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Transcripción: Nohemí

Nohemí
Camila Segura
33 minutos

Nohemí: Mi primer recuerdo que yo tengo de pequeña fue cuando yo llegué a Bogotá. De antes no tengo nada. Yo tuve que haber llegado con alguien pero mire que no me recuerdo de la otra persona que me trajo.

Daniel Alarcón: Esta es Nohemí y este recuerdo es de cuando tenía 7 u 8 años… Venía a Bogotá desde lo que creemos era su pueblo natal, en el Tolima, un departamento en el centro-occidente de Colombia.

Nohemí: Yo seguramente nunca había montado en un bus, porque eso olía muchísimo a gasolina y yo me mareé, yo trasboque, o sea, yo venía muy mal…

Daniel Alarcón: Bienvenidos a Radio Ambulante…Soy Daniel Alarcón. Hoy Nohemí. Esta crónica tendrá dos partes. Camila Segura investigó y produjo esta historia.

Camila Segura: Nohemí no se acuerda de mucho más. No tiene memoria alguna de su mamá, de su papá o de algún familiar. Años después se enteraría de que un supuesto tío la había entregado al que en ese entonces, en el año 63 o 64, era el alcalde militar de Anzoátegui, un pueblo del Tolima. Un señor llamado Vitaliano Sánchez. Vitaliano se la entregó a su suegra, Doña María.

Mónica Sánchez: Mi padre la trajo fue para mi abuela… un regalito que le trajo por allá de donde estaba…

Camila Segura: Esta es Mónica Sánchez, la nieta de Doña María y la hija de Vitaliano. Ella es una de las protagonistas de esta historia, pero volvamos a Nohemí y a lo que se acuerda después de haber llegado a Bogotá…

Nohemí: Cuando llegué, yo llegué al barrio Los Alcáceres y vi a la bruja esa. Esa señora era terrible, era una bruja, era una bruja.

Camila Segura: La bruja a la que se refiere Nohemí es Doña María, la abuela de Mónica. Es de la primera persona de la que Nohemí se acuerda en su vida y esa casa inmensa el primer lugar que recuerda claramente. Ese día, Doña María le explicó a Nohemí que ella iba a encargarse de las labores de la casa y que tenía que levantarse entre las 4 y las 4 y media de la mañana…

Nohemí: Me recuerdo muy bien que en esa casa el primer día que yo llegué, yo me oriné. Entonces claro, pues imagínese, toda la cama vuelta nada, llena de miaos, entonces lo primero que hicieron fue levantarme y meterme dentro de la alberca… y tome porque cochina y que cochina y que por qué me tenía que orinar y no sé qué…Uich.. Doña María me daba a mi unas tundas, dios mío…

Camila Segura: Tundas… lo cual significa golpes. Nohemí recibió, desde el primer día, golpes. Porque se orinaba, porque no hacía bien el oficio, por cualquier cosa. En esta casa duró como un año pero no siempre vivía ahí. Doña María solía prestarle a Nohemí a familiares que no tenían empleada. Mónica me cuenta:

Mónica Sánchez: Ella fue la que empezó con el relajo de prestarla, entonces ella se la prestaba a un tío que no tenía muchacha o a las hermanas de ella que eran otras viejitas…ellos se la prestaban… Era una esclavita colectiva.

Hasta que llegó a nuestra casa, hasta que mi madre dijo esto es mío…

Camila Segura: Llegó un momento, entonces, en que ya Nohemí pasó a vivir definitivamente con los Sánchez: Vitaliano, su esposa Eunice y, en ese momento, sus 6 hijos… Todos eran más chiquitos que Nohemí que tenía como 9 años. Mónica debía tener entre uno y dos años…

Mónica Sánchez: Para mi Nohemí siempre estuvo ahí… Nohemí está en mis recuerdos desde siempre…

Camila Segura: Nohemí se volvió como una hermana mayor de los niños… sobre todo de las más chiquitas.

Nohemí: Yo era la que las cuidaba, las que les daba el tetero, las que la cambiaba, las que la lidiaba.

Camila Segura: El primer día, Eunice, la mamá de Mónica, le explicó lo que tenía que hacer…

Nohemí: Usted tiene que ayudarme con las niñas, a yo hacer el oficio,tiene que madrugar, que los teteros, que la comida…

Camila Segura: A pesar de que el trabajo era duro y tenía la responsabilidad de cuidar a los 6 niños, para Nohemí el cambio no fue tan malo, pues ya no era la única niña de la casa.

Mónica Sánchez: Nohemí era una niña juguetona, alegre, divertida, mamagallista… cariñosa, era como una más de nosotros… sobre todo entre las mujeres, era una amistad…

Nohemí: De pronto como yo no tenía a nadie, no tenía nada en la vida, de pronto los niños para mi fueron mi familia, o sea ya pues conviviendo con ellos de día y de noche, para mi ellos se convirtieron en lo mío.

Camila Segura: Mónica sentía que Nohemí, de alguna manera, era su hermana, pero desde muy temprano en su vida se dio cuenta de la diferencia en el trato que Nohemí recibía por parte de sus padres, pero especialmente de su mamá, Eunice…

Mónica Sánchez: Mi madre. Nadie más. Mi madre la trató mal. Ese es el recuerdo que tengo: que siempre recibía unas muendas terribles, que mi madre entraba en unas cóleras santas por cualquier cosa, porque algo había salido mal o porque sí…A nosotros nunca nos pegaron pero Nohemí recibía golpes todos los días de la vida…y había escenas dantescas pues de un maltrato inhumano.

Camila Segura: Nohemí se acuerda que la mayoría de los niños la ayudaban en lo que podían para evitar que Eunice le pegara….

Nohemí: Pues cuando ya más o menos presentíamos que iba a llegar doña Eunice pues los chinos ellos pues, ellos mismos corrían a ayudarme a guardar las ollas y a esconderlas para que no las fuera a ver sucias o todo el reguero que teníamos a meterlo debajo de la cama para que… ellos se convirtieron en cómplices míos.

Camila Segura: Y es que, según Nohemí, Eunice nunca perdía una oportunidad para herirla. Si no era maltrato físico, era abuso verbal:

Nohemí: Es que usted es una no sé qué recogida y su mamá es una no sé cuántas que trabaja en la calle.

Camila Segura: A Nohemí le repitieron miles de veces que ella estaba en esa casa, con ellos, porque su mamá era una puta, una vagabunda, alguien que la había abandonado porque no la quería.

Nohemí: Yo le cogí mucho odio a mi madre biológica… o sea… yo con ella a metros. ¿Por qué? Porque entre más tiempo iba pasando yo iba entendiendo más en la situación en la que yo estaba… y yo le eché toda la culpa a mi madre biológica de que por culpa de ella estaba viviendo esa situación.

Camila Segura: Pero Nohemí se acuerda bien el día en que su madre biológica fue a preguntar por ella a la casa de Mónica. Nohemí llevaba como dos años viviendo con ellos. No sabemos exactamente su edad, pero se puede calcular que tenía unos diez años.

Nohemí: Yo lo supe porque doña Eunice me dijo… “y vino su tal por cual no se qué madre”. Yo sí alcancé a escuchar la voz de ella… mientras que estaba hablando con esta señora.

Camila Segura: La oyó, pero no la vio. Nohemí estaba lavando una ropa en la ducha… Me cuenta que no se atrevió a salir del baño. Le tenía demasiado miedo a Eunice. Pero sí logró escuchar lo que Eunice le decía a su mamá:

Nohemí: Pero si es que la niña es una hija mía más, está como una reina, ella tiene todo lo que usted no le puede dar, ella está estudiando, es la princesita de acá de la casa… Claro pues esta señora yo creo que se fue convencida de que ese era el cuento, de que era así.

Camila Segura: Pero ya sabemos que no era tratada como una princesa. Abuso psicológico, golpes, trabajo incesante –y violaciones. Varias personas, varias veces.

Nohemí: El primero fue Vitaliano, el papá de Mónica. El a mi me violó pequeña, el me tuvo que haber violado a mi como de 9 años.

Camila Segura: Y dos hermanos de Eunice: Julio y Edgar.  Le pregunto que si le parece horrible hablar de esto y me dice que no…

Nohemí: Para nada… No porque, a ver, a mi no me parece horrible ¿sabe por qué? Porque para mi todo eso era como un juego. Siempre fui la sirvienta de todo el mundo entonces para mi eso fue como si alguien me hubiera querido. O sea en ese momento yo lo veía así, obvio que ya de adulta cuando yo ya empecé a entender la vida, obvio que eso ya entendí que era malo.

Camila Segura: Aquí debo confesar algo. Cuando me contó esto, no pude aguantarme y se me salieron las lágrimas. Y pasó algo hasta absurdo. Nohemí terminó consolándome. Hasta me ofreció agua antes de seguir y a ella también se le quebró la voz…

Nohemí: A ver… yo tenía momentos ahí también bonitos. Entonces, ellos tenían una finca en Anolaima llena de frutas y había un río, un arroyito, y pues era mi único como desfogue, de ir y sentarme allá y estarme un rato y ya estaba un poquito más grandecita y como poder [llanto] poder uno llorar… [llanto]…  y [llanto] me sentaba a pensar… y yo pensaba que por qué me tocaba a mi esa vida tan dura. Pero bueno, pensaba que esa era la vida normal de cualquier ser humano…

Camila Segura: No tenía nada con qué comparar. Esa era la vida, a ella le pegaban. Y la violaban. Así pasaron los años. La mayoría de la gente del barrio donde vivían – todos militares como el Sr. Vitaliano – se habían dado cuenta del maltrato al que era sometida Nohemí. Nadie había dicho nada, hasta que un día, una niña vecina, hija de uno de los militares, se le acercó.

Nohemí: Ella me dijo un día, “Ay Nohemí usted va a seguir toda la vida soportando esta vida…” Le dije, “Yo pero hmm yo qué… ¿yo qué más hago?” si yo no sabía ni coger un bus, nada, nada… Me dijo “Nohemí, ¿y usted se quiere ir para donde una tía mía a trabajar?” Le dije, “Pues sí, de una”.

Camila Segura: Nohemí tenía 14 o 15 años. En esa época Eunice pasaba temporadas largas en la finca y dejaba a Nohemí encargada de la casa…

Nohemí: Yo decía pero dios mío si yo me voy y mis chinitas y con ese amor que yo les tenía a ellas..

Camila Segura: Todos los niños estaban en el colegio…

Nohemí: Dios mío yo no hacía sino imaginarme cuando esas criaturas llegaran y la casa desocupada. Eso si yo les dejé todo, yo me levanté temprano, yo les dejé almuerzo hecho, ropa lavada, todo, todo. Yo dejé todo, todo impecable por si me encontraban por ahí no me fueran a pegar [risas].

Camila Segura: El chofer de la vecina la recogió a la 1 de la tarde y así fue como Nohemí se escapó de la casa de los Sánchez.

Mónica Sánchez: Eso fue un alivio más bien. Yo en esa época debía tener como 10 u 11 años y pasó a ser como una anécdota del pasado, ¿no?

Pues pretendimos como olvidar todo eso y yo pues pensé que lo había olvidado pero eso es algo que se me quedó adentro, que se nos quedó adentro a todos… estoy segura…

Camila Segura: Mónica creció, ya sin su amiga, su semi-hermana, y se convirtió en la rebelde de la familia. Se peleaba con sus papás todo el tiempo, y cuando se emborrachaba -sola o con amigos-, le salía todo el rencor y la rabia. En sus veintes, se fue de Colombia, a Europa, para hacer su vida lejos de su familia. Pero nunca se olvidó de Nohemí.

Mónica Sánchez: Siempre tenía ese mugre en el fondo de mi corazón y siempre surgía en los momentos más increíbles… no era muy a menudo, era muy de vez en cuando, era algo que siempre terminaba confesando: esto fue lo que hicimos en mi familia, esto fue lo que hizo mi madre y esto fue lo que hicimos nosotros, después… que dejamos eso así… Eso, esa confesión, siempre volvía…

Camila Segura: Mónica se alcoholizó durante años, hasta que un día decidió dejar de tomar….

Mónica Sánchez:  Y después de la desintoxicación, viene la terapia y ya hay que sacar el mugre… Y ahí, en ese proceso, que duró varios años, llegó un momento en el que se hizo evidente que el asunto de Nohemí era el asunto más grave de mi vida, era lo que yo tenía que resolver… [llanto] Eso hice… pedí que me dieran el número, mi madre tenía el número de ella y…

Camila Segura: Y la llamó.

Daniel Alarcón: Están escuchando a Radio Ambulante. Soy Daniel Alarcón. Hoy la historia de Nohemí. Cuando Nohemí era niña fue llevada de su pueblo natal a vivir con los Sánchez, una familia acomodada  de la capital colombiana, Bogotá. Ahí estuvo años como empleada domestica sufriendo todo tipo de abusos hasta finalmente pude escaparse a los 15. Pero felizmente la historia no termina ahí. Décadas después su se encontró una aliada inesperada, Mónica, una de las hijas de la familia que abusó de ella.

Nuestra productora Camila Segura continúa la historia.

Camila Segura: Devolvámonos un poco. Durante años, entonces, Mónica sintió una gran culpa por lo que pasó con Nohemí. Creció viendo cómo su mamá insultaba a Nohemí y le pegaba por cualquier cosa – y claro, Mónica nunca hizo nada porque tenía solo 9 años cuando Nohemí, de 15, logró escaparse.

Camila Segura: Pero cuando Mónica ya era grande, después de haber hecho terapia, volvía al tema con su hermana Marta. Eran conversaciones telefónicas de horas. Hablaban de sus papás, de sus hermanos, y muchas veces de Nohemí… Marta era la única de los 7 hermanos que había hablado con Nohemí un par de veces, así que Mónica le pidió el teléfono. [teléfono sonando]

Mónica vivía en Montreal y Nohemí en Soacha, cerca de Bogotá. Era un día del 2004 cuando sonó el teléfono de Nohemí.

Nohemí: Yo llegaba de trabajar cuando ring ring ring, contesté yo: “Alo”. “Hola Mico”, a mí solamente me dicen Mico ellos. Le dije yo: “¿con Martica?”, porque como la voz de ella dos se parece. Me dijo: “No mamita, hablas con Mónica”. Y yo: “¡Ay!, no”. ¡Ay! si había tenido días malos, ese fue el día más hermoso de mi vida.

Camila Segura: Hablaron como cuatro horas y Nohemí le contó todo lo que le había pasado después de escaparse de su casa. Al año de estar donde la tía de la vecina, el señor de la casa la botó a tiros a la calle porque Nohemí había hecho una fiesta. Durante meses vivió en los parques cercanos hasta que un día se fue con un tipo que le pagaba un hotel y la obligaba a acostarse con él.

Camila Segura: Cuando el hombre dejó de pagar el hotel la botaron a la calle. Ahí consiguió su primer trabajo pago en una panadería y en ese mismo lugar -un par de meses después de prostituirse-, conocería al papá de sus tres hijos: un hombre bueno -con el que no funcionó el matrimonio- pero que le pagó la primaria y la ayudó a conseguir trabajo.

Nohemí le contó todo esto y más. Le compartió uno de sus dolores más grandes: cuando su primer hijo tenía 16 años, una bala perdida lo mató en el colegio.

Siguieron hablando de todo y Mónica le dijo.

Mónica Sánchez:… que yo era consciente de lo que había pasado… y del maltrato que ella había recibido y que eso no se hacía [llanto]. Era la primera vez que lo decíamos claramente…

Camila Segura: Hablaron del abuso que sufrió a manos de la mamá de Mónica, Eunice, y Mónica sintió la necesidad de pedirle perdón por lo que su mamá le había hecho…

Nohemí: Le dije: “Mire, todo lo que ella me hizo yo ya se lo perdoné”. Me dijo: “No Mico, no es justo que ella hubiera hecho contigo lo que hizo”. Y pues como ellas sí se daban cuenta de todo, eso fue lo que a ellas las fregó tanto.

Camila Segura: Durante mucho tiempo, Mónica había sospechado que Nohemí había sido maltratada también por su papá. Era una duda que no la dejaba en paz así que en esa primera llamada, se atrevió a preguntarle…

Mónica Sánchez: Y ella me dijo “No, nena, no, tu papi es muy buena gente…” y no sé qué y no…entonces pues yo le creí.

Camila Segura: A partir de esa llamada, Mónica y Nohemí empezaron a hablar frecuentemente por teléfono. Mónica estaba cansada de vivir en Canadá. Se sentía sola, culpable y soñaba con volver a Colombia…

Mónica Sánchez: Pues, cuando uno está lejos uno idealiza todo, ¿no? Entonces yo empecé a hacerme una escena pues divina en la que todos íbamos a estar otra vez juntos, a vivir felices y a comer perdices y nos perdonábamos todo…

Camila Segura: Compartió la idea con Nohemí pues el plan la incluía a ella:

Nohemí: Ella quería, en Cartagena, hacer un condominio. Y a cada uno hacerle una cabaña. Y que nos fuéramos todos y nos reuniéramos allá. Entonces, yo le llevaba la idea, pero yo sabía que eso nunca iba a ser posible. Empezando porque ¿yo con ellos cómo voy a vivir? O sea, no. Ahí sería nuevamente la esclava de ellos, y yo esclava ya no soy.

Mónica Sánchez: Empecé a hacer un plan en mi cabeza que era ir a vivir con ella pues cuando ya estuviéramos viejitas y ya sería yo quien la consintiera y quien le devolviera un poquito todo el amor que yo había recibido de ella…

Camila Segura: En el 2008 Mónica vendió todo y volvió a Colombia después de vivir más de la mitad de su vida en el extranjero. Llegó a donde su mamá, en Bogotá, aunque su prioridad era ver a Nohemí, así que un par de días después de su llegada se fue para la casa de ella. Me cuenta sobre este primer encuentro después de más de 30 años.

Mónica Sánchez: Una emoción, una alegría muy grande, y además una familiaridad muy grande. Ahí me contó más cosas de mi mamá. Cosas que yo no recordaba. Me contó la escena dantesca en la que mi madre le arrancó el cabello con un cepillo, de una manera increíble. Ella se sentaba, le cogía una mecha y la enrollaba en el cepillo, y cuando la estaba cerca del cuero cabelludo jalaba.

Nohemí: Hasta que me dejó toda la cabeza llena de sangre.

Camila Segura: El nivel de maltrato contra Nohemí fue atroz. Sorprendente, incluso para Mónica, que creció en la misma casa. Y había algo más, quizás lo más perturbador: a pesar de todo, Nohemí no sólo tendía a culparse a sí misma, sino que se sentía agradecida con Eunice por todo lo que le dieron, por enseñarle a cocinar, por darle casa y comida. A pesar de que nunca le pagaron. Mónica quedó espantada.

Mónica Sánchez: Hágame el favor y que mentira que le dieron nada, no le dieron nada, le quitaron todo y no le dieron nada…

Nohemí: Entonces ella me decía, “Usted no tiene qué agradecerle nada a mi mamá, nada”.

Camila Segura: Mónica pasó los siguientes años en Colombia, intentando reconciliarse con su pasado. Primero con su mamá, y no lo logró. Después con su papá, y esta quizás fue la sorpresa más dura de su vida adulta. Se fue a la costa a vivir con él… y se encontró con un hombre agresivo, cruel. Pero además, él empezó a contarle historias de borracheras y mujeres, como si estuviera hablando con un amigo del cuartel. El padre del que ella se acordaba era otro, y ahora, tenía más dudas que nunca.

Lo conversó con sus hermanas, y ellas le confirmaron recuerdos de escenas violentas. Así que volvió a llamar a Nohemí, para resolver su duda, de una vez por todas.

Nohemí: Entonces, ella un día me llamó y me dijo: “Mico, yo necesito que tú me digas una cosa. ¿Mi papá te violó?”.

Mónica Sánchez: Me dijo: “Si nena”. Me dijo: “El me hizo eso, él me violó, él fue el primero que me violó”.

Camila Segura: Este fue un punto de quiebre para Mónica.

Su pregunta -y la mía- a Nohemí fue: ¿y por qué nunca los denunció?

Nohemí: ¿Su merced cree que a una pobre idiota, sin nombre, sin nada, le van a parar bolas? ¿Quién va a creer que yo voy a ir a denunciar a un prestigioso capitán de la Armada?

Mónica Sánchez: Y entonces yo le dije: “Bueno, pues ahora me tienes a mí, y si quieres los denunciamos, y yo contigo hasta el fondo pero vamos pero a fondo.”

Camila Segura: Y así fue. Comenzaron con algo simple: un reclamo en forma de carta a los papás de Mónica, recopilando la historia de Nohemí, incluyendo todos los maltratos. Así empieza la carta:

Mónica Sánchez: Mamá, papá: Llega el día en que consideramos inaceptable continuar guardando silencio sobre aquel asunto que destrozó nuestras vidas.

Me refiero a aquella niña que tú, papá, arrebataste a su madre y tú, mamá, esclavizaste miserablemente. Al parecer se llamaba María…

Camila Segura: Mónica les mandó a cada uno de sus papás una copia de la carta por entrega certificada. Y esperó, a ver qué reacción había.

Mónica Sánchez: No hubo ninguna respuesta a la carta. Ninguna.

Camila Segura: Al día siguiente de haberles mandado la carta, Mónica le mando un correo electrónico a todos sus hermanos, a sus hijos, a sus cuñados, a su ex marido. Envió la copia de la carta que les mandó a sus padres y una explicación de sus razones:

Mónica Sánchez: Que ya era tiempo, pues, de que asumiéramos esa culpa que tenemos todos. Eso fue lo que aprendí en mi terapia: hay que mirar las cosas de frente, ir a buscar la verdad y sacarla. La ropa sucia no se lava en casa sino se lava afuera, y se pone al sol, y se abre, y se pone para que se vaya todo lo malo.

Camila Segura: Sus hermanos no reaccionaron bien. Según Mónica, pensaban que era injusto tener que pagar.

Mónica Sánchez: Lo que les preocupaba era lo que eso podría costar.

Camila Segura: Pero no solo era la plata, sino la reputación, el nombre de la familia, lo que angustiaba a sus hermanos.

Mónica Sánchez: Eso es lo que les da vergüenza: que los vecinos se enteren. Como si no se hubieran enterado. Allí está la niña zarrapastrosa, maltratada, golpeada, siempre en harapos. Que no estudia, que no tiene atención médica. Todo el mundo vio eso.

Camila Segura: Después de toda la reacción negativa de sus hermanos y dado que ya era evidente que ni Vitaliano ni Eunice iban a responder al reclamo de la carta, Mónica le preguntó a Nohemí si quería que pusieran una tutela.

La tutela es un mecanismo legal que pretende garantizar la protección judicial inmediata de los derechos fundamentales. La palabra clave aquí es inmediata por lo que -normalmente- hay un tema de prescripción, es decir, del tiempo que puede pasar desde que se vulneran los derechos.

Cuando Mónica le preguntó, Nohemí dijo:

Nohemí: “Pero nena, y ¿qué?… ¿o qué?… o sea, yo no tengo ni idea de eso”. Y dijo: “No, tú no te preocupes por nada de eso”.

Mónica Sánchez: Y ya, teniendo mi testimonio y mi colaboración, ya es otra cosa. Me dijo: “Si tú me ayudas, pues claro que sí, yo los denuncio”. Yo le dije: “Yo creo que sí deberías hacerlo, y eso es lo que te ofrezco: que yo te apoyo”.

Camila Segura: Mónica contactó a varios abogados que rechazaron el caso.

Mónica Sánchez: Por lo que la historia pues era tan vieja. Pero entonces me pareció evidente que no era una historia vieja. Lo que le hicieron de robársela sí, y esclavizarla, y maltratarla, eso es viejo, pero lo que le siguen haciendo hoy, eso es un derecho fundamental que le están violando: es el derecho a conocer la verdad.

Camila Segura: La verdad a la que se refiere Mónica es a la verdad de la historia de Nohemí, de su identidad, de sus orígenes. Es un poco confuso, pero intentaré explicarlo de la manera más clara posible.

Los Sánchez siempre le contaron que un tío de ella había mediado para que su mamá se la entregara en adopción a Vitaliano. Pero el único documento de esta presunta adopción lo encontró Nohemí en la casa de los Sánchez… Y a pesar de que aparece ahí la que creemos es su mamá — una mujer llamada Rosario Arias — entregándola a la abuela de Mónica, el papel no está firmado por la mamá sino por el tío. Y la niña que figura ahí, ni siquiera se llama Nohemí.

Camila Segura: Cuando Nohemí tenía como 23 años, se fue para su pueblo y con este documento, con el nombre de su mamá que aparecía ahí, fue capaz de encontrar en la iglesia su partida de bautismo…

Nohemí: Cuando encuentro la partida de bautismo, oh sorpresa que mi nombre no es Nohemí por ningún lado, sino María Arias.

Camila Segura: Mónica se sentía obligada a ayudar a Nohemí a descifrar su historia, así que siguió insistiendo por todos los lados posibles. Se metió a Internet, sacó un modelo de tutela, y se encargó de hacer ella misma un borrador. Un poco después dio con una abogada, Ximena Castillo, que cuando vio la tutela que había escrito Mónica, no dudó en tomar el caso. Corrigió lo que había hecho Mónica y la radicó. Esta es Ximena:

Ximena Castillo: No pretendíamos revivir términos judicialmente fenecidos por el delito de tortura, de violación, de tráfico de personas. Sino reivindicar a Nohemí como un ser humano con derecho a una identidad y a una familia, al igual que sus hijas. Es decir, porque Nohemí no termina en Nohemí, Nohemí sigue y las hijas de Nohemí también tienen derecho a saber de dónde vienen.

Camila Segura: Pasaron la tutela a un juez municipal. Nohemí, Vitaliano y Eunice declararon. La abogada me contó que estuvo presente sólo en la declaración de Vitaliano…

Ximena Castillo: Y Vitaliano no tiene ninguna aceptación de esos hechos ni ningún asomo de arrepentimiento.

Camila Segura: Traté de hablar con Vitaliano, con Eunice o con alguno de los hermanos de Mónica pero me dijeron que su abogado preferiría que no dieran declaraciones.

En los testimonios que dieron Eunice y Vitaliano a la corte, la frase “obra de caridad” se repite varias veces. Eunice declara que no la puso de empleada porque — y abro comillas — “quién pone a una niña de 5 o 6 años o 7 a manejar una estufa de gas para que estalle” — cierro comillas –. Y cuando a Eunice le preguntan cómo disciplinaba a Nohemí, dice: “Como castigaba a mis hijos: una palmada, un zangoloteado en el brazo”. Cuando le preguntan a Vitaliano cómo eran las condiciones de Nohemí en su casa, responde: “A ella se le consideraba una empleada del servicio, no empleada, sino pues alguien especial que estaba criándose con nosotros”.

Camila Segura: Así se defendieron los Sánchez y en esta primera tutela, ganaron. El juez dijo que los delitos ya habían prescrito.

Nohemí apeló y volvió a perder en un juzgado superior, en donde se argumentó que su demora en reclamar demostraba su falta de urgencia a la hora de amparar sus derechos. Ximena me explicó estos fallos en los siguientes términos:

Ximena Castillo: Hubo un problema de apego a la formalidad y de pereza de los funcionarios judiciales que tuvieron el caso bajo su conocimiento.

Hubo abulia, indolencia, como suele suceder en este país, donde es frecuente que la ley sea para los de ruana, pero no para favorecerlos, sino para discriminarlos.

Camila Segura: La abogada presentó una insistencia y esta pasó a la Corte Constitucional, la cual el 12 de diciembre del 2012, le dio la razón a Nohemí.

Camila Segura: La corte ordenó que Vitaliano y Eunice tienen que indemnizar a Nohemí con plata. Pero además, le ordenó al Ministerio del Interior encargarse de buscar a la familia de Nohemí y actuar para evitar que esto ocurra con otros menores de edad.

El fallo de la corte fue noticia en todos los medios colombianos…

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Camila Segura: Pero es que aunque trágica e indignante, la historia de Nohemí es mucho más común de lo que quisiéramos creer. Solo en Colombia, hay 750 mil personas que trabajan como empleadas del servicio doméstico y todos los días se reciben cientos de denuncias de abuso de todo tipo. En este contexto, las acusaciones de Nohemí tal vez no sean demasiado sorprendentes, lo sorprendente es el tipo de fallo que hizo la corte que muchos describieron como “histórico” por la forma como supera el obstáculo de la prescripción.

Camila Segura: Unos días después del veredicto, los hermanos de Mónica sacaron un comunicado en el que dicen que, para ellos, “las acusaciones no tienen sentido alguno” y que “esta situación resulta terriblemente dolorosa por sus orígenes y consecuencias” ya que se ven “en la desagradable obligación de tener que sacarla a la luz pública “. Y añaden que el “origen real de todas estas acusaciones es la brillante capacidad intelectual, elocuencia, y al mismo tiempo, graves problemas mentales de nuestra hermana Mónica”.

Camila Segura: Ximena, la abogada, responde así.

Ximena Castillo: Pues a mi me encantaría que en Colombia hubiese varios enfermos mentales como Mónica. Personas tan inteligentes, tan solidarias y tan valientes. Y con tanto sentido de su responsabilidad. Me encantaría que este fuera un país lleno de ese estilo de dementes.

Camila Segura: Ahora a Nohemí le queda esperar el resultado que dé el juez en una corte civil del monto con el cual será indemnizada. Y sin duda, para una mujer en su situación, ese dinero puede llegar a cambiar su vida. Pero hay algo aún más emocionante….

Nohemí: O sea, yo como quisiera tener acá a mi mama y abrazarla, y tenerla aquí acostada, y darle mucho besitos, y quererla, y a mí sí me gustaría encontrarla. Me encantaría encontrarla y trae… si ella de pronto estuviera así en mala situación o algo. No importa lo que haya pasado, ¿ya qué?… ¿ya qué importa?… pero como me encantaría tenerla, tener un hermano. O sea, la sangre mía.

Camila Segura: Y es que, en últimas, el caso legal de Nohemí se trató de eso… de una niña que nunca tuvo la oportunidad de conocer a su mamá, de saber nada sobre su familia biológica. Y ahora, con ese reporte que deben darle los del Ministerio del Interior, tal vez, algún día no tan lejano, podrá saber algo sobre su historia.

Daniel Alarcón: Esta historia fue investigada y escrita por Camila Segura, producida por Martina Castro, y editada por mí, Daniel Alarcón. Camila Segura es editora y productora de Radio Ambulante. Vive en Bogotá.

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