Bienvenida a tu casa | Transcripción

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[Daniel Alarcón]: Hola ambulantes, llevamos dos semanas de campaña y la respuesta ha sido increíble. Gracias a quienes han donado, nos llena de emoción ver cómo han corrido la voz, los mensajes que nos han mandado, el cariño que nos demuestran.

Pero no nos podemos detener. Comenzamos esta campaña con una meta clarísima. Hasta hace unos días, solo el 1% de nuestros oyentes apoyaban el periodismo de Radio Ambulante y El hilo con una donación. Necesitamos duplicar esa cifra. Muchísima gente se ha apuntado, pero ahora tenemos una petición súper clara.

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Gracias. Ahora seguimos con el episodio.



Esto es Radio Ambulante desde NPR. Soy Daniel Alarcón. 

Aunque han pasado tres décadas, la argentina Paula Resnik recuerda cada detalle del nacimiento de sus dos primeros hijos. Con Lucas ni se dio cuenta de que había entrado en trabajo de parto. Fue rápido. Nació a la medianoche del 2 de abril de 1991 y todo salió bien. 

Tres años después llegó Mateo. Paula aún puede oír el llanto de su segundo hijo al nacer y el silencio inmediato cuando lo apoyaron sobre su pecho. Se acuerda, también, del bolso que llevó en las dos ocasiones. Era de patchwork azul y blanco, y se lo había cosido su mamá durante su primer embarazo para que llevara ahí los pañales y las cosas del bebé. Y por supuesto también recuerda muy bien aquel primer tiempo con sus niños recién nacidos. 

[Paula Resnik]: Con cada uno de ellos tenía como una cosa muy, muy simbiótica, muy unida. Yo los amamantaba, los amamanté a los dos, ocho meses a cada uno. Como que yo me sentía que estaba en un mundo paralelo con el bebé.

[Daniel]: La llegada de su tercera hija, en cambio, fue totalmente distinta. No hubo dolores de parto ni clínicas. La primera vez que la vio, Paula estaba en un centro comercial a las afueras de Buenos Aires. Estaba sentada en un bar tomándose una gaseosa y se sentía muy nerviosa…

[Paula]: Ansiosa. Rara. Rarísima la sensación porque, es decir, vengo a conocer a mi hija. Era como insólito.

[Daniel]:  Unos minutos más tarde la vio, a lo lejos… 

[Paula]: Y la vi aparecer alta, altísima. Medía 1,75 ya en ese momento, y yo decía: ahhh. 

[Daniel]: Llevaba puesta una camiseta roja, jeans, zapatillas y una camisa escocesa atada a la cintura. 

[Paula]: Y venía riéndose, riéndose a carcajadas de los nervios. Y yo también me reía. 

[Daniel]: Eran las 11 de la mañana del 23 de noviembre de 2018. Paula tenía 53 años y hacía mucho tiempo que estaba divorciada. Lucas y Mateo ya eran grandes, independientes. Y justo en ese momento, cuando empezaba a tener más tiempo para ella, había decidido ser, otra vez, mamá. Había decidido adoptar a una chica de 14 años. Verónica.  

[Paula]: Y bueno, me paré y la saludé. La abracé así un poquito porque ella estaba muy dura también y nos mirábamos y nos reíamos.

[Daniel]: Ninguna de las dos sabía muy bien qué hacer ni qué decir. A Verónica la acompañaban su abogada y la directora del hogar de niños donde vivía. Se sentaron todas en la mesa. Verónica pidió una ensalada de frutas y, por fin, se animó a romper el hielo. 

[Paula]: Me miró y me dijo: “¿Esos ojos son tuyos?”.  “Sí.”  “¿No tenés lentes de contacto vos?” “No.” Le llamaron la atención los ojos azules.

[Daniel]: Paula enseguida le dio una carterita que ella misma le había cosido y otros regalitos de parte de su familia y amigas. Como no podían ir con ella a ese primer encuentro, era una forma de mostrarse cerca. Le entregó una carta que le había escrito y que había doblado en forma de corazón. Verónica la leyó ahí mismo mientras se seguía riendo y guardaba, nerviosa y apurada, el resto de las cosas. 

Después de un rato en la mesa, la abogada y la directora del hogar les dieron permiso para que fueran a caminar solas por el centro comercial. Y ahí Verónica se soltó.

[Paula]: Y ella no paraba de hablar. Y me contaba cosas, muy tremendas, rarísimo que me las contara ese día, que parecía como que me estuviera probando a ver si yo me iba a bancar por todas las cosas tremendas que ella había pasado, su vida, a ver hasta dónde.

[Daniel]: Aunque trataba de disimularlo, Paula quedó impactada. No solo por las cosas que le contaba, sino por la capacidad que tenía Verónica, con solo 14 años, de verbalizar y ser tan consciente de todo lo que le había pasado. En ese momento a Paula se le cruzaron mil cosas por la cabeza. 

[Paula]: Eran todas miedos y fantasías mezclados. Y a la vez un entusiasmo de querer a otro hijo. De tener una hija. Era una mezcla hermosa y tremenda. 

[Daniel]: Mientras caminaban, Paula se aferraba a su bolso, el mismo de patchwork azul y blanco que la había acompañado en el nacimiento de sus dos hijos.

[Paula]: Llevé ese mismo bolso, que bueno, era una manera de de tener un parto, ¿no? empezar a ahijar a una chica grande. 

[Daniel]: Ahijar a una chica grande con la que tendría que construir un vínculo desde cero. 

[Paula]: Yo con Lucas y Mateo nunca me lo cuestioné, siempre los quise y el amor fue creciendo y estuvo ahí. Y además el miedo a cómo iba a ser esa relación, si la iba a poder querer.  

[Daniel]:  Y si sería recíproco: si Verónica podría estar bien con ella, si sería capaz de quererla. Sabía que el camino no sería fácil pero Paula estaba decidida a intentarlo. 

Una pausa y volvemos.

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante. Nuestra productora Aneris Casassus nos sigue contando.

[Aneris Casasus]: Todo comenzó en el cine. Un sábado de julio de 2018 Paula fue con Mariana, su amiga de la infancia, a ver “Joel”, una película argentina que cuenta la historia de un matrimonio que no ha podido concebir hijos e inicia el trámite para adoptar a un niño. Cuando reciben la llamada, las noticias no son exactamente las que esperaban. Hay un niño que podrían adoptar, sí, pero tiene 9 años, bastante más grande de lo que ellos estaban dispuestos a aceptar. A pesar de eso, la pareja decide seguir adelante y conocer a Joel. No quiero spoilear demasiado pero, como se imaginarán, la historia se trata de la construcción del vínculo de esa pareja con el niño y de lo hostil que puede resultar la sociedad. 

[Paula]: Cuando terminó la película ¡uff! No nos podíamos parar.  Nos quedamos ahí un buen rato llorando y charlando sobre la realidad de estos chicos, ¿no? 

[Aneris]: Se quedó un rato hablando con Mariana sobre lo que acababan de ver.  Nunca, hasta entonces, se había puesto a pensar en lo que significaba para esos niños la espera por encontrar a alguien que los adopte. Peor aún, ¿qué pasa si cumplen los 18 años sin encontrar una familia? Conversaban sobre todo esto con Mariana y ella, que da clases de escritura en una cárcel, le dijo:

[Paula]: Alguno de estos chicos en algún momento de su trayecto pasan por la cárcel. Estos chicos que salen a la vida solos, es una de las posibilidades. 

[Aneris]: Paula no tenía ningún caso de adopción cercano y, además, ella ya tenía a sus dos hijos. La maternidad no era un asunto pendiente. En absoluto. 

[Paula]: Yo nunca había pensado en la posibilidad de adoptar un hijo. No había sido una posibilidad. Ni sabía sobre el tema ni… nada, no estaba en mi, en mi agenda.

[Aneris]: Pero la película le despertó un interés por saber más de una realidad lejana para ella. Se quedó pensando en el tema y se puso a investigar. Primero, en internet. Buscaba información sobre cómo era el proceso de adopción, cuáles eran las leyes vigentes. Pero esa búsqueda que inició casi por curiosidad se convirtió en una pregunta que empezó a repetirse a sí misma una y otra vez: ¿Y si adoptaba a un niño? 

[Paula]: Y lo que me pasaba, que de noche me aparecían los miedos de decir: “No, no, no, no estoy loca, qué voy a hacer no, no, no”. Y después amanecía y decía: “No, sí, sí, no pasa nada, o sea son niños!.

[Aneris]: Pensaba que si tendría algún problema no sería muy distinto a los que ya había tenido criando a Lucas y Mateo. Cada vez se iba convenciendo más de que quería intentarlo. Pero antes de seguir avanzando necesitaba hablar con ellos. Así que les envío un mensaje por whastapp. Este es Mateo:

[Mateo Valderrama]: Nos mandó en un grupo que tenemos cuando nos podíamos juntar, qué día, qué día y entre los dos era como que no nos imaginábamos que nos podía decir, porque fue como que insistía para tener esa esa charla. 

[Aneris]: Acordaron comer un día los tres juntos. Cuando se sentaron a la mesa, Lucas y Mateo ni la dejaron empezar a hablar… 

[Paula]: ¿Te vas a ir a algún lado? “No, no, no.” ¿Pero estás enferma? ¿Te pasa algo? 

[Mateo]: Tengo una pareja nueva, o me voy a casar… No sé…

[Paula]: No se podían imaginar. Empezaron a tirar ideas y no. Ninguno tiró vamos a tener un hermanito. Ninguno.

[Aneris]: Era imposible que adivinaran. En un momento Paula se los dijo.

[Paula]: No, no lo podían creer. Les conté mi idea y me decían: “¿Qué?”

[Mateo]: No cuadraba mucho que eso iba a ser lo que nos iba a decir.

[Aneris]: Les parecía muy extraño que su mamá estuviera pensando en tomar esa decisión justo en ese momento de su vida cuando empezaba a disfrutar de su libertad. Lucas tenía 27 años y ya se había ido de la casa. Mateo tenía 24 y, aunque aún vivía con ella, era completamente independiente. Paula podía hacer su vida sin que nadie dependiera de ella. Si quería, se podía ir una, dos, tres semanas de viaje tranquila. Se había divorciado del papá de sus hijos cuando ellos eran muy pequeños y después había tenido algunas parejas pero en ese momento estaba soltera. Desde hacía muchos años trabajaba de secretaria en una empresa, de lunes a viernes, de 9 a 6. El resto del tiempo podía disfrutarlo en lo que quisiera. En ir con sus amigas al cine, por ejemplo.  

Si Paula seguía adelante con su plan, para Mateo el cambio no sería para nada menor; tendría que convivir con alguien más. Pero más allá de la sorpresa, Mateo estaba conmovido con la idea de su mamá. 

[Mateo]: Y en ese momento por lo menos yo me puse a llorar porque fue como muy emocionante. No caía tampoco. Era toda una idea medio… para mí lejana. 

[Aneris]: Para Lucas también, pero de todas formas…

[Mateo]: Ambos le dijimos que estábamos para apoyarla, pero obvio, también como que teníamos como miedos o dudas. ¿Y cómo vas a hacer?  ¿Y estás preparada? Y… no sé.

[Aneris]: También les preocupaba la historia con la que podría llegar ese niño o niña a su casa.

[Mateo]: Que ya iba a venir con una una vida formada o… Pero bueno, ella nos daba tranquilidad de que no importaba, que si nosotros la apoyamos y la ayudábamos en lo que necesitaba, lo iba a poder resolver. 

[Aneris]: Después de charlar un rato, Lucas y Mateo le dijeron que sí, que estaban dispuestos a recibir a un hermano en la familia. 

Con el apoyo de sus hijos, Paula dio el primer paso. Se anotó en las tres charlas obligatorias para inscribirse en el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos: RUAGA. Ahí se enteró de varias cosas. Lo más importante:

[Paula]:  Ahora la adopción no está pensada para darle un hijo a la familia que no puede tenerlos por vía biológica. Es al revés. O sea la adopción está pensada para darle una familia al chico que no la tiene. 

[Aneris]: En otras palabras, la mirada de la adopción es en relación a los niños. Son ellos quienes tienen derecho a tener una familia y no los adultos los que tienen derecho a tener un hijo. Es una perspectiva que ya estaba contemplada en las normativas internacionales, pero que en Argentina quedó expresada por escrito en el Código Civil de 2015. Quedó prohibida, además, la adopción de menores a través de acuerdos directos entre individuos. Toda adopción es parte de un proceso regulado por el Estado.

En esas charlas también le contaron que más del 85% de las personas que se anotan en el Registro están dispuestos a adoptar a niños de hasta tres años. De hecho, la mayoría de los que piensan en la adopción piensan en bebés. Pero hay muy pocos niños de esa edad para adopción. Son menos del 20% y ellos enseguida encuentran familia. El problema es con los niños más grandes. A medida que crecen les resulta más difícil encontrar quién los adopte. 

Después de las charlas obligatorias Paula se convenció aún más de su idea y reunió todos los documentos para inscribirse en el Registro. Empezó a llenar una planilla en la que debía marcar minuciosamente las condiciones del niño que estaba dispuesta a aceptar: edad, enfermedades y género, entre muchísimas otras cosas. Con la edad no tuvo dudas: marcó un niño de entre 13 y 17 años. Tenía claro que quería que fuera adolescente. 

[Paula]: Justamente yo lo que quería era darle una oportunidad a un chico que no la pudiera tener, porque a estos chicos nadie los adopta, literalmente. Nadie. También yo era grande para tener un hijo chiquito. Ya está, pañales, no. 

[Aneris]: No tendría que lidiar con pañales pero tal vez con otras cosas más difíciles… 

[Paula]: También un adolescente a uno le da mucho miedo, ¿no?, de que ya tenga rasgos muy marcados. No sé, de violencia o de o de consumos, o de cosas muy problemáticas que, bueno, hasta que uno no se lo encuentra, no lo sabe.

[Aneris]: Los miedos no la detuvieron y siguió llenando el formulario. Descartó la opción de enfermedades graves porque por su trabajo tampoco podría acompañar a un niño que requiriera cuidados extremos. Con lo del género dudó un poco más. Enseguida se había imaginado una mujer porque ella no había tenido hijas. Pero a la vez le daba como cierta culpa eso de elegir el género.

[Paula]: A mí en ese momento me pareció medio, no sé cómo elegir un hijo por menú, a la carta de, bueno, parecía que iba a elegir que sea mujer. 

[Aneris]: Pero Mateo y Lucas terminaron por convencerla…

 [Paula]: Cuando les dije esto a ellos me dicen: “Mirá, vos ya estás eligiendo, porque vos vas a decir que tenga más de 13 años, vas a decir que no tenga una discapacidad profunda, que no… Estás eligiendo. Así que, ¿por qué no vas a elegir una cosa más?”

[Mateo]: Ella estaba como muy metida con el movimiento feminista y era como, bueno: ¿Y por qué no compartís esto con alguien? Qué mejor que tu hija.

[Paula]: Y bueno… Sí, la verdad que sí. 

[Aneris]: Así que marcó “femenino”, terminó de completar el formulario y subió todos los documentos que pedían a la web. Unos días después, se contactaron con ella para hacerle una entrevista psicológica. Luego fueron a visitar su casa para hacer un análisis socioambiental y corroborar si era posible que allí viviera alguien más. También querían entrevistar a Lucas y a Mateo.

[Mateo]: Qué hacíamos de nuestra vida, cómo era la convivencia, a qué nos dedicábamos, nuestra relación con los otros familiares…

[Aneris]: Cuando los profesionales del Registro terminaran de revisar todo, Paula quedaría inscrita oficialmente en el listado de adoptantes. 

Pero mientras esperaba el ok definitivo, pasó algo. Un día sonó el teléfono en su trabajo. Paula, como siempre, atendió. Era la esposa de su jefe con quien tenía muy buena relación. Ella era abogada y trabajaba representando a niños. Por eso, cuando se pusieron a charlar, Paula se animó a contarle en las que andaba. 

[Paula]: Entonces le digo a ella: “Mira, este, ¿sabés que voy a adoptar a un adolescente?” Y me dice: “Ay no lo puedo creer, Paula, esto es una señal. Acaban de firmar la convocatoria pública de una chica que yo fui su abogada y es un amor. La tenés que conocer”. 

[Aneris]: Y acá, para que entiendan mejor a qué se refiere con eso de “convocatoria pública”, les voy a contar un poco mejor cómo funciona el sistema de adopción en Argentina. En primer lugar, tienen que saber que es la justicia la que declara el llamado “estado de adoptabilidad” de un menor. Eso puede suceder cuando, por ejemplo, los padres de un niño mueren y no tiene ningún otro familiar que lo cuide. O cuando los padres biológicos deciden dar en adopción al niño. Pero también cuando el Estado advierte situaciones de violencia, abuso o abandono y aparta a un niño de su familia biológica para protegerlo luego de haber agotado todas las instancias para modificar esa situación. Esos niños viven en hogares de menores y las autoridades encargadas del tema están todo el tiempo cruzando los datos de estos niños con los del registro de adoptantes. Se ocupan de encontrar la mejor familia para cada niño. Porque así como las personas que quieren adoptar ponen sus requisitos, los niños –según su edad y grado de madurez–  también opinan sobre qué tipo de familia les gustaría tener. A partir de los diez años, su consentimiento es obligatorio.

Sin embargo, muchas veces esa búsqueda fracasa. Y no por cuestiones matemáticas. En 2020, por ejemplo, en Argentina había 2.199 chicos en estado de adoptabilidad y unas 3.133 personas inscritas en el registro de adoptantes. Pero, como ya dijimos, la mayoría de ellos están dispuestos a adoptar solo a niños de hasta tres años. Entonces, cuando no se encuentra a nadie en el registro, se lanza una convocatoria pública, la última instancia para conseguir una familia para ese niño. La búsqueda se publica en los medios de comunicación y en las redes sociales para tratar de encontrar a algún candidato por fuera del Registro. En la convocatoria se da muy poca información del niño: un nombre ficticio o solo las iniciales, la edad, en qué ciudad vive y alguna que otra característica de su personalidad. 

La convocatoria de la chica, de la que hablaba la esposa del jefe de Paula, decía que su nombre empezaba con V corta, que tenía 14 años, que era alegre y que le gustaría seguir en contacto con sus hermanos biológicos. Paula se entusiasmó. Tal vez las cosas se darían mucho más rápido de lo que se había imaginado. A los pocos días se presentó en el juzgado que aparecía en la convocatoria pública. Le hicieron una primera entrevista y le contaron un poco más acerca de la niña. Ahí sí le dijeron su nombre real.

[Paula]: Me impactó porque ella se llama Verónica y yo cuando era chiquita decía que me quería llamar Verónica. Cuando jugaba me ponía ese nombre. 

[Aneris]: Parecía ser otra señal. 

En esa entrevista le dijeron que hacía cuatro años que Verónica vivía en distintos hogares de menores. Cuando tenía 10, la justicia la sacó a ella y a otros siete hermanos de la casa en la que vivían con sus padres por situaciones de abandono. Ella es la tercera y la mayor de las mujeres. Al principio los ocho hermanos vivieron juntos en un mismo hogar, pero luego los fueron separando por edades en distintas instituciones. Ya con ellos en los hogares, sus padres habían tenido otros dos hijos más a los que los hermanos no llegaron a conocer porque fueron adoptados por un matrimonio cuando todavía eran bebés. 

Aunque Verónica tenía una historia dura, Paula no se asustó. Cuando terminó la entrevista, les dijo que quería seguir avanzando con el proceso. Ahora tocaba preguntarle a Verónica si le interesaba conocer a Paula para así iniciar lo que se llama un “proceso de vinculación”, un periodo de tiempo previo a la adopción en el que se van conociendo poco a poco. Verónica venía bastante desencantada con el tema porque tiempo atrás había iniciado una vinculación con una señora sin hijos que quería adoptarla, pero las cosas no funcionaron y no siguieron adelante. A pesar de eso, cuando le dijeron que había otra mujer que quería conocerla, aceptó. 

Desde el juzgado citaron a Paula a dos entrevistas más. Como ya le habían hecho la evaluación psicológica y habían visitado su casa ya estaba casi todo listo para que se conocieran. Pero antes de eso, Paula necesitaba contarle la noticia al resto de su familia. 

En octubre, todos se reunieron en la casa de su mamá para celebrar el día de la madre. Estaban Lucas y Mateo, uno de sus dos hermanos, sus sobrinos. Estaban conversando en la mesa hasta que Paula, sin más vueltas,  miró a su mamá  y le dijo:  

[Paula]: Tengo una noticia, “¿Qué?” “Vas a tener una nieta”. “Ay, bisnieta, querrás decir”. (Risas). Ella pensó que Lucas o Mateo iban a tener un hijo. Bisnieta. No, una nieta ¿cómo? Una nieta, mía, una hija mía. 

[Aneris]: Su mamá no lo podía creer. No entendía nada. Le preguntó por qué lo hacía y le dijo que iba a tener muchos problemas. Pero Paula la tranquilizó, le aseguró que todo iba a estar bien. Y, además, le aseguró que nada de lo que le dijeran la haría cambiar de opinión. Pasada la sorpresa, su mamá le dijo que la apoyaría en todo lo que necesitara. El resto de la familia también.

Un mes después, Paula estaba en el centro comercial esperando a Verónica por primera vez, la escena con la que empezamos esta historia. Habían pasado tan solo cuatro meses desde que había ido al cine a ver aquella película. Ni la mitad de tiempo de lo que dura un embarazo. 

Ese encuentro en el que las dos no podían parar de reírse de los nervios no duró más de una hora y luego le preguntaron a cada una por separado como la habían pasado y si estaban dispuestas a volver a verse. Ambas dijeron que sí. 

Quisimos hablar con Verónica mientras reporteábamos esta historia, pero no tenía ganas de ser entrevistada. Pero sí aceptó responder algunas preguntas que le propusimos a Paula que le hiciera. Como por ejemplo, qué recordaba de aquel día. Acá Paula y Verónica:

[Paula]: ¿Qué te acordás de la primera vez que me viste en ese día en el shopping? ¿Te caí bien de entrada? ¿Qué pensaste de mí?

[Verónica Resnik]: Eh… Pensé que me caíste bien. Ehhh. Nunca pensé que ibas a ser tan simpática, la verdad.

[Aneris]: Hubo tres o cuatro encuentros más en distintos centros comerciales a los que Verónica llegaba siempre acompañada por la directora del hogar y la abogada. Cuando les daban permiso, se iban a caminar un rato las dos solas para conversar. Verónica le hablaba a Paula de su mejor amiga del hogar, de la música que le gustaba. Pero sobre todo de sus hermanos. 

[Verónica]: El vínculo entre mis hermanos y yo es muy fuerte, mucho más fuerte que cualquier otro vínculo. No digo, no estoy despreciando otro vínculo, pero digo que siempre los tuve más a mis hermanos que a mis padres.

[Aneris]: Aunque cada tanto los veía, hacía tiempo que ya no vivía con ninguno de ellos y los extrañaba mucho.

Paula también empezó a llamarla por teléfono al hogar pero no era tan fácil. Solo lo podía hacer en unos horarios específicos. En ese momento, Verónica estaba viviendo en una casa para madres e hijos víctimas de violencia. Como era confidencial, Paula no podía ir a visitarla. Ni siquiera sabía exactamente dónde quedaba, solo que era en Del Viso, una localidad a unos 40 kilómetros de Buenos Aires, donde ella vivía.  

Por las condiciones del hogar, Verónica llevaba una vida bastante aislada. La buscaban en una camioneta para ir todos los días a la escuela, pero no podía tener mucha vida social más allá de eso: se perdía los cumpleaños y las salidas con sus compañeros, por ejemplo. 

Como las cosas iban marchando muy bien entre ellas dieron el siguiente paso: Verónica iría a conocer la casa de Paula, la que –si todo seguía así– también sería la suya. También conocería a Lucas y Mateo, sus futuros hermanos. Iba a ser un día muy especial para todos.

[Mateo]: Acomodamos toda la casa, limpiamos todo. Estábamos ansiosos. 

[Aneris]: Hasta que finalmente, Verónica llegó…

[Mateo]: Ella estaba mucho más tranquila que nosotros. O sea, ella estaba haciendo chistes, hablaba, sacaba charla. Recorría toda la casa, se ponía, se ponía unos sombreros que tiene ahí mi mamá. 

[Aneris]: Le mostraron cuál sería su habitación. Mateo había decidido cederle su cuarto y pasarse a uno más pequeño para que ella estuviera más cómoda. Almorzaron juntos en la casa y después quisieron que conociera el barrio. Paula vive en una zona con muchos edificios, cerca de una avenida repleta de negocios. 

[Paula]: Ese primer día que salimos a caminar. Quedamos muy impactados porque ella hablaba con todo el mundo. Paraban los autos en ese semáforo y ella le decía “¿Qué hacés? ¿Cómo te va?” Se va a ir con alguien, decía yo.

[Aneris]: Muy pocas veces había estado en la ciudad de Buenos Aires. Era un mundo totalmente diferente para ella.

[Mateo]: No tenía noción de cómo moverse en la calle, por donde se cruza, cuando se cruza. 

[Aneris]: Y de esa caminata, él se acuerda que cuando pasaron por una verdulería Verónica, sin que la vieran, se agarró una ciruela.  

[Mateo]: Pasó media cuadra y dijimos: “Y eso ¿de dónde lo sacaste?” “No, no, lo agarré de ahí”.

[Aneris]: Paula tuvo que volver a la verdulería, pedir disculpas y pagar.

[Paula]: Ella sabía que no se hacía eso, ¿no? Lo hacía eso, mostrando que era brava. 

[Mateo]: Quería llamar la atención todo el tiempo, como que ella era así, era picante, era como atrevida, no sé.

[Aneris]: Cuando volvieron del paseo estuvieron un rato largo en el patio. 

[Verónica]: Me acuerdo que habíamos puesto música y nos habíamos puesto a bailar, fueron muy simpáticos todos, muy alegres. 

[Aneris]: Verónica puso algo de reggaeton, Mateo trap, Lucas alguna cumbia y algunos clásicos de rock: Pink Floyd, Queen… Paula fue por algo más tranquilo: canciones de Joaquín Sabina y algunas otras artistas latinas. Estuvieron bailando y cantando. Era como si la música, de a poco, los ayudara a empezar a conocerse, a achicar esa distancia inmensa que todavía los separaba. Esa misma tarde, antes de volverse al hogar, Verónica les escribió una carta a Lucas y Mateo. Les decía que había sido uno de los días más felices de su vida. 

[Aneris]: Después de conocer su casa, la relación entre Paula y Verónica siguió muy bien y empezó a irse con ella a pasar los fines de semana. Salían a pasear, charlaban, pasaban el rato mirando series o películas con Mateo. Pero Paula tenía muy claro que Verónica quería seguir viendo a sus hermanos y estaba dispuesta a apoyarla en eso. Así que uno de esos fines de semana, se puso en contacto con ella: 

[Victoria Roncagliolo]: Me llamo Victoria, sí. Me dicen Vicky desde muy chiquita.

[Aneris]: Dos años antes, en 2016, Vicky Roncagliolo y su esposo habían adoptado a tres de los hermanitos de Verónica que en ese entonces tenían 8, 6 y 4 años. Desde un primer momento se habían propuesto que los niños siguieran en contacto con el resto de sus hermanos biológicos. Ni bien se mudaron a su casa empezaron a hablar con los hogares donde estaba cada uno de ellos y les pedían permiso para ir a visitarlos. Vicky recuerda muy bien el día que conoció a Verónica. Tenía 12 años. 

[Vicky Roncagliolo]: Vero fue como… Fue como la madre de todos, siendo muy chiquita, fue como la madre de todos. Y algo que desde el comienzo siempre me conmovió es como su enorme generosidad para conmigo como de, de darme a sus hermanos.

[Aneris]: Ella podría haber sentido celos, o podría no haber aceptado que sus hermanos más chiquitos se fueran con otra familia. En cambio les decía que se portaran bien, que le hicieran caso a Vicky en todo, que ella estaba para cuidarlos. Durante esos dos años Vicky y los niños visitaron periódicamente a Verónica en el hogar hasta que un día, cerca de la Navidad de 2018, ella les contó que estaba conociendo a Paula y que las cosas iban muy bien. Que si todo seguía así, pronto se mudaría a su casa. Sus hermanos saltaron de felicidad con la noticia.  

[Vicky]: “Ay, Vero consiguió mamá, ahora Vero tiene mamá, ahora Vero tiene mamá, ahora Vero tiene mamá”. Y aparte porque bueno ahora nos vamos a poder ver, como que de alguna manera era más simple verse. 

[Aneris]: Verse sin intermediarios, sin la necesidad de pedir permiso en el hogar. Ese fin de semana que Paula llamó a Vicky y hablaron por primera vez organizaron un encuentro para que Verónica viera a sus tres hermanitos. 

[Paula]: Vinieron a casa y nos fuimos a una plaza con todos los chicos y no parábamos de hablar. No podíamos parar de hablar, hablar las dos. 

[Aneris]: Enseguida tuvieron una conexión muy especial entre ellas. Eso tranquilizaba a Verónica porque sabía que si se iba a vivir con Paula podría seguir viendo a sus hermanos sin ningún tipo de problema. También le dijo que cuando quisiera podía invitar a la casa a los otros hermanos que aún vivían en distintos hogares.

Finalmente, después de pasar algunos fines de semana juntas, el 18 de enero de 2019, dos meses después de haberse visto por primera vez, Verónica se mudó definitivamente a la casa de Paula. Mateo y Lucas la esperaban con un cartel enorme que decía: “Bienvenida a tu casa”. Era el comienzo de una nueva familia. 

Paula sabía que en esa etapa lo que más necesitaría sería tiempo, mucho tiempo. Primero, para cosas, por decirlo de alguna forma, prácticas: por ejemplo, llevar a Verónica a decenas de médicos porque ni siquiera tenía una historia clínica, conseguir una psicóloga, enseñarle a moverse por el barrio, buscarle una escuela. Pero también tiempo para construir el vínculo. Necesitaba estar con ella, conocerla cada día un poquito más, ganarse su confianza. Explicó la situación en su trabajo y logró que le dieran una licencia por seis meses. 

También había que replantear la dinámica de la casa. Paula se sentó con Mateo y Verónica para negociar entre los tres las reglas de convivencia. Cada uno fue proponiendo normas e hicieron una especie de contrato. 

[Mateo]: Era lógico que tuviéramos que charlar las reglas. Incluso que tal vez entendiera que yo también las estaba asumiendo como para decir: “Bueno, no sos solo vos Vero la que tiene que cumplir las reglas, somos todos”. 

[Aneris]: Eran cosas básicas, como respetarse el uno con el otro, moverse con cuidado en la calle, avisar si llegarían más tarde a casa. Poco a poco, Paula y Mateo se empezaban a dar cuenta que hasta las cosas más simples eran algo totalmente sorprendente para Verónica. 

[Paula]: Para ella tener habitación para ella sola fue Disney. 

[Aneris]: Era la primera vez que tenía su propio espacio, que podía cerrar la puerta y estar un rato sola. 

[Paula]: Tenía un montón de hermanos y después en los hogares eran un montón de chicos en cada habitación. Así que eso fue lo mejor. 

[Aneris]: Pero no era lo único, había muchos más ejemplos: 

[Mateo]: No manejaba plata. Y capaz que yo ya desde chiquito sí,  ¿viste? como que mi vieja me decía: “Tomá para ir a la escuela, compráte algo, tomate el colectivo”. O también, por ejemplo, el tema de la hora. O sea, no sabía leer un reloj. No entendía lo de y media y cuarto, menos cuarto, no tenía ese concepto. 

[Aneris]: A pesar de haber ido a la escuela, había muchas cosas de ese tipo que no tenía incorporadas. Así que durante esos primeros días Mateo empezó a enseñarle a leer la hora, a manejar el dinero y también a moverse en la calle usando el mapa del celular. 

[Mateo]: Incluso hacíamos pruebas. Bueno, estamos acá. ¿Cómo volvemos ahora a casa?

[Aneris]: Hasta ese entonces, Verónica tampoco había tenido una abuela. Unos días después de haber llegado a la casa, Paula invitó a su mamá a almorzar para que se conocieran. Aún recuerda la reacción de su madre aquel día: 

[Paula]: Llegó mi mamá y ella la fue a saludar como si la conociera de toda la vida y le hablaba. Ella tenía como un discurso, una manera de hablar que era como en pose, no como que ella quería parecer que era una chica de la calle y le gustaba decir: “Ehh, voos cómo andas, qué haces”. Y mi mamá que es más tímida y como estaba asombradísima como…  no podía creer.

[Aneris]: Una vez en la mesa, mientras comían un asado, Verónica empezó a decir groserías, a gritar… 

[Mateo]: Nos quería… no sé, cómo decir, como asustar desde un principio como para… No sé, creo como un mecanismo de defensa como para decir: “Miren que yo soy quilombera. Yo soy picante. ¿Se la van a aguantar conmigo”. O sea, era como eso. Nos ponía a prueba. 

[Aneris]: Ella misma lo reconoce. 

[Verónica]: Y bueno, era muy alborotada, era todo muy nuevo para mí porque imagínate cuatro años dentro de un hogar sin tener relación con nadie, solamente con los chicos del hogar. Era difícil. 

[Aneris]: Pero, con mucha paciencia y tratando de entenderla ellos estaban seguros de que podrían superar esa prueba. Y en medio de ese torbellino que estaba cambiando a toda la familia, había que resolver algo importante. En tan solo días Verónica cumpliría sus 15 años y no podía pasar como un día más. Paula le venía preguntando qué quería, hacer pero ella estaba indecisa.

[Paula]: Un día me decía: “Sí quiero fiesta, quiero un vestido largo, quiero peinado y maquillaje, quiero fiesta”. Y al día siguiente me decía: “No, no, mejor no quiero nada”. Así estuvo unos días hasta que dije: “Bueno, la hacemos”. 

[Aneris]: Organizaron una reunión en su casa. Sería una especie de presentación en sociedad de la nueva familia. Verónica se puso un vestido largo color champagne y unas zapatillas doradas. Esperó en la plaza con su mejor amiga del hogar hasta que llegaran todos los invitados…  

[Paula]: Y ella entró con su coronita y su peinado. 

[Aneris]: Había unas 70 personas amontonadas en la casa: toda la familia de Paula, sus amigas de toda la vida, una decena de compañeros del hogar de Verónica, dos de sus hermanos que vivían en hogares y por supuesto Vicky y los tres hermanitos.

[Vicky]: Vero estaba hermosa y ellos estaban refelices. Refelices de estar juntos.

[Aneris]: Comieron, bailaron, cantaron karaoke… 

Cuando terminó la fiesta y todos se fueron, Verónica se puso a abrir los regalos. Paula fue a compartir ese momento con ella y notó que le había sacado las etiquetas a todo. 

[Paula]: “Ay, no”, le digo, “mirá si tenés que cambiar”… Un pantalón, por ejemplo. “¿Y qué? ¿No hay que sacar las etiquetas todavía?” Ah, no, ni idea. Claro, ella abría y traaa, arrancaba… una pavada, pero bueno, como que no tenía en cuenta nada. Ni idea. ¿Qué es cambiar un regalo? Elegir. Eso de elegir. Era nuevo, por completo.

[Aneris]: A los pocos días de su cumpleaños, Verónica empezó las clases. Paula la había anotado en una escuela pública muy cerca de su casa. Como durante la primaria había repetido dos cursos, la inscribieron en primer año de secundaria, dos años por debajo de lo correspondiente a su edad. Paula la acompañó los primeros días caminando y luego Verónica aprendió el camino y empezó a ir sola. Como estaba muy atrasada en los contenidos, le hicieron un proyecto pedagógico individual y empezó a tener un acompañante personal en la escuela que la ayudaba a ponerse al día. Paula la incentivaba a que, después de clase, invitara a sus compañeras a almorzar a la casa, así también empezaba a relacionarse mejor. Así que algunos días de la semana, Verónica llegaba con un par de amigas  y comían juntas hasta la hora de volver a la escuela, para la clase de educación física.  

Pero en la escuela ella también estaba dispuesta a parecer una chica brava. Por miedo a que la atacaran, atacaba primero. Cuando intuía que alguno de los chicos le podía decir algo molesto a ella o alguna de sus compañeras, enseguida los empezaba a confrontar.

[Paula]: En vez de defender era más un ataque de ella previo, iba muy al choque.

[Aneris]: Y cualquier límite que quisieran ponerle era en vano.  

[Mateo]: No tenía muy marcada la autoridad, por así decirlo, o las relaciones para con un profesor, para con una madre, para con un director.

[Aneris]: Los profesores llamaban a Paula. Le decían que Verónica tenía revolucionada a toda la clase, que por favor hiciera algo.

[Paula]: Me llegaron a plantear por qué no la mandaba a una escuela con chicos como ella. Tremendo, porque yo les decía: “¿Y cómo son los chicos como ella? ¿No?

[Aneris]: Mateo recuerda que Verónica volvía muy enojada a la casa. Y a él también le dolía mucho la situación. 

[Mateo]: Le hacían dudar si realmente era su lugar, cosa que a nosotros nos… como que no nos enojaba mucho el hecho de que… No sé, cuestionaban si ella podía pertenecer ahí o no. 

[Aneris]: Aunque sabía que las cosas no le estaban resultando fáciles, Paula la veía contenta con ellos y no vio venir lo que pasó unas semanas después. 

Fue justo para el cumpleaños número 54 de Paula, dos meses después de que Verónica se mudara con ella. Estaban almorzando en su casa con Lucas y Mateo cuando Verónica, de un momento a otro…

[Paula]: Se puso la capucha literalmente ese día. Se sentó ahí y se puso seria así. Me decía: “Me quiero ir, me quiero ir. No sé por qué, yo no aguanto”.

[Aneris]: Paula se desesperó: 

[Paula]: Fue muy fuerte. Me tembló todo. Ahí empecé wuaaa. Se me cayó todo y yo dije se va, porque aparte yo sabía que le iban a escuchar a ella. Cuando un chico se quiere ir, se puede ir.

[Mateo]: Y obvio a mi vieja le daba mucha tristeza. Cuando le generó esa tristeza o ese miedo de que ella se vaya, cayó en la cuenta de que, de que ya era importante en su vida Vero y que la quería.

[Aneris]: Aquel miedo que había sentido Paula la primera vez que la vio, de si iba a poder quererla o no, ya no existía. Pero el otro miedo, de que Verónica no quisiera estar con ella, seguía ahí. Ahora sabía que si la perdía sentiría un vacío enorme, indescriptible. El mismo que sentiría en caso de perder a Lucas o Mateo. Ella ya la sentía su hija y haría lo que fuera para que se quedara en casa.  

Una pausa y volvemos…

[Daniel]: Estamos de vuelta en Radio Ambulante, soy Daniel Alarcón. 

Antes de la pausa conocimos la historia de Paula Resnik, una mujer que, a  sus 53 años y con dos hijos ya grandes, había decidido adoptar a Verónica, una adolescente de 14. Llevaban dos meses viviendo juntas cuando llegó la primera crisis y Verónica dijo que ya no aguantaba más, que se quería ir. Aneris Casassus nos sigue contando.

[Aneris]: Paula no entendía qué era lo que estaba pasando, la actitud de Verónica la había tomado totalmente por sorpresa.

[Paula]: No es que venía quejándose o de que había cosas que estaban mal, parecía que estaba todo bien a decir: “Me quiero ir”. 

[Aneris]: Más allá de lo que pasaba en la escuela, nunca se había quejado de Paula, de Mateo ni de la convivencia. Mientras Verónica seguía con la capucha puesta sentada en el sillón, Paula le preguntaba qué era lo que sentía, si le había molestado algo en particular. Pero ella lo único que decía era: 

[Paula]: Que no quería que la quieran, que quería estar en un hogar, como que era así todo así más despersonalizado, ¿no? Como que, que era muy fuerte para ella. 

[Aneris]: Era un cambio de vida muy grande. En sus primeros años de la infancia había sido como la madre de sus hermanos y luego vinieron los cuatro años en los hogares, conviviendo con otros niños. Ahora, de repente, pasaba a ser una hija. Una hija a la que cuidaban. Pero para Verónica no era fácil. Hasta le costaba recibir los abrazos.

[Paula]: Confiar en un adulto es muy difícil para ella y para todos los chicos que pasan estas situaciones porque los adultos le fallaron siempre.

[Aneris]: Paula enseguida sospechó, además, que lo que Verónica sentía era una especie de culpa porque algunos de sus hermanos seguían en hogares, sin encontrar familia. Le estaba costando mucho lidiar con tantas emociones. Aquí Verónica:

[Verónica]: Era difícil. Había muchos sentimientos. Altas y bajas y, y me quería ir porque, porque pensé que iba a ser lo mejor. Qué sé yo. Irme. 

[Aneris]: Paula sabía que lo que le dijeran en ese momento podría ser decisivo. Era su primera crisis y –junto con Lucas y Mateo– debían mostrarse firmes como familia. Mateo se acuerda que le dijo:

[Mateo]: Que aunque ella se sintiera así, nosotros la íbamos a bancar y vamos a pasarlo juntos, digamos. O sea. No teníamos la intención de que todo lo que habíamos construido se desvanezca. O sea, yo supongo que ella tampoco. Pero bueno, también entiendo que ella ya había caído un poco en todo y le daba miedo.

[Paula]: Entonces, bueno, le dijimos: “Mirá, nosotros te entendemos que a vos te cueste. Pero vos sos mi hija y los hijos no se devuelven. Vos ahora sos mi hija, esta es tu casa”. 

[Aneris]: Aunque, para ser precisos, legalmente todavía no lo era. Verónica estaba en lo que se llama el periodo de guarda. Es un tiempo de hasta seis meses que se establece para comprobar que el niño se integre bien a la nueva familia antes de iniciar el juicio para la adopción definitiva. 

[Paula]: Y bueno así estuvo bastantes días con esta postura y yo firme también seguí con mi frase de cabecera que los hijos no se devuelven y que te entiendo y que te banco, pero en casa. Te acompaño a donde sea. Vamos a ver a quien quieras ver y todo. Pero no, no, no te podés ir. 

[Aneris]: Le repetía que cuando quisiera podían ir a visitar a sus hermanos o que también podían invitarlos a la casa. Quería que no tuviera dudas de que ella la ayudaría a mantenerse cerca de ellos. 

Poco a poco a Verónica se le fue pasando esa primera crisis y con el tiempo Paula descubriría que no fue casual que llegara justo el día de su cumpleaños. Paula me contó que a Verónica los cumpleaños le pegan mucho emocionalmente. Quizás porque, en medio de muchas carencias y cosas feas, es uno de los pocos recuerdos lindos que conserva de su infancia. Cada vez que alguno de sus hermanos cumplía años, en su casa se las arreglaban como fuera para conseguir una torta, soplar las velitas y festejar. 

Los meses que siguieron Verónica continuó adaptándose a su nueva vida. El vínculo con Paula era cada vez mejor. También estaba construyendo una linda relación con Lucas y Mateo. Empezaban a tener códigos de hermanos. 

[Mateo]: Yo le contaba cualquier cosa de algo que me había pasado y ella saltaba para defenderme, como decía: “¿Qué pasó con esto? Voy y lo mato”, ¿entendés? O me cuidaba como cuidaba a sus hermanos. 

Hay veces que nos miramos y nos cagamos de risa porque no sé, tal vez pasa algo con Paula. Se enoja Paula por cualquier boludez, con Paula, bueno con mamá. Y nos miramos entre nosotros y nos reímos.

[Aneris]: Y con la abuela, que al principio se había asustado un poco, se juntaban muchas tardes a tomar el té. Verónica quería saber más de toda esa ceremonia que la abuela hacía con tanta dedicación: cómo acomodar las tazas, dónde poner la cucharita. La abuela, feliz, le explicaba. Al poco tiempo, Verónica ya se la había comprado por completo. Era muy cariñosa con ella. En la escuela las cosas también empezaron a mejorar.

[Paula]: Empezó a tomarle el gusto a la responsabilidad, a cumplir, a llegar en horario… A ser más cauta, a pensar las cosas, a tener otra reflexión, a valorar otro tipo de diálogo.

[Aneris]: Mientras tanto, Paula y Vicky –la mamá adoptiva de los otros tres hermanitos– seguían organizando encuentros para que los chicos se vieran. Buscaban a los otros hermanos que aún vivían en los hogares, y los sumaban a los planes. Iban a pasear, a una plaza, al cine. Verlos tan felices cuando estaban juntos les daba la certeza de que ellas deberían hacer todo lo posible para que siguieran unidos. 

Además, para Paula y Vicky era una forma de contenerse mutuamente. De compartir los miedos y los desafíos que les presentaba la maternidad. Los problemas que surgían en sus casas eran muy similares y se apoyaban y se daban ideas sobre la mejor manera de afrontarlos. Cada vez que se veían no paraban de hablar y el resto del tiempo estaban en contacto permanente por chat, escuchándose la una a la otra sabiendo que jamás se juzgarían. Fortaleciendo un vínculo para el que no existe un nombre.

[Paula]: Nosotros decimos comadres porque es lo que nos parece, lo más cercano a la realidad, pero no existe la palabra para ese vínculo y es algo muy cercano, porque nuestros hijos son hermanos biológicos por madre y padre. Entonces hay algo que nos une más allá de todo y que, y que nos hace entender mucho a los chicos y a lo que nos pasa a las dos y a las familias. 

[Aneris]: De compartir también la información a retazos que cada una tenía. Habían podido leer algunos expedientes, los chicos contaban ciertas cosas, pero aún quedaban muchos vacíos en la historia de sus hijos. Cada dato era, para Vicky, una pieza más de un rompecabezas que ella guardaba como oro:

[Vicky]: Yo tengo todo el cuadernito anotado con un montón de fechas y cosas que ella se entera o que yo me enteré en algún momento. 

[Aneris]: Porque saben que tarde o temprano, sus hijos querrán volver al origen y ellas quisieran darles la mayor cantidad de respuestas posibles.

Eso fue justamente lo que le pasó a Verónica al año de haber llegado a la casa de Paula. Para su cumpleaños número 16, pidió de regalo algo especial: quería volver a ver a su mamá biológica, Carolina. Durante los cuatro años que había vivido en hogares, la había visto solo una vez. Paula me contó que durante mucho tiempo había estado enojada con ella, pero que con el tiempo había empezado a entenderla un poco más. Paula siempre se había mostrado abierta a que le hablara de ella, pero igual la impactó un poco el pedido. 

[Paula]: Vero pensaba que a mí me iba a dar celos y me lo dijo: “Vos estás celosa de Carolina”, me dice. “No, cómo voy a estar celosa”.

[Aneris]: No eran celos, tampoco miedo. Pero sí una especie de incertidumbre sobre cómo podría resultar esa reunión. Igual aceptó. Paula tuvo que gestionar una autorización especial en el juzgado porque Carolina no podía estar en contacto con Verónica ni con el resto de sus hijos. Se la dieron y el día del cumpleaños de Verónica, acordaron reunirse las tres en la estación de trenes de Retiro, para viajar juntas a Puerto de Frutos, un mercado ubicado junto al río.

[Paula]: Nos encontramos en el andén, se dieron un abrazo así como muy suavecito. Un beso. Bueno, nos subimos a un tren y ahí en el viaje, Carolina estaba muy emocionada y todo el tiempo me decía: “Ay, qué linda que está Vero, qué linda que está Vero, gracias por cuidarla”. 

[Aneris]: Cuando llegaron fueron a tomar la merienda al mercado. Pidieron una torta para soplar las velitas. Paula recuerda que Verónica estaba muy tranquila, conversando, feliz con los regalitos que le había traído Carolina: maquillaje, hebillas para el pelo y algunas otras cositas. Y que Carolina no paraba de agradecerle.

[Paula]: Todo el tiempo me me agradecía lo bien que estaba, lo bien que la trataba a ella me decía: “No, porque en algún momento era medio rebelde conmigo y ahora me trata bien”. Para mí fue muy raro, pero también fue, fue reparador conocerla y ver que era una, una mujer afectuosa, sensible, que lo que no había hecho fue porque no había podido. Bueno, ella no pudo, yo estoy acá, pero las dos ahora juntas estamos para Vero.

[Aneris]: El fantasma de la guerra entre la mamá biológica y la mamá adoptiva, ese del que Verónica había escuchado hablar tantas veces en los hogares por los que había pasado, no tenía lugar en esta, su historia. 

[Verónica]: Y con mi mamá biológica, gracias a Dios tenemos una gran oportunidad, de los dos lados, de poder seguir comunicadas y queriéndonos como madre e hijas.

[Aneris]: Y ese era, en definitiva, el mejor regalo de cumpleaños que hubiera podido tener.  

Pero poco tiempo después de aquel reencuentro con su mamá biológica –cuando parecía que ya estaba muchísimo más acomodada a su nueva vida– Verónica volvió a estallar. Fue durante el 2020, en pleno encierro de la pandemia por el coronavirus. Mateo lo recuerda muy bien.

[Mateo]: Tal vez era difícil para ella de un día para el otro, estar conviviendo 24/7, con 2 personas que tal vez no conocía hacía un tiempo y supongo que también a ella eso le generó dudas o incertidumbres. 

[Aneris]: Otra vez empezó a decir que se quería ir. A Verónica le estaba afectando también algo por lo que estaba pasando uno de sus hermanos biológicos. Él había empezado a vincularse con una familia, pero las cosas no funcionaron y había vuelto al hogar. Y ni siquiera lo podía ir a visitar porque estábamos en medio del aislamiento. 

Esta vez parecía estar más decidida y quiso hablar con su abogada. Le dijo que quería volver a un hogar, que le estaba resultando muy difícil vivir en familia y estar en un lugar en el que le pusieran límites. Hasta llegó a escribirle una carta a la jueza, pero la abogada le dijo que en ese momento no se podía hacer ningún movimiento por las restricciones de la cuarentena, que tenía que esperar un poco.

Y Paula –que ya había aprendido mucho de aquella primera crisis– insistió con la frase que se convertiría en su caballito de batalla: los hijos no se devuelven. 

[Paula]: Y se le fue pasando, se le fue pasando de a poquito y después de ahí como que pasó a ser todo incondicional y ahí ella a sentirse relajada, tranquila. Empezó a expresar que nos quiere y que está contenta y que valora la familia. Y sí empezó a portarse así, como es de la familia. 

[Aneris]: Le pedimos a Paula que le preguntara a Verónica sobre estos momentos de quiebre.

[Paula]: Y hubo dos veces en que te quisiste ir de casa ¿Por qué? ¿Qué sentías? ¿Qué te hizo cambiar de idea?

[Verónica]: Lo que difícil fue que me quedara y que entendiera de que bueno, como decís vos, que los hijos no se devuelven, que me convencí de que ustedes no me soltaban, de que iban a estar conmigo en las buenas y en las malas y que iban a estar siempre ahí. Y hacerme ver de que iba a ser lo mejor, esperar y que las aguas se calmaran un poco. Y bueno, la pudimos pasar.

[Aneris]: Después de un año y medio juntos, se iba sacando el disfraz de “chica brava” para mostrarse tal cual era: ni más ni menos que una niña.

[Paula]: El que me venga a dar un beso cada noche antes de irse a dormir. El que se deje abrazar. Eso ya fue ¡ufff! Un reavance.

[Aneris]: Al fin todo empezaba a fluir. 

Para ese entonces, ya habían llegado muy buenas noticias. Una de las hermanas de Verónica que aún vivía en un hogar también había encontrado familia. La adoptó un matrimonio que ya tenía dos hijas biológicas. Pronto Paula y Vicky conocieron a los nuevos papás. Cada vez eran más familias unidas por estos hermanos así que armaron un grupo de whatsapp para mantenerse conectados y seguir organizando los encuentros entre los niños. Le pusieron “hermanos maravilla”. 

En marzo de 2023, cuando hablé por primera vez con Paula por teléfono,  estaba muy emocionada porque ese domingo Verónica y sus hermanos biológicos se iban a encontrar por primera vez con los dos más chiquitos, los que habían nacido cuando ellos se habían ido de la casa y habían sido dados en adopción de bebés. Verónica había insistido mucho en conocerlos. Los hijos de Vicky también. Ya tenían 7 y 8 años. Acordaron reunirse todos en un parque.

[Paula]: Una tarde de calor impresionante. Hicimos un picnic y bueno, jugaron a la pelota, a la mancha, la calesita, los juegos y nada, como si se conocieran de siempre. 

[Aneris]: Y es en esos encuentros cuando pareciera que todo empieza a cerrarse. Acá Vicky otra vez:  

[Vicky]: El dolor de la separación entre los hermanos siempre está. No alcanza con tener una mamá y un papá. Cierra cuando estamos todos. 

[Aneris]: Como aquella tarde de calor en ese parque de Buenos Aires.

Cuando salió la sentencia del juicio por adopción de Verónica, le preguntaron qué apellido quería tener. Ella dijo que el de Paula, Resnik, y mantener su otro apellido en segundo lugar. 

[Paula]: Me emocionó. Como que le di una importancia que no pensé que se la iba a dar. Que ella eligiera tener mi apellido. Fue, fue lindo. 

[Aneris]: Aunque nunca ha podido decirle mamá. 

[Paula]: Ella de entrada me dijo: “Yo no te voy a decir mamá”. “Bueno, está bien, entiendo. Estás un poco grande para ahora, de repente decirme mamá, está bien”.

[Aneris]: Pasaron unos cuantos meses hasta que encontró la manera de llamarla. Ahora le dice “Resnik” y a las dos les encanta. 

[Paula]: Porque además Lucas y Mateo no tienen mi apellido, tienen el apellido del papá. Entonces, eso es de ella sola. Y bueno, le dio como un lado tierno a eso.

[Aneris]: Paula no estuvo cuando Verónica empezó a caminar o cuando dijo sus primeras palabras. Se perdió muchas primeras veces, pero vivió otras de forma tan intensa como hubiesen sido aquellas. 

[Paula]: Ser su mamá me hizo vivir las cosas con otra, con otra sensibilidad, es como que uno va viviendo todos los días cosas emotivas.

[Aneris]: Como cuando la llevó al teatro por primera vez o a conocer el mar. Mientras tanto empezaron a tener gustos similares. A las dos les gusta mucho la salsa golf. Y mucha gente les dice que tienen una sonrisa parecida. 

[Daniel]: Hoy Verónica tiene 19 años y está terminando la escuela secundaria. Tiene una muy buena relación con Carolina, su mamá biológica. Paula también. Se han visto varias veces más y hablan por whatsapp casi a diario.

Hace un tiempo, Mateo se fue a vivir solo pero no quiso irse muy lejos. Vive en el departamento de al lado cosa de no extrañar demasiado a Paula y a Verónica.  

Paula es parte del colectivo #adoptenniñesgrandes, una iniciativa que surgió en las redes sociales.

Un agradecimiento a Itatí Canido, del Consejo de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de la Ciudad de Buenos Aires, a quien también entrevistamos para esta historia. 

Aneris Casassus es productora de Radio Ambulante y vive en Buenos Aires. Este episodio fue editado por Camila Segura. Bruno Scelza hizo el factchecking. El diseño de sonido es de Andrés Azpiri con música de Ana Tuirán.

El resto del equipo de Radio Ambulante incluye a Paola Alean, Lisette Arévalo, Pablo Argüelles, Adriana Bernal, Diego Corzo, Emilia Erbetta, Rémy Lozano, Selene Mazón, Juan David Naranjo, Ana Pais, Melisa Rabanales, Natalia Ramírez, Natalia Sánchez Loayza, Barbara Sawhill, David Trujillo, Elsa Liliana Ulloa y Luis Fernando Vargas.

Carolina Guerrero es la CEO. 

Radio Ambulante es un podcast de Radio Ambulante Estudios, se produce y se mezcla en el programa de Hindenburg PRO.

Radio Ambulante cuenta las historias de América Latina. Soy Daniel Alarcón. Gracias por escuchar.

 

 

Créditos

PRODUCCIÓN
Aneris Cassasus


EDICIÓN
Camila Segura


VERIFICACIÓN DE DATOS
Bruno Scelza


DISEÑO DE SONIDO 
Andrés Azpiri 


MÚSICA
Ana Tuirán


ILUSTRACIÓN
María José Pita


PAÍS
Argentina


TEMPORADA 13
Episodio 12


PUBLICADO EL
12/05/2023

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