cotidianidad que habían borrado los fusiles y los corvos, como si Europa o México quedarán en la otra esquina de la cuadra.

Crecimos; casi siempre quisimos que las bombas estallaran acá, en el centro del pueblo, y el estruendo, de ser posible, nos dejara sordos para siempre.

Nos volvimos fanáticos del rock.

Empezamos a beber en la calle. Conquistamos el centro, que era una versión en miniatura del mundo. Nuestros padres no sabían qué hacer con nosotros. Algunos dejamos de cortarnos el pelo. Algunos nos rapamos las sienes. Algunos nos dibujamos imágenes obscenas en las poleras. Algunos quemamos cabezas de chancho en los potreros e invocamos al diablo. Fuimos a recitales de rock satánico en gimnasios y canchas, en centros vecinales decorados con guirnaldas que servían para bautizos y matrimonios. Dibujamos calaveras en nuestros cuadernos de colegio. Nos vestimos con ropa usada y botas de seguridad de punta de fierro. Llenamos nuestras chaquetas con parches. Empezamos a creer en el diablo o en la nada, en las plegarias sobre el apocalipsis de las canciones de las bandas de death metal, en la idea de que el mundo está regulado por el azar, de que el futuro no existe. Algunos escapamos de ahí. Nos fuimos.

El pasado no nos interesaba. El presente era nuestro. El pueblo nos asfixiaba, pero era lo único que teníamos, la geografía del valle como un mapa de nuestros afectos, como las coordenadas de nuestro corazón. Algunos aprendieron a tocar instrumentos y fundaron bandas. Algunos se pusieron a coleccionar discos. Construimos una mitología ahí, con esos pedazos, con ese sonido. Nos volvimos eruditos en reggae, en ska, en dub. Nos pintamos calaveras bailando en las poleras. No eran calaveras mexicanas. Todos los días era nuestro día de muertos. Faltaban años para el futuro. Nuestras novias y novios nos seguían la corriente. Teníamos peleas de pareja en la calle, de madrugada. Nos agarrábamos a gritos o teníamos sexo de pie, en la pared de esas viejas casas del barrio norte que parecían venir de un pasado colonial que nunca existió.

Era un momento extraño: en cada esquina se ensayaba una versión del futuro.

Vivimos ahí; dentro del ruido. Nos pareció natural.

Daniel: Álvaro Bisama es escritor. Su novela más reciente se llama  El Brujo. Vive en Santiago.

Esta historia fue producida por Nancy Lopez y por mí. La mezcla y diseño de sonido es de Martina Castro y Andrés Aspiri.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Camila Segura, Silvia Viñas, Luis Trelles, Elsa Liliana Ulloa, Barbara Sawhill, Caro Rolando, Melissa Montalvo, Désirée Bayonet, Ryan Sweikert, Luis Fernando Vargas, David Trujillo, y Andrea Betanzos. Maytik Avirama es nuestra pasante editorial. Carolina Guerrero es la CEO.

Radio Ambulante se produce y se mezcla en el programa Hindenburg PRO.

La semana que viene vamos a hacer una pequeña pausa, una semana no más. Volvemos el 18 de abril con una historia en dos partes desde Colombia. Estén atentos. No se la van a querer perder.

Conoce más sobre Radio Ambulante y sobre esta historia en nuestra página web: radioambulante.org. Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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