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Transcripción: Tunéame la nave


Daniel Alarcón: A principios de este mes, una tuitera, @susisusan, escribió “Después de haber oído en múltiples podcasts la recomendación de que bajara la app de NPR One, finalmente lo hice. Y quiero decir gracias, gracias, gracias. #Vergüenza”. No esperes como lo hizo Susi. NPR es perfecto para oír mientras manejas, limpias la casa o para pasar el tiempo en tus vacaciones. Encuentra NPR One (O-N-E) en tu tienda de apps.

 

Hola, soy Daniel Alarcón, el productor ejecutivo de Radio Ambulante. Antes de comenzar quiero pedirles un pequeño favor: ya llevamos tres meses como parte de NPR y queremos saber más sobre ustedes, nuestros oyentes. No importa si nos escuchas desde hace años o si es la primera vez que te topas con este episodio. Igual te queremos conocer. Por favor, ve a nuestra página radioambulante.org/encuesta y responde unas preguntitas. No te demorarás más de cinco minutos y nos ayudarás bastante. Eso. Gracias.

 

Aquí, dentro del equipo de Radio Ambulante, hemos estado hablando mucho sobre la inmigración, sobre los refugiados, sobre cómo contar historias humanas más allá de la retórica política. Así que seguramente escucharán los resultados de estas conversaciones en los meses que vienen. Pero por ahora nos parece un momento apropiado para volver a nuestros archivos con una de nuestras historias favoritas. Hoy traemos una historia que investigó Levi Bridges.

 

Y empieza con Mauricio Hernández, un mexicano de cuarenta y pico años.

 

Mauricio Hernández: Yo soñaba con estar en la televisión, ese era mi sueño.

 

Daniel: Mauricio creció en el D.F., en una familia de clase media. Cuando tenía 15 años, decidió -como tantos otros- cruzar la frontera de Estados Unidos para ver si lograba su sueño de hacerse famoso.

 

Mauricio: La primera vez la cruzamos, eh, como todos, corriendo, porque todavía no estaba la valla, todavía no estaba la reja, de hecho la estaban haciendo. Y yo recuerdo que fallamos dos veces, dos veces nos agarraron.

 

Daniel: A Mauricio y a su hermano los deportaron ambas veces, pero finalmente lo lograron al tercer intento. La historia de Mauricio es como la de muchos mexicanos que cruzan al norte buscando el sueño americano. No todos logran el sueño, claro. Mauricio sí. Pero lo hizo del lado de la frontera menos esperado.

 

 

Daniel: Mauricio y su hermano llegaron en 1991 a Los Ángeles, California. En plena adolescencia y sin haber salido de México nunca, todo le impresionó muchísimo.

 

Mauricio: Siempre fueron nuevas cosas, nuevas culturas, nuevas actitudes…

 

Nuevo lenguaje, nuevas tiendas, nuevos productos, nueva comida. Como volver a nacer.

 

Daniel: Una de las cosas que más le llamó la atención fue la cultura popular. Era la época de los raperos, como Snoop Dogg, Dr. Dre, y de los carros Lowrider: eran cadillacs con una suspensión hidráulica que los hace brincar. A los jóvenes les encantaba ver estos lowriders en los vídeos musicales de los raperos que salían en MTV. Y Mauricio no era la excepción.

 

Mauricio estudió dos años en la preparatoria pero nunca se graduó. Tuvo varios trabajos: en un hospital, en una repostería… y a los 17 años se enamoró de una mexicana indocumentada como él, que llevaba tres años en Los Ángeles. Se fueron a vivir juntos.

 

Y tuvieron tres hijos.

 

Los Ángeles era el sitio ideal para alguien que soñaba salir en televisión. Pero este sueño se alejaba cada vez más. Mauricio tenía que trabajar para sostener a su familia.

 

Empezó a trabajar como mecánico en un taller de carros cuando ya tenía sus dos primeros hijos y vivía con su novia. Ganaba más dinero en el taller que en sus trabajos anteriores y lo disfrutaba bastante. Pero como era inmigrante, usualmente le tocaban las peores tareas, las que no tenían nada que ver con los carros. Lo primero que le pusieron a hacer fue barrer.

 

Mauricio: Pues fui como que el patito feo de taller. No, siempre el que barre es no la peor persona, pero pues el que más todos le hacen bullying, ¿no? O sea el barrendero, el limpia cacas, “haz esto, limpia el baño, recoge la basura”.

 

Daniel: Pero Mauricio no se desanimaba. Trabajaba jornadas muy largas y pasó por varios talleres…y de cada uno salía con nuevas habilidades:

 

Mauricio: Lavar autos autos, pulir autos, lijar autos, preparar autos. Y después aprendí a hojalatearlos, empastarlos, armarlos y desarmarlos…

 

Daniel: Hasta ese momento, Mauricio era un mecánico como cualquier otro. Pero en el 2004, llegó al taller de Ryan Friedlinghaus, el dueño a nivel internacional de la marca West Coast Customs.

 

Más que una marca, West Coast Customs es uno de los talleres más famosos del mundo. Hoy en día tiene franquicias en países como Rusia, Alemania, y Japón, entre otros. Ryan le dio trabajo a Mauricio y lo puso a pulir y lijar carros.

 

Mauricio trabajaba tantas horas que a menudo pasaba la noche solo en el taller. En esa época, Ryan estaba a punto de divorciarse. Cuando discutía con su esposa, Ryan llegaba al taller para refugiarse de sus problemas, y a Mauricio le tocaba consolarlo.  

 

Mauricio: Me tocó ver a Ryan llorar, abrazarlo cuando tenía momentos muy difíciles…

 

Daniel: Mauricio y Ryan se hicieron amigos. Ryan puso a Mauricio a entregarle las llaves a los clientes cuando sus carros estuvieran listos. Pero es que no eran clientes comunes y corrientes. Para finales de los 90, West Coast Customs estaba tan de moda en Los Ángeles que la gran mayoría de sus clientes eran actores, cantantes y deportistas famosos.

 

Mauricio: Snoop Dogg, Paris Hilton, Shaquille O’Neal, Kobe Bryant, Sylvester Stalone.

 

Daniel: Mauricio se convirtió en el hojalatero de estos famosos, y, de paso, también se convirtió en una figura importante dentro del taller.

 

Mauricio: Yo llegué a ser casi su mano derecha de Ryan. A mí Ryan me llegó a dejar las llaves del taller en Corona, California, así, tal cual, con los ojos cerrados.

 

Daniel: Le iba muy bien como mecánico, pero jamás se imaginó que ese trabajo lo iba a llevar a la televisión.

 

Daniel: A principios del 2004, justo cuando comenzaba a trabajar en el taller, el canal MTV seleccionó a West Coast Customs como escenario de un nuevo reality. Se iba a llamar “Pimp My Ride,” y sería uno de los primeros reality shows de Estados Unidos.

 

El formato del programa era sencillo: cada semana elegían a alguien que manejaba una porquería de carro y el equipo de West Coast lo arreglaba. No solo le ponían nuevos rines, tapicería excéntrica, y sistemas de sonido. No. También le añadían cosas nuevas, tan fantásticas como absurdas: una televisión en el asiento de atrás. Eran los 90s, y eso no era nada común- o una pecera gigante que llenaba todo el baúl. Y uno de los que hacía todas estas modificaciones era Mauricio.

 

Pero casi nunca salía en televisión.

 

Mauricio: Pero siempre estuve behind the scene, atrás de cámaras. Nunca estuve en frente, siempre fui el hojalatero. Siempre fui el preparador. Nunca fui la estrella del show.

 

Daniel: A pesar de esto, el trabajo que hacía era fundamental para el programa y él se sentía orgulloso de hacerlo. Cada lunes llegaba otro carro destartalado, y Mauricio tenía hasta el viernes para modificarlo completamente y dejarlo listo para la grabación.

 

Mauricio: Pues tal vez trabajábamos diarias unas 10, 12 horas. Siempre, siempre trabajamos.

 

Daniel: Y Mauricio tuvo que hacer sacrificios muy grandes.

 

Mauricio: Yo perdí la verdad muchas cosas de mis hijos porque estaba yo trabajando. La infancia de ellos, verlos crecer, la escuela.

 

Daniel: Solo pasaba los domingos con sus hijos. Pero veía la vida cómoda que les podía dar y sentía satisfacción. Un departamento de lujo, dos autos, viajes a Disney, todo gracias a su trabajo en West Coast. Pero para su pareja, esto no era suficiente.

 

Mauricio: Mi pareja me dijo que escogiera. O West Coast o mi familia y escogí West Coast. Quise seguir trabajando. Porque había cumplido un sueño que era estar en la televisión, aunque no estaba yo de protagonista pero estaba haciendo lo que me gustaba que eran los carros.

 

Daniel: Por eso siguió arreglando carros para “Pimp My Ride”, a pesar de que todavía no tenía permiso para estar ni trabajar en Estados Unidos. Pero no era el único. Había alrededor de 10 mecánicos sin papeles. Mauricio dice que a nadie de MTV parecía importarle que fueran indocumentados, porque oficialmente eran empleados de Ryan.

Mauricio: A nosotros nos pagaba Ryan, no nos pagaba MTV, y Ryan nos pagaba cash. Nunca recibimos beneficios, ni… de nada, ni médico, ni social security, nada.

 

Daniel: Por eso no le daba miedo trabajar en un programa de MTV, uno de los canales más conocidos de Estados Unidos. Al contrario. Los compañeros americanos del taller bromeaban con todos los indocumentados.

 

Mauricio: Nos decían que ya viene la migra y nos gritaban porque éramos puro ilegal trabajando en televisión. Era chistoso

 

Daniel: Un día, alguien mucho más importante que la migra llegó al taller.

 

Arnold Schwarzenegger: Hi, this is governor Arnold Schwarzenegger of the great state of California…

 

Daniel: Schwarzenegger salió en la sexta temporada de Pimp My Ride, en el  2007. Cuando era gobernador, había vetado una ley que habría permitido que los indocumentados de California sacaran una licencia de conducir. Y un año después de salir en el show, Schwarzenegger regresó a West Coast para que modificaran su carro personal.

 

Mauricio: Y lo mas chistoso fue cuando llegó Arnold Schwarzenegger y me toco manejar su carro y entregárselo yo manejando. Eso me dio gusto. Dije, mira, tú que andas haciendo que nadie maneja carros sin licencia ni papeles, y yo no tengo papeles ni licencia y maneje tu carro. Y yo te lo di.

 

Daniel: Cuatro años después del primer episodio de Pimp My Ride, Ryan creó un reality show sobre la vida cotidiana de los trabajadores de West Coast, incluyendo a Mauricio, claro. El programa se llamó Street Customs, y salió a nivel nacional por los canales TLC y Discovery Channel.

 

Mauricio rápidamente pasó a ser uno de los personajes más importantes de Street Customs, sobre todo por su apariencia. Siempre llevaba una pantaloneta larga y playeras que le quedaban grandes, que era la moda del momento en Los Ángeles. También llevaba el pelo largo, al estilo rasta, con dreads que le llegaban a la cintura. Su buena onda, y su imagen lo hacían ver como un personaje simpático, divertido, chistoso.

 

Mientras los jóvenes que lo veían en la televisión querían ser sus amigos e invitarlo a sus fiestas, muchos políticos -gente como Schwarzenegger- trataban a los latinos como intrusos. Pero a través de este programa Mauricio creó un personaje que funcionó como puente entre la comunidad gringa y la latina.

 

En el 2009 un inversionista mexicano llegó a West Coast. Como hablaba español, los otros trabajadores mandaron a Mauricio a preguntarle:

 

Mauricio: ¿Tú qué quieres, no?

 

Daniel: El mexicano quería abrir una franquicia de West Coast en su país. Tardaron seis meses en llegar a un acuerdo, con Mauricio sirviendo de traductor y pieza clave durante toda la negociación. No sabemos la cifra exacta que acordaron, pero según Mauricio, fue alta.

 

Mauricio: Yo estuve al pie del cañón tratando de vender porque yo pensé que me iba a tocar algo.

 

Daniel: Ryan aceptó la oferta, pero Mauricio no recibió ni un peso de comisión, que era lo que esperaba. Aun así, tampoco se fue con las manos vacías.

 

Mauricio: Querían que alguien viniera a México a montar el taller y a decirles cómo hacer el programa de televisión.

 

Daniel: Y Mauricio era la persona ideal. Conocía México. Hablaba español. Y había estado en cuatro temporadas de Pimp My Ride. Por eso le propusieron que se fuera para México para crear la versión en español que se llamaría Tunéame la nave.

 

Mauricio: Y al principio no quería…

 

Daniel: Tenía miedo de que el programa en México fracasara. Aún peor, pensaba que si salía de Estados Unidos, nunca podría regresar. Pero después de pensarlo mejor le pareció una buena oportunidad. Hizo un trato con Ryan, y puso sus propias condiciones.

 

Mauricio: Dije pero nomás quiero ir por unos cuantos meses y que me ayudes a regresar a sacar mi visa. Y me dijo sí, yo te ayudo.

 

Daniel: Entonces a principio del 2009, con la certeza de que Ryan lo ayudaría a volver a Estados Unidos legalmente, Mauricio se despidió de sus tres hijos y se fue para el DF en avión desde Tijuana.

 

Bueno, ¿y qué pasó cuando Mauricio regresó a su país casi veinte años después de haberse ido? Ya volvemos, después de una pausa.

MIDROLL

 

Daniel: Si las noticias del día te llenan de ansiedad rabia y prefieres no escuchar, aquí te ofrezco una solución: Wait, Wait, Don’t Tell Me, el quiz show de noticias de NPR. Cada semana Peter Sagal repasa las noticias con panelistas como Alonzo Bodden, PJ O’Rourke y Paula Poundstone con mucho humor. Te va a sorprender, te va a hacer reír. Busca Wait, Wait, Don’t Tell Me en el app NPR One o en npr.org/podcasts.

 

Antes de la pausa Mauricio había aceptado regresar a México para crear la versión en español de Pimp My Ride, Tunéame la nave.

Mauricio: Cuando yo llegué a México te sale lo patriótico, te sale lo mexicano, te sale lo de, “ya llegue a casa, ¿no?”

 

Daniel: Y para expresar su patriotismo, empezó a tatuarse los brazos y las piernas con imágenes de las figuras más importantes en la historia mexicana.

 

Mauricio: Tengo a la Coyolxauhqui, tengo a Quetzalcoatl, tengo a Zapata, tengo a Pancho Villa, Miguel Hidalgo, a Morelos, a Benito Juárez, a Josefa Ortiz de Dominguez…

 

Daniel: Luego de montar el taller de West Coast Customs México, empezaron a filmar Tunéame La Nave.

 

Locutor: Esto es West Coast Customs México, Tunéame La Nave by Rexona for Men

Mujer: ¡Ay por favor no sea mala onda, tunéame la nave de mi hermano!

Hombre: ¡Por favor TV Azteca tunéame la nave!

 

Daniel: Nadie conocía el formato del programa mejor que Mauricio. Por eso lo pusieron de presentador.

 

Locutor: Siempre existe un líder en cualquier proyecto: ¡Él es Mauricio!

 

Daniel: Desde el comienzo, Mauricio le puso su propio estilo al programa.

 

Mauricio: Pimp My Ride era más, como más seco. Quería hacer cosas chistosas, ¿no? Pero había muy poca creatividad por parte de la gente, ¿no? Aquí el mexicano somos picardiosos, somos chistosos, somos cotorros, hacemos de despapaye. Y allá pues era más serio.

 

Mauricio: ¡Eh Churrumais, qué te pasa!

Churrumais: Disculpe Mau, la neta

Mauricio: ¡Mira, nada mas me llenaste de tiner!

 

Daniel: El programa salía en el canal 7 y llegaba a los 31 estados del país. En México El nombre de West Coast Customs y Mauricio Hernández se hicieron sinónimos.

 

Mauricio: Si tú preguntas por Ryan en México nadie lo conoce. Si tú preguntas por Mauricio Hernández de Tuneame o de West Coast todos me conocen.

 

Daniel: Mauricio se hizo famoso en México casi de la noche a la mañana. En ese entonces no podía andar por la calle sin que alguien lo parara.

 

Mauricio: Me platican, me cuentan, niños, señoras, familias, eh, personas adultas, me lloran, me dicen, “Oye, por favor ayúdame. Tunéame mi nave.”

 

Daniel: Estaba feliz por haber logrado lo que siempre había querido pero cada vez más extrañaba a sus hijos. Así que después de la primera temporada de Tunéame la nave quiso volver a California a visitarlos. Pero no fue tan fácil.

 

Mauricio: El trato que yo hice con Ryan para venirme a montar el taller a México era que él me iba a ayudar a arreglar mis papeles para regresar a Estados Unidos, el cual se le olvidó. Nunca lo hizo.

 

Daniel: Aquí es importante mencionar que intentamos conseguir a Ryan varias veces para que nos diera su lado de la historia. Pero su publicista nos dijo que no estaba disponible y que le deseaban a Mauricio, entre comillas, “todo lo mejor”.

 

Mauricio, por su parte, todavía no logra entender por qué Ryan no lo ayudó a regresar. Él le había ayudado a vender la franquicia en México. Pero Mauricio siente que Ryan lo abandonó, que lo traicionó:

 

Mauricio: Tal vez yo estuviera contento si recibiera una llamada o un correo dándome las gracias por todo y deseándome lo mejor y cosas así. Y nunca recibí ni un gracias la verdad. Nada, nada.

 

Daniel: Sin una visa que le permitiera regresar de visita, estaba varado en México. Pero sus hijos estaban en California y quería verlos. Un día decidió ir al consulado gringo del DF para pedir una visa de turista. En la aplicación puso que nunca había estado en Estados Unidos. Pero Mauricio tenía una pasado judicial en Los Ángeles. En el 92, en medio de los disturbios que surgieron a raíz del caso de Rodney King, la policía agarró a Mauricio saliendo de una tienda que ya estaba saqueada.

 

Mauricio: Y me pusieron cargos de… de robo, traspaso y saqueo.

 

Daniel: Mauricio dice que él no se robó nada. Que solo entró a la tienda para ver lo que había pasado. Pero quedó con antecedentes criminales y su arresto aparecía en el sistema de la embajada. Se dieron cuenta de que Mauricio había mentido y le negaron la visa. Peor aún, le dieron un castigo: no podía pedir otra visa en 5 años. Mauricio no estaba dispuesto a esperar tanto tiempo.

 

Mauricio: Y como yo le había prometido a mis hijos que yo iba a estar en navidad con ellos, no me importó nada…

 

Daniel: En diciembre del 2009, Mauricio decidió cruzar la frontera caminando, como lo había hecho antes con su hermano cuando era adolescente.

 

Puede parecer extraño que un presentador de un programa exitoso decidiera hacer algo tan peligroso. Es un cruce que intentan miles de personas al año, claro, y ni siquiera sabemos cuántos mueren en la ruta.

 

Pero Mauricio le había prometido a sus hijos que iba a estar con ellos durante la navidad. Después de no estar en sus vidas durante tanto tiempo, tal vez quiso hacer algo extremo para mostrarles cuánto los quería.

 

Mauricio llegó a la ciudad de Méxicali, que queda en el lado mexicano de la frontera con California. Allí se encontró con un coyote y otros migrantes.

 

Era un viaje difícil, el terreno es desigual y la temperatura del desierto es extrema. El grupo caminaba de noche entre las montañas y hacía mucho frío. La primera noche se refugiaron en una cueva. El coyote anunció que iban a descansar 15 minutos. Mauricio estaba exhausto y se durmió enseguida.

 

Cuando despertó…

 

Mauricio: El coyote me dejó en la montaña. Me abandonó.

 

Daniel: No sabía por qué nadie lo había despertado. Tal vez no lo habían visto en la oscuridad. Solo sabía que estaba perdido en un desierto gigante en la frontera.

 

Mauricio: Seguí caminando y pues por más que yo caminaba no veía nada. La única luz que tenía era la de la luna.

 

Daniel: De repente apareció una patrulla de la migra en el lado estadounidense. Parecía estar cerca. Pero Mauricio había visto el terreno durante el día, y sabía que había varias montañas entre él y ellos.

 

Mauricio: Yo veía la migra, veía las luces y les gritaba. Yo quería que me agarraran, por supuesto.

 

Daniel: Ya no tenía miedo de la migra. Solo quería sobrevivir.

 

Mauricio: Pero nunca me escucharon.

 

Daniel: Después de veinte minutos, las luces de la migra desaparecieron. Mauricio dio media vuelta y trató de regresar a México. Andaba por el desierto sin agua, sin comida y sin ropa suficiente para aguantar el frío. Solo llevaba un celular. Marcó la línea de emergencias.

 

Mauricio: De una compañía que se llama Nextel, me contestaron, les explique mi problema, y me decían que me iban a estar monitoreando. Yo pensé que por un GPS me podían encontrar, primero que no. Entonces como tenía poca batería, tenía que prenderlo y apagarlo para hablar con ellos

 

Daniel: Le decían:

 

Mauricio: Márcanos en una hora, en dos y así…

 

Daniel: El equipo que contestó su llamada no podía ayudarle sin saber más detalles sobre su ubicación. Pero Mauricio no veía nada en la oscuridad. Entonces le dijeron que tenía que caminar más.

 

Hablar con alguien le daba esperanza de que podrían rescatarlo. Pero…

 

Mauricio: Cuando pensé que todo estaba arreglándose, se nubló y empezó a llover. Y entonces ya no vi nada.

 

Daniel: Se oscureció tanto que Mauricio ni siquiera podía ver sus manos. Entró en pánico. Estaba perdido en el desierto y la lluvia podía dañar el celular.

Mauricio: Me agachaba, y no veía nada, y oía que alguien venía pero no veía nadie. Me caía en barrancos de dos metros. Agarré un palo… como sobreviviente, la verdad, me sentía como un sobreviviente, en la selva, así perdido.

 

Cuando amaneció, prendí el celular, les marqué y me dijeron que qué veía. Entonces yo veía todos los arbustos rojos y las piedras rojas. Y les decía, “veo todo rojo”.

 

Daniel: Le dijeron que ese rojo que veía seguramente era un químico que se había echado para extinguir incendios cerca de las afueras de Mexicali. Así que le dijeron que siguiera la línea roja, porque pensaban que lo llevaría hasta la ciudad.

 

Mauricio: Y entonces lo seguí. Seguí el camino hasta que ya llegué a una cima y me acuerdo que vi toda la ciudad. Entonces ya cuando la vi fue cuando me puse a llorar y todo.  Y vi las sirenas. Y me decían, “ahí te están esperando, ¿ya sí los ves?” y yo “sí, sí los veo”. Bajé, me caí, me raspé y todo. Por la desesperación de llegar con ellos. Y cuando llegué me recuerdo que me recibieron, lo abracé al paramédico y me desvanecí, me desmayé, hasta que me desperté en una camilla.

 

Cuando me desperté tenía bolsas así en todo el cuerpo calientes, y ya me dieron mi diagnóstico que ya tenía 90% de hipotermia. Que tal vez una hora, dos horas más en las montañas hubiera fallecido.

 

Daniel: Mauricio no quería quedarse en México. Pero una vez que salió del hospital, tampoco quería volver a cruzar la frontera caminando.

 

Mauricio: Ni jamás no lo volviera a hacer. Así no. Nunca en mi vida.

 

Daniel: Su experiencia en el desierto lo traumatizó muchísimo.

 

Mauricio: Cuando estoy en un lugar oscuro o cuando se va la luz o algo así, tiemblo, lloro. Y me encierro en un mundo. No quiero abrir los ojos.

 

Daniel: Regresó a la ciudad de México el mismo día que le había prometido a sus hijos que iba a estar en California.

 

Mauricio: Exactamente en navidad, 24.

 

Daniel: En la Ciudad de México siguió trabajando como el presentador de Tunéame La Nave. Se distanció de sus hijos en Los Ángeles. Hoy casi no se hablan.

 

Mauricio ya se hizo a la idea de que no volvería a vivir en California. Se casó con una mexicana y tuvo dos hijos. Pasa mucho más tiempo con ellos del que pasó con sus tres hijos mayores cuando vivía en California. Nunca se imaginó que viviría el resto de su vida en México.

 

Mauricio: Yo venía por cuatro meses. Ya llevo cuatro o cinco años.

 

Daniel: Aunque vivir en Estados Unidos cambió su vida, hoy en día Mauricio le recomienda a sus paisanos que no se vayan al otro lado.

 

Mauricio: Ya somos muchos en Estados Unidos. Mejor aprovechar los recursos que México tiene y ser alguien en México creo que te deja más…eres más libre.

 

Daniel: En el 2013 cancelaron Tunéame La Nave. El castigo de Mauricio por mentirle al consulado estadounidense terminó el año pasado, y ahí volverá a pedir una visa para ver si puede ver a sus hijos. Ahora está planeando crear un nuevo reality show. Tan solo queda por ver en qué lado de la frontera lo hace.

 

 

Daniel:

 

Levi Bridges es un periodista basado en California. Esta historia fue editada por Luis Trelles, Camila Segura, y Silvia Viñas. El diseño de sonido es de nuestro pasante Andrés Azpiri.

 

Agradecemos la ayuda de Gonzalo Pestaña con esta historia.

 

El equipo de Radio Ambulante incluye a Fe Martinez, Caro Rolando, Desiree Bayonet, Ryan Sweikert, Melissa Montalvo, Elsa Liliana Ulloa y Barbara Sawhill. Nuestros pasantes son Emiliano Rodríguez y Luis Fernando Vargas. Carolina Guerrero es la CEO.

 

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Para escuchar más visita nuestra página web. Radio ambulante.org. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

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